Dios quiere una confesión sincera

Jueves 11 Octubre

Dios le dijo (a Adán)… ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

Génesis 3:11-12

Dios quiere una confesión sincera

La única respuesta correcta de Adán a la pregunta de Dios hubiese sido un sencillo «sí». Pero en vez de ello trató de eludir su responsabilidad, y solo al final de su respuesta reconoció lo que había hecho. Primero dijo: “La mujer que me diste por compañera”; le echó la culpa a Dios. Todavía hoy recurrimos a ese tipo de excusas. ¿Dónde estaba Dios?, nos preguntamos evocando guerras, actos de terrorismo, crímenes… No decimos que estas cosas suceden precisamente porque el hombre se ha alejado de Dios.

Luego Adán añadió: ella “me dio”. A veces echamos sobre los demás la responsabilidad de una falta: Fue ella la que empezó, o fue él quien me persuadió de hacer eso.

Y tal vez, para justificarnos al menos en parte, resaltemos las circunstancias atenuantes. Finalmente, si no podemos echar la culpa a Dios, ni a otras personas, ni a las circunstancias difíciles, tratamos de banalizar el caso: después de todo no era tan grave.

Retengamos el ejemplo del rey David quien, convencido de su pecado, dijo sinceramente: “Pequé contra el Señor” (2 Samuel 12:13). También fue hasta el origen del mal y reconoció que el pecado provenía de su propio corazón.

Si, como David, confesamos nuestra falta sinceramente, Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

Deuteronomio 5 – Juan 4:31-54 – Salmo 115:9-18 – Proverbios 25:4-5

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Quinto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre

Miércoles 10 Octubre

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da.

Éxodo 20:12

Quinto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre

Este quinto mandamiento, el primero que tiene que ver con las relaciones entre los seres humanos, se refiere a la relación filial. Esta es esencial porque afecta nuestras demás relaciones.

Pero, ¿qué significa honrar? Primeramente respetar, reconocer a los que nos dieron la vida, con mayor motivo si nos criaron, nos cuidaron, nos sostuvieron y nos aconsejaron hasta la edad adulta.

Este mandamiento nos invita a reconocer el lugar único que ocupan nuestros padres en nuestra existencia. Todo esto confiere un peso moral, un valor, que debe producir respeto y gratitud en los hijos, incluso si los padres no siempre estuvieron a la altura de su función, o si, quizás, ni merecen este respeto.

Es una actitud del corazón que se traduce en palabras y hechos concretos: la obediencia cuando somos niños, el respeto a lo largo de su vida, la ayuda y los cuidados cuando nuestros padres son mayores.

Honrar a nuestros padres no significa pensar que todo lo que hicieron estaba bien. Para poder honrar verdaderamente a nuestros padres, si cometieron errores, primero hay que perdonarlos. Dios nos da esta fuerza del perdón cuando se la pedimos. Independientemente de cuál haya sido su conducta, ¡no despreciemos a nuestros padres, respetémoslos y amémoslos, sobre todo en su vejez!

Este mandamiento no exime a los padres de velar a fin de tener una actitud justa y afectuosa que anime a los hijos y los motive a amar y a honrar a sus padres (Colosenses 3:21).

(continuará el próximo miércoles)

Deuteronomio 4:25-49 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

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El Señor te guardará de todo mal; el guardará tu alma.

Martes 9 Octubre

El Señor te guardará de todo mal; el guardará tu alma.

Salmo 121:7

Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos.

Salmo 57:1

Un círculo de protección

En una playa del Pacífico, en Nueva Zelanda, unos nadadores veteranos estaban entrenando cuando de repente se vieron rodeados por unos delfines que empezaron a nadar en torno a ellos, obligándolos a agruparse cada vez más. Entonces vieron un tiburón blanco que iba hacia ellos. Durante casi una hora los delfines formaron un cordón de seguridad para impedir que el tiburón se acercase… ¡hasta que todos los deportistas alcanzaron la tierra firme!

Amigos creyentes, ¡este suceso nos hace pensar en la protección que nuestro Dios nos asegura! Desde la entrada del pecado en el mundo (Romanos 5:12), Satanás es un adversario que “anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Nuestro enemigo es mucho más fuerte e inteligente que nosotros. ¡Pero el Señor Jesús lo venció en la cruz, y esto debería animarnos a refugiarnos siempre en él! Dios extiende su escudo por encima de los suyos y de todos los que dependen de él (Job 1:9-10). Él pone alrededor de cada uno de sus hijos este círculo de protección que Satanás no puede traspasar. Si vivimos cerca de Jesús no tenemos ninguna razón para temblar ante los ataques del enemigo. Él mismo intercede por aquellos que rescató.

Jesús dijo a uno de sus discípulos: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32).

Deuteronomio 4:1-24 – Juan 3:22-36 – Salmo 114 – Proverbios 24:30-34©

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Vistazo a la Biblia: Nuevo Testamento (2)

Lunes 8 Octubre

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

Hebreos 1:1-2

Vistazo a la Biblia: Nuevo Testamento (2)

El Nuevo Testamento nos muestra cómo cumplió Dios sus promesas por medio de Jesucristo. Dios estableció en Jesús y por medio de él un “nuevo pacto” basado únicamente en la gracia, sin contrapartida, con miras a salvar a todos los que creen.

Empieza por los cuatro evangelios, que proclaman la buena nueva de la venida del Hijo de Dios a la tierra y su obra. Jesús es presentado como el Salvador de los que se reconocen pecadores y creen en él. El Evangelio, esa buena nueva, es el centro de la revelación de Dios a los hombres. El libro de los Hechos narra los primeros tiempos de la Iglesia, formada por todos los creyentes. A continuación vienen las cartas de los apóstoles Pablo, Santiago, Pedro, Juan y Judas (21 libros), que explican la obra de Jesús y sus consecuencias para los que creen. El último libro de la Biblia, el Apocalipsis, anuncia los acontecimientos del fin de los tiempos, cuando Jesús manifieste su victoria final sobre todos los poderes del mal.

La Biblia fue escrita por el Dios vivo, quien no ha cambiado ni cambiará: lo que me revela de sí mismo y sobre su voluntad de ponerse en contacto conmigo sigue estando vigente. Los hombres no han mejorado moralmente desde el principio, y siguen siendo rebeldes con respecto a Dios. Sin embargo, Dios quiere restablecer las relaciones de los hombres con él; quiere liberarnos de nuestra esclavitud al mal. Lo hace con todo el que confía en él y cree en Jesús. ¡El mensaje de la Biblia no podría ser más apropiado para nosotros!

Deuteronomio 3 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29

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Vistazo a la Biblia: Antiguo Testamento (1)

Domingo 7 Octubre

Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno.

Isaías 55:3

Vistazo a la Biblia: Antiguo Testamento (1)

El Antiguo Testamento comienza por el Génesis; este libro cuenta cómo creó Dios al ser humano y lo puso en el centro de la creación. En el huerto de Edén, Adán y Eva podían comer libremente de todo árbol del huerto, menos del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 2:16-17). Pero ellos, en vez de mostrar a Dios su confianza, su agradecimiento y su amor, desobedecieron, y así rechazaron la autoridad de su Creador. ¡Y Dios los expulsó del huerto!

Seguidamente todo el Antiguo Testamento muestra cómo actuó Dios para restaurar la relación rota con el hombre debido al pecado, hasta el nacimiento de Cristo (el Mesías).

Dios estableció un primer pacto con Noé (Génesis 9:9-17), luego un segundo con Abraham y sus descendientes, quienes formaron el pueblo de Israel (Génesis 12:1-3; 17:1-21), luego el pacto de la ley por medio de Moisés (Éxodo 24:7; 34:1-28). En varias ocasiones renovó sus promesas.

El Pentateuco (los 5 primeros libros de la Biblia), los libros históricos (12 libros), los poéticos (5 libros) y los proféticos (17 libros) cuentan la historia tumultuosa de la relación entre Dios y su pueblo. También anuncian la buena nueva de la venida del Mesías, que inauguraría otra relación entre Dios y los hombres, tomando como base un nuevo pacto (Jeremías 31:31-34).

Cristo, el Hijo de Dios, basado en el sacrificio de su propia vida, estableció este nuevo pacto, eterno, ¡cuyo único garante es él mismo!

“Este es el pacto que haré con la casa de Israel… Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).

Deuteronomio 2 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27

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Mensaje nuevo

Sábado 6 Octubre

Ella (la palabra de Dios) es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.

Salmo 119:50

Para siempre, oh Señor, permanece tu palabra en los cielos.

Salmo 119:89

Mensaje nuevo

Si estas palabras aparecen en la pantalla de nuestro computador o teléfono móvil, es porque alguien se puso o quiere ponerse en contacto con nosotros. Esa persona tiene algo que decirnos, por eso nos envía un mensaje. Dios también tiene algo que decirnos y nos dejó un mensaje.

El Dios Todopoderoso, creador del universo, nos ama. Por medio de la naturaleza nos revela su existencia, su poder y su sabiduría. ¡La creación es un maravilloso mensaje, pero Dios también nos habla a través de la Biblia!

Mediante relatos de la vida de creyentes nos muestra su deseo de ponerse en contacto con los hombres; los invita a confiar en él. La Biblia es, pues, más que una historia interesante, es una invitación a tener un encuentro con Dios. Cuando me presenta la oración de un hombre que sufre, me invita a hablarle de mis preocupaciones. Cuando denuncia las injusticias, me invita a reconocer las mías. Cuando relata la conversación de Jesús con personas que sufren tanto en su cuerpo como en su alma, me revela mis propias heridas y mi posible curación por medio de Cristo. Cuando me habla de la muerte y la resurrección de Jesús, me abre el camino de la vida eterna.

En la Biblia Dios nos dice que nos ama, y nos recuerda cómo lo demostró: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Deuteronomio 1:19-46 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26

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Demasiado seguro de sí mismo

Viernes 5 Octubre

Pedro le dijo (a Jesús): Aunque todos se escandalicen, yo no. Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.

Marcos 14:29-30

Demasiado seguro de sí mismo

Era el atardecer en Jerusalén. El Señor Jesús había ido con sus discípulos al monte de los Olivos. Pronto iba a ser detenido, luego iba a sufrir un juicio inicuo e iba a ser condenado y crucificado. En el camino les anunció lo que vivirían durante las siguientes horas. “Todos os escandalizaréis”. Pero Pedro expresó su desacuerdo (vea el versículo del encabezamiento). En su reacción podemos destacar cuatro puntos en los que se equivocó y que también nos pueden concernir:

–No creyó las palabras del Señor. Jesús había dicho que todos los discípulos se escandalizarían. Sin embargo, Pedro respondió: “Yo no”.

–Tenía una mayor estima de sí mismo que la que debía tener: amaba al Señor, pero como su amor carecía de humildad, no tenía poder.

–Se creía más fiel que los demás discípulos. Pensaba “estar firme”, pero iba a experimentar con gran dolor que podía caer (1 Corintios 10:12).

–No tuvo en cuenta la advertencia de su Maestro: “Tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces”. A pesar de la claridad de esas palabras, afirmó su celo con mayor insistencia diciendo: “Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré” (Marcos 14:31).

Podemos identificarnos con la historia de Pedro y ver en ella una advertencia para nosotros. ¡Escuchemos humildemente lo que el Señor nos dice en su Palabra y así, por medio de su gracia, seremos preservados de una caída fatal y dolorosa!

Deuteronomio 1:1-18 – Juan 1:1-28 – Salmo 111:1-5 – Proverbios 24:21-22

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¿Es usted supersticioso?

Jueves 4 Octubre

No tienen conocimiento aquellos que erigen el madero de su ídolo, y los que ruegan a un dios que no salva.

Isaías 45:20

Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.

Romanos 14:11

¿Es usted supersticioso?

Hace tiempo algunas personas creían que las estrellas controlaban sus vidas. Otros «leían» en el sedimento del café para conocer su futuro… Hoy hay prácticas muy parecidas en nuestra sociedad. Algunas personas «tocan madera» para protegerse de algún mal. La expresión «cruzar los dedos» para atraer la felicidad y el éxito está muy extendida. Muchas personas creen que los signos del zodíaco les revelan su destino.

Todo esto forma parte de las artimañas de Satanás para hacernos olvidar lo que Dios nos dice en la Biblia respecto al futuro. La locura del supersticioso le hace creer en la mentira y le impide depositar su confianza en Dios. Detrás de la superstición se esconde el miedo: miedo a tener mala suerte, a una enfermedad, a sufrir duros golpes, de los cuales la gente se quiere proteger. Uno trata de asegurarse por sí mismo, en vez de poner la confianza únicamente en Dios.

La fe del cristiano lo libera del miedo, pues sabe que su Dios es un Dios de amor. Las Santas Escrituras nos hablan de un Dios de bondad que invita a todos los hombres a arrepentirse para ser salvos.

Amigos cristianos, huyamos de cualquier tipo de práctica supersticiosa: es una ofensa al Dios de verdad, misericordioso y grande en bondad. Confiemos de todo corazón en nuestro Padre, mediante la oración. Él nos ama, dio a su Hijo unigénito, Jesús, para salvarnos, y sabrá darnos todo lo que necesitamos. ¡La fe en su poder infinito nos da la paz!

Amós 8-9 – Judas – Salmo 110 – Proverbios 24:19-20

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Cuarto mandamiento: Acuérdate del día de reposo

Miércoles 3 Octubre

Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para el Señor tu Dios; no hagas en él obra alguna.

Éxodo 20:8-10

Cuarto mandamiento: Acuérdate del día de reposo

Los israelitas no debían hacer ningún trabajo en el séptimo y último día de la semana, el sábado. Debían reservar ese día para Dios. Ese día era mucho más que una simple pausa en sus actividades: era un día consagrado para alabar a Dios, quien los había liberado de la esclavitud de Egipto (Deuteronomio 5:15). También era una invitación a entrar en el reposo de Dios. Era la señal del pacto de Dios con su pueblo (Éxodo 31:17).

Pero muy pronto olvidaron el sentido del sábado, del día de reposo. Cuando Jesús vino a la tierra, los jefes religiosos habían utilizado este mandamiento para esclavizar al pueblo. Contradijeron fuertemente a Jesús e incluso lo odiaron porque hacía el bien el día de reposo (Mateo 12:12; Lucas 13:16).

Los libros del Nuevo Testamento posteriores a los evangelios muestran que el mandamiento de guardar el día de reposo no es para los cristianos. El apóstol Pablo confirma que los cristianos no deben guardar la liturgia ni los días festivos de los judíos, entre los cuales incluye el día de reposo (Gálatas 4:10; Colosenses 2:16).

Los primeros cristianos se reunían el domingo, el primer día de la semana, para rendir culto a Dios (Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2). El séptimo día era la señal de que la creación había sido terminada (Génesis 2:2), el primer día es la señal de la resurrección del Señor Jesús, que inauguró una nueva creación (Marcos 16:9). Solo él puede darnos el descanso que tanto anhela nuestra alma. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

(continuará el próximo miércoles)

Amós 6-7 – Filemón – Salmo 109:20-31 – Proverbios 24:17-18

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El fruto

Martes 2 Octubre

Cada árbol se conoce por su fruto.

Lucas 6:44

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra.

Colosenses 1:10

El fruto

Para reconocer un árbol, lo más sencillo es examinar el fruto que produce. Cuando vemos un árbol cargado con manzanas, incluso un niño sabe que es un manzano. El Señor quiere hablarnos a través de esta imagen; a menudo él emplea cosas sencillas de la naturaleza para enseñarnos realidades espirituales.

Si he aceptado la salvación que Cristo ofreció en la cruz, si he recibido, junto con su perdón, la vida eterna, mi conducta y mis amistades deben demostrarlo. Mis hechos, mi comportamiento, mi forma de hablar corresponderán a mi naturaleza de cristiano, estarán de acuerdo con esta nueva vida que Dios me dio. “Yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18). No nos dejemos engañar: más allá de las apariencias, veamos los frutos. Dios invita a sus hijos a mostrar efectos concretos de la vida divina en ellos, a añadir a su “fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”. ¡Pidámosle que nos dé la fuerza para llevar tales frutos! La Palabra de Dios añade: “Si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto” (2 Pedro 1:5-8).

Los agricultores saben que la calidad de las frutas depende de la vitalidad del árbol; hay que alimentarlo, protegerlo y podarlo si se quiere tener buenas frutas. Esto es lo que el Señor quiere hacer con cada uno de sus redimidos. Permanezcamos bien arraigados en él y así llevaremos frutos que lo honren (Juan 15:2, 5).

Amós 5 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16

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