Cuando Dios habla

Domingo 4 Agosto

El Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?… Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo… y me escondí.

Génesis 3:9-10

No hable Dios con nosotros, para que no muramos.

Éxodo 20:19

El gentío se agolpaba sobre él (Jesús) para oír la palabra de Dios.

Lucas 5:1

Cuando Dios habla

Después de haber desobedecido, Adán y Eva oyeron la voz de Dios que los llamaba en el huerto de Edén. Su reacción fue inmediata: tuvieron miedo de Dios y se escondieron.

En el Sinaí, Dios transmitió los diez mandamientos de la ley a Moisés. Ante los truenos, los relámpagos y el monte que humeaba, el pueblo de Israel estaba aterrorizado y pidió que Dios no hablara más con él.

Pero cuando Jesús vino a vivir entre los hombres, la voz divina no fue más la que condena, sino la que anuncia su misericordia. Oír a Jesús es escuchar a Dios (Juan 12:49-50). Las palabras divinas ya no provocan terror:

– “El gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios” (Lucas 5:1).

– “Estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4:22).

– “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46).

– “Todo el pueblo estaba suspenso oyéndole” (Lucas 19:48).

¿Ha cambiado Dios? De ninguna manera. Sigue siendo el Dios justo y santo que no tolera el menor pecado. Pero Jesucristo, su Hijo, se presentó para llevar sobre sí mismo el juicio que merecían nuestros pecados. Solo así Dios puede perdonar a los hombres. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Oigamos a Dios sin temor. Dejémonos atraer hacia él y permitamos que su gracia nos gane.

1 Crónicas 17 – Lucas 14 – Salmo 90:7-12 – Proverbios 20:23-24

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Obra maestra de la creación

Sábado 3 Agosto

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.

Salmo 139:14

Todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible…

1 Tesalonicenses 5:23

Obra maestra de la creación

Después de haber creado los seres vivos que pueblan los mares, el aire y la tierra, Dios creó al hombre, obra maestra de una creación perfecta. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en un “ser viviente” (Génesis 2:7). Este soplo divino hizo del hombre una criatura especial, distinta, y la ubicó por encima de los animales.

El hombre es una criatura maravillosa, posee un cuerpo –parte material de su ser, en relación con el mundo exterior–, un espíritu y un alma, los cuales constituyen la parte espiritual, inmortal, responsable e inteligente del hombre. Gracias a su espíritu, el hombre puede entrar en relación con su Creador (cosa que los animales no pueden hacer).

El cuerpo humano es admirable. Las facultades del alma y del espíritu también lo son. El hombre piensa, reflexiona, razona, estudia, compara… Está dotado de una memoria, tiene deseos, decide, hace proyectos, siente, ama, es feliz, espera…

Desde el principio, Dios quiso establecer una relación con el hombre. Pero esta relación fue dañada por el pecado, y la humanidad entera dio la espalda a Dios.

Jesús vino y dio su vida en la cruz para reconciliar al hombre con Dios. Él da una nueva vida a todos los que creen en él: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17). Los introduce en una nueva relación mucho más íntima: la de hijos de Dios (Juan 1:12). Renueva sus pensamientos, sus corazones, sus espíritus. Libera sus conciencias.

1 Crónicas 16 – Lucas 13:18-35 – Salmo 90:1-6 – Proverbios 20:22

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Nadie es perfecto

Viernes 2 Agosto

(Jesús dijo:) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Mateo 5:48

Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

2 Pedro 3:18

Nadie es perfecto

Solemos decir que nadie es perfecto. Todos tenemos conciencia de ello. Pero esto no nos autoriza a acomodarnos a los «pequeños pecados» que diariamente tienden a acortar la diferencia entre el bien y el mal.

Al decir Jesús: “Sed perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, no baja el nivel exigido, cualesquiera que sean nuestras debilidades. Entonces, ¿cómo llegar a tal meta? ¿Cómo comparecer delante de Dios con todas nuestras imperfecciones? Algunos piensan que nuestras buenas obras equilibran nuestros malos actos. Es como si quisiéramos justificar un exceso de velocidad en la ruta por el hecho de haber ido despacio el resto del camino.

No, la solución es otra. Jesús perdona nuestras faltas si las reconocemos, entonces nos hace justos delante de Dios. Es él quien nos comunica la nueva vida, una vida perfecta.

Después, a través de su Espíritu y por su Palabra, él conduce al cristiano hacia el bien, lo ayuda a progresar espiritualmente. Y así, en la vida diaria, podremos tender hacia la perfección del Señor Jesús, si estamos ocupados de él.

La vida cristiana es un combate, con sus victorias y derrotas, pero no cedamos al desaliento. Procuremos estimularnos al amor fraternal y a las buenas obras, “exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25). Pronto estaremos con Jesús en el cielo, y allí será la perfección.

1 Crónicas 15 – Lucas 13:1-17 – Salmo 89:46-52 – Proverbios 20:20-21

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Reconciliados con Dios

Jueves 1 Agosto

Vosotros… que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora (Jesucristo) os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.

Colosenses 1:21-22

Reconciliados con Dios

A causa del pecado que mora en él, el hombre es todo lo opuesto de lo que Dios es: luz, amor y santidad. ¡Esos caracteres nos son tan extraños! La Biblia menciona claramente el lamentable estado de todo hombre delante de Dios: “extraño”, “enemigo”, hacedor de “malas obras”. Cada uno de nosotros merece el juicio de Dios.

Pero, ¿sabe usted que Jesús, el Hijo de Dios, vino a la tierra para reconciliarnos con él? “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Corintios 5:19). Para esto debió morir en una cruz, cargando voluntariamente el castigo reservado para nosotros. Es maravilloso descubrir que Jesús, quien no era responsable de la rebelión del hombre, hizo todo para acercarnos a Dios. Él mismo era Dios, creador de todo lo que existe, sin embargo fue tratado como un malhechor. Murió para que los culpables fuesen hechos justos. El que cree en él y lo acepta como su Salvador obtiene la paz con Dios.

Cuando dos personas se reconcilian, en general es necesario que cada una ponga su parte. Pero Dios hizo todo por medio de Jesucristo, y solo nos pide que lo aceptemos. Para los hombres, a menudo es difícil olvidar el objeto de la discordia. En cambio Dios declara: “Nunca más me acordaré de sus pecados” (Hebreos 10:17). Gracias a los sufrimientos y a la muerte de Jesús en la cruz, Dios ve a los creyentes como limpiados, inocentes, irreprochables y perfectos.

1 Crónicas 13-14 – Lucas 12:41-59 – Salmo 89:38-45 – Proverbios 20:18-19

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Juntemos las brasas

Miércoles 31 Julio

Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos.

Hebreos 10:24-25

Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.

Efesios 5:14

Juntemos las brasas

El fuego de campamento estaba prácticamente apagado. Solo algunas brasas dispersas brillaban tenuemente. Había caído la noche. El frío y la humedad comenzaban a sentirse, pero los tres chicos aún tenían muchas cosas para decirse antes de regresar a su tienda. Solo que no tenían más leña. Entonces, con paciencia, juntaron las brasas, y de repente una pequeña llama amarilla comenzó a danzar en el viento, iluminando los alegres rostros.

Así sucede con la Iglesia. Los primeros siglos del cristianismo fueron como un poderoso fuego que rechazaba la oscuridad de las religiones inventadas por los hombres. La influencia cristiana brilló como una luz, cambiando las costumbres paganas y esparciendo la esperanza. Sin embargo, las llamas menguaron. Poco a poco no se percibió más la fuerza de una fe viva, sino el peso de una religión establecida y movida por las tradiciones.

Y hoy, en muchos lugares, el fuego prácticamente está reducido a unas pocas brasas dispersas. Sin embargo… la fe permanece, viva, brillante, aunque menos visible. ¡Amigos creyentes, juntemos las brasas! No nos quedemos aislados. Por medio de la oración y la lectura de la Biblia, busquemos juntos al Señor. Su presencia, y la fe de nuestros hermanos y hermanas cristianos harán que nuestro amor por él vuelva a arder. La fe brillará otra vez. Sin duda no será como una gran fogata, sino como pequeñas lámparas. Hasta que el Señor regrese continuarán iluminando un mundo que tiene tanta necesidad de luz.

1 Crónicas 12 – Lucas 12:22-40 – Salmo 89:28-37 – Proverbios 20:16-17

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Mejor es la tristeza según Dios (9)

Martes 30 Julio

Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.

Eclesiastés 7:3

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

2 Corintios 7:10

Mejor es la tristeza según Dios (9)

Hay una risa sana y feliz, pero también hay cierta risa que intenta huir de la realidad. Ahora bien, cuando sobreviene la aflicción, es inútil esconderla, pues la felicidad no se encuentra en la evasiva, sino en la lucidez. No se trata de buscar la tristeza por sí misma, ni de condenar la risa, más bien hay una manera positiva de asumir el sufrimiento. La prueba nos conduce a hacernos verdaderas preguntas.

El dolor nos vuelve a centrar en el interior, nos hace reflexionar y preguntar sobre el verdadero sentido de nuestra vida. Hay, pues, una tristeza que conduce hacia el bien, esto es, al arrepentimiento: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Produce un cambio en la vida, del cual uno no se arrepiente.

¿He conocido esa “tristeza según Dios”?

¿He tomado conciencia de que estaba perdido, condenado por la justicia de Dios? Allí comienza la vida espiritual. Debemos reconocer que actuando mal somos culpables. Es doloroso, a veces hace derramar lágrimas, pero es el camino hacia la paz con Dios, hacia el perdón y el reposo. Es el camino de la fe.

El creyente será sensible al dolor de los que lo rodean, será compasivo y comprensivo. A través del sufrimiento aprendemos a conocer al “Dios de toda consolación” (2 Corintios 1:3-4), y por medio de él también podemos consolar a los que están afligidos. “De la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación” (2 Corintios 1:5).

1 Crónicas 11 – Lucas 12:1-21 – Salmo 89:19-27 – Proverbios 20:14-15

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La Biblia es la Palabra de Dios

Lunes 29 Julio

La palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Isaías 40:8

No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.

Proverbios 30:6

¡Cuidado, peligro!

La Biblia es la Palabra de Dios. Podemos creer sin reservas todo lo que está escrito en ella, pues es la verdad (Juan 17:17).

Pero el peligro es agregar nuestras propias opiniones al texto divino haciéndole decir lo que no dice. Llegamos así a conclusiones falsas o a contradicciones. Pretendemos entonces que el texto bíblico no es verdadero o se contradice, ¡pero somos nosotros los mentirosos”!

Dios nos dice lo que es necesario para nuestra relación con él. Sin embargo, no nos dice absolutamente todo. A veces pone a prueba justamente nuestra fe, guardando silencio sobre algo que solo alimentaría nuestra curiosidad. El relato bíblico de la creación es un ejemplo de ello.

La Biblia no es una enciclopedia, es un mensaje divino que se dirige a nuestra conciencia y a nuestro corazón. Muchas enseñanzas engañosas provienen del hecho de que, incluso inconscientemente, se ha leído entre líneas. El texto bíblico es completamente verdadero, pero atengámonos a lo que está escrito allí. Cuando fue tentado por Satanás, Jesús respondió reiteradamente: “Escrito está…”, citando las Escrituras del Antiguo Testamento. Y el diablo tuvo que inclinarse ante la autoridad suprema de las Escrituras.

La Palabra de Dios constituye un apoyo firme, una referencia sólida, “la certidumbre de las palabras de verdad” (Proverbios 22:21).

Leámosla cuidadosamente, con una fe simple. Y guardémonos de agregar nuestros pensamientos personales al texto inspirado por el Espíritu del Dios de verdad.

1 Crónicas 10 – Lucas 11:29-54 – Salmo 89:15-18 – Proverbios 20:12-13

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La última cuota

Domingo 28 Julio

Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19

La última cuota

«¡Uf!, me dijo mi joven vecina esta mañana, acabamos de pagar la última cuota. Nos dejamos atrapar sin haber hecho bien los cálculos y estábamos al límite de lo soportable. Mi marido y yo ya no podíamos dormir».

Se sabe bien que el sobreendeudamiento es un verdadero problema. Algunos tienen conciencia de ello, como esta pareja. Otros gastan más de lo que tienen, sin preocuparse por sus obligaciones, por las cuentas en rojo y las advertencias del banco. ¡Situaciones idénticas, pero actitudes muy diferentes!

Pensando en la deuda moral que los hombres tenemos ante Dios, se pueden distinguir dos clases de personas:

1. aquellas que sienten su responsabilidad ante él sin saber cómo liberarse,

2. aquellas para las cuales el peso de sus pecados no tiene importancia, y lo dejan crecer sin hacerse preguntas.

Pero existe una tercera categoría. Ante el peso de la culpa que las agobiaba, aceptaron que el «pasivo del balance» fuera pagado. Pagado, pero no lo pagaron ellas, pues eran incapaces de hacerlo. Alguien pagó la deuda. En la cruz Jesús pagó en su lugar el inmenso precio que las liberó definitivamente por la fe en él.

En el idioma en que fue escrito el Nuevo Testamento, una de las últimas palabras que nuestro Señor pronunció cuando estaba crucificado fue: Tetelestaï, palabra que se escribía al pie de las facturas pagadas, y que es traducida como “consumado es”. Desde lo alto de la cruz, el Hijo de Dios proclamó así que la deuda está pagada. El creyente no le debe nada más a Dios. Incluso es justificado ante él.

1 Crónicas 9 – Lucas 11:1-28 – Salmo 89:7-14 – Proverbios 20:10-11
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Marcar diferencias

Sábado 27 Julio

La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.

Tito 2:11

Os ha nacido hoy… un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:11

Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados.

Hechos 10:43

Marcar diferencias

En todas las regiones del mundo los hombres se ven confrontados a discriminaciones y a los daños que ellas producen. El hecho de marcar diferencias entre sus semejantes, bajo diversos pretextos, lamentablemente es universal.

Dios no actúa así con los hombres, no hace favoritismos (Hechos 10:34). Él afirma que no hay diferencia, porque todos pecaron (Romanos 3:23). Conoce bien la condición de cada uno y ofrece su gracia a todos. Para obtener ese beneficio, hay un camino que está al alcance incluso de un niño, es el mismo para usted y para mí: basta con creer que Jesús murió para librarme de mis pecados.

La fe y la salvación no están reservadas a una élite: vea en los relatos de los evangelios. Jesús se dirige a todos, sin menospreciar ni rechazar a nadie: un mendigo ciego (Juan 9), un principal de los judíos (Juan 3), una madre en duelo (Lucas 7), un recaudador de impuestos (Lucas 19), una mujer adúltera (Juan 8), un centurión (Mateo 8), unos pescadores cansados (Mateo 4), un condenado a muerte (Lucas 23)…

Todos estos y muchos otros se beneficiaron con el perdón de Dios, creyeron que Jesús es el Hijo de Dios y recibieron la vida eterna por su nombre. Salieron “de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9).

“El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

1 Crónicas 8 – Lucas 10:21-42 – Salmo 89:1-6 – Proverbios 20:8-9

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Un solo camino

Viernes 26 Julio

Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Dios).

Romanos 3:20

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 14:6

Un solo camino

En respuesta a la pregunta de un lector, un periódico religioso daba esta opinión: «Hay varios caminos que llevan a Dios, pero el que propone nuestra religión, ¿no es el mejor?».

Esta respuesta puede hacernos reír, pero nos lleva a reflexionar: ¿cómo encontrar el buen camino? El Dios soberano que nos creó no dice que hay varios caminos para ir a él; y debemos tener en cuenta su pensamiento antes que las opiniones de sus criaturas. Dios nos dice la verdad por medio de la Biblia:

“Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Nadie puede entrar al cielo tal como es por naturaleza. Nuestra buena opinión sobre nosotros mismos, nuestro esfuerzo para amoldarnos a las exigencias de una u otra religión, nuestras buenas acciones, nada de esto nos abrirá la puerta del cielo.

Felizmente, Dios no es solamente santo y justo. También es misericordioso y está lleno de gracia. Nosotros, sus criaturas, hemos pecado; así nos cerramos el acceso al cielo. Pero Dios nos dio una solución, nos abrió un único camino el cual, sin excepción, cada uno puede seguir: creer en el Señor Jesucristo, reconocer que él cargó mis pecados en la cruz, y que de esta manera son completamente perdonados.

Todos los que creen en el Señor Jesús son hechos justos, son “justificados gratuitamente” por la gracia de Dios, “mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).

1 Crónicas 7 – Lucas 10:1-20 – Salmo 88:13-18 – Proverbios 20:6-7

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