Nunca más solo

Domingo 13 Enero

Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a los cautivos a prosperidad.

Salmo 68:6

Nunca más solo

http://labuenasemilla.net/20190113

Estás deprimido, quizá conozcas a algún joven que, como tantos otros, acabó con su vida…

A través de este mensaje quiero animarte. Muchos se han hecho estas preguntas: ¿Quién se interesa verdaderamente en mí? ¿Cómo salir de esta soledad cuando me siento abandonado por todos, cuando todo parece sin salida? ¿De qué sirve vivir?

Entonces, escucha, hay esperanza para ti: Dios te conoce; sabe tu nombre, sabe dónde vives. Él no es insensible a tus preocupaciones ni a las circunstancias de tu vida. Él se interesa en ti y solo desea tu bien. No solo sabe que tienes grandes dificultades, sino que también conoce tu más grande problema: el hecho de que quizás hasta aquí hayas vivido sin Dios. La Biblia llama a esto el pecado. Todo lo que está en contradicción con Dios en lo que tú piensas, en lo que haces, se interpone entre Dios y tú. Pero él te ama y desea liberarte y ayudarte.

¿Quieres dejar que él te ayude? Entonces confía en él, reconoce que eres incapaz de reparar todo esto. Acércate a él a través de la oración, cuéntale tus dificultades, tus penas, tus fracasos. Él no te rechazará, sino que te recibirá tal como eres.

Él envió a su Hijo Jesucristo para que arreglara la cuestión de tus pecados muriendo en la cruz. Si reconoces sinceramente tus faltas, Dios te concederá su pleno perdón. Entonces te convertirás en su hijo. El que tiene a Dios por Padre nunca está solo ni abandonado.

¿Quieres ir a él ahora mismo? ¿Por qué no hablar con algunos cristianos de tu entorno?

1 Samuel 10 – Mateo 9:18-38 – Salmo 9:1-10 – Proverbios 3:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Mi larga búsqueda de la verdad

Viernes 11 Enero

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 14:6

Para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad.

Juan 18:37

Mi larga búsqueda de la verdad

http://labuenasemilla.net/20190111

«Siempre amé la verdad, nos contó Nicole. Desde que tengo memoria, la buscaba. En mi adolescencia esta búsqueda se transformó en una sed insaciable. ¿Cómo apaciguarla? Me volví hacia la filosofía y la sicología. Sin embargo, fue decepcionante: terminé mis estudios y no encontré la verdad. Todo me parecía relativo y triste. No creía más en Dios, la vida me parecía vacía y absurda.

Fue entonces cuando una colega cristiana me manifestó su amistad. Ella había notado mi tristeza, y tener contacto con ella me hizo bien. Poco a poco mi ateísmo tambaleó. La oración y la lectura de la Biblia (el Antiguo Testamento, porque soy judía) se convirtieron en la mano tendida para mí. Una mano que me sacó de las tinieblas para conducirme a una luz llena de esperanza.

Sin embargo el nombre de Jesucristo me detenía. ¿Podía ser él el Mesías anunciado? Finalmente decidí leer también el Nuevo Testamento. Mi razón se negaba a creer la menor frase. Durante horas llamé a Dios pidiéndole socorro. De repente dos palabras penetraron profundamente en mi alma: Jesucristo, la verdad. No era un sistema filosófico, ni una religión, sino una persona.

Por primera vez en mi vida oré en el nombre de Jesús, el Hijo de Dios. Nunca olvidaré la luz, el gozo y la paz que penetraron en mi ser. Acababa de hallar la entrada a la casa de mi Padre, de mi Dios, para nunca más dejarla».

Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

1 Samuel 7-8 – Mateo 8:23-34 – Salmo 7:9-17 – Proverbios 3:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿En quién creer?

Jueves 10 Enero

La verdad que está en Jesús.

Efesios 4:21

Sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo.

Juan 4:42

¿En quién creer?

–No puedo creer, decía un joven que acababa de escuchar el Evangelio. –¿Es verdad?, preguntó el orador. ¿En quién no puedes creer? ¡No puedes creer lo que Dios dice, pero confías en tantas personas a lo largo del día!

–Es verdad, creo a mis amigos. No pongo en duda sus mensajes, los respondo. Sí, finalmente yo confió en muchas personas de ambientes variados. Solo en Dios y en su Palabra no quiero creer. Es extraño. Pensándolo bien, no tengo ninguna razón válida para no confiar en Dios…

Este joven no se imaginaba que dejando penetrar un poco de luz en sus pensamientos, esta luz iluminaría todo su ser interior. El mensaje del Evangelio que había escuchado poco antes ahora era para él. Comprendió que necesitaba a Jesucristo, el Hijo de Dios. Le oró, confesando aquello de lo cual se sentía culpable en su vida. Y antes de terminar el día recibió, a través de la Biblia, la certeza de ser salvo, de estar en paz con Dios.

¿Qué es la fe? Es abandonarse enteramente a una persona digna de confianza. La fe en Dios es real cuando vamos a él con todo lo que tenemos y todo lo que somos. Dios prometió salvar a todo el que cree. Él quiere perdonarnos y purificarnos de todo pecado. Desea dar a nuestra vida una nueva dirección, positiva, concediéndonos la paz del corazón y certezas, en lugar del temor y del tormento.

Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

“No seas incrédulo, sino creyente” (cap. 20:27).

1 Samuel 6 – Mateo 8:1-22 – Salmo 7:1-8 – Proverbios 3:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Miércoles 9 Enero

Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Romanos 5:12

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Romanos 5:20

El Evangelio

Génesis 2:15-17 y 3:6-12

Yo no fui creado como un robot programado, incapaz de decidir por mí mismo. La Biblia me enseña que Dios me creó a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27), es decir, con la facultad de amar, de pensar, de razonar, de querer o de rechazar, por lo tanto libre.

Esta libertad conlleva una responsabilidad. El hombre no es un animal sumiso a sus instintos. De esta manera es responsable de obedecer conscientemente a su Creador. En el paraíso terrenal, cuando Adán y Eva fueron puestos a prueba, escogieron desobedecer a Dios. Infringieron la única prohibición que les fue hecha. Las consecuencias para todos los seres humanos son el pecado, la miseria, el sufrimiento y la muerte, porque todos pecaron.

Pero la Palabra de Dios no se detiene ahí. Ella proclama una buena noticia: “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Dios no trató de mejorar la raza humana. Él envió a su Hijo Jesucristo al mundo, quien se hizo hombre y vivió en la tierra exactamente como Dios lo esperaba. Jesús ofreció a Dios una vida perfecta, sin pecado, “haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Allí sufrió el castigo que nosotros merecíamos como pecadores, a fin de que seamos salvos aceptando esta salvación por la fe.

He aquí el mensaje del evangelio, simple, profundo, eficaz.

1 Samuel 5 – Mateo 7:7-29 – Salmo 6 – Proverbios 2:16-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Cómo está su alma?

Martes 8 Enero

En quien creyendo… os alegráis… obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

1 Pedro 1:8-9

¿Cómo está su alma?

Mire a los ojos a uno de sus seres queridos, o mírese usted mismo en un espejo. ¿Puede escapar a esta convicción profunda de que el hombre no está hecho simplemente de carne y huesos, sino que posee un alma inmaterial?

Jesús hizo una pregunta seria: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Marcos 8:36-37). También refirió una parábola concerniente a un hombre que había almacenado muchos bienes y se decía a sí mismo: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:16-20).

Estas palabras son muy actuales. Gastamos una energía considerable para asegurar nuestro futuro terrenal y el de nuestros hijos; cuidamos la salud y el bienestar de nuestro cuerpo, e incluso velamos por la protección del planeta. Pero, ¿hemos pensado en nuestra alma? Lo que está en juego no es nuestro futuro terrenal, sino la suerte eterna de nuestra alma: perdida o salvada.

¿Qué hacer para ser salvo? Poner nuestra confianza en Jesús. En la cruz el Señor Jesús adquirió una salvación completa para todo el que cree en él, la cual concierne a todo nuestro ser, cuerpo y alma: el perdón de los pecados y la salvación de nuestra alma, pero también la resurrección futura de nuestro cuerpo. Su promesa es segura: “El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11).

1 Samuel 4 – Mateo 6:19-7:6 – Salmo 5:8-12 – Proverbios 2:10-15

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Esclavitud y libertad

Lunes 7 Enero

Nuestro Señor Jesucristo… el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados.

Gálatas 1:3-4

Esclavitud y libertad

Se dice que Ciro, rey de Persia, al volver de una expedición trajo como prisioneros a un príncipe, a su mujer y a sus hijos. El soberano interrogó personalmente al príncipe cautivo.

–¿Qué me darías si te devuelvo la libertad?

–La mitad de mi reino, respondió el príncipe.

–¿Y por la libertad de tus hijos?

–La otra mitad.

–Y por la de tu mujer, ¿qué me darías?

–A mí mismo, respondió el príncipe.

Esta respuesta complació tanto a Ciro que liberó a toda la familia sin exigir rescate. De regreso en su país, el príncipe preguntó a su mujer qué pensaba de la bondad del rey.

–Solo vi al que estaba dispuesto a entregarse por mí, respondió la esposa del príncipe.

¿Cómo apreciamos nosotros a Jesús, el Hijo de Dios, quien dijo a su Padre: “Heme aquí”, y quien dio su vida para salvarnos de la esclavitud del diablo y de la muerte eterna?

Pocas horas antes de la crucifixión, Jesús dijo a quienes llegaron a arrestarlo para llevarlo al suplicio: “Si me buscáis a mí, dejad ir a estos”, es decir, a sus discípulos (Juan 18:8). Y avanzó hacia la cruz, ofreciendo su vida en rescate, como lo había anunciado: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Lo hizo por ellos, por mí, por usted.

“Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde… Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre” (Éxodo 21:2, 4-5).

1 Samuel 3 – Mateo 6:1-18 – Salmo 5:1-7 – Proverbios 2:6-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué piensa usted de Jesucristo?

Domingo 6 Enero

(Jesús preguntó a sus discípulos:) ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?… Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Mateo 16:13, 15

El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

¿Qué piensa usted de Jesucristo?

La vida de Jesucristo en la tierra es narrada en la Biblia por varios de sus contemporáneos, bajo la inspiración del Espíritu de Dios. Ella nos muestra que durante tres años y medio Jesús recorrió el país de Israel. Escuchemos lo que algunos dijeron sobre Jesús:

Los discípulos declararon haber escuchado la voz de Dios diciendo de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 17:5).

Juan el Bautista afirmó respecto a Jesús: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

Juan: Él es “el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (Apocalipsis 1:5).

Tomás, quien sin embargo es calificado de incrédulo: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Pilato, quien escuchó todas las acusaciones contra Jesús y lo entregó para ser crucificado: “Ningún delito hallo en este hombre” (Lucas 23:4).

Judas, quien estuvo cerca de Jesús y lo vendió por unas pocas monedas: “Yo he pecado entregando sangre inocente” (Mateo 27:4).

Uno de los que estaban crucificados al lado de Jesús: “Este ningún mal hizo” (Lucas 23:41).

Por último, uno de los soldados que crucificaron a Jesús: “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (Mateo 27:54).

1 Samuel 2 – Mateo 5:21-48 – Salmo 4:4-8 – Proverbios 2:1-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El acontecimiento esperado por los cristianos

Sábado 5 Enero

El Señor mismo con voz de mando… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:16-17

El acontecimiento esperado por los cristianos

La Biblia, Palabra de Dios, declara que Jesucristo volverá un día. Esto puede parecer sorprendente, sin embargo las profecías de la Biblia siempre se cumplen. Varios acontecimientos que ella anunció con siglos de antelación se produjeron efectivamente.

Nada puede anular el plan de Dios: el Señor Jesucristo volverá. La Santa Escritura, que guarda silencio respecto a la fecha de ese regreso, nos revela un misterio: los que creen en Jesús serán hechos semejantes a su Salvador (1 Corintios 15:51-52). “Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él” (1 Juan 3:2). Jesucristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21). Cuando Cristo venga se realizará dicha transformación.

Los que han muerto en la fe en él (los creyentes) serán resucitados con un cuerpo glorioso: muertos con su “cuerpo animal”, resucitarán con un “cuerpo espiritual” (1 Corintios 15:44), es decir, liberado de todo lo que los unía a este mundo. Simultáneamente, la misma transformación se operará en los creyentes vivos, que serán entonces “transformados”. Y todos partirán al encuentro de su Señor para ser introducidos en la casa del Padre. Estarán para siempre con él.

¿Esto le parece inverosímil? Sin embargo es la verdad; forma parte del plan perfecto de salvación que el Dios de amor le ofrece.

1 Samuel 1 – Mateo 5:1-20 – Salmo 4:1-3 – Proverbios 1:24-33

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El Dios creador, ¿se interesa en nosotros?

Jueves 3 Enero

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Génesis 1:1

Os anunciamos que… os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.

Hechos 14:15

El Dios creador, ¿se interesa en nosotros?

El misterio del nacimiento del universo sigue superando los más grandes avances científicos, incluso si estos tienden a vislumbrar sus orígenes. Dios mismo, nuestro Creador, nos dice: el hombre no alcanza “a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3:11).

La existencia del universo demuestra el poder y la grandeza del Dios creador. Él es el autor de lo infinitamente grande.

Pero la primera frase de la Biblia también dice que Dios creó la tierra. Ella es como una mota en la inmensidad del universo. Sin embargo, aunque pequeña, también hace parte del plan del Creador.

El Dios que creó la inmensidad de los cielos y fundó la tierra, también puso en ella al ser humano. Más aún, el Dios que creó las grandes cosas se interesa detalladamente en cada una de sus criaturas. Cada uno, hombre, mujer o niño es importante para él. No nos creó para luego desentenderse de nosotros. Al contrario, “Dios es amor” (1 Juan 4:8) y desea establecer una relación individual con cada uno de nosotros.

Por ello vino a esta tierra y vivió entre los hombres en la persona de su Hijo Jesús. La Biblia nos dice: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados… de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13).

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” (Salmo 8:3-4).

Rut 3 – Mateo 3 – Salmo 2:7-12 – Proverbios 1:10-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Inmensidad

Miércoles 2 Enero

Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas.

Isaías 40:26

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Juan 1:1, 3

Inmensidad

A simple vista uno puede contar alrededor de tres mil estrellas, y estas solo representan una ínfima parte de la Vía Láctea, la galaxia a la cual pertenece la tierra. Los telescopios permiten ver otros cuerpos celestes más allá de nuestra galaxia. Se estima que existen cien mil millones de galaxias, y cada una cuenta con unos cien mil millones de estrellas. Estas cifras astronómicas sobrepasan nuestra comprensión y nos dan una idea del infinito poder de Aquel que creó todo el universo.

Pero, ¿cuáles eran los motivos y el objetivo del Creador todopoderoso? El amor de Dios dio origen a toda esta creación: Dios quería formar una familia de criaturas capaces de comunicarse con él. Así Dios creó al hombre y lo puso en el huerto del Edén.

Pero desde el comienzo de la humanidad, nuestra desobediencia rompió las felices relaciones del hombre con Dios. Entonces Dios mostró nuevamente su amor enviando a Jesucristo a la tierra para que todos los que lo aceptan como Salvador hagan parte de una nueva creación. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). La Biblia nos dice que Dios nos amó desde antes de la fundación del mundo.

El pequeño número de estrellas que podemos percibir, entre los millones de millones que existen, nos da una idea de la débil percepción que tenemos del poder y del amor de Dios. ¿Cómo medir cuánto nos ama?

Rut 2 – Mateo 2 – Salmo 2:1-6 – Proverbios 1:7-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch