Dios se reveló

Domingo 25 Agosto

Dios… nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.

Hebreos 1:2-3

Dios se reveló

¿Cómo hubiéramos podido conocer a Dios si él no hubiese venido a nosotros bajo una forma fácilmente comprensible? Las maravillas de la naturaleza creada no son suficientes para revelarlo plenamente. Job reconoció que estas solo son “los bordes de sus caminos” (Job 26:14). Movidos por sus propios razonamientos, los hombres siempre piensan que Dios se parece a ellos (Salmo 50:21). Se hacen una falsa concepción a través de múltiples religiones que los alejan de él.

Pero Dios se reveló. Lo hizo en Jesús: él, quien es Dios, creador del universo, se hizo un hombre de carne y sangre, pero sin pecado. Sufrió el juicio de Dios que los seres humanos merecían a causa de su desobediencia al Creador, y los reconcilió con él.

Muy a menudo el hombre piensa que la gloria consiste en aumentar su propio poder, en elevarse por encima de los demás, en someterlos a su voluntad y dominarlos. Mas la gloria de Dios, mostrada por Jesús, presenta exactamente lo contrario. Jesús no se exaltó a sí mismo ni despreció a los hombres, sino que se humilló a sí mismo por ellos. Se acercó a su criatura culpable y perdona a todos los que, arrepentidos, se vuelven a él.

Dios es glorioso en su santidad cuando juzga y castiga con justicia el pecado, pero también es glorioso en su amor porque dio a su Hijo para perdonar a los culpables.

2 Crónicas 10 – 1 Corintios 3 – Salmo 99:6-9 – Proverbios 22:3-4

Tomar su mano

Sábado 24 Agosto

Yo el Señor… te sostendré por la mano; te guardaré.

Isaías 42:6

¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?

Isaías 50:2

Tomar su mano

«Mi esperanza es tomar la mano de Jesús y no soltarla». Así se expresaba una persona que tenía grandes responsabilidades a nivel estatal. Después de haber pasado por una prueba particular en sus funciones, sintió la necesidad de un apoyo sólido, para hacer frente a las preocupaciones y dificultades consiguientes.

Todos podemos sentirnos abatidos o solos cuando las circunstancias de la vida son difíciles. Sin embargo hay alguien, a quien podemos acceder fácilmente, que puede ayudarnos en todo momento, y nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Es Jesús, él salva el alma y nunca abandona a los suyos. Tomemos su mano para permanecer junto a él, para hablarle mediante la oración, para sentir su presencia que nos tranquiliza.

Quizá la prueba no termine, pero no estaremos solos para atravesarla. “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4). Sabemos que dependemos de alguien que es todopoderoso y que nos ama; esto nos da paz y serenidad. Experimentamos la ternura de Cristo –el buen Pastor–, sus cuidados y sus compasiones.

El apóstol Pablo, prisionero en Roma, sufriendo “prisiones a modo de malhechor”, abandonado por todos, nos dejó este testimonio: “El Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas… El Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos” (2 Timoteo 2:9; 4:16-18).

2 Crónicas 9 – 1 Corintios 2 – Salmo 99:1-5 – Proverbios 22:1-2

¡Esta vez es demasiado!

Viernes 23 Agosto

Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa.

Colosenses 3:23-24

Las ancianas… enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa.

Tito 2:3-5

¡Esta vez es demasiado!

Esa noche dos de los niños tenían fiebre y Edith se levantó muchas veces para cuidar y consolar a los enfermos… En la mañana, como estaban cansados y aburridos, no dejaban de pelear. El trabajo en la casa no avanzaba. ¡Edith también estaba cansada!

Mientras preparaba el almuerzo, una nueva riña estalló en la habitación. Edith fue de inmediato al lugar, dejando en la cocina al más pequeño que jugaba tranquilamente. Cuando volvió, lo encontró vaciando en el piso la botella de aceite que había quedado abierta… ¡Esta vez es demasiado!, suspiró la pobre madre, anonadada. Deseaba sentarse, llorar y decir: «No puedo más, ¡arréglense sin mí!». Pero una mamá no puede permitirse esto…

Madres cristianas, todos los cuidados que ustedes prodigan a su familia no pasan desapercibidos para el Señor Jesús. Él está lejos de olvidar sus incesantes oraciones. Sabe lo que es el trabajo de una madre de familia con todo su ajetreo, preocupaciones, fatigas, inquietudes y alegrías también…

Él les confió esos niños, que necesitan de ustedes en todos los detalles propios de su edad. El Señor les dará las fuerzas necesarias, y ¡ustedes no perderán su recompensa!

Si los niños necesitan de usted, usted necesita del Señor. Si su niño se lastima, se vuelve hacia usted llorando. El Señor también está dispuesto a oír su clamor, y Sus recursos sobrepasan ampliamente los nuestros.

2 Crónicas 8 – 1 Corintios 1 – Salmo 98:4-9 – Proverbios 21:31

El único medio de salvación

Jueves 22 Agosto

Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.

Hechos 16:31

Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos.

Hechos 15:11

El único medio de salvación

La palabra “diluvio” es utilizada frecuentemente, pero quizá muchos ignoran que el relato de este hecho se halla en las primeras páginas de la Biblia (Génesis 7:11 a 8:22). Jesús también habló de este tema con sus discípulos (Mateo 24:38). Varias veces la Escritura hace referencia al diluvio, precisando que Noé y su familia fueron salvos por la fe en Dios (Hebreos 11:7). Las cartas del apóstol Pedro citan este hecho como un ejemplo del justo castigo de Dios a las personas de aquellos tiempos que se habían alejado de él. Pero también anuncian que un día el mundo será destruido, no por un diluvio, sino por el fuego.

Los contemporáneos de Noé seguramente se burlaban de él viéndolo construir el arca (un enorme barco) sobre tierra firme. De igual manera, hoy muchos se burlan de aquellos que creen en Jesucristo para ser salvos, no de una catástrofe, sino del merecido juicio por sus pecados.

Sin embargo, las catástrofes difundidas por los medios de comunicación nos muestran la urgencia de poner nuestra confianza en Jesucristo. Solo se salvaron los que entraron en el arca antes del diluvio, es decir, Noé y su familia. La Biblia nos recuerda: “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo (que el nombre de Jesús), dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

“Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15).

2 Crónicas 7 – Lucas 24:36-53 – Salmo 98:1-3 – Proverbios 21:29-30

Una cosa te falta

Miércoles 21 Agosto

Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Marcos 10:21-22

Una cosa te falta

El joven que fue a ver a Jesús tenía todo para ser feliz: posición social, cultura religiosa, bienes materiales. Además llevaba una vida ejemplar: respetaba la ley de Dios desde su juventud y buscaba con sinceridad la vida eterna. La Biblia especifica: Jesús “le amó”. Y ese amor ayudó al joven a descubrir un problema en su vida: “Una cosa te falta… Ven, sígueme”. Esto también es cierto para nosotros: Jesús desea mostrarnos lo que nos impide seguirle, porque nos ama. Para ese joven, sus riquezas eran el obstáculo entre el Señor y él.

Las redes sociales, las películas, las diversas publicidades o clips envían el mismo mensaje: «Para ser feliz necesitas dinero». Y la mentalidad de hoy está muy marcada por esta consigna. Jesús revierte esta concepción de felicidad. Nos enseña que los bienes materiales son una fuente de tristeza si nos impiden seguirle. Esto es verdad para conocerle como Salvador y también en el transcurso de nuestra vida cristiana. Dejémonos interpelar: ¿Qué nos cuesta dejar para seguir al Señor? ¿Qué debo abandonar en mi vida, porque me impide seguirle?

No se trata de ganar la vida eterna, como ese joven, sino de seguir a Jesús por la fe. Se trata de cortar los vínculos que nos atan al mundo y nos impiden consagrarnos a nuestro Maestro. ¡Sin embargo vale la pena!

“¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26).

2 Crónicas 6:22-42 – Lucas 24:1-35 – Salmo 97:8-12 – Proverbios 21:27-28

¡Encienda un fuego y quémelas!

Martes 20 Agosto

Recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.

Santiago 1:21-22

¡Encienda un fuego y quémelas!

Hace muchos años, en Sicilia, un evangelista atravesaba un bosque llevando Biblias. De repente se encontró frente a un hombre armado quien le preguntó qué llevaba en su bolsa.

–Llevo Biblias, respondió el cristiano.

–Encienda un fuego y quémelas, le ordenó el ladrón.

Nuestro amigo encendió el fuego y preguntó si podía leer un extracto de cada libro antes de lanzarlo a las llamas. En la primera Biblia leyó el Salmo 23. Luego, en la siguiente, leyó la parábola del buen samaritano, de otra leyó el Sermón del monte, y de otra el himno del amor escrito por el apóstol Pablo (1 Corintios 13).

Al terminar cada relato, el ladrón exclamaba: «Ese es un buen libro, no lo queme. Démelo». Al final, ninguno de los libros fue arrojado a las llamas. El ladrón se los llevó todos y se fue sin lastimar al vendedor de Biblias.

Años más tarde este cristiano encontró al ladrón y, para su sorpresa, descubrió que se había vuelto al Señor. Al contarle su conversión, agregó: «La lectura de sus libros me transformó».

La Biblia no es un libro como los demás. Es la Palabra de Dios. Ella obra en nuestras conciencias para demostrarnos que necesitamos el perdón divino. Obra en nuestro corazón para que amemos a Dios. Por medio de ella conocemos a Cristo y nacemos a una nueva vida. La lectura diaria de la Biblia se convierte en una fuente de fortaleza y gozo.

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

2 Crónicas 6:1-21 – Lucas 23:26-56 – Salmo 97:1-7 – Proverbios 21:25-26

Estatuas de cera

Lunes 19 Agosto

Conoce el Señor a los que son suyos.

2 Timoteo 2:19

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mateo 7:21

Estatuas de cera

Durante unas vacaciones pasadas en Londres con mis nietos, fuimos al famoso museo de cera de Madame Tussaud. Les expliqué quiénes eran esos personajes célebres del pasado, vestidos a la usanza de sus tiempos y ubicados dentro del marco de la época. Sin embargo, las personalidades históricas no les interesaron tanto como las estatuas de cera que representaban a los visitantes sentados en bancos u observando otras estatuas.

Trataban de adivinar quiénes eran estatuas y quiénes eran personas reales. El juego se complicaba cuando algunos bromistas imitaban a las estatuas quedándose completamente inmóviles. ¡Había que tocarlos para notar la diferencia!

Esperando a los niños pensé en el falso cristianismo que aparenta tener la verdadera vida, la vida eterna. El parecido es perfecto, no falta nada, excepto lo principal: la vida divina. Una religión no puede comunicar la vida. El bautismo tampoco es suficiente. Los falsos cristianos pueden engañar al mundo, hacerse ilusiones, pero nunca podrán engañar a Dios.

Nosotros también deberíamos hacernos la pregunta –y no es un juego: ¿Soy un cristiano auténtico, tengo una relación personal con Jesucristo o, al contrario, soy un cristiano ficticio? ¿Cuál será mi respuesta, y la suya? ¿Ha recibido usted la vida eterna?

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo (Jesús) las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28).

2 Crónicas 5 – Lucas 23:1-25 – Salmo 96:7-13 – Proverbios 21:23-24

La mirada de Jesús

Sábado 17 Agosto

Después volvió (Jesús) a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. Y al pasar, vio a Leví… sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.

Marcos 2:13-14

Venid a mí… aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.

Mateo 11:28-29

La mirada de Jesús

Al principio del evangelio de Marcos, el Señor Jesús se encuentra en diversos lugares y en diferentes grupos de personas: en sinagogas, en la casa de Pedro, en las ciudades de Galilea, al borde del lago de Genezaret…

A pesar de que estaba rodeado de multitudes, Jesús distinguía a cada una de las personas. En la sinagoga liberó a un hombre poseído por un espíritu inmundo (cap. 1:23-27). En la casa de Pedro sanó a la suegra de este (v. 29-31). Cuando pasaba por Galilea sanó a un leproso (v. 40-42). Al borde del lago, rodeado por la multitud, vio a Leví sentado en su lugar de trabajo, en la oficina de cobro de impuestos (cap. 2:13-14). Conocía los pensamientos de Leví. Sabía que estaba dispuesto a arrepentirse. El simple llamado: “Sígueme”, fue recibido con una respuesta positiva e inmediata.

En nuestras actividades cotidianas, a menudo también estamos perdidos en medio de la multitud. Quizá somos muchos en nuestro lugar de trabajo, de estudio, o en la calle… Podemos creer que nadie nos ve, y también es posible que nadie se preocupe por nosotros. Pero hoy, como entonces, Jesús me ve en medio de la multitud. Conoce mi corazón y me dirige un llamado personal:

–Ven a mí y aprende a conocerme.

–Sígueme en el camino que lleva a la vida. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

Unas mujeres… las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro… pero a él (Jesús) no le vieron.

2 Crónicas 1-2 – Lucas 22:24-46 – Salmo 95:6-11 – Proverbios 21:19-20

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El rol de los padres

Viernes 16 Agosto

Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

Deuteronomio 6:6-7

El rol de los padres

Esta mañana asistí maravillado al primer vuelo de los pichones de golondrinas. Con una organización increíble, el aprendizaje se desarrolló bajo el control de padres atentos que, posados sobre un cable eléctrico, enseñaban a sus hijos los rudimentos del primer vuelo. Pronto esas jóvenes golondrinas podrán cazar, alimentarse solas y retransmitir lo que sus padres les enseñaron.

Esos momentos de iniciación nos hacen pensar en el rol de los padres cristianos. Es importante ponernos al alcance de nuestros hijos y enseñarles, mediante la lectura de la Palabra de Dios, las virtudes morales de Jesús: obediencia a Su Padre, humildad, amor, bondad, olvido de sí mismo, paciencia, rectitud, etc. Esta es, en efecto, la tarea ineludible de los padres creyentes.

Es cierto que solo el Señor Jesús puede atraer a nuestros hijos al camino de la fe para ser su Salvador. Sin embargo, podemos ayudarles mostrando un verdadero amor al Señor y a su Palabra. Conduciéndolos paso a paso en la lectura de la Biblia, podremos trazar el camino que deberán seguir cada día. Nuestra presencia no solo es necesaria para satisfacer sus necesidades básicas y su educación, sino también para mostrarles a Aquel que desea salvarlos. Pidamos a Dios la fuerza y la capacidad para cumplir con ese difícil rol de padres. Encomendemos nuestros hijos en oración al Señor. Él los ama y tendrá cuidado de ellos. ¡Pero él nos los confió a nosotros!

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6).

1 Crónicas 29 – Lucas 22:1-23 – Salmo 95:1-5 – Proverbios 21:17-18

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Las tormentas de la vida

Jueves 15 Agosto

Señor, tú eres mi Dios… fuiste… refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro.

Isaías 25:1, 4

Las tormentas de la vida

Cierta noche de verano, una fuerte tempestad se abatió sobre el camping. Temblando, mis dos hijos se apretaron contra mí en la tienda de campaña. Entonces pensé en las tormentas que podemos atravesar en la vida: duelo, problemas de salud, desempleo, separaciones… También puede tratarse de tormentas espirituales que afectan nuestras convicciones.

Cualquiera que sea la tempestad, en Dios tenemos nuestro refugio y nuestra protección. La actitud de mis hijos me habló al corazón. Ellos buscaron protección en mis brazos. ¿Busco la presencia de Dios cuando atravieso una prueba?

Las tormentas que nos sobrevienen pueden tener muchas causas. Pueden ser provocadas por un pecado. Entonces debemos volvernos a Dios y apartarnos del mal. “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

Sin embargo, no toda tempestad está ligada necesariamente a un pecado. Dios también la permite cuando estamos unidos a él. Es la prueba de la fe –pues quiere ponerla en evidencia–, cuyo resultado será para la gloria del Señor (1 Pedro 1:7). La Biblia da numerosos ejemplos de creyentes fieles que atravesaron diferentes pruebas. Es el caso de Job (Job 1:8); sus tribulaciones le enseñaron lo que él mismo era: “Me aborrezco” (Job 42:6), y le mostraron la compasión y la misericordia de Dios (Santiago 5:11).

A menudo ignoramos el motivo de las tormentas. Pero confiando en el Señor podemos atravesarlas serenamente. Incluso podremos regocijarnos en Dios antes de comprender el objetivo que él persigue y la bendición que desea darnos.

1 Crónicas 28 – Lucas 21:25-38 – Salmo 94:16-23 – Proverbios 21:15-16

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