La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Sábado 15 Junio

La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:17

La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Romanos 10:17

Siendo anticristiano, hallé a Jesús

Testimonio

«Hace algunos años hubiese sido impensable que yo escribiera algo sobre la fe cristiana que no fuesen calumnias. Pero hace dos años tuve un encuentro personal con Jesús, lo cual cambió radicalmente mi vida. Si hoy doy mi testimonio, ya no es para desacreditar el cristianismo, sino para animar a cada persona a seguir a Jesús el Salvador.

Mi familia era indiferente a la religión, sin embargo mi madre había insistido en que recibiéramos una educación católica. A mis 15 años de edad, atraído por la filosofía, consideraba el cristianismo como un sobreviviente de supersticiones medievales.

Hace año y medio unos amigos de mi madre me hablaron del Evangelio de una manera que me pareció torpe. Me propusieron orar por mí, lo cual permití por curiosidad y escepticismo a la vez. Sin embargo en esa oración sentí un poder de vida y de amor tal, que temiendo estallar en lágrimas delante de ellos, me fui. Más tarde asistí a reuniones de oración donde sentí muy fuerte la presencia de Dios.

Después de un largo y lento trabajo en mi corazón, me volví cristiano. Este es el testimonio de mi fe y de lo que he vivido. Así como el apóstol Pablo escribió en una de sus cartas: “Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:5), mi fe no reposa sobre discursos persuasivos de sabiduría, sino sobre lo que Dios hizo en mi vida y en aquellos a quienes he visto transformados interiormente por su gracia».

Carlos

2 Reyes 16 – Efesios 4:1-16 – Salmo 71:7-11 – Proverbios 17:11-12

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Fe y obras

Viernes 14 Junio

El hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Romanos 3:28

El hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

Santiago 2:24

Fe y obras

Los dos versículos citados en el encabezamiento parecen contradecirse, pero no es así. Al contrario, se complementan.

– El primero fue extraído de la epístola a los romanos, donde el apóstol Pablo presenta el tema del Evangelio de Dios (Romanos 1:1). Bajo la guía del Espíritu Santo, demuestra a sus oyentes que el hombre es absolutamente incapaz de salvarse a sí mismo, que esa salvación fue cumplida solamente por Dios, y que es suficiente aceptar por fe ese don gratuito.

– El segundo versículo fue escrito por el apóstol Santiago, quien desarrolló algunos aspectos prácticos de la vida del cristiano. Entre otras cosas nos explica que no sería normal que la fe del creyente pase desapercibida. Por el contrario, debe materializarse en obras que Dios ve y que en general son visibles a todos.

Para Pablo, la fe es la obra de Dios que produce una nueva vida. Para Santiago, las obras son la prueba de la existencia de esa nueva vida.

Si se nos ocurriera ufanarnos de las obras que realizamos, Pablo nos recuerda: “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Si, al contrario, nos dejamos invadir por la pereza, Santiago nos dice: “Yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18).

No olvidemos ninguna de estas dos realidades, y agradezcamos a Dios por la perfección de su Palabra.

2 Reyes 15 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10

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¿Privaciones en el desierto?

Jueves 13 Junio

Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído el Señor tu Dios… Te sustentó con maná… para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca del Señor vivirá el hombre.

Deuteronomio 8:2-3

¿Privaciones en el desierto?

El segundo libro de la Biblia, el Éxodo, nos enseña cómo Dios liberó a su pueblo, cautivo y esclavo por el Faraón. Para ser liberado, este pueblo debía salir de Egipto, atravesar el desierto de Sinaí y entrar a la tierra prometida. Pero antes de llegar a la meta, sufrió muchas privaciones y soledad, lejos del civilizado Egipto.

La travesía por el desierto es una imagen de la vida de los creyentes en la tierra (1 Corintios 10:6). Así como el pueblo de Dios debía dejar Egipto, los creyentes deben huir de todo lo que, en la sociedad organizada sin Dios, está centrado en “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16).

Fuera de Egipto, ¿le faltó algo al pueblo? ¡No! Aprendió a conocer al Dios de bondad, que cada día colmaba sus necesidades. En el desierto podía faltarles todo. Sin embargo, cada mañana un alimento misterioso era esparcido en el suelo: el maná, imagen de la Palabra de Dios que sustenta al cristiano. Asimismo Dios hizo brotar para ellos agua de la peña, figura del Señor, quien refresca al creyente con su presencia, y con quien puede contar cada día (Mateo 28:20).

Pero muchos israelitas estaban inconformes con lo que Dios les daba. Perdiendo de vista el objetivo del viaje, lamentaban no tener más los alimentos de Egipto, olvidando que Dios los había liberado de su esclavitud.

Cristianos, ¿nos sentimos privados de las cosas que el mundo ofrece? ¡Depositemos toda nuestra confianza en Dios, lo que nos ayudará a apreciar más nuestras bendiciones en Cristo!

2 Reyes 14 – Efesios 2 – Salmo 70 – Proverbios 17:7-8

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Bartimeo

Miércoles 12 Junio

Bartimeo el ciego… estaba sentado junto al camino mendigando… comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús… ten misericordia de mí!

Marcos 10:46-47

Jesús le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo:… Que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.

Marcos 10:51-52

Bartimeo

Bartimeo era ciego y, sentado junto al camino, mendigaba. Esto nos hace pensar en aquellos que viven sin fe y no pueden ver las realidades divinas. Su ceguera espiritual los priva de metas y esperanza: no ven las cosas esenciales. Como este ciego, esperan ayuda de los hombres. Pero Jesús pasó por ese camino. Desde el fondo de su angustia, Bartimeo imploró su ayuda: “¡Ten misericordia de mí!”. A pesar del ruido de la multitud, Jesús oyó su oración. Llamó al ciego y, en respuesta a su fe, le devolvió la vista.

Hoy el Señor todavía escucha la oración de todo el que clama a él. No dudemos en hablarle. Él desea abrir nuestros ojos para que, por la fe, podamos discernir su amor y aceptar la gran salvación que él obtuvo muriendo por nosotros.

Bartimeo no dudó. Siguió a Jesús en el camino. A partir de ese momento su vida tuvo un sentido, un centro de interés, un objetivo. Para él nada sería igual que antes. Para usted también, un encuentro con Jesús cambiará su vida.

Estaba solo al borde de la ruta,
Este hombre ciego con el corazón triste y afligido;
Gemía, abrumado por la duda,
Cuando llegó Jesús y le dijo: ¡Sé sano!
El Hijo de Dios es por siempre el mismo,
Aún ayuda, llama y salva.
Vaya a él, al Salvador que te ama,
No importa quién eres, Jesús te quiere bendecir.
2 Reyes 13 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6
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Mejor es respetar a Dios

Martes 11 Junio

Mejor es lo poco con el temor del Señor, que el gran tesoro donde hay turbación.

Proverbios 15:16

Mejor es confiar en el Señor que confiar en el hombre.

Salmo 118:8

Mejor es respetar a Dios (2)

Lectura propuesta: Génesis 13

Abraham y su sobrino Lot se hallaban frente a una decisión difícil: debían separarse porque no tenían suficiente lugar para sus rebaños. Abraham dejó elegir a su sobrino: “Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda” (Génesis 13:9). Lot miró a lo lejos y contempló la llanura fértil del Jordán, cerca de las ciudades de Sodoma y Gomorra (habitadas por depravados), y eligió la llanura. Atraído por la riqueza (“el gran tesoro”), hizo una mala elección, porque “mejor es lo poco con el temor del Señor”. ¡Sería la ruina para sus bienes y, sobre todo, para su familia!

En cuanto a mí, ¿he hecho una buena elección? Como todo hombre, debo hacer una elección esencial: ¿cómo comportarme con respecto a Dios? Él es invisible, inalcanzable, y verdaderamente no lo vemos intervenir para castigar el mal… Sin embargo la conciencia de que hay un Dios está presente en cada uno. ¿Debemos buscarlo, o ignorarlo?

Si no tengo en cuenta la existencia de Dios, puedo creer que soy libre, que la vida me está ofreciendo “el gran tesoro”. Pero pasaré al lado de lo esencial. A la inversa, si busco a Dios, si ese “temor del Señor”, manifestado en confianza y respeto a su persona, mora en mí, su voluntad se verá reflejada en mi comportamiento. Quizá tenga “poco” en cuanto a las riquezas del mundo, pero Dios me asegura que eso es mejor. No olvidemos que hay una herencia moral y espiritual para aquellos que “temen tu nombre” (Salmo 61:5).

(continuará el próximo martes)
2 Reyes 12 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4
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La argolla de salvación

Lunes 10 Junio

Jesús… nos libra de la ira venidera.

1 Tesalonicenses 1:10

Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

Hechos 10:43

La argolla de salvación

En la Edad Media, cuando construían una catedral, adherían una sólida argolla (aro) de hierro en la base de uno de sus muros, llamada «la argolla de salvación». A un malhechor le bastaba sujetarse a ella para estar momentáneamente a salvo de sus perseguidores. También había un «espacio de salvación» delimitado alrededor de esas mismas catedrales; este constituía un lugar de asilo en el cual nadie podía ser detenido.

Estas medidas permitían suavizar la implacable justicia de aquellos tiempos. Probablemente esta idea estaba inspirada en las “ciudades de refugio” mencionadas en la Biblia, las cuales estaban destinadas a recibir a los autores involuntarios de un homicidio (Números 35:11). Los asesinos que se refugiaban allí solo podían quedarse en ese lugar si se demostraba que no habían asesinado voluntariamente.

Hoy todavía necesitamos una “ciudad de refugio” para escapar al juicio de Dios, no solamente por nuestras faltas involuntarias sino, sobre todo, por cada uno de nuestros actos de desobediencia a Dios.

El autor de estas líneas tuvo que reconocer un día que era culpable y que merecía la condenación divina. Su vida pasada era una sucesión de ofensas a Dios, y sus decisiones a menudo eran motivadas por el egoísmo y el orgullo. ¿Qué hizo? Aferrarse fuerte a «la argolla de salvación», es decir, a la mano que desde hace tanto tiempo Dios tiende a los hombres. Puso su confianza en Jesucristo, el Hijo de Dios, quien expió sus pecados, voluntarios e involuntarios.

Y usted, ¿ya se aferró a la argolla de salvación?

2 Reyes 11 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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El día de Pentecostés

Domingo 9 Junio

El día de Pentecostés… Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Hechos 2:1-4

El día de Pentecostés

Leer Hechos de los apóstoles 2:1-21

Habían transcurrido algunos días desde la ascensión del Señor al cielo. Su promesa, que también era la promesa del Padre, se iba a cumplir (cap. 1:4). El Espíritu Santo, persona divina, descendió a la tierra bajo la forma de “lenguas repartidas, como de fuego”, asentándose sobre los discípulos.

Su poder se manifestó inmediatamente en ellos: fueron capaces de expresarse en idiomas que no conocían. En su gracia, Dios remedió la maldición de Babel (Génesis 11:1-9) y confirmó a todos que la bendición divina se extendería a toda la tierra.

Cada año, la fiesta judía de Pentecostés llevaba a Jerusalén una multitud considerable de israelitas dispersos entre las naciones. Esta afluencia dio lugar a la primera gran reunión de evangelización. Sin embargo, ¡cuánto asombro para esa multitud! Cada uno podía oír en su propia lengua “las maravillas de Dios”. Quienes les hablaban eran “galileos” sin instrucción (Hechos 4:13; Juan 7:15).

No se necesita formar parte de una clase selecta, ni haber hecho ciertos estudios, para ser un obrero del Señor. Depender de él y estar sumiso a la acción de su Espíritu son las únicas condiciones requeridas. ¡Que cada uno de nosotros deseemos responder a ello!

Sacado de «Cada día las Escrituras», meditaciones diarias de la Biblia

2 Reyes 10 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

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Mi Padre y vuestro Padre (2)

Sábado 8 Junio

Ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. (Jesús dijo:) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Mateo 11:27, Juan 14:9

Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

Romanos 8:15

Mi Padre y vuestro Padre (2)

Jesús nos dice que Dios es el Padre (Juan 20:17). Podemos tener cierto conocimiento de Dios, pero lo reconoceremos como Padre solo si creemos en el Señor Jesús. Él es el único camino para conocer al Padre y para tener una relación de confianza con él.

Jesús es Dios el Hijo, una persona divina. Los que creemos en él somos hijos e hijas de Dios por adopción y por naturaleza a la vez, porque él nos ha dado la vida, su vida. Entonces, lo que Jesús nos revela de su propia relación con el Padre nos enseña a vivir nuestra relación de hijos de Dios. Recordemos algunas palabras de Jesús a su Padre:

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra” (Mateo 11:25). El Hijo alaba al Padre y nos dice que el Padre busca adoradores. Alabemos al Padre quien nos hizo sus amados hijos.

Jesús, en su condición de hombre obediente, reconocía la autoridad de Dios, Señor del cielo y de la tierra. “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió”, dijo él (Juan 4:34). Como hijo de Dios, ¿deseo obedecerle y agradarle en todo?

Orando, Jesús agregó: “Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes” (Juan 11:41-42). ¡Con qué confianza el Hijo de Dios se dirigía a su Padre! Invitó a sus discípulos a orar al Padre en su nombre, y les recordó: “El Padre mismo os ama”. También dijo: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti”. Asimismo, ¡el Padre oye las oraciones de sus hijos!

2 Reyes 9 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32
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Jesús, el Hijo del Padre

Viernes 7 Junio

(Jesús dijo:) Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre.

Mateo 11:27

Mi Padre y vuestro Padre (1)

Jesús, el Hijo del Padre

Los cuatro evangelios presentan numerosas palabras de Jesús. Palabras para sanar, para perdonar, para iluminar nuestras vidas, para mostrarnos a Dios y su amor.

“¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46), dijeron los guardias que fueron a arrestar a Jesús. Le oyeron hablar y quedaron sorprendidos. Reconocieron que Jesús no era como los demás, que era único.

¿En qué es único Jesús? En sus palabras, en sus actos, en su persona. Efectivamente, Jesús habla de Dios como su “Padre”. Esto es algo sin precedente entre aquellos que hablaron en el nombre de Dios en el Antiguo Testamento. Sin embargo, Jesús no da explicaciones, simplemente dice que Dios es su Padre. Hace un paralelo entre el Padre y el Hijo. Jesús no es solo un hombre, por importante que sea, ¡es el Hijo de Dios!

¿Ha reflexionado usted en estas palabras de Jesús: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre”? Los habitantes de Nazaret creían saber quién era Jesús: “¿No es este el carpintero…?” (Marcos 6:3), exclamaron sorprendidos por su enseñanza. En realidad no habían comprendido quién era ese carpintero.

Solo aquellos que creen en Jesús le conocen, no tanto en la profundidad de su persona –misterio conocido solo por Dios–, sino como su Salvador, su libertador y su amigo. Ellos pueden decir, como el discípulo Tomás al encontrarse con Jesús resucitado: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

(mañana continuará)
2 Reyes 8 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30
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Una verdad, la verdad

Jueves 6 Junio
Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
1 Timoteo 2:3-4
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Juan 14:6
Una verdad, la verdad

Dos amigas conversaban sobre la religión. Criada en un medio ateo, Eva no creía en Dios. Nacida en una familia cristiana, Marina creía firmemente en Jesús. La conclusión de Eva fue: «Tú crees porque naciste en ese ambiente. Si, por ejemplo, hubieses nacido en un medio musulmán, estarías convencida de que el Islam es la verdad».

Era obvio que Eva y Marina estaban bajo la influencia del entorno en el cual habían nacido.

Pero la pregunta subsiste: «¿Existe o no existe Dios?». La verdad no depende del entorno donde nací, de otra manera no sería la verdad.

Solo hay una única verdad, y esta verdad “está en Jesús” (Efesios 4:21). “El Hijo de Dios ha venido… Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).

Hombres y mujeres de todos los orígenes han buscado la verdad y se han inclinado ante la revelación bíblica. En Jesús han reconocido “el camino, y la verdad, y la vida”. La verdad de Dios se refleja de manera exacta en la vida de Jesús, quien vino del cielo. Hombre perfecto, él era Dios. Muerto en la cruz, resucitó. Ascendió al cielo y ahora está a la diestra de Dios. Quien cree en él conoce el camino, la verdad y la vida que nos ponen en relación con Dios y nos llevan a conocer al Padre.

No se trata de nacer «en» o «fuera» de un contexto específico, sino de buscar la verdad y obrar en consecuencia. ¡Creamos la verdad!

2 Reyes 7 – Romanos 12 – Salmo 68:15-20 – Proverbios 16:27-28
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