Primer vuelo

Sábado 20 Agosto
El águila… excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas.
Deuteronomio 32:11
El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos.
Deuteronomio 33:27
Vosotros visteis… cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.
Éxodo 19:4
Primer vuelo
Encaramado en un acantilado a más de 1800 metros de altura, en la soledad de los Alpes austriacos, percibí un nido: allí anida un par de águilas. Son el orgullo y la distracción de un pueblo cercano de la montaña. Observé a través de los binoculares la maniobra de estas grandes aves de rapiña.

Esa mañana parecía reinar una gran agitación en el nido donde pude distinguir claramente dos jóvenes aguiluchos. Sus padres los empujaron lentamente fuera del nido, y ellos terminaron por caer como piedras, agitando sus pequeñas alas de forma desordenada e ineficaz. Luego los aleteos fueron más regulares y amplios… las crías ya no se caían, ¡volaban! Fue entonces cuando los dos adultos surgieron como relámpagos e interrumpieron esta primera lección ubicándose cada uno bajo un aguilucho para llevarlos al nido sobre su espalda.

Entonces pensé en la manera como, algunas veces, Dios enseña a sus hijos a utilizar las “alas” de la fe. En una situación difícil, si pierden el equilibrio, aprenden a contar con las promesas divinas. Rápidamente descubren que Dios está ahí, por debajo de ellos, desplegando su protección como las alas del águila.

Sí, para el creyente es una experiencia irremplazable contar solo con el Dios invisible. Su objetivo, sacándonos de nuestro acogedor nido, es fortalecer nuestra confianza en su fidelidad y en su amor.

Jeremías 23:21-40 – Lucas 23:26-56 – Salmo 97:1-7 – Proverbios 21:25-26

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Las compasiones de Jesús

Viernes 19 Agosto
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones.
2 Corintios 1:3-4
Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana.
Lamentaciones 3:22-23
Las compasiones de Jesús
Frederick Booth-Tucker (1853-1929) fue un activo evangelista, primero en India, luego en América, y por último en Gran Bretaña. Su primera esposa murió debido a una epidemia de cólera. Él se volvió a casar y tuvo nueve hijos, de los cuales tres murieron en la infancia. Una noche en la que había predicado sobre la compasión de Jesús, un oyente se adelantó y le dijo: “¡Si su esposa estuviera muerta, como la mía, y sus hijos lloraran por su madre, usted no podría hablar de un Dios de amor, comprensivo y compasivo!”.

Algunos días más tarde, la segunda esposa del predicador perdió la vida en un accidente ferroviario, dejándolo solo con sus seis hijos. Al final del servicio fúnebre, de pie frente al ataúd, Frederick se volvió hacia los asistentes y dijo: “El otro día alguien me dijo que si mi esposa estuviera muerta, yo no podría proclamar que Jesucristo es compasivo. Si este hombre está aquí, quiero decirle que Cristo responde en este mismo momento a cada una de mis necesidades. Mi dolor es inmenso, pero hoy Cristo es mi consuelo”. Justamente el hombre en cuestión estaba presente, y se arrodilló cerca del féretro, permitiendo a Booth-Tucker decirle quién es Jesús para el que cree.

Verdaderamente Jesús puede comprender nuestras penas. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Jeremías 23:1-20 – Lucas 23:1-25 – Salmo 96:7-13 – Proverbios 21:23-24

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¿Ha recibido usted una multa de tránsito?

Jueves 18 Agosto
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
Romanos 3:23-24
¿Ha recibido usted una multa de tránsito?
Yo sí. Sobrepasé el límite de velocidad de 9 km/h. Mientras el oficial hacía el informe, pensé que sería mejor que él fuera tras los malos conductores o los delincuentes. Pero el hecho era que yo había violado la ley, y debía guardar silencio.

A veces vemos el pecado de la misma manera: lo clasificamos por categorías. “Hay grandes pecadores que violan abiertamente la ley de Dios, y hay otros como yo. Por cierto, yo cometo errores de vez en cuando, pero no soy como ellos…”. Sin embargo, ¿qué piensa Dios? Él aborrece el mal. Y nosotros, cada uno sin excepción, hemos transgredido su voluntad. El versículo del día es claro: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

¿Qué podemos hacer? Simplemente creer en Jesucristo, quien pagó en nuestro lugar por nuestros pecados (Isaías 53:5). Él prometió que, si le confiamos todo nuestro ser, nos perdonará y nos dará una nueva vida.

¿Cómo puede ser esto? Abandonando la idea de hacer cualquier cosa para merecer su gracia, nos arrodillamos a los pies de Jesús con una actitud arrepentida. Confesamos que somos pecadores y que hemos cometido innumerables pecados. Dejemos de lado nuestro egoísmo, nuestro orgullo, para decirle: “Señor Jesús, perdóname. Haz de mí una nueva persona. Hazme pasar de la muerte a la vida eterna”. Y Jesús lo hace.

“Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmo 86:5).

Jeremías 22 – Lucas 22:47-71 – Salmo 96:1-6 – Proverbios 21:21-22

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Vivir tranquilamente en un mundo donde todo va mal

Miércoles 17 Agosto
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.
Isaías 26:3
(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Juan 14:27
Vivir tranquilamente en un mundo donde todo va mal
Nuestro futuro es cada vez más incierto: el planeta está en peligro, nuestras condiciones de vida se degradan, el desempleo aumenta, la corrupción y la violencia son evidentes cada día. ¿Cómo disfrutar la vida en un contexto que produce tanta ansiedad?

¿Debemos actuar como el avestruz y enterrar nuestras cabezas en la arena, es decir, no escuchar más las noticias y pensar solo en nosotros mismos? ¿Debemos aprovechar al máximo el momento presente diciendo: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos”? (1 Corintios 15:32).

La Biblia nos propone otro camino: poner nuestra confianza en Dios. Él es un Dios de paz. Para recibir esta paz debemos reconciliarnos con Dios, porque por naturaleza somos sus enemigos, pecadores desobedientes. Jesucristo hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). La fe en él nos lleva a conocer la paz de la conciencia. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Entonces podemos contar con sus cuidados, con su amor y su poder. ¿Quién podría turbarnos si el gran Dios de los cielos, quien encerró el viento en sus puños (Proverbios 30:4), se ocupa de nosotros? El apóstol Pedro dormía plácidamente en la cárcel, incluso cuando el rey Herodes quería matarlo. Como Pedro, nosotros también podemos estar tranquilos, cualesquiera que sean las circunstancias de nuestra vida, si ponemos nuestra confianza en Dios.

Jeremías 21 – Lucas 22:24-46 – Salmo 95:6-11 – Proverbios 21:19-20

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Terrible inconsciencia

Martes 16 Agosto
Dios… ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia.
Hechos 17:30-31
Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.
Amós 4:12
Terrible inconsciencia
Conducíamos a alta velocidad. Delante de nosotros iba un auto que transportaba varias bicicletas mal amarradas sobre su techo. Nuestros hijos observaban la escena divertidos. De repente, una de las bicicletas se soltó, hizo una pirueta y cayó produciendo una ráfaga de chispas… Hubo un grito, un giro brusco e inesperado, pero pasamos sanos y salvos. Desafortunadamente, detrás de nosotros, un auto frenó estrepitosamente y se estrelló contra otro vehículo.

Nos detuvimos un momento y luego continuamos nuestro viaje. Los daños solo fueron materiales. En nuestro auto nadie hablaba. Los niños estaban asustados porque ahora comprendían el peligro de la carretera. Este peligro siempre había estado allí, no había aumentado, pero ellos habían tomado consciencia, y su actitud había cambiado.

A menudo sucede lo mismo en el aspecto espiritual. Muchos siguen tranquilamente su camino, no porque sea seguro, sino porque no tienen consciencia del peligro. ¿Qué peligro? Tener que enfrentar el juicio de Dios y su condenación. Esta es una realidad solemne. Debemos mirarla de frente… y experimentar un apropiado temor.

Pero hay otra cosa de la cual debemos ser conscientes: el amor de Dios por todos los hombres. Un amor profundo, inmenso, capaz de responder a toda la miseria humana. Un amor que promete el perdón a todo el que pone su confianza en Jesucristo y en su sacrificio en la cruz.

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 4:7).

Jeremías 20 – Lucas 22:1-23 – Salmo 95:1-5 – Proverbios 21:17-18

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Jacobo, hermano del Señor

Lunes 15 Agosto
Muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene este estas cosas?… ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?
Marcos 6:2-3
Jacobo, hermano del Señor
Los evangelios hablan de Jesús como “el carpintero… hermano de Jacobo”. También nos dicen que sus hermanos no lo comprendían, ni creían en él (Juan 7:3-5).

Sin embargo, este mismo Jacobo (o Santiago) figura entre los apóstoles (Gálatas 1:19). Incluso escribió una de las epístolas del Nuevo Testamento. Después de la muerte y la resurrección del Señor Jesús, sus sentimientos y su actitud cambiaron completamente respecto a él.

En efecto, Santiago comienza su carta presentándose como “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (Santiago 1:1). Y continúa hablando de la “fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo” (Santiago 2:1).

El Señor Jesucristo era, en efecto, llamado “el carpintero”, el “hermano de Santiago”, quien al principio solo lo conocía como su hermano; pero luego reconoció en él al Cristo, es decir, al Mesías esperado, al Señor. Comprendió que el que se había humillado hasta nacer en medio de los hombres, ¡era en realidad el Señor de gloria, era Dios! Jesús crucificado, resucitado y glorificado en el cielo, vino a ser para su hermano Santiago el centro de su fe. ¡Qué cambio tan radical en sus pensamientos sobre Jesús! Dios le abrió los ojos, y entonces adoró.

¿Quién es Jesús para nosotros? ¿El hijo de María, el carpintero, el hermano de Santiago? ¿Un hombre que vivió de manera excepcional? Sí, pero además, como para Santiago, ¡él es el Señor de gloria, el centro de nuestra fe, a quien tenemos el honor de servir!

Jeremías 19 – Lucas 21:25-38 – Salmo 94:16-23 – Proverbios 21:15-16

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¿Haces bien en enojarte?

Domingo 14 Agosto
Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Santiago 1:19-20
Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.
Efesios 4:26
¿Haces bien en enojarte?
Dios hizo dos veces esta pregunta al profeta Jonás, quien estaba enojado porque Dios había perdonado a los habitantes de Nínive, cuando él acababa de anunciar su juicio. Se sentía desprestigiado. Finalmente, Jonás respondió a Dios: “Mucho me enojo, hasta la muerte” (Jonás 4:9). Nos identificamos fácilmente con Jonás. A menudo nuestro amor propio no controlado nos hace ceder a la ira.

Notemos que la ira no es necesariamente mala, de otra manera el apóstol no diría: “Airaos, pero no pequéis”. Jesús mismo miró con enojo a los religiosos que lo espiaban para ver si se atrevía a sanar a un enfermo el día de reposo, el sábado; y la Palabra nos dice que se entristeció al ver la dureza de sus corazones (Marcos 3:5-6). Nosotros tampoco podemos ser indiferentes ante un menosprecio a los derechos de Dios.

Sin embargo, Dios nos exhorta a no dejarnos dominar por la ira. Esta es condenada cuando es el resultado de nuestra naturaleza pecadora: susceptibilidad, orgullo, pretensión. Primero no es más que una emoción, pero si le doy libre curso, se convierte en un pecado.

El creyente tiene el recurso de la oración, cuando siente que la ira crece en él. Si se vuelve a Dios en oración, incluso sin palabras, él le dará la paz. Oremos también para que Dios nos revele las verdaderas razones de nuestras iras. Solo él puede darnos la sabiduría para detenerlas mediante una actitud de perdón, de humildad y de verdad. Nuestro entorno sabrá reconocerlo, y el Señor será honrado.

Jeremías 18 – Lucas 21:1-24 – Salmo 94:8-15 – Proverbios 21:13-14

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Sé que soy salvo (3)

Sábado 13 Agosto
(Jesús) llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia.
1 Pedro 2:24
Sé que soy salvo (3)
Una noche de verano, un niño observaba fascinado el reflejo de la luna en el agua de un estanque. De repente su hermano mayor echó una piedra al agua. El niño exclamó: “Rompiste la luna y los pedazos están temblando”. Su hermano le respondió: “Levanta los ojos y verás que la luna está perfecta; solo ha cambiado su reflejo en el agua”.

Nuestro corazón es como el agua del estanque. Mientras no permitamos que el mal entre en nuestra vida, el Espíritu Santo nos da consuelo y paz. Pero cuando el pecado se introduce -como una piedra lanzada al agua-, nuestra felicidad se destroza. Somos zarandeados interiormente.

¿Ha cambiado la obra de Cristo? ¡No! Entonces nuestra salvación tampoco ha cambiado. ¿La Palabra de Dios ha variado? ¡No! Entonces nuestra salvación sigue siendo segura. ¿Qué ha cambiado entonces? Lo que sucede es que el Espíritu Santo ya no puede obrar libremente en nosotros. En lugar de llenar nuestro corazón de Cristo, debe hablar a nuestra conciencia, mostrarnos nuestro pecado. Así perdemos el gozo, hasta que hayamos confesado nuestra falta y rechazado el mal. Después de esto, volvemos a hallar el gozo y la comunión con el Señor.

Pero si alguna vez una nube
Viene a robarme tu belleza,
Amigo divino, después de la tormenta,
Como antes, brilla tu claridad.
Que de ti nada me separe,
¡Oh, mi Salvador! Enséñame,
Si de nuevo mi pie resbala,
A volver pronto a ti.
Jeremías 17 – Lucas 20:27-47 – Salmo 94:1-7 – Proverbios 21:11-12

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Sé que soy salvo (2)

Viernes 12 Agosto

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Sé que soy salvo (2)

¿Cómo puedo estar seguro de tener la verdadera fe? Simplemente poniendo mi confianza en Dios, y en Jesús, el Salvador que Dios nos ha dado. Esto es lo que muestra la Biblia. No se trata de esperar cierto grado de fe, sino de saber que la persona en quien he creído es digna de confianza. Que me aferre a Cristo con la energía de una persona que se está ahogando, o que solo toque el borde de su manto (Lucas 8:43-44), estaré seguro, porque estoy unido al Señor por la fe. Lo sé porque confío en su obra cumplida en la cruz. Esto es lo que significa creer en él.

Si mi confianza está basada en mis obras, en mis prácticas religiosas, en mis sentimientos de piedad o en mi educación, estaré perdido para siempre. Solo la fe en Cristo, por más débil que sea, salva eternamente. La fe en uno mismo, por más fuerte que sea, no sirve para nada.

“Sí, yo creo en Cristo”, afirmó una joven. Pero cuando se le preguntó si era salva, respondió que no podía decirlo por temor a parecer pretensiosa. Sin embargo, decir que uno es salvo, que pertenece al Salvador, no es pretensión. Es la prueba de que confiamos en lo que Dios declaró. Podemos saber y decir que somos salvos porque la Biblia afirma que todo el que se arrepiente y cree es salvo. Jesucristo dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47).

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-9).

(mañana continuará)

Jeremías 16 – Lucas 20:1-26 – Salmo 93 – Proverbios 21:9-10

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Sé que soy salvo (1)

Jueves 11 Agosto

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:38-39

Sé que soy salvo (1)

“He leído varios relatos de personas que se han convertido a la fe cristiana, y cada vez el que cree experimenta un gran gozo. Pero yo no siento nada”.

Esta reflexión, acompañada de tristeza, puede ser compartida por uno que otro cristiano sincero. Es creyente, pero se pregunta si realmente pertenece a Dios, si no debería experimentar algo particular. Un día tiene la certeza de pertenecer al Señor, de ser salvo, y al día siguiente todas sus esperanzas desaparecen.

Ilustremos este caso. Ese creyente es como un barco azotado por la tempestad, sin un punto de anclaje. Por supuesto, tiene un ancla, pero la deja en la bodega del barco en lugar de tirarla por la borda para que se aferre al fondo del mar. Así sucede con la fe del creyente. Ella puede ser real, pero se centra en él mismo, por así decirlo. Solo se apoya sobre lo que siente, no tiene certezas y, al contrario, experimenta una serie de dudas. Para tener la certeza de ser salvo, nuestra fe debe apoyarse sobre lo que es externo a nosotros mismos; debemos poner nuestra confianza en Jesús y en lo que él hizo.

Jesús fue a la cruz y allí “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). Él mismo sufrió el castigo de Dios contra el pecado, y ahora Dios declara que todo el que cree en Cristo es justo; sus pecados son perdonados. Esto no depende de lo que el creyente siente, sino de lo que Dios dijo y prometió.

(mañana continuará)

Jeremías 15 – Lucas 19:28-48 – Salmo 92:10-15 – Proverbios 21:7-8

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