La lección del castillo

Jueves 25 Julio

Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.

Hebreos 13:7

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Proverbios 22:6

La lección del castillo

Entre los recuerdos de mi niñez hay uno que continúa muy vivo en mi memoria. Es el de un cuadro que representaba un castillo feudal cuyos muros amenazaban derrumbarse. Debajo había un versículo de la Biblia: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

¡Cuántas preguntas le hice a mi madre sobre ese cuadro! Con paciencia, ella me respondía: «Ese castillo tan imponente parece desafiar el tiempo, y sin embargo desaparecerá. Por el contrario, Jesucristo siempre es el mismo. Él no cambia, para él el tiempo no cuenta, él es Dios». Y yo trataba de imaginarme lo infinito de esa persona divina, pero no lo lograba.

«¿Sabes? Nadie puede comprenderlo. Jesucristo es el mismo ayer, en el pasado, cuando creaba los mundos, cuando nació en Belén, cuando era un niño como tú, cuando murió en la cruz, cuando resucitó y subió al cielo. Él es el mismo hoy: él te ve, se interesa por ti, te ama. Él es el mismo por los siglos: es el futuro que no tiene fin. Él volverá a buscarnos; así estaremos para siempre con él, en su paraíso».

Fue así como verdades magníficas y sólidas se anclaron poco a poco en mí. Padres cristianos, hablemos de Jesús a nuestros hijos. Ellos retendrán estas enseñanzas más de lo que suponemos.

“Señor, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio” (Salmo 18:2).

1 Crónicas 6:49-81 – Lucas 9:44-62 – Salmo 88:8-12 – Proverbios 20:4-5

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¿Y si fuera hoy?

Miércoles 24 Julio

El Señor mismo… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

¿Y si fuera hoy?
Pronto Jesús del cielo vendrá,
¿Y si fuera hoy?
Todos gozosos veremos su faz.
¿Y si fuera hoy?
Todos los santos le han de ver,
Hijos confiados en su volver,
En la nube estarán con él.
¿Y si fuera hoy?
Coro:
¡Gloria! ¡Gloria! ¡Pronto vuelve Jesús!
Le contemplaremos. Le adoraremos.
¡Pronto vuelve Jesús!
¡Oh! que al volver halle en nos rectitud,
¡Si Jesús vuelve hoy!
Velando, orando, andando en su luz,
¡Si Jesús vuelve hoy!
¿Tenemos esa seguridad
De ser llevados a su hogar,
En la morada de su bondad,
Si Jesús vuelve hoy?
Allí en el cielo ya no hay más dolor.
¡Y si fuera hoy!
Ya no habrá mal, ¡su mirada de amor!
¡Y si fuera hoy!
Nuestra alma por ese día suspira,
En breve brillará ese gran día,
Pronto la noche se retira.
¡Y si fuera hoy!
(Traducción literal del francés)
1 Crónicas 6:1-48 – Lucas 9:21-43 – Salmo 88:1-7 – Proverbios 20:2-3
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Mejor es mirar la vida de frente (8)

Martes 23 Julio

Mejor es… el día de la muerte que el día del nacimiento. Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.

Eclesiastés 7:1-2

Tu misericordia, oh Señor, es para siempre.

Salmo 138:8

Mejor es mirar la vida de frente (8)

¡Qué sorprendente afirmación: “Mejor es… el día de la muerte”!, cuando por otra parte la Biblia nos habla de vida, de la vida eterna. Pero también nos invita a ver la realidad de frente y, en efecto, el “día de la muerte”, como la “casa del luto”, nos llevan a reflexionar.

Allí tomamos conciencia de la fecha límite e inevitable del día de la muerte, en lugar de aturdirnos en la “casa del banquete”. Cuando un niño nace, ignoramos qué será de su vida. El día de la muerte es el momento del balance, el día de la verdad.

¿Miro mi vida y su final de frente?

Este final puede estar muy cerca. ¿Tendré el tiempo de ir a Jesús? ¿Cuáles han sido mis prioridades hasta aquí? Mi vida, ¿es una huida hacia adelante, envuelta en una actividad desbordante, con alegrías y penas, pero sin la verdadera paz con Dios? Sin embargo, Dios me invita a ir a él por medio de Jesucristo. Él tiene para mí un futuro más allá de la muerte. Después de la muerte viene “el juicio” (Hebreos 9:27); pero ahora Jesús me ofrece gratuitamente la paz con él, porque “el que en él cree, no es condenado” (Juan 3:18).

El creyente puede estar tranquilo. Cuando la muerte se aproxime, sabrá que está cerca de alcanzar la meta, la presencia del Señor. ¡Y cuán feliz es esta llegada cuando es la conclusión de una vida en la cual se conoció al Salvador y se aprendió a gustar la bondad del Señor!

(continuará el próximo martes)

1 Crónicas 5 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

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¡Hay que pagar!

Lunes 22 Julio

Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Isaías 1:18

¡Hay que pagar!

¿Cuál es la voz que habla así, que dice que no es suficiente, que todavía hay que pagar? Es la voz de la conciencia… No podemos deshacernos de nuestra culpabilidad, de nuestras faltas conocidas u ocultas. ¡Imposible echarlas por medio del activismo o de los placeres! Hagamos lo que hagamos, nunca logramos hacer callar totalmente la voz de nuestra conciencia, pues nos sentimos condenados por una ley moral superior.

A veces tratamos de adormecer nuestra conciencia buscando compensar nuestros pecados con buenas obras (una obra de beneficencia, por ejemplo) que nos prueben que no somos tan malos. ¡Pero nada da resultado, la voz sigue reclamando, y cada vez más!

Sin embargo, escuchemos bien: otra voz se levanta, no para condenarnos, sino para llamarnos. Esta voz insistente nos persigue por todos lados. Es la voz del amor de Dios, la voz del Evangelio que nos presenta un Salvador, el Señor Jesús, y nada puede detenerla.

¡Esta voz llega hoy hasta usted! Quizá ya la ha escuchado muchas veces, pero no ha respondido… Jesús lo llama a ir a él, a reconocer sus pecados, a hablar con él. Quiere que usted confíe plenamente en él. Él desea dialogar verdaderamente con usted, no para condenarle, sino para decirle que perdona los pecados por medio de su obra en la cruz.

Dígale: «Señor Jesús, voy a ti tal como soy». ¡Entonces su conciencia será liberada, y usted gozará haciendo el bien para agradar al Señor!

1 Crónicas 4 – Lucas 8:26-56 – Salmo 86:14-17 – Proverbios 19:28-29

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Dios y Padre

Domingo 21 Julio

(Jesús dijo:) Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

Juan 20:17

El Padre mismo os ama.

Juan 16:27

Dios y Padre

Existe una diferencia importante entre los dos términos Dios y Padre empleados en el Nuevo Testamento para hablar de Dios. Cuando se emplea la palabra Dios, se trata de su ser soberano. Cuando es llamado Padre, como lo hacía Jesús, es la manifestación de su relación con él, o de la que iba a establecer entre Dios y nosotros por su obra de gracia.

He aquí algunos ejemplos: “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano… El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:35-36). “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18). “El Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24). “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

El Señor Jesús siempre habló de Dios como su Padre. Esto expresa la relación entre el Padre y el Hijo: “No estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Juan 16:32). Para que tengamos esa relación preciosa con el Padre, el Señor Jesús tuvo que pasar por la cruz; allí nuestro Salvador soportó en nuestro lugar el juicio por nuestros pecados, de parte del Dios santo. Él exclamó en la angustia de su alma: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

Y ahora, gracias a la obra de la expiación cumplida por Jesús, los cristianos pueden conocer a Dios como su Padre. Le hablan como a un Padre que los ama y los escucha. Le adoran como “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 1:3).

1 Crónicas 3 – Lucas 8:1-25 – Salmo 86:7-13 – Proverbios 19:26-27

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¿El fin del mundo? (2)

Sábado 20 Julio

Y el Señor le cerró la puerta.

Génesis 7:16

Entrad por la puerta estrecha (Jesucristo); porque ancha es la puerta… que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

Mateo 7:13

¿El fin del mundo? (2)

Noé subió al arca y Dios cerró la puerta. Entonces, durante cuarenta días y cuarenta noches, un diluvio de agua sumergió la tierra. Todo fue destruido, salvo Noé y los que estaban con él en el arca flotando sobre las aguas.

Así se cumplió el plan de Dios, y Noé fue salvado porque obedeció a Dios.

Hoy, como en el tiempo de Noé, muchos hombres y mujeres parecen ignorar que Dios no soportará para siempre que la humanidad viole sus leyes y sus principios morales. Violencia e inmoralidad, tan ampliamente difundidas en el mundo actual, atraerán los terribles juicios que precederán al retorno de Jesucristo a la tierra, como Soberano, en un momento que solo Dios conoce. El fin del mundo actual tendrá lugar más tarde, y será seguido por la creación de nuevos cielos y una nueva tierra (2 Pedro 3:12-13; Apocalipsis 21:1).

Hoy, la única forma de escapar al juicio de Dios no consiste en construirse un «espacio de supervivencia». El arca de Noé descrita en la Biblia solo es una imagen de lo que Dios ha previsto para que el hombre pueda escapar a su ira y a su juicio. Para hallar gracia ante los ojos de Dios debemos obedecerle, es decir, creer en Jesucristo, el único medio de salvación (Juan 5:24).

Aún hoy Dios nos invita a «entrar en el arca» por la única puerta de salvación, Jesucristo. Un día él cerrará la puerta de la gracia, y los que se queden afuera tendrán que soportar su ira.

1 Crónicas 2 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25

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¿El fin del mundo? (1)

Viernes 19 Julio

Vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra…

Génesis 6:5

Dijo, pues, Dios a Noé:… Destruiré (a los hombres) con la tierra… Yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra… todo lo que hay en la tierra morirá.

Génesis 6:13-17

¿El fin del mundo? (1)

El tema del fin del mundo atormenta a la gente de manera recurrente. Son innumerables las predicciones hechas sobre este tema a lo largo de la historia. Una de las últimas fechas pronosticadas fue la del 21 de diciembre de 2012. En esta ocasión, la NASA tuvo que desmentir el anuncio hecho por algunos sobre la colisión con un planeta desconocido. Cada anuncio sobre el fin del mundo suscita angustia en unos e ironía en otros. Algunas personas buscan protección construyendo bunkers, espacios de supervivencia, o zonas donde se supone que escaparán a la catástrofe anunciada…

La historia de Noé, relato bíblico muy conocido (leer Génesis 6 al 8), está relacionada con un anuncio sobre el fin del mundo. Poco más de 2000 años antes de Jesucristo, Dios confió a un hombre, Noé, una extraña misión. Debía construir un enorme barco de 140 metros de largo y de tres pisos con compartimentos. Ese navío debía ser el «espacio de supervivencia» para Noé y su familia, así como para los animales que Dios quería salvar de la destrucción. Mediante el diluvio que debía engullir todo ser vivo, Dios quería destruir la tierra de entonces, la cual estaba llena de violencia y corrupción.

A pesar de todas las burlas que Noé debió soportar de su entorno, de todas las preguntas que asaltaban su mente, él obedeció a Dios. Durante muchos años construyó el arca según las instrucciones recibidas. Cuando terminó, Noé hizo entrar a toda su familia en el arca, a las parejas de animales, y finalmente entró él.

(mañana continuará)

1 Crónicas 1 – Lucas 7:1-23 – Salmo 85:8-13 – Proverbios 19:22-23

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¿La felicidad a nuestro alcance?

Jueves 18 Julio

Vuelve ahora en amistad con él (Dios), y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.

Job 22:21

Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien.

Deuteronomio 30:15

¿La felicidad a nuestro alcance?

Seamos conscientes o no, todos necesitamos ser amados, escuchados, tranquilizados, comprendidos. ¡Cuántas personas buscan en vano ese consuelo! En nuestra sociedad, muchos caminos han sido propuestos para hacer creer al hombre que puede alcanzar la felicidad por sí mismo.

Sin embargo, no podemos acceder a ella sin tener en cuenta a Dios, Aquel que creó al hombre, quien puede y quiere colmar perfectamente todas las necesidades físicas, materiales y, sobre todo, espirituales de su criatura.

Debemos tomar conciencia de nuestra incapacidad natural para recibir esos beneficios de Dios. Pero Dios es un Dios de amor y de perdón; quiere perdonar a todos los que se reconocen pecadores. Para ello dio a su Hijo Jesucristo, quien murió por nuestros pecados. Solo Jesucristo puede dar la felicidad, sanar y calmar las almas decepcionadas o heridas. Él mismo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Todos los que responden a este llamado reciben la paz y la certeza en lo concerniente a:

– su pasado: el perdón de los pecados, la paz con Dios;

– el presente: una vida nueva, conocer a Dios como Padre;

– el futuro: la esperanza segura de estar para siempre con Jesucristo.

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11).

“En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15).

Nahum 3 – Lucas 6:20-49 – Salmo 85:1-7 – Proverbios 19:20-21

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Morir sin Dios

Miércoles 17 Julio

El publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado.

Lucas 18:13-14

Morir sin Dios

Testimonio

«Antes de perder el conocimiento debido a un accidente automovilístico, vi desfilar ante mis ojos toda mi vida. Fue realmente como una película, pero transcurrió tan veloz e impresionante que solo pude exclamar: ¡Oh Dios, oh Dios, ten piedad de mí, pobre pecador! Veía cosas oscuras y reprimidas que había tratado de olvidar…

En otro tiempo negaba a Dios constantemente, pero era solo para ahuyentar los interrogantes que la filosofía atea provocaba en mí sin cesar. Y aunque me relacionaba con muchas personas cristianas, no quería volverme como ellas, pues constaté que eran personas comunes, que también cometían errores.

En mi estado de conmoción debido al accidente, repentinamente surgió en mí un grito, el grito del alma que anhela a Dios: ¡No puedo morir sin Dios! Fue justo antes de perder el conocimiento…

Al recuperarme, una certeza se impuso en mí: necesito confiar en Cristo el resucitado, necesito creer lo que los cristianos dicen de él.

Mi conciencia me remordía y eso era tan insoportable que todo en mí clamaba: ¡Señor, ten piedad de mí! En su gracia Dios guardó mi vida; ahora yo también soy cristiano. Pertenezco al Hijo de Dios y deseo obedecerle. Gracias, Señor, porque tu paz y tu salvación me fueron dadas gratuitamente».

Igor

Igualmente con usted, hoy todavía, Dios quiere comenzar una relación. Comenzar el diálogo… si no está hecho aún. Empezar en usted una nueva vida para conducirle por un nuevo camino hacia una nueva meta.

Nahum 1-2 – Lucas 6:1-19 – Salmo 84:8-12 – Proverbios 19:18-19

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Mejor es la realidad que la apariencia (7)

Martes 16 Julio

Mejor es la buena fama que el buen ungüento.

Eclesiastés 7:1

De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas.

Proverbios 22:1

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.

Ezequiel 36:26

Mejor es la realidad que la apariencia (7)

Actualmente los perfumes están ligados a las marcas de lujo. El perfume utilizado por una persona puede dar una buena impresión en el momento. Por otra parte, la reputación es el resultado de otro tipo de percepción, se construye a partir de la manera en que se vive. Tener una buena reputación no es asunto de un día. Un buen perfume puede ser halagador, pero es pasajero. “Mejor es la buena fama que el buen ungüento”. El perfume no resiste al paso del tiempo, se volatiliza. ¿Y yo, he elegido la apariencia o la realidad?

A menudo cuido mi apariencia con mi forma de vestir, mi comportamiento y mis palabras. Un hermoso barniz oculta una realidad que prefiero mantener en secreto. Podemos engañar a los que nos ven pasar, e incluso a nuestros cercanos. Sin embargo, nunca podremos engañar a Dios, porque “el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Una buena reputación tampoco es suficiente para ser acepto ante Dios.

¿Qué hacer entonces? Es mi interior, mi corazón, lo que necesita cambiar, no lo que se ve. Pero yo soy incapaz de hacerlo, solo Jesús puede transformarme. Él es el gran médico del alma, él puede y quiere dar una vida nueva a todo el que reconoce su estado desesperado.

¿Fui a Jesús mediante una verdadera oración para recibir la vida eterna? ¿Voy a él todos los días para vivir con un corazón nuevo?

(continuará el próximo martes)

Miqueas 7 – Lucas 5:17-39 – Salmo 84:5-7 – Proverbios 19:17

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