Jesucristo, revelación de Dios

Miércoles 18 Julio

El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

1 Corintios 2:14

Jesús le dijo… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Juan 14:9

Jesucristo, revelación de Dios

Robert Millikam (1868-1953), premio Nobel de física, afirmó en 1928: «Es infinitamente improbable que el hombre utilice un día la potencia del átomo. La idea ilusoria según la cual emplearemos la energía atómica cuando nuestras reservas de carbón se hayan agotado es un sueño nada científico y utópico». Sin embargo, menos de veinte años más tarde, la primera bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima; y hoy buena parte de la electricidad producida en el mundo proviene de centrales nucleares.

Si la mente humana más instruida se muestra limitada para comprender el ámbito material, ¿cómo puede sondear el ámbito espiritual? ¿Seríamos ingenuos hasta el punto de pensar que la criatura puede comprender todo lo relacionado con su Creador? Necesitamos una revelación para conocer a Dios. Jesucristo nos reveló a ese Dios que los filósofos no alcanzan a conocer con sus investigaciones. Nos dio a conocer no solo al Creador de todas las cosas, sino también a un Dios que es a la vez santidad y amor, verdad y gracia. También nos mostró que ese gran Dios de los cielos se humilló voluntariamente, que vivió en la pobreza por amor a nosotros, para que nosotros fuésemos enriquecidos (2 Corintios 8:9). Esta humillación lo llevó hasta morir en la cruz a fin de redimir a pecadores como nosotros.

¡Qué maravillosa persona es Jesús! Nos hace discernir todos los atributos de Dios y, mediante su obra en la cruz, permite que nos acerquemos a Dios como a nuestro Padre.

Números 28 – Lucas 6:20-49 – Salmo 85:1-7 – Proverbios 19:20-21

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Libres del juicio

Martes 17 Julio

Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

1 Tesalonicenses 1:10

No temas, cree solamente.

Marcos 5:36

Ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.

Isaías 8:12

Libres del juicio

Las perspectivas económicas y ecológicas son alarmantes; los conflictos actuales hacen que la gente tenga miedo de otros venideros… ¡Sí, los temores de mucha gente con respecto al futuro son fundados!

La Biblia nos habla de acontecimientos todavía más terribles cuando los juicios de Dios caigan sobre la tierra.

Pero lo más importante para cada uno de nosotros es esta palabra: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). ¿No le parece solemne? Todos los que durante su vida no hayan aceptado a Jesús como Salvador, tendrán que comparecer ante el Dios santo y justo para ser “juzgados cada uno según sus obras” y ser lanzados “al lago de fuego” (Apocalipsis 20:13, 15).

Hoy el deseo de Dios, quien ama a sus criaturas, es que cada uno reflexione sobre el futuro que él le ofrece, un futuro feliz en su presencia durante la eternidad. Mientras estamos en esta tierra, Dios nos apremia a aceptar sin tardar el medio para escapar de la condenación. Este medio es la fe en “Jesús, quien nos libra de la ira venidera”. Para los que creen en Jesús, Dios hace mucho más que liberarlos de su ira: los adopta y hace de ellos sus hijos. Reciben su paz y su favor desde el momento en que depositan su confianza en su Hijo Jesucristo. Entonces pueden decir: “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1).

Números 27 – Lucas 6:1-19 – Salmo 84:8-12 – Proverbios 19:18-19

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Hombres de valor

Lunes 16 Julio

Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

1 Pedro 1:18-19

Hombres de valor

Para usted, ¿cuál es la definición de un hombre de valor? ¿Una persona que durante su vida manifestó grandes cualidades o hizo cosas sobresalientes? La Biblia evoca numerosos personajes que jugaron un papel en la historia de Israel y en la de los pueblos circundantes.

Sin embargo deja casi completamente en el olvido a la mayoría de los hombres de la Antigüedad que marcaron su época y a quienes la humanidad recuerda y honra.

Dios no da la misma importancia que nosotros a las cualidades y capacidades naturales, o incluso a las hazañas que constituyen el orgullo de la vida de una persona. Para Dios el valor de un ser humano no reside en lo que este es, en lo que hizo o en lo que posee, sino en el precio pagado para salvarlo. Antiguamente un esclavo quedaba en libertad si alguien pagaba en su lugar cierta cantidad de dinero. Así Jesucristo rescató a todos los que creen en él, pagando su liberación con su propia vida. ¡Ninguna otra cosa era suficiente! ¡Quizá su conducta fuese buena, pero de ninguna manera podría ser comparada al valor de la preciosa sangre de Cristo!

Con respecto a sus rescatados, Dios declara: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé” (Isaías 43:1, 4). “Serán para mí especial tesoro, ha dicho el Señor” (Malaquías 3:17).

¡Todos los que han sido rescatados mediante la sangre preciosa de Cristo tienen un inmenso valor para Dios!

Números 26 – Lucas 5:17-39 – Salmo 84:5-7 – Proverbios 19:17

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La misericordia divina

Domingo 15 Julio

Éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo.

Efesios 2:3-5

La misericordia divina

Algunos versículos de la Biblia:

“Vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal… y le dolió en su corazón” (Génesis 6:5-6).

“Se acordó de que eran carne” (Salmo 78:39). “Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:14).

“En nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre es su misericordia” (Salmo 136:23).

“Misericordioso y clemente es el Señor; lento para la ira, y grande en misericordia… No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados” (Salmo 103:8, 10).

“Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:5-6).

“El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

“Nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz… nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. En él “tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:12-14).

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3).

Números 25 – Lucas 5:1-16 – Salmo 84:1-4 – Proverbios 19:15-16

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El crecimiento espiritual

Jueves 12 Julio

Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

2 Pedro 3:18

Vamos adelante a la perfección.

Hebreos 6:1

El crecimiento espiritual

La epístola a los Hebreos nos habla de creyentes que, después de haber progresado en el conocimiento de Cristo, no veían más la necesidad de leer regularmente la Palabra de Dios. Su amor por el Señor Jesús se había enfriado, las verdades conocidas anteriormente habían sido olvidadas. Habían vuelto al estado de “niños”; necesitaban que las bases de la Palabra de Dios les fuesen enseñadas nuevamente. Se habían vuelto “tardos para oír” (Hebreos 5:11-12).

Este peligro también nos acecha: después de haber pasado por la feliz etapa de nuestra conversión, podemos dejarnos llevar por la pereza espiritual. Esta decadencia puede ser el resultado de la negligencia, de las múltiples ocupaciones, de una falta de amor por el Señor. ¡El mundo ofrece tantas cosas para desviar la mente de lo que es primordial para la fe!

Conformarse con un cristianismo elemental, limitado al perdón de nuestros pecados, no llena el alma del conocimiento de la voluntad de Dios. El cristiano está invitado a recibir la sabiduría y la inteligencia espiritual mediante la Palabra de Dios. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). Solo ella puede obrar en nosotros para que andemos “como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10).

“Oye, oh Dios, mi clamor; a mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio, y torre fuerte delante del enemigo” (Salmo 61:1-3).

Números 22 – Lucas 3 – Salmo 82 – Proverbios 19:9-10

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“Más bienaventurado es dar que recibir”

Miércoles 11 Julio

Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5:8

Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

1 Juan 4:19

Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro.

1 Pedro 1:22

“Más bienaventurado es dar que recibir”

Un día un cristiano se quejaba de no recibir amor fraternal en su congregación. Su interlocutor le respondió: ¡Amigo mío, primero ofrece tú ese amor a los otros! ¡Si crees que va a brotar por sí solo, tendrás que seguir esperando mucho tiempo!

Comprendemos perfectamente el sentido de esta respuesta. ¡A menudo esperamos mucho de los demás, sin pensar en nuestros propios deberes hacia ellos! Felizmente Dios no obra así respecto a nosotros. Él nos amó cuando nosotros, pecadores y enemigos suyos, estábamos aún sin fuerzas para acercarnos a él (Romanos 5:6-10). Jesús, clavado en una cruz e injuriado por la multitud, rogó a su Padre: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

¡Que él sea nuestro modelo! Seamos los primeros en manifestar amor a quienes nos rodean, incluso en situaciones difíciles o cuando nos sentimos agredidos o ignorados: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Esto es imprescindible para hacer emanar del corazón de nuestro hermano o hermana esta agua abundante que también nos refrescará a nosotros.

E incluso si no tuviese ningún efecto, ¡no nos desanimemos! Nuestro Salvador nos exhorta a amar, y somos responsables ante él. El apóstol Pablo lo comprendió bien, y expresó: “Yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos” (2 Corintios 12:15).

Números 21 – Lucas 2:21-52 – Salmo 81:11-16 – Proverbios 19:7-8©

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Hijos, obedeced a vuestros padres

Lunes 9 Julio

Hijos, obedeced a vuestros padres… porque esto agrada al Señor.

Colosenses 3:20

Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.

Efesios 6:1

Hijos, obedeced a vuestros padres

Tú que lees el título de este pequeño texto quizá levantes los hombros, diciendo: «Sí, sí, ya sabemos…». Sin embargo, es una orden de Dios quien añade: “porque esto agrada al Señor”, “porque esto es justo”, es decir, es la voluntad de Dios que sea así. Si Jesucristo es tu Salvador, esta es una manera sencilla de agradarle. Pero hay una condición: que las peticiones de los padres no sean opuestas a las enseñanzas de la Biblia.

Hay varias maneras de obedecer, por ejemplo, estás leyendo un libro y justo en el momento más emocionante tus padres te llaman a comer. ¿Dejarás el libro e irás inmediatamente, o más bien dirás: «Sí, ya voy», pero continúas tranquilamente tu lectura hasta que tus padres se enojen y vayas de mala gana? ¡Está claro que esta no es la obediencia que agrada al Señor!

Observemos en la Biblia el ejemplo de un adolescente de 17 años: José (Génesis 37). Su padre le pidió que fuese a ver cómo estaban sus hermanos, a pesar de que no lo amaban. José no solo obedeció sin protestar, sino que al no encontrar a sus hermanos en el lugar donde deberían estar, insistió en buscarlos hasta encontrarlos, siguiendo las indicaciones de un hombre (v. 12-20).

Esta obediencia tuvo como consecuencia que pasara por momentos difíciles, pero varias veces la Palabra afirma: “El Señor estaba con José” (Génesis 39:2-3, 23). Y, después de muchos años de prueba, Dios lo bendijo mucho más de lo que podía haber imaginado: se convirtió en el hombre más importante de Egipto después del Faraón.

Números 19 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

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El tiempo huye, la eternidad se acerca

Domingo 8 Julio

Hazme saber, Señor, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti.

Salmo 39:4-5

El tiempo huye, la eternidad se acerca

En la fachada de una iglesia de un pequeño pueblo se puede leer esta inscripción. Para algunos es una amenaza, otros no le dan importancia, pero esta inscripción no puede dejar indiferente a nadie:

–El tiempo huye, pues nuestra vida es similar a una «cuenta regresiva»: cada día que pasa no vuelve. Sin embargo, nos gustaría volver a vivir algunas épocas en las cuales fuimos felices, aprovechar las ocasiones que perdimos, borrar algunos días que nos avergüenzan. El tiempo huye, pero al igual que en una película, todas nuestras acciones, palabras y pensamientos están grabados: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36).

–La eternidad se acerca incluso si intentamos no pensar en ella. Algunos dicen que después de la muerte no hay nada, otros dicen que como Dios es bueno nos recibirá a todos en el cielo.

Sin embargo, Dios, quien es bueno pero también justo, nos dice que después de la muerte solo hay dos situaciones posibles:

– “Estar con Cristo” (Filipenses 1:23), para todo el que haya aceptado a Jesús como su Salvador, quien lo libera del día del juicio (Hebreos 9:27);

– o estar solo, condenado, cargado con los pecados, para el que haya rechazado a Cristo.

El tiempo huye: es una invitación a conocer a Jesús como Salvador, y a vivir hoy de forma que le agrade.

La eternidad se acerca: ¿tendrá usted una eternidad de paz y felicidad con Cristo? ¡Todo depende de su decisión!

Números 18 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

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¡Vale la pena creer!

Sábado 7 Julio

(Jesús les dijo:) Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

Marcos 2:17

¡Vale la pena creer!

–Buenos días, Andrés, ¿cómo estás?

–Ah, todo va bien desde que abandoné la amable fe de la casa paterna…

Así respondió este joven, con ironía, a un amigo mayor que él.

–Vivo sin obligaciones, soy independiente. No quiero perderme nada de la vida, disfruto de todo. Por fin puedo ser libre…

A este discurso lleno de euforia, el viejo amigo le respondió:

–Tengo que darte saludos de tu amigo médico.

–¿De quién hablas?

–De Isaías, el profeta de la Biblia. Este es su diagnóstico: “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente” (Isaías 1:5).

En el ámbito espiritual, estás a punto de sufrir un infarto. A los ojos de Dios, tu nueva forma de pensar, tus objetivos, tu vida, muestran que, para él, estás tan enfermo que vas a morir. ¡Pero nunca olvides, Andrés, que Dios te ama!

Algunas semanas más tarde los dos amigos se volvieron a encontrar.

–Juan, tengo que decirte algo de parte del médico Isaías, dijo Andrés.

–Dime…

–Isaías dice: “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). Esto fue lo que me sucedió. Creía que era libre… Luego tuve una gran lucha dentro de mí: ¿por qué camino andaba, por el de la vida o el de la muerte?… El Salvador de los pecadores, Jesucristo, es ahora mi Salvador. ¡Vale la pena creer!

Números 17 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24

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Orar con un corazón sincero

Viernes 6 Julio

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Lucas 11:9

Orar con un corazón sincero

A menudo el siguiente versículo me ha reconfortado: “Me invocaréis… y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis”. Pero la continuación también me interpela: “porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:12-13).

Puede suceder que oremos, que pronunciemos palabras, pero nuestro corazón no está realmente comprometido. Cierto día Dios hizo este reproche a su pueblo: “Este pueblo se acerca a mí con su boca… pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13). La verdadera oración viene del corazón. En los momentos difíciles, el Señor nos enseña a orar desde lo más profundo de nuestro corazón. La Biblia nos muestra numerosos ejemplos de creyentes que, en medio de la prueba, clamaron a Dios y él los escuchó. Ese clamor sincero que sube a Dios es la verdadera oración del corazón.

Hay que orar con el corazón, pero también con una buena conciencia. “La oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8). El Señor nos da esta buena conciencia al perdonar nuestras faltas. Pero debemos cuidarla como un tesoro, y para ello debemos seguir el bien y rechazar el mal. Si nos hemos alejado del Señor, volvamos a él sin tardar, confesándole aquello que produjo ese distanciamiento. Entonces experimentaremos esa gozosa confianza en Dios, quien responde a nuestras oraciones.

Aprendamos a orar con perseverancia y con una conciencia iluminada por la luz divina, conscientes de nuestras verdaderas necesidades. Incluso si nuestras peticiones son imperfectas, Dios nos responderá según su sabiduría, para el bien de nuestra alma, porque nos ama.

Números 16:20-50 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22

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