¡Cuidado, peligro!

Domingo 9 Septiembre

Volved a aquel contra quien se rebelaron profundamente los hijos de Israel.

Isaías 31:6

¡Cuidado, peligro!

– Lot, habitante de Sodoma, era un hombre influyente en esa ciudad depravada. Como sabía que Dios no aprobaba los actos perversos y contrarios a la naturaleza cometidos en ese lugar, “afligía cada día su alma justa” (2 Pedro 2:8) debido a lo que veía y oía. Sin embargo permanecía allí. Dos ángeles tuvieron que escoltarlo y sacarlo de la ciudad, para que el juicio no lo alcanzara (véase Génesis 19).

– David, perseguido por el rey Saúl, huyó y se refugió junto al rey Aquis, un enemigo del pueblo de Dios. Pero cuando los siervos de Aquis lo reconocieron, David temió por su vida. Fingió estar loco (1 Samuel 21:13), y luego, para vergüenza suya, tuvo que escaparse de allí.

– Jonás, en vez de obedecer la orden de Dios e ir a Nínive, huyó en un navío que iba en dirección contraria, a Tarsis. Dios, el Todopoderoso, envió una tempestad que atemorizó a todos los marineros. Como Jonás había reconocido ser la causa de aquella tempestad, lo lanzaron al mar. Allí un gran pez se lo tragó, y al cabo de tres días y tres noches, por orden de su Creador, el pez vomitó a Jonás en la tierra.

– Pedro, discípulo de Jesús, se estaba calentando al fuego junto a los enemigos de su Maestro. Cuando le preguntaron sobre su relación con Jesús, tres veces dijo que no lo conocía (Marcos 14:66-72).

Un creyente no puede ser feliz ni agradar a Dios cuando su conducta es opuesta a la voluntad de Dios. ¡Pero siempre se puede dar media vuelta! “Convertíos (den media vuelta) a mí con todo vuestro corazón… Convertíos al Señor vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente” (Joel 2:12-13).

Jeremías 41 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29

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Hijos de Dios

Sábado 8 Septiembre

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios… Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:1-2

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Romanos 5:5

Hijos de Dios

¡Qué título! ¿Quién podría pretender tenerlo? Dios lo da a todos los que reciben a Jesús como su Salvador, tal como mis padres me dieron sus apellidos cuando nací.

La Biblia nos dice: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13). Los que creen en Jesús nacen de nuevo. Reciben su vida, la vida eterna. Dios los llama sus hijos.

Dios desea que manifestemos los mismos caracteres que él. Él es luz (1 Juan 1:5), y nos pide que andemos “como hijos de luz” (Efesios 5:8). También es amor (1 Juan 4:8), y el Espíritu Santo derrama su amor en nuestros corazones (Romanos 5:5) para que lo vivamos en todas nuestras relaciones, sobre todo con nuestros hermanos y hermanas de la familia de Dios.

También existe una casa familiar en la que todos los hijos de Dios vivirán un día; esta es la casa del Padre (Juan 14:2).

Una gran herencia espera a todos los que componen la familia. Dicha herencia está “reservada en los cielos” (1 Pedro 1:4), y no puede desaparecer ni perder su valor.

Pero lo más hermoso de todo es que tengo un Padre que me ama incondicionalmente y siempre vela sobre mí. “El Padre mismo os ama” (Juan 16:27).

¿Pertenece usted a esta familia?

Jeremías 40 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28

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¿Quién era más feliz?

Viernes 7 Septiembre

Entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia.

Ezequiel 22:26

Entonces… discerniréis la diferencia… entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

Malaquías 3:18

Bienaventurado tú… ¿Quién como tú… salvo por el Señor?

Deuteronomio 33:29

¿Quién era más feliz?

En la misma casa se hallaban un general del ejército –Naamán, muy estimado por el rey de Siria porque había salvado a su pueblo en la guerra– y una muchacha israelita sin recursos, cautiva en un país extranjero, sierva de la esposa de Naamán (2 Reyes 5). ¿Quién era más feliz? El oficial, dirá usted. Pues no. La joven tenía un tesoro que Naamán no poseía: la fe en su Dios. Y ella deseaba dar a conocer ese Dios a sus amos, porque es el Dios Salvador.

Muchos años después, en Cesarea, algunos grandes de este mundo se reunieron para escuchar, con curiosidad, cómo se defendería un acusado. Allí estaban Festo, gobernador de Judá, el rey Agripa y Berenice (Hechos 25:23). Delante de ellos estaba un prisionero cristiano. Los primeros volvieron a sus placeres, y el apóstol Pablo, escoltado, volvió a la prisión donde permanecería durante varios años. Pero leamos lo que escribió desde el fondo de sus sucesivos calabozos: “Me gozo, y me gozaré aún” (Filipenses 1:18). Más tarde, en una carta a Timoteo, le dice: “Todos me desampararon… Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen… A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4:16-18).

¿Quién era más feliz? No era el rey ni el gobernador, sino Pablo quien les dijo: “¡Quisiera Dios que por poco o por mucho… fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (Hechos 26:29).

Jeremías 39 – 1 Corintios 14:1-19 – Salmo 104:5-13 – Proverbios 22:26-27

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Fe e inteligencia

Jueves 6 Septiembre

Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.

Romanos 1:20

No te apoyes en tu propia prudencia.

Proverbios 3:5

Dame entendimiento conforme a tu palabra.

Salmo 119:169

Fe e inteligencia

Si usted pregunta a personas cristianas sobre su conversión, descubrirá que cada una tiene una historia diferente. Unos fueron interpelados repentinamente por un versículo de la Biblia, otros comprendieron poco a poco el mensaje del Evangelio, y otros pasaron por un camino doloroso lleno de largas luchas interiores.

¿Qué papel desempeña la razón en esta búsqueda de Dios? ¿Hay que dejarla de lado o apoyarse en ella? El científico Pascal escribió: «Dos excesos: excluir la razón y no admitir más que la razón». Ambas cosas conducen a un callejón sin salida. Querer apoyarse solo en la razón para buscar a Dios es una pretensión vana e ilusoria. Dios no es una idea que podamos probar, sino un ser con respecto al cual tomamos una determinación.

Llega un momento en que nuestra razón tropieza, y para avanzar debemos dar el salto de la fe. ¡No es un salto al vacío, sino un salto a los brazos de un Dios de amor!

Por el contrario, el creyente corre el riesgo de depender de la experiencia del momento y apoyarse en sus emociones pasajeras. En sus cartas el apóstol Pablo, inspirado por Dios, siempre intenta iluminar el corazón y la inteligencia. No se trata de razonar sobre Dios, sino de recibir su revelación con respeto y confianza. Esta revelación no deja de lado la razón, sino que abre nuestra inteligencia para ver “cosas que ojo no vio, ni oído oyó… las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

Jeremías 38 – 1 Corintios 13 – Salmo 104:1-4 – Proverbios 22:24-25

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Los diez mandamientos

Miércoles 5 Septiembre

El Señor escribió sobre las tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.

Éxodo 34:28, V. M.

Los diez mandamientos

Tres meses después de haber sido liberado de la esclavitud de Egipto, el pueblo de Israel recibió los diez mandamientos dados solemnemente por Dios en el monte Sinaí. Formaban la base de la primera alianza (o del primer pacto) entre Dios y su pueblo terrenal.

Pero tienen un alcance más grande. Presentan el pensamiento de Dios respecto al comportamiento de los hombres entre sí y sus relaciones con él.

Ninguna cultura ni civilización escapa al alcance de estos diez mandamientos. Ellos nos exhortan a tomar conciencia del pecado y nos muestran su origen y su carácter.

Hoy estos diez mandamientos no forman una alianza entre Dios y nosotros, los cristianos. Tenemos una relación totalmente nueva con él, a través del Señor Jesús, quien dio su vida por nosotros en la cruz. Ahora somos hijos de Dios, él es nuestro Padre.

Sin embargo, estos diez mandamientos siguen siendo muy importantes, pues nos enseñan, con toda la Biblia, sobre lo que Dios llama bien y lo que llama mal.

En nuestra época, en la que todo se relativiza y cada uno es tentado a tener su propia opinión sobre el bien y el mal, necesitamos leer estos mandamientos y dejar que su luz ilumine nuestro ser interior.

“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal” (Deuteronomio 30:15). “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28). “Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre” (Salmo 37:27).

(Los 11 miércoles siguientes podrá leer un comentario sobre «Los diez mandamientos»).

Jeremías 37 – 1 Corintios 12 – Salmo 103:19-22 – Proverbios 22:22-23

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Referencia infalible

Martes 4 Septiembre

Recibieron la palabra (de Dios) con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.

Hechos 17:11

Referencia infalible

Hace mucho tiempo un inspector preguntó a la jefa de una oficina de correos: «¿Regula cada día la hora según la radio?

–No, respondió ella, la regulo según el reloj de la alcaldía, que está en frente».

El inspector fue al ayuntamiento y preguntó al portero: «¿Su reloj marca la hora exacta?». El hombre le respondió: «La regulo según el reloj de la oficina de correos, y veo que no varía. Sabe, ¡los carteros siempre tienen la hora exacta!».

De esta manera cada uno estaba seguro de tener la hora correcta, fiándose del vecino de enfrente. ¡Qué garantía tan precaria!

Amigos cristianos, si regulamos nuestra conducta según la de nuestros hermanos o hermanas en la fe, corremos el riesgo de equivocarnos. Nuestra única norma, infalible para conducirnos en obediencia a Dios, es la Biblia. ¿La leemos cada día? La Palabra de Dios, guía segura, nos revela a Jesús, el enviado de Dios, el Mesías. Nos invita a no conformarnos a los principios de vida que guían al mundo de hoy, sino a ser imitadores de Dios y a seguir el ejemplo de Cristo: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:1-2). “Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

¿Cuáles serán nuestras referencias?

“Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces… de conocer el amor de Cristo” (Efesios 3:17-19).

Jeremías 36 – 1 Corintios 11:23-34 – Salmo 103:13-18 – Proverbios 22:20-21

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Nunca lo conseguiré

Lunes 3 Septiembre

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Mateo 6:34

No desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré.

Isaías 41:10

Te haré entender, y te enseñaré.

Salmo 32:8

Nunca lo conseguiré

Rebeca tenía seis años y estaba aprendiendo a leer. Víctor tenía doce e iba al colegio. Una tarde la niña observó las tareas que su hermano hacía y se dio cuenta de que no comprendía nada. Entonces se acercó a su madre y le dijo con una voz inquieta: «Mamá, cuando vaya al colegio nunca podré hacer lo que Víctor hace, ¡es demasiado difícil!».

Al ver la preocupación de la niña, su madre la consoló: «Rebeca, tú solo tienes seis años, Víctor tiene doce. Es normal que a tu edad lo que él hace te parezca demasiado complicado, ¡pero hoy nadie te pide que hagas las tareas de tu hermano! Tu profesora te pide que hagas cosas adaptadas a tu edad, sabe qué eres capaz de hacer. Esfuérzate sencillamente en aprender cada día lo que ella te pide. Cuando llegue el momento, verás que podrás hacer los ejercicios que Víctor hace».

En la vida cristiana también hay edades espirituales diferentes. La familia de la fe está compuesta por hijitos, jóvenes y padres (1 Juan 2:12-14). De esta manera algunos cristianos están más adelantados que otros. Pero no nos comparemos unos con otros, preguntándonos con inquietud si seremos capaces de hacer lo que hace este o aquel. ¡Confiemos en Dios! Él conoce nuestra capacidad mejor que nosotros, y adapta a ella lo que nos pide.

Esforcémonos en asimilar las lecciones de hoy. Ellas nos preparan para las que Dios quiere enseñarnos mañana. Así nuestros progresos espirituales serán para su gloria.

Jeremías 35 – 1 Corintios 11:1-22 – Salmo 103:6-12 – Proverbios 22:17-19

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Para mí el vivir es Cristo

Domingo 2 Septiembre

(El apóstol Pablo dijo:) Las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio… Sé que… será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:12, 19-21

Para mí el vivir es Cristo

El que declaró esto no vivía en un palacio, ni estaba colmado de los placeres de esta vida, ni rodeado por el amor de los suyos. El apóstol Pablo se hallaba preso en Roma debido a su fe en Cristo. Entonces, ¿cuál era el secreto de su felicidad y su fuerza interior?

No era una religión ni un conjunto de reglas morales, sino una persona a quien amaba. ¡Este era su recurso interior en medio de sus sufrimientos! A los ojos de sus contemporáneos su vida podía parecer un fracaso. Pero esto no le importaba, pues había encontrado en Jesucristo la respuesta a todas las necesidades de su corazón.

Esta experiencia no está reservada a una élite; se halla al alcance de todo creyente. Junto a Cristo podemos pasar por las diferentes circunstancias de la vida, felices o difíciles, tratando de agradar al Dios que Jesucristo nos reveló. El apóstol Pablo nos invita a vivir una vida en la que Cristo sea la fuente, la fuerza, el modelo y el objetivo en nuestras relaciones diarias con nuestros amigos, vecinos, compañeros de estudio, de trabajo. Y quizá también a través del estrés, la tentación, los problemas familiares, de salud o en medio del duelo…

Gozar así de la presencia de Jesús es una experiencia que se vive en la tierra. En el cielo la vida terrenal ya no existirá. En medio de las circunstancias favorables o adversas, tenemos la oportunidad de hacer brillar la grandeza moral de Cristo, reproduciendo en una pequeña medida algunos de sus atributos.

Jeremías 34 – 1 Corintios 10 – Salmo 103:1-5 – Proverbios 22:16

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Jesús te ama

Sábado 1 Septiembre

(Jesús) llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.

Marcos 3:13

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

Juan 15:9

Jesús te ama

Un hombre rudo y sin escrúpulos, miembro de la mafia, estaba en una taberna italiana rodeado de varios mafiosos, cuando una niña entró, se dirigió a él sin miedo, lo tocó con el dedo índice y le dijo: «Jesús te ama». El hombre, irritado, le respondió bruscamente: «¡Déjame en paz!». Un momento más tarde la niña regresó, lo tocó de nuevo y repitió: «Sabes, Jesús te ama». Ya te dije: «¡Déjame! ¡Vete!». La chica volvió una tercera vez y repitió: «Jesús te ama». El hombre perdió la paciencia, la tomó por la nuca, la empujó hacia la puerta y la echó fuera.

Sin temor al peligro que corría importunando a aquel hombre, la niña regresó un poco más tarde y le volvió a decir con una sonrisa persuasiva: «Jesús te ama».

Este hombre cuenta que durante dos años dichas palabras resonaron en su mente sin que pudiera deshacerse de ellas. ¡Fueron el medio de su conversión! Hoy predica el Evangelio y sirve a Dios, quien se reveló a él de forma tan particular. Anuncia la Palabra de Dios por el mundo, testificando con poder el amor y la gracia de Dios que lo salvaron. “Fiel es el que os llama” (1 Tesalonicenses 5:24). “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15).

“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

“Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5).

Jeremías 33 – 1 Corintios 9 – Salmo 102:23-28 – Proverbios 22:15

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¿Por qué yo?

Miércoles 29 Agosto

Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.

2 Corintios 4:17

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Romanos 8:18

¿Por qué yo?

«Todos los que me rodean tienen una buena salud y yo sufro de una enfermedad cada día más incapacitante, sin esperanza de curación. ¿Por qué me tocó a mí y no a los demás? ¿Qué he hecho para sufrir tanto?». A menudo surgen estas preguntas… La vida parece injusta. Para algunos ella se desarrolla sin problemas ni preocupaciones; en cambio para otros las dificultades se acumulan.

El patriarca Job, que pasó por una prueba muy grande al perder todos sus bienes, sus hijos y su salud, dijo: “¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza! Porque pesarían ahora más que la arena del mar; por eso mis palabras han sido precipitadas” (Job 6:1-3). Si vemos las cosas solo desde el punto de vista de nuestra vida aquí en la tierra, todo parece causar desánimo. Pero Dios nos ama, es sensible a nuestras angustias y quiere que veamos más allá de las cosas visibles, “pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18). Desde la perspectiva divina, el sufrimiento cobra otro sentido. Lo que para el incrédulo es una injusticia, para el creyente que confía en Dios es una prueba que se convertirá en motivo de “alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). Mediante los versículos de hoy, el apóstol Pablo anima a todos los que sufren. En medio de sus numerosas pruebas fue sostenido por la certeza de que Dios lo amaba y por las perspectivas eternas que reserva a los creyentes.

Jeremías 31:21-40 – 1 Corintios 7:1-24 – Salmo 102:1-8 – Proverbios 22:10-11

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