Domingo 6 Marzo

Ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.

Hechos 15:9

Lávese las manos (2)

Testimonio

“Cuando llegué a esa sala de reuniones, no me mandaron a lavarme las manos como en el hospital. Sin embargo, creo que mis ojos fueron lavados; se me aclararon de manera increíble, al fondo vi un gran letrero que decía: Predicamos a Cristo crucificado.

Aquel día escuché el Evangelio por primera vez y comprendí que solo la sangre de Jesucristo podía limpiarme de todo pecado. ¡Qué cambio tan grande sucedió en mí cuando vine a este Cristo crucificado, confesándole mi vida de pecado, lejos de Él! Lavó mi alma perfectamente y para la eternidad. Porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).” Esteban

La Biblia nos indica el camino hacia el cielo. Allí ningún pecado ni ninguna mancha pueden entrar. La purificación del creyente es perfecta y plenamente suficiente porque descansa en el valor de la sangre de Cristo, derramada una sola vez. 1 Corintios 6:11 nos dice: “Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. Pero en su andar, el creyente se da cuenta de que muchas cosas en este mundo lo ensucian e interrumpen su comunión con Dios. Entonces es preciso dejar que el Señor nos lave por medio de la Palabra.

Las pandemias son reales, y tenemos que seguir las medidas de higiene y de salud que nos son recomendadas por las autoridades, pero qué bueno recordar que Dios está por encima de todas las cosas. El mundo está dominado por la ansiedad, pero los brazos del que dice: “Venid a mí todos…” están abiertos para acogernos. Solo Él puede darnos una verdadera seguridad.

Éxodo 18 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

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Lávese las manos (1)

Sábado 5 Marzo

Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.

Salmo 12:6

Lávese las manos (1)

Testimonio

“En plena pandemia del coronavirus, cumplí con la cita médica programada para un control del marcapasos que me fue instalado hace dos años.

Cuando llegué al hospital, hombres vestidos con trajes especiales me interpelaron:

 – ¿Qué desea?

 – Tengo una cita con el cardiólogo.

 – Primero vaya a esa gran carpa.

Seguí el camino indicado en el suelo.

 – ¿Qué desea?, preguntó una enfermera.

 – Tengo cita con el cardiólogo a las 11:30.

 – Vaya a esa cabina.

Allí me atendió otra enfermera ubicada detrás de un plástico protector.

 – ¿Tiene una confirmación de la cita?

 – Sí señora, aquí está. Después de mirar detenidamente la orden, me entregó un papel verde.

 – Con esto lo dejarán entrar en el hospital.

Para ingresar a la enorme carpa, tuve que lavarme las manos; al salir de allí, tuve que lavármelas por segunda vez; al entrar al hospital, me exigieron lavarme las manos; antes de sentarme en la sala de espera, me lavé las manos por cuarta vez; después de que el médico revisó el marcapasos, me las lavé otra vez, antes de salir del hospital. Cuando por fin terminé este largo recorrido, pensé jocosamente: ¿a qué viniste al hospital? ¿Estás tan sucio que debes lavarte las manos cada rato?

Meditando un poco en esto, recordé la primera vez que entré en una sala donde se predicaba el Evangelio. ¡Cuán grande ha sido mi Señor!”.

(mañana continuará)

Éxodo 17 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32

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Alabar y dar testimonio

Viernes 4 Marzo

Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; poned gloria en su alabanza… Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma.

Salmo 66:1216

Alabar y dar testimonio

Leer Salmo 66

El autor de este salmo invita a toda la tierra a alabar, e incluso a aclamar a Dios con alegría. ¿Por qué? Porque anticipa el día en que toda la humanidad se postrará y entonará un cántico para celebrar la majestad de lo que él es, de su Nombre (v. 4).

Expresa su alabanza a Dios por las liberaciones del pasado, las ve ante él como si las hubiese vivido, e invita a los creyentes a adorarlo: “Venid, y ved las obras de Dios” (v. 5). Numerosas liberaciones marcaron la historia del país de Israel. Y los creyentes de todos los tiempos pueden expresar su alabanza a Dios, quien los liberó.

Después de veinte siglos de cristianismo, hoy nuestra simple presencia como creyentes prueba la fidelidad y el poder de Dios. A pesar de las persecuciones y herejías que han tratado de destruirla, la Iglesia del Señor subsiste siempre, y está presente en todo el mundo.

Después de evocar de manera general las obras de Dios, el autor del salmo recurre a su experiencia: “Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma” (v. 16). Esta experiencia personal contada humildemente tiene peso para convencer y llevar a una persona a la fe. El cristiano experimenta liberaciones; puede hablar de su Señor con conocimiento de causa. Es claro que Dios responde a nuestras oraciones; no debido a nuestros méritos, sino en virtud de su bondad y de su misericordia. ¡Mayor razón para dar libre curso a nuestro gozo!

Éxodo 16 – Hechos 12 – Salmo 29:7-11 – Proverbios 10:29-30

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La ley exige, la gracia salva

Jueves 3 Marzo

La ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:17

No estamos bajo la ley, sino bajo la gracia.

Romanos 6:15

La ley exige, la gracia salva

Por medio de Moisés, Dios había dado una ley al pueblo de Israel. Esta declaraba lo que Dios exigía del pueblo y le prometía su bendición si obedecía. Ordenaba a los hombres actuar según los mandamientos de Dios y les advertía sobre las consecuencias que tendrían si desobedecían.

Hoy la ley sigue siendo un cartel indicador seguro para todos los hombres. Nos indica los valores morales que Dios aprecia, y arroja luz sobre nuestro comportamiento según sus exigencias. La ley es semejante a un espejo en el que podemos vernos sin complacencia, tal como somos, tal como Dios nos ve. Este espejo nos muestra que le desobedecemos cada día, por lo tanto, la ley nos condena a todos.

Pero Dios no se conformó con hacernos constatar esto. Él es amor y quería salvar a sus criaturas culpables y perdidas. Por ello envió a su Hijo Jesucristo a la tierra, “para que vivamos por él” (1 Juan 4:9). Él murió en la cruz y sufrió en nuestro lugar el castigo de Dios que nosotros merecíamos. ¡Esta es la gracia unida a la verdad!

La gracia es un don gratuito, no la merecemos: no tenemos que hacer nada para obtenerla, solo aceptarla, y recibir al Señor Jesús como Salvador. Él no se conforma con ofrecernos el perdón. Nos concede una nueva relación con él: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

¡Este es el comienzo de una real y abundante bendición!

Éxodo 15 – Hechos 11 – Salmo 29:1-6 – Proverbios 10:27-28

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Jesús es el Mesías

Miércoles 2 Marzo

Jesús… les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron… Maestro, ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día.

Juan 1:38-39

Jesús es el Mesías (2)

Testimonio

“Reconocí en la persona de Jesús a un maestro que decía la verdad. Hablaba en un contexto que todo judío podía comprender, de una manera que me sorprendía. Yo estaba de acuerdo con cada pasaje de los evangelios. Después de varias semanas declaré que estaba realmente convencido de que Jesús era el Mesías, y me consideraba como uno de sus discípulos. No necesité una revelación particular, sino una fe simple: estaba seguro de pertenecer a aquel que había muerto y resucitado para que yo pudiese tener la vida eterna.

Cuando volví a Francia mis padres reaccionaron bastante mal ante mi nuevo compromiso. Se sentían traicionados, pues pensaban que yo había dado la espalda a las esperanzas que ellos habían puesto en mí. Para poder crecer en mi nueva fe, debía tener un nuevo comienzo. Por ello decidí marcharme a Canadá. En 1976 me casé con Judy; el amor nos había reunido. Me hubiese gustado tanto que mis padres estuviesen presentes, pero dejaron de hablarme desde que confesé mi fe en Jesús. Durante once años se negaron a comunicarse conmigo. Solo cuando nuestros hijos nacieron volvieron a tener contacto con nosotros, y doy gracias a Dios por ello.

Nunca me arrepentí de haber depositado mi confianza en Jesús y de haber puesto mi vida en sus manos. En él encontré las respuestas a las preguntas esenciales de la vida. ¡Y estoy muy agradecido con Dios!”.

William

Éxodo 14 – Hechos 10:25-48 – Salmo 28:6-9 – Proverbios 10:26

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Testimonio

Martes 1 Marzo

Vino, pues, palabra del Señor a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí.

Jeremías 1:4-5

Jesús es el Mesías (1)

Testimonio

“Nací en Túnez, en una familia judía. En el año 1950 mis padres fueron a vivir a París. Fue entonces cuando empecé a hacerme preguntas sobre mi identidad. A los 16 años fui a vivir, durante seis meses, en una colonia agrícola de producción y consumo comunitarios en Israel. Esta experiencia extraordinaria hizo que mis preguntas fuesen más profundas: ¿Quién era yo realmente? Un judío nacido en Túnez, criado en Francia, y que seguía buscando su identidad. ¿Debía aceptar la cultura de mis padres, o integrarme a la cultura francesa y convertirme simplemente en un “judío sociológico”, es decir, un judío solo de nombre, pero que no sigue las tradiciones de sus ancestros?

Allí encontré a Judy, una cristiana que había venido desde Canadá para descubrir el país de la Biblia. Le hice preguntas sobre lo que ella creía, y finalmente me compré una Biblia. Cuanto más avanzaba en la lectura, más preguntas me hacía… ¡y obtenía respuestas!

La Biblia mencionaba personajes que me eran familiares, por ejemplo Abraham, Moisés o el rey David. Descubrí que ellos habían vivido en una relación con Dios. ¡Quedé sorprendido y luego cautivado! Esto fue un verdadero descubrimiento: ¡Yo también, joven judío tunecino, podía comunicarme con Dios e incluso tener una relación personal con él! Por otra parte, la imagen que tenía de Jesús estaba deformada: lo veía como un no judío. A medida que fui leyendo la Biblia descubrí a un rabino (un maestro) muy diferente del hombre que me habían descrito: ¡Jesús amaba al pueblo judío!”.

(mañana continuará)

Éxodo 13 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

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La Biblia habla de usted y de mí

Lunes 28 Febrero

Soy como hombre sin fuerza, abandonado entre los muertos… Encerrado estoy, y no puedo salir… estoy afligido.

Salmo 88:45815

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

Isaías 26:3

La Biblia habla de usted y de mí (4)

Burn-out… ¡Esta palabra está de moda, pues hace referencia a algo real y cada vez más presente! Dicho término de origen inglés designa un estado de agotamiento, a menudo debido a una actividad profesional intensa. Esta enfermedad no es nueva, ¡pues la Biblia ya la describió en textos muy antiguos hace miles de años! El autor del salmo 88 arriba citado siente un cansancio extremo, no tiene fuerzas, está como muerto, angustiado, se siente acorralado y no se atreve a salir. Incluso oró, pero aparentemente no sucedió nada… Una sobrecarga de trabajo, acompañada de constantes preocupaciones pueden llevar a que nos sintamos exhaustos, y que veamos todo de forma negativa.

Sin embargo, cuando la Biblia habla de un problema, nos dice cómo quiere resolverlo Dios. El salmo citado también menciona a un Dios de salvación. Sí, Dios salva, ¡incluso en las situaciones de desesperación! Pero entonces, ¿por qué a veces tenemos la impresión de que nos deja sin respuesta? Quizá para probar nuestra confianza en él, pues a menudo solo lo invocamos cuando estamos desesperados. Él desea que lo conozcamos como a un Padre que cuida de sus hijos, que se interesa por todos los detalles de su vida, en vez de verlo como un distribuidor automático de liberaciones, sin que tengamos una relación directa con él.

Continuemos clamando a él, en el nombre de Jesús, con la seguridad de que nos responderá en su tiempo y de la mejor manera posible.

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 12:21-51 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

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Y si usted se sentase…

Domingo 27 Febrero

María… sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres… Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Lucas 10:39-42

Y si usted se sentase…

Ese día Marta recibió a Jesús en su casa y estaba muy atareada. Pero su hermana María estaba tranquila, sentada a los pies de Jesús, escuchando lo que él decía. Entonces Marta se indignó y dijo: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude” (Lucas 10:40). La respuesta de Jesús es digna de reflexión: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (v. 10:41-42).

El Señor no reprochó a Marta su trabajo, sino la preocupación y el tormento que este le ocasionaba. Su actividad la distraía y hacía que dejara de lado lo principal. María comprendió que, cuando Jesús habla, ¡la prioridad de las prioridades es escucharlo! Más tarde haría su trabajo, con su plena aprobación.

Este pasaje contiene un mensaje muy concreto. ¿Cómo escuchamos cuando Dios nos habla? ¿Le prestamos solo un oído distraído en medio de nuestras actividades? ¿Leemos la Biblia rápidamente, en medio del bullicio, o dejándonos distraer por los mensajes y alertas de nuestro teléfono? ¿Quién se atrevería a escuchar a su jefe solo con un oído, mientras hace otra cosa?

¡Nuestro Dios es digno de que lo escuchemos tranquila y atentamente! ¡Su mensaje es vital!

Tomémonos el tiempo para detenernos, sentarnos y cerrar la puerta al mundo tan exigente y agitado que nos rodea. ¡Esta es “la buena parte” que debemos buscar cada día, cueste lo que cueste!

Éxodo 11:1-12:20 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

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¿Dios es responsable?

Sábado 26 Febrero

Mayor es Dios que el hombre. ¿Por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones. Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende.

Job 33:12-14

¿Dios es responsable?

Cuando todo va mal, a menudo Dios es señalado como el responsable. ¿Qué le hice a Dios para merecer este accidente o esta enfermedad? Cuando todo va bien, en general no lo atribuimos a Dios. Normalmente no oímos decir: Dios es bueno, tengo buena salud y no me falta nada. En resumen, cuando todo va mal, acusamos a Dios, y cuando todo va bien, es normal o es gracias a mí. Es como si dijésemos que la felicidad soy yo y la desgracia es él. ¡Seamos honestos! ¿Y si las circunstancias felices de nuestra vida viniesen también de él? ¿Le hemos dado gracias por el bienestar o por los alimentos de hoy?

La humanidad rechazó al Dios de bondad crucificando a Jesús, su Hijo. “Me devuelven mal por bien, y odio por amor” (Salmo 109:5). Después de un ultraje así, Dios hubiese podido poner de lado a la humanidad culpable.

¡Pero no! Sea que estemos abrumados por nuestra mala conducta o, al contrario, satisfechos por haber hecho actos meritorios, Dios nos ama a todos. No en función de lo que somos, sino de lo que él hizo por nosotros que merecíamos su juicio y su condena. Ahí está la diferencia. “Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”, es decir, para borrarlos (1 Juan 4:8-10).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

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Perder la vida

Viernes 25 Febrero

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre (Jesús) os dará.

Juan 6:27

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

Juan 12:25

Perder la vida

“Pasé al lado de la vida. Nunca me concedí esos momentos de reflexión que algunos se permiten. Siempre estuve activo, siempre corriendo hacia adelante. En lugar de descansar, hice todo en cantidad: tuve ansias de trabajo, de placer, de dinero y de poder”. Estas palabras de un presentador de televisión muestran qué triste es llegar al final de la vida y comprobar que uno perdió su vida.

Cuando muramos no llevaremos nada, ni dinero, ni gloria, ni poder. “Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (1 Timoteo 6:7). ¿Qué nos quedará? Nada, si solo hemos vivido para este mundo.

Sin embargo, ahora Dios nos invita a echar mano de lo que realmente es la vida. El apóstol Pablo dijo a Timoteo: “Echa mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:12). No solo es una vida que permanece para siempre, sino que nos dispensa desde ahora innumerables bendiciones. ¿Cómo adquirirla? Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Creer en él es aceptar a Jesús, es recibir el derecho de ser hijo de Dios (Juan 1:12) y de llamarlo Padre. Nos hace capaces de estar en comunión con Dios. Así podemos dejarnos guiar, instruir, ayudar y consolar en nuestra vida en esta tierra. Nuestra alma desea la felicidad, la paz, la serenidad. Esta relación de confianza con Dios nos permite vivir todo esto desde hoy por medio de la fe en Jesucristo.

Éxodo 9 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

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