«¿Qué es blasfemia? ¿Qué significa blasfemar?»

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«¿Qué es blasfemia? ¿Qué significa blasfemar?»

Blasfemar es hablar de Dios con desprecio o ser insolentemente irrespetuoso. La blasfemia es un reproche verbal o escrito del nombre de Dios, de su carácter, su obra o sus atributos.

La blasfemia fue un delito grave en la ley que Dios le dio a Moisés. Los israelitas debían adorar y obedecer a Dios. En Levítico 24:10-16, un hombre blasfemó el nombre de Dios. Para los hebreos, un nombre no era simplemente una etiqueta práctica. Era una representación simbólica del carácter de una persona. El hombre en Levítico que blasfemó el nombre de Dios fue apedreado hasta la muerte.

Isaías 36 cuenta la historia de Senaquerib, rey de Asiria, y su intento de desmoralizar a Jerusalén antes de atacar. Tras señalar las muchas victorias de Asiria, dice, «¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?» (Isaías 36:20). Senaquerib cometió blasfemia asumiendo que el Dios de Israel era igual a los dioses falsos de las naciones vecinas. El rey de Judá, Ezequías, recuerda esta blasfemia en su oración a Dios, en la que pide que Dios los libere con el propósito de defender su propio honor (Isaías 37:4, 17). Y eso es exactamente lo que Dios hizo. Isaías 37:36-37 explica, «Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive». Más tarde, Senaquerib fue asesinado en el templo de su dios Nisroc (Isaías 37:38).

Los seguidores de Dios también son responsables de asegurarse de que su comportamiento no incite a otros a que blasfemen de Dios. En Romanos 2:17-24, Pablo reprende a quienes afirman ser salvados a través de la ley y todavía viven en pecado. Usando Isaías 52:5, Pablo les dice, «el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros» (versículo 24). En 1 Timoteo 1:20 Pablo explica que él había entregado a dos falsos maestros a Satanás para que «aprendan a no blasfemar»; por lo tanto, el promulgar falsa doctrina y hacer que el pueblo de Dios se extravíe, también es una forma de blasfemia.

Jesús habló de un tipo especial de blasfemia, aquella en contra del Espíritu Santo y que fue cometida por los líderes religiosos de su tiempo. La situación era que los fariseos eran testigos oculares de los milagros de Jesús, pero atribuyeron la obra del Espíritu Santo a la presencia de un demonio (Marcos 3:22-30). Su interpretación del santo como algo demoníaco, fue un rechazo a Dios deliberado e inofensivo, y además imperdonable.

La acusación más significativa de blasfemia fue una que resultó ser completamente falsa. Fue por el delito de blasfemia que los sacerdotes y los fariseos condenaron a Jesús (Mateo 26:65). Ellos entendieron que Jesús estaba afirmando ser Dios. Eso en realidad era un reproche sobre el carácter de Dios, si no fuera cierto. Si Jesús fue sólo un hombre que decía ser Dios, él habría sido un blasfemo. Sin embargo, como la segunda persona de la trinidad, Jesús verdaderamente pudo reclamar la verdad (Filipenses 2:6).

El hecho es que, cada vez que hacemos o decimos algo que da a los demás una falsa representación de la gloria, la santidad, la autoridad y el carácter de Dios, estamos blasfemando. Cada vez que distorsionamos nuestra posición como hijos de Dios, estamos dañando su reputación. Afortunadamente, Jesús perdona incluso el pecado de la blasfemia. Pedro atacó el propósito de Jesús (Mateo 16:22), Pablo intentó hacer que otros blasfemaran (Hechos 26:9-18), y los propios hermanos de Jesús pensaron que él estaba loco (Marcos 3:21). Todos se arrepintieron y fueron perdonados.

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¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

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¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

El catolicismo romano, la ortodoxia oriental, y algunas denominaciones protestantes utilizan el término «sacramento» para referirse a «una señal/rito que resulta en el otorgamiento de la gracia de Dios al individuo.» Típicamente, existen siete sacramentos en estas denominaciones. Ellos son: el bautismo, la confirmación, la sagrada comunión, la confesión, el matrimonio, las santas órdenes, y la administración de los santos óleos. Según la iglesia católica, «Existen siete sacramentos. Fueron instituidos por Cristo y dados a la Iglesia para administrarlos. Son necesarios para la salvación. Los sacramentos son los vehículos de la gracia que transmiten.» La Biblia, por el contrario, nos dice que esa gracia no es dada mediante símbolos externos, y que ningún ritual es «necesario para la salvación.» La gracia es gratis. «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniéramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tito 3:4-7).

Una ordenanza es simplemente una «práctica o ceremonia prescrita.» Protestantes y evangélicos ven las ordenanzas como reconstrucciones simbólicas del mensaje del evangelio, que Cristo vivió, murió, resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y algún día regresará. En vez de requisitos para la salvación, las ordenanzas son ayudas visuales para hacernos comprender mejor, y apreciar lo que Jesucristo logró por nosotros en Su obra redentora. Las ordenanzas están determinadas por tres factores: Fueron instituidas por Cristo, fueron enseñadas por los apóstoles, y fueron practicadas por la iglesia primitiva. Ya que el bautismo y la comunión son los únicos ritos que cumplen con esos criterios, sólo puede haber dos ordenanzas. Ninguna de las ordenanzas es requerida para la salvación, y ninguna es un «vehículo de la gracia.»

Generalmente se entiende que las ordenanzas son esas cosas que Jesús nos dijo que hiciéramos por otros cristianos. Con respecto al bautismo, Mateo 28:18-20 dice: «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.'» En cuanto a la comunión, llamada también la Cena del Señor, Lucas 22:19 dice: «Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi.'» La mayoría de las iglesias observan estas dos prácticas, pero puede que no necesariamente se refieran a ellas como a ordenanzas.

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¿El alma humana es mortal o inmortal?

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¿El alma humana es mortal o inmortal?

Sin duda que el alma humana es inmortal. Esto se ve claramente en muchas Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento: Salmos 22:26; 23:6; 49:7-9; Eclesiastés 12:7; Daniel 12:2-3; Mateo 25:46; 1 Corintios 15:12-19. Daniel 12:2 dice, “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Del mismo modo, Jesús Mismo dijo refiriéndose a los impíos “…irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46). Con la misma palabra griega que se usa para referirse tanto al “castigo” como a la “vida,” es claro que tanto los impíos como los justos tienen un alma inmortal / eterna.

La clara enseñanza de la Biblia es que toda la gente, ya sea que se salven o se pierdan, pasarán la eternidad en el cielo o en el infierno. La verdadera vida o vida espiritual, no cesa cuando nuestros cuerpos físicos terminan con la muerte. Nuestras almas vivirán para siempre, ya sea en la presencia de Dios en el cielo si es que somos salvos, o en castigo en el infierno si rechazamos el regalo de Dios de la salvación. De hecho, la promesa de la Biblia no es que sólo nuestras almas vivirán para siempre, sino que también nuestros cuerpos serán resucitados. Esta esperanza de una resurrección corporal, está en el corazón mismo de la fe cristiana (1 Corintios 15:12-19).

Aunque nuestras almas son inmortales, es importante recordar que no somos eternos de la misma manera que Dios lo es. Dios es el único ser verdaderamente eterno, porque solamente Él no tuvo ni principio ni tendrá fin. Dios siempre ha existido y siempre continuará existiendo. Todas las demás criaturas conscientes, ya sean humanas o angélicas, son finitas porque tuvieron un principio. Aunque nuestras almas vivirán para siempre, una vez que comenzaron a existir, la Biblia no apoya el concepto de que nuestras almas siempre han existido. Nuestras almas son inmortales, porque es así como Dios las creó, pero ellas sí tuvieron un principio; hubo un tiempo en el que no existían.

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¿Cómo puedo experimentar el gozo en mi vida cristiana?

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¿Cómo puedo experimentar el gozo en mi vida cristiana?

El gozo es algo que todos anhelamos, pero que a menudo parece difícil de alcanzar. Experimentar el gozo debe ser parte de la vida de todo cristiano. El gozo es un fruto del Espíritu Santo, producido por la obra de Dios en nosotros, y es parte de la voluntad de Dios para con nosotros. Sabemos que incluso los más maduros del pueblo de Dios experimentaron períodos de falta de gozo. Por ejemplo, Job deseaba que nunca hubiera nacido (Job 3:11). David oraba para que fuera llevado a un lugar donde no tuviera que lidiar con la realidad (Salmo 55:6-8). Elías, aún después de vencer a los 450 profetas de Baal pidiendo que bajara fuego del cielo (1 Reyes 18:16-46), huyó al desierto y le pidió a Dios que le quitara la vida (1 Reyes 19:3-5). Si estos hombres lucharon, ¿cómo podemos experimentar un gozo constante en la vida cristiana?

Lo primero es darse cuenta de que el gozo es un regalo de Dios. La palabra raíz para gozo en griego es chara, que está estrechamente relacionada con la palabra griega charis para «gracia». l gozo es tanto un don de Dios como una respuesta a los dones de Dios. El gozo viene cuando somos conscientes de la gracia de Dios y disfrutamos de Su favor.

Con esto en mente, es evidente que una manera de experimentar el gozo es enfocarse en Dios. En lugar de meditar en nuestras dificultades o en las cosas que roban nuestro contentamiento, podemos meditar en Dios. Esto no quiere decir que debamos negar nuestro descontento o nuestras emociones negativas. Siguiendo el ejemplo de muchos de los salmistas, podemos derramar nuestros corazones a Dios. Podemos decirle sin rodeos todas las cosas que nos afligen. Y luego sometemos esas cosas a Él, recordando quién es Él, y siendo felices en Él. Los Salmos 3, 13, 18, 43 y 103 son buenos ejemplos.

El libro de Filipenses tiene mucho que decir sobre la alegría, aunque Pablo escribió la epístola desde la cárcel. Filipenses 4:4-8 da algunas pautas para experimentar la alegría en la vida cristiana: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!..El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. En esto pensad Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». Aquí vemos la importancia de alabar a Dios, recordando que Él está cerca, orando por nuestras preocupaciones, y manteniendo nuestras mentes enfocadas en las cosas buenas de Dios. Podemos experimentar gozo cuando intencionalmente alabamos. David escribió que el estudio de la Palabra de Dios puede traernos gozo (Salmo 19:8). Experimentamos el gozo al comunicarnos con Dios a través de la oración. Y experimentamos el gozo al mantener nuestro enfoque en cosas piadosas en vez de en circunstancias difíciles o que no nos producen alegría.

Jesús también dio algunas instrucciones con respecto al gozo. En Juan 15 Él habló de permanecer en Él y obedecerle. Él dijo: «Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido» (Juan 15:9-11). Una de las claves del gozo es vivir en obediencia a Dios.

Otra manera de experimentar gozo en la vida cristiana es a través del compañerismo. Dios le dio descanso a Elías y luego envió a un hombre, Eliseo, para que lo ayudara (1 Reyes 19:19-21). Nosotros también necesitamos amigos con quienes podamos compartir nuestras heridas y dolores (Eclesiastés 4:9-12). Hebreos 10:19-25 dice: «Así que, hermanos…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca». Debido a la gracia de Dios, sabemos que podemos acercarnos a Dios confiadamente en oración (Hebreos 10:19). Sabemos que estamos limpios de nuestro pecado (Hebreos 10:22). Y estamos unidos en una nueva comunidad, una familia de creyentes. Con nuestros hermanos creyentes, nos mantenemos firmes en nuestra fe, confiando en el carácter de Dios. También nos animamos unos a otros. Los cristianos no pertenecen a este mundo (Juan 17:14-16; Filipenses 3:20). Anhelamos estar con Dios, finalmente restaurados a nuestro diseño original. La vida puede ser solitaria y desalentadora. Otros nos ayudan a recordarnos la verdad, a llevar nuestras cargas con nosotros y a fortalecernos para continuar (Gálatas 6:10; Colosenses 3:12-14).

El gozo está destinado a ser un sello distintivo de la vida cristiana. Es un fruto del Espíritu Santo y un don de Dios. Mejor recibimos este regalo cuando nos enfocamos en la verdad de quién es Dios, cuando tenemos comunión con Él a través de la oración, y confiamos en la comunidad de creyentes que Él ha provisto.

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¿Qué quiso decir Jesús cuando prometió una vida abundante?

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¿Qué quiso decir Jesús cuando prometió una vida abundante?

En Juan 10:10, Jesús dijo, «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. A diferencia de un ladrón, el Señor Jesús no viene por razones egoístas. Viene a dar, no a recibir. Viene para que las personas puedan tener vida en Él que sea significativa, con propósito, alegre y eterna. Recibimos esta vida abundante el momento que lo aceptamos como nuestro Salvador.

Esta palabra «abundante» en griego es perisson, que significa «excesivamente, altamente, más allá de la medida, más, superfluo, una cantidad tan abundante como para ser considerablemente más de lo que uno esperaría o anticiparía». En definitiva, Jesús nos promete una vida mucho mejor de la que nos podríamos imaginar, un concepto que nos recuerda de 1 Corintios 2:9: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman». El apóstol Pablo nos dice que Dios es capaz de “hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, y lo hace por Su poder, un poder que está obrando dentro de nosotros si le pertenecemos a Él (Efesios 3:20).

Antes de comenzar a tener visiones de casas lujosas, coches caros, cruceros en todo el mundo, y más dinero de lo que podemos gastar, tenemos que hacer una pausa y pensar en lo que Jesús enseña sobre la vida abundante. La Biblia nos dice que la riqueza, el prestigio, la posición y el poder en este mundo no son las prioridades de Dios para nosotros (1 Corintios 1:26-29). En cuanto al estado económico, académico y social, la mayoría de los cristianos no procede de las clases privilegiadas. Claramente, entonces, una vida abundante no consiste de una abundancia de cosas materiales. Si ese fuera el caso, Jesús habría sido el más rico de los hombres. Pero es todo lo contrario (Mateo 8:20).

La vida abundante es la vida eterna, una vida que comienza en el momento que venimos a Cristo y lo recibimos como Salvador, y continúa a lo largo de toda la eternidad. La definición bíblica de la vida — específicamente la vida eterna — es proporcionada por Jesús mismo: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado » (Juan 17:3). Esta definición no hace mención de la longitud de los días, la salud, la prosperidad, la familia o la carrera. De hecho, lo único que menciona es el conocimiento de Dios, que es la clave para una vida verdaderamente abundante.

¿Qué es la vida abundante? En primer lugar, la abundancia es abundancia espiritual, no material. De hecho, Dios no se preocupa demasiado por las circunstancias físicas de nuestras vidas. Él nos asegura que no necesitamos preocuparnos por la comida ni la vestimenta (Mateo 6:25-32; Filipenses 4:19). Las bendiciones físicas pueden o no ser parte de una vida centrada en Dios; ni la riqueza ni la pobreza es un indicio seguro de nuestra posición con Dios. Salomón tuvo todas las bendiciones materiales disponibles para un hombre, pero encontró todo sin sentido – vanidad de vanidades (Eclesiastés 5:10-15). Pablo, por otro lado, estaba contento en cualquier circunstancia física en la que se encontraba (Filipenses 4:11-12).

En segundo lugar, la vida eterna, la vida por la cual un cristiano realmente se preocupa, no es determinada por la duración, sino por una relación con Dios. Esto es por qué, una vez que nos convertimos y recibimos el regalo del Espíritu Santo, se dice que tenemos la vida eterna ya (1 Juan 5:11-13), aunque no, por supuesto, en su plenitud. La duración de la vida en la tierra no es sinónimo de vida abundante.

Finalmente, la vida de un cristiano gira alrededor del principio de crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y el Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Esto nos enseña que la vida abundante es un proceso continuo de aprendizaje, práctica, y maduración, así como fracaso, recuperación, adaptación, perseverancia, y superación, porque, en nuestro estado actual, “vemos por espejo, oscuramente” (1 Corintios 13:12). Un día veremos a Dios cara a cara, y le conoceremos completamente tal como seremos conocidos completamente (1 Corintios 13:12). Ya no lucharemos con el pecado y la duda. Esto será la vida abundante finalmente realizada.

Aunque somos naturalmente deseosos de cosas materiales, como cristianos, nuestra perspectiva de la vida debe ser revolucionada (Romanos 12:2). Así como nos convertimos en nuevas creaciones cuando venimos a Cristo (2 Corintios 5:17), así debe ser transformada nuestra comprensión de la «abundancia». La verdadera vida abundante consiste en una abundancia de amor, gozo, paz y el resto del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no una abundancia de «cosas». Consiste en una vida que es eterna, y, por lo tanto, nuestro interés está en el eterno, no el temporal. Pablo nos amonesta, «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:2-3).

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¿Es pecado el ciber-sexo o el sexo por teléfono?

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¿Es pecado el ciber-sexo o el sexo por teléfono?

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En ninguna parte la biblia menciona el ciber-sexo (cibersexo) o sexo por teléfono, obviamente, porque nada que tenga que ver con «ciber» o «teléfono» era posible en tiempos bíblicos. La respuesta a esta pregunta depende en cierta medida de si las personas implicadas están casadas entre sí. Dentro del matrimonio, el ciber-sexo o el sexo por teléfono estarían dentro del principio del «mutuo consentimiento» de 1 Corintios 7:5. Para obtener más información, consulte nuestro artículo sobre lo que sexualmente se permite en un matrimonio.

Fuera del matrimonio, la palabra de Dios nos da algunos principios que definitivamente se aplican al ciber-sexo o al sexo por teléfono. Filipenses 4:8 nos dice, «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». Además, hay muchas escrituras que indican que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son pecado (Hechos 15:20; 1 Corintios 5:1; 6:13,18; 7:2; 10:8; 2 Corintios 12:21; Gálatas 5:19; Efesios 5:3; Colosenses 3:5; 1 Tesalonicenses 4:3; Judas 7). Jesús mismo nos enseñó que desear algo que es pecaminoso también es pecado: «Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mateo 5:27-28). Proverbios 23:7 dice, «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él».

El ciber-sexo y el sexo por teléfono son, en esencia, desear algo que es pecaminoso (fornicación o adulterio). El ciber-sexo y el sexo telefónico son fantasear con lo que es inmoral e impuro. En ningún sentido el ciber-sexo o el sexo telefónico se podrían considerar como algo noble, justo, puro, amable, admirable, excelente o digno de elogio. El ciber-sexo y el sexo telefónico son prácticamente adulterio. Es fantasear con una persona con lujuria y motivar a la otra persona al deseo inmoral. Estas pueden llevar a una persona a la trampa de la «creciente maldad» (Romanos 6:19). Una persona que es inmoral en su mente y en sus deseos, eventualmente se convierte en inmoral en sus acciones. Sí, fuera del matrimonio, el ciber-sexo y el sexo telefónico es pecado.

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¿Qué es la teología cristiana liberal?

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¿Qué es la teología cristiana liberal?

En la enseñanza «liberal cristiana», que no es para nada cristiana, la razón del hombre es enfatizada y tratada como la autoridad final. Los teólogos liberales tratan de reconciliar al cristianismo con la ciencia secular y el «pensamiento moderno». De esta manera, tratan la ciencia como omnisciente y la Biblia como falsa y cargada de fábulas. Los primeros capítulos de Génesis son reducidos a poesía o fantasía, teniendo un mensaje, pero no deben ser tomados literalmente (a pesar de que Jesús había hablado de esos primeros capítulos en términos literales). La humanidad no es vista como totalmente depravada y por lo tanto los teólogos liberales tienen una visión optimista del futuro de la humanidad. También se acentúa el evangelio social, mientras niegan la incapacidad del hombre caído para cumplirlo. Si una persona se salva de su pecado y su castigo en el infierno ya no es el punto, lo principal es cómo el hombre trata a su prójimo. El «amor» de nuestros semejantes se convierte en el tema determinante. Como resultado de este razonamiento por teólogos liberales, las siguientes doctrinas son enseñadas por teólogos liberales cuasi -cristianos:

1) La Biblia no es «inspirada por Dios» y tiene errores. Debido a esta creencia, el hombre (los teólogos liberales) debe determinar cuáles enseñanzas son correctas y cuáles no. La creencia de que la Biblia es «inspirada» por Dios (en el significado original de esa palabra) es sostenida sólo por incautos. Esto contradice directamente 2 Timoteo 3:16-17: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra».

2) El nacimiento virginal de Cristo es una enseñanza falsa mitológica. Esto contradice directamente Isaías 7:14 y Lucas 2.

3) Jesús no resucitó de la tumba en forma corporal. Esto contradice las narrativas de la resurrección en los cuatro evangelios y en todo el Nuevo Testamento.

4) Jesús fue un buen maestro moral, pero Sus seguidores y los seguidores de ellos han tomado libertades con la historia de Su vida como se registra en las Escrituras (no hubo ningún milagro «sobrenatural»), ya que los Evangelios fueron escritos muchos años más tarde y sólo atribuidos a los primeros discípulos para dar mayor peso a sus enseñanzas. Esto contradice el pasaje de 2 a Timoteo y la doctrina de la preservación sobrenatural de las Escrituras por Dios.

5)El infierno no es real. El hombre no está perdido en pecado y no está condenado a un futuro juicio sin una relación con Cristo mediante la fe. El hombre puede ayudarse a sí mismo; ninguna muerte expiatoria de Cristo es necesaria puesto que un Dios amoroso no enviaría a la gente a un lugar como el infierno y ya que el hombre no nace en pecado. Esto contradice a Jesús mismo, Quien declaró ser Él Mismo el camino a Dios, a través de Su muerte expiatoria (Juan 14:6).

6) La mayoría de los autores humanos de la Biblia no son las personas que tradicionalmente se creen ser. Por ejemplo, Moisés no escribió los primeros cinco libros de la Biblia. El libro de Daniel tuvo dos autores porque es imposible que las «profecías» detalladas de los últimos capítulos podrían conocerse antes del tiempo; deben haber sido escritas después del hecho. El mismo pensamiento es aplicado a los libros del Nuevo Testamento también. Estas ideas contradicen no sólo las Escrituras sino documentos históricos, verificando la existencia de todas las personas que los liberales niegan.

7) Lo más importante para el hombre es «amar» a su prójimo. Lo que hay que hacer con amor en cualquier situación no es lo que la Biblia dice que es bueno, sino lo que los teólogos liberales dicen que es bueno. Esto niega la doctrina de la depravación total, que establece que el hombre no es capaz de hacer nada bueno y amoroso (Jeremías 17:9) hasta que él haya sido redimido por Cristo y se le haya dado una nueva naturaleza (2 Corintios 5:17).

Hay muchos pronunciamientos de las Escrituras contra aquellos que negarían la deidad de Cristo (2 Pedro 2:1) (como hace el cristianismo liberal), que predicarían otro evangelio que el que fue predicado por los apóstoles (Gálatas 1:8) (que es lo que los teólogos liberales hacen al negar la necesidad de la muerte expiatoria de Cristo y predicar un evangelio social en su lugar). La Biblia condena a aquellos que llaman bien al mal y mal al bien (Isaías 5:20) (que hacen algunas iglesias liberales adoptando la homosexualidad como un estilo de vida alternativo, mientras la Biblia repetidamente condena su práctica).

Las Escrituras hablan contra aquellos que clamarían «paz, paz» cuando no hay paz (Jeremías 6:14) (lo cual hacen los teólogos liberales diciendo que el hombre puede alcanzar la paz con Dios aparte del sacrificio de Cristo en la Cruz y que el hombre no necesita preocuparse acerca de un futuro juicio ante Dios). La Palabra de Dios habla de un tiempo cuando los hombres tendrán apariencia de piedad, pero negarán el poder de ella (2 Timoteo 3:5) (que es lo que la teología liberal hace diciendo que hay algo de virtud interior en el hombre que no requiere un renacimiento del Espíritu Santo mediante la fe en Cristo). Y la Biblia habla contra quienes servirían a ídolos en vez del único y verdadero Dios (1 Crónicas 16:26) (que hace el cristianismo liberal al crear un dios falso según su propio gusto en lugar de adorar a Dios como se describe en toda la Biblia).

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¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?

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¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?

La polémica de si los Cristianos deben celebrar la Navidad o no se ha estado en discusión por siglos. Hay Cristianos dedicados y sinceros en ambos lados del dilema, cada uno con multiples razones del porque o el porque no se debe celebrar la Navidad en los hogares Cristianos. ¿Pero que es lo que dice la Biblia? ¿Da la Biblia instrucción clara sobre si la Navidad es una festividad que debe ser celebrada por los Cristianos?

Primeramente veamos las razones por las que algunos Cristianos no celebran la Navidad. Una razon contra la celebración de la Navidad es que las tradicions que rodean esta festividad tienen su origen en el paganismo. La busqueda de la información sobre este tema es difícil porque los origenes de muchas de nuestras tradiciones son tan oscuros que sus fuentes de información a menudo se contradicen entre ellas. Campanas, velas, muérdago y otras decoraciones se mencionan en la historia del culto pagano, pero el uso de estas en el hogar ciertamente no indica retornar al paganismo. Mientras que hay definitivamente raices paganas en algunas tradiciones, hay muchas más asociadas con el verdadero significado de la Navidad – el nacimiento del Salvador del mundo en Belén. Campanas que tañen para anunciar las buenas nuevas, velas que se encienden para recordarnos que Cristo es la Luz del Mundo (Juan 1:4-9), una estrella que se coloca en la punta del árbol para conmemorar la estrella de Belen y regalos que se intercambian para recordarnos los obsequios de los reyes magos a Jesus, el mas grande regalo de Dios a la humanidad.

Otro argumento contra la Navidad, especialmente el del arbol de navidad es que la Biblia prohibe traer árboles a nuestros hogares para decorarlos. El pasaje más citado es el de Jeremías 10:1-16, pero este pasaje se refiere a cortar árboles, cincelar la madera para hacer un ídolo y después decorarlo con plata y oro con el proposito de inclinarse ante él y adorarlo (vease tambien Isaías 44:9-18). El pasaje en Jeremías no puede tomarse fuera de contexto y aplicarse como legitimo argumento contra los árboles de Navidad.

Los cristianos que prefieren ignorar la Navidad indican el hecho de que la Biblia no proporciona la fecha del nacimiento de Cristo, lo cual es cierto. El 25 de diciembre puede no estar ni siquiera aproximado a la fecha en que nació Jesús. Existen un sinnúmero de argumentos en ambos lados, algunos refiriendose al clima en Israel, las costumbres de los pastores en invierno y las fechas de los censos efectuadas por los romanos. Todos estos argumentos contienen de cierto grado de conjetura, lo que nos trae nuevamente al hecho de que la Biblia no nos dice cuando nació Cristo.

Algunos ven en ello la prueba de que Dios no desea que celebremos Su nacimiento, mientras que otros ven en esta omision de la Biblia una tácita aprobación.

Algunos cristianos piensan que puesto que el mundo celebra la Navidad – aunque cada vez se convierte más y más en algo políticamente aceptado, el referirse a esta fecha como “días festivos” – los cristianos no deberian hacerlo. Pero este mismo es el argumento usado por falsas religiones que niegan totalmente a Cristo, al igual que ciertos cultos como los Testigos de Jehova, quienes niegan Su deidad. Aquellos Cristianos que sí celebran la Navidad, tienden a ver en ello, la oportunidad para proclamar a Cristo como “la razón de la celebración” entre las naciones y para aquellos cautivos en falsas religiones.

Como hemos visto, no hay realmente una razón bíblica para no celebrar la Navidad. Al mismo tiempo, no hay tampoco un mandato bíblico para celebrarla. A fin de cuentas, celebrar la Navidad o no, es una decisión personal. Sin importar la opción que los Cristianos elijan en relación a la Navidad, sus puntos de vista no deben ser usados como un arma para atacar o denigrar a aquellos con criterios opuestos, tampoco deben ser usados como un galardón para el orgullo sobre si se debe celebrar esta festividad o no. Como en todo, debemos pedir sabiduria a Aquel que la otorga liberalmente a todo aquel que la busca (Santiago 1:5) y aceptarnos unos a otros en gracia y amor cristianos, independientemente de nuestras opiniones sobre la Navidad.

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¿Qué dice la Biblia acerca de la preocupación?

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¿Qué dice la Biblia acerca de la preocupación?

La Biblia enseña claramente a los cristianos que eviten la preocupación. En Filipenses 4:6, se nos ordena, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. En esta Escritura, aprendemos que debemos traer todas nuestras necesidades y preocupaciones ante Dios en oración, en vez de preocuparnos por ellas. También Jesús insta a los creyentes a no preocuparse. Él nos anima a evitar preocuparnos acerca de las necesidades físicas, como la ropa y la comida. Jesús nos asegura que nuestro Padre Celestial cuida de todas nuestras necesidades (Mateo 6:25-34). Por tanto, no necesitamos preocuparnos por nada.

Puesto que la preocupación no debe formar parte de la vida del creyente, ¿cómo puede uno vencerla? En 1 Pedro 5:7, se nos instruye a “echar toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros”. Dios no quiere que nos agobiemos llevando el peso de los problemas y las cargas. En esta Escritura, Dios nos está diciendo que le demos a Él todas nuestras preocupaciones y angustias. ¿Por qué quiere Dios encargarse de nuestros problemas? La Biblia dice que es porque Él se preocupa por nosotros. A Dios le importa todo lo que te sucede. Ninguna preocupación es demasiado grande o demasiado pequeña para que tenga Su atención. Cuando le damos a Dios nuestros problemas, Él promete darnos Su paz, la cual sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7).

Desde luego, para aquellos que no conocen al Salvador, la preocupación y la ansiedad serán parte de sus vidas. Pero para aquellos que le han entregado sus vidas a Él, Jesús les promete, “Venid a mí todos los que estéis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

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¿Es a veces la voluntad de Dios que los creyentes se enfermen?

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¿Es a veces la voluntad de Dios que los creyentes se enfermen?

La doctrina bíblica de la soberanía de Dios establece que Dios es todopoderoso sobre todo. Él está en completo control de todas las cosas –pasadas, presentes y futuras– y nada sucede que esté fuera de Su jurisdicción. Él lo causa directamente – o lo permite pasivamente – todo cuanto sucede. Pero permitir que algo suceda y causar que algo suceda son dos cosas diferentes. Por ejemplo, Dios causó la creación de los perfectos y sin pecados Adán y Eva; después Él permitió que ellos se rebelaran contra Él. Él no causó que ellos pecaran, y ciertamente pudo habérselos impedido, pero Él decidió no hacerlo para Sus propios propósitos y para lograr Su plan perfecto. Esa rebelión produjo toda clase de mal, mal que no fue causado por Dios, pero que Él permitió que existiera.

La enfermedad es una manifestación de los dos tipos de mal – el moral y el natural. El mal moral es la inhumanidad del hombre para con el hombre. El mal natural está compuesto de cosas como desastres naturales y enfermedades físicas. El mal mismo es una perversión o corrupción de algo que originalmente era bueno, pero que ahora le falta algo. En el caso de la enfermedad, la enfermedad es un estado donde la buena salud está ausente. La palabra griega para mal, “PONEROUS,” implica realmente una malignidad, algo que está corrompiendo un buen y saludable estado del ser.

Cuando Adán pecó, él condenó a toda la humanidad a sufrir las consecuencias de ese pecado, uno de los cuales es la enfermedad. Romanos 8:20-22 dice, “Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.” Dios – “quien sujetó” a la creación a frustración después de la caída – tiene el plan de liberar eventualmente a la creación de su esclavitud al pecado, así como Él nos liberó de esa esclavitud a través de Cristo.

Hasta que llegue ese día, Dios usa las enfermedades y otros males para lograr Su soberano propósito, para dar gloria a Sí mismo, y exaltar Su santo nombre. A veces, Él sana milagrosamente. Jesús iba a través de Israel sanando toda clase de males y enfermedades (Mateo 4:23) y aún resucitó a Lázaro de los muertos después que la enfermedad lo mató. Otras veces, Dios usa las enfermedades como un método de disciplina o como un juicio contra el pecado. El rey Usías en el Antiguo Testamento fue atacado con lepra (2 Crónicas 26:19-20). Nabucodonosor fue llevado a la locura por Dios hasta que entendió que “el Altísimo gobierna sobre los asuntos de los hombres” (Daniel 4). Herodes fue derribado y comido por gusanos porque tomó la gloria de Dios para él mismo (Hechos 12:21-23). Aún hay al menos un caso, donde Dios permite la enfermedad –ceguera– no como castigo por el pecado, sino para revelarse Él mismo y Sus poderosas obras a través de la ceguera (Juan 9:1-3).

Cuando llega la enfermedad, puede no ser el resultado de la intervención directa de Dios en nuestras vidas, sino más bien el resultado de un mundo caído, de cuerpos caídos y de una salud deficiente y elecciones de estilo de vida. Y aunque hay indicadores en la Escritura de que Dios quiere que tengamos buena salud (3 Juan 2), todo padecimiento y enfermedad son permitidos por Él para Sus propósitos, ya sea que lo entendamos o no.

La enfermedad es ciertamente el resultado de la caída del hombre en pecado, pero Dios está totalmente en control, y Él ciertamente determina cuán lejos puede llegar el mal (así como Él lo hizo con Satanás y las tribulaciones de Job – no le fue permitido a Satanás excederse de esos límites). Él nos dice que es todopoderoso más de cincuenta veces en la Biblia, y es sorprendente ver cómo Su soberanía se une con las decisiones que tomamos (tanto buenas como malas) para llevar a cabo Su plan perfecto (Romanos 8:28).

Para aquellos que son creyentes y sufren de males, padecimientos y/o enfermedades en esta vida, el saber que pueden glorificar a Dios a través de su sufrimiento, templa la incertidumbre del por qué Él lo ha permitido, algo que tal vez ellos no puedan totalmente entender hasta que estén en Su presencia en la eternidad. Cuando eso suceda, todas las preguntas serán respondidas, o tal vez más exactamente, ya no estaremos más interesados en preguntar.

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