Alabanza por las respuestas

Febrero 25

Alabanza por las respuestas

Orad sin cesar. Dad gracias en todo. (Tesalonicenses 5:17-18)

Cuando Dios contesta la oración acerca de determinada situación, tenemos el privilegio de ser parte de su obra y de alabarlo por ella. Cuando no participamos mediante la oración, perdemos la oportunidad de darle gloria.

Suponga que alguien fuera a una reunión de oración y dijera: “Ha ocurrido algo maravilloso: la señora a quien le he estado dando testimonio ha entregado su corazón a Cristo. Ahora es creyente y está aquí con nosotros esta noche. Gracias por orar por ella durante estos últimos meses”. Las personas presentes pueden alabar al Señor, en particular quienes habían estado orando por la conversión de esa mujer.

Pero también habría algunos que, aunque dando alabanza, no se sentirían como que han participado porque no habían orado por la señora. Hay que participar en lo que Dios está haciendo para que pueda alabar con sinceridad.

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Clases de frutos espirituales

Febrero 20

Clases de frutos espirituales

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra. (Colosenses 1:10)

¿Qué clase de frutos glorifica a Dios? Filipenses 1:11 dice: “Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. La justicia, que es hacer lo bueno, es el fruto que Dios desea en nuestra vida. Cuando hacemos lo bueno, glorificamos a Dios; cuando hacemos lo malo, no lo honramos. El fruto es sinónimo de justicia.

Hay dos clases de frutos espirituales: el fruto de la acción, que consiste en dar, guiar a otros a Cristo y expresar gratitud a Dios, y el fruto de la actitud. Gálatas 5:22-23 describe el fruto de la actitud: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

¿Cómo puede usted asumir las actitudes correctas? El versículo 25 dice: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Cuando le ceda al Espíritu Santo el control de su vida, Él impregnará su vida y producirá el debido fruto.

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Llevar frutos

Febrero 19

Llevar frutos

El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto. (Juan 15:5)

Teníamos un melocotonero en el traspatio, y un año tuvo muchísimos melocotones. ¡Tuvimos suficientes como para alimentar a todo el vecindario! Otro año, no pudimos encontrar ni un melocotoncito. Algunos cristianos pueden ser así, mostrando poca evidencia de ser de Dios; pero Dios quiere que crezcamos y produzcamos mucho fruto para su gloria.

El fruto que usted lleva es la manifestación de su carácter, y la única forma de que las personas sepan que usted es un hijo de Dios. Él quiere presentarse al mundo por medio de lo que produce en usted, de modo que su carácter está en juego en el fruto de usted. Él quiere que usted produzca mucho más de lo que puede producir el mundo o la carne.

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Crecimiento por fe

Febrero 18

Crecimiento por fe

Por fe andamos, no por vista. (2 Corintios 5:7)

El versículo de hoy se refiere al andar en el sentido de ser más semejantes a Cristo. Eso tiene lugar cuando vivimos por fe. Sin embargo, cuando lo juzgamos todo por lo que vemos, tenemos un crecimiento difícil.

¿Recuerda a los doce espías de Israel enviados a Canaán (Nm. 13)? Diez regresaron y dijeron que se sintieron como saltamontes en una tierra de gigantes. Esos diez anduvieron por vista. Pero Josué y Caleb tuvieron fe, sabiendo que Dios estaba de su parte. Diez ni siquiera pensaron que Dios podía dirigir las circunstancias, pero dos sabían que Él es más grande que cualquier situación.

¿Vive usted por fe? Si quiere crecer espiritualmente, crea en la Palabra de Dios y confíe en Él en toda situación.

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Nuestro mecanismo de defensa

Febrero 16

Nuestro mecanismo de defensa

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. (Salmo 66:18)

Según el versículo de hoy, ni siquiera se puede conversar con Dios, mucho menos crecer espiritualmente, si se albergan pecados en el corazón. Por eso es tan esencial la confesión.

Primero tiene que estar dispuesto a aceptar el castigo de Dios por su pecado. Si piensa que Él está obrando con rudeza, debe examinar su vida para ver si lo merece. Por la misma razón que los padres deben castigar la mala conducta de un hijo, Dios lo castiga a usted para que no repita sus errores.

Dios también ha puesto un sistema de sentido de culpa en usted para su propio bien. La vida espiritual sin sentido de culpa sería como la vida física sin dolor. El sentido de culpa es un mecanismo de defensa; es como una alarma que funciona para guiarlo a la confesión cuando usted peca. Es cuando usted tiene que confrontar su pecado y reconocer delante de Dios que es una afrenta para Él. Ese reconocimiento debe ser parte de su vida antes de que pueda crecer espiritualmente, ya que elimina el pecado que lo detiene a usted.

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La necesidad del arrepentimiento

Febrero 15

La necesidad del arrepentimiento

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmo 51:10)

No puede haber verdadera confesión sin arrepentimiento. Muchas veces no confesamos nuestro pecado porque no estamos dispuestos a abandonarlo. Cuando era un joven cristiano, recuerdo haberle dicho al Señor que me arrepentía por determinados pecados que había cometido y después le daba gracias por haberlos perdonado. Pero eso era lo único que hacía.

Ocurrió algo importante en mi vida espiritual cuando comencé a decir: “Señor, gracias por perdonarme esos pecados. Sé que no te agradan, y no quiero volver a cometerlos”. Eso puede ser difícil de decir porque a veces queremos cometer ciertos pecados otra vez. Pero revelamos falta de madurez espiritual cuando queremos eliminar el castigo del pecado pero deseamos retener el placer. Para que su confesión de pecado sea genuina, debe apartarse de sus pecados.

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La Iglesia frente al mundo

John MacArthur

La Iglesia frente al mundo

Note que nuestro Señor consideró como un hecho que el mundo aborrecería a la iglesia.  Lejos de enseñar a sus discípulos que trataran de ganar el favor del mundo con adaptaciones del evangelio a las preferencias mundanas, Jesús hizo advertencias serias en el sentido de que la búsqueda de aprobación por parte del mundo es una característica de los profetas falsos: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lc. 6:26).

Además explicó: “el mundo…a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7).  En otras palabras, el desprecio del mundo hacia el cristianismo se deriva de motivos morales, no intelectuales: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn. 3:19-20).  Por esta razón, sin importar cuán dramáticos sean los cambios en el campo de la opinión mundana, la verdad cristiana nunca será popular para el mundo.

No obstante, casi en todas las eras de la historia eclesiástica ha habido personas en la iglesia que se han convencido de que la mejor manera de ganar el mundo es ofrecer lo que le apetece al mundo.  La aplicación de esa metodología siempre ha distorsionado el mensaje del evangelio.  Los únicos períodos históricos en los que la iglesia ha tenido una influencia significativa en el mundo han venido como producto de la firmeza del pueblo de Dios en negarse a ceder ante presiones externas, para proclamar con denuedo la verdad a pesar de la hostilidad del mundo.  Cada vez que los cristianos se niegan a cumplir la tarea de confrontar las tendencias populares, la Iglesia ha perdido esa influencia y en su impotencia ha quedado fusionada de manera inconfundible con el mundo.  Tanto las Escrituras como la historia atestiguan sobre la veracidad de este hecho.

En últimas, el mensaje cristiano no puede ser torcido para conformarse a las vicisitudes de la opinión mundana.

La verdad bíblica es fija y constante, no sujeta a cambio ni adaptación.  Por otro lado, la opinión del mundo está en flujo constante y caprichoso.  Las diversas modas y filosofías populares que dominan el mundo cambian de forma radical y regular de generación en generación.  La única cosa que permanece constante es el odio del mundo hacia Cristo y su evangelio.

Lo más probable es que el mundo no acogerá por mucho tiempo la ideología que está en boga este año, cualquiera que esta sea.  Si el patrón de la historia sirve como indicador, durante el tiempo en el que nuestros bisnietos sean adultos, la opinión mundana será dominada por un sistema de creencias y valores diferente por completo al de la actualidad.  La generación del mañana renunciará a todas las modas y filosofías contemporáneas, pero una cosa permanecerá sin cambio: Hasta que el Señor mismo regrese y establezca su reino en la tierra, sin importar cuál sea la ideología que tenga mayor popularidad en el mundo, será tan hostil a la verdad bíblica como todos los sistemas y paradigmas que la hayan precedido.

Modernismo

Considere por ejemplo lo sucedido durante el siglo pasado.  Hace cien años la Iglesia recibió el embate del  modernismo, aquella visión del mundo basada en la noción de que solo la ciencia puede explicar la realidad.  En efecto, el punto de partida del modernista era la presuposición de que nada sobrenatural es real.

Debió ser obvio de inmediato que el modernismo y el cristianismo eran incompatibles en lo fundamental.  Si nada sobrenatural es real, la mayor parte de la Biblia es incierta y carece de autoridad: La encarnación de Cristo es un mito (lo cual también anula la autoridad de Cristo),  y todos los elementos sobrenaturales del cristianismo, incluido Dios mismo, deben ser definidos en términos naturalistas.   El modernismo se oponía al cristianismo en su medula.

No obstante, la Iglesia visible a principios del siglo veinte estaba llena de personas convencidas de que el modernismo y el cristianismo podían y debían ser reconciliados.  Insistieron en que si la Iglesia no marchaba al ritmo de los tiempos de los tiempos mediante su acogida del modernismo, el cristianismo no sobrevivirá el paso del siglo veinte.  Dijeron que la Iglesia se haría cada vez más irrelevante para las personas modernas y en poco tiempo moriría.  Por eso fabricaron un “evangelio social”  despojado del evangelio verdadero de salvación.

Por supuesto, el cristianismo bíblico sobrevivió sin problemas el paso del siglo veinte.  Allí donde los cristianos mantuvieron su compromiso con la veracidad y autoridad de las Escrituras, la Iglesia floreció.  En cambio, aquellas mismas iglesias y denominaciones que se acogieron al modernismo fueron las únicas que perdieron relevancia y prácticamente se extinguieron a finales de siglo.  Muchos edificios grandiosos pero vacíos dan testimonio mudo de los efectos letales de endosar el modernismo.

Posmodernismo

El modernismo ya es considerado en la actualidad como una manera anticuada de pensar.  La visión dominante del mundo en círculos seculares y académicos se llama hoy día posmodernismo.

Los posmodernistas han repudiado la confianza absoluta del modernismo en la ciencia como el único sendero a la verdad.  De hecho, el posmodernismo ha perdido todo interés en “la verdad” e insiste en que no existen verdades absolutas, objetivas ni universales.

Es evidente que el modernismo fue una necedad que debió abandonarse, pero el posmodernismo es un paso trágico en la dirección equivocada.  A diferencia del modernismo que por lo menos mantuvo su interés en la veracidad o falsedad de convicciones, creencias e ideologías básicas, el posmodernismo niega por completo de forma objetiva y cierta.

Para el posmodernista, la realidad es que el individuo quiera imaginar.  Eso significa que lo “verdadero “es determinado por la opinión subjetiva de cada persona y que no existe una verdad objetiva con autoridad para gobernar la realidad y que se aplique de forma universal a toda la humanidad.  El posmodernista cree que es inútil sentarse a discutir si una opinión es superior a otra.  Después de todo, la realidad no es más que una construcción abstracta de la mente humana y la perspectiva que una persona tenga de la verdad es tan válida como la de cualquier otra.

Tras dar la espalda al conocimiento de la verdad objetiva, el posmodernista se dedica más a bien a la búsqueda del “entendimiento” del punto de  vista de la otra persona.   Así las palabras verdad y entendimiento adquieren significados nuevos y radicales.  Lo irónico es que esa clase de “entendimiento” requiere que todos descartemos de entrada la posibilidad de conocer cualquier verdad.  De este modo, la “verdad” se reduce a simples opiniones personales que por lo general conviene no comunicar a los demás.

Esa es la exigencia esencial y no negociable que el posmodernismo impone a todos: No debemos ni siquiera pensar que se puede llegar a conocer alguna verdad objetiva.  Los posmodernistas sugieren con frecuencia que todas las opiniones deben tratarse con el mismo respeto.  Por eso en lo superficial, el posmodernista parece motivado por el establecimiento de una mentalidad amplia cuyas prioridades son la armonía y la tolerancia.  Todo suena muy caritativo y altruista, pero lo que sostiene el sistema de creencias del posmodernismo es una intolerancia absoluta hacia toda visión del mundo que plantee cualquier verdad universal, en particular el cristianismo bíblico.

En otras palabras, el posmodernismo comienza con una presuposición que es irreconciliable con la verdad objetiva y dada por revelación divina en las Escrituras.  Como el modernismo, el posmodernismo se opone de forma fundamental y diametral al evangelio de Jesucristo.

A pesar de esto, la iglesia está  llena en la actualidad de personas que defienden ideas posmodernistas. Algunas lo hacen de forma deliberada y consciente, pero la mayoría ni siquiera se dan cuenta de ello.  Han incumbido tanto en el espíritu del siglo que no pueden regurgitar más que opiniones mundanas.  El movimiento evangélico todavía intenta recuperarse de su larga batalla contra el modernismo y no está preparado para enfrentarse a un adversario nuevo y diferente.  En consecuencia, muchos cristianos no han reconocido el peligro extremo que representa el pensamiento posmodernista.

La influencia del posmodernismo ya ha infectado a la Iglesia.  Los evangélicos bajan de tono su mensaje para que la verdad del evangelio no rechine tanto en el oído posmoderno.  Muchos se sienten demasiado intimidados como para afirmar que la Biblia es verdadera y que los demás sistemas religiosos y visiones del mundo son falsos.  Algunos que se llaman cristianos han ido más lejos y niegan a propósito la exclusividad de Cristo.   Se atreven a cuestionar su afirmación de que El es el único camino a Dios.

El mensaje bíblico es claro.  Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).  El apóstol Pedro proclamó a una audiencia hostil: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).  El apóstol Juan escribió:  “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).  Una y otra vez, la Biblia recalca que Jesucristo es la única esperanza de salvación para el mundo.  “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).   Cristo es el que único que puede hacer expiación por el pecado y por eso Cristo es el único que puede dar salvación.  “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y  esta vida está en su Hijo.  El que tiene al hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn. 5:11-12).

Esas verdades son antítesis al argumento central del posmodernismo.  Son afirmaciones de verdades exclusivas y universales que declaran a Cristo como el único camino al cielo y a todos los demás sistemas de creencias como senderos falsos y erróneos.   Esto es lo que enseñan las Escrituras.  Es lo que la iglesia verdadera ha proclamado a lo largo de la historia.  Es el mensaje del cristianismo y no puede ser cambiado para acomodarse a la sensibilidad de los posmodernistas.

A diferencia de ello, muchos cristianos pasan por alto las afirmaciones exclusivas de Cristo y mantienen un silencio vergonzoso.  Todavía peor, algunos en la iglesia, incluidos unos  cuantos líderes prominentes del mundo evangélico, han comenzado a sugerir que quizá las personas puedan salvarse sin tener un conocimiento personal de Cristo.

Los cristianos no podemos no podemos capitular al posmodernismo sin sacrificar la esencia misma de nuestra fe.  Es evidente que la afirmación bíblica de que Cristo es el único camino de salvación esta fuera de armonía con la noción posmoderna de “tolerancia”.  Sin embargo, es lo que la Biblia enseña con claridad rotunda y la Biblia, no la opinión posmodernista, es la autoridad suprema para el cristiano.  La biblia es lo único que debería determinar lo que creemos y proclamamos al mundo.  Sobre esto no podemos debatirnos sin importar cuánto se queje este mundo posmodernista de que nuestras creencias nos hacen “intolerantes”.

Por qué un único camino?

La defensa de credo exclusivo en un mundo inclusivo

John MacArthur

Un distintivo del cristiano

Febrero 14

Un distintivo del cristiano

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados. (1 Juan 1:9)

El apóstol Juan escribió su primera epístola para definir la diferencia entre un cristiano y un incrédulo. Nuestro versículo de hoy indica que la confesión caracteriza al primero. El versículo siguiente dice: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso” (v. 10). Los hombres no regenerados niegan su pecado, pero los cristianos aceptan la responsabilidad por el pecado y lo confiesan.

La confesión de pecado no tiene lugar solamente en la salvación. Continúa, como la fe, durante toda la vida de un creyente. La disposición de confesar el pecado es parte del modelo de vida que caracteriza a todos los creyentes. Ese modelo también incluye el amor (1 Jn. 3:14), la separación del mundo (2:15), y la enseñanza por el Espíritu Santo (2:27). Desde luego que hay varios grados de confesión, a veces no hacemos una confesión tan completa como debiéramos, pero un verdadero creyente finalmente reconoce su pecado.

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Acepte su responsabilidad

Febrero 13

Acepte su responsabilidad

Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos. (Salmo 51:4)

Si quiere pecar cada vez menos y tener un mayor desarrollo espiritual en su vida, debe aceptar su responsabilidad. No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que el sistema del mundo puede contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; y usted es responsable de eso.

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lc. 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada (v. 19). Esa es la actitud correcta de alguien que confiesa su pecado.

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Despojándonos del peso del pecado

Febrero 12

Despojándonos del peso del pecado

Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. (Hebreos 12:1)

Cada vez que nos excusamos por nuestro pecado, estamos culpando a Dios. Adán lo hizo cuando Dios le preguntó acerca del comer el fruto prohibido. Él respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Gn. 3:12). Adán no aceptó la responsabilidad de su pecado, sino que culpó a Dios, de que le había dado a Eva.

El pecado nunca es culpa de Dios, ni es la culpa de una persona o circunstancia que Dios trajo a nuestra vida. El excusar el pecado pone en tela de juicio a Dios por algo que solo es nuestra culpa. Si decide castigarnos es porque lo merecemos.

Por eso la confesión de pecado es indispensable para el crecimiento espiritual. Cuando acepte la realidad de su pecado y lo confiese, tiene menos peso muerto que lo arrastre hacia abajo en el proceso de crecimiento. Como lo indica el versículo de hoy, aumentará su crecimiento cuando se despoje del peso del pecado mediante la confesión.

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