La parábola de los dos deudores

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Serie: Las parábolas de Jesús.

La parábola de los dos deudores

 Gerald Bikes

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

¿Cuántas veces debemos perdonar a un hermano cristiano que peca contra nosotros? Esta pregunta viene a nuestra mente, así como vino a los labios de Pedro un día mientras Jesús hablaba a Sus discípulos sobre la vida de iglesia, la salvación, la disciplina y el arrepentimiento (Mt 18:1-35). 

La sugerencia de Pedro de perdonar hasta siete veces luce bastante generosa (v. 21). Pero Jesús le responde diciendo, no hasta siete veces, sino «hasta setenta veces siete» (v. 22). Jesús usa esta forma de hablar para decir que nuestro perdón a un hermano o hermana que se arrepiente debe ser como el perdón que Dios concede a los pecadores: sin límite. En otras palabras, debemos perder la cuenta al perdonar a los demás.

La historia que contó Jesús es fascinante. Un rey rico generosamente perdona a un sirviente que le debe una cantidad exorbitante: diez mil talentos. Para los oyentes de entonces, esto es como si nos hablaran hoy de varios miles de millones de dólares. Perdonado, el sirviente atraviesa las puertas del palacio y se encuentra con un hombre que le debe una cantidad comparativamente insignificante (cien denarios, que equivalen a unos pocos miles de dólares). Agarrando al hombre por el cuello, está dispuesto a recurrir a la violencia física y ante las súplicas por misericordia del hombre, el sirviente «perdonado» lo encierra en la cárcel por deudor y el rey se enfurece cuando se entera de la grave inconsistencia de este hombre. Debemos entender que esta parábola nos juzga si tenemos un espíritu no perdonador (v. 35). 

Recibir el perdón nos constriñe internamente a perdonar.

Cristo no está diciendo que somos perdonados en base a los méritos que obtenemos al perdonar a otros. Tampoco está diciendo que es posible que las personas puedan perder su salvación una vez que han sido verdaderamente perdonados. En este pasaje Cristo no entra en una discusión profunda sobre soteriología. No menciona la imputación, la justicia o la fe, como lo hace el apóstol Pablo en Romanos 3-5. Cristo no está hablando aquí de la manera de ser salvo, sino más bien del resultado de la salvación. 

Además, en un contexto más amplio de Mateo 18, Jesús les está enseñando a Sus discípulos cómo confrontar, disciplinar y recibir de vuelta a los hermanos y hermanas ofensores. Recibir el perdón nos constriñe internamente a perdonar. Cuando David recibió misericordia de Dios, él a su vez buscó a alguien a quien pudiera mostrar la «misericordia de Dios» (2 Sam 9:3, RVR1960). La misericordia nos convierte en canales de misericordia. 

Cuando Cristo expuso esta parábola, iba camino a la cruz. Es solo por Su sacrificio único en la cruz que puede haber perdón para cualquier pecador. Y del Salvador crucificado fluye el poder de manifestar ese perdón a otros en la comunidad de fe. 

La buena noticia del evangelio es que, como dice el Salmo 130:4: «En Ti (Jesucristo) hay perdón, para que seas temido (o, reverenciado)». No todo el que piensa que está perdonado realmente lo está, pero eso no se debe a una falta de perdón por parte de Cristo. A nosotros nos resulta muy difícil perdonar a la misma persona tres veces, mucho más siete veces, pero en Su misericordia, Jesús arroja todos los pecados de Su pueblo a «las profundidades del mar» (Miq 7:19). 

Sin embargo, observa que la misericordia sin juicio no es bíblica. Esto se ve claramente en el trato final que el rey le dio al primer siervo. Dios es un Dios de profunda misericordia, pero «no tendrá por inocente al culpable» (Ex 34:7). Aquellos que abusan de Su evangelio para continuar en pecado y dureza de corazón se encontrarán con la ira de un Cordero menospreciado. 

Esta parábola sirve para recordarnos cuán grande es en verdad nuestra deuda con Dios. Por naturaleza, quebrantamos la ley de Dios constante, consistente y fácilmente. Para usar los términos de nuestra parábola, nuestra deuda asciende a miles de millones y es impagable. Este hecho en sí mismo es parte de lo que abre la fuente de la misericordia de Dios. Al entenderlo, rápidamente aflojaremos la presión que hacemos sobre la garganta de nuestro hermano creyente. Nuestra única esperanza es ser verdaderamente perdonados por la misericordia gratuita de Dios en Cristo. Su perdón es generoso, deslumbrante, glorioso, rico, nos lleva a temer a Dios y produce en nosotros gratitud. En este Dios hay más que suficiente para perdonar a los otros deudores por los que pedimos al orar el Padrenuestro (Mt 6:12). La misericordia de Cristo es una ola poderosa y veloz que no debe detenerse en nosotros. Apoyémonos firmemente en la gracia capacitadora de Dios para perdonar de manera ilimitada.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Gerald Bikes
Gerald Bikes

El Dr. Gerald M. Bilkes es profesor de Nuevo Testamento y teología bíblica en el Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Michigan. Es autor de varios libros, entre ellos Glory Veiled [La gloria velada] y Unveiled: A Heart-Searching Look at Christ’s Parables [Desvelada: una mirada profunda a las parábolas de Cristo].

Libres del temor

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Serie: El temor

 Burk Parsons 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor.

El mundo es un lugar peligroso, lleno de riesgos y de gente poco confiable. Hay amenazas, dificultades y trampas acechando en cada esquina porque el mal es real. Como cristianos, entendemos esto porque sabemos cómo el pecado y sus consecuencias entraron al mundo.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Muchas personas no religiosas o ateas no quieren admitir que el mal existe o que los hombres son pecadores. No obstante, cuando hay ataques terroristas o calamidades son prontos para hablar sobre «actos de maldad» o de «personas malvadas». No tienen palabras propias para explicar las miserias y las tragedias de este mundo, por lo que deben tomar prestadas palabras de nuestra cosmovisión bíblica. Solo la Escritura proporciona una explicación coherente del mal, y solo la Palabra de Dios nos indica por qué somos temerosos por naturaleza.

Todos nacemos con temores, clamando por ayuda desde que entramos a este mundo. Hasta los bebés no nacidos experimentan un miedo intenso cuando los abortistas los están destrozando en los vientres de sus madres, lugar en donde antes estaban seguros y protegidos. Los niños pequeños le temen a la oscuridad y quieren una lámpara nocturna que los conforte. No solo sentimos temor por las peores catástrofes que nos suceden a nosotros y a los que nos rodean, sino también por todas las dificultades y tragedias menores que pudiéramos experimentar.

El temor es una emoción primitiva tan poderosa que puede causar estragos en nuestros corazones. La pregunta es: ¿qué hacemos con nuestros miedos? ¿Nos revolcamos en el fango del temor, actuamos como si no lo sintiéramos, intentamos esconderlo o tratamos de enfrentarlo con gran tenacidad? ¿O nos volvemos al Señor? Es solo cuando nos volvemos al Señor que podemos escucharle decir: «No temas». Sin embargo, el Señor nos ordena a no temer, no para que ignoremos nuestros miedos ni para que los superemos a pura fuerza de voluntad, sino porque Él nos ha prometido: «Yo estoy contigo». Debido a que el Señor está con nosotros, nos ha enseñado a temerle solo a Él. Todos los demás temores comienzan a desvanecerse cuando tememos al Señor.

Saber que estamos unidos a Cristo por la fe sola, y que el Espíritu Santo mora en nosotros, marca la diferencia entre tenerle miedo a Dios y temer a Dios. Marca la diferencia entre tenerle miedo a todos los peligros que pudiéramos enfrentar y confiar en nuestro Dios soberano, quien nunca nos dejará ni nos desamparará. El Espíritu Santo, nuestro Consolador, nos permite caminar siendo libres del temor porque hemos sido rescatados por Aquel que nos sostiene en la palma de Su mano. Por eso podemos cantar con John Newton: «Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyentó», y con Martín Lutero: «Aunque estén demonios mil prontos a devorarnos, no temeremos porque Dios sabrá cómo ampararnos» ya que Él ha decretado que Su voluntad prevalezca en nosotros.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Las cinco solas de la Reforma

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Las cinco solas de la Reforma

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En cada una de las cinco solas de la Reforma, el énfasis está en el calificativo «solo». Mira este breve video de R.C. Sproul a través de los años enseñando la verdad del evangelio que fue redescubierto durante la Reforma del siglo XVI.

Transcripción

A lo largo de las ‘solas’, el énfasis está en… el calificativo «solo».

El mundo creado está llamado a reflejar la gloria de Dios. El hecho de que Dios crea una criatura coloca a esa criatura en deuda con el Creador. Y la única razón por la que existes… y que existo…. es por Él.

Nada hay inherentemente digno en el polvo y de eso hemos sido formados.  La razón por la que vales es porque Dios dice que vales. Y el mundo entero está lleno de Su gloria. Solo Dios puede doblegar la conciencia absolutamente.

Un campesino armado con un versículo de las Escrituras tiene más autoridad que un papa o un directorio de iglesia que no tiene Escritura.

Esto fue tachado por los reformadores. Esto fue tachado por los reformadores. Y mi justicia inherente… está tachada. Para que tengas solo fe, solo gracia, solo Cristo.

La prerrogativa divina de misericordia y gracia es: «Tendré misericordia… del que Yo tenga misericordia». Esa es Su prerrogativa. Dios no le debe gracia salvadora a nadie.

Suelo hablar con mis amigos arminianos acerca de esto y les digo: «Déjenme hacerles una pregunta: ¿Por qué eres creyente y muchos miembros de tu familia o amigos que tienes, no son creyentes, siendo que ambos escucharon el evangelio?».

Jesús no dice que ningún hombre puede venir a él a menos que Dios lo ayude. Él dice que ningún hombre puede venir a él, a menos que Dios no le trajere.

Nadie es salvo solo porque afirma la doctrina de la justificación. ¿Qué pasa si niegas la doctrina de la justificación solo por fe? Eso es un asunto distinto, porque ahora estás negando que eres salvo por Cristo y solo por Cristo, y esa negación podría ser suficiente para condenarte.

Solo Cristo merece la salvación frente a un Dios justo y santo. Porque Él es el único que no tiene pecado.

Toda la doctrina de la justificación por la fe, toda la doctrina de la salvación por la gracia, se basa en el principio de que la ley de Dios se ha cumplido por… Cristo.

Cuando pongo mi confianza en Él, Él me imputa o pone a mi cuenta Su justicia. Y sobre la base de esa justicia imputada, Dios me declara justo ahora. Entonces, si muero ahora mismo, iré al cielo ahora mismo, porque tengo toda la justicia necesaria para llegar allí, es decir, la justicia de Jesucristo. Esas son buenas noticias.

Tú rechazas eso, estás rechazando el evangelio.

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Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

La parábola del rico insensato

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Serie: Las parábolas de Jesús.

La parábola del rico insensato

 Miguel Núñez

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Al principio del capítulo 12 del Evangelio de Lucas, encontramos a Jesús rodeado de varios miles de personas mientras les advierte contra la levadura de los fariseos (v. 1). De inmediato, Él continúa diciendo una segunda advertencia respecto a quién debemos temer:

Y Yo os digo, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no tienen más nada que puedan hacer. Pero Yo os mostraré a quién debéis temer: temed al que, después de matar, tiene poder para arrojar al infierno; sí, os digo: a este, ¡temed! (vv. 4-5).

La Biblia de Estudio de La Reforma

Hubo además una tercera advertencia de parte de Jesús para todo hombre y mujer: «Y os digo, que a todo el que me confiese delante de los hombres, el Hijo del Hombre le confesará también ante los ángeles de Dios; pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios» (vv. 8-9).

Jesús vino a salvar lo que se había perdido y a restaurarnos a una vida centrada en Dios, que glorifica a Dios y que está llena de gozo.

Justo en medio de esta rica enseñanza espiritual «uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo». Pero Él le dijo: «¡Hombre! ¿Quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros?»» (vv. 13-14). El Maestro intentaba enseñar a la multitud y a Sus discípulos algunos principios importantes sobre la vida en el Reino de Dios. Pero es obvio que este hombre solo estaba interesado en las cosas relacionadas con el reino de los hombres. El hecho de que se dirigiera a Jesús como maestro, revela que en ese tiempo se esperaba que los maestros con ciertos niveles de autoridad fueran capaces de emitir un juicio justo en casos de esta naturaleza.

Pero Jesús se niega a quedar atrapado en el ámbito terrenal. Después de todo, Cristo había enseñado a Sus seguidores: «Mi Reino no es de este mundo» (Jn 18:36). Es posible que quien hace la petición sea el más joven de los dos, ya que en aquellos días el hermano mayor era quien ostentaba el derecho a la propiedad o tenía el permiso necesario para hacer cualquier cosa con la herencia. Independientemente de esto, la misión de Jesús estaba relacionada con el tema más importante de todo el universo: la salvación de la humanidad, así que al parecer el hombre que hace la petición o no prestó atención a las enseñanzas de Jesús o fue incapaz de entender lo que acaba de oír.

El Maestro pasa por alto la petición y aprovecha la oportunidad para narrar una parábola enfatizando de qué se trata la verdadera vida. Veamos las características del hombre de la parábola. No es un hombre agradecido. Su tierra produce abundantemente, y suena como si esto ocurriera de manera natural por la gracia común de Dios. De hecho, en esa primera frase, el sujeto es la tierra y no el hombre, pero no hay evidencia de que este reconociera que el Creador es quien provee los nutrientes a la tierra, la lluvia y el sol que permiten a la tierra producir de la manera en que lo hace.

Además, el hombre es muy egocéntrico. Se refiere a sí mismo más de diez veces usando los pronombres personales «yo» y «mi». Su estilo de vida egocéntrico también puede verse en la idea de almacenar «todo mi grano y mis bienes». No lo comparte con nadie ni lo vende a otros que lo necesiten.

Este hombre también es ignorante; cree que rige su vida. Se dice a sí mismo que ha almacenado lo suficiente para vivir durante muchos años, pero sin tener garantía alguna de que esto sucederá. Su cosmovisión refleja su narcisismo. Él dice: «Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete.» (v. 19). Solo piensa en deleitarse en placeres mientras otros mueren de hambre.

Además, este hombre vive como un necio, como alguien que no cree en Dios o que vive como si Dios no existiera. «El necio ha dicho en su corazón: “No hay Dios”» (Sal 14:1). Él es ajeno a la soberanía de Dios. «Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?”. Así es el que acumula tesoro para sí, y no es rico para con Dios» (Lc 12:20-21).

Esta parábola es corta y simple, pero al mismo tiempo es rica y profunda. Después de la caída, los descendientes de Adán adoptaron una cosmovisión egocéntrica, terrenal y centrada en el «aquí y ahora». Jesús vino a salvar lo que se había perdido y a restaurarnos a una vida centrada en Dios, que glorifica a Dios y que está llena de gozo. Abrazar esto debe ser nuestra prioridad.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Miguel Núñez
Miguel Núñez

El Dr. Miguel Núñez es pastor principal de la Iglesia Bautista Internacional, es presidente y fundador de Ministerios Integridad & Sabiduría en Santo Domingo, República Dominicana. Es autor de varios libros, incluyendo El poder de la Palabra para transformar una nación y Una Iglesia conforme al corazón de Dios.

Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

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Serie: Las parábolas de Jesús.

Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

 Aaron L. Garriott


Nota del editor:
 Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

El tema del Reino de Dios ocupó un lugar importante en las enseñanzas de Jesús desde el principio de Su ministerio terrenal (Mt 4:17Mr 1:15Lc 4:43). Él proclamó que Su venida a la tierra significaba que el Reino de Dios se había acercado. Estaba inaugurando el reino de Dios en medio de Sus oyentes. Los milagros y la enseñanza acompañaban y demostraban esta inauguración. Su enseñanza tomó diferentes formas, pero la más importante de ellas fueron las parábolas, que usó para enseñar a Sus oyentes algo sobre la naturaleza del Reino. Las parábolas del grano de mostaza (Mt 13:31-32Mr 4:30-32Lc 13:18-19) y la levadura (Mt 13:33Lc 13:20) revelan algo del avance misterioso y lo imperceptible del Reino de Dios. Miraremos brevemente a cada una por separado.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Jesús comparó el Reino de Dios con un grano de mostaza, cuya pequeña forma inicial comparada con su impresionante forma final le proporcionaba a Jesús una ilustración adecuada del avance del Reino de Dios desde su inauguración hasta su consumación. Siendo una de las semillas más pequeñas de Palestina, la semilla de mostaza con el tiempo produciría un árbol parecido a un arbusto que alcanzaría más de tres metros de altura. La diminuta semilla llegaría a ser tan grande que las aves del cielo la encontrarían propicia como morada.

Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria.

Esta descripción se remonta al rey Nabucodonosor de Babilonia. Él soñó con un árbol que había crecido tanto que las aves del cielo se posaban en él. Sin embargo, el árbol fue cortado en un instante. La interpretación de Daniel reveló que todos los reinos de los hombres colapsarán, incluso el del poderoso Nabucodonosor (Dn 4). Pero el Reino de Dios es diferente. Aunque la inauguración de este Reino no fue impresionante, crecería hasta alcanzar su forma final y gloriosa, hasta que las aves del cielo anidaran en sus ramas (Ez 31:6).

Para que Sus oyentes entendieran el mensaje, Jesús contó otra parábola para ilustrar virtualmente la misma idea sobre el Reino de Dios. En esta parábola, una mujer esconde levadura de la masa de la semana pasada en tres medidas de harina. El poquito de levadura tiene su efecto en toda la masa. Como la levadura, el Reino de Dios comienza pequeño, y su obra es a menudo oculta e invisible, hasta que su resultado final es materializado.

Estas parábolas gemelas ilustran el crecimiento del Reino de Dios a ocurrir entre la primera y la segunda venida de Jesús. En ellas, Jesús demostró que la manera en que inauguró el Reino de Dios no tiene por qué sembrar dudas sobre el poder y la legitimidad de Su oficio mesiánico y del Reino. La humilde inauguración no fue un error; fue planificada por Dios. Juan Calvino señaló: «El Señor abre Su Reino con un comienzo frágil y despreciable, con el propósito expreso de que Su poder sea ilustrado más plenamente por su inesperado progreso».

Desde que Jesús pronunció estas parábolas, la semilla de mostaza ha echado raíces y ha florecido. El pan leudado se ha expandido exponencialmente. Aquellos que se opusieron a Jesús y a Sus seguidores después de Su ascensión trataron de aplastar la naciente Iglesia —cortar el árbol— antes de que llegara más allá de Jerusalén. Sin embargo, sus intentos fueron inútiles. De hecho, mientras más cortaban, más crecía el árbol. El martirio de Esteban es un ejemplo, ya que aceleró la dispersión que llevó el evangelio más allá de Jerusalén, a Judea, a Samaria y hasta los confines de la tierra (Hch 8:4). La historia de la Iglesia es el cumplimiento de la promesa de Jesús de que ni siquiera las puertas del infierno prevalecerían contra ella (Mt 16:18).

Pero el Reino que Jesús inauguró espera Su regreso para su consumación completa y final. Mientras tanto, caminamos por fe y no por vista (2 Co 5:7). Somos ciudadanos de este Reino que no puede ser conmovido (Heb 12:28). Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria (Mt 25:31Mr 14:62). Aquel que se encarnó y nació en un estado humilde volverá en esplendor y juicio (1 Tes 4:16Ap 1:7) para consumar el Reino. Y finalmente, el tabernáculo de Dios estará con el hombre (Ap 21:3-4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

La epidemia de la soledad

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La epidemia de la soledad

Thomas Brewer

Soy un millennial. No es que esté orgulloso de ese calificativo, dado su uso durante la última década. De todos modos, nunca he conocido un mundo sin televisión, teléfonos móviles y computadoras, pero he podido experimentar lo que sería vivir en un mundo así. Recuerdo haber trabajado como consejero en un campamento en Maryland hace algunos años. Este campamento no tenía internet inalámbrico, y los teléfonos inteligentes todavía no existían. Solíamos quedarnos despiertos hasta tarde en la noche en el vestíbulo, conversando y riéndonos con otros miembros del personal. Cuando mi hermana menor fue a trabajar allí un par de años después, el campamento ya había instalado Internet inalámbrico. Le pregunté sobre el vestíbulo. Ella dijo que por las noches, prácticamente ya nadie lo usaba. Muchos se quedaban en sus habitaciones para ponerse al día con el correo electrónico y navegar por Internet.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Es extraño que la tecnología pueda cambiar la forma en la que vivimos, pero lo ha hecho, y lo sigue haciendo. Somos criaturas físicas, y nuestro entorno no solo nos rodea. Somos parte de él, y él es parte de nosotros. Algo de nuestro medio ambiente —y, por lo tanto, de nosotros— ha cambiado en los últimos años. Robert D. Putnam, en su estudio histórico sobre la conexión social en los Estados Unidos, Solo en la bolera, escribe:

Las últimas décadas han sido testigos de una sorprendente disminución del contacto regular con nuestros amigos y vecinos en una amplia gama de actividades. Pasamos menos tiempo conversando durante las comidas, intercambiamos visitas con menos frecuencia, participamos con menos frecuencia en actividades recreativas que fomentan la interacción social informal, pasamos más tiempo mirando (aunque a veces se haga en presencia de otros) y menos tiempo haciendo. Conocemos menos a nuestros vecinos, y a nuestros viejos amigos no los vemos tan seguido.

En su muy estudiado libro, Putnam destaca el verdadero declive de la participación política, cívica y religiosa en las últimas décadas. Y, por supuesto, cuando hay más aislamiento —es decir, menos conexión social— hay más soledad. Un par de encuestas recientes, incluyendo una realizada por el proveedor de atención médica Cigna, junto con otra de The Economist y la Kaiser Family Foundation, resaltan la omnipresencia de la soledad en el mundo occidental. Esta última halló que el 22 por ciento de los adultos en los Estados Unidos a menudo o siempre se sienten solos, carecen de compañía o se sienten excluidos. Según los expertos, los jóvenes son más propensos a sentirse solos que las personas mayores, y la soledad parece estar aumentando entre todos. Varios estudios, como uno de la Sociedad Americana del Cáncer, incluso han relacionado la soledad con la mala salud y con un mayor riesgo de muerte. Algunos han tomado estos datos y le han dado un nombre: «la epidemia de la soledad».

¿Qué es lo que ha causado nuestra soledad? No podemos señalar a una sola cosa, porque el problema es complejo. Putnam lo reconoce, pero también sugiere algunos factores que contribuyen, como la tecnología. Sin embargo, la tecnología, como el Internet inalámbrico, de alguna manera ha traído más conectividad. Permite que personas de diferentes lugares del mundo se comuniquen entre sí. Las redes sociales, por ejemplo, han permitido que mucha gente se vuelva a conectar. No obstante, al mismo tiempo, las redes sociales no pueden ofrecer el mismo nivel de involucramiento que la presencia personal. Es decir, no se compara con invitar a un amigo a cenar. Otras tecnologías ofrecen una experiencia similar. La televisión puede parecer genial cuando estamos solos, pero también puede parecer vacía. Igualmente podríamos apuntar a una tecnología como el automóvil, el cual nos ha brindado una mayor libertad de movimiento, pero a menudo a costa de aislarnos. Los humanos ahora viven más distanciados que nunca, lo que resulta en menos oportunidades de verse. Y cuando viajamos, cada uno está aislado en su propio auto.

También podríamos apuntar a los cambios sociales y religiosos ocurridos durante el siglo pasado. Putnam señala que las mujeres que ingresaron a la fuerza laboral moderna a mediados del siglo XX cambiaron significativamente nuestra conexión social. Reconoce que las mujeres suelen estar más comprometidas socialmente que los hombres, y si ambos en la pareja están trabajando, simplemente hay menos tiempo para involucrarse en la comunidad. (Eso no quiere decir, por supuesto, que las mujeres nunca deberían ingresar al mercado laboral. Después de todo, antes de que los hombres ingresaran a la fuerza laboral moderna, también estaban en casa, en la granja familiar). Además, también podemos reconocer el creciente número de estadounidenses que se han desvinculado de la religión organizada. En general, y al no pertenecer a un grupo religioso particular que se reúna regularmente, nuestra conexión social ha disminuido. En cualquier caso, independientemente de las causas del aumento de nuestro aislamiento, estamos más aislados que nunca.

Tal vez tú no te sientas aislado. Si no te sientes así, probablemente conozcas a alguien que sí. La soledad está en todas partes hoy. Los estudios lo dejan claro. Así que ¿cómo deberíamos vivir? Como cristianos, estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesucristo y vendar a los quebrantados de corazón (Is 61:1). Si conoces a muchas personas, tienes amigos y estás conectado socialmente, comparte esa abundancia con las personas solitarias y los necesitadas. Identifícalos en tu iglesia para que sean amigos y recíbelos, porque Cristo nos recibió a nosotros (Rom 15:7). Las personas solitarias suelen ser fáciles de detectar porque se sientan solas en la iglesia y no hablan con nadie. Si estás solo y aislado, recuerda que Dios está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los abatidos de espíritu (Sal 34:18). El cristiano nunca está realmente solo, porque Dios está con él (Jn 14:16-17). Ora para que Dios te conceda amigos y una comunidad, y cuando lo haga, compártelos con otros.

En una era solitaria y aislada, tenemos la gran oportunidad de reflejar la luz de Jesús en nuestro mundo, pues Jesús nos ha dicho que todos sabrán que somos Sus discípulos si nos amamos unos a otros (Jn 13:35). ¿Y qué otra solución tiene el aislamiento que no sea el amor de Cristo?

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

El narrador magistral

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El narrador magistral

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Me encanta una buena historia. Sin embargo, he descubierto que la mayoría de las historias, especialmente las más recientes, no son tan buenas. Las historias verdaderamente buenas son típicamente muy antiguas. Han superado la prueba del tiempo. No solo se comunican con nuestras mentes y conectan nuestros corazones con sus personajes, sino que también llegan a lo más profundo de nuestras almas. Las buenas historias nos hacen reír y llorar. Nos retan y nos consuelan. No nos dejan iguales.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Hace poco tiempo, terminé de leer el clásico de Víctor Hugo «Los Miserables». Tan pronto como puse el libro de nuevo en el estante, me sentí atraído a leerlo otra vez, ya que solo después de terminar de leer el libro sentí que entendía todo lo que Hugo comunicaba desde la primera página. Las buenas historias son así. Los buenos narradores ofrecen a los lectores atentos un lente a través del cual pueden apreciar el mensaje principal de la historia. Una vez que los lectores lo ven, quieren leer la historia de nuevo, porque ahora entienden de qué se trata. Se sienten como si hubieran descifrado su código y como si incluso fueran parte de la historia.

Nosotros como creyentes amamos las parábolas de Jesús no solo porque son buenas historias bien contadas sino porque el Espíritu Santo nos ha abierto nuestros ojos, oídos y corazones para entender su mensaje.

Esta es una razón por la que a los niños les encanta leer los mismos cuentos una y otra vez antes de dormir, y es por eso que como cristianos nos encanta leer la Biblia una y otra vez. Pero ¿cuántas veces has escuchado a un incrédulo o a un ateo profesante decir algo como: «Leí la Biblia una vez, y me di cuenta que no era para mí»? Cuando escucho eso, quiero responder: «En realidad, nunca has leído la Biblia». Puede que hayan leído las palabras, pero no tenían los ojos para ver, los oídos para oír y el corazón para percibir lo que el Autor de la Biblia está comunicando. Ellos no podían entender el mensaje principal del Autor, por lo que no deseaban volver a leerla.

Jesús fue el narrador magistral que, como fue profetizado en el Salmo 78 (ver Mateo 13:35), a menudo enseñó usando parábolas para ilustrar Su mensaje principal. Lo hizo así al menos por dos razones: para confundir a los que lo rechazaron y para iluminar a los que lo recibieron (Marcos 4:11-12). Si alguien piensa que todas las historias de Jesús son confusas, es porque nuestro Dios soberano no le ha dado ojos para ver, oídos para oír o corazón para percibir la verdad salvadora del glorioso evangelio de Jesucristo.

Sin embargo, nosotros como creyentes amamos las parábolas de Jesús, no solo porque son buenas historias bien contadas sino porque el Espíritu Santo nos ha abierto nuestros ojos, oídos y corazones para entender su mensaje. Nos identificamos con los personajes de Sus parábolas, y queremos oírlas una y otra vez mientras descansamos para siempre en el amor pródigo de nuestro Padre por nosotros.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

El ahora cuenta para siempre

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El ahora cuenta para siempre

R.C. Sproul 

El siguiente artículo apareció por primera vez en la edición de mayo de 1977 de Tabletalk Magazine:

El título de esta sección: «El ahora cuenta para siempre», intenta centrar la atención en la importancia que tiene nuestra vida actual frente al destino eterno al que nos enfrentamos.

Vivimos en una cultura que pone el énfasis en el «ahora». Se llama la «generación Pepsi»; se nos dice que vivamos la vida con «entusiasmo» porque «solo viviremos una vez». Metas de corto plazo, métodos pragmáticos de resolución de problemas, una histeria silenciosa para hacer que suceda «ahora», todo apunta a la desesperación del hombre moderno con respecto al futuro. La suposición tácita es que es «ahora o nunca» porque no hay un futuro final para la humanidad.

Nuestra aserción cristiana es que hay algo más para nuestras vidas que el «ahora». Si no es así, entonces incluso el «ahora» carece de propósito. Sin embargo, decimos que el ahora cuenta. ¿Por qué? El ahora cuenta porque somos criaturas que tenemos un origen y un destino que está arraigado y fundamentado en Dios.

¿Dije «arraigado»? ¿Por qué es tan importante esa palabra? Recientemente hemos experimentado un fenómeno cultural de proporciones épicas. El drama televisivo, Raíces, ya ha tenido un efecto estremecedor en nuestra gente. ¿Podemos explicar la reacción nacional a Kunta Kinte y la lucha racial? No lo creo. Ni tampoco Alex Haley. Raíces tipifica un problema que trasciende la raza. Es el problema de identidad que enfrenta todo hombre moderno: ¿quién soy?

La pregunta de la identidad nunca puede ser respondida solo en términos del presente. Saber quién soy implica un descubrimiento de mi pasado (mi origen) y al menos un vistazo a mi futuro (mi destino). Si soy un accidente cósmico que surge del polvo y está destinado a convertirse en polvo, entonces no soy nada. Soy un chiste: una historia contada por un idiota. Pero si mis verdaderas raíces están arraigadas en la eternidad y mi destino está anclado en esa misma eternidad, entonces sé algo sobre quién soy. Sé que soy una criatura de trascendencia eterna. Si es así, mi vida importa. Lo que hago hoy cuenta para siempre. Ahora, el «ahora» significa algo. 

Raíces nos conmovió profundamente porque provocó la esperanza de que, si retrocedemos lo suficiente, podríamos encontrar continuidad y estabilidad. Raíces tenía su figura mesiánica en el Gallero George. Un episodio completo transcurrió y la figura del Gallero George nunca se hizo visiblemente presente. Sin embargo, su «presencia invisible» impregnaba cada escena. Nunca he visto una producción televisiva en la que un personaje estuviera tan obviamente presente sin aparecer en la pantalla. Cuando George apareció, condujo a su familia en un nuevo éxodo a una nueva tierra prometida. Raíces miró hacia atrás y hacia adelante de tal manera que le dio significado al presente. 

Mientras que la televisión nos regaló Raíces, así mismo Hollywood nos ha regalado a Rocky. Esta película ha capturado la imaginación del público de una manera fresca. Tal vez representa solo un ejercicio de nostalgia, un regreso a Frank Merriwell y al final feliz original. O quizás representa una protesta a la era del antihéroe y la trama de caos que caracteriza a la cinematografía moderna. Sea cual sea el motivo, la película reflexiona no en el tema de la Cenicienta, sino el retrato de la sensibilidad humana que se muestra en la misericordia de Rocky como recaudador de deudas para el prestamista y su ternura en la pista de hielo. 

Una calidez encomiable se ve en el amor de Rocky por los animales y los adolescentes rebeldes y en su afecto por su mánager. El fruto de la disciplina, la perseverancia y la devoción a la dignidad son en realidad puestos en roles de virtud. Rocky trabajó y luchó no por un premio momentáneo sino por una actitud de valor que perdura. 

Tal vez Rocky sea un hito. Quizás estamos empezando a ver que hay más en la vida que la Pepsi-cola. No es ahora o nunca, sino ahora y para siempre. El ahora cuenta, para la eternidad.

Han pasado treinta años desde que escribí mi ensayo original bajo el título «El ahora cuenta para siempre». Fue en la década de 1970, en un momento en que nuestra cultura aún se tambaleaba por los efectos perjudiciales de la guerra de Vietnam, y aún más significativamente de la revolución moral radical que marcó la década de 1960. La historia ha demostrado que la revolución moral de la década de 1960 ha introducido muchos más cambios en la vida en los Estados Unidos que la revolución política de 1770. Nuestra cultura fue descrita en la década de 1970 como una que estaba fuertemente influenciada por el secularismo. La idea principal del secularismo es que la vida está desligada de la eternidad. Toda la vida debe ser vivida en el aquí y el ahora, en este saeculum, porque no hay una dimensión eterna. 

Tras el secularismo vino la filosofía del relativismo. Aunque el relativismo fue adoptado en muchos ámbitos en la década de 1970, desde entonces se ha establecido tan firmemente en nuestra cultura que el número estimado de estadounidenses que adoptan alguna forma de relativismo filosófico o moral alcanza más del 95 por ciento. En este sentido, nuestra cultura ha pasado de lo que entonces se llamaba neopaganismo a una cultura ahora de neobarbarianismo. Aunque la ley a favor del aborto conocida como Roe v. Wade ya estaba vigente cuando escribí mi primer ensayo, la proliferación del aborto a demanda —que alcanza el millón y medio al año— ha marcado de tal manera nuestra cultura como una cultura de muerte, que todos los vestigios de nuestra cultura civilizada mueren con la muerte de cada bebé no nacido. Nuestra nación es una nación en guerra consigo misma, donde los valores, la familia y la moralidad han sido tan golpeados en familias y condados, estados y la nación, que la base unificada de nuestra antigua civilización ha sido hecha añicos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en los últimos treinta años, y es el hecho de que porque Dios reina, todo lo que sucede hoy tiene consecuencias que duran hasta la eternidad. Es tan cierto hoy como lo fue la primera vez que tomé el bolígrafo para escribir el título, lo que sucede ahora cuenta para siempre. Que la cultura sea paganizada, que la cultura sea bárbara, pero que la Iglesia sea la Iglesia y nunca negocie la dimensión eterna de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Cautivado por la gloria

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Cautivado por la gloria

Irwyn Ince

Mientras escribo esto, estoy en la fase final de un entrenamiento para un maratón de remo. Sí, de remar, no de correr. Remar 42 195 metros en la máquina de remo Concept2 Erg es el equivalente a correr unos 42 kilómetros. Creo que completarlo me tomará alrededor de tres horas y media. Mi entrenamiento durante los últimos cuatro meses se ha centrado en aumentar mi resistencia, desarrollando tolerancia a la incomodidad y fortaleza mental para seguir adelante cuando llegan los momentos dolorosos. Yo (al igual que cualquier otra persona que intente un evento como este) tengo necesidad de perseverancia.

Esto es lo que el pastor dice en Hebreos 10:35-36:

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia [o, perseverancia], para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Lo interesante aquí es cómo el autor de Hebreos comienza a abordar las preocupaciones de sus lectores. Él quiere que ellos perseveren, pero no comienza su mensaje diciéndoles: «Aguanten», «No se desanimen» o «Perseveren en la fe». Todas estas cosas las dirá o las insinuará más adelante en la carta, pero no al principio. En cambio, comienza con un punto teológico: la gloria, majestad y autoridad inigualables del Hijo de Dios.

Tal vez no haya otro capítulo en la Biblia que presente la divinidad de Jesucristo tan enfáticamente como el primer capítulo de Hebreos. Sin embargo, el autor no ofrece un conocimiento intelectual separado del corazón. Lo que me encanta es que toda esta rica teología sobre Jesucristo es el epítome de la teología aplicada a la vida.

Para poder perseverar como cristianos en medio del caos de la vida, lo que tiene que estar a la vista es cuán glorioso es Jesús. Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo. Seguir a Jesús es costoso. Si nuestros corazones no están palpitando al ritmo de la grandeza de Jesús, nunca creeremos que vale la pena ser cristiano.

El desfibrilador teológico que resucita el corazón del cristiano y lo mantiene latiendo a través de cada valle es que Jesús es el Profeta glorioso, el Sacerdote glorioso y el Rey glorioso.

Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo.

EL PROFETA GLORIOSO

La Palabra de Dios en Cristo nos fue hablada plena y definitivamente. Tenemos lo que los padres de la fe, como Abraham, no tuvieron: la plena, completa y definitiva Palabra de Dios. En pocas palabras, Dios ha elevado el estándar. Jesús no es simplemente uno de los profetas; Él es el heredero de todas las cosas. Él tiene una herencia: el mundo entero. Él vino a reclamar el mundo como Su posesión, porque fue a través de Él que el mundo fue creado. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la expresión exacta de Su naturaleza.

La devoción a esta verdad es lo que nos recuerda que debemos someter las palabras que nos habla el mundo a Aquel quien es la Palabra. Hay demasiadas voces diciéndonos demasiadas cosas en esta era de la información. Estamos sobresaturados. ¿Cuál es el filtro a través del cual nuestros corazones y nuestras mentes deben examinar toda esta información? Cada voz que escuchamos tiene que estar subordinada a la voz de Jesús.

EL SACERDOTE GLORIOSO 

Cuando vino Aquel que es el resplandor de la gloria de Dios, vino como el Cordero de Dios sin mancha que quita el pecado del mundo. Vino como la ofrenda de sacrificio y como el que la ofrece. Él es el gran sumo Sacerdote que se ofreció a Sí mismo como el único que podía aplastar el pecado. Mientras era golpeado y latigado, mientras la sangre fluía de Su cabeza, Sus manos y Sus pies, se estaba llevando a cabo la purificación por los pecados de todo aquel que pone su confianza en Él. Es como lo dice el compositor de este himno:

De Su cabeza, manos, pies
Preciosa sangre allí corrió;
Corona vil de espinas fue
La que Jesús por mí llevó
(Himno «La cruz excelsa al contemplar», de Isaac Watts)

Cuando Jesús expió nuestros pecados, se sentó. La obra había sido terminada, y ya no hay necesidad de ningún otro sacrificio por el pecado.

Permíteme hacer esta pregunta: ¿En qué área de tu vida estás siendo tentado a purificarte tú mismo para ser aceptado por Dios? Esta tentación puede seguir asediándonos aunque seamos cristianos, y es algo que conduce a la autojustificación. Deleitarnos continuamente en Jesús y reconocerlo cada día como nuestro gran y glorioso sumo Sacerdote le da confianza a nuestros corazones de que somos aceptos en el Amado.

EL REY GLORIOSO

No fue en ningún lugar antiguo donde Jesús se sentó. Fue a la derecha de la Majestad en lo alto. Él es el Rey y Juez supremo. Nos cuesta ver cómo todas las cosas están sujetas a Su señorío. Pero la declaración de que el Hijo es el heredero de todas las cosas, la expresión exacta de la naturaleza de Dios y Aquel que sostiene el mundo es contundente. En verdad, no existe nada sobre lo cual Él no tenga autoridad absoluta. Esto debe ser reconfortante para aquellos que creen y una advertencia para aquellos que no.

Hay una sola manera de perseverar y crecer como cristiano. Incluso me atrevería a decir que hay una sola manera de perseverar y crecer en la vida, punto. Y se empieza teniendo una visión clara de la gloria de Jesucristo: el Profeta glorioso que nos declara la Palabra definitiva de Dios, el Sacerdote glorioso que nos purifica y el Rey glorioso que nos gobierna y nos protege.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Irwyn Ince
Irwyn Ince

El Dr. Irwyn Ince es pastor asistente de Grace Presbyterian Church en Washington, D.C., y director del Grace DC Institute for Cross-Cultural Mission.

Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

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Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

Scotty Anderson

El confort implica algunos conceptos: tranquilidad física, ausencia de dolor y libertad sin restricciones. Tu zona de confort es la situación en la que menos te molesta estar. Es el lugar donde te apartas para descansar y ser renovado. La Biblia nos habla de esos lugares: la familia, la comunidad, los rituales, el día de reposo, la música, los retiros. Jesús tenía Sus compañeros, participaba en fiestas y a veces se alejaba de las multitudes. Todo esto es bueno cuando se hace en el momento correcto y de la manera correcta. Si te examinas con honestidad, lo más probable es que descubras un conjunto multidimensional de preferencias sociales, económicas, lingüísticas, políticas, generacionales, familiares, estilísticas y dietéticas que reflejan tus zonas de confort. Puede que no tengan nada de malo en sí mismas, pero, cuando las obedecemos como si fueran reglas, pueden llegar a violar seriamente el llamado al discipulado.

¿Qué podría ser más opuesto al ejemplo y mandamiento de Cristo que una vida de total comodidad? Jesús nunca vaciló al señalar la incomodidad que implica el seguirle. «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza» (Mt 8:20). «Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lc 9:23). «Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos» (Mr 9:35).

Esa pérdida de confort es parte de un plan maestro. El llamado al servicio desinteresado y enfocado en los demás refleja el ejemplo de Cristo:

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Flp 2:5-8).

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana, con el fin de servir a los que no lo merecían.

EL COSTO DEL CONFORT

Así que ¿cómo se vería el Reino de Dios en tu iglesia si reordenaras tu vida según las prioridades de Cristo? Permíteme mostrarte cinco actos de servicio que pueden ayudarte hoy mismo a salir de tu zona de confort.

(1) Servir por misericordia en tiempos de crisis. La comunidad de los elegidos tiene prioridades diferentes: «En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia» (Pr 17:17). El Nuevo Testamento usa el lenguaje familiar («hermano») previendo el sacrificio que suele darse entre los miembros de la familia. Incluso en la cruz, Jesús le dijo a Su discípulo: «»¡He ahí tu madre!». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn 19:27). En una crisis, entramos en acción aun cuando hacerlo perturbe nuestra propia situación. Por lo tanto, planifícate para las crisis y responde como miembro de una familia.

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana.

(2) Servir donde sea necesario. ¿Qué pasaría si en lugar de ver el servicio en la iglesia como el ejercicio de nuestros talentos, lo vemos como nuestro deber de analizar nuestro entorno para humildemente «llenar los huecos» (p. ej.: saludando, cuidando a los niños, visitando a enfermos, ofreciendo ayuda tecnológica)? Si no te encuentras ocupado en la iglesia, pregúntate en qué pasas tu tiempo y si eso realmente es más importante que servir.

(3) Servir a raíz del dolor. Un hallazgo sorprendente en el comportamiento humano revela que las personas que han experimentado ciertas pruebas tienden a ser menos comprensivas hacia otros que atraviesan pruebas similares. Tendemos a querer que los demás «aguanten» porque nosotros aguantamos. Sin embargo, en 2 Corintios 1:3-7, Pablo usa su aflicción para modelar el comportamiento sobrenatural de consolar «por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (v. 4). Toma la decisión consciente de tratar a las personas que sufren con la misericordia y la gracia que has recibido de Cristo.

(4) Servir mediante la participación en la adoración congregacional. Para algunas personas, la adoración es fácil, pero otras luchan con la distracción, la inseguridad y la falta de familiaridad. La adoración colectiva no es una experiencia individual. Es un mandato congregacional:

Y que la paz de Cristo reine en vuestros [plural] corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros [plural], con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros [plural] corazones (Col 3:15-16).

Es un servicio a Dios y es para el beneficio de los que te rodean.

No es muy complicado. Cientos de miles en todo el mundo llenan estadios y coliseos cada semana para ver partidos y conciertos. Se visten adecuadamente para la ocasión, muestran un entusiasmo apropiado y se unen para elevar sus cantos rituales. La naturaleza colectiva de esos eventos hace que la experiencia sea mejor. ¿Cuánto más, entonces, merece la iglesia que participes plenamente?

(5) Servir mediante la hospitalidad. Los muchos mandatos a amar al extranjero no deberían sorprendernos (Lv 19:33-34Mt 25:35Rom 12:131 Pe 4:9). Es una de las cosas más incómodas que puedes hacer, y también una de las más gratificantes. «Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Heb 13:1-2). La hospitalidad a menudo implica abrirle la puerta a algo y a alguien que naturalmente te hace sentir incómodo. Después de la predicación del evangelio, pocas cosas son tan valiosas para el avance del Reino. Te mostraron bondad siendo un extranjero, te invitaron a una mesa donde no merecías un lugar y obtuviste una familia. Hay pocas respuestas a la gracia que superen el ejercicio de la hospitalidad bíblica.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scotty Anderson
Scotty Anderson

El reverendo Scotty Anderson es pastor asistente de familias y jóvenes en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, SC