Las estrellas

Lunes 15 Julio

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre?

Salmo 8:3-4

El Señor… cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres.

Salmo 147:2, 4

Las estrellas

Durante la revolución francesa (1789-1799) se tomaron medidas radicales para borrar todo vínculo con el cristianismo. «Todas las señales que evoquen a Dios deben desaparecer», se le explicó a un anciano. Y este respondió: «Bien, pero supongo que por ahora van a dejar aunque sea las estrellas en el cielo».

En nuestros días, en Europa, también hay una corriente muy fuerte de descristianización. Se quieren conservar algunos valores provenientes del cristianismo, pero se rechaza a Aquel que es el origen y la fuente del mismo. Sin embargo, las estrellas continuarán en el cielo. Más allá de los discursos humanos está ese lenguaje sin palabras, ese testimonio de la existencia de Dios, dado por el universo estrellado.

¿Se ha detenido usted alguna vez, maravillado, ante el esplendor de un cielo adornado de estrellas? Esta es la experiencia que el rey David describe en el Salmo 8. Dirigiéndose a Dios, exclamó: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8:4). Estas preguntas, muy actuales, nos asaltan. ¿Quién soy yo frente al inmenso universo? ¿Quién soy en medio de los siete mil millones de seres humanos que pueblan el planeta?

Frente a esta inmensidad, David tomó conciencia de otro tema de admiración más grande aún: ¡Dios se acuerda y se ocupa del hombre! Reconoció que, en este inmenso universo, el hombre es el objeto del amor de Dios y de su salvación.

Miqueas 5-6 – Lucas 5:1-16 – Salmo 84:1-4 – Proverbios 19:15-16

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Tan cerca, pero tan lejos

Domingo 14 Julio

Mi Dios… me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia.

Isaías 61:10

Todos los que creen… siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús… por medio de la fe en su sangre

Romanos 3:22-25

Tan cerca, pero tan lejos

Mateo 22:1-14

En esta parábola Jesús habla de una fiesta de bodas que un rey preparó para su hijo. ¡Todo estaba listo, pero… los invitados no quisieron ir! Entonces el rey envió a sus siervos a buscar fuera a todos los que encontraran, y los invitó gratuitamente. La única condición para ser admitidos en la fiesta era estar vestidos con un “vestido de boda” provisto por el rey. Cuando la sala estuvo llena, el rey entró para ver a sus convidados. Allí observó a un hombre que no tenía el traje requerido. A la pregunta del rey: “¿Cómo entraste aquí?”, ese hombre no pudo responder nada. Entonces fue echado “en las tinieblas de afuera”.

Esta parábola se aplica al período actual. Jesús fue rechazado por su pueblo, y desde entonces el Evangelio es anunciado a todos, sin distinción. Dios recibe, salva y justifica gratuitamente a todo el que cree en Jesús.

El hombre que no estaba vestido de boda representa a aquellos que dicen ser cristianos sin haber aceptado para sí mismos la gracia divina que perdona sus pecados.

Pero Dios solo puede aceptar en su santa presencia a aquellos que han sido justificados por su gracia. Los que se creen justos y no han recibido el perdón de sus pecados ¡serán echados fuera! Estaban tan cerca, mezclados con los verdaderos creyentes, tenían buena apariencia, pero serán condenados.

Seamos auténticos ante Dios. ¡Aceptemos por la fe ese “vestido”, la salvación gratuita, antes de que sea demasiado tarde!

Miqueas 3-4 – Lucas 4:16-44 – Salmo 83:9-18 – Proverbios 19:13-14

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¿Es usted cristiano?

Sábado 13 Julio

(Jesús dijo:) Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 8:31-32

A los discípulos se les llamó cristianos.

Hechos 11:26

¿Es usted cristiano?

Hay un cristianismo muy de moda que solo nos habla de amor al prójimo, amor a los pobres, ayuda mutua y solidaridad. Ahora bien, el verdadero cristianismo, el que proviene de la enseñanza de Cristo, es mucho más que esto. Ciertamente insiste sobre los valores de amor y generosidad, pero con tal de que su móvil sea el amor que está en Dios mismo, el cual sobrepasa todo lo que podemos imaginar.

La Biblia nos dice que Dios creó al hombre inocente y en relación con él. Sin embargo, como el hombre no tuvo en cuenta los mandamientos de Dios, fue echado del lugar de felicidad donde estaba, y se encontró solo, culpable y alejado de Dios.

Entonces Dios, en su amor, intervino y preparó un medio para salvar a todo el que se arrepiente, el que reconoce su alejamiento de Dios y quizá su rebeldía contra él. Ese medio es Jesucristo, quien vino a la tierra donde vivió como un hombre, siendo el Creador. Él es Dios. Después de su niñez, adolescencia y adultez, después de haber hecho el bien incansablemente por donde pasaba, después de su vida perfecta, murió crucificado para quitar los pecados de todos los que creen. ¡El «no culpable» murió por los culpables! Ser cristiano es, pues, creer en el Dios revelado en Jesucristo, arrepentirse y aceptar su perdón. El verdadero cristianismo restablece las relaciones del hombre con Dios y mueve al hombre, reconciliado con su Creador, a alabarle, así como a amar y darse a los demás, sin esperar nada a cambio.

Miqueas 1-2 – Lucas 4:1-15 – Salmo 83:1-8 – Proverbios 19:11-12

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Yo sé a quién he creído

Viernes 12 Julio

Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.

2 Timoteo 1:12

Yo sé a quién he creído

Muchos hombres creen en la existencia de un poder superior. Sienten que el mundo no pudo haber nacido de la casualidad. Sin embargo, cuando se trata de buscar a ese «Ser supremo», muchos se dejan llevar por personas o ideas que no tienen nada que ver con el verdadero Dios. Son influenciados por teorías filosóficas o doctrinas religiosas que los alejan de aquel Dios a quien buscan.

Sin embargo, Dios ciertamente se revela a quienes lo buscan. Lo hace a través de las obras de la creación, las cuales testifican del poder de Dios y hacen inexcusables a quienes rehúsan ver la mano del Creador (Romanos 1:20). Y, sobre todo, mediante la Biblia, su Palabra, el «documento» que hizo redactar por medio de fieles hombres de Dios inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21), la cual nos revela sus pensamientos y sus intenciones.

Moisés decía al pueblo de Israel: “Si… buscares al Señor tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (Deuteronomio 4:29).

Saulo, quien más tarde sería el apóstol Pablo, lo experimentó. Creía agradar a Dios persiguiendo a los creyentes, pero el Señor lo detuvo y se reveló a él: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (Hechos 9:5). Este encuentro no dejó ninguna duda en su espíritu; más tarde pudo escribir: “Yo sé a quién he creído”.

Buscando en la fuente divina, en la Palabra de Dios, podemos estar seguros de que en ella encontraremos a Dios si lo buscamos de todo corazón. Entonces también podremos decir: “Yo sé a quién he creído”.

Daniel 12 – Lucas 3 – Salmo 82 – Proverbios 19:9-10

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Todos, sin excepción

Jueves 11 Julio

No hay justo, ni aun uno… todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:10, 23

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:16

Todos, sin excepción

Escuchemos estas declaraciones de la Palabra de Dios concernientes a todos los hombres, sin ninguna excepción:

– “El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Dios es bondadoso y paciente con los hombres; quiere que se arrepientan de sus pecados (ver Romanos 2:4).

– “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Esta declaración es ineludible. Excluye cualquier pretensión a una justicia personal. Reconocer que soy pecador es el primer paso de la fe que conduce al arrepentimiento.

– “Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:3-4). Nadie está excluido del plan de amor de Dios; nadie puede decir que Dios no se interesa en él.

– “Todos los que creen en él… siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:22, 24). Si creo en el Señor Jesús, es decir, si acepto que él sufrió en mi lugar el juicio por mis pecados, entonces Dios me perdona.

– “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). En este caso tampoco hay excepción. Todos los que han recibido a Jesús como su Salvador tienen la seguridad de ser hijos de Dios, de poseer la vida eterna. ¡Cuántos motivos de agradecimiento y adoración!

Daniel 11:21-45 – Lucas 2:21-52 – Salmo 81:11-16 – Proverbios 19:7-8

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¿Quién sostiene la cuerda?

Miércoles 10 Julio

Señor… yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

Salmo 73:20, 23-26

¿Quién sostiene la cuerda?

Un excursionista dejó caer su cámara fotográfica en una pendiente abrupta de los Alpes. La cámara descendió a toda prisa y quedó atrapada bajo un arbusto, fuera de su alcance. ¿Cómo recuperarla? El excursionista tenía una cuerda, pero, ¿dónde podría fijarla para descender sin riesgo? Un joven pastor se acercó y, luego de algunos intercambios, nuestro amigo le pidió ayuda para recuperar su cámara. «Yo te sostengo con mi cuerda», le aseguró.

El muchacho examinó al extranjero con aire escéptico y luego desapareció. Poco después volvió acompañado por un fornido montañés de aspecto afable. «Ahora voy a descender con la cuerda, dijo, pero este hombre la sujetará: él es mi padre».

¿Quién sujeta la cuerda que nos «asegura» en la vida? Esta es la pregunta. Dios nos conoce. Él está al tanto de todos los detalles de nuestra vida. Él sabe cómo sujetarnos. Podemos confiar completamente en él. Con él estamos seguros, pero debemos entregarnos enteramente a él y a su poder, con todo lo que tenemos y lo que somos.

Todos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo saben que son amados, llevados y sostenidos firmemente por Dios, como hijos “engendrados… de Dios” (Juan 1:12-13). “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen… La misericordia del Señor es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen” (Salmo 103:13, 17).

Daniel 11:1-20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

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Mejor es mirar a la meta (6)

Martes 9 Julio

Mejor es el fin del negocio que su principio.

Eclesiastés 7:8

Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Romanos 8:18

Mejor es mirar a la meta (6)

La parte más difícil de una carrera de resistencia suele ser el final. El cansancio toma la delantera, se baja la guardia, y todo puede cambiar en las últimas zancadas. Una caída puede echar a perder todo el esfuerzo hecho. Sin embargo, cuando la meta está a la vista, el corredor se reanima y, reuniendo sus últimas fuerzas, puede atravesar como vencedor la línea de llegada. Es el momento de la alegría y del triunfo. Entonces puede pensar: “Mejor es el fin del negocio que su principio”. Al comienzo hubo entrenamientos, privaciones, dudas… ¡pero al final halló la victoria!

¿Hacia qué meta estoy corriendo? ¿De qué está hecho mi futuro? ¿Está oscurecido por el miedo al fracaso? ¿Mi única perspectiva es la enfermedad y la vejez? A menudo el comienzo de un proyecto está colmado de esperanza, sin embargo el final puede ser menos agradable.

Si Jesús es mi Salvador, soy consciente de mi debilidad, pero pienso en la gracia de Dios y contemplo al Señor en la gloria. Él llegó a la meta, y pronto me permitirá alcanzarla a mí también. Ya preparó mi lugar junto a él en la casa del Padre (Juan 14:2), y volverá a buscar a los suyos.

Sé que vivir como creyente en un mundo sin Dios expone a dificultades: incomprensión, maltrato, marginación… Sin embargo, el Señor comenzó en mí una “buena obra” (Filipenses 1:6), y la completará en la gloria. La paciencia del cristiano es puesta a prueba en este mundo, pero Dios le dice que el fin será la felicidad en la presencia de Jesús.

(continuará el próximo martes)

Daniel 10 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

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¿Siervo o amigo?

Lunes 8 Julio

(Jesús dijo:) Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

Juan 15:14-15

¿Siervo o amigo?

En la antigüedad había una gran diferencia entre un esclavo y un hombre libre. ¡Sin duda era muy raro que un amo tratara a su esclavo como a un amigo!

Ahora bien, Jesús honró a sus discípulos llamándolos “amigos”. Les habló con confianza y sencillez. Les compartió el secreto de su misión en la tierra. Les dio a conocer todo lo que escuchó de su Padre, como también nos lo enseña a nosotros por medio del evangelio. Les habló del amor de Dios, de su deseo de perdonar al hombre y reconciliarlo con él. Esa fue su manera de obrar.

El privilegio que tiene el creyente de vivir como amigo de Cristo depende de su obediencia a sus mandamientos. Jesús nos ordena, en particular, amarnos unos a otros (Juan 15:12). Los que ponen en práctica el amor divino son verdaderamente sus amigos. Un amigo es alguien en quien uno confía, a quien le puede revelar sus pensamientos, sentimientos, proyectos.

Los creyentes tienen el privilegio de servir al Señor. A los apóstoles les gustaba presentarse como siervos del Señor Jesús (Romanos 1:1; 2 Pedro 1:1; etc.). Sin embargo, por más grande que sea el privilegio de ser sus siervos, el de ser sus amigos es aún mayor. Considerados como esclavos solo necesitaríamos instrucciones claras para cumplir la tarea que nos confió. Pero como amigos, conocemos sus pensamientos y sus sentimientos. Y esto es suficiente para dirigir toda nuestra conducta, respecto a Dios como a nuestro prójimo.

Daniel 9:20-27 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

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Nunca he visto a Dios

Domingo 7 Julio

Él (Jesucristo) es la imagen del Dios invisible.

Colosenses 1:15

Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

2 Corintios 4:6

Nunca he visto a Dios

Un colega de trabajo, queriendo justificar su incredulidad, me dijo con ironía: «¿Dios? ¡Yo nunca lo he visto!». No hay nada extraño en esto. Para el hombre, criatura limitada, ver a Dios es inconcebible, porque Dios es infinito. Por la revelación bíblica sabemos que Dios es Espíritu, y que nadie lo ha visto nunca (Juan 1:18). El hombre es incapaz de conocer a Dios por sí mismo. Sin embargo, Dios se revela permanentemente en la naturaleza que él creó, la cual está ante los ojos de todo hombre.

Al comienzo de la humanidad, él se relacionó con los hombres y con un pueblo. Sin embargo, seguía siendo un Dios distante, cuya grandeza atemorizaba. Luego se dio a conocer por medio de Jesucristo, su Hijo unigénito. Cuando uno de sus discípulos, Felipe, dijo a Jesús: “Muéstranos el Padre”, el Señor le respondió: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre… ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?” (Juan 14:8-10). “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), había declarado antes. Cristo, tomando la naturaleza humana, abrió a los hombres un camino hacia Dios. Hoy Dios se revela a todos los que creen en su Palabra. Ella fue escrita por fieles hombres de Dios, inspirados por el Espíritu Santo. La Biblia es la carta de Dios para la humanidad. Es el mensaje del Dios de verdad que vino a traer la luz, a asir nuestros corazones que aún están en las tinieblas. Si esta luz es recibida, da vida, es decir, una verdadera relación con él: les da “potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Daniel 9:1-19 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24

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Vivir el momento presente

Sábado 6 Julio

No os afanéis… pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?… Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas… Basta a cada día su propio mal.

Mateo 6:31-34

En quietud y en confianza será vuestra fortaleza.

Isaías 30:15

Vivir el momento presente

¿Qué cosas ocupan nuestros pensamientos? ¿Añoranzas por el pasado? ¿Temor por el futuro? ¿Somos optimistas diciendo: «Todo irá mejor mañana», o pesimistas: «Qué será del mañana»? Cristianos, seamos realistas y confiemos en el Señor, pues él desea vivir con nosotros el momento presente.

Si bien la vida está compuesta por acontecimientos felices y situaciones difíciles, por penas y alegrías, nuestros remordimientos o inquietudes no pueden cambiar nada. Lo importante es atravesar todos esos momentos en una relación permanente con Jesús, el Salvador vivo que nos ama.

Dios dirige la sucesión de circunstancias en nuestras vidas. Por más que ellas cambien, Dios no cambia. En todo lo que nos sucede, Dios desea que confiemos en él. Si todo va bien, no olvidemos agradecerle. ¿Y si todo va mal? Sepamos que el Dios de amor siempre está con nosotros, y que nada lo supera.

No vivamos del ayer o del mañana. Nuestra relación con Dios no es la nostalgia por lo que hubiera podido ser o el sueño por lo que podría suceder. Es una relación viva, confiada, feliz y presente.

El apóstol Pablo aprendió a estar contento cualquiera que fuera su situación. Él escribió: “En todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:12-13).

Daniel 8 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22

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