La Biblia habla de usted y de mí (6)

Lunes 14 Marzo

Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros… y ahora nuestra alma se seca…

Números 11:56

El Dios de toda gracia… después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

1 Pedro 5:10

La Biblia habla de usted y de mí (6)

¡Era mucho mejor antes! Esto decían los israelitas, a quienes aluden los primeros versículos del encabezamiento. Sin embargo, habían sido liberados de un país en el que eran esclavos, y se dirigían a un lugar donde la vida sería mejor. Pero aun así no estaban satisfechos y se quejaban. ¡Se quejaban incluso de Dios, como si él les hubiese engañado prometiéndoles maravillas!

A veces, lo mismo hago yo, y quizá también usted. Es normal que no nos gusten las dificultades. Pero, ¿al menos estamos satisfechos con lo que va bien? ¿Sabemos verlo y apreciarlo? Yo no lo hago necesariamente. Y a menudo esta insatisfacción va acompañada de un sentimiento de injusticia: ¡A los demás todo les sale bien! ¡Ellos sí tienen suerte, aunque no son mejores que yo!

La Biblia nos dice que, por medio de Jesucristo, Dios quiso salvarnos de un estado de miseria profunda, de un camino que nos llevaba a la perdición. Debemos aceptar esto por la fe. Y luego, ese Dios que nos dio la vida, también cuidará de nosotros en cada detalle de nuestra existencia. No nos prometió una vida fácil, pero sí nos prometió estar con nosotros, paso a paso, y que la meta hacia la cual nos conduce será una felicidad perfecta y definitiva junto a él. Quizá debamos dar solo un paso a la vez, felices de haber sido rescatados de la muerte por medio de Jesucristo, y felices de avanzar junto a él.

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 26 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Trasplantados

Domingo 13 Marzo

Todo tiene su tiempo… tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado… tiempo de llorar, y tiempo de reír.

Eclesiastés 3:124

Cantaré al Señor, porque me ha hecho bien.

Salmo 13:6

Trasplantados

Llegó el día de hacer trasplantes en el jardín. Los retoños crecieron y hay que sacarlos de su maceta, que ya es demasiado pequeña, para colocarlos en una más grande. Así las raíces tendrán más espacio y la planta podrá desarrollarse mejor.

Esta operación probablemente es un poco “traumatizante” para la planta: algunas raíces y hojas se estropean, hay que estirar, empujar… Primero debemos dejar que la tierra se seque un poco para que se desprenda más fácil del recipiente.

A veces Dios emplea circunstancias de la vida de sus hijos para efectuar un trabajo análogo: nos “trasplanta” regularmente cuando nuestra fe “carece de espacio”, para que así podamos crecer y desarrollarnos nuevamente. Es cierto que podemos pasar por momentos de sequía que nos despegan, en cierto modo, de situaciones que debemos dejar. También debemos salir de nuestra zona de confort, de nuestra rutina, lo cual a menudo es doloroso. Pero Dios nos cuida y quiere que nos desarrollemos plenamente, hasta el día en que seamos llevados al cielo, para gozar siempre de la vida eterna que nos dio en su Hijo (1 Juan 5:11).

No nos desanimemos, pues, debido a los sufrimientos y situaciones difíciles que debemos atravesar ahora; confiemos en Dios, quien nos ama y sabe lo que hace en nuestras vidas.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23:4).

Éxodo 25 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Biblia de Adán

Sábado 12 Marzo

Mandó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Génesis 2:16-17

Así como en Adán todos mueren… en Cristo todos serán vivificados.

1 Corintios 15:22

La Biblia de Adán

Después de haber creado a Adán, Dios lo instaló en un huerto maravilloso, lleno de árboles frutales. Adán podía admirar la naturaleza creada, testimonio de la bondad del Creador hacia él. Dios también habló dándole instrucciones claras. Para Adán esta era la “Palabra de Dios”, “la Biblia de Adán”.

¿Qué hizo Adán con su “Biblia”? El capítulo 3 de Génesis nos lo dice: Satanás se presentó, mintió y contradijo abiertamente la palabra de Dios. Adán y Eva lo escucharon, pusieron en duda la bondad de Dios y su palabra. Desobedecieron, ¡y fue la catástrofe! Como Dios lo había anunciado, Adán y Eva murieron…

Ahora, como Adán en otro tiempo, los hombres tienen ante ellos la naturaleza, un testimonio universal del poder y de la bondad del Creador. También tienen su palabra, la Biblia, que hoy está completa.

Y la triste historia se repite: los hombres, cegados por Satanás, no creen en lo que la Biblia dice y ponen en duda la bondad de Dios. Al igual que sus primeros padres, son pecadores, desobedecen y mueren…

Pero en medio de este panorama desolador apareció una luz: Jesús, el Hijo de Dios, vino a la tierra. Resistió a Satanás y confió en Dios. Obedeció hasta el final. Dio su vida en la cruz por la humanidad, formada por hombres culpables y desobedientes. Murió por ellos, pero resucitó al tercer día. La muerte fue vencida, Satanás fue destruido (Hebreos 2:14). ¡Todos los que creen en Jesús reciben la vida eterna!

Éxodo 24 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Mi vida cambió de dirección

Viernes 11 Marzo

Estaba yo postrado, y (Dios) me salvó.

Salmo 116:6

Vida y misericordia me concediste.

Job 10:12

Mi vida cambió de dirección

“Tenía un inmenso vacío en mí, un vacío tan grande que caí en una profunda depresión.

 – Para mí Dios no existía como tal, pues pensaba que él era simplemente aquello que me permite vivir: aire, sol, agua y alimento.

 – Jesús hablaba de amor, pero para mí, solo era un hombre.

 – Para mí, la Biblia era un libro como los demás, del ámbito de la fantasía.

Yo era militar. En cierta ocasión, después de una noche en el bar de mi regimiento, un compañero me habló del Evangelio. Aunque estaba un poco ebrio, reflexioné sobre ello durante la noche. Al día siguiente, cuando regresaba a casa para pasar el fin de semana, llevé a un autoestopista; luego él me invitó a beber algo. Entramos en un café cristiano justo cuando se terminaba una reunión de evangelización. Después de conversar con el predicador me di cuenta de que Dios me llamaba, pues no creía en el azar. Fue allí donde sentí y comprendí la necesidad de cambiar. A menudo mi compañero me hablaba del Evangelio, y juntos asistimos a reuniones semanales para estudiar la Biblia. En agosto del mismo año empecé a ir a una congregación cristiana de mi pueblo; allí fui bautizado a principios del siguiente año. El Señor cambió todo en mí. Hace 30 años que le pertenezco, y aunque la vida no siempre ha sido fácil desde entonces, no me arrepiento de haberlo aceptado como Salvador”. V.G.

“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:16-17).

Éxodo 23 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Criticada por los hombres

Jueves 10 Marzo

Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros… el que me juzga es el Señor… El Señor… aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

1 Corintios 4:3-5

Criticada por los hombres, pero aprobada por Dios

Tres ocasiones con María de Betania:

 – Lucas 10:38-42: Marta y su hermana María recibieron a Jesús en su casa. Marta se afanaba para atender bien a su huésped, pero María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchándolo. Había olvidado todo lo demás. Su hermana se indignó y se quejó ante Jesús, quien le dijo: “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (v. 42).

 – Juan 11:1-44: María acababa de perder a su hermano Lázaro y estaba en su casa llorando. Unos judíos fueron a consolarla. Jesús estaba cerca, pero todavía no había llegado… Marta envió un mensaje a María: “El Maestro (Jesús) está aquí y te llama” (Juan 11:28). María se levantó rápidamente. Los judíos no comprendieron. Pensaban que iba al sepulcro a llorar, pero ella iba a llorar a los pies del Señor. Jesús lloró con ella y luego resucitó a su hermano.

 – Juan 12:1-8: El odio de los judíos hacia Jesús fue aumentando, y María presentía que la muerte de Jesús estaba cerca. Ella quería expresar su amor y adoración a aquel que estaba a punto de dar su vida por los culpables. Mientras Jesús estaba a la mesa con Marta, Lázaro y varios discípulos, ella derramó sobre sus pies un perfume de mucho precio. Por ello recibió fuertes críticas. Pero para Jesús este gesto tenía un gran valor y lo aprobó públicamente: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”.

María escuchó a su Maestro, lloró a sus pies y lo adoró. Fue incomprendida y criticada. ¡Pero recibió la aprobación del Señor, y eso bastaba!

Éxodo 22 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Soy un verdadero cristiano?

Miércoles 9 Marzo

Estáis… llamados a ser de Jesucristo.

Romanos 1:6

Vosotros sois la sal de la tierra.

Mateo 5:13

¿Soy un verdadero cristiano?

¿Quién es un verdadero cristiano? ¿Alguien que va a la iglesia, o que fue bautizado? O más sencillamente, ¿un ciudadano de un país “cristianizado”? A lo largo del tiempo este término ha perdido gran parte de su sentido y valor. Pocas veces es empleado para designar a una persona realmente convertida a la fe cristiana, a un verdadero discípulo de Jesucristo. Se escucha mucho la expresión “el hábito no hace al monje”. Dios no mira la apariencia, sino el corazón (1 Samuel 16:7). Así, una persona que no tiene en cuenta a Jesucristo, pero se considera cristiana porque “va a la iglesia” o participa en buenas obras, solo es cristiana de apariencia. ¡No tiene ningún vínculo con Dios, quien lee el corazón!

Un verdadero cristiano se reconoció como pecador ante el Dios santo, y puso su fe y confianza enteramente en Jesucristo, crucificado por sus pecados. ¡Qué descanso saber que Jesús soportó el castigo! Murió, luego resucitó, mostrando que Él es Hijo de Dios.

El cristiano no es mejor que los demás. Tiene la misma naturaleza, que produce pensamientos impuros y malas obras: orgullo, mentira, ira… Pero aceptando a Jesús como Salvador, recibe la vida eterna, con la capacidad y la responsabilidad de mostrar en el mundo los caracteres de su Salvador. El Señor Jesús espera que sus rescatados sean sus testigos: “sois carta de Cristo” (2 Corintios 3:3). ¿Mi vida muestra esto?

Algunos “profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16). “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor” (2 Timoteo 2:21).

Éxodo 21 – Hechos 15:36-16:10 – Salmo 31:14-20 – Proverbios 11:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¡Cuidado! ¡Peligro de muerte!

Martes 8 Marzo

Cercano está el día grande del Señor, cercano y muy próximo… Día de ira aquel día, día de angustia y de… asolamiento.

Sofonías 1:14-15

Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.

Amós 4:12

¡Cuidado! ¡Peligro de muerte!

Hace unos 2000 años, una torre de la muralla de Jerusalén se desplomó súbitamente: 18 personas murieron aplastadas. Este hecho trágico es semejante a los que suceden hoy en día. Pero Jesús, contemporáneo de ese drama, sacó una lección para nosotros: es una imagen del juicio que merecen todos los hombres por haber desobedecido a Dios, y que vendrá sobre ellos si no se arrepienten (Lucas 13:4-5).

¡Uno se arrepiente porque es culpable! Y todos lo somos, porque hemos cerrado nuestro corazón a la voz de Dios y vivimos independientemente de él. Somos culpables por haber hecho, dicho y pensado cosas contrarias a su voluntad, despreciando así su autoridad. Aún más, somos culpables cuando rechazamos el amor de Dios, porque él envió a su Hijo Jesucristo para liberarnos del juicio y de la condenación. Por amor, Dios nos advierte a todos del peligro, y también proclama el medio para ser liberados. Jesucristo es el único camino para acercarse a Dios, la verdad que debemos escuchar, la vida que es preciso recibir yendo a él. ¡Solo seremos salvos por la fe en él! Esta salvación es gratuita, pues el Dios de gracia nos la ofrece.

Si alguien hubiese podido advertir a las 18 víctimas de la torre sobre el peligro que las amenazaba, ¡hubiera sido una locura rechazar la advertencia! Igualmente, sin Dios, nuestros caminos nos llevan a la perdición. La muerte llega a todos, luego el juicio y una condenación eterna, lejos de Dios. Hoy Dios nos invita a aceptar su perdón y la vida eterna en Jesucristo.

Éxodo 20 – Hechos 15:1-35 – Salmo 31:9-13 – Proverbios 11:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Biblia habla de usted y de mí (5)

Lunes 7 Marzo

El Señor lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad. Yo dije: Señor, ten misericordia de mí; sana mi alma.

Salmo 41:3-4

La Biblia habla de usted y de mí (5)

Es difícil hablar de enfermedad cuando el sufrimiento físico está ahí, cuando las fuerzas disminuyen, cuando el médico no puede garantizar nada… cuando estamos cansados de sufrir, cuando quisiéramos estar sanos, volver a nuestras actividades, disfrutar de nuestros familiares y amigos, cuando incluso tenemos que soportar los comentarios incómodos de algunos visitantes que quieren expresarnos su simpatía…

Los que están enfermos pueden encontrar en la Biblia expresiones o pasajes que corresponden a lo que están viviendo, a sus percepciones. Dios les dará una palabra de ánimo, de consuelo.

No nos sanará necesariamente, aunque podría hacerlo. Él es soberano y no tiene que darnos explicaciones.

Sin embargo, en la Biblia encontramos palabras reconfortantes. Sea cual sea el desenlace de la enfermedad, Dios quiere que el creyente experimente su presencia y sus cuidados en medio de la prueba. Él es quien mejor comprende a la persona que sufre, y además tiene el poder para sostenerla.

Pero hay una curación que es segura, es la curación del alma. Jesús vino a la tierra como el médico divino. Si bien es cierto que sanó enfermedades físicas, sobre todo quiso salvarnos de la enfermedad mortal del pecado. Esta es la primera curación que debemos desear, pues todos la necesitamos y está asegurada a todos los que se la piden.

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 19 – Hechos 14 – Salmo 31:1-8 – Proverbios 11:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Domingo 6 Marzo

Ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.

Hechos 15:9

Lávese las manos (2)

Testimonio

“Cuando llegué a esa sala de reuniones, no me mandaron a lavarme las manos como en el hospital. Sin embargo, creo que mis ojos fueron lavados; se me aclararon de manera increíble, al fondo vi un gran letrero que decía: Predicamos a Cristo crucificado.

Aquel día escuché el Evangelio por primera vez y comprendí que solo la sangre de Jesucristo podía limpiarme de todo pecado. ¡Qué cambio tan grande sucedió en mí cuando vine a este Cristo crucificado, confesándole mi vida de pecado, lejos de Él! Lavó mi alma perfectamente y para la eternidad. Porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).” Esteban

La Biblia nos indica el camino hacia el cielo. Allí ningún pecado ni ninguna mancha pueden entrar. La purificación del creyente es perfecta y plenamente suficiente porque descansa en el valor de la sangre de Cristo, derramada una sola vez. 1 Corintios 6:11 nos dice: “Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. Pero en su andar, el creyente se da cuenta de que muchas cosas en este mundo lo ensucian e interrumpen su comunión con Dios. Entonces es preciso dejar que el Señor nos lave por medio de la Palabra.

Las pandemias son reales, y tenemos que seguir las medidas de higiene y de salud que nos son recomendadas por las autoridades, pero qué bueno recordar que Dios está por encima de todas las cosas. El mundo está dominado por la ansiedad, pero los brazos del que dice: “Venid a mí todos…” están abiertos para acogernos. Solo Él puede darnos una verdadera seguridad.

Éxodo 18 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Lávese las manos (1)

Sábado 5 Marzo

Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.

Salmo 12:6

Lávese las manos (1)

Testimonio

“En plena pandemia del coronavirus, cumplí con la cita médica programada para un control del marcapasos que me fue instalado hace dos años.

Cuando llegué al hospital, hombres vestidos con trajes especiales me interpelaron:

 – ¿Qué desea?

 – Tengo una cita con el cardiólogo.

 – Primero vaya a esa gran carpa.

Seguí el camino indicado en el suelo.

 – ¿Qué desea?, preguntó una enfermera.

 – Tengo cita con el cardiólogo a las 11:30.

 – Vaya a esa cabina.

Allí me atendió otra enfermera ubicada detrás de un plástico protector.

 – ¿Tiene una confirmación de la cita?

 – Sí señora, aquí está. Después de mirar detenidamente la orden, me entregó un papel verde.

 – Con esto lo dejarán entrar en el hospital.

Para ingresar a la enorme carpa, tuve que lavarme las manos; al salir de allí, tuve que lavármelas por segunda vez; al entrar al hospital, me exigieron lavarme las manos; antes de sentarme en la sala de espera, me lavé las manos por cuarta vez; después de que el médico revisó el marcapasos, me las lavé otra vez, antes de salir del hospital. Cuando por fin terminé este largo recorrido, pensé jocosamente: ¿a qué viniste al hospital? ¿Estás tan sucio que debes lavarte las manos cada rato?

Meditando un poco en esto, recordé la primera vez que entré en una sala donde se predicaba el Evangelio. ¡Cuán grande ha sido mi Señor!”.

(mañana continuará)

Éxodo 17 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch