Jeremías encarcelado

Jeremías 37-39

9781586403546

Jeremías encarcelado

 

37:1 Y Sedequías, hijo de Josías, a quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, había hecho rey en la tierra de Judá, reinó en lugar de Conías, hijo de Joacim. Pero ni él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra escucharon las palabras que el Señor había hablado por medio[a] del profeta Jeremías.

Y el rey Sedequías envió a Jucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a decir al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros al Señornuestro Dios. Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo, porque todavía no lo habían puesto en la cárcel. Entretanto, el ejército de Faraón había salido de Egipto, y cuando los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén oyeron la noticia acerca de ellos, levantaron el sitio de Jerusalén.

Entonces vino la palabra del Señor al profeta Jeremías, diciendo: Así dice elSeñor, Dios de Israel: “Así diréis al rey de Judá, que os envió a mí para consultarme: ‘He aquí, el ejército de Faraón que salió en vuestra ayuda, volverá a su tierra de Egipto. ‘Y volverán los caldeos y pelearán contra esta ciudad, la capturarán y le prenderán fuego.’” Así dice el Señor: “No os engañéis, diciendo: ‘Ciertamente los caldeos se apartarán de nosotros’, porque no se apartarán.10 “Pues aunque hubierais derrotado a todo el ejército de los caldeos que peleaba contra vosotros, y sólo quedaran heridos entre ellos, se levantaría cada uno en su tienda, y prenderían fuego a esta ciudad.”

11 Y sucedió que cuando el ejército de los caldeos levantó el sitio de Jerusalén por causa del ejército de Faraón, 12 Jeremías salió de Jerusalén para ir a la tierra de Benjamín a tomar allí posesión de una propiedad[b] en el pueblo. 13 Estando él a la puerta de Benjamín, había allí un capitán de la guardia que se llamaba Irías, hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo: Tú vas a pasarte a[c] los caldeos. 14 Pero Jeremías dijo: ¡No es verdad! No voy a pasarme a[d] los caldeos. Sin embargo él no le hizo caso. Apresó, pues, Irías a Jeremías y lo llevó a los oficiales. 15 Y los oficiales se enojaron contra Jeremías y lo azotaron, y lo encarcelaron en la casa del escriba Jonatán, la cual habían convertido en prisión. 16 Entró, pues, Jeremías en el calabozo[e], es decir, en la celda abovedada; allí permaneció Jeremías muchos días.

17 Y el rey Sedequías envió a sacarlo[f], y en su palacio el rey le preguntó secretamente, y le dijo: ¿Hay palabra del Señor? Y Jeremías respondió: La hay. Y añadió: En manos del rey de Babilonia serás entregado. 18 Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué he pecado contra ti, o contra tus siervos, o contra este pueblo para que me hayas puesto en prisión? 19 ¿Dónde, pues, están vuestros profetas que os profetizaban, diciendo: “El rey de Babilonia no vendrá contra vosotros, ni contra esta tierra”? 20 Mas ahora, te ruego que escuches, oh rey mi señor; venga[g] ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a la casa del escriba Jonatán, no sea que muera yo allí. 21 Entonces el rey Sedequías ordenó que pusieran a Jeremías en el patio de la guardia y le dieran una torta de pan al día de la calle de los panaderos, hasta que se acabara todo el pan en la ciudad. Y permaneció Jeremías en el patio de la guardia.

Jeremías en la cisterna

38:1 Y oyeron Sefatías, hijo de Matán, Gedalías, hijo de Pasur, Jucal, hijo de Selemías, y Pasur, hijo de Malquías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo: Así dice el Señor: “El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de pestilencia, pero el que se pase a los caldeos, vivirá y tendrá su vida por botín y seguirá viviendo.” Así dice el Señor: “Ciertamente esta ciudad será entregada en manos del ejército del rey de Babilonia, y él la tomará.”Entonces dijeron los oficiales al rey: Den muerte ahora a este hombre, porque él desanima a[h] los hombres de guerra que quedan en esta ciudad y a[i] todo el pueblo diciéndoles tales palabras; pues este hombre no busca el bien de este pueblo, sino el mal. Y el rey Sedequías dijo: He aquí, él está en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. Tomando ellos a Jeremías, lo echaron en la cisterna de Malaquías, hijo del rey, que había en el patio de la guardia, y bajaron a Jeremías con cuerdas. En la cisterna no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo. Al oír Ebed-melec el etíope, eunuco[j] del palacio[k] del rey, que habían echado a Jeremías en la cisterna, estando el rey sentado a la puerta de Benjamín, salió Ebed-melec del palacio real y habló al rey, diciendo: Oh rey, mi señor, estos hombres han obrado mal en todo lo que han hecho al profeta Jeremías echándolo en la cisterna; morirá[l] donde está a causa del hambre, porque no hay más pan en la ciudad. 10 Entonces el rey ordenó al etíope Ebed-melec, diciendo: Toma bajo tu mando[m] tres[n] hombres de aquí, y saca al profeta Jeremías de la cisterna antes que muera. 11 Ebed-melec tomó a los hombres bajo su mando[o], entró en el palacio del rey al lugar debajo del cuarto del tesoro[p] y tomó de allí ropas raídas y trapos viejos, y con sogas los bajó a Jeremías en la cisterna. 12 Y el etíope Ebed-melec dijo a Jeremías: Ponte ahora estas ropas raídas y trapos bajo tus brazos, debajo de las sogas; y así lo hizo Jeremías. 13 Tiraron de Jeremías con las sogas y lo subieron de la cisterna. Y quedó Jeremías en el patio de la guardia.

El rey consulta a Jeremías

14 Entonces el rey Sedequías mandó traer ante sí al profeta Jeremías a la entrada tercera que había en la casa del Señor; y dijo el rey a Jeremías: Voy a preguntarte una cosa; no me ocultes nada. 15 Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te la hago saber, ¿no es cierto que me matarás? Y si te doy un consejo, no me escucharás. 16 Pero el rey Sedequías juró en secreto a Jeremías, diciendo: Vive el Señor, que nos dio esta vida[q], que ciertamente no te mataré ni te entregaré en manos de esos hombres que buscan tu vida[r].

17 Y Jeremías dijo a Sedequías: Así dice el Señor, Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: “Si en verdad te pasas[s] a los oficiales del rey de Babilonia, entonces vivirás[t], y esta ciudad no será incendiada, y vivirás, tú y tu casa. 18 Pero si no te pasas[u] a los oficiales del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en manos de los caldeos; ellos la incendiarán y tú no escaparás de su mano.” 19 Entonces dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a[v]los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me maltraten. 20 Pero Jeremías dijo: No te entregarán. Te ruego que escuches la voz del Señor en lo que te digo, y te irá bien y vivirás[w]. 21 Mas si sigues rehusando pasarte, esta es la palabra que el Señor me ha mostrado: 22 “He aquí, todas las mujeres que quedan en el palacio del rey de Judá, serán llevadas a los oficiales[x] del rey de Babilonia, y ellas dirán:

‘Te han engañado y han prevalecido contra ti;
tus buenos amigos[y],
mientras tus pies estaban hundidos en el lodo,
se volvieron atrás.’

23 “Y todas tus mujeres y tus hijos serán llevados a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que serás apresado por la mano del rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada.”

24 Entonces Sedequías dijo a Jeremías: Que nadie sepa de estas palabras, y no morirás. 25 Pero si los oficiales se enteran de que he hablado contigo, y vienen a ti y te dicen: “Dinos ahora lo que dijiste al rey y lo que el rey te dijo, no nos loocultes, y no te mataremos”, 26 tú les dirás: “Presentaba al rey mi súplica de que no me hiciera volver a la casa de Jonatán, a morir allí.” 27 Luego vinieron todos los oficiales a Jeremías y lo interrogaron. Y él les informó conforme a todas estas palabras que el rey le había ordenado; y no volvieron a preguntarle, ya que de la conversación no se sabía nada[z]. 28 Así Jeremías quedó en el patio de la guardiahasta el día en que Jerusalén fue tomada.

Caída de Jerusalén

39:1 [aa]Y aconteció que Jerusalén fue tomada [ab]en el año noveno de Sedequías, rey de Judá, en el décimo mes, cuando vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron. En el año undécimo de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve días del mes, se abrió brecha en el murode la ciudad. Y entraron todos los oficiales del rey de Babilonia y se sentaron en la puerta Central: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarse-quim el Rabsaris[ac], Nergal-sarezer el Rabmag[ad] y todos los demás oficiales del rey de Babilonia. Y sucedió que cuando los vieron Sedequías, rey de Judá, y todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de la ciudad de noche por el camino del jardín del rey, por la puerta entre los dos muros; y se fueron[ae] por el camino del Arabá[af]. Pero el ejército de los caldeos los persiguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos[ag] de Jericó; lo apresaron y lo llevaron a Ribla en la tierra de Hamat, donde Nabucodonosor, rey de Babilonia, dictó sentencia contra él. Entonces el rey de Babilonia degolló a los hijos de Sedequías ante sus ojos en Ribla; también el rey de Babilonia degolló a todos los nobles de Judá. Después sacó los ojos a Sedequías y lo ató con grillos de bronce para llevarlo a Babilonia. Y los caldeos prendieron fuego al palacio[ah] del rey y a las casas del pueblo y derribaron los muros de Jerusalén. Y en cuanto al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, a los desertores que se habían pasado[ai] a él, y los demás del pueblo que quedaban, Nabuzaradán, capitán de la guardia, los llevó cautivos a Babilonia.10 Pero a algunos de los más pobres del pueblo que no tenían nada, Nabuzaradán, capitán de la guardia, los dejó en la tierra de Judá, y aquel día les dio viñas y campos.

11 Y dio órdenes Nabucodonosor, rey de Babilonia, a[aj] Nabuzaradán, capitán de la guardia, respecto a Jeremías, diciendo: 12 Tómalo y vela por él[ak], y no le hagas daño alguno; sino que harás con él conforme a lo que él mismo te diga.13 Entonces dio[al] órdenes Nabuzaradán, capitán de la guardia, juntamente con Nebusazbán el Rabsaris[am], y Nergal-sarezer el Rabmag[an], y todos los oficiales principales del rey de Babilonia; 14 y enviaron a sacar a Jeremías del patio de la guardia y lo pusieron al cuidado de Gedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo llevara a casa. Y se quedó en medio del pueblo.

15 Y la palabra del Señor había venido a Jeremías mientras estaba detenido en el patio de la guardia, diciendo: 16 Ve y habla al etíope Ebed-melec, diciendo: “Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘He aquí, traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal y no para bien; y se cumplirán delante de ti en aquel día.17 ‘Pero yo te libraré en aquel día’ —declara el Señor— ‘y no serás entregado en manos de los hombres que temes. 18 ‘Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada; antes bien, tendrás tu vida por botín, porque confiaste en mí’ —declara elSeñor.”

Notas al pie:

  1. Jeremías 37:2 Lit., mano
  2. Jeremías 37:12 O, parte en la división
  3. Jeremías 37:13 Lit., caer con
  4. Jeremías 37:14 Lit., caer con
  5. Jeremías 37:16 Lit., la casa de la cisterna
  6. Jeremías 37:17 Lit., envió y lo tomó
  7. Jeremías 37:20 Lit., caiga
  8. Jeremías 38:4 Lit., debilita las manos de
  9. Jeremías 38:4 Lit., las manos de
  10. Jeremías 38:7 U, oficial
  11. Jeremías 38:7 Lit., casa, y así en el resto del cap.
  12. Jeremías 38:9 En el T.M., ha muerto
  13. Jeremías 38:10 Lit., en tu mano
  14. Jeremías 38:10 Así en un ms.; en el texto heb., treinta
  15. Jeremías 38:11 Lit., mano
  16. Jeremías 38:11 O, despensa
  17. Jeremías 38:16 Lit., hizo esta alma
  18. Jeremías 38:16 Lit., hizo esta alma
  19. Jeremías 38:17 Lit., sales
  20. Jeremías 38:17 Lit., tu alma vivirá
  21. Jeremías 38:18 Lit., no sales
  22. Jeremías 38:19 Lit., caído con
  23. Jeremías 38:20 Lit., y tu alma viva
  24. Jeremías 38:22 O, príncipes
  25. Jeremías 38:22 Lit., los hombres de tu paz
  26. Jeremías 38:27 Lit., la palabra no se había oído
  27. Jeremías 39:1 En el texto heb., cap. 38:28b
  28. Jeremías 39:1 En el texto heb., cap. 39:1
  29. Jeremías 39:3 I.e., oficial principal
  30. Jeremías 39:3 I.e., título de un alto oficial
  31. Jeremías 39:4 Lit., y salió; veáse cap. 52:7
  32. Jeremías 39:4 I.e., valle del Jordán
  33. Jeremías 39:5 Lit., el Arabá
  34. Jeremías 39:8 Lit., casa
  35. Jeremías 39:9 Lit., caídos que habían caído
  36. Jeremías 39:11 O, por mano de
  37. Jeremías 39:12 Lit., pon tus ojos en él
  38. Jeremías 39:13 Lit., envió
  39. Jeremías 39:13 I.e., oficial principal
  40. Jeremías 39:13 I.e., título de un alto oficial
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Promesas de restauración

Jeremías 33-36

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Promesas de restauración

33:1 Vino la palabra del Señor a Jeremías por segunda vez, mientras él estaba aún detenido[a] en el patio de la guardia, diciendo: Así dice el Señor que hizo la tierra[b], el Señor que la formó para establecerla; el Señor es su nombre: “Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces.” Porque así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de las casas de esta ciudad y acerca de las casas de los reyes de Judá que han sido derribadas para hacer defensas contra los terraplenes de asalto y contra la espada: “Mientras ellos vienen a pelear contra los caldeos y a llenarlas con los cadáveres de los hombres que herí en mi ira y en mi furor, pues yo había escondido mi rostro de esta ciudad a causa de toda su maldad, he aquí, yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad. “Restauraré el bienestar[c]de Judá y el bienestar[d] de Israel y los reedificaré como eran al principio. “Los limpiaré de toda la maldad que cometieron contra mí, y perdonaré todas las iniquidades con que pecaron contra mí y con las que se rebelaron contra mí. “Yla ciudad será para mí un nombre de gozo, de alabanza y de gloria ante todas las naciones de la tierra, que oirán de todo el bien que yo le hago, y temerán y temblarán a causa de todo el bien y de toda la paz que yo le doy[e].”

10 Así dice el Señor: “En este lugar, del cual decís vosotros: ‘Es una desolación, sin hombres y sin animales’, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén que están desoladas, sin hombres, sin habitantes y sin animales, se oirá de nuevo11 voz de gozo y voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de los que dicen:

‘Dad gracias al Señor de los ejércitos,
porque el Señor es bueno,
porque para siempre es su misericordia’;

y de los que traen ofrenda de acción de gracias a la casa del Señor. Porque restauraré el bienestar[f] de esta[g] tierra como fueron al principio” —dice el Señor.

12 Así dice el Señor de los ejércitos: “En este lugar desolado, sin hombres y sin animales, y en todas sus ciudades, habrá de nuevo morada[h] de pastores que hagan descansar sus rebaños. 13 “En las ciudades de la región montañosa, en las ciudades de la llanura, en las ciudades del Neguev[i], en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén y en las ciudades de Judá, volverán a pasar las ovejas bajo las manos del que las cuenta” —declara el Señor.

14 “He aquí, vienen días” —declara el Señor— “en que cumpliré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. 15 “En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar de David un Renuevo justo, y El hará juicio y justicia en la tierra. 16 “En aquellos días estará a salvo Judá, y Jerusalén morará segura, y estees el nombre con el cual será llamada: el Señor, justicia nuestra.” 17 Porque así dice el Señor: “Nunca le faltará a David[j] quien se siente sobre el trono de la casa de Israel; 18 y a los sacerdotes levitas nunca les faltará[k] quien en presencia mía ofrezca holocausto, queme ofrendas de cereal y prepare sacrificios todos los días.”

19 Y vino palabra del Señor a Jeremías, diciendo: 20 Así dice el Señor: “Si pudierais romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche no vinieran a su tiempo, 21 entonces también se podría romper mi pacto con mi siervo David, y él no tendría hijo para reinar sobre su trono con los sacerdotes levitas, mis ministros. 22 “Como no se puede contar el ejército del cielo, ni se puede medir la arena del mar, así multiplicaré la descendencia[l] de mi siervo David y de los levitas que me sirven.”

23 Y vino palabra del Señor a Jeremías, diciendo: 24 ¿No has observado lo que este pueblo ha hablado, diciendo: “Las dos familias que el Señor escogió, las ha desechado”? Desprecian a mi pueblo, ya no son una nación ante sus ojos[m]. 25 Así dice el Señor: “Si no permanece mi pacto con el día y con la noche, y si no he establecido las leyes[n] del cielo y de la tierra, 26 entonces[o] desecharé la descendencia[p] de Jacob y de mi siervo David, para no tomar de[q] su descendencia[r] quien gobierne sobre la descendencia[s] de Abraham, de Isaac y de Jacob. Pero yo restauraré su bienestar[t] y tendré de ellos misericordia.”

Profecía contra Sedequías

34:1 Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, y todo su ejército y todos los reinos de la tierra que estaban bajo su dominio y todos los pueblos peleaban contra Jerusalén y contra todas sus ciudades, diciendo: Así dice el Señor, Dios de Israel: “Ve y habla a Sedequías, rey de Judá, y dile: ‘Así dice el Señor: “He aquí, yo entrego esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y él le prenderá fuego. “Y tú no escaparás de su mano, sino que ciertamente serás capturado y entregado en su mano; tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y él te hablará cara a cara[u], y a Babilonia irás.”’” Sin embargo, oye la palabra del Señor, oh Sedequías, rey de Judá. Así dice el Señoracerca de ti: “No morirás a espada; en paz morirás. Como quemaron especiaspor tus padres, los reyes anteriores que te precedieron, así quemarán especiaspor ti, y con ‘¡Ay, señor!’ harán lamento por ti”: Porque yo he hablado la palabra —declara el Señor.

Entonces habló el profeta Jeremías a Sedequías, rey de Judá, todas estas palabras en Jerusalén mientras el ejército del rey de Babilonia peleaba contra Jerusalén y contra todas las ciudades que quedaban en Judá, es decir, Laquis y Azeca, pues sólo éstas quedaban como ciudades fortificadas entre las ciudades de Judá.

Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, después que el rey Sedequías había hecho un pacto con todo el pueblo que había en Jerusalén para proclamarles libertad: que cada uno debía poner en libertad a su siervo y a su sierva hebreos, para que nadie retuviera a un judío, hermano suyo, en servidumbre. 10 Y obedecieron todos los oficiales y todo el pueblo que habían entrado en el pacto, de que cada uno dejara en libertad a su siervo y cada uno a su sierva, de modo que nadie los mantuviera más en servidumbre; obedecieron ylos pusieron en libertad. 11 Pero después se arrepintieron y volvieron a tomar a los siervos y a las siervas a quienes habían dejado en libertad, y los redujeron a servidumbre como siervos y como siervas.

12 Entonces vino la palabra del Señor a Jeremías[v], diciendo: 13 Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo hice un pacto con vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre[w], diciendo: 14 ‘Al cabo de siete años cada uno de vosotros pondrá en libertad al hermano hebreo que le[x] fue vendido[y]y que le[z] ha servido por seis años, y lo enviará libre de junto a sí[aa]; pero vuestros padres no me escucharon, ni inclinaron su oído. 15 ‘Aunque recientemente os habíais arrepentido y habíais hecho lo que es recto ante mis ojos, cada uno proclamando libertad a su prójimo, habiendo hecho un pacto delante de mí en la casa que es llamada por mi nombre, 16 ahora[ab] os habéis vuelto atrás y profanado mi nombre, y cada uno ha tomado de nuevo[ac] a su siervo y cada uno a su sierva, a quienes habíais dejado libres según su deseo, y los habéis reducido a servidumbre como siervos y como siervas.’”

17 Por tanto, así dice el Señor: “Vosotros no me habéis obedecido proclamando libertad cada uno a su hermano y cada uno a su prójimo. He aquí, proclamo contra vosotros libertad” —declara el Señor— “a la espada, a la pestilencia y al hambre; y haré de vosotros motivo de espanto para todos los reinos de la tierra.18 “Y entregaré a los hombres que han transgredido mi pacto, que no han cumplido las palabras del pacto que hicieron delante de mí, cuando cortaron en dos el becerro y pasaron entre los pedazos, 19 a los oficiales de Judá, a los oficiales de Jerusalén, a los oficiales de la corte, a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra que pasaron entre los pedazos del becerro; 20 y los entregaré en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida. Sus cadáveres servirán de comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra. 21 “Y a Sedequías, rey de Judá, y a sus oficiales los entregaré en manos de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida y en manos del ejército del rey de Babilonia, que se ha retirado de vosotros. 22 “He aquí, daré órdenes” —declara elSeñor— “y los haré volver a esta ciudad, y pelearán contra ella, la tomarán y le prenderán fuego; y haré de las ciudades de Judá una desolación sin habitantes.”

Ejemplo de los recabitas

35:1 Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor en los días de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: Ve a la casa de los recabitas, habla con ellos, llévalos a la casa del Señor, a una de las cámaras, y dales a beber vino.Entonces tomé a Jaazanías, hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, y a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la casa de los recabitas, y los llevé a la casa del Señor, a la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, hombre de Dios, la cual estaba cerca de la cámara de los oficiales, que estaba encima de la cámara de Maasías, hijo de Salum, guarda del umbral. Entonces puse delante de los hombres[ad] de la casa de los recabitas jarras llenas de vino y tazas, y les dije: Bebed vino. Mas ellos dijeron: No beberemos vino, porque Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos ordenó, diciendo: “No beberéis vino jamás, ni vosotros ni vuestros hijos. “No edificaréis casa, ni sembraréis simiente, ni plantaréis viña, ni poseeréis ninguna, sino que habitaréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días en la tierra donde sois peregrinos.” Y nosotros hemos obedecido la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en todo lo que él nos mandó de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas, y de no edificarnos casa en donde morar, y de no tener viña, ni campo, ni sementera. 10 Hemos habitado solamente en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todo lo que nos mandó nuestro padre Jonadab. 11 Pero sucedió que cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra la tierra, dijimos: “Venid y huyamos a Jerusalén ante el ejército de los caldeos y ante el ejército de Aram.” Por eso habitamos en Jerusalén.

12 Entonces vino palabra del Señor a Jeremías, diciendo: 13 Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ‘¿No aprenderéis a escuchar mis palabras?’ —declara el Señor.14 ‘Las palabras de Jonadab, hijo de Recab, que mandó a sus hijos de no beber vino, son guardadas. Por eso no beben vino hasta hoy, porque han obedecido el mandato de su padre. Pero yo os he hablado repetidas veces[ae], con todo no me habéis escuchado. 15 ‘También os he enviado a todos mis siervos los profetas, enviándolos repetidas veces[af], a deciros: “Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, enmendad vuestras obras y no vayáis tras otros dioses para adorarlos, y habitaréis en la tierra que os he dado, a vosotros y a vuestros padres; pero no inclinasteis vuestro oído, ni me escuchasteis. 16 “Ciertamente los hijos de Jonadab, hijo de Recab, han guardado el mandato que su padre les ordenó, pero este pueblo no me ha escuchado.”’” 17 Por tanto así dice el Señor, Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: “He aquí, traigo sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén toda la calamidad que he pronunciado contra ellos, porque les hablé, pero no escucharon, y los llamé, pero no respondieron.”

18 Entonces Jeremías dijo a la casa de los recabitas: Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Por cuanto habéis obedecido el mandato de vuestro padre Jonadab, guardando todos sus mandatos y haciendo conforme a todo lo que él os ordenó, 19 por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘A Jonadab, hijo de Recab, no le faltará hombre que esté delante de mí todos los días.’”

El rollo de Jeremías leído en el templo

36 Y sucedió que en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra a Jeremías de parte del Señor, diciendo: Toma un rollo[ag] y escribe en él todas las palabras que te he hablado acerca de Israel, acerca de Judá y acerca de todas las naciones, desde el día que te hablé, desde los días de Josías, hasta hoy. Tal vez la casa de Judá oiga toda la calamidad que pienso traer sobre ellos, y se vuelva cada uno de su mal camino; entonces perdonaré su iniquidad y su pecado.

Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y Baruc escribió al dictado[ah] de Jeremías, en un rollo[ai], todas las palabras que el Señor le había hablado. Y Jeremías dio órdenes a Baruc diciendo: Estoy detenido[aj]; no puedo entrar en la casa del Señor. Ve, pues, y lee en el rollo que has escrito al dictado mío[ak], las palabras del Señor a oídos del pueblo, en la casa del Señor un día de ayuno. Y también las leerás a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades. Tal vez su súplica llegue[al] delante del Señor, y todos se vuelvan de su mal camino, porque grande es la ira y el furor que el Señor ha pronunciado contra este pueblo.Y Baruc, hijo de Nerías, hizo conforme a todo lo que el profeta Jeremías le había mandado, y leyó en el libro las palabras del Señor, en la casa del Señor.

Y[am] en el año quinto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, proclamaron ayuno delante del Señor a todo el pueblo en Jerusalén y a todo el pueblo que vino de las ciudades de Judá a Jerusalén. 10 Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías a oídos de todo el pueblo en la casa del Señor, en la cámara de Gemarías, hijo del escriba Safán, en el atrio superior, a la entrada de la puerta Nueva de la casa del Señor.

11 Al oír Micaías, hijo de Gemarías, hijo de Safán, todas las palabras del Señor que estaban en el libro, 12 descendió a la casa del rey, a la cámara del escriba. Y he aquí, estaban sentados allí todos los oficiales: el escriba Elisama, Delaía, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Acbor, Gemarías, hijo de Safán, Sedequías, hijo de Ananías, y todos los demás oficiales. 13 Y Micaías les declaró todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo. 14 Entonces todos los oficiales enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, a decir a Baruc: Toma en tu mano el rollo en el que has leído a oídos del pueblo y ven. Y Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano y fue a ellos. 15 Y le dijeron: Siéntate ahora, y léenoslo. Y Baruc se lo leyó. 16 Y sucedió que cuando oyeron todas las palabras, se miraron unos a otros atemorizados, y dijeron a Baruc: Ciertamente haremos saber al rey todas estas palabras. 17 Y preguntaron a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste todas estas palabras. ¿Fue al dictado suyo[an]? 18 Baruc les respondió: El me dictó todas estas palabras y yo las escribí con tinta en el libro. 19 Entonces los oficiales dijeron a Baruc: Ve, escóndete, tú y Jeremías, y que nadie sepa donde estáis.

El rollo quemado y escrito de nuevo

20 Y entraron al atrio donde estaba el rey, después de haber depositado el rollo en la cámara del escriba Elisama, y contaron a oídos del rey todas las palabras.21 Entonces envió el rey a Jehudí a buscar el rollo, y éste lo tomó de la cámara del escriba Elisama. Y Jehudí lo leyó al rey y a todos los oficiales que estaban junto al rey. 22 Y el rey estaba sentado en la casa de invierno (era el mes noveno), y había un brasero encendido delante de él. 23 Y sucedía que después que Jehudí había leído tres o cuatro columnas, el rey lo cortaba con el cuchillo del escriba y loechaba al fuego que estaba en el brasero, hasta terminar con todo el rollo en el fuego que estaba en el brasero. 24 Ni el rey ni ninguno de sus siervos que oyeron todas estas palabras tuvieron temor ni rasgaron sus vestiduras. 25 Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo caso. 26 Luego el rey ordenó a Jerameel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, prender al escriba Baruc y al profeta Jeremías, pero elSeñor los escondió.

27 Entonces vino la palabra del Señor a Jeremías, después que el rey había quemado el rollo y las palabras que Baruc había escrito al dictado de Jeremías, diciendo: 28 Vuelve a tomar otro rollo y escribe en él todas las palabras que antes había en el primer rollo que quemó Joacim, rey de Judá. 29 Y a Joacim, rey de Judá, dirás: “Así dice el Señor: ‘Tú has quemado este rollo, diciendo: “¿Por qué has escrito en él que[ao] ciertamente vendrá el rey de Babilonia y destruirá esta tierra, y hará desaparecer de ella a hombres y animales?”’ 30 “Por tanto, así dice elSeñor acerca de Joacim, rey de Judá: ‘No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cadáver quedará tirado al calor del día y a la escarcha de la noche.31 ‘Lo castigaré, a él, a su descendencia[ap] y a sus siervos por su iniquidad, y traeré sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre los hombres de Judá toda la calamidad que les he anunciado, sin que ellos escucharan.’” 32 Entonces Jeremías tomó otro rollo y se lo dio al escriba Baruc, hijo de Nerías, y éste escribió en él al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que Joacim, rey de Judá, había quemado en el fuego, y aun se le añadieron muchas palabras semejantes[aq].

Notas al pie:

  1. Jeremías 33:1 Lit., encerrado
  2. Jeremías 33:2 Lit., la hizo
  3. Jeremías 33:7 O, Haré volver a los cautivos
  4. Jeremías 33:7 O, Haré volver a los cautivos
  5. Jeremías 33:9 Lit., hago
  6. Jeremías 33:11 O, haré volver a los cautivos
  7. Jeremías 33:11 Lit., la
  8. Jeremías 33:12 O, pastizal
  9. Jeremías 33:13 I.e., región del sur
  10. Jeremías 33:17 Lit., No será cortado a David
  11. Jeremías 33:18 Lit., no será cortado a los sacerdotes levitas
  12. Jeremías 33:22 Lit., simiente
  13. Jeremías 33:24 Lit., rostros
  14. Jeremías 33:25 Lit., los estatutos
  15. Jeremías 33:26 Lit., también
  16. Jeremías 33:26 Lit., simiente
  17. Jeremías 33:26 Lit., de tomar a
  18. Jeremías 33:26 Lit., simiente
  19. Jeremías 33:26 Lit., simiente
  20. Jeremías 33:26 O, haré volver a sus cautivos
  21. Jeremías 34:3 Lit., boca a boca
  22. Jeremías 34:12 Así en algunas versiones antiguas; el T.M. agrega: de parte del Señor
  23. Jeremías 34:13 Lit., esclavos
  24. Jeremías 34:14 Lit., te
  25. Jeremías 34:14 O, se vendió a ti
  26. Jeremías 34:14 Lit., te
  27. Jeremías 34:14 Lit., ti
  28. Jeremías 34:16 Lit., y
  29. Jeremías 34:16 Lit., hizo que volvieran
  30. Jeremías 35:5 Lit., hijos
  31. Jeremías 35:14 Lit., madrugando y hablando
  32. Jeremías 35:15 Lit., madrugando y hablando
  33. Jeremías 36:2 Lit., rollo de libro
  34. Jeremías 36:4 Lit., de la boca
  35. Jeremías 36:4 Lit., rollo de libro
  36. Jeremías 36:5 Lit., encerrado
  37. Jeremías 36:6 Lit., de mi boca
  38. Jeremías 36:7 Lit., caiga
  39. Jeremías 36:9 Lit., Y sucedió que
  40. Jeremías 36:17 Lit., de su boca, y así en el resto del cap.
  41. Jeremías 36:29 Lit., diciendo
  42. Jeremías 36:31 Lit., simiente
  43. Jeremías 36:32 Lit., como aquellas
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Promesa de liberación

Jeremías 30-32

9781586403546

Promesa de liberación

30:1 Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo: Así dice el Señor, Dios de Israel: “Escribe en un libro todas las palabras que te he hablado.“Porque, he aquí, vienen días”, —declara el Señor— “cuando restauraré el bienestar[a] de mi pueblo, Israel y Judá.” El Señor dice: “También los haré volver a la tierra que di a sus padres, y la poseerán.”

Estas son las palabras que el Señor habló acerca de Israel y de Judá: Porque así dice el Señor:

“He oído voces[b] de terror,
de pánico, y no de paz.
“Preguntad ahora, y ved
si da a luz el varón.
¿Por qué veo a todos los hombres
con las manos sobre sus lomos, como mujer de parto
y se han puesto pálidos todos los rostros?
“¡Ay! porque grande es aquel día,
no hay otro semejante a él;
es tiempo de angustia para Jacob,
mas de ella será librado.

“Y acontecerá en aquel día” —declara el Señor de los ejércitos— “que quebraré el yugo de su[c] cerviz y romperé sus[d] coyundas, y extraños no lo esclavizarán más, sino que servirán al Señor su Dios, y a David su rey, a quien yo levantaré para ellos.

10 “Así que tú no temas, siervo mío Jacob” —declara el Señor
“ni te atemorices, Israel;
porque he aquí, te salvaré de lugar remoto,
y a tu descendencia[e] de la tierra de su cautiverio.
Y volverá Jacob, y estará tranquilo
y seguro, y nadie lo atemorizará.
11 “Porque yo estoy contigo” —declara el Señor— “para salvarte;
pues acabaré con todas las naciones entre las que te he esparcido,
pero no acabaré contigo,
sino que te castigaré con justicia;
de ninguna manera te dejaré sin castigo.”

12 Porque así dice el Señor:

“Incurable es tu quebranto,
y grave tu herida.
13 No hay quien defienda tu causa;
para una llaga hay cura,
pero no hay mejoría para ti.
14 “Todos tus amantes te han olvidado,
ya no te buscan;
porque con herida de enemigo te han herido,
con castigo de hombre cruel,
por lo grande de tu iniquidad
y lo numeroso de tus pecados.
15 “¿Por qué gritas a causa de tu quebranto?
Tu dolor es incurable.
Por lo grande de tu iniquidad
y lo numeroso de tus pecados,
te he hecho esto.
16 “Por tanto, todos los que te devoran serán devorados,
y todos tus adversarios, todos ellos, irán al cautiverio;
todos los que te saquean serán saqueados,
y a todos los que te despojan los daré al despojo.
17 “Porque yo te devolveré la salud[f],
y te sanaré de tus heridas” —declara el Señor
“porque te han llamado desechada, diciendo:
‘Esta es Sion, nadie se preocupa por ella[g].’”

18 Así dice el Señor:

“He aquí, restauraré el bienestar[h] de las tiendas de Jacob,
y tendré misericordia de sus moradas;
será reedificada la ciudad sobre sus ruinas,
y el palacio se asentará como estaba.
19 “Saldrá de ellos canto de acción de gracias
y voz de los que se divierten;
los multiplicaré y no disminuirán,
los honraré y no serán menospreciados.
20 “Y serán sus hijos como antes,
su congregación delante de mí será confirmada,
y castigaré a todos sus opresores.
21 “Será su guía uno de ellos,
su gobernante de en medio de ellos[i] saldrá,
y lo haré acercarse y él se llegará a mí;
porque ¿quién se atrevería a arriesgar su vida[j] para llegarse a mí?” —declara el Señor.
22 “Y vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.”

23 He aquí, la tempestad del Señor
con furor ha salido;
una tempestad devastadora[k]
descargará sobre la cabeza de los malvados.
24 La ardiente ira del Señor no se aplacará
hasta que haya hecho y cumplido
los propósitos de su corazón;
en los postreros días entenderéis esto.

Gozo en lugar de duelo

31:1 En aquel tiempo —declara el Señor— yo seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellos serán mi pueblo. Así dice el Señor:

Ha hallado gracia en el desierto
el pueblo que escapó[l] de la espada,
Israel, cuando iba en busca de su reposo.
Desde lejos el Señor se le[m] apareció, diciendo:
Con amor eterno te he amado,
por eso te he atraído con misericordia.
De nuevo te edificaré, y serás reedificada,
virgen de Israel;
de nuevo tomarás[n] tus panderos,
y saldrás a las danzas con[o] los que se divierten.
De nuevo plantarás viñas
en los montes de Samaria;
los plantadores las plantarán
y las disfrutarán[p].
Porque habrá un día en que clamarán los guardas
en la región montañosa de Efraín:
“Levantaos y subamos a Sion,
al Señor nuestro Dios.”

Porque así dice el Señor:

Gritad con alegría por Jacob,
y dad voces por la primera de las naciones;
proclamad, dad alabanza, y decid:
“Oh Señor, salva a tu pueblo,
al remanente de Israel.”
He aquí, yo los traigo del país del norte,
y los reuniré de los confines de la tierra,
entre ellos los ciegos y los cojos,
la mujer encinta y también la que está dando a luz;
una gran compañía[q] volverá acá.
Con llanto vendrán,
y entre súplicas los guiaré;
los haré andar junto a arroyos de aguas,
por camino derecho en el cual no tropezarán;
porque soy un padre para Israel,
y Efraín es mi primogénito.

10 Oíd, naciones, la palabra del Señor,
anunciad en las costas lejanas,
y decid: El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo guardará como un pastor a su rebaño.
11 Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
y lo ha redimido de manos más fuertes que él.
12 Vendrán y gritarán de júbilo en lo alto de Sion,
y radiarán de gozo por la bondad del Señor:
por el grano, por el vino y por el aceite,
y por las crías de las ovejas y de las vacas.
Su alma será como huerto regado,
y nunca más languidecerán.
13 Entonces la virgen se alegrará en la danza,
y los jóvenes y los ancianos a una;
cambiaré su duelo en gozo,
los consolaré y los alegraré de su tristeza.
14 Y llenaré[r] con abundancia[s] el alma de los sacerdotes,
y mi pueblo se saciará de mi bondad —declara el Señor.

15 Así dice el Señor:

Se oye una voz en Ramá,
lamento y llanto amargo.
Raquel llora por sus hijos;
rehúsa ser consolada, por sus hijos
que ya no existen.

16 Así dice el Señor:

Reprime tu voz del llanto,
y tus ojos de las lágrimas;
hay pago para tu trabajo —declara el Señor—,
pues volverán de la tierra del enemigo.
17 Y hay esperanza para tu porvenir —declara el Señor—,
los hijos volverán a su territorio.
18 Ciertamente he oído a Efraín lamentarse:
“Me has castigado, y castigado fui
como becerro indómito.
Hazme volver para que sea restaurado,
pues tú, Señor, eres mi Dios.
19 “Porque después que me aparté[t], me arrepentí,
y después que comprendí, me di golpes en el muslo;
me avergoncé y también me humillé,
porque llevaba el oprobio de mi juventud.”
20 ¿No es Efraín mi hijo amado?
¿No es un niño encantador?
Pues siempre que hablo contra él,
lo recuerdo aún más;
por eso mis entrañas se conmueven por él,
ciertamente tendré de él misericordia —declara el Señor.

21 Levanta para ti señales,
coloca para ti majanos;
presta atención[u] a la calzada,
al camino que anduviste.
Vuelve, virgen de Israel,
vuelve a estas tus ciudades.
22 ¿Hasta cuándo andarás errante,
hija infiel?
Porque el Señor ha creado algo nuevo en la tierra:
la mujer rodeará al hombre.

23 Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Otra vez hablarán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo restaure su bienestar[v]:

“El Señor te bendiga, morada de justicia,
monte santo.”

24 Y morarán juntamente en ella Judá y todas sus ciudades, los labradores y los que van con los rebaños. 25 Porque yo he de satisfacer al alma cansada y he de saciar[w] a toda alma atribulada. 26 En esto me desperté y miré, y mi sueño me resultó agradable.

El nuevo pacto

27 He aquí, vienen días —declara el Señor— en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. 28 Y[x] como velé sobre ellos para arrancar y para derribar, para derrocar, para destruir y para traer calamidad, así velaré sobre ellos para edificar y para plantar —declara el Señor.29 En aquellos días no dirán más:

“Los padres comieron uvas agrias,
y los dientes de los hijos tienen dentera[y]”,

30 sino que cada cual por su propia iniquidad morirá; los dientes de todo hombre que coma uvas agrias tendrán dentera[z]. 31 He aquí, vienen días —declara el Señor— en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, 32 no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos —declara el Señor; 33 porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande —declara el Señor— pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado.

35 Así dice el Señor,

el que da el sol para luz del día,
y las leyes[aa] de la luna y de las estrellas para luz de la noche,
el que agita el mar para que bramen sus olas;
el Señor de los ejércitos es su nombre:
36 Si se apartan estas leyes[ab]
de mi presencia —declara el Señor
también la descendencia de Israel dejará
de ser nación en mi presencia para siempre[ac].

37 Así dice el Señor:

Si los cielos arriba pueden medirse,
y explorarse abajo los cimientos de la tierra,
también yo desecharé toda la descendencia de Israel
por todo lo que hicieron —declara el Señor.

38 He aquí, vienen días —declara el Señor— en que la ciudad será reedificada para el Señor, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Angulo. 39 Y el cordel de medir saldrá más allá, directamente hasta la colina de Gareb, y girará hasta Goa.40 Y todo el valle de los cadáveres y de las cenizas, y todos los campos hasta el arroyo Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos hacia el oriente, serán santos al Señor. La ciudad no será arrancada ni derribada nunca jamás.

Jeremías compra un campo en Anatot

32:1 Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor en el año décimo de Sedequías, rey de Judá, que fue el año dieciocho de Nabucodonosor. En aquel tiempo el ejército del rey de Babilonia tenía sitiada a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba encerrado en el patio de la guardia, que estaba en la casa del rey de Judá, porque Sedequías, rey de Judá, lo había encerrado, diciendo: ¿Por qué profetizas, diciendo: “Así dice el Señor: ‘He aquí, voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y él la tomará; y Sedequías, rey de Judá, no escapará de la mano de los caldeos, sino que ciertamente será entregado en manos del rey de Babilonia que hablará con él cara a cara[ad], y sus ojos verán sus ojos; y él llevará a Sedequías a Babilonia, y allí estará hasta que yo lo visite’ —declara el Señor— ‘si peleáis contra los caldeos, no tendréis éxito’”?

Y Jeremías dijo: Vino a mí la palabra del Señor, diciendo: “He aquí, Hanameel, hijo de tu tío Salum, viene a ti, diciendo: ‘Cómprate el campo que tengo en Anatot, porque tú tienes el derecho de rescate para comprarlo.’” Y vino a mí Hanameel, hijo de mi tío, al patio de la guardia conforme a la palabra del Señor, y me dijo: “Te ruego que compres el campo que tengo en Anatot, que está en la tierra de Benjamín, porque tú tienes el derecho de posesión y el rescate es tuyo; cómpralo para ti.” Entonces supe que esta era la palabra del Señor. Y compré a Hanameel, hijo de mi tío, el campo que estaba en Anatot, y le pesé la plata, diecisiete siclos[ae]de plata. 10 Firmé la escritura y la[af] sellé, llamé testigos y pesé la plata en la balanza. 11 Luego tomé la escritura de compra, la copia sellada con los términos y condiciones, y también la copia abierta; 12 y di la escritura de compra a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, en presencia de Hanameel, hijo de mi tío, en presencia de los testigos que firmaron la escritura de compra y en presencia de todos los judíos que se encontraban en el patio de la guardia. 13 Y di orden a Baruc en presencia de ellos, diciendo: 14 “Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Toma estas escrituras, esta escritura de compra sellada y esta escritura abierta, y ponlas en una vasija de barro para que duren mucho tiempo[ag].’ 15 “Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘De nuevo se comprarán casas, campos y viñas en esta tierra.’”

16 Entonces oré al Señor, después de haber dado la escritura de compra a Baruc, hijo de Nerías, diciendo: 17 “¡Ah, Señor Dios[ah]! He aquí, tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y con tu brazo extendido; nada es imposible para ti,18 que muestras misericordia a millares, pero que castigas la iniquidad de los padres en[ai] sus hijos después de ellos, oh grande y poderoso Dios, el Señor de los ejércitos es su nombre; 19 grande en consejo y poderoso en obras, cuyos ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno conforme a sus caminos y conforme al fruto de sus obras. 20 “Tú realizaste[aj] señales y portentos en la tierra de Egipto hasta este día, y en Israel y entre los hombres, y te has hecho un nombre, como se ve hoy. 21 “Y sacaste a tu pueblo Israel de la tierra de Egipto con señales y portentos, con mano fuerte y con brazo extendido y con gran terror, 22 y les diste esta tierra, que habías jurado dar a sus padres, tierra que mana leche y miel. 23 “Y ellos entraron y tomaron posesión de ella, pero no obedecieron tu voz ni anduvieron en tu ley; no hicieron nada de todo lo que les mandaste hacer; por tanto tú has hecho venir sobre ellos toda esta calamidad. 24 “He aquí, los terraplenes de asalto han llegado a la ciudad para tomarla, y la ciudad va a ser entregada en manos de los caldeos que pelean contra ella, por causa de la espada, el hambre y la pestilencia; lo que habías hablado ha venido a ser, y he aquí, tú lo estás viendo. 25 “Y tú me has dicho, oh Señor Dios[ak]: ‘Cómprate el campo con dinero, y llama testigos’; aunque la ciudad sea entregada en manos de los caldeos.”

26 Entonces vino palabra del Señor a Jeremías, diciendo: 27 He aquí, yo soy elSeñor, el Dios de toda carne, ¿habrá algo imposible para mí? 28 Por tanto, así dice el Señor: He aquí, entregaré esta ciudad en mano de los caldeos y en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y él la tomará. 29 Y entrarán los caldeos que atacan esta ciudad, prenderán fuego a la[al] ciudad y la quemarán, junto con las casas en las que han ofrecido incienso a Baal sobre sus terrazas y han derramado libaciones a otros dioses para provocarme a ira. 30 Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá sólo han hecho lo malo ante mis ojos desde su juventud; ciertamente los hijos de Israel no han hecho más que provocarme a ira con la obra de sus manos —declara el Señor. 31 Porque motivo de mi ira y de mi furor ha sido esta ciudad para mí, desde el día en que la edificaron hasta hoy, de modo que será quitada de mi presencia 32 por todo el mal que los hijos de Israel y los hijos de Judá hicieron para provocarme a ira, ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes, sus profetas, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén.33 Ellos me dieron la espalda, y no el rostro; aunque les enseñaba, enseñándoles una y otra vez[am], no escucharon ni aceptaron[an] corrección, 34 sino que pusieron sus abominaciones en la casa que es llamada por mi nombre, profanándola. 35 Y edificaron los lugares altos de Baal que están en el valle de Ben-hinom, para hacer pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas en honor de Moloc, lo cual no les había mandado, ni me pasó por la mente[ao] que ellos cometieran esta abominación, para hacer que Judá pecara.

36 Ahora pues, así dice el Señor, Dios de Israel, en cuanto a esta ciudad de la cual vosotros decís: “Va a ser entregada en mano del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la pestilencia.” 37 He aquí, los reuniré de todas las tierras a las cuales los he echado en mi ira, en mi furor y con gran enojo, y los haré volver a este lugar y los haré morar seguros. 38 Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios;39 y les daré un solo corazón y un solo camino, para que me teman siempre, para bien de ellos y de sus hijos después de ellos. 40 Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí. 41 Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma. 42 Porque así dice el Señor: “Como he traído a este pueblo toda esta gran calamidad así he de traer sobre ellos todo el bien que les prometo. 43 “Y se comprarán campos en esta tierra de la cual decís vosotros: ‘Es una desolación, sin hombres ni animales; entregada está en mano de los caldeos.’ 44 “La gente comprará campos por dinero, firmarán y sellarán escrituras[ap] y llamarán a testigos, en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén, en las ciudades de Judá, en las ciudades de la región montañosa, en las ciudades de la llanura y en las ciudades del Neguev[aq], porque restauraré su bienestar[ar]” —declara elSeñor.

Footnotes:

  1. Jeremías 30:3 O, haré volver a los cautivos
  2. Jeremías 30:5 Lit., Hemos oído voz
  3. Jeremías 30:8 Así en la versión gr. (Sept.); en heb., tu
  4. Jeremías 30:8 En heb., tus
  5. Jeremías 30:10 Lit., simiente
  6. Jeremías 30:17 Lit., haré subir sanidad para ti
  7. Jeremías 30:17 Lit., nadie la busca
  8. Jeremías 30:18 O, haré volver a los cautivos
  9. Jeremías 30:21 Lit., él
  10. Jeremías 30:21 Lit., ¿quién es el que daría su corazón en prenda
  11. Jeremías 30:23 O, furiosa
  12. Jeremías 31:2 O, sobrevivió
  13. Jeremías 31:3 Lit., me
  14. Jeremías 31:4 O, serás adornada otra vez con
  15. Jeremías 31:4 Lit., de
  16. Jeremías 31:5 Lit., profanarán
  17. Jeremías 31:8 O, asamblea
  18. Jeremías 31:14 Lit., saturaré
  19. Jeremías 31:14 Lit., grosura
  20. Jeremías 31:19 O, volví
  21. Jeremías 31:21 Lit., dirige tu corazón
  22. Jeremías 31:23 O, haga volver a sus cautivos
  23. Jeremías 31:25 Lit., llenaré
  24. Jeremías 31:28 Lit., Y sucederá que
  25. Jeremías 31:29 O, están embotados
  26. Jeremías 31:30 O, estarán embotados
  27. Jeremías 31:35 Lit., los estatutos
  28. Jeremías 31:36 Lit., los estatutos
  29. Jeremías 31:36 Lit., todos los días
  30. Jeremías 32:4 Lit., boca a boca
  31. Jeremías 32:9 Un siclo equivale aprox. a 11.4 gramos
  32. Jeremías 32:10 O, Y escribí en el documento y lo
  33. Jeremías 32:14 Lit., permanezcan muchos días
  34. Jeremías 32:17 Heb., YHWH, generalmente traducido Señor
  35. Jeremías 32:18 Lit., en el seno de
  36. Jeremías 32:20 Lit., pusiste
  37. Jeremías 32:25 Heb., YHWH, generalmente traducido Señor
  38. Jeremías 32:29 Lit., esta
  39. Jeremías 32:33 Lit., madrugando y enseñando
  40. Jeremías 32:33 Lit., para
  41. Jeremías 32:35 Lit., ni vino a mi corazón
  42. Jeremías 32:44 O, escribirán…en el documento
  43. Jeremías 32:44 I.e., región del sur
  44. Jeremías 32:44 O, haré volver a sus cautivos
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La señal de los yugos

Jeremías 27-29

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La señal de los yugos

 

27:1  En el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:

Jehová me ha dicho así: Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello;

y los enviarás al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Amón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los mensajeros que vienen a Jerusalén a Sedequías rey de Judá.

Y les mandarás que digan a sus señores: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Así habéis de decir a vuestros señores:

Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la di a quien yo quise.

Y ahora yo he puesto todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan.

Y todas las naciones le servirán a él, a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra, y la reduzcan a servidumbre muchas naciones y grandes reyes.

Y a la nación y al reino que no sirviere a Nabucodonosor rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del yugo del rey de Babilonia, castigaré a tal nación con espada y con hambre y con pestilencia, dice Jehová, hasta que la acabe yo por su mano.

Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros soñadores, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia.

10 Porque ellos os profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje y perezcáis.

11 Mas a la nación que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia y le sirviere, la dejaré en su tierra, dice Jehová, y la labrará y morará en ella.

12 Hablé también a Sedequías rey de Judá conforme a todas estas palabras, diciendo: Someted vuestros cuellos al yugo del rey de Babilonia, y servidle a él y a su pueblo, y vivid.

13 ¿Por qué moriréis tú y tu pueblo a espada, de hambre y de pestilencia, según ha dicho Jehová de la nación que no sirviere al rey de Babilonia?

14 No oigáis las palabras de los profetas que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia; porque os profetizan mentira.

15 Porque yo no los envié, dice Jehová, y ellos profetizan falsamente en mi nombre, para que yo os arroje y perezcáis vosotros y los profetas que os profetizan.

16 También a los sacerdotes y a todo este pueblo hablé diciendo: Así ha dicho Jehová: No oigáis las palabras de vuestros profetas que os profetizan diciendo: He aquí que los utensilios de la casa de Jehová volverán de Babilonia ahora pronto; porque os profetizan mentira.

17 No los oigáis; servid al rey de Babilonia y vivid; ¿por qué ha de ser desolada esta ciudad?

18 Y si ellos son profetas, y si está con ellos la palabra de Jehová, oren ahora a Jehová de los ejércitos para que los utensilios que han quedado en la casa de Jehová y en la casa del rey de Judá y en Jerusalén, no vayan a Babilonia.

19 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos acerca de aquellas columnas, del estanque, de las basas y del resto de los utensilios que quedan en esta ciudad,

20 que no quitó Nabucodonosor rey de Babilonia cuando transportó de Jerusalén a Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los nobles de Judá y de Jerusalén;

21 así, pues, ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de los utensilios que quedaron en la casa de Jehová, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalén:

22 A Babilonia serán transportados, y allí estarán hasta el día en que yo los visite, dice Jehová; y después los traeré y los restauraré a este lugar.

Falsa profecía de Hananías

28:1  Aconteció en el mismo año, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Hananías hijo de Azur, profeta que era de Gabaón, me habló en la casa de Jehová delante de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo:

Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Quebranté el yugo del rey de Babilonia.

Dentro de dos años haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa de Jehová, que Nabucodonosor rey de Babilonia tomó de este lugar para llevarlos a Babilonia,

y yo haré volver a este lugar a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los transportados de Judá que entraron en Babilonia, dice Jehová; porque yo quebrantaré el yugo del rey de Babilonia.

Entonces respondió el profeta Jeremías al profeta Hananías, delante de los sacerdotes y delante de todo el pueblo que estaba en la casa de Jehová.

Y dijo el profeta Jeremías: Amén, así lo haga Jehová. Confirme Jehová tus palabras, con las cuales profetizaste que los utensilios de la casa de Jehová, y todos los transportados, han de ser devueltos de Babilonia a este lugar.

Con todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus oídos y en los oídos de todo el pueblo:

Los profetas que fueron antes de mí y antes de ti en tiempos pasados, profetizaron guerra, aflicción y pestilencia contra muchas tierras y contra grandes reinos.

El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió.

10 Entonces el profeta Hananías quitó el yugo del cuello del profeta Jeremías, y lo quebró.

11 Y habló Hananías en presencia de todo el pueblo, diciendo: Así ha dicho Jehová: De esta manera romperé el yugo de Nabucodonosor rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones, dentro de dos años. Y siguió Jeremías su camino.

12 Y después que el profeta Hananías rompió el yugo del cuello del profeta Jeremías, vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:

13 Ve y habla a Hananías, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yugos de madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro.

14 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro puse sobre el cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor rey de Babilonia, y han de servirle; y aun también le he dado las bestias del campo.

15 Entonces dijo el profeta Jeremías al profeta Hananías: Ahora oye, Hananías: Jehová no te envió, y tú has hecho confiar en mentira a este pueblo.

16 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te quito de sobre la faz de la tierra; morirás en este año, porque hablaste rebelión contra Jehová.

17 Y en el mismo año murió Hananías, en el mes séptimo.

Carta de Jeremías a los cautivos

29:1  Estas son las palabras de la carta que el profeta Jeremías envió de Jerusalén a los ancianos que habían quedado de los que fueron transportados, y a los sacerdotes y profetas y a todo el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalén a Babilonia

(después que salió el rey Jeconías, la reina, los del palacio, los príncipes de Judá y de Jerusalén, los artífices y los ingenieros de Jerusalén),

por mano de Elasa hijo de Safán y de Gemarías hijo de Hilcías, a quienes envió Sedequías rey de Judá a Babilonia, a Nabucodonosor rey de Babilonia. Decía:

Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia:

Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos.

Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis.

Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.

Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No os engañen vuestros profetas que están entre vosotros, ni vuestros adivinos; ni atendáis a los sueños que soñáis.

Porque falsamente os profetizan ellos en mi nombre; no los envié, ha dicho Jehová.

10 Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar.

11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;

13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.

15 Mas habéis dicho: Jehová nos ha levantado profetas en Babilonia.

16 Pero así ha dicho Jehová acerca del rey que está sentado sobre el trono de David, y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con vosotros en cautiverio;

17 así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío yo contra ellos espada, hambre y pestilencia, y los pondré como los higos malos, que de tan malos no se pueden comer.

18 Los perseguiré con espada, con hambre y con pestilencia, y los daré por escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta para todas las naciones entre las cuales los he arrojado;

19 por cuanto no oyeron mis palabras, dice Jehová, que les envié por mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar; y no habéis escuchado, dice Jehová.

20 Oíd, pues, palabra de Jehová, vosotros todos los transportados que envié de Jerusalén a Babilonia.

21 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de Acab hijo de Colaías, y acerca de Sedequías hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi nombre: He aquí los entrego yo en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y él los matará delante de vuestros ojos.

22 Y todos los transportados de Judá que están en Babilonia harán de ellos una maldición, diciendo: Póngate Jehová como a Sedequías y como a Acab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia.

23 Porque hicieron maldad en Israel, y cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos, y falsamente hablaron en mi nombre palabra que no les mandé; lo cual yo sé y testifico, dice Jehová.

24 Y a Semaías de Nehelam hablarás, diciendo:

25 Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Tú enviaste cartas en tu nombre a todo el pueblo que está en Jerusalén, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, y a todos los sacerdotes, diciendo:

26 Jehová te ha puesto por sacerdote en lugar del sacerdote Joiada, para que te encargues en la casa de Jehová de todo hombre loco que profetice, poniéndolo en el calabozo y en el cepo.

27 ¿Por qué, pues, no has reprendido ahora a Jeremías de Anatot, que os profetiza?

28 Porque él nos envió a decir en Babilonia: Largo será el cautiverio; edificad casas, y habitadlas; plantad huertos, y comed el fruto de ellos.

29 Y el sacerdote Sofonías había leído esta carta a oídos del profeta Jeremías.

30 Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:

31 Envía a decir a todos los cautivos: Así ha dicho Jehová de Semaías de Nehelam: Porque os profetizó Semaías, y yo no lo envié, y os hizo confiar en mentira;

32 por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo castigaré a Semaías de Nehelam y a su descendencia; no tendrá varón que more entre este pueblo, ni verá el bien que haré yo a mi pueblo, dice Jehová; porque contra Jehová ha hablado rebelión.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

La señal de los higos buenos y malos

Jeremías 24-26

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La señal de los higos buenos y malos

24:1  Después de haber transportado Nabucodonosor rey de Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá y los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos llevado a Babilonia, me mostró Jehová dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová.

Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer.

Y me dijo Jehová: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer.

Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien.

Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré.

Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.

Y como los higos malos, que de malos no se pueden comer, así ha dicho Jehová, pondré a Sedequías rey de Judá, a sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y a los que moran en la tierra de Egipto.

Y los daré por escarnio y por mal a todos los reinos de la tierra; por infamia, por ejemplo, por refrán y por maldición a todos los lugares adonde yo los arroje.

10 Y enviaré sobre ellos espada, hambre y pestilencia, hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres.

Setenta años de desolación

25:1  Palabra que vino a Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, el cual era el año primero de Nabucodonosor rey de Babilonia;

la cual habló el profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los moradores de Jerusalén, diciendo:

Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, ha venido a mí palabra de Jehová, y he hablado desde temprano y sin cesar; pero no oísteis.

Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar

cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y moraréis en la tierra que os dio Jehová a vosotros y a vuestros padres para siempre;

y no vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndoles y adorándoles, ni me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos; y no os haré mal.

Pero no me habéis oído, dice Jehová, para provocarme a ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro.

Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras,

he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua.

10 Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada, ruido de molino y luz de lámpara.

11 Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años.

12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.

13 Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que está escrito en este libro, profetizado por Jeremías contra todas las naciones.

14 Porque también ellas serán sojuzgadas por muchas naciones y grandes reyes; y yo les pagaré conforme a sus hechos, y conforme a la obra de sus manos.

La copa de ira para las naciones

15 Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a las cuales yo te envío.

16 Y beberán, y temblarán y enloquecerán, a causa de la espada que yo envío entre ellas.

17 Y tomé la copa de la mano de Jehová, y di de beber a todas las naciones, a las cuales me envió Jehová:

18 a Jerusalén, a las ciudades de Judá y a sus reyes, y a sus príncipes, para ponerlos en ruinas, en escarnio y en burla y en maldición, como hasta hoy;

19 a Faraón rey de Egipto, a sus siervos, a sus príncipes y a todo su pueblo;

20 y a toda la mezcla de naciones, a todos los reyes de tierra de Uz, y a todos los reyes de la tierra de Filistea, a Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al remanente de Asdod;

21 a Edom, a Moab y a los hijos de Amón;

22 a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón, a los reyes de las costas que están de ese lado del mar;

23 a Dedán, a Tema y a Buz, y a todos los que se rapan las sienes;

24 a todos los reyes de Arabia, a todos los reyes de pueblos mezclados que habitan en el desierto;

25 a todos los reyes de Zimri, a todos los reyes de Elam, a todos los reyes de Media;

26 a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, los unos con los otros, y a todos los reinos del mundo que están sobre la faz de la tierra; y el rey de Babilonia beberá después de ellos.

27 Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levantéis, a causa de la espada que yo envío entre vosotros.

28 Y si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, les dirás tú: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tenéis que beber.

29 Porque he aquí que a la ciudad en la cual es invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos? No seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos.

30 Tú, pues, profetizarás contra ellos todas estas palabras y les dirás: Jehová rugirá desde lo alto, y desde su morada santa dará su voz; rugirá fuertemente contra su morada; canción de lagareros cantará contra todos los moradores de la tierra.

31 Llegará el estruendo hasta el fin de la tierra, porque Jehová tiene juicio contra las naciones; él es el Juez de toda carne; entregará los impíos a espada, dice Jehová.

32 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que el mal irá de nación en nación, y grande tempestad se levantará de los fines de la tierra.

33 Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el otro; no se endecharán ni se recogerán ni serán enterrados; como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra.

34 Aullad, pastores, y clamad; revolcaos en el polvo, mayorales del rebaño; porque cumplidos son vuestros días para que seáis degollados y esparcidos, y caeréis como vaso precioso.

35 Y se acabará la huida de los pastores, y el escape de los mayorales del rebaño.

36 !!Voz de la gritería de los pastores, y aullido de los mayorales del rebaño! porque Jehová asoló sus pastos.

37 Y los pastos delicados serán destruidos por el ardor de la ira de Jehová.

38 Dejó cual leoncillo su guarida; pues asolada fue la tierra de ellos por la ira del opresor, y por el furor de su saña.

Jeremías es amenazado de muerte

26:1  En el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra de Jehová, diciendo:

Así ha dicho Jehová: Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te mandé hablarles; no retengas palabra.

Quizá oigan, y se vuelvan cada uno de su mal camino, y me arrepentiré yo del mal que pienso hacerles por la maldad de sus obras.

Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová: Si no me oyereis para andar en mi ley, la cual puse ante vosotros,

para atender a las palabras de mis siervos los profetas, que yo os envío desde temprano y sin cesar, a los cuales no habéis oído,

yo pondré esta casa como Silo, y esta ciudad la pondré por maldición a todas las naciones de la tierra.

Y los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías hablar estas palabras en la casa de Jehová.

Y cuando terminó de hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que hablase a todo el pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: De cierto morirás.

¿Por qué has profetizado en nombre de Jehová, diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no quedar morador? Y todo el pueblo se juntó contra Jeremías en la casa de Jehová.

10 Y los príncipes de Judá oyeron estas cosas, y subieron de la casa del rey a la casa de Jehová, y se sentaron en la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová.

11 Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos.

12 Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído.

13 Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios, y se arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra vosotros.

14 En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí como mejor y más recto os parezca.

15 Mas sabed de cierto que si me matáis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad y sobre sus moradores; porque en verdad Jehová me envió a vosotros para que dijese todas estas palabras en vuestros oídos.

16 Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque en nombre de Jehová nuestro Dios nos ha hablado.

17 Entonces se levantaron algunos de los ancianos de la tierra y hablaron a toda la reunión del pueblo, diciendo:

18 Miqueas de Moreset profetizó en tiempo de Ezequías rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque.

19 ¿Acaso lo mataron Ezequías rey de Judá y todo Judá? ¿No temió a Jehová, y oró en presencia de Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? ¿Haremos, pues, nosotros tan gran mal contra nuestras almas?

20 Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová, Urías hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremías;

21 y oyeron sus palabras el rey Joacim y todos sus grandes, y todos sus príncipes, y el rey procuró matarle; entendiendo lo cual Urías, tuvo temor, y huyó a Egipto.

22 Y el rey Joacim envió hombres a Egipto, a Elnatán hijo de Acbor y otros hombres con él, a Egipto;

23 los cuales sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Joacim, el cual lo mató a espada, y echó su cuerpo en los sepulcros del vulgo.

24 Pero la mano de Ahicam hijo de Safán estaba a favor de Jeremías, para que no lo entregasen en las manos del pueblo para matarlo.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Profecía sobre la destrucción de Jerusalén

Jeremías 21-23

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Profecía sobre la destrucción de Jerusalén

21:1 Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor cuando el rey Sedequías lo envió a Pasur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, diciendo: Consulta ahora de nuestra parte al Señor, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos hace la guerra; tal vez el Señor haga con nosotros conforme a todas sus maravillas[a], para que el enemigo se retire de nosotros.

Entonces Jeremías les dijo: Así diréis a Sedequías: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘He aquí, yo haré volver atrás las armas de guerra que tenéis en vuestras manos, con las cuales peleáis contra el rey de Babilonia y contra los caldeos que os sitian fuera de los muros, y las reuniré en medio de esta ciudad. ‘Y yo pelearé contra vosotros con mano extendida y brazo poderoso, y con ira, furor y gran enojo. ‘Heriré a los habitantes de esta ciudad, y hombres y animales morirán de gran pestilencia. ‘Y después’ —declara el Señor— ‘a Sedequías, rey de Judá, a sus siervos, al pueblo y a los que sobrevivan en esta ciudad de la pestilencia, de la espada y del hambre, los entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan sus vidas; y él los herirá a filo de espada. No los perdonará ni les tendrá piedad ni compasión.’”

Y dirás a este pueblo: “Así dice el Señor: ‘He aquí, pongo delante de vosotros el camino de la vida y el camino de la muerte. ‘El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre y de pestilencia; pero el que salga y se entregue a los caldeos que os sitian, vivirá, y tendrá su propia vida como botín. 10 ‘Porque he puesto mi rostro contra esta ciudad para mal, y no para bien’ —declara el Señor—. ‘Será entregada en manos del rey de Babilonia, quien le prenderá fuego.’”

11 Y di a la casa del rey de Judá:

“Oíd la palabra del Señor:
12 Casa de David, así dice el Señor:
‘Haced justicia cada[b] mañana,
y librad al despojado de manos de su opresor,
no sea que salga como fuego mi furor,
y arda y no haya quien lo apague,
a causa de la maldad de vuestras obras.

13 ‘He aquí, yo estoy contra ti, moradora del valle,
roca de la llanura’ —declara el Señor
‘los que decís: “¿Quién descenderá contra nosotros?
¿Quién entrará en nuestras moradas?”
14 ‘Yo os castigaré conforme al fruto de vuestras obras’
—declara el Señor
‘y prenderé fuego en su bosque
que consumirá todos sus alrededores.’”

Profecías contra los reyes de Judá

22:1 Así dice el Señor: Desciende a la casa del rey de Judá y habla allí esta palabra, y di: “Escucha la palabra del Señor, oh rey de Judá, que te sientas sobre el trono de David, tú, tus siervos y tu pueblo, los que entran por estas puertas.“Así dice el Señor: ‘Practicad el derecho y la justicia, y librad al despojado de manos de su opresor. Tampoco maltratéis ni hagáis violencia al extranjero, al huérfano o a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar. ‘Porque si en verdad observáis este mandato, entonces entrarán reyes por las puertas de esta casa, y se sentarán en el lugar de David[c], en su trono; entrarán montados en carros y caballos, el rey[d], sus siervos y su pueblo. ‘Pero si no obedecéis estas palabras, juro por mí mismo’ —declara el Señor— ‘que esta casa vendrá a ser una desolación.’” Porque así dice el Señor acerca de la casa del rey de Judá:

Como Galaad eres para mí,
como la cumbre del Líbano;
pero ciertamente te convertiré en un desierto,
como ciudades deshabitadas.
Designaré contra ti destructores,
cada uno con sus armas,
y cortarán tus cedros más selectos
y los echarán al fuego.

Pasarán muchas naciones junto a esta ciudad, y dirá cada cual a su prójimo: “¿Por qué ha hecho así el Señor a esta gran ciudad?” Entonces responderán[e]: “Porque abandonaron el pacto del Señor su Dios, y se postraron ante otros dioses y les sirvieron.”

10 No lloréis por el muerto ni hagáis duelo por él,
llorad amargamente por el que se va,
porque jamás volverá
ni verá su tierra natal.

11 Porque así dice el Señor acerca de Salum[f], hijo de Josías, rey de Judá, que reinó en lugar de su padre Josías, y que salió de este lugar: Nunca más volverá aquí; 12 sino que en el lugar adonde lo llevaron cautivo, allí morirá, y no verá más esta tierra.

13 Ay del que edifica su casa sin justicia
y sus aposentos altos sin derecho,
que a su prójimo hace trabajar de balde
y no le da su salario.
14 El que dice: “Me edificaré una casa espaciosa
con amplios aposentos altos”;
y le abre[g] ventanas,
la recubre de cedro y la pinta de rojo[h].
15 ¿Acaso te harás rey porque compites en cedro?
¿No comió y bebió tu padre
y practicó el derecho y la justicia?
Por eso le fue bien.
16 Defendió la causa del pobre y del necesitado;
entonces le fue bien.
¿No es esto conocerme?
—declara el Señor.
17 Mas tus ojos y tu corazón
sólo están para tu propia ganancia,
para derramar sangre inocente,
y para practicar la opresión y la violencia[i].

18 Por tanto, así dice el Señor acerca de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá:

No llorarán por él:
“¡Ay, hermano mío!” o “¡Ay, hermana!”
No llorarán por él:
“¡Ay, señor!” o “¡Ay, su gloria!”
19 Con entierro de asno, será enterrado:
arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.
20 Sube al Líbano y clama,
y da voces[j] en Basán;
clama también desde Abarim,
porque han sido destruidos todos tus amantes.
21 Te hablé en tu prosperidad,
pero dijiste: “No escucharé.”
Esta ha sido tu costumbre desde tu juventud,
que nunca has escuchado mi voz.
22 A todos tus pastores arrasará[k] el viento,
y tus amantes irán al cautiverio;
entonces ciertamente serás avergonzada y humillada
a causa de toda tu maldad.
23 Tú que moras en el Líbano,
anidada en los cedros,
¡cómo gemirás cuando te vengan los dolores,
dolor como de mujer de parto!

24 Vivo yo —declara el Señor— aunque Conías[l], hijo de Joacim, rey de Judá, fuera un anillo[m] en mi mano derecha, aun de allí lo[n] arrancaría. 25 Te entregaré en manos de los que buscan tu vida, sí, en manos de los que temes: en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos. 26 Te arrojaré a ti y a la madre que te dio a luz a otro país donde no nacisteis, y allí moriréis. 27 Pero a la tierra a la cual con toda el alma anhelan volver, a ella no volverán.

28 ¿Es acaso este hombre Conías una vasija despreciada y rota?
¿Es un objeto indeseable?
¿Por qué han sido arrojados él y sus descendientes
y echados a una tierra que no conocían?
29 ¡Oh tierra, tierra, tierra!,
oye la palabra del Señor.

30 Así dice el Señor:

“Inscribid a este hombre como sin hijos,
hombre que no prosperará en sus días;
porque ninguno de sus descendientes logrará[o]
sentarse sobre el trono de David
ni gobernar de nuevo en Judá.”

Los malos pastores y regreso del remanente

23:1 ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mis prados! —declara el Señor. Por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mis ovejas y las habéis ahuyentado, y no os habéis ocupado de ellas; he aquí, yo me ocuparé de vosotros por la maldad de vuestras obras —declara el Señor. Yo mismo reuniré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las he echado, y las haré volver a sus pastos; y crecerán y se multiplicarán. Pondré sobre ellas pastores que las apacentarán, y nunca más tendrán temor, ni se aterrarán, ni faltará ninguna —declara el Señor.

He aquí, vienen días —declara el Señor
en que levantaré a David un Renuevo justo;
y El reinará como rey, actuará sabiamente[p],
y practicará el derecho y la justicia en la tierra.
En sus días será salvo Judá,
e Israel morará seguro;
y este es su nombre por el cual será llamado:
“El Señor, justicia nuestra.”

Por tanto, he aquí, vienen días —declara el Señor— cuando no dirán más: “Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto”, sino: “Vive elSeñor que hizo subir y trajo a los descendientes[q] de la casa de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los había echado”; y habitarán en su propio suelo. En cuanto a los profetas:

quebrantado está mi corazón dentro de mí,
tiemblan todos mis huesos;
estoy como un ebrio,
como un hombre a quien domina el vino,
por causa del Señor
y por causa de sus santas palabras.
10 Porque la tierra está llena de adúlteros;
porque a causa de la maldición se ha enlutado la tierra,
se han secado los pastos del desierto.
Pues es mala la carrera de ellos
y su poderío no es recto.
11 Porque tanto el profeta como el sacerdote están corrompidos;
aun en mi casa he hallado su maldad —declara el Señor.
12 Por tanto, su camino será para ellos como resbaladeros;
a las tinieblas serán empujados y en ellas caerán;
porque traeré sobre ellos calamidad
el año de su castigo —declara el Señor.

13 Además, entre los profetas de Samaria he visto algo ofensivo:
profetizaban en nombre de Baal y extraviaban a mi pueblo Israel.
14 También entre los profetas de Jerusalén he visto algo horrible:
cometían[r] adulterio y andaban[s] en mentiras;
fortalecían las manos de los malhechores,
sin convertirse ninguno de su maldad.
Se me han vuelto todos ellos como Sodoma,
y sus habitantes como Gomorra.

15 Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos acerca de los profetas:

“He aquí, les daré de comer ajenjo
y les daré de beber agua envenenada,
porque de los profetas de Jerusalén
ha salido la corrupción por toda la tierra.”

16 Así dice el Señor de los ejércitos:

No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan.
Ellos os conducen hacia lo vano;
os cuentan[t] la visión de su propia fantasía[u],
no de la boca del Señor.
17 Dicen de continuo a los que me desprecian:
“El Señor ha dicho: ‘Tendréis paz’”;
y a todo el que anda en la terquedad de su corazón
dicen: “No vendrá calamidad sobre vosotros.”
18 Pero ¿quién ha estado en el consejo del Señor,
y vio y oyó su palabra?
¿Quién ha prestado atención a su[v] palabra y la ha escuchado?
19 He aquí, la tempestad del Señor ha salido con furor,
un torbellino impetuoso
descargará sobre la cabeza de los impíos.
20 No se apartará la ira del Señor
hasta que haya realizado y llevado a cabo los propósitos de su corazón.
En los postreros días lo entenderéis claramente.
21 Yo no envié a esos profetas,
pero ellos corrieron;
no les hablé,
mas ellos profetizaron.
22 Pero si ellos hubieran estado en mi consejo,
habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo,
y les habrían hecho volver de su mal camino
y de la maldad de sus obras.

23 ¿Soy yo un Dios de cerca —declara el Señor
y no un Dios de lejos?
24 ¿Podrá alguno esconderse en escondites
de modo que yo no lo vea? —declara el Señor.
¿No lleno yo los cielos y la tierra? —declara el Señor.

25 He oído lo que dicen los profetas que profetizan mentira en mi nombre, diciendo: “¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!” 26 ¿Hasta cuándo? ¿Qué hay en los corazones de los profetas que profetizan la mentira, de los profetas que proclaman el engaño de su corazón, 27 que tratan de que mi pueblo se olvide de mi nombre con los sueños que se cuentan unos a otros, tal como sus padres olvidaron mi nombre a causa de Baal? 28 El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? —declara el Señor. 29 ¿No es mi palabra como fuego —declara el Señor— y como martillo que despedaza la roca[w]? 30 Por tanto, he aquí, estoy contra los profetas —declara el Señor— que se roban mis palabras el uno al otro. 31 He aquí, estoy contra los profetas —declara el Señor— que usan sus lenguas y dicen: “El Señor declara.” 32 He aquí, estoy contra los que profetizan sueños falsos —declara el Señor— y los cuentan y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y sus presunciones, cuando yo no los envié ni les di órdenes, ni son de provecho alguno para este pueblo —declara elSeñor.

33 Y cuando te pregunte este pueblo, o el profeta, o sacerdote, diciendo: “¿Cuál es la profecía[x] del Señor?”, les dirás: “¿Cuál profecía?” El Señor declara: “Yo os abandonaré.” 34 Y al profeta, al sacerdote o al pueblo que diga: “Profecía delSeñor”, traeré castigo sobre tal hombre y sobre su casa. 35 Así diréis cada uno a su prójimo y cada uno a su hermano: “¿Qué ha respondido el Señor? ¿Qué ha hablado el Señor?” 36 Y no os acordaréis más de la profecía del Señor, porque la palabra de cada uno le será por profecía, pues habéis pervertido las palabras del Dios viviente, del Señor de los ejércitos, nuestro Dios. 37 Así dirás al profeta: “¿Qué te ha respondido el Señor? ¿Qué ha hablado el Señor?” 38 Pero si decís: “¡Profecía del Señor!”, entonces así dice el Señor: “Por cuanto habéis dicho esta palabra: ‘¡Profecía del Señor!’, habiendo yo enviado a deciros: ‘No digáis: “¡Profecía delSeñor!”’”, 39 por tanto, he aquí, ciertamente me olvidaré de vosotros y os echaré de mi presencia, junto con la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padres; 40 y pondré sobre vosotros oprobio eterno y humillación eterna que nunca será olvidada.

Footnotes:

  1. Jeremías 21:2 O, todos sus milagros
  2. Jeremías 21:12 O, por la
  3. Jeremías 22:4 Lit., por David
  4. Jeremías 22:4 Lit., él
  5. Jeremías 22:9 Lit., dirán
  6. Jeremías 22:11 I.e., Joacaz
  7. Jeremías 22:14 Lit., corta
  8. Jeremías 22:14 O, bermellón
  9. Jeremías 22:17 O, extorsión
  10. Jeremías 22:20 Lit., tu voz
  11. Jeremías 22:22 Lit., pastoreará
  12. Jeremías 22:24 I.e., Jeconías
  13. Jeremías 22:24 O, sello
  14. Jeremías 22:24 Lit., te
  15. Jeremías 22:30 O, prosperará en
  16. Jeremías 23:5 O, tendrá éxito
  17. Jeremías 23:8 Lit., simiente
  18. Jeremías 23:14 Lit., cometer
  19. Jeremías 23:14 Lit., andar
  20. Jeremías 23:16 Lit., hablan
  21. Jeremías 23:16 Lit., corazón
  22. Jeremías 23:18 Otra posible lectura es: mi
  23. Jeremías 23:29 O, peñasco
  24. Jeremías 23:33 O, carga, y así en el resto del cap.
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El pecado imborrable de Judá

Jeremías 17-20

9781586403546

El pecado imborrable de Judá

17:1 El pecado de Judá está escrito con cincel de hierro,
con punta de diamante[a] está grabado sobre la tabla de su corazón
y en los cuernos de sus[b] altares.
Como ellos se acuerdan de sus hijos,
así se acuerdan de sus altares y de sus Aseras[c]
junto a los árboles frondosos, en las altas colinas.
Oh montaña mía en el campo,
tus riquezas y todos tus tesoros entregaré al saqueo,
a causa del pecado de tus lugares altos en todo tu territorio[d].
Y por tu causa harás que se pierda la heredad
que yo te di;
te haré servir a tus enemigos
en una tierra que no conoces;
porque habéis prendido un fuego en mi ira
que arderá para siempre.

Así dice el Señor:

Maldito el hombre que en el hombre confía,
y hace de la carne su fortaleza[e],
y del Señor se aparta su corazón.
Será como arbusto en el yermo
y no verá el bien cuando venga;
habitará en pedregales en el desierto,
tierra salada y sin habitantes.
Bendito es el hombre que confía en el Señor,
cuya confianza es el Señor.
Será como árbol plantado junto al agua,
que extiende sus raíces junto a la corriente;
no temerá cuando venga el calor,
y sus hojas estarán verdes;
en año de sequía no se angustiará
ni cesará de dar fruto.

Más engañoso que todo, es el corazón,
y sin remedio;
¿quién lo comprenderá?
10 Yo, el Señor, escudriño el corazón,
pruebo los pensamientos[f],
para dar a cada uno según sus caminos,
según el fruto de sus obras.
11 Como perdiz que incuba lo que no ha puesto,
es el que adquiere una fortuna, pero no con justicia,
en la mitad de sus días lo abandonará,
y al[g] final será un insensato.
12 Trono de gloria, enaltecido desde el principio
es el lugar de nuestro santuario.
13 Oh Señor, esperanza de Israel,
todos los que te abandonan serán avergonzados.
Los que se apartan de ti[h] serán escritos en el polvo[i],
porque abandonaron al Señor, fuente de aguas vivas.
14 Sáname, oh Señor, y seré sanado;
sálvame y seré salvo,
porque tú eres mi alabanza.
15 Mira, ellos me dicen:
¿Dónde está la palabra del Señor?
Que venga ahora.
16 Pero yo no me he apresurado a dejar de ser tu pastor[j],
ni el día de angustia he anhelado;
tú sabes que lo que ha salido de mis labios
en tu presencia está.
17 No seas para mí terror;
tú eres mi refugio en el día de calamidad.
18 Sean avergonzados los que me persiguen, pero no sea yo avergonzado;
sean atemorizados ellos, pero que no me atemorice yo.
Trae sobre ellos el día de calamidad,
y destrúyelos con doble destrucción.

19 Así me dijo el Señor: Ve y ponte a la puerta de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá, y asimismo en todas las puertas de Jerusalén,20 y diles: “Escuchad la palabra del Señor, reyes de Judá, todo Judá y todos los habitantes de Jerusalén que entráis por estas puertas: 21 “Así dice el Señor: ‘Guardaos, por vuestra vida, de llevar carga en día de reposo, y de meterla por las puertas de Jerusalén. 22 ‘Tampoco saquéis carga de vuestras casas en día de reposo, ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el día de reposo, como mandé a vuestros padres. 23 ‘Sin embargo, ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que endurecieron su cerviz para no oír ni recibir corrección.

24 ‘Pero sucederá que si me escucháis con atención —declara el Señor— no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en día de reposo, y santificáis el día de reposo, sin hacer en él trabajo alguno, 25 entonces entrarán por las puertas de esta ciudad reyes y príncipes que se sienten sobre el trono de David; vendrán montados en carros y caballos, ellos y sus príncipes, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén; y esta ciudad será habitada para siempre. 26 ‘Vendrán de las ciudades de Judá y de los alrededores de Jerusalén, de la tierra de Benjamín, de la tierra baja, de la región montañosa y del Neguev[k], trayendo holocaustos, sacrificios, ofrendas de grano e incienso, y trayendo sacrificios de acción de gracias a la casa del Señor. 27 ‘Pero si no me escucháis en cuanto a santificar el día de reposo, y traéis carga y entráis por las puertas de Jerusalén en día de reposo, entonces prenderé fuego a sus puertas, que consumirá los palacios[l] de Jerusalén, y no se apagará.’”

El alfarero y el barro

18:1 Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo: Levántate y desciende a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Entonces descendí a casa del alfarero, y he aquí, estaba allí haciendo un trabajo sobre la rueda[m]. Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en la mano del alfarero; así que volvió a hacer de ella otra vasija, según le pareció mejor al alfarero hacerla.

Entonces vino a mí la palabra del Señor, diciendo: ¿No puedo yo hacer con vosotros, casa de Israel, lo mismo que hace este alfarero? —declara el Señor. He aquí, como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel. En un momento yo puedo hablar contra una nación o contra un reino, de arrancar, de derribar y de destruir; pero si esa nación contra la que he hablado se vuelve de su maldad, me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella. Y de pronto puedo hablar acerca de una nación o de un reino, de edificar y de plantar;10 pero si hace lo malo ante mis ojos, no obedeciendo mi voz, entonces me arrepentiré del bien con que había prometido bendecirlo[n]. 11 Ahora pues, habla a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, diciendo: “Así dice el Señor: ‘He aquí, estoy preparando una calamidad contra vosotros y tramando un plan contra vosotros. Volveos, pues, cada uno de su mal camino y enmendad[o]vuestros caminos y vuestras obras.’” 12 Mas ellos dirán: “Es en vano; porque vamos a seguir nuestros propios planes, y cada uno de nosotros obrará conforme a la terquedad de su malvado corazón.”

13 Por tanto, así dice el Señor:

“Preguntad ahora entre las naciones:
¿Quién ha oído cosa semejante[p]?
Algo muy horrible ha hecho
la virgen de Israel.
14 “¿Faltará la nieve del Líbano de la roca agreste?
¿O se agotarán[q] las aguas frías que fluyen de tierras lejanas[r]?
15 “Pues bien, mi pueblo me ha olvidado,
queman incienso a dioses vanos[s],
y se han desviado[t] de[u] sus caminos,
de[v] las sendas antiguas,
para andar por senderos,
no por calzada,
16 convirtiendo su tierra en una desolación,
en una burla perpetua.
Todo el que pase por ella se quedará atónito
y meneará la cabeza.
17 “Como viento solano los esparciré
delante del enemigo;
les mostraré[w] la espalda y no el rostro
el día de su calamidad.”

18 Entonces dijeron: Venid y urdamos planes contra Jeremías. Ciertamente la ley no le faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta. Venid e hirámoslo con la lengua, y no hagamos caso a ninguna de sus palabras.

19 Atiéndeme, oh Señor,
y escucha lo que dicen[x] mis contrarios.
20 ¿Acaso se paga mal por bien?
Pues han cavado fosa para mí[y].
Recuerda cómo me puse delante de ti
para hablar bien en favor de ellos,
para apartar de ellos tu furor.
21 Por tanto, entrega sus hijos al hambre,
y abandónalos al poder[z] de la espada;
queden sus mujeres sin hijos y viudas,
sean sus maridos asesinados,
heridos a espada sus jóvenes en la batalla.
22 Oiganse los gritos desde sus casas,
cuando de repente traigas sobre ellos saqueadores;
porque han cavado fosa para atraparme,
y han escondido trampas a mis pies.
23 Pero tú, oh Señor, conoces
todos sus planes de muerte contra mí.
No perdones[aa] su iniquidad
ni borres de tu vista su pecado;
sean derribados[ab] delante de ti,
en el tiempo de tu ira actúa contra ellos.

La vasija rota

19:1 Así dijo el Señor: Ve y compra una vasija de barro del alfarero, y toma contigo[ac] a algunos de los ancianos del pueblo y de los ancianos de los sacerdotes; y sal al valle de Ben-hinom, que está a la entrada de la puerta de los tiestos, y proclama allí las palabras que yo te diré. Dirás: “Oíd la palabra delSeñor, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘He aquí, traeré tal calamidad sobre este lugar, que a todo el que oiga de ella le retiñirán los oídos. ‘Porque me han abandonado, han hecho extraño este lugar y han ofrecido sacrificios[ad] en él a otros dioses, que ni ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá habían conocido, y han llenado este lugar de sangre de inocentes, y han edificado los lugares altos de Baal para quemar a sus hijos en el fuego como holocaustos a Baal, cosa que nunca mandé, ni de la cual hablé, ni me pasó por la mente[ae]; por tanto, he aquí, vienen días —declara elSeñor— cuando este lugar no se llamará más Tofet ni valle de Ben-hinom, sino Valle de la Matanza. ‘Y haré nulo el consejo de Judá y de Jerusalén en este lugar, y los haré caer a espada delante de sus enemigos y a mano de los que buscan su vida, y entregaré sus cadáveres por comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. ‘También convertiré esta ciudad en desolación y burla; todo aquel que pase por ella se quedará atónito y silbará a causa de toda su destrucción[af]. ‘Y les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y cada uno comerá la carne de su prójimo durante el sitio y en la aflicción con que les afligirán sus enemigos y los que buscan su vida.’”

10 Entonces romperás la vasija a la vista de los hombres que te acompañen, 11 y les dirás: “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘De igual manera romperé yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe una vasija de alfarero, que no se puede reparar más; y los enterrarán en Tofet por no haber otro[ag] lugar donde enterrar.12 ‘Así haré con este lugar y con sus habitantes —declara el Señor— poniendo esta ciudad como Tofet. 13 ‘Y las casas de Jerusalén y las casas de los reyes de Judá serán como el lugar de Tofet, inmundas, a causa de todas las casas en cuyos terrados ofrecieron sacrificios[ah] a todo el ejército del cielo y derramaron libaciones a otros dioses.’”

14 Y volvió Jeremías de Tofet, adonde lo había enviado el Señor a profetizar, y poniéndose en pie en el atrio de la casa del Señor, dijo a todo el pueblo: 15 Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “He aquí, voy a traer sobre esta ciudad y sobre todas sus aldeas la calamidad que he declarado contra ella, porque han endurecido su cerviz para no escuchar mis palabras.”

Profecía contra Pasur

20:1 Cuando el sacerdote Pasur, hijo de Imer, que era el oficial principal en la casa del Señor, oyó a Jeremías profetizar estas cosas, hizo[ai] azotar al profeta Jeremías y lo puso en el cepo que estaba en la puerta superior de Benjamín, la cual conducía a la casa del Señor. Y[aj] al día siguiente, cuando Pasur soltó a Jeremías del cepo, Jeremías le dijo: No es Pasur el nombre con que el Señorahora te llama, sino Magor-misabib[ak]. Porque así dice el Señor: “He aquí, te voy a convertir en terror para ti mismo y para todos tus amigos; ellos caerán por la espada de tus enemigos, y tus ojos lo verán. Entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia, y él los llevará como desterrados a Babilonia y los matará a espada. “También entregaré toda la riqueza de esta ciudad, todos sus productos y cosas de gran valor, y[al] todos los tesoros de los reyes de Judá, en manos de sus enemigos, que los saquearán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia. “Y tú, Pasur, con todos los moradores de tu casa, irás al cautiverio y entrarás en Babilonia; allí morirás y allí serás enterrado, tú y todos tus amigos a quienes has profetizado falsamente.”

Lamento del profeta

Me persuadiste[am], oh Señor, y quedé persuadido[an];
fuiste más fuerte que yo y prevaleciste.
He sido el hazmerreír cada día;
todos se burlan de mí.
Porque cada vez que hablo, grito;
proclamo: ¡Violencia, destrucción!
Pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí
oprobio y escarnio cada día.
Pero si digo: No le recordaré
ni hablaré más en su nombre,
esto se convierte dentro de mí[ao] como fuego ardiente
encerrado en mis huesos;
hago esfuerzos por contenerlo,
y no puedo.
10 Porque he oído las murmuraciones de muchos:
¡Terror por todas partes!
¡Denunciadle, denunciémosle!
Todos mis amigos de confianza[ap],
esperando mi caída, dicen:
Tal vez será persuadido[aq], prevaleceremos contra él
y tomaremos de él nuestra venganza.
11 Pero el Señor está conmigo como campeón temible;
por tanto, mis perseguidores tropezarán y no prevalecerán.
Quedarán muy avergonzados, pues no han triunfado,
tendrán afrenta perpetua que nunca será olvidada.
12 Oh Señor de los ejércitos, que pruebas al justo,
que ves las entrañas[ar] y el corazón,
vea yo tu venganza sobre[as] ellos,
pues a ti he encomendado mi causa.
13 Cantad al Señor, alabad al Señor,
porque ha librado el alma del pobre
de manos de los malvados.

14 Maldito el día en que nací;
el día en que me dio a luz mi madre no sea bendito.
15 Maldito el hombre que dio la noticia
a mi padre, diciendo:
¡Te ha nacido un hijo varón!,
haciéndolo muy feliz.
16 Sea ese hombre como las ciudades
que el Señor destruyó sin piedad[at];
oiga gritos de mañana
y alaridos[au] al mediodía,
17 porque no me mató en[av] el vientre
para que mi madre hubiera sido mi sepultura,
y su vientre embarazado para siempre.
18 ¿Por qué salí del vientre
para ver pena y aflicción,
y que acaben en vergüenza mis días?

Footnotes:

  1. Jeremías 17:1 Lit., corindón
  2. Jeremías 17:1 Así en muchos mss. y versiones antiguas; en el T.M., vuestros
  3. Jeremías 17:2 I.e., símbolos de madera de una deidad femenina
  4. Jeremías 17:3 Lit., en todas tus fronteras
  5. Jeremías 17:5 Lit., brazo
  6. Jeremías 17:10 Lit., riñones
  7. Jeremías 17:11 Lit., en su
  8. Jeremías 17:13 Lit., de mí
  9. Jeremías 17:13 Lit., en la tierra
  10. Jeremías 17:16 Lit., pastor en pos de ti
  11. Jeremías 17:26 I.e., región del sur
  12. Jeremías 17:27 O, las fortalezas
  13. Jeremías 18:3 Lit., un par de discos de piedra
  14. Jeremías 18:10 Lit., hacerle bien
  15. Jeremías 18:11 Lit., haced buenos
  16. Jeremías 18:13 Lit., cosas semejantes
  17. Jeremías 18:14 Lit., serán arrebatadas
  18. Jeremías 18:14 O, extranjeras
  19. Jeremías 18:15 Lit., a la vanidad
  20. Jeremías 18:15 Lit., y los hicieron tropezar
  21. Jeremías 18:15 O, en
  22. Jeremías 18:15 O, en
  23. Jeremías 18:17 Así en algunas versiones antiguas; en el T.M., les miraré
  24. Jeremías 18:19 Lit., la voz de
  25. Jeremías 18:20 Lit., para mi alma
  26. Jeremías 18:21 Lit., a las manos
  27. Jeremías 18:23 Lit., cubras
  28. Jeremías 18:23 Lit., aquellos hechos para tropezar
  29. Jeremías 19:1 Así en algunas versiones antiguas; el texto heb. omite: toma contigo
  30. Jeremías 19:4 O, quemado incienso
  31. Jeremías 19:5 Lit., mi corazón
  32. Jeremías 19:8 Lit., todos sus golpes
  33. Jeremías 19:11 O, hasta que no quede
  34. Jeremías 19:13 O, quemaron incienso
  35. Jeremías 20:2 Lit., Pasur hizo
  36. Jeremías 20:3 Lit., Y sucedió que
  37. Jeremías 20:3 I.e., terror por todas partes
  38. Jeremías 20:5 Lit., y entregaré
  39. Jeremías 20:7 O, engañaste
  40. Jeremías 20:7 O, engañado
  41. Jeremías 20:9 Lit., en mi corazón
  42. Jeremías 20:10 Lit., Cada hombre de mi paz
  43. Jeremías 20:10 O, engañado
  44. Jeremías 20:12 Lit., los riñones
  45. Jeremías 20:12 Lit., de
  46. Jeremías 20:16 Lit., sin que le pesara
  47. Jeremías 20:16 O, trompetazo
  48. Jeremías 20:17 Lit., desde
La Biblia de las Américas (LBLA)Copyright © 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation

 

El cinturón de lino podrido

Jeremías 13-16

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El cinturón de lino podrido

 

13:1 Así me dijo el Señor: Ve y cómprate un cinturón de lino y póntelo en la cintura, pero no lo metas en agua. Compré, pues, el cinturón conforme a la palabra delSeñor, y me lo puse en la cintura. Entonces vino a mí la palabra del Señor por segunda vez, diciendo: Toma el cinturón que has comprado, que llevas a la cintura, y levántate, vete al Eufrates[a] y escóndelo allá en una hendidura de la peña. Fui, pues, y lo escondí junto al Eufrates como el Señor me había mandado.Y sucedió que después de muchos días el Señor me dijo: Levántate, vete al Eufrates y toma de allí el cinturón que te mandé que escondieras allá. Fui, pues, al Eufrates y cavé, tomé el cinturón del lugar donde lo había escondido, y he aquí, el cinturón estaba podrido; no servía para nada.

Entonces vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Así dice el Señor: “De la misma manera haré que se pudra la soberbia de Judá y la gran soberbia de Jerusalén. 10 “Este pueblo malvado, que rehúsa escuchar mis palabras, que anda en la terquedad de su corazón y se ha ido tras otros dioses a servirles y a postrarse ante ellos, ha de ser como este cinturón que no sirve para nada.11 “Porque como el cinturón se adhiere a la cintura del hombre, así hice adherirse a mí a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá” —declara el Señor— “a fin de que fueran para mí por pueblo, por renombre[b], por alabanza y por gloria, pero no escucharon.”

Los cántaros estrellados

12 También les dirás esta palabra: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Todo cántaro se llenará de vino.’” Y cuando ellos te digan: “¿Acaso no sabemos bien que todo cántaro ha de llenarse de vino?”, 13 entonces les dirás: “Así dice el Señor: ‘He aquí, voy a llenar de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra: a los reyes sucesores de David que se sientan sobre su trono, a los sacerdotes, a los profetas y a todos los habitantes de Jerusalén; 14 y los estrellaré unos contra otros, los padres con los hijos por igual’ —declara el Señor. ‘No tendré piedad, ni lástima, ni compasión, para dejar de destruirlos.’”

15 Escuchad y prestad atención, no seáis altaneros,
porque el Señor ha hablado.
16 Dad gloria al Señor vuestro Dios
antes que haga venir las tinieblas,
y antes que vuestros pies tropiecen
sobre los montes oscuros,
y estéis esperando la luz,
y El la transforme en profundas tinieblas,
la torne en lobreguez.
17 Pero si no escucháis esto,
mi alma sollozará en secreto por tal orgullo;
mis ojos llorarán amargamente
y se anegarán en lágrimas,
porque ha sido hecho cautivo el rebaño del Señor.
18 Di al rey y a la reina madre:
Humillaos, sentaos en el suelo,
porque ha caído de vuestras cabezas
vuestra hermosa corona.
19 Las ciudades del Neguev[c] han sido cerradas,
y no hay quien las abra:
todo Judá ha sido llevado al destierro,
llevado al cautiverio en su totalidad.

20 Alzad vuestros ojos, y ved
a los que vienen del norte.
¿Dónde está el rebaño que te fue confiado,
tus hermosas ovejas?
21 ¿Qué dirás cuando El ponga sobre ti
(a los que tú mismo habías enseñado)
a antiguos compañeros[d] para ser cabeza tuya?
¿No te vendrán dolores
como de mujer de parto?
22 Y si dices en tu corazón:
“¿Por qué me han sucedido estas cosas?”
Por la magnitud de tu iniquidad
te han quitado las faldas
y descubierto[e] tus calcañares.
23 ¿Puede el etíope mudar su piel,
o el leopardo sus manchas?
Así vosotros, ¿podréis hacer el bien
estando acostumbrados a hacer el mal?
24 Por tanto, os[f] esparciré como paja arrastrada
por el viento del desierto.
25 Esta es tu suerte, la porción que ya he medido para ti
—declara el Señor
porque me has olvidado,
y has confiado en la mentira.
26 Por lo cual yo también te levantaré[g] las faldas sobre tu rostro,
para que se vea tu vergüenza.
27 En tus adulterios y en tus relinchos,
en la bajeza de tu prostitución
sobre las colinas del campo,
he visto tus abominaciones.
¡Ay de ti, Jerusalén!
¿Hasta cuándo seguirás sin purificarte?

La gran sequía

14:1 Lo que vino como palabra del Señor a Jeremías respecto a la sequía:

De luto está Judá,
y sus puertas languidecen,
están por tierra enlutadas,
y sube el clamor de Jerusalén.
Sus nobles enviaban a sus siervos[h] por agua;
iban a las cisternas y no hallaban agua;
volvían con sus vasijas vacías.
Quedaron avergonzados y humillados,
y se cubrieron la cabeza.
El suelo está agrietado[i],
pues no ha habido lluvia sobre la tierra;
los labradores, avergonzados,
se han cubierto la cabeza.
Porque aun la cierva en el campo ha parido, pero abandona su cría
porque no hay hierba.
Y los asnos monteses se paran en las alturas desoladas,
jadeando por aire como chacales;
desfallecen sus ojos
porque no hay vegetación.
Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros,
oh Señor, obra por amor de tu nombre.
En verdad han sido muchas nuestras apostasías,
contra ti hemos pecado.
, esperanza de Israel,
Salvador suyo en tiempo de angustia,
¿por qué has de ser como forastero en la tierra,
o como caminante que ha plantado su tienda para pasar la noche?
¿Por qué has de ser como hombre desalentado,
como guerrero incapaz de salvar?
Sin embargo tú estás en medio nuestro, oh Señor,
y por tu nombre somos llamados;
¡no nos abandones!

10 Así dice el Señor de este pueblo: ¡Cómo les ha gustado vagar! No han refrenado sus pies. El Señor, pues, no los acepta[j]; ahora se acordará El de su iniquidad y castigará sus pecados. 11 Y el Señor me dijo: No ruegues por el bienestar de este pueblo. 12 Cuando ayunen, no escucharé su clamor; cuando ofrezcan holocausto y ofrenda de cereal, no los aceptaré; sino que con espada, con hambre y con pestilencia los destruiré.

13 Y yo dije: ¡Ah, Señor Dios[k]! He aquí, los profetas les dicen: “No veréis espada ni tendréis hambre, sino que os daré paz verdadera en este lugar.” 14 Entonces elSeñor me dijo: Mentira profetizan los profetas en mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he dado órdenes, ni les he hablado; visión falsa, adivinación, vanidad y engaño de sus corazones ellos os profetizan. 15 Por tanto, así dice el Señor: En cuanto a los profetas que profetizan en mi nombre sin que yo los haya enviado, y que dicen: “No habrá espada ni hambre en esta tierra”, a espada y de hambre esos profetas perecerán[l]. 16 También el pueblo a quien profetizan estará tirado por las calles de Jerusalén a causa del hambre y de la espada; no habrá quien los entierre a ellos, ni a sus mujeres, ni a sus hijos, ni a sus hijas, pues derramaré sobre ellos su maldad. 17 Y les dirás esta palabra:

“Viertan lágrimas mis ojos noche y día,
y no cesen,
porque de gran quebranto ha sido quebrantada la virgen hija de mi pueblo,
de una dolorosa herida muy grave.
18 “Si salgo al campo,
he aquí, muertos a[m] espada;
y si entro en la ciudad,
he aquí, enfermedades por el hambre.
Porque tanto el profeta como el sacerdote
andan errantes[n] en una tierra que no conocen.”

19 ¿Has desechado por completo a Judá,
o ha aborrecido tu alma a Sion?
¿Por qué nos has herido sin que haya curación para nosotros?
Esperábamos[o] paz, y no hubo bien alguno;
tiempo de curación, y he aquí, terror.
20 Reconocemos, oh Señor, nuestra impiedad,
la iniquidad de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti.
21 No nos desprecies, por amor a tu nombre,
no deshonres el trono de tu gloria;
acuérdate, no anules tu pacto con nosotros.
22 ¿Hay entre los ídolos[p] de las naciones alguno que haga llover?
¿O pueden los cielos solos dar lluvia?
¿No eres tú, oh Señor, nuestro Dios?
En ti, pues, esperamos,
porque tú has hecho todas estas cosas.

Dios rechaza a su pueblo

15:1 Entonces el Señor me dijo: Aunque Moisés y Samuel se presentaran ante mí, mi corazón[q] no estaría con[r] este pueblo; échalos de mi presencia, y que se vayan. Y será que cuando te digan: “¿Adónde iremos?”, les responderás: “Así dice el Señor:

‘Los destinados para la muerte, a la muerte;
los destinados para la espada, a la espada;
los destinados para el hambre, al hambre,
y los destinados para el cautiverio, al cautiverio.’”

Y pondré sobre ellos cuatro géneros de males —declara el Señor—: la espada para matar, los perros para despedazar, y las aves del cielo y las bestias de la tierra para devorar y destruir. Y los haré motivo de espanto para todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.

Porque, ¿quién se compadecerá de ti, oh Jerusalén?
¿Quién llorará por ti,
o quién se apartará de su camino para preguntar por tu bienestar?
Tú me has dejado —declara el Señor—,
sigues retrocediendo.
Extenderé, pues, mi mano contra ti y te destruiré;
estoy cansado de compadecerme.
Los aventaré con el bieldo
en las puertas del país;
los privaré de hijos, destruiré a mi pueblo,
pues no se arrepintieron[s] de sus caminos.
Por mí sus viudas serán más numerosas
que la arena de los mares.
Traeré[t] contra la madre de sus jóvenes[u],
al destructor en pleno mediodía;
de repente traeré sobre ella
angustia y pavor.
Languidece la que dio a luz siete hijos;
exhala su alma.
Se puso su sol siendo aún de día,
ha sido avergonzada y humillada;
a sus sobrevivientes los entregaré a la espada
delante de sus enemigos —declara el Señor.

Lamento de Jeremías y respuesta de Dios

10 ¡Ay de mí, madre mía, porque me diste a luz
como hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra!
No he prestado ni me han prestado,
y todos me maldicen.

11 El Señor dijo:

Ciertamente te libraré para bien;
ciertamente haré que el enemigo te haga súplica
en tiempo de calamidad y en tiempo de angustia.

12 ¿Puede alguno destrozar el hierro,
el hierro del norte, y el bronce?
13 Tus riquezas y tus tesoros
entregaré al saqueo, sin costo alguno,
por todos tus pecados
en todas tus fronteras.
14 Y haré que tus enemigos te lleven
a una tierra que no conoces;
porque un fuego se ha encendido en mi ira
que sobre vosotros arderá.

15 Tú que lo sabes, oh Señor,
acuérdate de mí, atiéndeme,
y véngame de mis perseguidores.
Conforme a tu paciencia[v], no dejes que sea yo arrebatado;
sabes que por ti sufro oprobio.
16 Cuando se presentaban tus palabras, yo las comía;
tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón,
porque se me llamaba por tu nombre[w],
oh Señor, Dios de los ejércitos.
17 No me senté en la asamblea de los que se divierten, ni me regocijé.
A causa de tu mano, solitario me senté,
porque de indignación me llenaste.
18 ¿Por qué es mi dolor perpetuo
y mi herida incurable, que rehúsa sanar?
¿Serás en verdad para mí como corriente engañosa,
como aguas en las que no se puede confiar?

19 Entonces[x] dijo así el Señor:

Si vuelves, yo te restauraré,
en mi presencia estarás;
si apartas lo precioso de lo vil,
serás mi portavoz[y].
Que se vuelvan ellos a ti,
pero tú no te vuelvas a ellos.
20 Y te pondré para este pueblo
por muralla de bronce inexpugnable;
lucharán contra ti,
pero no te vencerán,
porque contigo estoy yo para salvarte
y librarte —declara el Señor.
21 Te libraré de la mano de los malos,
y te redimiré de la garra[z] de los violentos.

Calamidades venideras

16:1 Entonces la palabra del Señor vino a mí, diciendo: No tomes para ti mujer ni tengas hijos ni hijas en este lugar. Porque así dice el Señor acerca de los hijos e hijas nacidos en este lugar, y acerca de las madres que los dieron a luz, y de los padres que los engendraron en esta tierra: De muertes crueles morirán; no serán llorados ni sepultados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra; a espada y por hambre serán acabados, y sus cadáveres servirán de comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra.

Porque así dice el Señor: No entres en casa de duelo[aa], ni vayas a lamentar, ni los consueles; pues he retirado mi paz de este pueblo —declara el Señor—, la misericordia y la compasión. Morirán grandes y pequeños en esta tierra; no serán enterrados, ni llorados, y nadie se sajará ni se rapará por ellos; no partiránel pan en el duelo para ellos, a fin de consolarlos[ab] por el muerto, ni les darán a beber la copa de consolación por su padre o por su madre. Tampoco entres en casa de banquete para sentarte con ellos a comer y beber. Porque así dice elSeñor de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí, voy a hacer que desaparezca de este lugar, ante vuestros ojos y en vuestros días, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia.

10 Y sucederá que cuando anuncies a este pueblo todas estas palabras, ellos te dirán: “¿Por qué el Señor ha pronunciado toda esta gran calamidad contra nosotros? ¿Cuál es nuestra iniquidad y cuál es nuestro pecado que hemos cometido contra el Señor nuestro Dios?” 11 Entonces les dirás: “Es porque vuestros padres me abandonaron” —declara el Señor— “y siguieron a otros dioses y los sirvieron y se postraron ante ellos, pero a mí me abandonaron y no guardaron mi ley. 12 “Y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres, porque he aquí, cada uno de vosotros anda tras la terquedad de su malvado corazón, sin escucharme. 13 “Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra a una tierra que no habéis conocido, ni vosotros ni vuestros padres; y allí serviréis a otros dioses día y noche, pues no os mostraré clemencia.”

La restauración prometida

14 Por tanto, he aquí, vienen días —declara el Señor— cuando ya no se dirá: “Vive el Señor, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto”, 15 sino: “Vive elSeñor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte y de todos los países adonde los había desterrado.” Porque los haré volver a su tierra, la cual di a sus padres.

16 He aquí, enviaré a muchos pescadores —declara el Señor— que los pescarán; y después enviaré a muchos cazadores, que los cazarán por todo monte y por todo collado y por las hendiduras de las peñas. 17 Porque mis ojos están puestos sobre todos sus caminos, que no se me ocultan, ni su iniquidad está encubierta a mis ojos. 18 Pero primero, pagaré al doble su iniquidad y su pecado, porque ellos han contaminado mi tierra con los cadáveres de sus ídolos abominables y han llenado mi heredad con sus abominaciones.

19 ¡Oh Señor, fuerza mía y fortaleza mía,
refugio mío en el día de angustia!
A ti vendrán las naciones
desde los términos de la tierra y dirán:
Nuestros padres heredaron sólo mentira,
vanidad y cosas sin provecho[ac].
20 ¿Puede hacer el hombre dioses para sí?
¡Pero no son dioses!
21 Por tanto, he aquí, voy a darles a conocer,
esta vez les haré conocer
mi mano y mi poder;
y sabrán que mi nombre es el Señor.

Footnotes:

  1. Jeremías 13:4 Heb., Perat, y así hasta el vers. 7
  2. Jeremías 13:11 Lit., nombre
  3. Jeremías 13:19 I.e., región del sur
  4. Jeremías 13:21 O, jefes
  5. Jeremías 13:22 O, han sufrido violencia
  6. Jeremías 13:24 Lit., los
  7. Jeremías 13:26 Lit., te despojaré de
  8. Jeremías 14:3 Lit., pequeños
  9. Jeremías 14:4 Lit., despedazado
  10. Jeremías 14:10 O, no se complace en ellos
  11. Jeremías 14:13 Heb., YHWH, generalmente traducido Señor
  12. Jeremías 14:15 Lit., serán acabados
  13. Jeremías 14:18 Lit., atravesados con la
  14. Jeremías 14:18 Lit., han estado negociando
  15. Jeremías 14:19 Lit., Se espera
  16. Jeremías 14:22 Lit., las vanidades
  17. Jeremías 15:1 Lit., alma
  18. Jeremías 15:1 Lit., hacia
  19. Jeremías 15:7 Lit., se volvieron
  20. Jeremías 15:8 Lit., Traeré contra ellos
  21. Jeremías 15:8 Lit., del joven
  22. Jeremías 15:15 Lit., a lo lento de tu ira
  23. Jeremías 15:16 Lit., tu nombre era invocado sobre mí
  24. Jeremías 15:19 Lit., Por tanto
  25. Jeremías 15:19 Lit., como mi boca
  26. Jeremías 15:21 Lit., palma
  27. Jeremías 16:5 O, banquete
  28. Jeremías 16:7 Lit., consolarle
  29. Jeremías 16:19 Lit., y no hay nada provechoso en ellas
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Amenaza de ruina y destierro

Jeremías 9-12

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9:1 [a]Quién me diera que mi cabeza se hiciera agua,
y mis ojos fuente de lágrimas,
para que yo llorara día y noche
por los muertos de la hija de mi pueblo.
[b]Quién me diera en el desierto
un albergue de caminantes,
para dejar a mi pueblo
y alejarme de ellos.
Porque todos ellos son adúlteros,
una asamblea de traidores.
Tensan su lengua como su arco;
la mentira y no la verdad[c] prevalece en la tierra;
porque de mal en mal proceden,
y a mí no me conocen —declara el Señor.
Guárdese cada uno de su prójimo,
y no confíe en ningún hermano;
porque todo hermano obra con engaño[d],
y todo prójimo anda calumniando.
Cada uno engaña a su prójimo,
y no habla la verdad,
han enseñado sus lenguas a hablar mentiras;
se afanan por cometer iniquidad.
Tu morada está en medio del engaño;
por causa del engaño rehúsan conocerme —declara el Señor.

Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos:

He aquí, los refinaré y los probaré,
porque ¿qué más puedo hacer con la hija de mi pueblo?
Saeta mortífera es su lengua,
engaño habla;
con su boca habla cada uno de paz a su prójimo,
pero dentro de sí le tiende emboscada.
Por estas cosas ¿no los castigaré? —declara el Señor.
De una nación como ésta
¿no se vengará mi alma?

Amenaza de ruina y destierro

10 Alzad[e] por los montes lloro y lamentación,
y una elegía por los pastos del desierto,
porque han sido desolados; nadie pasa por ellos,
ni se oye el bramido del ganado;
desde las aves del cielo hasta las bestias han huido, se han ido.
11 Haré de Jerusalén un montón de ruinas,
una guarida de chacales,
y de las ciudades de Judá una desolación, sin habitante.

12 ¿Quién es el hombre sabio que entienda esto? ¿A quién ha hablado la boca delSeñor que pueda declararlo? ¿Por qué está arruinado el país, desolado como un desierto sin que nadie pase por él? 13 Respondió el Señor: Porque han abandonado mi ley que puse delante de ellos, y no han obedecido mi voz ni andado conforme a ella, 14 sino que han andado tras la terquedad de sus corazones y tras los baales, tal como sus padres les enseñaron. 15 Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí, yo daré de comer ajenjo a este pueblo y le daré de beber agua envenenada. 16 Los esparciré entre naciones que no conocieron ni ellos ni sus padres, y enviaré tras ellos la espada hasta aniquilarlos.

17 Así dice el Señor de los ejércitos:

Considerad, llamad a las plañideras, que vengan;
enviad por las más hábiles, que vengan,
18 que se apresuren y eleven una lamentación por nosotros,
para que derramen lágrimas nuestros ojos
y fluya agua de nuestros párpados.
19 Porque voz de lamentación se oye desde Sion:
“¡Cómo hemos sido arrasados!
En gran manera estamos avergonzados,
porque tenemos que abandonar la tierra,
porque han derribado nuestras moradas.”
20 Oíd, pues, mujeres, la palabra del Señor,
y reciba vuestro oído la palabra de su boca;
enseñad la lamentación a vuestras hijas
y la endecha cada una a su vecina.
21 Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas,
ha entrado en nuestros palacios,
exterminando a los niños de las calles,
a los jóvenes de las plazas.

22 Di: Así declara el Señor:

“Los cadáveres de los hombres caerán
como estiércol sobre la faz del campo,
y como gavillas tras el segador,
y no habrá quien las recoja.”

23 Así dice el Señor:

No se gloríe el sabio de su sabiduría,
ni se gloríe el poderoso de su poder,
ni el rico se gloríe de su riqueza;
24 mas el que se gloríe, gloríese de esto:
de que me entiende y me conoce,
pues yo soy el Señor que hago misericordia,
derecho y justicia en la tierra,
porque en estas cosas me complazco —declara el Señor.

25 He aquí, vienen días —declara el Señor— en que castigaré a todo el que estécircuncidado sólo en la carne[f]: 26 a Egipto, a Judá, a los hijos de Amón, a Moab y a todos los que se rapan las sienes, a los que habitan en el desierto; porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.

Los dioses falsos y el Dios verdadero

10:1 Oíd la palabra que el Señor os habla, oh casa de Israel. Así dice el Señor:

El camino de las naciones no aprendáis,
ni de las señales de los cielos os aterroricéis,
aunque las naciones les tengan terror.
Porque las costumbres de los pueblos son vanidad;
pues un leño del bosque es cortado,
lo trabajan las manos de un artífice con la azuela;
con plata y oro lo adornan,
con clavos y martillos lo aseguran
para que no se mueva.
Como los espantapájaros de un pepinar,
sus ídolos[g] no hablan;
tienen que ser transportados,
porque no andan.
No les tengáis miedo,
porque no pueden hacer ningún mal,
ni tampoco hacer bien alguno.

No hay nadie como tú, oh Señor;
grande eres tú, y grande es tu nombre en poderío.
¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones?
Porque esto se te debe.
Porque entre todos los sabios de las naciones,
y en todos sus reinos,
no hay nadie como tú.
Mas ellos a una son torpes y necios
en su enseñanza de vanidades[h], pues su ídolo es un leño.
Plata laminada es traída de Tarsis
y oro de Ufaz,
obra de un artífice y de manos de un orfebre;
su vestido es de violeta y púrpura;
todo ello obra de peritos.
10 Pero el Señor es el Dios verdadero;
El es el Dios vivo y el Rey eterno.
Ante su enojo tiembla la tierra,
y las naciones son impotentes ante su indignación.

11 [i]Así les diréis: Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perecerán de la tierra y de debajo de los[j] cielos.

12 El es el que hizo la tierra con su poder,
el que estableció el mundo con su sabiduría,
y con su inteligencia extendió los cielos.
13 Cuando El emite su voz, hay estruendo de aguas en los cielos;
El hace subir las nubes desde los extremos de la tierra,
hace los relámpagos para la lluvia
y saca el viento de sus depósitos.
14 Todo hombre es torpe, falto de conocimiento;
todo orfebre se avergüenza de su ídolo[k];
porque engañosas son sus imágenes fundidas,
y no hay aliento en ellas.
15 Vanidad son, obra ridícula,
en el tiempo de su castigo perecerán.
16 No es como ésta la porción de Jacob;
porque El es el Hacedor[l] de todo,
e Israel es la tribu de su heredad;
el Señor de los ejércitos es su nombre.

17 Recoge del suelo tus pertenencias,
tú que moras sitiada.

18 Porque así dice el Señor:

He aquí, en esta ocasión, tiro con honda a los habitantes de la tierra,
y los afligiré
para que me puedan hallar.

19 ¡Ay de mí, por mi quebranto!
Mi herida es incurable.
Mas yo me dije: De cierto esta es una enfermedad,
y debo soportarla.
20 Mi tienda está destruida,
y todas mis cuerdas rotas;
mis hijos me han abandonado y no queda ninguno.
No hay quien plante de nuevo mi tienda
ni coloque mis cortinas.
21 Porque los pastores se han entorpecido
y no han buscado al Señor;
por tanto, no prosperaron,
y todo su rebaño se ha dispersado.
22 ¡Se oye un rumor! He aquí, viene
una gran conmoción desde la tierra del norte,
para convertir las ciudades de Judá
en desolación, en guarida de chacales.

23 Yo sé, oh Señor, que no depende del hombre su camino,
ni de quien anda el dirigir sus pasos.
24 Repréndeme, oh Señor, pero con justicia,
no con tu ira, no sea que me reduzcas a nada.
25 Derrama furor sobre las naciones que no te conocen,
y sobre los linajes que no invocan tu nombre;
porque han devorado a Jacob,
lo han devorado y lo han consumido,
y han asolado su morada[m].

Consecuencias por violar el pacto

11:1 La palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo: Oíd las palabras de este pacto, y decidlas a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén. Les diréis: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Maldito el hombre que no obedezca las palabras de este pacto que mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: “Escuchad mi voz, y haced[n] conforme a todo lo que yo os mando; y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios”, para confirmar el juramento que juré a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel, como lo es hoy.’” Entonces respondí y dije: Amén, Señor.

Y el Señor me dijo: Proclama todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: “Oíd las palabras de este pacto y cumplidlas.“Porque bien advertí a vuestros padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto, y hasta hoy los he amonestado con insistencia[o], diciéndoles: ‘Escuchad mi voz.’ “Pero no escucharon ni inclinaron su oído, sino que cada cual anduvo en la terquedad de su malvado corazón. Por tanto, hice caer sobre ellos todas las palabras de este pacto, que yo les mandé cumplir y no lo cumplieron.”

Entonces el Señor me dijo: Se ha descubierto una conspiración entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén. 10 Se han vuelto a las iniquidades de sus antepasados[p], los cuales rehusaron escuchar mis palabras, y se han ido tras otros dioses para servirlos. La casa de Israel y la casa de Judá han violado mi pacto, el cual hice con sus padres. 11 Por tanto, así dice el Señor: He aquí, traigo sobre ellos una calamidad de la que no podrán escapar; aunque clamen a mí, no los escucharé. 12 Entonces irán las ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman incienso, pero ellos ciertamente no podrán salvarlos en la hora de su aflicción. 13 Porque según el número de tus ciudades son tus dioses, oh Judá, y según el número de las calles de Jerusalén, son los altares que has levantado a lo vergonzoso, altares para quemar incienso a Baal.

14 Pero tú no ruegues por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque no escucharé cuando clamen a mí a causa de su aflicción.

15 ¿Qué derecho tiene[q] mi amada en mi casa
cuando ha hecho tantas vilezas?
¿Puede la carne consagrada quitar de ti tu calamidad
para[r] que puedas regocijarte?
16 Olivo frondoso, hermoso en fruto y forma,
te puso por nombre el Señor.
Con ruido de un gran estrépito
ha prendido fuego en él,
y sus ramas son inservibles.

17 El Señor de los ejércitos, que te plantó, ha decretado una calamidad contra ti a causa de la maldad que la casa de Israel y la casa de Judá han hecho[s], provocándome al ofrecer sacrificios[t] a Baal.

Intrigas contra Jeremías

18 El Señor me lo hizo saber y lo comprendí. Entonces me hiciste ver sus obras.19 Pero yo era como un cordero manso llevado al matadero, y no sabía que tramaban intrigas contra mí, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto[u], y cortémoslo de la tierra de los vivientes, para que no se recuerde más su nombre.

20 Mas, oh Señor de los ejércitos, que juzgas rectamente,
que examinas los sentimientos[v] y el corazón,
vea yo tu venganza contra ellos,
porque a ti he expuesto[w] mi causa.

21 Por tanto, así dice el Señor en cuanto a los hombres de Anatot que buscan tu vida, diciendo: No profetices en el nombre del Señor, para que no mueras a manos nuestras; 22 así, pues, dice el Señor de los ejércitos: He aquí, voy a castigarlos. Los jóvenes morirán a espada, sus hijos e hijas morirán de hambre,23 y no quedará de ellos remanente, porque traeré una calamidad sobre los hombres de Anatot, el año de su castigo.

Queja de Jeremías

12:1 Justo eres tú, oh Señor, cuando a ti presento mi causa;
en verdad asuntos de justicia voy a discutir contigo.
¿Por qué prospera el camino de los impíos
y viven en paz todos los que obran con perfidia?
Tú los plantas, y[x] echan raíces;
crecen, dan fruto.
Cerca estás tú de sus labios[y],
pero lejos de su corazón[z].
Pero tú me conoces, oh Señor,
tú me ves,
y compruebas la actitud de mi corazón para contigo.
Arrástralos como ovejas para el matadero
y sepáralos[aa] para el día de la matanza.
¿Hasta cuándo estará de luto la tierra
y marchita la vegetación de todo el campo?
Por la maldad de los que moran en ella
han sido destruidos los animales y las aves,
porque han dicho: Dios no verá nuestro fin.

Respuesta de Dios

Si corriste con los de a pie y te cansaron,
¿cómo, pues, vas a competir con los caballos?
Si caes en tierra de paz,
¿cómo te irá[ab] en la espesura[ac] del Jordán?
Porque también tus hermanos y la casa de tu padre,
también ellos te han traicionado,
también ellos han dado gritos en pos de ti;
no les creas aunque te digan cosas agradables.

He dejado mi casa,
he abandonado mi heredad,
he entregado a la amada de mi alma
en manos[ad] de sus enemigos.
Mi heredad vino a ser para mí
como león en la selva;
rugió[ae] contra mí;
por tanto, la aborrecí.
¿Es acaso mi heredad para mí como ave de rapiña de varios colores?
¿Están las aves de rapiña por todos lados contra ella?
Id, reunid a todas las bestias del campo,
traedlas para que la devoren.
10 Muchos pastores han arruinado mi viña,
han hollado mi heredad[af];
han hecho de mi hermosa heredad[ag]
un desierto desolado.
11 Fue hecha una desolación,
llora sobre mí desolada;
todo el país ha sido desolado,
porque no hubo nadie a quien le importara.
12 Sobre todas las alturas desoladas del desierto
han venido destructores,
porque la espada del Señor devora
de un extremo de la tierra al otro[ah];
no hay paz para nadie[ai].
13 Han sembrado trigo y han segado espinos,
se han esforzado sin provecho alguno.
Avergonzaos, pues, de vuestras cosechas
a causa de la ardiente ira del Señor.

14 Así dice el Señor en cuanto a todos mis malvados vecinos que atacan la heredad que he dado en posesión a mi pueblo Israel: He aquí los arrancaré de su tierra, y a la casa de Judá la arrancaré de en medio de ellos. 15 Y sucederá que después que los haya arrancado, volveré y les tendré compasión, y los haré regresar cada uno a su heredad y cada cual a su tierra. 16 Y sucederá que si ellos de verdad aprenden los caminos de mi pueblo, jurando en mi nombre: “Vive elSeñor”, así como ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, serán restablecidos en medio de mi pueblo. 17 Pero si no escuchan, entonces arrancaré esa nación, laarrancaré y la destruiré —declara el Señor.

Footnotes:

  1. Jeremías 9:1 En el texto heb., cap. 8:23
  2. Jeremías 9:2 En el texto heb., cap. 9:1
  3. Jeremías 9:3 Lit., fidelidad
  4. Jeremías 9:4 I.e., como Jacob (juego de palabras)
  5. Jeremías 9:10 Así en la versión gr. (Sept.); en el T.M., Alzaré
  6. Jeremías 9:25 Lit., en el prepucio
  7. Jeremías 10:5 Lit., ellos
  8. Jeremías 10:8 O, ídolos
  9. Jeremías 10:11 Este vers. está escrito en aram.
  10. Jeremías 10:11 O, estos
  11. Jeremías 10:14 O, su imagen tallada
  12. Jeremías 10:16 Lit., Diseñador
  13. Jeremías 10:25 O, pastizal
  14. Jeremías 11:4 Lit., hacedles
  15. Jeremías 11:7 Lit., madrugando y amonestando
  16. Jeremías 11:10 Lit., primeros padres
  17. Jeremías 11:15 Lit., ¿Qué hace
  18. Jeremías 11:15 Lit., entonces
  19. Jeremías 11:17 O, hecho para sí mismos
  20. Jeremías 11:17 O, quemar incienso
  21. Jeremías 11:19 Lit., pan
  22. Jeremías 11:20 Lit., riñones
  23. Jeremías 11:20 Lit., revelado
  24. Jeremías 12:2 Lit., también
  25. Jeremías 12:2 Lit., en sus bocas
  26. Jeremías 12:2 Lit., sus riñones
  27. Jeremías 12:3 Lit., conságralos
  28. Jeremías 12:5 Lit., harás
  29. Jeremías 12:5 Lit., el orgullo
  30. Jeremías 12:7 Lit., palmas
  31. Jeremías 12:8 Lit., levantó su voz
  32. Jeremías 12:10 O, campo
  33. Jeremías 12:10 O, campo
  34. Jeremías 12:12 Lit., al otro extremo de la tierra
  35. Jeremías 12:12 Lit., toda carne
La Biblia de las Américas (LBLA)Copyright © 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation

El juicio contra Jerusalén y Judá

Jeremías 6-8

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El juicio contra Jerusalén y Judá

 

6:1  Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén, y tocad bocina en Tecoa, y alzad por señal humo sobre Bet-haquerem; porque del norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande.

Destruiré a la bella y delicada hija de Sion.

Contra ella vendrán pastores y sus rebaños; junto a ella plantarán sus tiendas alrededor; cada uno apacentará en su lugar.

Anunciad guerra contra ella; levantaos y asaltémosla a mediodía. !!Ay de nosotros! que va cayendo ya el día, que las sombras de la tarde se han extendido.

Levantaos y asaltemos de noche, y destruyamos sus palacios.

Porque así dijo Jehová de los ejércitos: Cortad árboles, y levantad vallado contra Jerusalén; esta es la ciudad que ha de ser castigada; toda ella está llena de violencia.

Como la fuente nunca cesa de manar sus aguas, así ella nunca cesa de manar su maldad; injusticia y robo se oyen en ella; continuamente en mi presencia, enfermedad y herida.

Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi alma de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra inhabitada.

Así dijo Jehová de los ejércitos: Del todo rebuscarán como a vid el resto de Israel; vuelve tu mano como vendimiador entre los sarmientos.

10 ¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.

11 Por tanto, estoy lleno de la ira de Jehová, estoy cansado de contenerme; la derramaré sobre los niños en la calle, y sobre la reunión de los jóvenes igualmente; porque será preso tanto el marido como la mujer, tanto el viejo como el muy anciano.

12 Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y también sus mujeres; porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehová.

13 Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores.

14 Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.

15 ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener verg:uenza; por tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová.

16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.

17 Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos.

18 Por tanto, oíd, naciones, y entended, oh congregación, lo que sucederá.

19 Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley.

20 ¿Para qué a mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan.

21 Por tanto, Jehová dice esto: He aquí yo pongo a este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos juntamente; el vecino y su compañero perecerán.

22 Así ha dicho Jehová: He aquí que viene pueblo de la tierra del norte, y una nación grande se levantará de los confines de la tierra.

23 Arco y jabalina empuñarán; crueles son, y no tendrán misericordia; su estruendo brama como el mar, y montarán a caballo como hombres dispuestos para la guerra, contra ti, oh hija de Sion.

24 Su fama oímos, y nuestras manos se descoyuntaron; se apoderó de nosotros angustia, dolor como de mujer que está de parto.

25 No salgas al campo, ni andes por el camino; porque espada de enemigo y temor hay por todas partes.

26 Hija de mi pueblo, cíñete de cilicio, y revuélcate en ceniza; ponte luto como por hijo único, llanto de amarguras; porque pronto vendrá sobre nosotros el destruidor.

27 Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre; conocerás, pues, y examinarás el camino de ellos.

28 Todos ellos son rebeldes, porfiados, andan chismeando; son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.

29 Se quemó el fuelle, por el fuego se ha consumido el plomo; en vano fundió el fundidor, pues la escoria no se ha arrancado.

30 Plata desechada los llamarán, porque Jehová los desechó.

Mejorad vuestros caminos y vuestras obras

7:1  Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:

Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová.

Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar.

No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este.

Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo,

y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro,

os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre.

He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan.

Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis,

10 ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?

11 ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.

12 Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.

13 Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis;

14 haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo.

15 Os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.

16 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.

17 ¿No ves lo que éstos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?

18 Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.

19 ¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión?

20 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra; se encenderán, y no se apagarán.

Castigo de la rebelión de Judá

21 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.

22 Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

23 Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.

24 Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante,

25 desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervos, enviándolos desde temprano y sin cesar;

26 pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.

27 Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán.

28 Les dirás, por tanto: Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.

29 Corta tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre las alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación objeto de su ira.

30 Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola.

31 Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom,para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.

32 Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar.

33 Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.

34 Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada.

8:1  En aquel tiempo, dice Jehová, sacarán los huesos de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y los huesos de los moradores de Jerusalén, fuera de sus sepulcros;

y los esparcirán al sol y a la luna y a todo el ejército del cielo, a quienes amaron y a quienes sirvieron, en pos de quienes anduvieron, a quienes preguntaron, y ante quienes se postraron. No serán recogidos ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra.

Y escogerá la muerte antes que la vida todo el resto que quede de esta mala generación, en todos los lugares adonde arroje yo a los que queden, dice Jehová de los ejércitos.

Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: El que cae, ¿no se levanta? El que se desvía, ¿no vuelve al camino?

¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han querido volverse.

Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla.

Aun la cig:ueña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.

¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas.

Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados; he aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría tienen?

10 Por tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a quienes los conquisten; porque desde el más pequeño hasta el más grande cada uno sigue la avaricia; desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño.

11 Y curaron la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.

12 ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado en lo más mínimo, ni supieron avergonzarse; caerán, por tanto, entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová.

13 Los cortaré del todo, dice Jehová. No quedarán uvas en la vid, ni higos en la higuera, y se caerá la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos.

14 ¿Por qué nos estamos sentados? Reuníos, y entremos en las ciudades fortificadas, y perezcamos allí; porque Jehová nuestro Dios nos ha destinado a perecer, y nos ha dado a beber aguas de hiel, porque pecamos contra Jehová.

15 Esperamos paz, y no hubo bien; día de curación, y he aquí turbación.

16 Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos; al sonido de los relinchos de sus corceles tembló toda la tierra; y vinieron y devoraron la tierra y su abundancia, a la ciudad y a los moradores de ella.

17 Porque he aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, áspides contra los cuales no hay encantamiento, y os morderán, dice Jehová.

Lamento sobre Judá y Jerusalén

18 A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en mí.

19 He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová en Sion? ¿No está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas?

20 Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos.

21 Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado.

22 ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué, pues, no hubo medicina para la hija de mi pueblo?

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.