¿Qué es la fe?

Sábado 2 Febrero

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:1

¿Qué es la fe?

En la Biblia, el término “fe” no tiene siempre el mismo significado.

– Fe es creer. Es confiar plenamente en Jesucristo, el Hijo de Dios, el único “mediador entre Dios y los hombres” (1 Timoteo 2:5). “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). “Por gracia sois salvos por medio de la fe” (Efesios 2:8).

– La fe no es solo un punto de partida, es la razón de nuestras oraciones. Es por esto que los discípulos pidieron al Señor: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). Por medio de ella el creyente se encomienda a Dios, reconociendo su poder y su fidelidad para mantener sus promesas. “Pida con fe, no dudando nada” (Santiago 1:6).

– La fe también es el móvil y la fuerza en la vida del creyente. El apóstol Pablo declaró: “Por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). Es, pues, una energía interior que nos permite avanzar. Pablo quería encontrarse con los cristianos de Roma para ser juntamente alentados, “por la fe que nos es común” (Romanos 1:12). El capítulo 11 de la epístola a los Hebreos nos da claros testimonios de hombres y mujeres que experimentaron ese texto bíblico: “El justo vivirá por fe” (Hebreos 10:38).

– Finalmente, la fe abarca toda la verdad cristiana. Es lo que debemos creer firmemente. Somos llamados a contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). Al final de su vida, Pablo pudo decir: “He guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).

La fe no es solo creer que Dios existe, es un vínculo permanente con él en todos los aspectos de nuestra vida.

1 Samuel 26 – Mateo 21:1-22 – Salmo 18:37-42 – Proverbios 6:20-26

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La respuesta de Dios

Viernes 1 Febrero

El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma.

Salmo 138:3

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución…? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Romanos 8:35, 37

La respuesta de Dios

David, el autor del salmo 138 citado hoy, atravesó numerosas dificultades, y Dios lo libró en muchas ocasiones. Sin embargo, en este salmo Dios no le respondió mediante una liberación. En respuesta a su clamor, aumentó la fuerza interior de David, haciéndolo capaz de soportar la prueba.

Cristianos, Dios siempre responde a nuestras oraciones, a nuestros clamores y llamados de socorro. Sin embargo, no siempre pone fin a la prueba, porque sabe que es necesaria. Él la mide con sabiduría y amor. Entonces su respuesta es, en cierto sentido, mejor que una liberación. Nos fortalece interiormente, para hacernos “más que vencedores”: no solo atravesaremos la prueba victoriosamente, sino que por medio de ella aprenderemos a conocer mejor a nuestro Señor.

Muchos cristianos lo han experimentado. Pensaban que no podrían soportar jamás tal o cual prueba. Pero Dios los fortaleció, y la prueba les trajo una bendición mayor aun que una liberación. Aprendieron a conocer mejor a Dios y a contar con él más firmemente.

Nuestras dificultades son la ocasión de sentir nuestra propia debilidad. Percibimos así aún más nuestra necesidad de buscar ayuda en él.

De esta manera, cuando Dios no cambia las circunstancias de nuestra vida, no concluyamos que él no responde. Él responde de otra manera, poniendo a nuestra disposición sus propios recursos, adaptados y suficientes para la prueba que él midió para su hijo.

1 Samuel 25:23-44 – Mateo 20:16-34 – Salmo 18:31-36 – Proverbios 6:16-19

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Nacer de nuevo

Jueves 31 Enero

Padre, Señor del cielo y de la tierra… escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños.

Lucas 10:21

El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría.

1 Corintios 1:21

Nacer de nuevo

En respuesta al hombre religioso que llegó a interrogarlo, Jesús pronunció estas fuertes frases: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” y “no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:3, 5). Un poco más tarde declaró a sus discípulos: “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). El Señor Jesús presenta a sus interlocutores un objetivo y una condición:

– el objetivo: entrar en el reino de Dios,

– la condición: nacer de nuevo, hacerse como un niño para poder entrar.

Todo ser humano se halla por nacimiento en el dominio natural del cual Dios es excluido por la pretensión humana al conocimiento. Incapaz de salir por sí mismo de este dominio, es invitado por Dios a poner su confianza, sin resistencia y sin razonamiento incrédulo, en la salvación que Cristo le ofrece. Es de alguna manera encontrar el frescor de la confianza que manifiesta tan espontáneamente un niño.

Notemos bien que hacerse como un niño no consiste en renunciar a la inteligencia, en aparentar inocencia o en jugar a ser adultos inmaduros. Es a la vez mucho más simple y más difícil: es confiar en Dios simplemente, creer lo que él ha dicho en su Palabra. ¿Hemos sabido callar en nosotros esa voz de la sabiduría humana para escuchar la sabiduría de Dios? ¿Hemos ido a Jesús con la simplicidad y la confianza de un niño para entrar en este dominio divino: el reino de Dios?

1 Samuel 25:1-22 – Mateo 20:1-15 – Salmo 18:25-30 – Proverbios 6:12-15

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Cristianos de otros tiempos y de hoy

Miércoles 30 Enero

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros… De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

1 Pedro 4:14, 19

Cristianos de otros tiempos y de hoy

En el tercer siglo Cipriano, futuro obispo de Cartago, escribió a su amigo Donato: «Este mundo es malo, Donato, increíblemente malo. Pero he descubierto personas apacibles y santas que han aprendido un gran secreto. Han hallado un gozo mil veces superior a todos los placeres de una vida de pecado. Son menospreciados y perseguidos, pero esto no los desanima. Estas personas, Donato, son los cristianos… y de ahora en adelante formo parte de ellos».

Que el mundo de antes haya sido tan malo como el mundo de hoy no es nada sorprendente. Pero en ese mundo vivían personas que, abandonando los placeres de una vida de pecado, habían hallado su felicidad en Jesucristo. Eran perseguidos, pero sabían que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12).

Ese testimonio rendido respecto a los cristianos del primer siglo nos interpela. Otros, antes de ellos, habían aceptado “con gozo” que los despojaran de sus bienes, sabiendo que tenían mayores riquezas en los cielos (Hebreos 10:34). Otros estaban presos, hambrientos y eran maltratados (cap. 13:3).

Hoy numerosos cristianos en el mundo sufren la opresión, el maltrato, la prisión. Oremos por nuestros hermanos y hermanas perseguidos. ¡Que la fe de todos esos creyentes nos anime, nos libre de nuestra indolencia y nos convierta en testigos más vivos que no se avergüencen del Evangelio de Dios!

1 Samuel 24 – Mateo 19 – Salmo 18:16-24 – Proverbios 6:6-11

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El amor cristiano en acción

Martes 29 Enero

Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo.

1 Pedro 3:8-9

El amor cristiano en acción

Desde el nacimiento del cristianismo, la Iglesia es constituida por creyentes de todas las lenguas y naciones. Esos cristianos de diversos orígenes étnicos, sociales, culturales, que a menudo tienen muchas diferencias que pueden separarlos, son llamados a vivir juntos en armonía.

Unidos a su común Salvador y Señor por el Espíritu Santo, lo aman, le obedecen y reflejan sus caracteres. El apóstol Pedro los anima a vivirlo de forma práctica también:

– Sed “de un mismo sentir” (1 Pedro 3:8), el sentimiento que animaba al Señor Jesús cuando estaba en la tierra: olvidarse de sí mismo para poder servir a los demás (ver también Filipenses 2:1-8).

– Sed “compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos” (v. 8); es el amor en acción, que toma a pecho los problemas de los demás para acudir en su ayuda.

– Sed “amigables”, recordando que deben todo a la gracia de Dios.

– “No devolviendo mal por mal” (v. 9); el discípulo de Cristo sigue el ejemplo de su Maestro, “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (cap. 2:23).

El apóstol Pablo también presenta tales exhortaciones: “Vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”, y agrega: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (Colosenses 3:14, 16). Cristianos, ¿nosotros también deseamos, mediante la práctica del amor y de la obediencia, mostrar al Señor que lo amamos?

1 Samuel 23 – Mateo 18:15-35 – Salmo 18:7-15 – Proverbios 6:1-5

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Bienaventurados los pobres en espíritu (1)

Lunes 28 Enero

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Mateo 5:3

Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará el Señor.

Salmo 41:1

Las bienaventuranzas

Bienaventurados los pobres en espíritu (1)

Las bienaventuranzas expresadas por el Señor Jesús en el evangelio de Mateo (cap. 5:3-12) hacen eco a las numerosas bienaventuranzas del Antiguo Testamento. Se trata de promesas que Jesús hizo a sus discípulos, y son válidas para todos los que ponen su confianza en él.

Esas promesas de felicidad nos sorprenden y tal vez nos desafían. ¿Cómo puede uno estar verdaderamente feliz cuando pasa por las aflicciones mencionadas en Mateo 5? Jesús nos dio ejemplo y comprende nuestros sufrimientos. Él no menosprecia nuestras lágrimas, pero nos promete una felicidad duradera, incluso eterna, porque esa felicidad refleja ya algo del “reino de los cielos”.

Esta es la promesa de la primera bienaventuranza: “Bienaventurados los pobres (o los humildes) en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Esta promesa del reino de Dios no es anunciada a los que se creen ricos, a los que están satisfechos de sí mismos y a menudo son orgullosos, sino a los humildes, a los que no tienen nada que hacer valer, ni buenas intenciones, ni actos generosos. Van a Dios con las manos vacías, para recibir por la fe su perdón y entrar en su reino.

Ese reino designa una realidad nueva inaugurada por la venida de Jesús. Esa realidad aparece donde no domina más la contienda, los celos, sino la justicia, la paz, el gozo (Romanos 14:17). Nace primeramente en nuestro corazón, cuando reconocemos el señorío de Cristo, la autoridad de su amor en nuestra vida.

(continuará el próximo lunes)

1 Samuel 22 – Mateo 18:1-14 – Salmo 18:1-6 – Proverbios 5:21-23

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El rebaño del Señor

Domingo 27 Enero

(Jesús dijo:) Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna.

Juan 10:27-28

Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil.

Ezequiel 34:16

El rebaño del Señor

Delante de nosotros, un inmenso rebaño de ovejas atravesaba el valle. El pastor caminaba tranquilamente mientras su perro, bien adiestrado, pasaba de un lado a otro para reunir a los animales dispersados. Estábamos fascinados por sus intervenciones perseverantes y valientes. Entonces mi padre, siempre presto a enseñarnos algo, me preguntó:

–Henri, si tuvieras que conformar un pequeño rebaño, ¿cómo escogerías las ovejas?

–Yo eliminaría las cojas, luego las débiles y las que tienen tendencia a extraviarse, por último miraría la calidad de su lana.

–Haciendo así obtendrías un buen rebaño. Pero Jesús forma un rebaño todavía mejor: invita a todos los hombres, particularmente a los débiles, a los que están cargados, cansados, heridos por la vida, pobres, menospreciados. A los que acuden a él y ponen su confianza en él, los atiende. Los ama tal como son y les comunica su propia vida.

Esta es la Iglesia del Señor, compuesta por los que han reconocido su debilidad y su culpabilidad ante Dios, y han creído en el Señor Jesucristo. Entonces han recibido una nobleza divina, son hijos de Dios. Están unidos entre sí eternamente por un mismo Espíritu, por un mismo amor. Tienen un solo jefe, Jesucristo, quien dijo: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10:14-15).

1 Samuel 21 – Mateo 17 – Salmo 17:10-15 – Proverbios 5:15-20

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Morir y estar con Cristo

Sábado 26 Enero

Más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.

2 Corintios 5:8

Teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.

Filipenses 1:23

Morir y estar con Cristo

Después de su muerte el cristiano se halla en un estado de felicidad consciente. Su alma todavía espera la resurrección de su cuerpo, pero está consciente y feliz en la presencia del Señor.

Esta era la certeza del apóstol Pablo quien escribió que si estamos “ausentes del cuerpo”, estamos “presentes al Señor”. El Señor no le dijo al ladrón que tendría que esperar el reino, sino: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Antes de morir lapidado, Esteban oró: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59). Sabía que iría inmediatamente al cielo, donde acababa de ver al Señor “a la diestra de Dios” (v. 55-56). Para el creyente, la muerte es “ganancia”, porque estar con el Señor es “muchísimo mejor”.

El cristiano espera la venida del Señor; entonces los muertos en Cristo resucitarán y los creyentes vivos serán arrebatados a su encuentro (1 Tesalonicenses 4:16-17). Mientras esperamos, suspiramos interiormente, “deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (Romanos 8:23; 2 Corintios 5:2). “Todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:51-52). Pero antes de que esto se cumpla, el cristiano puede pasar por la muerte. Según Juan 11:11, «duerme». El cuerpo está inerte, pero se despertará. ¡Así el cristiano posee la gloriosa certeza de estar, plenamente consciente, en la presencia del Señor!

1 Samuel 20:24-42 – Mateo 16:13-28 – Salmo 17:6-9 – Proverbios 5:7-14

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¿Cuál es nuestra filosofía?

Viernes 25 Enero

Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

Hebreos 9:27

La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 6:23

¿Cuál es nuestra filosofía?

Lectura propuesta: Lucas 16:19-31

Las siguientes palabras sacadas de una canción de Georges Moustaki expresan su manera de ver la vida: «Tenemos toda la vida para divertirnos. Tenemos toda la muerte para descansar». Con motivo de sus funerales en mayo de 2013, los medios de comunicación recordaron lo que le había dado éxito, en particular esta «filosofía» (es el título de la canción).

En la Biblia Dios declara lo contrario: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios” (Eclesiastés 11:9). Jóvenes, es muy natural que gocen de la vida, pero sepan que después de la muerte tendrán que rendir cuentas a Dios. “Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14).

La Biblia también dice que la muerte no es un lugar de reposo para todo el mundo. ¿Qué le sucedió al hombre rico de la parábola que pasó su vida gozando los placeres del mundo? Murió, y “estando en tormentos…” (Lucas 16:23). ¡No se deje engañar! No espere descansar, después de la muerte, cerca de un Dios a quien ha ignorado durante toda su vida. Entonces será demasiado tarde para cambiar de filosofía.

Hoy Dios nos propone, seamos ricos o pobres, otra elección, una vida unida a la suya por la fe en su Hijo Jesucristo, siendo conscientes de su amor.

1 Samuel 20:1-23 – Mateo 16:1-12 – Salmo 17:1-5 – Proverbios 5:1-6

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En la balanza de Dios

Jueves 24 Enero

Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Dios).

Romanos 3:20

Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos.

Hechos 15:11

En la balanza de Dios

Los archivos babilónicos mencionan al rey Belsasar, quien, en la antigüedad, creía dominar el mundo y se ufanaba de ello. Pero lo que ellos no cuentan es la manera como terminó un festín que él ofreció a sus allegados: el rey vio los dedos de una mano escribir en la pared un terrible veredicto respecto a él: ¡Dios lo había “pesado” en su balanza y lo había hallado demasiado liviano!

Belsasar debía saber, por la historia de su predecesor, que “el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres” (Daniel 5:21), sin embargo había cerrado su oído a las advertencias de Dios y había endurecido su conciencia. Vivía para su propia gloria personal, menospreciando lo que pertenecía a Dios. Al escuchar la sentencia divina, el rey palideció, pero aunque estaba aterrorizado y tembloroso, no quiso arrepentirse. Ya era demasiado tarde para él: murió la noche siguiente.

Amigo lector, ¿sabe usted que un día su vida también será pesada en la “balanza” de Dios? Entonces será inútil defenderse argumentando el bien que usted ha hecho. Toda su vida estará ante él. Todo estará escrito en los libros (Apocalipsis 20:12). Sobre la base de sus propios méritos, todo hombre será “hallado falto”. Toda discusión será inútil (Romanos 3:19). La Biblia es clara.

Sin embargo, hoy Dios hace proclamar una buena noticia: él ama a sus criaturas y les ofrece su perdón por medio de Jesucristo. Reconozca que usted no da el peso delante de él, que su única salida es aceptar la salvación gratuita que Dios le ofrece. Recíbala por la fe.

1 Samuel 19 – Mateo 15:21-39 – Salmo 16:7-11 – Proverbios 4:20-27

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