Nuestra vida es como una rueda que va en sentido único

Lunes 1 Octubre

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Marcos 8:36-37

Que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor…

Filipenses 1:9-10

Nuestra vida es como una rueda que va en sentido único

Si usted anunciara una conferencia sobre el tema «Cómo vivir bien», sus auditores esperarían que hablase sobre dietética, deporte o higiene de vida. Muy pocos pensarían en temas como la fidelidad, la honestidad, la generosidad, y mucho menos en el respeto a Dios y a su voluntad. Nuestra época invirtió los valores y presenta como imperativo cosas que no lo son realmente, y como obsoleto lo que es fundamental.

Sin embargo, es vital saber vivir bien, a la manera de Dios. Nuestra vida es similar a una rueda que va en sentido único, que no vuelve atrás. Necesitamos, pues, encontrar la buena dirección; aún mejor, dejarnos guiar por Dios mismo, y cesar de correr tras objetivos estériles.

Jesús vino a la tierra para darnos a conocer el camino de la verdadera vida. Dios nos traza ese camino en su Palabra, la Biblia. El Creador sabe lo que es mejor para nosotros en todos los ámbitos: psíquico, físico y espiritual. Si escudriñamos su Palabra y la ponemos en práctica, tendremos una vida abundante, mucho más rica que si hubiésemos invertido en valores terrenales.

El origen de esta vida fecunda es Dios Padre y su Hijo Jesucristo, quien vino a la tierra para salvarnos. Esta vida es dada a todo el que cree en Jesús. Él mismo proclamó en alta voz: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38).

Amós 3-4 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

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En el internado

Domingo 30 Septiembre

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

En el internado

¿Por qué había un Nuevo Testamento a la cabecera de la cama de esta alumna del colegio? El vigilante lo tomó y lo abrió al azar. Sus ojos se detuvieron en este pasaje: “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25).

El hombre se detuvo, quedó como petrificado y dejó el libro en su lugar. Pretendía burlarse de la credulidad de la estudiante, pero quedó sin palabras.

Dios conoce el corazón de cada ser humano y discierne todos sus pensamientos, incluso los más secretos. Sabe presentarnos un pasaje de su Palabra (la Biblia) apropiado a nuestro estado espiritual y a nuestra situación personal. A quienes no lo conocen, los invita a ir a él para ser salvos; a nosotros los creyentes nos guía en el camino de la vida.

Quienesquiera que seamos, Dios nos habla de diversas maneras. Cuando leemos la Biblia nos habla directamente.

Estemos atentos a su voz y no olvidemos el poder de su Palabra. Ella “no volverá a mí (Dios) vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11).

“¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29).

“El sembrador es el que siembra la palabra… Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno” (Marcos 4:14, 20).

Amós 1-2 – Tito 1 – Salmo 108:7-13 – Proverbios 24:11-12

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ÁMENME A MÍ Y AMEN A LOS DEMÁS

Septiembre 29

ÁMENME A MÍ Y AMEN A LOS DEMÁS

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Jesús dijo que los Diez Mandamientos pudieran resumirse en dos mandatos: ámenme a mí y amen a los demás. Tal vez usted se pregunte cómo puede poner en práctica todos los mandamientos de la Biblia. La respuesta es muy sencilla: “Ame a Dios, ame a las personas y haga lo que quiera”.

Cuando usted ama a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas, y ama a su prójimo como a usted mismo, puede hacer lo que usted quiera porque será la persona que Dios quiere que sea. Gracias a su amor, usted no matará a nadie, no corromperá a nadie, no robará nada ni codiciará lo que tenga otra persona. El Espíritu cultivará en su corazón un amor que impide cualquier deseo de hacer lo malo.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

El paraíso

Sábado 29 Septiembre

Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lucas 23:42-43

Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Mateo 25:41

El paraíso

Mucha gente dice que todos iremos al paraíso. En 1972, un famoso cantante francés compuso una canción que lo afirma.

Pero, ¿qué representa el paraíso? El término “paraíso” designa de forma general un jardín maravilloso. Cuando Dios creó a Adán y Eva, los colocó en un lugar así. Allí podían dialogar con Dios, pero desobedecieron a su Creador y fueron echados del paraíso. Mas Dios es amor, por ello no terminó definitivamente su relación con los hombres. Al contrario, quiere introducirlos en un país celestial, lugar donde él mora. La mejor prueba de la voluntad de Dios de recibirnos en su presencia es la promesa de Jesucristo al malhechor arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Es cierto que cualquier persona, incluso un ladrón o un asesino, puede ir al paraíso, pero con una condición indispensable: arrepentirse de sus pecados, es decir, reconocerlos y confesarlos a Dios, y creer en el valor de la sangre derramada por Jesús en la cruz. Esa sangre derramada, esa muerte consentida por aquel que no tenía pecado, da el acceso a la felicidad eterna a todo el que cree.

Pero no nos engañemos. Las llamas del infierno, de las que muchas veces la gente se burla, no son un mito inventado para asustar, sino la imagen de una terrible realidad que experimentarán todos los que no hayan querido aceptar la gracia de Dios.

Lamentaciones 5 – Filipenses 4 – Salmo 108:1-6 – Proverbios 24:10

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La gracia es un don de Dios

Viernes 28 Septiembre

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

La gracia es un don de Dios

Nos gustaría resaltar tres expresiones de este maravilloso versículo: por gracia, salvos, por medio de la fe.

La primera, “por gracia”, muestra que los hombres no pueden tener una relación viva con Dios mediante sus propios esfuerzos. El final de la frase lo confirma: no podemos ser salvos en base a nuestras buenas obras, “para que nadie se gloríe”. “Por gracia”, esto significa que ser salvo de nuestro alejamiento de Dios es un favor. Dios quiere que entremos gratuitamente en relación con él. La Biblia nunca dice que una vida bien ordenada nos confiera el derecho a entrar en la presencia de Dios.

El hombre, privado de ese vínculo vital con Dios, está espiritualmente muerto en sus pecados (Efesios 2:1), perdido, sin recursos. Por eso necesita un Salvador, y Dios nos lo dio. Envió a su Hijo Jesucristo para liberarnos de nuestros pecados. Todos los que aceptan esta liberación como una gracia de Dios, son salvos desde ese momento.

Estos pensamientos podrían llevarnos a concluir, de manera falsa pero muy extendida, que al final todos los hombres serán salvos. Pero esto queda totalmente contradicho mediante la tercera expresión: “por medio de la fe”.Solo los que aceptan personalmente esta invitación de gracia son salvos. Así prueban que se someten a Dios y creen en lo que él declara.

“No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:22-24).

Lamentaciones 4 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9

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El justo aborrece la palabra de mentira.

Jueves 27 Septiembre

El justo aborrece la palabra de mentira.

Proverbios 13:5

Aparta de mí el camino de la mentira.

Salmo 119:29

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo.

Salmo 51:6

Que vuestro sí sea sí

Santiago 5:12

Imagínese un mundo en el que la mentira no existiese. ¡Qué contraste con lo que vivimos en todas nuestras relaciones diarias! Pero, ¿debemos sorprendernos? La Biblia nos dice que el mundo está conducido por Satanás, el “padre de mentira” (Juan 8:44). La falta de rectitud, la hipocresía, las pequeñas mentiras, las medias verdades, ¡todo esto es tan práctico para resolver inmediatamente muchas situaciones que nos ponen en aprietos o que incluso nos avergüenzan!

¡Tengamos cuidado, pues el veneno de la falsedad se infiltra muy fácil en nuestros pensamientos y luego en nuestras palabras! Dios aborrece “la lengua mentirosa” y “el testigo falso que habla mentiras” (Proverbios 6:17, 19). Él lee nuestros pensamientos, y el cristiano debería aborrecer toda forma de falsedad. El apóstol Pablo escribió: “Desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo” (Efesios 4:25). “No mintáis los unos a los otros” (Colosenses 3:9). Es por la fe y por amor a Dios que un cristiano toma deliberadamente el camino de la verdad y renuncia a la mentira.

¿Hemos fallado en este punto tan importante para el Señor? Dios desea que nos dejemos iluminar por su luz, poner al descubierto lo que somos, para que podamos decir: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24). Jesucristo puede liberarnos de la mentira. Él es la verdad (Juan 14:6).

Lamentaciones 3 – Filipenses 2 – Salmo 107:23-32 – Proverbios 24:7

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Cantad al Señor, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salvación.

Miércoles 26 Septiembre

No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano; porque no dará por inocente el Señor al que tomare su nombre en vano.

Éxodo 20:7

Cantad al Señor, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salvación.

Salmo 96:2

Tercer mandamiento: No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano

Debido a este mandamiento, algunos judíos practicantes nunca pronuncian directamente el nombre de Dios. Pero Dios no prohíbe pronunciar su nombre, al contrario, los profetas y los apóstoles nos invitan a orar invocando ese nombre: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo” (Joel 2:32; Hechos 2:21; Romanos 10:13). Dios quiere que no pronunciemos su nombre con ligereza, que no lo empleemos para afirmar mentiras o medias verdades con la intención de enorgullecernos o de engañar a otros. Así, este mandamiento no solo prohibía los falsos juramentos, sino también las imprecaciones. El nombre de Dios tampoco puede ser invocado como un poder que está a nuestra disposición, como una prueba de protección, o para presionar a los demás.

El cristiano no debe olvidar que lleva el hermoso nombre de Cristo: ¡la palabra «cristiano» viene de ese nombre! Quizá débilmente muestra los caracteres de Cristo en su conducta y sus relaciones, da a conocer ese nombre de Jesús, el único mediante el cual podemos ser salvos (Hechos 4:12).

Nuestra cultura actual se caracteriza más bien por olvidar el nombre de Dios. ¿Nos avergonzaríamos de dar testimonio de nuestra fe? Recordemos que alabar el nombre de Dios, exaltar el nombre de Jesús, ese “buen nombre que fue invocado” sobre nosotros (Santiago 2:7), es fuente de gozo, de paz. “Oh Señor… a tu nombre da gloria” (Salmo 115:1).

(continuará el próximo miércoles)

Lamentaciones 2 – Filipenses 1 – Salmo 107:17-22 – Proverbios 24:5-6

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Señor Dios mío, a ti clamé, y me sanaste.

Martes 25 Septiembre

Señor Dios mío, a ti clamé, y me sanaste.

Salmo 30:2

En la calamidad clamaste, y yo te libré.

Salmo 81:7

No buscaba a Dios (2)

Mi primera oración

“Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré” (Salmo 91:15). «Esta palabra de Dios me inquietaba constantemente… Entonces me dije: «No sabes todo, quizá Dios existe realmente». Y siguiendo el ejemplo que da el matemático Pascal, que en aquel entonces yo ignoraba, hice mi propia apuesta. Si Dios no existe, no tienes nada que perder. Pero si existe, todavía puedes ganarlo todo… En pocas palabras dije a Dios: «¡Seamos claros! No creo en ti, pero no soy omnisciente. Si existes realmente, cosa que dudo mucho, no soy yo el que debo encontrarte. ¡Revélate tú a mí!».

Incluso a una fe tan incompleta, el Dios todopoderoso responde. No se produjo nada tangible; mi estado de abatimiento persistió aún largos meses. Pero desde ese momento pasé del mundo del pecado al reino de la gracia. Durante quince largos meses, la convicción de mi estado de pecado ante mi Creador santo y justo no dejó de aumentar hasta que, maravillado, al fin descubrí que su ira, la cual yo merecía, había caído en la cruz del Gólgota sobre su muy amado Hijo, nuestro Salvador y Señor Jesucristo.

Fue así como el único verdadero Dios, Creador del cielo y de la tierra, Sostén infalible de su creación, Soberano legislador y Redentor de su pueblo, se dio a conocer a mí. En medio de mi admiración, descubrí que ese Dios era totalmente digno de toda mi confianza; y su Palabra escrita, la Biblia, era verdadera, totalmente fiable».

Pasajes del testimonio de J.-M. B.

Lamentaciones 1 – 2 Corintios 13 – Salmo 107:10-16 – Proverbios 24:3-4

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No buscaba a Dios (1)

Lunes 24 Septiembre

No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Romanos 3:11-12

No buscaba a Dios (1)

«No buscaba a Dios. Me era indiferente, pese a que mis padres habían dejado las comodidades de la vida en Suiza para ser misioneros en África del Sur. Vivían una fe vigorosa y gozosa, fundada en la Biblia, leída y meditada en familia, y sobre todo obedecida. Yo admiraba todo esto, lo respetaba, pues amaba a mis padres. Pero su religión no me interesaba…

En el año 1960 dejé mi familia y África del Sur, mi país natal, para empezar mis estudios de Historia en la Sorbona, en Francia.

En nuestra vieja Europa descubrí el enfrentamiento inmisericorde de dos civilizaciones, la del ser y el parecer, las apariencias (estar de moda –el espíritu de la corte de todas las épocas– que hoy seduce a las almas a través de la televisión, Internet…), y la de las realidades temporales, morales y espirituales.

Un domingo en la tarde, en los años sesenta, en una estación de tren, todo se derrumbó… Repentinamente perdí incluso el sentimiento de existir. La sensación de la presencia de mi cuerpo me abandonó…

En su misericordia Dios, en un abrir y cerrar de ojos, quitó el velo sobre la vanidad de mi vida, sobre mi orgullo sin límite, mostrándome que el fruto, el único salario del pecado, es la muerte; que sin Él yo estaba espiritualmente muerto. Dios revelaba en mí mismo esta maldad, esta privación de sentido y de vida que, hasta entonces, había visto con repugnancia en los demás».

(continuará mañana)

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25).

Jeremías 52:17-34 – 2 Corintios 12 – Salmo 107:1-9 – Proverbios 24:1-2

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El medio ambiente

Domingo 23 Septiembre

Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados; pero tú eres el mismo.

Salmo 102:25-27

Dios… ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia.

Hechos 17:30-31

El medio ambiente

Hace algunos años un experto en medio ambiente denunciaba la utilización irresponsable de los recursos naturales. «El problema, decía, no es volver al estado del pasado, sino preservar temporalmente lo que todavía pueda serlo. No podemos volver al huerto de Edén; solo podemos rumiar nuestro pecado. El paraíso ya no existe; y el último juicio se acerca».

Este experto hacía alusión a la Biblia. No sabemos si era cristiano, pero sea como fuere, debemos buscar en ella las respuestas a nuestras preguntas, pues su Autor también es el Creador del universo.

– El huerto de Edén, el paraíso, es el lugar donde Dios colocó al hombre responsable, después de la creación, un lugar perfectamente adaptado a sus necesidades y a su felicidad.

– El primer pecado, comer del fruto prohibido, tuvo lugar en ese huerto. Esta primera desobediencia deshonró a Dios y tuvo consecuencias irreparables para el hombre y para el planeta. El pecado es una contaminación que deteriora el mundo moral y origina las demás poluciones. En todos los ámbitos, cambia el orden establecido por Dios.

– Nuestro experto no nos da mucha esperanza y, efectivamente, la Biblia afirma que la tierra envejece y desaparecerá mediante el juicio de Dios. Pero hay un mensaje de esperanza: a pesar del mal y de la contaminación, podemos conocer a Dios y tener su perdón, su paz. ¡Por ahí es por donde debemos empezar!

Jeremías 52:1-16 – 2 Corintios 11:16-33 – Salmo 106:40-48 – Proverbios 23:29-35

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