El Evangelio

Sábado 22 Septiembre

Tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición… así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios.

1 Tesalonicenses 2:2-4

El Evangelio

¡Ah, si existiese un remedio milagro que cambiase la vida con solo tomar pastillas! «Tome usted una por la mañana, otra al mediodía, otra antes de acostarse, y dentro de unos días estará como nuevo… Pero si este tratamiento no basta, será necesario hacer otros exámenes». ¡Sí, precisamente tiene que hacer otro, pues ningún tipo de medicina, religión o ideología encontraron la pastilla milagrosa!

El Evangelio, la buena nueva revelada en la Biblia, se presenta como el remedio al problema del hombre. Obviamente, este no puede reducirse a practicar ciertos ritos, a una adhesión intelectual a ciertas ideas generosas o incluso a las «buenas obras». El Evangelio es el remedio eficaz solo si creo que el siguiente diagnóstico es verdadero: debo reconocer que el problema del hombre es de tipo moral, el de una criatura alejada de su Creador… y que, sin embargo, ¡no puede vivir sin él!

El Evangelio es poderoso y actúa en el corazón y en los pensamientos de todo el que cree. Me conduce a arrepentirme y a aceptar las «condiciones» fijadas por Dios: reconocer que él es todopoderoso y que yo no tengo fuerza; confesar que todo lo que hay en mí es rebelión, egoísmo e independencia con respecto a ese Dios perfecto; comprender que solo Jesucristo, santo y justo, puede reconciliarme con el Creador, porque fue castigado en mi lugar.

El Evangelio transforma la manera de ver y de vivir de todo el que deposita su confianza en Jesucristo. Entonces Dios actúa, y enseguida podemos verlo obrar en nuestra vida, paso a paso. ¿Creerá en él?

Jeremías 51:33-64 – 2 Corintios 11:1-15 – Salmo 106:32-39 – Proverbios 23:26-28

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Jesucristo está vivo

Viernes 21 Septiembre

Buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.

Marcos 16:6

Jesucristo está vivo

Todos sabemos que un crucifijo es un objeto que representa a Cristo clavado en una cruz. En muchos países los vemos casi en todas partes: en las casas, los hospitales, los lugares públicos… Todos recuerdan que hace 2.000 años Jesucristo fue crucificado y murió.

Pero el mensaje del Evangelio, aunque pasa por la cruz, no se detiene ahí. El apóstol Pablo resume así su predicación: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… fue sepultado, y… resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:4).

Los discípulos del Señor, que se convirtieron en sus testigos, no solo anunciaron a un Cristo muerto, sino que también dieron testimonio de su resurrección: “Matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos” (Hechos 3:15).

Hoy Dios dirige a todos este mensaje: Cristo murió en la cruz para borrar los pecados de todos los que creen en él. Luego Dios lo resucitó, demostrando así que él está totalmente satisfecho con la obra perfecta cumplida por Cristo en la cruz.

La tumba vacía nos da la seguridad de que los que pertenecen a Cristo, aunque hayan muerto, volverán a la vida al igual que él. Un día el Señor vendrá a buscarlos: resucitará a los creyentes muertos y transformará el cuerpo de los vivos que son suyos, para que todos estén en el cielo con él, en la casa del Padre.

“El Señor mismo con voz de mando… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos… seremos arrebatados juntamente con ellos… y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Jeremías 51:1-32 – 2 Corintios 10 – Salmo 106:28-31 – Proverbios 23:24-25

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El horno de fuego ardiente

Jueves 20 Septiembre

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isaías 43:2

Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.

Salmo 50:15

El horno de fuego ardiente

Lea Daniel 3

Nabucodonosor, rey de Babilonia, había hecho una estatua de oro y había pedido a todo su pueblo que la adorase, como si fuese un dios. Pero tres jóvenes hebreos prefirieron obedecer a su Dios. Conocían su primer mandamiento del cual hablamos ayer: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen…. No te inclinarás a ellas… porque yo soy el Señor tu Dios… celoso” (Éxodo 20:3-5). Por lo tanto decidieron no postrarse ante la estatua. Fueron denunciados y llevados ante el rey, quien estalló en ira. Les ofreció una última oportunidad: si se arrodillaban ante la estatua no serían quemados vivos. Pero los jóvenes confiaron en su Dios y respondieron al rey: “Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Furioso, el rey ordenó echar al horno a los tres hombres atados. Pero, ¡qué sorpresa! Solo se quemaron sus ataduras. Los tres hebreos caminaban libremente en medio del fuego, acompañados por una cuarta persona. Era Dios mismo quien estaba ahí con ellos y los protegía del poder del fuego.

El rey, espantado, les ordenó salir del fuego. Y todos pudieron ver el milagro que Dios había hecho a favor de sus fieles testigos.

Dios nunca deja sin respuesta a la fe, incluso si algunos han muerto como mártires. Si tenemos que pasar por la prueba, descansemos confiadamente en Dios. ¡Él nos responderá!

Jeremías 50:21-46 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23

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Alabanza colectiva

Domingo 16 Septiembre

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.

Juan 4:23

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él (Jesús), sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

Hebreos 13:15

Alabanza colectiva

Los cristianos somos invitados a alabar y adorar a Dios. ¡Él es digno de todo honor y de toda gloria!

“Ofrezcamos siempre a Dios… sacrificio de alabanza”. Esto nos anima a estar dispuestos a alabar a Dios individualmente en nuestra vida diaria. Pero también nos conduce a alabarlo y adorarlo juntos cada domingo, primer día de la semana, porque fuimos rescatados mediante el sacrificio de su Hijo.

Nuestra alabanza es el “fruto de labios”: la adoración cristiana no es material, sino espiritual. Nuestros labios expresan los sentimientos de nuestro corazón. Mediante himnos, oraciones y la lectura de la Biblia expresamos con palabras la alabanza de nuestros corazones ante Dios.

“De labios que confiesan su nombre”, el nombre del Señor Jesús. Confesar su nombre es expresar públicamente, con la ayuda de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo, lo que él es, Hijo de Dios e Hijo de hombre, lo que hizo por Dios su Padre y por nosotros, a quienes rescató.

Significa contemplar maravillados la obra de la redención en la cruz, expresar a Dios nuestra adoración ante los diferentes aspectos de la muerte expiatoria de Cristo, de sus profundos dolores y de las bienaventuradas consecuencias que nos brindan.

El Padre busca adoradores. “Adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor” (Salmo 95:6).

Jeremías 48:28-47 – 2 Corintios 5 – Salmo 106:1-5 – Proverbios 23:15-16

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¿Qué opinión tenemos de nosotros?

Sábado 15 Septiembre

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Romanos 12:3

Por la gracia de Dios soy lo que soy.

1 Corintios 15:10

¿Qué opinión tenemos de nosotros?

A menudo los profesores tienen alumnos muy seguros de sí mismos, que creen saberlo todo y prestan poca atención a los consejos que se les dan. A veces quedan muy sorprendidos cuando reciben los resultados de los exámenes… Por otro lado, también hay muchos jóvenes que no tienen ninguna confianza en sí mismos y dudan de sus capacidades hasta tal punto que quedan paralizados ante la hoja del examen. En ambos casos el profesor tiene que encontrar las palabras apropiadas para mejorar la situación.

En cualquier momento el cristiano puede caer en uno de esos excesos, y todos debemos reflexionar en ello. El apóstol Pablo exhorta a cada uno a no tener “más alto concepto de sí que el que debe tener”. Este versículo nos advierte de ambos peligros. Nos sensibiliza sobre nuestra tendencia natural a ser pretenciosos y a creer que somos capaces de hacer cosas para las que no estamos preparados. Pero también nos dice que no debemos subestimar (menospreciar), quizá por falta de fe, las capacidades que Dios nos da.

La pretensión nos llevará a hacer un pésimo trabajo, y la falta de confianza podría volvernos perezosos, sin ánimo para actuar. No olvidemos que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Con su guía, guardados en la humildad de Cristo, sirvamos al Señor, cada uno en el lugar que Dios le dio.

Jeremías 48:1-27 – 2 Corintios 4 – Salmo 105:37-45 – Proverbios 23:13-14

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Dios sabe qué necesitamos

Viernes 14 Septiembre

Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina… Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Hebreos 12:5-7

Dios sabe qué necesitamos

«A los 14 años acepté al Señor Jesús como mi Salvador. Lo seguí durante varios años, pero a los 18 me «lancé» a los placeres malsanos y tuve una vida disoluta. Me fui como voluntario a prestar el servicio militar en África. Quería alejarme de Lyon, mi pueblo natal, ¡ir lejos de Dios! En el momento de salir, mi padre me dijo llorando: «Valentin, no podemos burlarnos de Dios», y me citó este versículo de la Biblia: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Este versículo me siguió durante aquel largo viaje en barco y en avión hasta llegar a África.

Al año siguiente, después de muchas peripecias, un africano me interpeló y me invitó un domingo a una capilla de su pueblo en la sabana, a escuchar a un predicador cristiano. El Señor volvió a tocar mi corazón. El miércoles siguiente tuve un accidente automovilístico que me dejó más de dos meses en coma. Después de varias operaciones tuve que aprender nuevamente a caminar, a hablar y a comer solo. En mis años de parálisis a veces tuve momentos de desánimo, pero Dios fue un consolador poderoso en mi prueba. Todavía llevo las secuelas visibles de aquel terrible accidente, pero con la ayuda de Dios trato de servirle, a pesar de mi discapacidad física, y puedo decir, después de más de 45 años, que Dios ha sido fiel. “El Señor al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Proverbios 3:12).

Valentin

Jeremías 47 – 2 Corintios 3 – Salmo 105:23-36 – Proverbios 23:12

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Perseverad en la oración.

Jueves 13 Septiembre

Perseverad en la oración.

Colosenses 4:2

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

Nuestras citas con el Señor

Se cuenta la historia de un ministro cristiano que, una mañana, hizo esperar al rey. «Le ruego que me disculpe, Majestad, tenía una cita con el Rey de reyes, dijo cuando llegó». Así calificaba ese tiempo de oración con su Dios.

La oración es la actividad primera de nuestra vida cristiana. Velemos para que esta comunicación con Dios siempre esté abierta para adorarlo, alabarlo, interceder, presentarle nuestras necesidades y darle gracias por sus dones y sus respuestas. Tener una audiencia con el Dios soberano es el privilegio más elevado que un hombre podría esperar.

Nuestro servicio cristiano, en privado o en público, es importante; pero debe estar en armonía con nuestra vida interior y ser el resultado de la comunión con el Señor. Cuidémonos de engañarnos a nosotros mismos mediante actividades motivadas sobre todo por sentimientos altruistas que no estén fundados en la fe en Jesucristo, nuestro Maestro, ni dirigidos por él.

Es importante que dediquemos tiempo a la oración. Nuestro Señor nos dio ejemplo de ello cuando vivió en la tierra; los evangelios nos dan testimonio de ello: “Él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (Lucas 6:12). Como él, busquemos momentos tranquilos, lejos de todo, para estar en compañía de nuestro Maestro. Siempre saldremos con más seguridad y energía para llevar a cabo las tareas que él nos confía.

Jeremías 45-46 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11

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Primer mandamiento: No tendrás dioses ajenos

Miércoles 12 Septiembre

Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.

Éxodo 20:1-3

Todos los dioses de los pueblos son ídolos; pero el Señor hizo los cielos.

Salmo 96:5

Primer mandamiento: No tendrás dioses ajenos

El pueblo de Dios había estado cautivo en Egipto. Explotados duramente, estaban heridos y afligidos debido al decreto del Faraón que ordenaba matar a todos los niños varones que naciesen. Dios vio su desesperación e intervino para liberarlos mediante milagros extraordinarios. Con bondad los protegió hasta su total liberación: sus opresores fueron tragados por el mar Rojo (Éxodo 14).

Inmediatamente después, ese pueblo cantó su liberación y adoró al Dios que lo había salvado (Éxodo 15).

El primer mandamiento concierne a la adoración exclusiva a Dios: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. ¿Por qué tenía que precisarlo? Ese Dios único que acababa de liberarlos, ¿no cautivaría el corazón de cada uno?

¡Todo lo contrario! En el momento en que Dios daba sus mandamientos a Moisés en la montaña, abajo, en la llanura, ¡el pueblo hacía un ídolo, un becerro de oro, imagen de un dios egipcio, para adorarlo!

Para nosotros hoy, Egipto es el mundo que nos oprime debido a su dureza, nos seduce mediante sus codicias, nos ata mediante sus ídolos y nos destruye por sus adicciones. El Faraón es el diablo, el príncipe de este mundo.

Dios intervino para abrirnos un camino de libertad, mucho más maravilloso que el de los tiempos de Moisés, simplemente mediante la fe en Jesucristo. Si usted aceptó ir por ese camino, si Jesús lo salvó, ¿a quién adora hoy, quién es su Dios?

(continuará el próximo miércoles)

Jeremías 44 – 2 Corintios 1 – Salmo 105:7-15 – Proverbios 23:6-8

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Del ocultismo a la verdad (2)

Martes 11 Septiembre

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Gálatas 5:1

Del ocultismo a la verdad (2)

«Para ver la luz, a menudo el ser humano necesita caer en un agujero profundo. Al levantar los ojos hacia Dios, se da cuenta de que se ha equivocado; entonces puede experimentar la gracia divina. ¡Eso fue lo que me sucedió!

Tres meses después me convertí a Jesucristo. Me sentía como asfixiada, hasta el día en que puse ante el Señor mi carga de pecados que ya no soportaba más, y el Señor me perdonó. En el fondo de mi corazón sentía un profundo arrepentimiento. Tomar consciencia de nuestros pecados es una gracia del Señor, y solo su gracia puede salvarnos.

Mi forma de ver el mundo, a la gente y mi vida cambió totalmente. ¡El Señor me abrió los ojos! Él es mi Pastor y nada me faltará, como está escrito en el Salmo 23. Desde entonces, Dios probó mi fe en muchos aspectos. Las confrontaciones con el ocultismo fueron frecuentes; entonces di testimonio abiertamente de mi fe cristiana, del peligro del ocultismo y de la victoria de Jesucristo. Hablo de todo esto para que la gente entienda el poder de las tinieblas y su influencia sobre los hombres. Pero, ¡qué experiencia descubrir el infinito poder de Dios cuando nos libera! ¡Estaba perdida, era miserable, realmente era esclava de todas esas cosas!

Hoy puedo vivir libre del ocultismo gracias a Jesucristo mi Salvador, quien también es mi Señor».

Céline L.

“El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre” (Salmo 23:1-3).

Jeremías 43 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5

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Del ocultismo a la verdad (1)

Lunes 10 Septiembre

No sea hallado en ti… quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.

Deuteronomio 18:10-11

Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.

1 Tes. 1:9

Del ocultismo a la verdad (1)

«Desde que yo tenía diez años, mi abuela paterna me enseñó, no a orar antes de ir a dormir, sino a predecir el futuro a partir de las cartas, es decir, a practicar la videncia. Hoy puedo decir que es una trampa diabólica, una abominación ante Dios. Uno pasa a ser el instrumento de poderes maléficos pensando que solo se trata de un juego… Uno queda atado y se vuelve esclavo.

El ocultismo estaba presente en nuestra familia sin que nos diésemos cuenta. Era como si una telaraña se estuviese tejiendo lentamente a mi alrededor. Pero un día me reuní con un grupo de astrólogos y descubrí un libro que me invitaba a hacer «oraciones astrológicas». Entonces comprendí en donde me estaba hundiendo. ¿Cómo podía orar a los astros? A partir de ese momento tomé la decisión de dejar el grupo.

Cierta noche abrí una Biblia y leí por primera vez, en el evangelio según Juan, ese pasaje en el que Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Sentí escalofríos, y mis ojos se llenaron de lágrimas. ¿Qué había sucedido?

Por primera vez fui a una reunión cristiana. El Señor había preparado mi corazón. ¡Yo estaba sumida en la mentira, pero el mensaje bíblico era claro! El siguiente domingo, sedienta de verdad, pasé la tarde haciendo preguntas al predicador. Comprendí que todo lo que estaba oyendo era la única verdad».

(mañana continuará)

Jeremías 42 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3

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