Mejor es sufrir haciendo el bien (4)

Martes 25 Junio

Mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

1 Pedro 3:17

A vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.

Filipenses 1:29

Mejor es sufrir haciendo el bien (4)

En sus obras teatrales, Pedro Corneille (1606-1684) pone a sus personajes frente a decisiones imposibles y dolorosas de tomar. Elecciones entre dos valores igualmente estimables, como el deber y el amor.

En nuestra vida debemos tomar múltiples decisiones. ¿Cuáles son nuestras prioridades? Para uno será la familia, para otro los estudios o el éxito, el placer o la aventura… A menudo elegimos por comodidad o para no diferenciarnos del pensamiento de la mayoría. Tememos sufrir si no actuamos como todo el mundo, si no aceptamos la injusticia. Pero la Biblia nos dice: “Mejor es que padezcáis haciendo el bien… que haciendo el mal”.

¿He elegido el bien, a pesar del sufrimiento que me acarrea?

En mi trabajo quizá me enfrente a una situación delicada en la cual se me pida, por ejemplo, dar una respuesta equívoca o decir una mentira para obtener un buen negocio. Si no lo hago, corro el riesgo de que mi jefe se enoje, pero habré hecho lo correcto. ¡En primer lugar soy responsable delante de Dios!

Interiormente, la elección principal es la de la verdad. Quien no cree en el Señor Jesús está equivocado. No se trata solamente de decir o de conocer la verdad, sino de creer en ella: creer que Jesús murió para librarme de mis pecados.

Soy cristiano porque Dios me ha permitido encontrar la verdad. Esto me traerá oposición y sufrimientos… ¡Pero Dios me dice que esto es mejor!

(continuará el próximo martes)

2 Reyes 24 – 2 Timoteo 1 – Salmo 75 – Proverbios 18:2-3

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Un tesoro descubierto

Lunes 24 Junio

Me regocijo en tu palabra (la Palabra de Dios) como el que halla muchos despojos.

Salmo 119:162

(Jesús dijo:) Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.

Juan 5:39

Un tesoro descubierto

En noviembre de 2011 se iniciaron trabajos de remodelación en un edificio destinado a convertirse en un museo: la «Casa de las Luces» en Langres (Francia). En una viga carcomida, un obrero descubrió un hueco, y en su interior una bolsa de tela que contenía alrededor de dos mil piezas de oro y plata. ¡Un verdadero tesoro!

Cristianos, ¿dónde se encuentra la Biblia en nuestras casas? ¿Al alcance de la mano o polvorienta y olvidada en un estante? Este libro nos ofrece un tesoro: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Este Hijo unigénito es Jesucristo, quien aceptó hacerse hombre para dar su vida en rescate por todos los que se arrepienten de sus pecados. Comprendemos, pues, que él es precioso para quienes perdonó y a quienes salvó de una catástrofe eterna.

Toda la Biblia nos revela ese tesoro: la persona del Señor Jesús. Al leerla aprendemos a conocer el corazón de Dios, lleno de amor y compasión, al Dios de luz que ilumina nuestras vidas, lejos del pecado. Fortalece nuestra fe y nos sostiene en las situaciones más difíciles. Las múltiples promesas que el creyente encuentra en la Palabra de Dios son “millares de oro y plata” (Salmo 119:72) para la vida de la fe.

Las riquezas de este mundo, como esas monedas de oro y plata halladas en la viga, pueden desaparecer en cualquier momento. ¡Que nuestro Señor sea la luz de nuestra vida y el tesoro de nuestro corazón!

2 Reyes 23:21-37 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1

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¿Conoce usted a Jesús?

Domingo 23 Junio

(Jesús dijo:) Esta es la voluntad del Padre… Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 6:39-40

¿Conoce usted a Jesús?

¿Quién es “Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos”? (1 Timoteo 2:5-6).

– Jesús es “Dios… bendito por los siglos” (Romanos 9:5). “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas” (Colosenses 1:15-16).

– Jesús descendió del cielo a la tierra. “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).

– Jesús llevó una vida sin pecado. “No conoció pecado” (2 Corintios 5:21). “No hizo pecado” (1 Pedro 2:22). “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

– Jesús murió para quitar el pecado. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

– Jesús resucitó de los muertos. “Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:18).

– Jesús subió al cielo, “fue alzado…” (Hechos 1:9) y “fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16:19).

– Jesús está a la diestra de Dios e “intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

– Jesús volverá. “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2-3).

– Jesús será el juez supremo: “Todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre” (Juan 5:22-23).

2 Reyes 23:1-20 – 1 Timoteo 5 – Salmo 74:1-11 – Proverbios 17:27-28

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Dar la vida

Sábado 22 Junio

Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

1 Juan 5:11-12

Dar la vida

Los medios informaron sobre la triste muerte de un joven, como consecuencia de una agresión. Pero el periodista agregó que la donación de sus órganos había permitido mantener la vida de por lo menos otras cuatro personas. Esta generosa donación efectuada por la familia en circunstancias tan dolorosas nos conmueve.

Dicha historia nos hace pensar en otra donación. Dios aceptó entregar a su Hijo para que, por medio de su muerte en la cruz, comunicara la vida eterna a los hombres.

“Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios” (Isaías 59:2), clamó el profeta Isaías. Sí, toda la humanidad estaba enferma, y nada podía sanarla, salvo ese don supremo. Y esto tuvo como resultado maravilloso el don de la vida para todos los que creen en él y lo aceptan como su Salvador.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36). Esa vida que se nos concede no es un simple prolongamiento de nuestra existencia terrenal, sino una vida eterna, una relación infinita con Dios, feliz, en paz, justicia y santidad. “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Nunca olvidemos lo que le costó al Señor Jesús acercarnos a Dios y darnos esta vida eterna.

Que tu muerte, oh santa Víctima,

Esté siempre presente ante nuestros ojos;

Tu sangre ha lavado nuestro crimen,

Solo tu sangre nos abre los cielos.

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

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El árbol caído

Viernes 21 Junio

(Jesús dijo:) Aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis.

Mateo 10:30-31

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios.

Isaías 41:10

El árbol caído

Cerca de la casa de una pareja de creyentes ancianos se levantaba un gran árbol, plantado hacía mucho tiempo. Lamentablemente su tronco era hueco y los ancianos temían que se cayera en caso de que ocurriera una tempestad. El árbol estaba cerca de la vía, de las redes eléctricas, de algunas viviendas y alambrados. No había forma de derribarlo sin provocar destrozos. Los ancianos no sabían qué hacer.

Cierta noche se oyó un ruido estruendoso… y el árbol apareció tendido en el único lugar donde su caída no provocó ningún daño. ¡Qué alivio para estas dos personas preocupadas! Había terminado todo riesgo. La mano de Dios había dirigido todo para bien.

Dios se ocupa de todo lo que nos concierne, incluso de los pequeños detalles de nuestra vida. Él cuenta hasta los cabellos de nuestra cabeza. ¡Cuánta bondad hacia aquellos que confían en él!

Nada se le escapa: está al corriente de todo lo que hago (Salmo 139:3). Su poder es ilimitado: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2).

No dudemos en contarle todas nuestras preocupaciones. Él oye y responde con sabiduría.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

2 Reyes 21 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

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¡Ah, esta mosca!

Jueves 20 Junio

Yo soy Dios… mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes… mío es el mundo y su plenitud.

Salmo 50:7-12

Mirad a mí, y sed salvos.

Isaías 45:22

¡Ah, esta mosca!

Vicente estaba haciendo su tarea, pero una mosca lo fastidiaba continuamente sobrevolando y posándose sobre él o sobre su cuaderno. Exasperado le mostró la dirección de la ventana abierta… pero ¡una mosca no obedece a un muchacho!

En cambio, todos los animales obedecen a Dios, su Creador. La Biblia contiene muchos relatos donde ellos le obedecen, incluso en contra de las leyes de la naturaleza: Los cuervos, aves carnívoras, recibieron la orden de llevar pan y carne para alimentar mañana y tarde a un profeta hambriento (1 Reyes 17). A pesar de su instinto maternal, unas vacas dieron la espalda a sus terneros para ir en la dirección indicada por Dios (1 Samuel 6). Un profeta pasó una noche entera en una fosa con leones, pero Dios les cerró la boca (Daniel 6). Una asna habló para advertir a un profeta desobediente (Números 22).

En los evangelios también vemos que Jesús tuvo autoridad sobre los animales: Antes de su servicio público, pasó 40 días en compañía de bestias salvajes (Marcos 1:14). En pleno día llenó de peces la red de Simón, quien a pesar de ser un pescador experimentado, había trabajado en vano toda la noche (Lucas 5). También ordenó a un pez traer una moneda a Simón para pagar los impuestos (Mateo 17). Jesús se subió en un asno que nunca había sido montado, y el asno se lo permitió (Lucas 19).

Los animales obedecían a Jesús porque él es Dios, su Creador. Pero Jesús también es Salvador. Obedezcamos a su llamado de gracia y vayamos a él (Mateo 11:28).

2 Reyes 20 – 1 Timoteo 2 – Salmo 73:1-9 – Proverbios 17:21-22

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¿Cree usted en la casualidad?

Miércoles 19 Junio

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Romanos 8:28

¿Cree usted en la casualidad?

Algunas personas creen que la suerte juega un gran rol en sus vidas. El cristiano, por el contrario, sabe que tanto los fenómenos naturales como las circunstancias imprevisibles de la vida son controladas y hasta dirigidas por Dios (Rut 2:3; 1 Reyes 22:34).

Un náufrago, varado en una isla desierta, logró construir una cabaña en la cual pudo refugiarse y sobrevivir. Cada día oraba a Dios observando el horizonte y esperando el paso de algún barco que pudiera verlo. Cierto día se alejó un momento de su choza y al regresar vio consternado cómo su albergue ardía en llamas. Lo poco que había logrado reunir para su supervivencia fue consumido por el fuego. ¡Qué tragedia! Sin embargo, al poco tiempo una embarcación llegó a rescatarlo. El capitán le dijo: «Vimos su señal de fuego, señor. Aquí estamos».

Este relato nos prueba que a menudo aquello que parece ser una adversidad es parte de una serie de circunstancias que concurren para el bien de los hijos de Dios. La Biblia declara: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

Como el salmista, el sobreviviente pudo decir: “Escucha, oh Señor, mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes…” (Salmo 86:6-7).

Nosotros que lo conocemos como Padre, ¿no queremos volvernos a él, escuchar al que ve todo, y preguntarnos qué quiere decirnos a través de las dificultades que nos sobrevienen?

Estemos seguros de que él es el Dios vivo y verdadero (1 Tesalonicenses 1:9), que desea nuestro bien. Él nos ama. ¡Él lo ama!

2 Reyes 19 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

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La sabiduría es mejor que las piedras preciosas.

Martes 18 Junio

La sabiduría es mejor que las piedras preciosas.

Job 28:18

Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras. Mejor es la sabiduría que las armas de guerra.

Eclesiastés 9:16, 18

Mejor es la sabiduría (3)

“También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre” (Eclesiastés 9:13-15).

Gracias a un solo hombre pobre y sabio, las fuerzas de un poderoso rey no lograron aniquilar una pequeña ciudad sin recursos. ¡Sí, “mejor es la sabiduría que la fuerza”! Pero la sabiduría del pobre es menospreciada en este mundo; “nadie se acordaba” de él.

Y yo, ¿elegí la sabiduría?

¿Qué sabiduría? Recordar a quien realmente fue ese Hombre pobre, Jesucristo, el Salvador del mundo, y quien desea ser “mi” Salvador, ¡esa es la verdadera sabiduría! Podemos admirar al Señor por sus buenas obras y la buena moral que trajo, pero la realidad es que si no escuchamos sus enseñanzas ni las ponemos en práctica en nuestra vida, es como si lo olvidáramos.

Escuchando a Jesús y creyendo en él comprendo que soy un pecador, y discierno que él quiere ser mi Salvador. Él no condena; él da la vida eterna a quien pone su confianza en él. Conocerle como la verdadera sabiduría vale más que las piedras preciosas (Job 28:18). ¡Es una riqueza eterna!

(continuará el próximo martes)

2 Reyes 18 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18

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Comprendí que Dios me amaba (2)

Lunes 17 Junio

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.

2 Corintios 5:17-18

Comprendí que Dios me amaba (2)

Continuemos con el testimonio de Yoneko, quien estaba inmóvil en una cama de hospital, completamente depresiva y discapacitada:

«Dios se sirvió de ese mensaje grabado para hablarme. Antes de que el orador terminara su alocución, lágrimas corrían por mis mejillas. Al finalizar, Akitoshi me preguntó: ¿Quieres orar, Yoneko?

¡Ayúdame, Dios!, supliqué. Al pronunciar estas palabras, mis pensamientos se precipitaron y me dije a mí misma que entregaría toda mi vida a ese Dios. ¡No importaba lo que ocurriera, mi futuro le pertenecía!

Me dormí inmediatamente después de que Akitoshi y su amigo se fueron, y desperté a las siete de la mañana del día siguiente. No podía creer que había dormido toda la noche. Hacía meses que no lo lograba. El cielo estaba despejado, y el sol de mayo acariciaba las flores que estaban abriéndose. ¡Qué magnífico día!, pensé. Esto me hizo sobresaltar. ¿Por qué estaba reaccionando de forma tan extraña? Desde mi accidente, ningún día me había parecido bello.

Tomé el Nuevo Testamento que Akitoshi me había dejado y leí algunas líneas al azar. Esta frase atrajo mi atención: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Mi gozo era tan inmenso que casi grito de felicidad. Eso era exactamente lo que me había ocurrido».

Yoneko

“En aquel tiempo estabais sin Cristo… sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz” (Efesios 2:12-14).

2 Reyes 17:24-41 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

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Comprendí que Jesús me amaba (1)

Domingo 16 Junio

El Señor se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

Jeremías 31:3

A ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del huérfano.

Salmo 10:14

Comprendí que Jesús me amaba (1)

Yoneko era una niña feliz, pero siendo aún jovencita, su felicidad se vio truncada cuando su mamá falleció inesperadamente. Desesperada y sin poder soportar más su tristeza, decidió poner fin a sus días. Su intento de suicidio fracasó. Yoneko sobrevivió, pero quedó gravemente minusválida y depresiva.

En el hospital recibió las visitas regulares de un joven cristiano, Akitoshi, acompañado por un amigo. Yoneko los recibía amablemente, pero permanecía hostil al Evangelio. Un día Akitoshi tuvo la idea de llevarle la grabación de un mensaje que hablaba sobre el encuentro de Cristo con dos discípulos en el camino a Emaús (ver Lucas 24:13-32).

«Eran las nueve de la noche cuando ellos llegaron, cuenta Yoneko. Yo estaba sumergida en la depresión y solo pensaba en la muerte que pronto me traería la liberación, cuando de repente fui cautivada por las palabras del orador. Hablaba de Cristo. Jesús me amaba, a pesar de que había perdido mis dos piernas, un brazo y dos dedos. A él no le importaba que yo lo odiara. ¡Él había venido a la tierra para vivir, morir en la cruz y resucitar para atraerme hacia él! Así como se había acercado a esos dos hombres en el camino a Emaús y había caminado con ellos, ahora quería caminar conmigo. Comprendí que, a pesar de todo lo que había ocurrido, quería atraerme hacia él».

(mañana continuara)

2 Reyes 17:1-23 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

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