¡Despertémonos!

Sábado 1 Diciembre

Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.

Efesios 5:14

Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.

Marcos 13:37

¡Despertémonos!

A veces, despertar a un hombre dormido es hacerle un gran favor o incluso salvarle la vida. El dormilón, en efecto, pierde conciencia de su situación. Un ladrón puede entrar en su habitación sin que él se dé cuenta; un incendio se puede desatar en su casa y bloquear todas las salidas sin que él se percate de ello. ¡Cuántos accidentes automovilísticos son provocados por el sueño de un conductor cansado!

La Palabra de Dios toma el sueño como imagen de la inconsciencia del hombre respecto a su estado espiritual. Un enfermo, bajo el efecto de un tranquilizante, puede perder toda sensación de dolor y dejar de preocuparse por su enfermedad. De la misma manera, el hombre puede acostumbrarse a vivir en una especie de somnolencia con respecto al presente, engañarse con ilusiones respecto al futuro, y ocultar los grandes problemas de la existencia: el pecado, la muerte, el más allá.

Algunos van por la vida como sonámbulos al borde de un precipicio. Nuestro deber es gritarles: ¡Despierte, está en peligro de muerte! ¡La realidad es muy diferente de lo que está soñando! Si no abre los ojos ahora, de repente se encontrará en la eternidad; entonces se despertará… ¡pero será demasiado tarde! Vuélvase a Jesús ahora mismo.

Y nosotros, creyentes, velemos para no dormirnos. Es el momento de honrar y servir a nuestro Señor. “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando” (Lucas 12:37).

Josué 20 – Colosenses 4 – Salmo 136:1-9 – Proverbios 28:27-28

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Lo principal

Jueves 29 Noviembre

Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?

Lucas 12:20

¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Mateo 16:26

Lo principal

Lucas 12:16-21

«Nuestra civilización es materialista», escribió alguien. Esto significa que la civilización es «caracterizada por la búsqueda de placeres y bienes materiales». Estamos muy de acuerdo con esta constatación sobre la mayor parte de la sociedad actual.

Jesús concluye así la historia (Lucas 12) de un hombre que, preso en la trampa del materialismo, sufrió las consecuencias eternas: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”.

Cristianos, aunque no caigamos en la locura de ese hombre insensato, a menudo somos demasiado sensibles a las exigencias de la sociedad que nos rodea. Dios sabe que el cristiano necesita recursos para vivir y para hacer el bien a su alrededor. Pero nos dice que no pongamos el corazón en las riquezas (Salmo 62:10). Somos invitados a seguir el ejemplo de Jesús cuando estaba en la tierra: vivió en la pobreza. Esto no significa que el cristiano deba vivir frustrado dejando de lado todos los privilegios materiales de los cuales podría disponer. Tiene lo principal: una conciencia liberada, en paz con Dios, por ello se aferra más bien a las “inescrutables riquezas de Cristo” (Efesios 3:8). Es invitado a buscarlas en la Biblia, como un tesoro más precioso que el bienestar material.

También sabe que todo lo que posee pertenece a Cristo, así como él mismo, y que tiene la responsabilidad de emplearlo no para su propia satisfacción, sino para agradar al Señor.

Josué 18 – Colosenses 2 – Salmo 135:8-14 – Proverbios 28:23-24

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¿El dolor es meritorio?

Miércoles 28 Noviembre

Fuisteis rescatados… con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

1 Pedro 1:18-19

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3:18

¿El dolor es meritorio?

Un estudio sobre los tratamientos encaminados a suprimir el dolor afirma que una de las reticencias de los enfermos a aceptar esos tratamientos es la idea de que el dolor es «meritorio». ¿La religión cristiana es responsable de esta forma de pensar? Algunos creen que sí.

¡Pero no, nuestros sufrimientos no son meritorios! Por intensos que sean, incluso soportados con paciencia y sumisión, no pueden expiar ninguno de nuestros pecados. Solo los sufrimientos que Jesús soportó en la cruz durante las tres horas tenebrosas pueden borrar los pecados. ¡En ese momento pagó el precio por nuestro rescate! Allí sufrió la ira y el abandono por parte de Dios, que nosotros tendríamos que soportar eternamente.

Durante su vida en la tierra, Jesús sufrió y fue tratado injustamente. Su manera de soportar todo puso en evidencia su perfección moral. A la hora del sacrificio demostró que él era verdaderamente el Cordero sin mancha y sin contaminación cuya sangre derramada iba a rescatar a todos los que confiaran en él (1 Pedro 1:18-19).

Nuestros sufrimientos, tristezas y abnegación no tienen nada en común con los sufrimientos expiatorios de Cristo, los cuales soportó por parte de Dios para borrar nuestros pecados. Solo el sacrificio de Cristo borra los pecados de todos los que depositaron su confianza en él. Pero el confiar en Dios en medio del sufrimiento tiene su recompensa cuando experimentamos serenamente su socorro.

Josué 16-17 – Colosenses 1:15-29 – Salmo 135:1-7 – Proverbios 28:21-22

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Jesús y nuestras preocupaciones

Martes 27 Noviembre

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:7

Jesús y nuestras preocupaciones

«¡Qué vida!», se oye decir a menudo. ¡Hay tantos sufrimientos, injusticias, inmoralidad, dificultades de todo tipo, y todo esto para acabar inevitablemente en la muerte! Comprendemos a los que hablan así, pues están llenos de incertidumbres respecto al presente y no tienen ninguna esperanza para el más allá. ¿Forma usted parte de los que piensan que la vida es una carga demasiado pesada?

Sin embargo, hay alguien que puede comprenderle porque estuvo en la tierra y vivió como hombre entre los hombres. ¡Es Jesús!

Él vive y se interesa en usted personalmente.

Él también lloró, y puede consolarle.

Él, quien fue odiado por todos, desea demostrarle que le ama.

Él, quien fue abandonado por todos, nunca lo abandonará. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28).

Él, el justo, quien fue condenado, le ofrece el perdón de Dios. “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 Pedro 3:18).

Él, quien fue rechazado, nunca lo rechazará. “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Él, quien fue clavado en una cruz, quiere darle la vida eterna.

¿Qué se necesita para tener un amigo así? Acudir a él con sus preocupaciones y sus penas, con toda la carga que pesa sobre sus espaldas. Este peso tal vez sea desconocido por los demás, pero no por él. Jesús está dispuesto a recibirle; no será superado por ninguno de sus problemas.

Josué 15 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

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Otra fuente de información

Lunes 26 Noviembre

El Señor… vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.

Salmo 98:9

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.

Isaías 45:22

Otra fuente de información

Continuamente los medios de comunicación informan sobre crisis económicas, financieras o ecológicas. También evocan la perspectiva de terribles catástrofes naturales, epidemias, hambrunas, terremotos… Pero detrás de todos estos trastornos que sacuden a la humanidad, hay uno del que poco se habla y que percibimos con mayor dificultad.

Se trata de la crisis moral originada por el hecho de que los hombres no quieren escuchar a Dios. Ciertamente tiene implicaciones diferentes a la caída de la Bolsa; este rechazo conduce a la condenación eterna a quienes no escuchan a Dios revelado en Jesucristo.

El cristiano halla esta revelación en la Biblia. Ella afirma que un día, como desenlace de todas las crisis humanas, habrá un tribunal solemne y único: Dios juzgará a los hombres mediante Jesucristo (Romanos 2:16). Hoy Dios ofrece su gracia a todos. Antes de que los terribles juicios tengan lugar, Dios llama a cada uno a reconciliarse con él. Es el Dios de justicia, pero también es el Dios de amor (1 Juan 4:16), quien “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

La Biblia fue escrita y conservada durante siglos; hoy la encontramos casi en cualquier parte del mundo. ¡Es un mensaje seguro, dirigido a todos los hombres! Nos explica con sencillez cómo escapar del juicio, cómo estar en paz con Dios para siempre.

Josué 14 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18

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Dame, hijo mío, tu corazón.

Domingo 25 Noviembre

¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques.

Jeremías 45:5

Qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8

Dame, hijo mío, tu corazón.

Proverbios 23:26

Betty

Una creyente anciana, que había servido fielmente al Señor, se vio obligada a guardar cama debido a una tos persistente. A uno de sus visitantes explicó lo siguiente: «Fíjese, cuando era más joven, el Señor me decía: Betty, haz esto; Betty haz aquello, y lo hacía lo mejor que podía. Hoy el Señor me dice: Betty, quédate en cama con tu tos…».

Lo importante para esta cristiana no era hacer grandes cosas, sino hacer simplemente lo que su Señor le pedía.

Esta disposición de corazón recuerda la del apóstol Pablo, quien desde la cárcel escribió: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11-13).

Una actitud serena y una sumisión llena de confianza en el Señor, en medio de las circunstancias por las cuales considera bien hacernos pasar, tienen tanto valor para él como un servicio activo. Ante todo él quiere ocupar el primer lugar en nuestro corazón. Desea que aprendamos a conocerle como el amigo que ama en todo tiempo (Proverbios 17:17) y que simpatiza perfectamente con todas nuestras tristezas.

“En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma” (Salmo 94:19). “Habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11).

Josué 13 – Hebreos 12:12-29 – Salmo 132:13-18 – Proverbios 28:15-16

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Algunas mujeres de los evangelios

Sábado 24 Noviembre

Jesús… les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.

Mateo 26:10-11

Algunas mujeres de los evangelios

En varias parábolas Jesús evoca la vida cotidiana de las mujeres. A través de sus diversas actividades, estas mujeres ilustran diferentes aspectos de la vida de un discípulo de Cristo. Tenemos el ejemplo de la viuda que obtuvo el favor del juez injusto, el de la mujer que buscó la moneda perdida, ilustración de la perseverancia en la oración. También tenemos el ejemplo de las jóvenes que prepararon el aceite de sus lámparas mientras esperaban al Señor, etc. A su manera, cada una de estas historias, que Jesús contó para nuestra enseñanza, nos muestra cómo Jesús aprecia la actitud y el servicio de las mujeres cristianas que desean agradar a Dios.

Cuando Marta reprochó a Jesús el no haberle dicho a María que le ayudase, él le respondió de forma sorprendente: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41-42). Esta respuesta invita a buscar “la buena parte”, es decir, escuchar el mensaje de Jesús.

Son numerosas las mujeres que Jesús cita como ejemplo: una viuda que dio todo su sustento para el servicio del templo; María, por su generosidad y apego a Cristo; incluso una extranjera que pidió a Jesús salvar a su hija. Emocionado por la fe de esta mujer, Jesús le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres” (Mateo 15:28). Alabando la fe de esta extranjera, Jesús mostró que Dios no solo se revela a los judíos, sino a todos los hombres y mujeres que van a él con fe.

Josué 12 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

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La vida del niño (2)

Viernes 23 Noviembre

Ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró (Jesús), pues, a quedarse con ellos.

Lucas 24:29

La vida del niño (2)

2 Reyes 4:8-37

La manera como Eliseo actuó para resucitar al niño llama nuestra atención. El niño muerto estaba tendido en la cama del profeta. Eliseo cerró la puerta para estar a solas con él y oró a Dios. Su trabajo llevó su tiempo, pero Eliseo fue paciente. Se paseó por la casa y luego volvió junto al niño. Al fin este estornudó siete veces, prueba evidente de que había vida en él. Entonces Eliseo llamó a la madre del niño y se lo entregó vivo.

Durante ese tiempo, ¿cuál fue la actitud de esa madre? Había hecho venir a Eliseo, ahora esperaba… El profeta estaba en su casa, se ocupaba de su hijo, y esto le bastaba. Ella no intervino, no llamaba continuamente a la puerta para saber cómo iban las cosas… Los dejó solos, en presencia uno de otro.

¿Qué enseñanza podemos sacar de este pasaje? Debemos dejar que el Señor habite en nuestros hogares. Su presencia debe ser reconocida y apreciada en nuestra casa. Hecho esto, confiemos en él, hablémosle de nuestros hijos mediante la oración, y dejémosle actuar. Favorezcamos el contacto personal entre el Señor y cada niño. Para ello, enseñémosles a leer la Biblia y a orar individualmente.

Dejemos que el Señor obre «en la intimidad de la habitación». El trabajo del Señor es paciente, personal; no se hace en un solo día. No nos interpongamos tratando de acelerar o completar la obra divina. Dios responderá a nuestra oración, y nosotros tendremos el gozo de ver a nuestros hijos nacer de nuevo para vida eterna. “Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19:14).

Josué 11 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

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La vida del niño (1)

Jueves 22 Noviembre

Jesús… le vio, y le dijo:… Hoy es necesario que pose yo en tu casa.

Lucas 19:5

(Jesús) entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba… Y se espantaron grandemente.

Marcos 5:40-42

La vida del niño (1)

2 Reyes 4:8-37

En tiempos del profeta Eliseo, una mujer rica había reconocido en este profeta a un “varón de Dios” y lo había hospedado en su casa. Incluso había pedido a su marido que preparase una habitación especialmente para él. Pero esta mujer no tenía hijos, y Eliseo, viendo su tristeza, le había prometido que tendría un hijo.

El niño nació y creció. Pero una mañana se quejó de dolor de cabeza. Y al mediodía murió en el regazo de su madre. ¿Qué haría ella? ¿Llorar y enterrar al niño? ¡No!

Lo acostó en la cama del profeta y fue a buscar a la única persona que podía ayudarla: Eliseo, el varón de Dios. Era como si dijese: «Si nos diste este niño, no puedes dejarlo morir ahora; tienes que ocuparte de él». E insistió para que el profeta fuese inmediatamente a su casa. Eliseo envió primero a su siervo, pero este fue incapaz de devolver la vida al niño. Cuando Eliseo llegó, el niño muerto estaba tendido en su cama. Entonces el profeta rogó a Dios por él, y devolvió el niño vivo a su madre.

Madres cristianas, el Señor les ha dado hijos. Su deseo es que ellos tengan la vida eterna, que no se pierdan. Pero ustedes no pueden dársela, solo el Señor puede hacerlo. Pidan al Señor Jesús, representado por Eliseo en este relato, que venga a su casa. ¡Es necesario que tenga una morada en su hogar!

Josué 10:22-43 – Hebreos 11:1-22 – Salmo 131 – Proverbios 28:9-10

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Los diez mandamientos (conclusión)

Miércoles 21 Noviembre

La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 6:23

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Romanos 8:1

Los diez mandamientos (conclusión)

Los diez mandamientos tienen algo impresionante, majestuoso. Pero, ¿qué aplicación podemos hacer en nuestra vida personal? Cada uno de ellos nos interpela, alcanza nuestra conciencia, sondea nuestro corazón. “Los juicios del Señor son verdad, todos justos” (Salmo 19:9). Nos muestran lo que somos en lo más profundo de nosotros mismos. Dios examina nuestro estado interior. “Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).

Ante esta constatación, Dios no nos disculpa. Al contrario, afirma que no considera inocente al culpable, y que “la paga del pecado es muerte”. ¡El juicio debe ser ejecutado! ¿Qué hacer entonces? Abandonados a nosotros mismos, no tenemos solución para ser salvos.

Pero la Biblia nos dice que Dios intervino con bondad para hacer lo que nosotros éramos incapaces de hacer. Somos juzgados por la Ley y declarados culpables, pero Dios envió a su Hijo Jesús, quien respondió perfectamente a las exigencias de la Ley. Y mucho más aún, pues como único substituto murió en nuestro lugar para llevar el castigo que nosotros merecíamos. El creyente ya no está bajo la condenación de Dios, mas está revestido de la justicia divina. Dios ya no nos pide que obtengamos la justicia mediante nuestras obras. Gracias a la obra perfecta de Cristo recibimos la vida eterna, y Dios nos hace capaces de amarlo y de amarnos unos a otros como Cristo nos amó: “El cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:8-10; Juan 13:34).

Josué 10:1-21 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

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