Bástate mi gracia

Esclavos de Cristo

Bástate mi gracia

Johanna Ramírez Suavita

Una declaración tan simple como poderosa: “Bástate mi gracia”. Así de directo nos llama el Señor a depender de Él. Aunque nuestro corazón se sienta inclinado a buscar las respuestas a todas las preguntas o a vivir días exitosos basados en nuestras propias fuerzas, Dios mismo, a través del apóstol Pablo, nos recuerda que no es posible porque su poder se perfecciona justamente cuando nosotros reconocemos nuestra debilidad y necesidad (2 Corintios 12:9) y caminamos hacia Él.

Tal vez, muchas personas -incluso cristianas- piensen que sería más sencillo si Dios nos dijera cada día que todo va a estar bien porque tendremos una vida sin aflicción, o que por ser hijos suyos tendremos abundancia y prosperidad. Parece más llamativo pensar que la cristiandad es la fórmula para una vida sin adversidad. Sin embargo, esto no es lo que nos dice la Escritura, porque si bien el Señor nos dice que tendremos vida en abundancia también nos advierte a lo largo de la Biblia que tendremos aflicción y dificultades, que posiblemente seremos perseguidos y acusados, pero seguido a esto, siempre se nos recuerda que aunque vivamos esto no seremos derrotados porque alguien ya venció por nosotros: Jesucristo. (Juan 16:33)

Lo anterior no significa que no tendremos una vida de gozo y de disfrute, porque si vivimos con el contentamiento que Dios demanda, estaremos plenos y llenos en Él, reconociendo su bondad y su inmerecida gracia. Y esto es exactamente lo que nos recuerda Pablo, que de buena gana nos gocemos en la afrenta, en la angustia, en la aflicción, porque es allí donde el poder de Dios será manifiesto y nos fortalecerá. (2 Corintios 12:10).

¿Ha vivido momentos difíciles? ¿Ha tenido situaciones de dolor? ¿Ha perdido un ser querido? ¿Ha tenido que vivir con una enfermedad que le aflige? Probablemente la respuesta a (casi) todas las preguntas sea sí, y seguramente aún no entienda por qué ha tenido que sobrellevar todo esto, pero lo realmente importante de estas situaciones es que no necesitamos las respuestas si tenemos al Señor, porque Él es nuestra roca fuerte (Salmos 31:2).

Y sí, puede que esté pensando que esto suena más sencillo de lo que realmente es y tiene razón. No es fácil, y un buen ejemplo de esto es la vida de Job, pues la Escritura nos cuenta todas las situaciones que tuvo que enfrentar; pero así mismo, este relato nos recuerda que incluso después de darlo todo por perdido, tener a Dios es suficiente, porque esta vida es pasajera, pero llegará un momento en el que reinaremos con Él en la eternidad y entonces no habrá llanto, ni dolor (Apocalipsis 21:4). ¡Qué maravillosa promesa! ¡Qué consoladora palabra! 

No gastemos nuestros días intentando comprender completamente a Dios, esto es imposible porque sus planes son más altos que los nuestros (Isaías 55:9) y hay cosas que escapan a nuestro entendimiento, en cambio, dediquemos nuestros esfuerzos a amarle y conocerle. Que sea motivo de gran gozo escudriñar su Palabra y conocer su verdad a través de ella, para que la aflicción no nos distraiga de lo verdaderamente importante y que la desesperanza no nos debilite, sino que la promesa salvadora nos reconforte y nos aliente a avanzar en esta carrera y así, como anima el apóstol, repose sobre nuestras vidas el poder de Cristo.

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EL AUTOEXAMEN

Esclavos de Cristo

EL AUTOEXAMEN

J.C.Ryle

“Y después de algunos días, Pablo dijo á Bernabé: Volvamos á visitar á los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están.” (Hechos 15:36)

Después de su primer viaje misionero el apóstol Pablo sugirió a Bernabé, que volvieran a visitar las iglesias que habían establecido para ver como estaban. Estaba ansioso para saber si estaban creciendo espiritualmente. Entonces dijo: “Volvamos a visitar a nuestros hermanos para ver cómo están”. Hay algo que todos podemos aprender de esto: necesitamos examinarnos a nosotros mismos para saber cómo está nuestra relación con Dios.
Vivimos en una época de grandes privilegios espirituales. El evangelio ha sido predicado casi en todo el mundo. La Biblia está disponible en más idiomas que en cualquier otro tiempo en el pasado. En muchas partes del mundo las iglesias han crecido rápidamente. Pero debemos preguntarnos a nosotros mismos ¿Cómo nos ha beneficiado todo esto?
Vivimos en una época de muchos peligros espirituales. Nunca antes tantas personas han profesado ser cristianos. Pero, ¿Son todos estos profesantes personas realmente convertidas? A muchos les gusta asistir a las campañas evangelísticas en donde parece que están sucediendo muchas cosas emocionantes. Pero el emocionalismo es una cosa muy diferente al crecimiento espiritual, y es de mucha importancia que frecuentemente hagamos un alto y nos preguntemos a nosotros mismos en dónde estamos espiritualmente.
Déjeme hacerle diez preguntas que le ayudarán a descubrir la verdad acerca de su condición espiritual. Le hago estas preguntas solamente para su propio beneficio. Si al principio algunas le parecen como muy bruscas, recuerde que la persona que le dice la verdad, éste es en realidad su verdadero amigo.

1. ¿Ha pensado seriamente acerca de su condición espiritual?

Tristemente, hay muchos que nunca piensan acerca de su salvación. Nunca se detienen para pensar seriamente acerca de la muerte y el juicio, acerca de la eternidad, acerca del cielo y el infierno. Están demasiado ocupados con sus negocios, sus placeres, sus familias, las cosas de la política o el dinero. Ellos viven como si nunca fueran a morir y comparecer ante el tribunal de Dios. Tales personas están viviendo en realidad al nivel de los animales, porque nunca piensan acerca de las cosas más importantes de la vida. ¿Piensa usted acerca de las cosas más importantes?

2. ¿Qué ha hecho usted acerca de su salvación?

Hay muchas personas que en ocasiones piensan acerca del cristianismo, pero nunca van más allá de meros pensamientos. Quizás cuando están en problemas, cuando ha fallecido algún conocido, quizás cuando conocen a algún creyente sincero o cuando leen un libro cristiano, piensan acerca de su salvación; pero no van más allá de pensarlo. Pero no se separan de servir al pecado y al mundo pecaminoso; no toman su cruz para seguir a Cristo. Recuerde, que no es suficiente simplemente pensar acerca de Dios y la salvación. Usted tiene que hacer algo al respecto o no puede ser salvo.

3. ¿Está usted tratando de acallar su conciencia con una religiosidad externa?

Muchos cometen este error. Su cristianismo consiste enteramente del cumplimiento de deberes externos. Ellos asisten a todos los cultos y participan sin fallar en la cena del Señor. Se aferran tenazmente a las enseñanzas particulares de su Iglesia y discuten con cualquiera que no está de acuerdo con ellas. Pero a pesar de esto, no tienen una devoción a Cristo en sus corazones. Su religión no les da satisfacción porque no conocen nada del gozo y la paz interiores. Quizás, en lo secreto de sus corazones saben que algo está mal, pero no saben qué es. Yo le ruego a usted entonces, que se examine a sí mismo. Si se preocupa por su salvación, no se contente con una mera observancia externa de algunos deberes. Usted necesita mucho más que eso para ser salvo.

4. ¿Han sido perdonados sus pecados?

Usted sabe en su corazón que es un pecador, que se ha quedado corto de las normas divinas, en pensamiento, en palabra y en hechos. Por lo tanto, usted sabe que si en el día del juicio sus pecados no han sido perdonados, entonces usted tendrá que ser condenado para siempre. La gloria de la fe cristiana es que provee precisamente el perdón que usted necesita; un perdón completo, gratuito y eterno. Este perdón ha sido comprado para nosotros (los creyentes) por nuestro Señor Jesucristo. Cristo realizó este perdón a través de su encarnación, viniendo al mundo para ser nuestro salvador, y por su vida perfecta, su muerte y su resurrección como nuestro sustituto. Pero aunque este perdón es perfectamente gratuito, no nos es dado en forma automática. Uno no puede recibirlo simplemente asistiendo a una Iglesia cristiana, ni siquiera uniéndose a su membresía. Este perdón es algo que cada persona debe abrazar por sí mismo ejercitando la fe en Cristo. Si usted no se ha apropiado la obra de Cristo por la fe, entonces respecto a usted, es como si Cristo no hubiera muerto. La fe es una confianza sincera y humilde en el Señor Jesucristo para salvación. Todos aquellos que personalmente confían en El como Señor y salvador, son aceptados de inmediato y perdonados; pero sin esta confianza no hay ningún perdón en lo absoluto.
Entonces, usted puede ver que no es suficiente simplemente conocer los hechos acerca del Señor Jesucristo. Tal vez usted crea que El es el salvador de los hombres, pero la pregunta es si El es su salvador. ¿Sabe si sus pecados han sido perdonados?

5. ¿Ha experimentado la realidad de una conversión a Dios?

“Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3) “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17) Por naturaleza somos tan débiles, terrenales, mundanos y pecaminosos que sin un cambio completo en lo interior, no podemos servir a Dios en esta vida, y no podremos disfrutar de El en el cielo. Tal como los patitos se acostumbran naturalmente al agua, así nosotros desde que nacemos estamos inclinados al pecado. Si vamos a dejar el pecado y a aprender a amar a Dios, tiene que suceder un gran cambio en nuestras vidas. Si este cambio ya ha sucedido, entonces será manifiesto por sus frutos. ¿Tiene usted una sensibilidad y odio hacia el pecado? ¿Tiene usted fe en Cristo y amor a El? ¿Ama usted la santidad y anhela ser más santo? ¿Encuentra usted en sí mismo un amor creciente por el pueblo de Dios y un disgusto por los caminos del mundo? Estas son las evidencias que siempre siguen a una conversión verdadera hacia Dios. ¿Cuál es su condición?

6. ¿Sabe usted algo de la práctica de la santidad cristiana?

La Biblia deja claro que “sin santidad nadie verá al Señor”. La santidad es el resultado inevitable de la conversión verdadera. Ahora, la santidad no es la perfección absoluta, la libertad completa del pecado. Esto existirá solamente en el cielo. La santidad tampoco es algo que podemos obtener sin un esfuerzo y una lucha constante. Pero aunque la santidad en esta vida es imperfecta, sin embargo es real. La santidad real hará que el hombre cumpla sus deberes en su hogar y en su trabajo, y afectará su forma de vivir en su vida cotidiana y su manera de enfrentar sus problemas. La santidad le hará humilde, bondadoso, dadivoso, considerado con los demás, amable y perdonador. No le conducirá a descuidar los deberes ordinarios de la vida, sino que le capacitará para vivir la vida cristiana, donde quiera que Dios le haya llamado.

7. ¿Conoce usted algo del gozo dado por los medios de gracia?

Por “los medios de gracia” quiero decir cinco cosas: la lectura de la Biblia, la oración secreta, la oración pública de Dios en la Iglesia, la participación en la cena del Señor y la santificación del día del Señor. Estas cosas han sido ordenadas por la gracia de Dios con el fin de traernos a la fe en Cristo y ayudarnos a crecer como creyentes. Nuestra condición espiritual dependerá en gran medida de la manera en que usamos estos medios. Fíjese que digo; la manera en que los usamos, porque no recibimos ningún beneficio automático de sólo cumplirlos. Entonces tengo que preguntarle; ¿Se deleita usted en la lectura de la Palabra de Dios? ¿Derrama usted su corazón a Dios en la oración? ¿Se deleita usted en el día del Señor al dedicarlo a la adoración, la oración y el compañerismo cristiano? Aún si “los medios de gracia” no tuvieran ningún otro propósito, nos servirían como indicadores de nuestra condición espiritual verdadera. Dígame lo que un hombre hace con respecto a estas cosas y le diré si está en el camino hacia el cielo o el infierno.

8. ¿Se está esforzando para hacer algo bueno en este mundo?

Mientras estuvo en la tierra el Señor Jesús “anduvo haciendo bienes” (Hech. 10:38) Desde entonces, los creyentes verdaderos siempre han tratado de seguir su ejemplo. Cuando el Señor Jesús relató la historia del buen samaritano (Luc. 10:25–37), terminó diciendo: “Vé, y haz tú lo mismo”. Siempre existen oportunidades para hacer el bien, la única pregunta es si realmente queremos hacerlo. Aún aquellos que no tienen dinero para dar, pueden hacer bien a los enfermos y a otros que tienen problemas, si están dispuestos a dedicarles tiempo y a mostrarles simpatía y atención. Lea la historia del buen samaritano. ¿Conoce usted algo de este tipo de amor al prójimo? ¿Trata usted de hacer bien a otros aparte de sus amigos, su familia o la Iglesia? ¿Está viviendo usted como un discípulo de Aquel que “anduvo haciendo bienes” y que nos mandó a seguir su “ejemplo”? (Jn. 13:15)

9. ¿Conoce usted algo de una vida de continuo compañerismo con Cristo?

Por “compañerismo” quiero decir el hábito de “permanecer en Cristo”, lo cual nuestro Señor señala como necesario si hemos de llevar fruto como creyentes (Jn. 15:4–8) Debemos entender claramente que tener compañerismo con Cristo es más que el mero hecho de ser un creyente. Todos los que se han arrepentido y venido a Cristo son creyentes, y le pertenecen. Pero hay muchos que nunca van mucho más allá de esta etapa, debido a su ignorancia, su flojera, el temor de los hombres, la influencia del mundo, o algún pecado persistente que no ha sido mortificado. Ellos tienen solamente la poca fe, una esperanza pequeña, un poco de paz y un poco de santidad. Ellos viven toda su vida llevando fruto solamente “a treinta” (Mat. 13:8)
El compañerismo con Cristo es diferente. Es algo experimentado por aquellos que se esfuerzan constantemente para crecer en la gracia: en fe, en conocimiento, y en conformidad a la voluntad de Cristo en todo. Es experimentado por aquellos que “prosiguen al blanco” (Fil. 3:14) El gran secreto del compañerismo es el de siempre vivir por la fe en Cristo, y depender continuamente de El para todos los recursos que necesitamos. El apóstol Pablo pudo decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1:28), y “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí”. (Gál. 2:20) Esta clase de compañerismo es perfectamente consistente con una convicción profunda de nuestros pecados y corrupción. No nos libra de la experiencia (el conflicto contra el pecado) descrita en el capítulo siete del libro de Romanos. Pero sí nos capacita para no mirarnos a nosotros mismos sino a Cristo, y a regocijarnos en El.

10. ¿Sabe usted algo de lo que significa estar preparado para la segunda venida de Cristo?

Una de las grandes certidumbres de la Biblia es que Cristo vendrá otra vez a este mundo. Vendrá tanto para castigar a los pecadores, como para perfeccionar la salvación de su pueblo en su reino eterno de justicia. ¿Está usted preparado para su venida? Estar preparado significa simplemente ser un creyente sincero y consistente. No significa abandonar su trabajo cotidiano como algunos piensan, más bien significa cumplir con su trabajo cotidiano como creyente, y siempre estar dispuesto a dejar todo cuando El aparezca. Le pregunto otra vez ¿Está usted preparado?

Conclusión: Déjeme terminar con algunas palabras de aplicación:

1. ¿Está usted dormido y descuidado respecto a las realidades espirituales? ¡Despierte! Usted es como alguien que está en un bote a la deriva, que es arrastrado por la corriente para estrellarse en las rocas. ¡Despiértese e invoque a Dios!
2. ¿Se siente usted como condenado y sin esperanza? Eche a un lado sus temores y escuche a Cristo. El dice: “Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.” (Mate

Ryle, J. C. (2002). Caminando con Dios: Un tratado sobre las implicaciones prácticas del cristianismo. (O. I. Negrete & T. R. Montgomery, Trads.) (pp. 3–8). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

«Mira más a Jesús y menos a ti mismo» — J.C.Ryle (1816 – 1900)

John Charles Ryle, escribió más de 200 folletos y tratados, y se vendieron millones de copias de ellos y muchos de sus escritos fueron traducidos a varios idiomas

Las Distorsiones del Evangelio en Nuestro Día

Evangelio Blog

Las Distorsiones del Evangelio en Nuestro Día

por James MacDonald

Mi hijo mayor, Lucas, me envió un enlace el otro día que cita a AW Tozer y James Kennedy (ambos líderes cristianos maravillosos en su día). Los dos hombres creían que muchos, si no la mayoría, creyentes profesantes que encontraban en todo el país no eran salvos en realidad. Ellos estaban muy preocupados por las distorsiones del evangelio que fueron el resultado de tratar de llevar el evangelio a más personas. Bien intencionado, sí, pero eternamente peligroso para las almas de hombres y mujeres no han escuchado el mensaje completo.

El artículo me llevó a mirar hacia atrás en mi archivo por algo que recordé escribiendo un tiempo atrás. Este es … ¿Qué evangelio ha escuchado y creído?

Cinco Distorsiones del Evangelio en Nuestro Día

1) El Evangelio Harina de Pastel: Si dejamos a un lado los ingredientes clave, nuestras almas nunca “subirán” a Dios. No necesitamos el mensaje reducido a algunos elementos irreductibles, necesitamos todo el Evangelio. Usted no espera que su coche funcione sin todas las partes. Uno no espera que su cuerpo funcione sin todos los órganos funcionando correctamente. Uno no espera un pastel que sepa bien si es apresurado y preparado sin los ingredientes adecuados. El evangelio sin arrepentimiento no es el evangelio. Hechos 18:26, “Y comenzó [Apolos]a hablar con denuedo en la sinagoga. Pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.”

2) El Evangelio Cultural: Dejar a un lado el trabajo de ventas posmoderno e ir a por el corazón donde la necesidad humana nunca cambia. Entender la “cultura” es mucho menos importante que saber lo que la Biblia dice acerca de cada corazón humano separado de Dios. No necesitamos gente de ventas hábil para llevar el evangelio. Necesitamos mensajeros audaces, llenos del Espíritu Santo con un corazón profundo de compasión por los perdidos. El evangelio sin verdad autoritativa / imperativa no es evangelio. Hechos 17:30, “Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan.”

3) El Evangelio Frío: Jesús trasciende las tendencias de la moda. El Jesús de la Mercadotecnia es barato y sin poder. No necesitamos a mensaje ‘rápido’, tenemos que decirlo. Tenemos que dejar de dar forma a Jesús en un esfuerzo equivocado por hacerle atractivo. Jesús no tiene por qué ser como nosotros, tenemos que ser como El. El evangelio envuelto en empaque envases estilizado no es el evangelio. Apocalipsis 3:17 “’Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.”

4) El Evangelio Carnal: ¿Qué puede hacer Jesús por mí: darme salud, darme riqueza, darme felicidad, nunca pasar por dolor? Jesús resuelve esos problemas, pero no la forma en que pensamos. Él va a cambiar lo que usted quiere mucho más de lo que tienes. El evangelio egoísta que promete cosas que Jesús no promete es una mentira y condena a los perdidos quienes escuchan una sorpresa impactante en la eternidad. El evangelio de “yo antes que Jesús” no es el evangelio. Marcos 8:35 “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.”

5) La Evangelio Cuidadoso: No molestemos a nadie, solo hagámosles sentitrse cómodo y volverán. Hay un montón de tiempo para que la gente lo entienda. El evangelio de “llévalos a la iglesia, y con el tiempo todo saldrá bien en tanto que no los ofendamos” es un evangelio peligroso. Ser bien intencionados no es suficiente. El evangelio sin urgencia no es el evangelio. 2 Corintios 6:2, “pues El dice: EN EL TIEMPO PROPICIO TE ESCUCHE, Y EN EL DIA DE SALVACION TE SOCORRI. He aquí, ahora es EL TIEMPO PROPICIO; he aquí, ahora es EL DIA DE SALVACION.”

¿Entiende las implicaciones de un evangelio distorsionado? Qué horror imaginar que mucha gente está pensando que están listos para encontrarse a Dios sólo para descubrir que no lo estaban porque creían que un evangelio distorsionado. Mateo 7 predice justo una escena de sorpresa impactante. Mateo 7:22-23, “Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; APARTAOS DE MI, LOS QUE PRACTICAIS LA INIQUIDAD.” Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca”.  

James MacDonald

James MacDonald (D. Min. Seminario Phoenix) es el pastor fundador principal de Harvest Bible Chapel, dirige el ministerio de plantación de iglesias de Harvest Bible Fellowship, enseña la aplicación práctica de la Palabra de Dios en el la emisión de radio Walk in the Word, y es un superdotado autor y orador.

Extranjeros sobre la tierra

Esclavos de Cristo

Extranjeros sobre la tierra

Johanna Ramírez Suavita

Muchas veces se piensa que ser un buen cristiano se refleja en cuánta riqueza se obtiene, en la prosperidad que hay en su casa o en la cantidad de oraciones contestadas con un sí a todo lo que anhela. Sin embargo, la evidencia bíblica nos dice que esto no es así, o qué diríamos de los primeros cristianos que fueron perseguidos, o de los mártires que a lo largo de la historia han sufrido castigos por profesar lo que creen. Tener como medida de nuestra fe las cosas materiales es un argumento débil, de ahí que enseñar, como lo hacen algunos predicadores, que esta es nuestra mejor vida es una falsedad.

Ahora, esto no significa que sea pecaminoso tener posesiones, ganar un buen salario o disfrutar de lo que Dios nos ha provisto, pues caeríamos en despreciar esta vida lo cual tampoco es correcto, sino que lo que debemos hacer es valorarlo todo, pero sabiendo y reconociendo que es por el Padre y para su gloria que lo tenemos. 

Entender esto nos ayuda a tener la perspectiva correcta, porque pone en alta estima nuestra vida espiritual. Lo anterior nos permite apreciar que fuimos adoptados e incluidos en la iglesia de Dios solamente por la sangre preciosa de Cristo, a través de la cual somos declarados justos delante del Padre. No hay mérito, obra o invitación humana que pueda ayudar, porque es la pura gracia de Dios la que nos da esa preciosa salvación y al mismo tiempo nos regala la maravillosa promesa de que nos espera algo mejor (Efesios 2:8-9).

Y es por esto que en esta vida andamos por fe, como lo menciona el libro de Hebreos. Allí se nos enseña que como creyentes avanzamos en la carrera con la mirada puesta en lo que viene, y que es por la fortaleza hallada en Cristo que soportamos la persecución, la afrenta, el dolor. Así lo hicieron Abraham y Sara, quienes peregrinaron sin saber qué les esperaba, lo hizo Noé cuando obedeció y construyó un arca en la que su casa se salvaría o Moisés al rechazar un puesto de poder y reconocimiento para guiar a un pueblo… Ellos no sabían qué habría adelante, pero tuvieron por mayor riqueza el vituperio de Cristo, vieron desde lejos al Salvador y confiaron en la heredad que en Él tendrían (Hebreos 11:26). 

Por la fe que nos ha sido dada a través del Espíritu Santo entendemos que aunque hay gozo y alegría por lo que trae cada día, también sabemos que de aquí nada nos llevamos, porque nada nos pertenece. Somos peregrinos en este mundo, andamos como extranjeros, disfrutando de las maravillas creadas por Dios, pero no aferrándonos, porque confiamos en que nos espera un mañana en donde habitaremos el hogar celestial para el que fuimos escogidos desde antes de la fundación del mundo (Hebreos 11:13).

Así que hoy le animo, querido lector, a que aprecie lo que tiene, a que se esfuerce y cumpla como buen mayordomo de lo que Dios le ha provisto, a que sea fiel y se goce en lo mucho o en lo poco. Pero sobre todo, le invito a que no deposite su confianza en este presente, que no será más que un suspiro en comparación con la eternidad que nos fue dada en Cristo. Si usted ha creído en Él, entonces será allí en donde no habrá dolor, ni llanto, ni preguntas, ni problemas, porque cuando cierre sus ojos a este mundo, los abrirá junto al Salvador y habitará para siempre en la morada celestial junto a Él, y eso será suficiente.

Artículo de: http://www.esclavosdecristo.com

El evangelio de las emociones

Esclavos de Cristo

El evangelio de las emociones

Johanna Ramírez Suavita

Hace algunos años recibí con gran emoción la noticia de que un famoso conferencista y predicador a quien yo admiraba tendría un evento en mi ciudad. Sin dudarlo adquirí las entradas para ir a verlo. Ese día, ni la larga fila para ingresar aplacó el entusiasmo que tenía porque empezara la gran noche. Sin embargo, a medida que avanzaba el evento y que este hombre exponía su mensaje, las preguntas llegaron a mí, y el deseo de salir corriendo de allí me invadía… todo lo que creía hasta entonces se derrumbó y Dios me hizo ver de frente todo lo que hasta ahora estaba mal.

¡Luces, cámaras y acción!

Pese a que era muy joven en la fe, llevaba varios años congregándome en una megaiglesia. La sentía como mi casa y me deleitaba en los mensajes que recibía cada fin de semana. Aceptaba con gran emoción las frases que me decían que todo lo que estaba experimentando pasaría, y que debía estar lista para recibir mi sanidad y las grandes cosas que Dios iba a hacer en mí si tan solo le dejaba entrar en mi vida. Ese era mi credo. Cada semana la iniciaba en el punto más alto del éxtasis, declarando que mi vida sería de éxito, que nada me derrumbaría y que superaría, si dejaba actuar a Dios, todos los obstáculos. 

Al finalizar la semana estaba tan desilusionada por ver que las cosas no eran tan fáciles, que deseaba fervientemente que llegara el domingo para “recargarme de fe”. Así anduve por mucho tiempo, viviendo una vida espiritual miserable. Nunca ningún pastor en esa iglesia me dijo que debía arrepentirme, nunca me hablaron del nuevo nacimiento, nunca fui confrontada por mi pecado y por la necesidad de rendirme a Jesús de forma plena. Hablar del infierno era acusador, exhortar a otros era juzgar, era sectario decir que el reino de Dios no es para los que le reciben en su corazón con una oración sino para los que Él llama.

La iglesia no era para mí el cuerpo de Cristo, su novia, su amada por quien había entregado su vida en la Cruz. En ese entonces era una dosis de adrenalina, mi fe debía recargarse con una jeringa cada semana, porque dependía emocionalmente de lo que se decía en el púlpito, del éxtasis de la alabanza y de la seguridad de una multitud. No dependía de Dios y su soberanía, sino de un motivador que me decía lo que quería escuchar. Me sentaba allí porque como bien decía el apóstol Pablo, tenía comezón de oídos (2 Timoteo 4:3) y quería que me animaran en mis propios deseos y que me dijeran que Dios me amaba (aun cuando no me arrepintiera de pecar contra Él).

¿Por qué no escucho a Dios?

La falta de discernimiento que tenía en ese entonces no solo se veía reflejada en la manera en que asumía el Día del Señor y la vida de iglesia. También tenía prácticas nocivas cuando me aproximaba a las Escrituras. 2 de Timoteo 3:16 dice que “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia”, pero estas palabras no las vivía como debía ser; para mí la Palabra de Dios era muy parecida a un oráculo. Leía algún pasaje y cerraba los ojos para concentrarme y escuchar la voz audible de Dios… pero nunca pasó. Me culpaba por mi falta de fe, por no apropiarme como debía de las promesas, por no esforzarme y ser valiente como Josué. Según mis pastores, estaba limitando el poder de Dios. ¡Vaya herejía!

No obstante, cuando conocí la sana doctrina tuve que arrodillarme delante del Señor y pedirle perdón por haber tomado con tanta ligereza su Palabra. Acudía a ella como buscando amuletos o revelaciones personales. Quería verme reflejada en las proezas de los profetas o en las vidas de los mártires, dejando de lado que la gran hazaña, la más perfecta obra ya la había hecho Jesucristo por mí, si realmente creía en Él. Entendí que la Biblia no es un manual de promesas o buenos deseos hechos a mi medida, sino el pleno consejo de Dios que me instruye para toda buena obra  (2 Timoteo 3:17).  Allí encuentro mi norma de fe, que me da la directriz para tomar decisiones sabias en mi vida. Entendí que la Biblia no se trata de mí, se trata de Cristo.

¡Es tiempo de huir!

Fue entonces, mientras estaba sentada mirando a ese predicador, que mi vida se partió en dos. Veía a todos a mi alrededor riendo por los “chistes santos” y a los dos minutos llorando por haber llegado al clímax del mensaje. Usaban ciertos versículos para reforzar la intención de la conferencia: cómo ser más exitoso. Me sentía incómoda y quería salir de allí… Pero no había llegado lo peor: cuando terminó la exposición, el conferencista descendió del púlpito y fue rodeado por sus escoltas quienes intentaban protegerlo de la multitud que se agolpaba para tocarlo, como aquella mujer que quería tocar el manto de Jesús para ser sana, solo que aquel expositor era un charlatán, no era Cristo. 

Esta es parte de mi historia, y sé, querido hermano, que puede parecerle una narración ficticia, pero créame que no lo es. Es lo que se ve a diario en esas famosas iglesias. Lobos vestidos de ovejas que entregan un evangelio diluido. Yo lo viví, fui una ciega guiada por ciegos. Pero un día el Señor tuvo misericordia y me permitió salir de allí. Esa conferencia fue usada por Dios para llamarme genuinamente a sus caminos. Me arrepentí, me avergoncé por haberlo visto como un milagrero, fui a sus pies en oración y le agradecí por llevarme a Él.

Muchos hemos pasado por esto, hemos sido seducidos por el evangelio de las emociones. Dios lo ha permitido, esto no escapa a su control, pero así mismo nosotros somos responsables por no haber escudriñado las Escrituras como nos lo señala Juan 5:39. Fuimos culpables, pero Dios en su inmenso amor nos rescató. 

Así que, si usted ha sido uno de esos a los que el Señor ha redimido, damos toda la gloria a Él en agradecimiento por guardar a su pueblo. Si por el contrario, hay algún lector que se ha visto reflejado en esas prácticas dañinas que yo cometí, pero sigue congregándose en una de estas “iglesias”, yo le invitó a entregarse en oración al Dios que es grande en misericordia (Efesios 2:4) para que Él le guíe con sabiduría. No hay que esperar revelaciones individuales, hay que huir del pecado. Salga de allí, pero no corra sin rumbo, diríjase al que lo llena todo en todo, a la Roca, el Refugio seguro. Corra hacia Dios.

Artículo de: http://www.esclavosdecristo.com

El Ascetismo

Esclavos de Cristo

El Ascetismo

William Kelly

Ascetismo. Del griego askēsis (ejercicio o práctica), el ascetismo señala la práctica de disciplinarse a sí mismo, más particularmente en relación con el cuerpo. Normalmente toma la forma de renuncia en la forma de ayuno, celibato, etc., aunque algunas veces se la ha dado una forma más activa en excesos como la auto-flagelación.

La idea puede extenderse a muchas áreas de la vida, especialmente al abandono de las posesiones o al retirarse de varios aspectos de la vida intelectual o cultural en favor de la edificación espiritual o el servicio.

La Biblia tiene un lugar para un tipo de ascetismo correcto. De manera que, Israel debió abstenerse de relaciones sexuales matrimoniales antes de la entrega de la ley (Ex. 19:15). El voto nazareo envolvía el tener que abstenerse de vino o sidra y una estricta rigidez en relación con comida inmunda. (Jue. 13:5). Elías ayunó por cuarenta días en su camino a Horeb (1 R. 19:8), y el ayuno en particular jugó un papel importante en la humillación penitente delante de Dios (Jl. 2:15ss.).

El ascetismo tampoco es excluido en el NT. Juan el Bautista tuvo una actitud muy severa en cuanto a la comida y el vestido (Mt. 3:4). Jesús entró en su ministerio ayunando (Mt. 4:1ss.), y para el bien de su ministerio tuvo que privarse de los derechos normales del hombre, tales como la propiedad, el matrimonio, y hasta de sus relaciones familiares (Mr. 3:33s.).

Si bien no enseñó a ayunar a sus discípulos, les dijo claramente que debían hacerlo cuando él partiera (Mt. 9:15), y obviamente requirió que algunos debían llevar una vida célibe y renunciar a las relaciones ordinarias de los hombres por amor a él (Mt. 19:12, 29). En las epístolas, Pablo ve que el celibato tiene algún valor para agradar mejor al Señor (1 Co. 7:32), y su propia práctica fue la de una rigurosa disciplina a fin de ser un buen soldado y siervo de Jesucristo (1 Co. 9:27; 2 Ti. 2:3s.).

Es imponente el énfasis consistente que la Biblia hace sobre un ascetismo correcto; sin embargo, debe tenerse en cuenta cuidadosamente tres puntos importantes. Primero, no se sugiere de ningún modo que haya algo intrínsecamente malo en aquello que se deja, como por ejemplo, la comida, el matrimonio, la propiedad privada, o las relaciones ordinarias. Segundo, en la mayoría de los casos no se da una regla universal, y menos permanente, de ascetismo. Tercero, el ascetismo no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr algo positivo, p. ej., arrepentimiento, oír la palabra de Dios, o, en forma más particular, servicio.

El testimonio ascético era particularmente valioso en el mundo pagano antiguo que tenia sus normas de moralidad física tan relajadas, y en una medida muchos cristianos tuvieron que aceptar un nuevo nivel de abstinencia, y otros estuvieron preparados a ir hasta extremos mucho más grandes por el bien de su nueva vida y su testimonio. De manera que, no sorprende encontrar un rápido desarrollo de un movimiento ermitaño o monástico que tenía como fin facilitar o fomentar las prácticas ascéticas. Tampoco debemos condenar del todo este hecho, ya que acepta literalmente las afirmaciones bíblicas que demasiado a menudo se evaden con espiritualizaciones. Además, mantiene un nivel de normas mucho más elevado que el alcanzado por la mayoría. Y muchos de los monjes antiguos fueron los primeros en el evangelismo y el servicio.

No obstante, desafortunadamente, la tendencia general de la iglesia ha sido perder de vista las tres características distintivas e inseparables del ascetismo genuinamente bíblico. Bajo la influencia pagana, dominante especialmente en el gnosticismo, se ha sospechado de manera continua que lo físico es malo esencialmente y que, por tanto, debe abandonarse para alcanzar la verdadera santificación y la total obediencia a Cristo. Otra vez, se ha tratado de imponer reglas definidas de ascetismo como obligación indisoluble, así como la iglesia Romana insiste en el celibato o el carácter permanente de los votos monásticos. Tercero, se ha supuesto que hay mérito en el ascetismo como tal, el asceta alcanza un grado de vida cristiana superior con lo que consigue méritos en su esfuerzo por evitar el purgatorio. En esta forma es que el dualismo, el eclesiasticismo y el legalismo han pervertido el verdadero ascetismo, y en venganza lo han llevado hasta el libertinaje (cf. el concubinato clerical) o bien al fariseísmo egocéntrico (Lc. 18:11s.). No puede existir una caricatura mejor del ascetismo genuino que la de Simón Estilita en su pilar, el celibato de los sacerdotes con su «ama de llaves», o el monje que busca la edificación privada aislándose del mundo.

Con todo, el mejor antídoto contra el ascetismo pervertido es el punto de vista bíblico y evangélico, el cual descansa en que Cristo solo es el salvador. No busca ningún mérito o virtud en el ascetismo como tal. No cree que lo físico es intrínsecamente malo. No puede aceptar una regla permanente o comprometedora de abnegación. Pero está preparado para varias medidas de disciplina y negación de sí mismo en obediencia a las demandas específicas de Jesucristo, haciéndolo de todo corazón y con un amor dominante hacia él y por el bien del ministerio de evangelismo o edificación.

K.E. Kirk, The Vision of God; O. Zoeckler.


Nota importante sobre el autor del documento.
Charles Haddon Spurgeon (1834-1892) dijo al respecto de Kelly que “era un autor destacado de la escuela exclusivista de Plymouth, una eminencia teológica de la escuela de los Hermanos capaz de desarrollar buenas exposiciones, pero tergiversándolas a favor de los dogmas peculiares de su partido. Lamentamos ver que los cauces de una mente como la suya se vean estrechados por los vínculos de un partido. Es una lástima que un hombre tan excelente permita que se llene de prejuicios una mente privilegiada como la suya”. Citando finalmente las palabras bien conocidas de Pope, dice: “Kelly es alguien que, llamado a conquistar el universo de la teología, ha bebido de los prejuicios que las influencias del darbismo han dejado en su mente”.

Apartado para morir y vivir

Esclavos de Cristo

Apartado para morir y vivir — Burk Parsons

Abraham Serey

“Cuando Cristo llama a un hombre, le ordena venir y morir”. Dietrich Bonhoeffer tenía unos treinta años cuando escribió estas palabras en su obra clásica El Precio del Discipulado. Ocho años más tarde fue ejecutado por sus crímenes contra el Tercer Reich. El médico de la prisión quién fue testigo de la ejecución de Bonhoeffer escribió, “En los casi cincuenta años que trabajé como médico, difícilmente he visto morir a un hombre tan completamente sumiso a la voluntad de Dios.” Las palabras del médico no podrían haber sido más apropiadas para describir no sólo la manera en que Bonhoeffer se sometió a Dios en la muerte sino también la manera como se sometió a Dios en vida. Durante su vida y en su muerte, Bonhoeffer se aferró a una verdad fundamental: ser apartado para Dios es ser apartado para morir, morir al pecado, al libre albedrío, y a la vida misma – a tomar diariamente nuestras cruces y vivir para Cristo y abrazar la verdadera libertad que sólo viene cuando Cristo llama a un hombre a morir y vivir en abundancia en El.

La santificación es una doctrina bíblica muy simple, sin embargo, es tal vez la doctrina más difícil de comprender. En cierto sentido, la santificación es tan simple como entender el lenguaje bíblico de serpuesto aparte, consagrado, o santo. Y en otro sentido, es tan amplio como la aplicación de la Sagrada Escritura a toda la vida y a la adoración. La Asamblea de Westminster nos proporcionó una de las explicaciones más útiles y concisas acerca de la santificación (CSM 35), aún quedan preguntas sobre la naturaleza precisa de la obra de Dios y nuestro trabajo en el Espíritu-el trabajo forjado de la santificación. Mediante la sola gracia a través de la sola fe porque solamente a través de Cristo, es que somos santificados posicionalmente, aunque de alguna manera misteriosa, Dios ha elegido trabajar soberanamente en nosotros, a través de nosotros, y con nosotros para santificarnos progresivamente por Su libre gracia, por medio del arrepentimiento, la fe y la obediencia, que nosotros, podamos morir más y más al pecado y vivir para la justicia.

Sin embargo, a pesar de esto puede existir un cierto grado de misterio con respecto a la forma en que somos santificados en la santidad, sin la cual nadie verá al Señor, lo que sí sabemos es esto: Nuestra santificación se establece en él quién no conoció pecado, pero que se hizo pecado por nosotros y quien murió por nosotros para que nosotros, estando muertos en Él vivamos para él, para que podamos reinar con Él sin el poder o la presencia del pecado en nosotros. Es sólo entonces que nuestros rostros revelan nuestra verdadera y permanente alegría en Aquel que ha hecho una oferta a nosotros para venir y morir, y vivir en él.

Por Burk Parsons sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Tabletalk. Traducción por Jaime Duran.

Un Llamado al Valor Respecto a La Hombría y a La Feminidad en la Biblia 

Esclavos de Cristo

Un Llamado al Valor Respecto a La Hombría y a La Feminidad en la Biblia 

Albert Mohler

Las líneas de falla de la controversia en la Cristiandad contemporánea oscilan a través de un vasto terreno de temas, pero ninguno parece ser tan volátil como la cuestión del género sexual. Como Cristianos hemos estado pensando esto una y otra vez durante los años recientes, un claro modelo de divergencia ha aparecido. En juego en este debate, existe algo más importante que la cuestión del género sexual, ya que esta controversia alcanza las cuestiones más profundas de la identidad Cristiana y la autoridad bíblica.

Durante demasiado tiempo, aquellos que sostienen las interpretaciones tradicionales de la hombría y la feminidad, arraigadas profundamente tanto en las Escrituras como en la tradición, se han permitido el ser “empujados” a una postura defensiva. Dado el espíritu prevaleciente de la época y la enorme presión cultural hacia la conformidad, actualmente los tradicionalistas están siendo acusados de estar lamentablemente fuera de foco y desesperanzadamente pasados de moda. Ahora es un buen momento para reconsiderar los temas sobre la base de este debate y reasegurar los argumentos relativos a la hombría y feminidad bíblicas.

La cuestión más básica de esta controversia se reduce a lo siguiente: ¿Ha Dios creado a los seres humanos como hombre y mujer con una revelada intención respecto a cómo nos relacionamos uno con el otro? El mundo secular se encuentra actualmente profundamente comprometido a la confusión respecto a estos temas. Negando al Creador, el punto de vista del mundo secular entiende que el género sexual no es más que un subproducto accidental del ciego proceso de evolución. Por lo tanto, el género sexual se reduce a nada más que a la biología, tal como las feministas famosamente han argumentado, la biología no es destino.

Esta rebelión radical en contra del modelo del género sexual divinamente diseñado ha alcanzado actualmente los límites externos de la imaginación.

Si el género sexual no es más que un accidente biológico, y si los seres humanos no están por lo tanto moralmente obligados a tomar su sexo en forma significativa, entonces los teóricos radicales del género sexual y los defensores de los derechos homosexuales están, después de todo, en lo correcto. Ya que, si el género sexual es meramente incidental respecto a nuestra humanidad básica, entonces debemos ser libres de poder hacer cualquier ajuste, alteración o transformación respecto a las relaciones sexuales que cualquier generación pudiere desear o exigir.

El punto de vista mundano post-moderno abarca la noción del género sexual como una construcción social. Es decir, los post-modernistas argumentan que nuestras nociones de lo que significa ser hombre y mujer se deben enteramente a lo que la sociedad ha construido como sus teorías de masculinidad y feminidad. Por supuesto que la construcción social de toda la verdad es central para la mente post-modernista, pero cuando el tema trata del género sexual, los argumentos se tornan más volátiles. El feminismo se reduce al reclamo relativo a que las fuerzas patriarcales en la sociedad han definido a hombres y mujeres de modo tal que todas las diferencias atribuidas a las mujeres representan esfuerzos por parte de los hombres para proteger su posición de privilegio.

Por supuesto, la penetración de esta teoría explica por qué el feminismo radical debe necesariamente unirse a la agenda homosexual. Ya que, si el género sexual es socialmente construido, y por lo tanto, las diferencias entre hombres y mujeres no son más que una convención social, desde luego la heterosexualidad se torna nada más que en una forma culturalmente privilegiada de sexualidad.

La utopía prevista por las feministas ideológicas seria un mundo libre de toda preocupación respecto al género sexual – un mundo dondela masculinidad y la feminidad se borran como nociones anticuadas, y una era en la cual las categorías de hombre y mujer son maleables y negociables. Desde el punto de vista del post-modernismo, todas las estructuras son plásticas y todos los principios, líquidos.

La influencia de eras anteriores nos ha moldeado para creer que los hombres y las mujeres son distintos de maneras significativas, pero nuestra era recientemente liberada nos promete liberarnos de dichas mal concepciones y dirigirnos hacia un nuevo mundo de sentido transformado del género sexual.

Tal como una vez lo reflejó Elizabeth Elliot, “A través de los milenios de la historia humana, hasta hace alrededor de dos décadas, la gente tomó por concedido que las diferencias entre hombres y mujeres eran tan obvias que no necesitaban comentario alguno. Aceptaban las cosas tal cual eran.

Pero, nuestras fáciles suposiciones han sido atacadas y confundidas, de modo tal que hemos perdido nuestros conceptos en una niebla de retórica acerca de algo denominado igualdad, de modo tal que me encuentro en la incómoda posición de tener que atacar verbalmente con criticismo a la gente educada lo que alguna vez fue perfectamente obvio para el campesino más sencillo”.

En respuesta a ello, los tradicionalistas seculares argumentan que la experiencia histórica de la raza humana afirma distinciones importantes entre hombres y mujeres y diferentes roles para ambos sexos tanto en la familia como la sociedad más grande. Los tradicionalistas seculares tienen a la historia de su parte y su reclamo respecto a la autoridad está arraigada en la sabiduría acumulada de las eras. Respecto a la evidencia, estos tradicionalistas señalarían el modelo consistente del matrimonio heterosexual a través de culturas y la realidad histórica innegable respecto a que los hombres han predominado en posiciones de liderazgo y que los roles de las mujeres han estado mayormente definidos alrededor del hogar, los hijos y la familia. De este modo, estos tradicionalistas advierten que el feminismo representa una amenaza respecto al orden social y que el sentido transformado de los sexos que las feministas exigen conduciría a la anarquía social.

Claramente, los tradicionalistas entran el debate con un argumento fuerte. Ellos sí tienen a la historia de su parte y debemos reconocer que la experiencia histórica de la raza humana no es insignificante. Algunas de las pensadoras feministas más honestas admiten que su verdadero objetivo es el de revertir su este modelo histórico y mucha de su escolástica está dirigida a identificar y ejercer este modelo patriarcal en el futuro. El problema con el tradicionalista secular es que su argumento es, al final, esencialmente secular. Su argumento se reduce a reclamar que la sabiduría heredada de la experiencia humana apunta a un deber y a un imperativo moral que debería informar al presente y al futuro. Finalmente, este argumento, aunque poderoso y aparentemente significativo, falla respecto a la persuasión. Los individuos modernos han sido entrenados desde la cuna para creer que toda generación se renueva a sí misma y que el pasado es realmente pasado.

Esta ética moderna de liberación, actualmente tan profundamente y absolutamente encastrada en la mente moderna, sugiere que las tradiciones del pasado pueden verdaderamente ser una prisión de la cual la generación actual debería exigir la liberación. Aquí es donde los tradicionalistas bíblicos deben ingresar al debate con vigor. Compartimos mucho terreno en común del argumento con los tradicionalistas seculares. Los tradicionalistas bíblicos afirman que la experiencia histórica de la humanidad debería ser informativa del presente. También afirmamos que el modelo de roles distintos entre hombres y mujeres, combinado con la centralidad de la familia natural, presenta un argumento imperativo que debería ser comprendido como descriptivo y prescripto. No obstante, el argumento fundamental del tradicionalista bíblico va más allá de la historia.

En esta era de desenfrenada confusión, debemos volver a capturar el concepto bíblico de hombría y feminidad. Nuestra autoridad debe ser nada menos que la revelada Palabra de Dios. Bajo esta luz, el modelo de la historia afirma que la Biblia incuestionablemente revela que Dios ha creado a los seres humanos a Su imagen como hombre y mujer, y que el Creador ha revelado su gloria en ambas similitudes y diferencias por las cuales establece a los seres humanos como hombre y mujer.

Confrontados por la evidencia bíblica, debemos tomar una decisión interpretativa vitalmente importante. Debemos elegir entre dos opciones inevitables: si la Biblia se afirma como la inequívoca e infalible Palabra de Dios y por lo tanto presenta una visión comprensiva de la humanidad verdadera tanto en unidad como en diversidad, o si debemos clamar que la Biblia está, en un grado u otro, comprometida y envuelta por una parcialidad patriarcal dominada por el hombre que debe superarse en nombre de la humanidad.

Para los tradicionalistas bíblicos, la opción es clara. Entendemos que la Biblia presenta un hermoso retrato del complemento entre los sexos, y que ambos, hombres y mujeres deben reflejar la gloria de Dios de un modo diferente. Así, existen distinciones muy reales que marcan la diferencia entre la masculinidad y la feminidad, hombres y mujeres. Sobre la base de la autoridad bíblica, debemos criticar tanto el presente como el pasado cuando el modelo bíblico ha sido comprometido o negado. Del mismo modo, debemos apuntar a nosotros mismos, nuestras iglesias y nuestros hijos hacia el futuro, afirmando que la gloria de Dios respecto a nuestra respuesta a la obediencia o a la desobediencia de Su diseño, está en juego.

Durante demasiado tiempo, aquellos que sostienen un modelo bíblico de distinciones de sexo se han permitido ser silenciados, marginados e intimidados cuando son confrontados por los teóricos del nuevo género sexual. Ahora es el momento de volver a capturar la culmine, de forzar las preguntas y de mostrar a esta generación el diseño de Dios en el concepto bíblico de la masculinidad y la feminidad. La gloria de Dios se muestra al mundo en el complemento entre el hombre y la mujer. Este desafío crucial es una convocatoria a la audacia cristiana del momento.

Por Al Mohler sobre Masculinidad y Feminidad
Una parte de la serie JBMW
Traducción por Maria Gustafson

¡Cuidado con las librerías “cristianas”!

Esclavos de Cristo

¡Cuidado con las librerías “cristianas”!

Eduar Barbosa Caro

Estaba mirando con detenimiento la vitrina del local. Había un libro sobre la vida de Martín Lutero y, justo al lado, una obra que aseguraba tener los secretos para el éxito en los negocios.

Debajo, otro título afirmaba que, quien lo leyera, podría convertirse en un líder con mucha influencia. Más allá, otro estante tenía obras con “palabras de Dios” para mí, con recetas para lucir más joven o para convertirme en un campeón. Era una librería cristiana. ¿O no?

Ubicando el problema

Lamentablemente, estanterías como las que describí hace un momento no son la excepción, sino la regla, en cuanto a muchas librerías que se autodenominan cristianas. Aunque podamos encontrar en estos lugares algunos libros que tengan doctrina sana, casi la totalidad de los textos que comercializan actualmente tienen el propósito de consentir al hombre y satisfacer sus deseos pecaminosos, además de su curiosidad, con misticismos y mentiras.

Las doctrinas de hombres que intentan dar fórmulas para todo son lo más común: “descubra las fuerzas y habilidades innatas y cómo avanzar para obtener salud, abundancia, importancia y éxito”, plantea una descripción del libro Su mejor vida ahora, de Joel Osteen[1]. Esto no es cristianismo. Es charla motivacional, pseudopsicología, gnosticismo y egoísmo todo junto. Libros como estos olvidan el principal problema que aqueja la humanidad: la muerte espiritual, el pecado y nuestra rebelión contra Dios. Presentan un dios (así, en minúscula) cuya finalidad es cumplir todos nuestros deseos, para lo cual Cristo es una especie de amuleto o llave mágica.

Esta literatura es dañina y ofende a Dios. Se rotulan como cristianas muchas obras que, por el hecho de ser escritas por los que ellos consideran grandes hombres de dios (también en minúscula, porque no sirven al Señor sino a las riquezas y a sus propias concupiscencias), entonces son aptas para la lectura de los creyentes. Son textos maquinados por hombres y mujeres que buscan llenar auditorios y estadios, pero poniéndole una máscara de piedad a la avaricia, el orgullo y la exaltación.

Aquí vale la pena hacer una anotación. Buena parte de quienes consumen estos libros van a ellos para que les digan lo que quieren oír [2], no lo que la Biblia enseña. No son simples víctimas. Esto continúa impulsando una industria que glorifica al ser humano y enriquece a blasfemos como TD Jakes, Joyce Meyer, Benny Hinn o Creflo A. Dollar, y a otros como Cash Luna, Guillermo Maldonado, Claudio Freidzon y Dante Gebel.

Mezclando la verdad con el error

Una de las cuestiones más alarmantes de estas librerías es que mezclan la verdad con el error, poniendo al lado de nombres como el de Charles Spurgeon, R. C. Sproul, Loraine Boettner, Thomas Watson y John Owen, a lobos disfrazados de ovejas. Si bien ningún ser humano es infalible, podemos afirmar rotundamente que sí hay literatura que alimenta espiritualmente y que esta, normalmente, está casi ausente de estos locales. Se deja por fuera gran parte de la doctrina bíblica que ha enseñado la iglesia del Señor durante siglos, reemplazándola por imaginaciones, falsas revelaciones actuales y nuevos movimientos que capturan a los falsos convertidos y a los incautos.

Alguna vez ingresé a una de estas librerías y pregunté por teología reformada. Los que atendían me miraron como si estuviera hablando en mandarín. Conversaron un momento y luego me señalaron unos títulos que tenían en un rincón polvoriento, entre libros de sanación y milagros. Haciendo un escaneo, encontré algo de historia del cristianismo y unas biografías, que eran físicamente difíciles de alcanzar porque estaban insertados entre las columnas que formaban el resto de textos. En otra ocasión, vi cómo guardaban los libros de sana doctrina entre el techo y la parte más alta de los estantes, donde la vista casi no alcanza a llegar. Sea esto intencional o no, demuestra la aversión que tienen la mayoría de los negocios por aquello que confronte el pecado, llame al arrepentimiento y ponga la mirada en Cristo como debe ser.

¿Qué podemos hacer?

Si quiere comenzar a leer o hacerlo con más frecuencia, tenga en cuenta que nada puede reemplazar la lectura sistemática, cuidadosa y profunda de las Escrituras. Ellas son “ la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores” [3]. Por eso, los siguientes consejos presuponen que usted tiene una vida cristiana en crecimiento y que se congrega regularmente para escuchar la Palabra de Dios, la sana doctrina. Si posee dificultades con alguna de estas cosas, arrepiéntase y pídale perdón al Señor para que le ayude a ser más disciplinado.

  1. Pida al Señor sabiduría y discernimiento para que, con la ayuda del Espíritu Santo, pueda tener la claridad de decidir qué lecturas son adecuadas.
  2. Averigüe quién es el autor, la denominación a la que pertenece y sus posiciones teológicas. Esto le ayudará a hacerse una idea de qué es lo que puede encontrarse.
  3. Consulte con su pastor o algún hermano maduro en la fe para que puedan recomendarle autores que honren a Dios con la vida que llevan (llevaban) y la doctrina que profesan (profesaban). Evite al máximo caer en la trampa de que no importa lo que crean o cómo vivan las personas que usted lee, siempre y cuando lo que escriban sea agradable.
  4. Lea autores considerados clásicos, así como también escritores actuales. Hay muchas enseñanzas que la Iglesia ha defendiendo a lo largo del tiempo, así que no se cierre a conocer lo que dijeron aquellos que nos precedieron.
  5. Busque editoriales y librerías que sean explícitos en la línea que manejan. Normalmente, aquellos que mezclan la verdad con el error son tibios al definir qué venden y qué no. Esto es un mal síntoma. Para conocer algunas, puede volver al punto tres.
  6. ¡Lea! Y hágalo con constancia. A veces el tiempo es reducido, pero sabemos que el Señor utiliza la vida y las obras teológicas de hermanos en Cristo para beneficio nuestro.

Estos consejos no pretenden ser una fórmula infalible ni una lista exhaustiva, pero sí nos permitirán, con la ayuda de nuestro buen Dios, asegurarnos al máximo de que lo que leemos está de acuerdo con el Evangelio bíblico, histórico y verdadero. Recordemos que hay muchas doctrinas atractivas y novedosas que prometen cosas que Dios no ha prometido. Debemos rechazarlas con firmeza y no apoyar su difusión. Denúncielas. No compre libros o películas que las promuevan. Pídale al Señor Su divina asistencia para nutrirse con literatura que glorifique al Dios Trino. Tenga celo por la sana doctrina. ¡Cuidado con las librerías “cristianas”!

[1] Este hombre es apoyado por falsos maestros y pastores como la popular Joyce Meyer. Fragmento extraído de: http://bit.ly/2qTdEff  (esta librería y editorial comercializa textos como los criticados en este artículo).

[2] 2 Timoteo 4:3

[3] De las Sagradas Escrituras. Confesión Bautista de Fe de 1689. Párrafo 1.

Artículo de: http://www.esclavosdecristo.com

Bienaventuranzas de los Matrimonios Cristianos

Esclavos de Cristo

Bienaventuranzas de los Matrimonios Cristianos

Bienaventurados son el esposo y la esposa que continúan afectuosos, considerados y amantes después que las campanas nupciales han dejado de sonar.

Bienaventurados son el esposo y la esposa que son tan condescendientes y corteses el uno con el otro como son con sus amigos.

1Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 3Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. 5Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 6como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.
7Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. (1 Pedro 3.1–7).

Bienaventurados son aquellos que tienen un sentido de humor, porque este atributo será un medio disponible para absorber el impacto de los embates de la vida.

Bienaventurados son los que aman a su cónyuge más que a ninguna otra persona en el mundo y que alegremente cumplen su promesa matrimonial de fidelidad y de ayuda mutua por ambas partes.

Bienaventurados son los que llegan a ser padres, porque los hijos son la herencia del Señor.

Bienaventurados son aquellos que dan gracias a Dios por el alimento antes de participar de él y que separan algún tiempo cada día para la lectura de la Biblia y la oración.

Bienaventurados son aquellos cónyuges que nunca se hablan uno al otro en voz alta y que hacen de su hogar un sitio donde nunca se oye una palabra desalentadora.

Bienaventurados son el esposo y la esposa que fielmente asisten a los cultos de adoración de la iglesia y que trabajan juntos en la iglesia para la extención del Reino de Cristo.

Bienaventurada es la pareja que tiene una comprensión completa de los asuntos financieros y que delinea un plan de sociedad con el dinero que recibe.

—Heraldo Cristiano—Habana, Cuba.

Algunas otras Bienaventuranza después de meditar…
Bienaventurados son los esposos que se someten a lo que Dios ordena en Su Palabra, la esposa que se somete a su marido y el esposo que ama a su esposa.

Bienaventurados los esposos que dependen de la gracia de Dios cada día.

Bienaventurados los esposos que no se ocultan nada y que se tienen confianza como la tuvieron Adán y Eva en el huerto; desnudos de cuerpo y de alma, el uno para con el otro y de nada se avergüenzan.

Bienaventurados aquellos esposos que se esfuerzan día a día por trabajar para traer el sustento a sus hogares.

Bienaventurados los esposos que ponen a Dios en el inicio de su día y que antes de dormir claman a Dios juntos.

Bienaventurados los esposos que son agradecidos de Dios por cada momento que les permite vivir juntos.

Después de 2 años de matrimonio puedo decir que…

Bienaventurados los esposos que pese a las dificultades confían en Dios.

Bienaventurados los esposo que saben perdonar y cubrir las faltas de su cónyuge.

Bienaventurados los esposos que se ayudan mutuamente y son un apoyo el uno para con el otro.

Bienaventurados los esposos que son agradecidos cada día por estar juntos y ser moldeados por el Señor en sus matrimonios.

Bienaventurados los esposos que saben reconocer sus errores y pecados, para arrepentirse y enmendarlos.

Bienaventurados los esposo que siempre recuerdan el día que Dios permitió conocerse.

Bienaventurados los esposos que aman a Dios más que el uno al otro y se comprometen con fidelidad a morir día a día al orgullo…

Artículo de: http://www.esclavosdecristo.com