Dios me parecía tan lejano

Sábado 21 Enero

Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:12

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

Mateo 5:44

Dios me parecía tan lejano

«Nací en Marruecos. Cuando nuestra familia vino a instalarse en Francia, continué practicando mi religión, pero Dios me parecía tan lejano. Deseaba tener una relación mucho más profunda con él, lo buscaba, pero siempre sentía un gran vacío. En esa época mi hermana mayor, Fátima, se convirtió al cristianismo. Para nosotros era una vergüenza. Rompimos su Biblia, pero no logramos destruir la fe interior que poseía. El fervor, la paz y el amor que mi hermana irradiaba me llamaron la atención. Mis padres me mandaron a «vigilarla». Tenía muchos prejuicios sobre el cristianismo, pero cuando entré en el lugar donde mi hermana se reunía y vi cómo aquellos cristianos adoraban a Dios, quedé realmente impresionado. ¡Aquellos cristianos amaban a Dios más que yo!

Entonces leí la Biblia, y la persona de Cristo me cautivó. ¡Un gran rey que deja la gloria del cielo para nacer en un establo! Un rey que me decía: ¡Ama a tus enemigos y ora por los que te persiguen! Sabía qué era el pecado: robar, mentir… pero ante la cruz de Jesús me di cuenta de mi miseria y pedí perdón a Dios.

Luego pedí perdón a muchas personas a las que había hecho daño. Detestaba a mi padre, pero lo abracé pidiéndole perdón y perdonándolo. Mi padre tuvo la misma experiencia que yo, es decir, aceptó a Jesús en su vida.

Al recibir a Jesús encontré a Dios, quien es mi Padre celestial. Recibí la seguridad de la vida eterna».

Saïd

1 Samuel 17:1-30 – Mateo 13:44-14:12 – Salmo 14 – Proverbios 4:7-9

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Maestro, ¿dónde moras?

Viernes 20 Enero

Jesús… les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.

Juan 1:38-39

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.

Santiago 4:8

Maestro, ¿dónde moras?

Algunas preguntas de la Biblia

Andrés y Juan decidieron seguir a Jesús. Lo conocían muy poco, solo habían oído decir que era el Cordero de Dios, el Mesías que Dios había prometido. Como empezaron a seguirle, Jesús les preguntó: “¿Qué buscáis?”.

Esta pregunta nos interpela. ¿Qué buscamos en la fe cristiana? ¿Una enseñanza religiosa, una forma de desarrollo personal, una regla de conducta? Quizá todo esto nos haría bien, pero preguntémosle primero al Señor: “¿Dónde moras?”. Primero que todo necesitamos su presencia, la presencia de Dios. Andrés y Juan quizá no estaban dispuestos a abandonarlo todo para seguir a Jesús, pero deseaban acercarse a él para conocerlo verdaderamente. Entonces el Señor les invitó a venir y ver. El llamado del Evangelio es: “Ven y ve” (Juan 1:46). No es: busque en usted mismo, sino: vaya a lo que Dios propone. ¡Experimente, valore y agradezca!

Este llamado es personal, pero Andrés y Juan lo oyeron juntos. Fueron a ver dónde vivía Jesús y se quedaron con él aquel día… y siempre.

Como ellos, podemos buscar juntos la presencia del Señor. ¿Dónde está el Señor? Él mismo da la respuesta: donde dos o tres se reúnen en torno a él (Mateo 18:20). Allí donde nos reunimos para orar y estudiar la Biblia, donde adoramos a Dios. Vivir en la presencia de Cristo es un acto de fe responsable ligado a la necesidad de conocerle mejor.

1 Samuel 16 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

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Como el hombre trae a su hijo

Jueves 19 Enero

El Señor tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar.

Deuteronomio 1:31

Los sustentaste cuarenta años en el desierto.

Nehemías 9:21

Como el hombre trae a su hijo

Aquella noche la familia de Guillermo estaba de visita en casa de unos amigos. La conversación se prolongó y el niño, cansado de jugar, se acurrucó en una esquina del salón, esperando que los mayores acabasen sus conversaciones.

Cuando sus padres decidieron marcharse, el niño estaba profundamente dormido. Su padre lo tomó cuidadosamente en sus brazos… La cabeza del pequeño cayó pesadamente en el hombro paterno. Estaba completamente abandonado a los cuidados de sus padres. Su madre, temiendo que se resfriara, puso su abrigo sobre el niño. Su padre lo instaló en el automóvil, teniendo cuidado para no despertarlo. Cuando llegaron a casa acostó a Guillermo en su cama. El niño seguía durmiendo y no se dio cuenta de todos los cuidados que sus padres le brindaron.

Este tipo de escena se repite muchas veces. ¿Qué padre no sintió gran ternura al llevar en sus brazos a su niño dormido, quien descansaba sobre él con plena confianza? ¿Qué madre no cubrió tiernamente a un bebé mientras dormía?

Y nosotros, ¿seremos indiferentes al lenguaje divino, cuando Dios afirma que cuidó de su pueblo “como trae el hombre a su hijo”? Esto nos muestra la infinita ternura de nuestro Dios hacia aquellos que dependen de él. Hijos de Dios, estamos rodeados de sus tiernos cuidados, y muy a menudo sin que nos demos cuenta de ello. ¡Abandonémonos, pues, a sus cuidados paternos con total confianza!

1 Samuel 15 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

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¡Gracias a Dios por su don inefable!

Miércoles 18 Enero

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Romanos 5:8, 10

¡Gracias a Dios por su don inefable!

2 Corintios 9:15

El vagón del metro

Estaba de pie en un vagón lleno de gente del metro parisiense. Personas de todas las edades, de orígenes diferentes y de todas las condiciones sociales se hallaban momentáneamente reunidas. A mi lado había un hombre sentado trabajando en su ordenador, más lejos había una persona exponiendo por teléfono su triste situación en medio de la indiferencia generalizada. Muchos estaban encerrados en sus pensamientos o preocupaciones. Algunos me parecían simpáticos, otros realmente antipáticos… ¡A algunos nunca los invitaría a mi casa!

De repente me vino a la cabeza un versículo de la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¡“Todo aquel”! ¿Es posible? ¿No se toma en cuenta la condición social, económica o el grado de instrucción? ¡No! “Todo aquel” se refiere a cada uno de los que están en el vagón, sin excepción. ¿Es posible que Dios haya sacrificado a su Hijo muy amado por estas personas como lo hizo por mí? ¡Sí! Y esta generosa oferta no excluye a nadie; a todo aquel que cree, Dios le ofrece el perdón de los pecados, la vida eterna y un lugar en el cielo junto a su Hijo. A estas personas Dios no solo las invita y les ofrece su perdón, sino que quiere hacer de ellas sus propios hijos. Verdaderamente solo el Dios de amor puede abrir sus brazos a todos, incluso al más desamparado. La oferta divina es para usted y para mí. ¡Dios lo está esperando!

1 Samuel 14:23-52 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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La gracia da y la fe recibe

Martes 17 Enero

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Romanos 3:24

La gracia da y la fe recibe

Rechazar un regalo significa privarse a sí mismo de ese regalo, pero también es ofender al que lo da. Cuanto más precioso sea el regalo, tanto más grande es la pérdida para el que lo rechaza y la ofensa para el dador. Dios dio a su Hijo unigénito para salvar a todos los que creen en él. No creer en él es, en el fondo, despreciar el regalo de Dios. ¡Qué pérdida y qué afrenta!

Pues bien, muchas personas no quieren recibir el maravilloso regalo de Dios. Pero, ¿cuál es el obstáculo? Probablemente la indiferencia hacia Dios unida al materialismo existente. Pero también existe una razón más oculta: si Dios es un Dios de bondad, es igualmente santo, y la conciencia no está nada cómoda en este plano. Nos gustaría presentar a Dios buenas obras para ser aceptados ante él, para parecer justos. Pero Dios declara: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Y Jesús dice: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32). A estos pecadores Dios les ofrece su gracia. Por definición, la gracia se dirige a aquellos que solo merecen el juicio.

Las innumerables religiones inventadas por los hombres exigen hacer algo para merecer el perdón. ¡Pero nadie puede hallar a Dios basándose en esto! Solo el Evangelio ofrece, por la gracia divina, el perdón a todos los hombres, pues todos somos pecadores.

Si usted admite ser un pecador, reúne la única condición necesaria para recibir el perdón gratuitamente. ¡Recíbalo con sencillez y agradecimiento!

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmo 32:1).

1 Samuel 14:1-22 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26

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¿Quién puede ser salvo?

Lunes 16 Enero

Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios… ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.

Marcos 10:25-27

¿Quién puede ser salvo?

Algunas preguntas de la Biblia

Jesús iba caminando cuando un hombre rico llegó corriendo y le dijo: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Este hombre siempre había respetado los mandamientos de la Ley, pero amaba las riquezas. Y cuando Jesús le dijo: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”, se fue triste (Marcos 10:17, 21).

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (v. 23). Sorprendidos, exclamaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (v. 26). Impregnados con ideas de esa época, consideraban la riqueza como una prueba del favor de Dios. Pero Jesús los miró y les respondió: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (v. 27).

Pobres o ricos, somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos. Sin embargo, a los que no tienen nada les es más fácil aceptar el Evangelio… Seamos quienes seamos, reconozcamos que no podemos hacer nada para obtener la vida eterna y depositemos nuestra confianza en Dios. Él lo puede todo. Él da la fe y transmite la vida eterna. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

¿Quién puede ser salvo? Nadie, si Dios mismo no lo salva. Pero él puede y quiere hacerlo, y nos anima a ir a él cuanto antes, con confianza, por medio de Jesucristo.

1 Samuel 13 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

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En manos de los hombres

Domingo 15 Enero

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Isaías 53:7

En manos de los hombres

De Getsemaní a la cruz

Judas acababa de traicionar a su Maestro. Era de noche, los soldados detuvieron a Jesús. Lo ataron y lo llevaron a casa de Anás, pariente del sumo sacerdote. Allí lo golpearon en el rostro por primera vez. Luego, en casa de Caifás, donde se habían reunido los jefes religiosos, falsos testigos lo acusaron. Jesús no respondió. Todos lo condenaron y querían matarlo. Le escupieron la cara, lo azotaron… Pedro lo negó tres veces.

Fue entregado a Pilato, el gobernador romano, quien dijo que Jesús era inocente. Pilato lo remitió a Herodes, quien lo trató con desprecio y, para burlarse de él, le puso una ropa resplandeciente y lo devolvió a Pilato. El gobernador trató de liberarlo, pero no lo logró.

Para burlarse de él, negando su posición de rey, vistieron a Jesús con una ropa de color púrpura (ropa real), le pusieron una corona de espinas y lo expusieron así ante la multitud. Esta gritó a una voz pidiendo la liberación de Barrabás, que era un asesino, y exigió la crucifixión de Jesús. Pilato mandó azotarle; los soldados se reunieron en torno a él en el patio del palacio. Le quitaron las vestiduras de púrpura y le pusieron su propia ropa. Jesús guardó silencio y fue llevado hasta el Gólgota para ser crucificado.

Este hombre, llamado Jesús, ¡es el Hijo de Dios! ¿Por qué no mostró resistencia alguna? ¿Por qué no hizo valer su inocencia? Porque “Cristo padeció por nosotros” (1 Pedro 2:21).

Luego, en la cruz, “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios…” (1 Pedro 3:18).

1 Samuel 12 – Mateo 10:26-42 – Salmo 9:15-20 – Proverbios 3:16-18

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¡Estoy bien!

Viernes 14 Diciembre

En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación.

Salmo 62:1

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

¡Estoy bien!

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

cualquiera que sea mi suerte, diré:

Estoy bien, tengo paz, ¡gloria a Dios!

Coro:
Estoy bien (estoy bien)
gloria a Dios (gloria a Dios)
Tengo paz en mi ser, gloria a Dios.
Ya venga la prueba o me tiente Satán,
No amengua mi fe ni mi amor;
Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán
Y su sangre obrará en mi favor.
Oh cuánto me gozo en Su salvación,
Fue pleno Su amor y perdón
Clavado en la cruz, mi pecado expió
¡Gloria a Dios! ¡Gracias al Hijo de Dios!
La fe tornaráse en feliz realidad
Al irse la noche y niebla,
Pues viene Jesús con su grande poder,
Me lleva a la casa con mi Dios

Adaptado, H. S.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en el Señor perpetuamente” (Isaías 26:3-4).

Jueces 6:22-40 – Apocalipsis 7 – Salmo 141:5-10 – Proverbios 29:24-25

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¡Me hallaste!

Jueves 13 Diciembre

Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma… Me escuchó Dios… Bendito sea Dios.

Salmo 66:16, 19-20

¡Me hallaste!

Señor, tú me buscaste en medio de una infancia donde faltaba lo primordial. Tú me buscaste en mi andar a tientas hacia un Dios que me parecía tan lejano…

Tú me hablabas, Señor, durante esta guerra terrorífica, me hablabas incluso si yo no reconocía tu voz. Tú me guardabas, Señor, y me protegías. Tú me llamaste, Señor, y me hiciste descubrir la realidad de tu presencia invisible. Me sostuviste en mi desánimo, tuviste paciencia conmigo durante mis retrocesos, mis ausencias, mis obstinaciones, mis rencores ante tu aparente silencio. Tú perdonaste, como siempre, mis alejamientos, mis rechazos a caminar contigo, mis búsquedas sin ilusiones de un mundo donde tú no podías estar…

Tú me protegiste cuando estaba a punto de resbalar por una pendiente muy peligrosa; tomaste mi mano con firmeza y me llevaste al único camino verdadero. Y poco a poco tomaste el lugar que te pertenecía en mi vida, ese lugar que obliga a ser verdadero, a verse tal como uno es, bajo tu mirada. Me enseñaste a aceptar las lecciones que da tu amor, me ayudaste a sacar de mi corazón espinas del pasado, a mirar hacia tu luz, a seguirte en un camino embellecido por tu presencia fiel, enriquecedora, persuasiva, alentadora, permitiéndome avanzar en la paz y el gozo. ¡Tú me encontraste, Señor! Tú me acercaste a ti para darme certezas que nadie me puede quitar.

Me gustaría gritar a los demás que no dejen pasar el tiempo, suplicarles que no hagan esperar a Aquel que les tiende la mano y les dice: “Venid a mí”.

G. A.

Jueces 6:1-21 – Apocalipsis 6 – Salmo 141:1-4 – Proverbios 29:23

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Buena pregunta

Miércoles 12 Diciembre

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

2 Timoteo 4:1-2

Buena pregunta

Al oeste de los Estados Unidos vivía un agricultor de edad avanzada, un cristiano ferviente que no perdía ocasión para hablar de su Señor. Cierto día visitó a su hijo, senador en Washington, quien le presentó al embajador de Bélgica. De repente el anciano le preguntó: «Excelencia, ¿es usted un verdadero cristiano? ¿Cómo está su alma?». Estas preguntas avergonzaron a su hijo, quien hábilmente desvió la conversación para evitar que el embajador tuviese que responder.

Meses más tarde el anciano murió. ¡Qué sorpresa se llevó el hijo cuando descubrió, entre las numerosas coronas mortuorias, un ramo de flores enviado por la embajada belga! El mismo embajador había escrito unas líneas en una tarjeta. Con los ojos llenos de lágrimas, el senador leyó el conmovedor testimonio rendido a su padre: «Fue la única persona de Estados Unidos que se preocupó por mi alma y me preguntó si era cristiano».

¡Cuántas personas encontramos diariamente! ¿Conocen ellas a Jesús, el Hijo de Dios? ¿Cuál sería su destino si el Señor volviese hoy? No perdamos ninguna ocasión para concientizar a aquellos con quienes nos encontramos sobre el destino eterno de su alma. Cristianos, ¡que nadie diga de nosotros que no nos interesamos en el destino de su alma!

“El que gana almas es sabio”, declaró el rey Salomón (Proverbios 11:30).

Jueces 5 – Apocalipsis 5 – Salmo 140:6-13 – Proverbios 29:21-22

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