¿Satisfecho conmigo mismo?

Sábado 28 Julio

Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

Apocalipsis 3:17

(Jesús dijo:) Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

Juan 7:37

¿Satisfecho conmigo mismo?

Esa persona lleva una vida honesta, asiste regularmente a las reuniones cristianas, hace el bien y podría enorgullecerse de sus conocimientos bíblicos. Por supuesto, nadie es perfecto, pero ¿no es mejor que tal compañero de trabajo o que aquella vecina? Si todo el mundo viviese como él, todo iría bien.

¿Piensa usted que esas cualidades le bastarán para presentarse ante el Dios santo? Satisfecho consigo mismo, ¿este hombre sería considerado por Dios con bondad?

No nos equivoquemos. Es a tal persona a quien el Señor Jesús, “el testigo fiel”, dice: “No sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. Nuestras pretensiones, nuestros esfuerzos, nuestras actividades religiosas y un conocimiento intelectual de la Biblia no son suficientes para presentarnos ante Dios.

Todo pecado, aunque esté minimizado por la sociedad actual, nos cierra el acceso a Dios. Cada uno de nosotros debe reconocer esto, incluso si nos cuesta aceptarlo. En vez de seguir ciegos y satisfechos con nosotros mismos, reconozcamos que efectivamente no tenemos nada que ofrecer a Dios. Solo esta actitud de humildad y confesión nos da acceso a su gracia.

Jesucristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz para darnos su perdón gratuito. La seguridad de cada creyente reposa en el precio pagado por Cristo, la cual lo colma de las insondables riquezas de su gracia.

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10).

Jeremías 1 – Lucas 11:1-28 – Salmo 89:7-14 – Proverbios 20:10-11

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La nobleza del hombre

Viernes 27 Julio

Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios.

Génesis 1:27-28

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.

1 Juan 3:1

La nobleza del hombre

¿Tiene el hombre una nobleza natural que lo distingue de los demás seres vivos? Algunos ven en su inteligencia una facultad superior, otros evocan su posibilidad de comunicarse mediante un lenguaje complejo, otros invocan sus aptitudes artísticas. La Biblia presenta al ser humano como la más noble de las criaturas. ¿Por qué? Porque fue creado a imagen de Dios, quien sopló en su nariz un aliento de vida. El hombre puede tener una relación inteligente con Dios. Su conciencia asociada a su inteligencia, su naturaleza espiritual y moral, le confieren todo ese carácter especial.

Pero desde su desobediencia inicial, el hombre perdió toda relación de confianza con su Creador. Se debate entre su rechazo a Dios y sus aspiraciones hacia la armonía que perdió. Privado de la presencia de Dios y de la comunicación con él, siente una profunda nostalgia.

¿Dejará Dios a su criatura en esta situación de oposición y fracaso? No, “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El que acepta esta gracia y confiesa su alejamiento de Dios tiene la vida eterna. Esta nueva vida le permite entrar en relación con Dios.

Desde entonces el creyente recibe una nueva nobleza. No solo la de una criatura que tiene buena relación con su Creador, sino también la de un hijo de Dios amado por su Padre. Jesucristo, su Salvador, se convierte en su Modelo, y su deseo es reproducir en su vida algo de su belleza moral.

Números 36 – Lucas 10:21-42 – Salmo 89:1-6 – Proverbios 20:8-9

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Morir en paz

Jueves 26 Julio

Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

Hebreos 9:27

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Juan 11:25

Morir en paz

Un artículo de un periódico describía irónicamente la agitación y el nerviosismo de la gente de hoy. El texto terminaba más o menos así: «Si a las 13:30 se da prisa para almorzar, a las 14:15 ya podría estrellarse con su automóvil contra un muro. Sobre las 14:30 ya podría estar en el hospital. Y si todavía se da prisa, llegaría a tiempo a su propio entierro».

En efecto, mi entierro no tendrá lugar sin mí. Durante toda nuestra vida podemos darnos prisa sin cesar, esforzarnos para no perder nada y evitar todo lo que podría ser desagradable, pero lo cierto es que la muerte nos alcanzará. No podremos evitar nuestro propio entierro, y mucho menos el juicio de Dios. Esto es lo que la Biblia dice en los versículos citados hoy.

Entonces surge una pregunta: ¿Cómo podemos escapar al veredicto de condenación, cómo morir en paz?

La respuesta se resume en una palabra: ¡Jesús! Él, el Hijo de Dios que vino a la tierra, murió en la cruz para llevar los pecados de todo el que cree en él, para sufrir la condenación en su lugar. “El que en él cree, no es condenado” (Juan 3:18). De esta manera el creyente es liberado del justo juicio de Dios. Desde ahora puede vivir con su corazón en paz.

Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Números 35 – Lucas 10:1-20 – Salmo 88:13-18 – Proverbios 20:6-7

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Su última predicación

Miércoles 25 Julio

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

2 Corintios 5:20

Su última predicación

Cuando el Titanic se hundió en el Atlántico, en abril de 1912, un joven cristiano llamado John Harper, quien se estaba preparando para ser misionero, se hallaba a bordo. Cuando el barco empezó a hundirse, Harper ayudó a los demás pasajeros a subir a los botes salvavidas, pero él no quiso subirse a ninguno de ellos: «Las mujeres y los niños, decía, luego los incrédulos». En el último momento incluso dio su salvavidas. Luego el Titanic se hundió en las profundas aguas.

Un pasajero escocés que se hallaba entre los rescatados contó lo siguiente: «Estaba flotando sobre un trozo de madera cuando un violento remolino trajo a John Harper hacia a mí. Él también estaba agarrado a un objeto flotante, y me gritó: ¿Usted es creyente? –No, le respondí. Entonces volvió a gritar: ¡Crea en el Señor Jesús y será salvo! Las olas lo alejaron, pero poco después lo volvieron a traer hacia mí. Me hizo la misma pregunta, y yo le di la misma respuesta: No, no puedo decirle que sea salvo. Entonces me repitió: ¡Crea en el Señor Jesús y será salvo!

Estas fueron sus últimas palabras. Un instante después desapareció bajo las heladas aguas. Entonces, en pleno océano y durante las trágicas horas que siguieron, entregué mi vida al Salvador. Así fui el último hombre llevado a Dios por medio de John Harper».

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9).

“Yo (Jesús), la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46).

Números 34 – Lucas 9:44-62 – Salmo 88:8-12 – Proverbios 20:4-5

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La Palabra de Dios fortalece la fe

Martes 24 Julio

Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.

Salmo 119:50

Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón.

Jeremías 15:16

La Palabra de Dios fortalece la fe

«Era joven y no estaba muy firme en la fe. Un día escuché lo siguiente en una reunión cristiana: ¿Qué va a fortalecer su fe? ¿Sus reflexiones? ¿La actualidad? ¿Lo que piensan los demás? No, ¡la Biblia! Al leerla su alma será alimentada y fortalecida.

Entonces comprendí que solo la Palabra de Dios podía liberarme de mis dudas».

La Palabra es el primer medio, empleado por el Espíritu Santo, para fortalecer nuestra fe. Cuando estamos turbados, algunos nos dicen: «¡No hay que pensar en los problemas, hay que seguir luchando!». Pero estos consejos no sirven de mucho, pues solo la Palabra de Dios tiene el poder para reconfortarnos e instruirnos a fin de que continuemos avanzando. Al leerla y pensar en ella, nuestro corazón se apega al Señor, y por medio de ella recibimos luz y fuerza.

Para animar a amigos creyentes, quizá sea útil evocar experiencias personales a fin de mostrarles que podemos simpatizar con sus dificultades. Pero solo la Palabra divina es “viva y eficaz” (Hebreos 4:12), y tiene el poder para transformar vidas.

Si no estoy lleno del amor divino, mi mensaje no tendrá ningún impacto positivo en el corazón de la persona a quien trato de animar. Y no tenemos el poder para penetrar en los corazones, como sí lo hace la Sagrada Escritura, que ha sido “inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Dejémonos impregnar por la Palabra de Dios y dirigir por su Espíritu para vivir y transmitir aquello que será una ayuda en el día difícil.

Números 33 – Lucas 9:21-43 – Salmo 88:1-7 – Proverbios 20:2-3

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¿Qué me dice la Biblia?

Lunes 23 Julio

No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:22-23

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

¿Qué me dice la Biblia?

La Biblia nunca fue tan difundida y traducida en tantos idiomas y dialectos como ahora. En muchos países está al alcance de todos los que desean leerla y escucharla. Pero, ¿cuál es nuestra actitud ante este Libro? ¿Qué tiene la Biblia más que otro libro?

A diferencia de todos los demás, nos pone directamente en contacto con Dios, quien se dirige así a cada lector. La Biblia nos revela la apreciación de Dios sobre nuestra vida. Declara que todos los hombres son pecadores y van hacia el juicio, hacia un futuro eterno lejos de él.

¿Qué debemos hacer al leer esto? Simplemente aceptar esta declaración de Dios, reconociendo que estamos en ese camino, que somos culpables ante él. Pero también debemos leer la continuación del texto para descubrir que Dios preparó el medio de salvación para nosotros, y creer simplemente en Jesucristo. Cada persona es responsable de aceptarlo.

Solo Jesús puede liberar del juicio a todo el que cree en él, y darle la vida eterna. Tomó nuestro lugar en la cruz, llevando el castigo que nosotros merecíamos debido a nuestros pecados. Jesucristo también nos dice: La voluntad de mi Padre es “que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna” (Juan 6:40). El amor de Dios quiso acercarse a mí. El poder de este mensaje y el impacto que tiene en mi vida me dan la convicción de que la Biblia es verdaderamente la Palabra de Dios.

Números 32 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

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¿A cuál de los dos queréis?

Domingo 22 Julio

Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!

Mateo 27:22

Vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida.

Hechos 3:14-15

¿A cuál de los dos queréis?

En el juicio contra Jesús, Pilato el gobernador romano propuso al pueblo de Jerusalén elegir entre dos hombres. Se los presentó y les preguntó a cuál de los dos querían soltar.

El primero se llamaba Barrabás, un famoso asesino que había fomentado un motín. Era del mismo linaje de los que querían matar a Jesús, quien les había dicho: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo… Él ha sido homicida desde el principio” (Juan 8:44).

El otro era Jesús, el Hijo de Dios (Juan 1:18). El evangelista precisa que Jesús es la fuente de la vida (Juan 1:4) y afirma: “Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20). Jesús mismo dijo: “Yo soy la resurrección y la vida”.

Ante esta elección, “todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a este, sino a Barrabás” (Juan 18:40). Entonces soltaron a Barrabás y crucificaron a Jesús. Hoy, ¿hubiésemos hecho una elección diferente?

Esta decisión pone en evidencia, de una manera solemne, el estado moral de la humanidad. Lo que vemos en el mundo actual tristemente confirma que quien lo dirige es Satanás, “el homicida”.

Sin embargo, esta constatación no debe desesperarnos, pues las consecuencias de la muerte de Jesús en la cruz son incalculables. Al permitir que su Hijo fuese crucificado, Dios tenía en vista la salvación de la humanidad culpable. ¡Jesús murió, pero también resucitó! Y a toda persona que cree en él, Dios le da la vida eterna.

Números 31:21-54 – Lucas 8:26-56 – Salmo 86:14-17 – Proverbios 19:28-29

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Arrepentíos

Sábado 21 Julio

En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 3:1-2

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 4:17

Arrepentíos

Juan el Bautista y Jesús empezaron su predicación con estas mismas palabras. ¿Por qué este llamado apremiante a arrepentirse? Porque es el punto de partida del Evangelio, es un paso obligatorio.

¿Qué significa arrepentirse? En general, este verbo evoca el remordimiento por haber obrado mal, unido al deseo de reparar la falta y no volver a cometerla. Pero esta es una definición incompleta. En el texto original griego del Nuevo Testamento, esta palabra significa literalmente «cambiar de pensamiento». No se refiere solo a sentir remordimientos por el pasado, sino a tener un cambio fundamental de perspectiva, de nuestra opinión acerca de Dios y de nosotros mismos.

El arrepentimiento no es, pues, un arrebato de remordimientos y autocompasión; es primeramente una conversión, dar media vuelta, una nueva mirada sobre nuestra vida, verla como Dios la ve. Es dejar el camino de nuestra propia voluntad para ir al Dios vivo que se revela en su Palabra.

Es volverse “de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18). Cuando la luz del amor de Cristo entra en nuestra vida, entonces empezamos a entender nuestro pecado y a separarnos de él.

Arrepentirse significa estar de acuerdo con Dios sobre qué es el pecado, mis propios pecados, para confesárselos y abandonarlos.

Números 31:1-20 – Lucas 8:1-25 – Salmo 86:7-13 – Proverbios 19:26-27

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¿Las tablas o el alma?

Viernes 20 Julio

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo (Jesús) os digo: No resistáis al que es malo… al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa… Amad a vuestros enemigos… para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.

Mateo 5:38-45

¿Las tablas o el alma?

El evangelista E. Dapozzo llegó a su casa en la madrugada, después de haber estado ausente unos días. De repente vio a unos hombres ocupados en robarle unas tablas de madera muy buenas y valiosas para él. Su primer reflejo fue llamar a la policía, pero luego pensó: ¡Estos ladrones tienen un alma, más preciosa que las tablas! Lleno de amor por ellos, Dapozzo se les acercó y les ofreció su ayuda. Estos, lejos de imaginarse que se trataba del propietario, aceptaron sorprendidos. Dapozzo escogió para ellos las mejores tablas. Cuando el automóvil estaba totalmente cargado, les ofreció un refresco para saciar su sed. Escogió su mejor refresco y lo sirvió en sus mejores vasos. Por último les explicó tranquilamente quién era él, les habló de su Salvador y los invitó a volver a su casa a escuchar el Evangelio…

Dieciséis años después, uno de los ladrones volvió a la casa de Dappozzo. Escuchó el Evangelio y recibió el mensaje de la gracia de Dios. El evangelista había perdido sus tablas, pero había ganado un alma para la eternidad. ¡Y jamás lo lamentó!

Dieciocho años más tarde, Dapozzo estaba sin dinero y tenía que construir una casa para su familia. Pero le faltaban materiales… En ese momento un amigo le envió un lote de tablas muy buenas, las cuales respondían perfectamente a su necesidad. Dios no había olvidado el sacrificio hecho hacía años al dar las tablas. ¡Una preciosa alma fue salva y él no perdió nada!

Números 30 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25

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¡Su hermano está atrapado ahí, abajo!

Jueves 19 Julio

Para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

Tito 3:8

Que sostengáis a los débiles.

1 Tesalonicenses 5:14

¡Su hermano está atrapado ahí, abajo!

Al este de Basilea (Suiza), unos obreros estaban construyendo una canalización para las aguas residuales. Para ello era necesario excavar una zanja de cinco metros de profundidad. Como no había llovido desde hacía varias semanas y el suelo estaba duro y seco, no reforzaron adecuadamente las paredes laterales de la zanja. Pero esta negligencia resultó catastrófica, pues de repente, en un lugar inestable, las paredes se derrumbaron y sepultaron a varios obreros.

Los socorristas llegaron inmediatamente. Muchos curiosos también se acercaron para ver las operaciones de salvamento. Entonces una mujer se acercó a uno de ellos y, poniéndole la mano sobre su hombro, le dijo: «Christian, ¿sabes que tu hermano está sepultado ahí?». Al escuchar estas palabras, el hombre palideció. Rápidamente se quitó su abrigo, tomó una pala y se metió en la zanja para excavar con todas sus fuerzas junto a los demás, sin descanso, hasta rescatar a las víctimas, incluido su hermano.

Amigos creyentes, ¡aquí hay una lección para nosotros! ¡Cuánta gente a nuestro alrededor es prisionera de esta naturaleza de pecado, que nos excluye de toda relación con Dios! ¿Nos preocupamos por ellos? Perdidos y tristes, al igual que estos obreros, ¡necesitan ser liberados! Tengamos compasión para socorrer a nuestros padres, vecinos, compañeros de trabajo… ¡Hablémosles de Cristo el Salvador! Él es el único camino para pasar de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida eterna.

Números 29 – Lucas 7:1-23 – Salmo 85:8-13 – Proverbios 19:22-23

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