Las diez jóvenes

Sábado 3 Marzo

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora.

Mateo 25:13

Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Romanos 8:9

(Jesús dijo:) Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

Apocalipsis 22:20

Las diez jóvenes

Algunas parábolas (1): Mateo 25:1-13

Resumen: Era un día de bodas. La ceremonia se celebraba en la frescura de la noche. El novio debía ir hacia la sala del festín escoltado por las diez jóvenes que formaban el cortejo de honor. Pero el novio tardó en llegar y las jóvenes se quedaron dormidas… A la medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí viene el esposo…!”. Todas quisieron encender sus lámparas, pero cinco de ellas no tenían aceite. Mientras fueron a comprarlo, el novio llegó y entró en la sala con las que tenían aceite, es decir, las “prudentes”. Cuando las otras llegaron, hallaron la puerta cerrada.

Significado: El esposo es Cristo, quien pronto vendrá por los creyentes para llevarlos con él al cielo. Las diez jóvenes son una imagen de aquellos que llevan el nombre de cristianos. Durante siglos, el cristianismo ha olvidado (“se quedaron dormidas”) la realidad de ese regreso del Señor. El clamor en la noche es el anuncio relativamente reciente en la historia de la Iglesia: ¡El Señor viene! Las lámparas son el testimonio de los cristianos; el aceite es la vida divina traída por el Espíritu Santo.

Aplicación: Es necesario estar preparados para la venida del Señor. No basta vivir con creyentes, es preciso tener la vida de Dios por medio del arrepentimiento y la fe en el Señor Jesús. Cuando él venga a buscar a los suyos, al instante la puerta se cerrará. Hoy es el momento para creer, el mañana no nos pertenece. ¡Seamos como las jóvenes “prudentes”!

(continuará los 12 sábados que vienen)

Éxodo 15 – Hechos 11 – Salmo 29:1-6 – Proverbios 10:27-28

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Creador del mundo y Salvador de los hombres

El mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

Juan 1:10

Sabemos que verdaderamente este (Jesucristo) es el Salvador del mundo.

Juan 4:42

Creador del mundo y Salvador de los hombres

“Tuya es, oh Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas… En tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre” (1 Crónicas 29:11-13). Así hablaba el rey David.

Etán, conocido por su sabiduría, exclamó: “Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo fundaste. El norte y el sur, tú los creaste” (Salmo 89:11-12).

Muchos siglos más tarde, los discípulos de Jesús “alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay” (Hechos 4:24).

La voz divina nos dice: “¿Por qué dices… Mi camino está escondido del Señor, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga” (Isaías 40:27-28).

“Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isaías 45:21-22).

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores… Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos” (1 Timoteo 1:15-17).

Éxodo 14 – Hechos 10:25-48 – Salmo 28:6-9 – Proverbios 10:26

¡No me puedo forzar!

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

Estas palabras son fieles y verdaderas.

Apocalipsis 21:5

¡No me puedo forzar!

«¡Tú tienes la suerte de creer, tú tienes la fe, yo no! No me puedo forzar, no es culpa mía». Con estas palabras Sonia puso punto final a una conversación que la molestaba.

¿La fe es un privilegio reservado a algunas personas, o es el fruto de un esfuerzo de imaginación? ¡No! La fe consiste en recibir el testimonio de Dios: él quiere darse a conocer a sus criaturas, a quienes ama. No se puede hablar de «forzar» cuando se trata de creer en Dios, quien nos creó a su imagen para que tengamos una verdadera relación con él.

Dios habla al hombre de diversas maneras y vela para que sus mensajes sean comprensibles.

–La creación, el primer mensaje de Dios, es universal. Este testimonio de “su eterno poder y deidad”, de su bondad, hace inexcusable y responsable a quien lo rechaza (Romanos 1:20). No se trata de forzarse, sino de inclinarse para adorar a nuestro maravilloso Dios.

–Dios también habla a los hombres a través de la Biblia. Este mensaje se dirige a la conciencia y al corazón de todos. Al que la lee con rectitud y sin prejuicios, Dios se le revela y hace que tenga “la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Para creer de esta manera no es necesario hacer ningún esfuerzo, sino tener una actitud honesta y sincera.

–Dios también nos habla de manera más personalizada: mediante los detalles de mi vida cotidiana, habla a mi conciencia, me interpela. Solo debo escucharlo…

Rechazar estos mensajes es decir que Dios miente (Juan 3:36). Recibamos el mensaje principal de Dios: nos ama y nos dio un Salvador.

Éxodo 13 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

La vida interior

(Jesús dijo:) Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Juan 15:4

Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre.

1 Corintios 15:58

La vida interior

En nuestra época agitada, en la que es necesario ocuparse de múltiples actividades, a veces el cristiano más valiente pasa por momentos en los que se siente agobiado. ¡Es demasiado! Entonces examina con ansiedad qué podría eliminar, trata de organizarse mejor… ¡Todavía sigue siendo demasiado! Está demasiado ocupado… ¡Todo parece imprescindible!

Cuando siente que ya no logra sobrellevar la situación, que se convierte en una máquina en vez de actuar con la fuerza de la vida cristiana, ¿qué puede hacer? Primero debe tomar conciencia de que antes de actuar, hay que ser.La condición primera para actuar es cuidar, con la ayuda de Dios, la vida interior, que debe ser vigorosa y profunda. Solo ella puede producir obras cristianas que Dios aprueba. Esta es una verdad fundamental, pero muy olvidada, pues a menudo nos agotamos, en todo tipo de ámbitos, en esfuerzos inútiles y que nos desaniman. Y si se trata de nuestro trabajo cotidiano, esta vida de comunión con el Señor nos ayudará también a organizarnos mejor para soportar una cantidad demasiado grande de trabajo.

¿En dónde se renueva esta vida interior? En la meditación, la oración, la paciente lectura de la Biblia, en escuchar la voz del Señor y en buscar su comunión íntima. ¡El tiempo que pasamos con él no es, en absoluto, un tiempo perdido! Todo lo contrario, es ahí cuando recibimos la energía espiritual necesaria para servirle.

Éxodo 12:21-51 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

Solo marco las horas de sol

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.

Salmo 103:2

De las misericordias del Señor haré memoria, de las alabanzas del Señor, conforme a todo lo que el Señor nos ha dado.

Isaías 63:7

Solo marco las horas de sol

Un reloj de sol está constituido por una varilla clavada en una superficie plana. Cuando el sol brilla, el lugar de la sombra proyectada por la varilla permite determinar la hora, pero el instrumento no da ninguna señal cuando el sol no brilla. Hace mucho tiempo, un artesano grabó el título de esta hoja en la fachada de una casa de campo, encima de un reloj de sol. Su intención no solo era señalar una evidencia, sino también invitarnos a reflexionar sobre la manera en que contamos el tiempo de nuestra vida.

Quizá tengamos la mala costumbre de lamentarnos demasiado sobre los días difíciles. Nuestro corazón natural es ingrato, y fácilmente olvidamos las bendiciones con las cuales nuestro Dios nos colma cada día. A medida que el tiempo pasa, podemos caer en la melancolía, e incluso perder el gozo de conocer al Señor Jesús. Cristianos, ¡no nos dejemos vencer por el desánimo y la amargura, no olvidemos los días de sol! ¡Y en las horas sombrías, pensemos en este cántico!

Cuando combatido por la adversidad,
Creas ya perdida tu felicidad,
Mira lo que el cielo para ti guardó,
Cuenta las riquezas que el Señor te dio.
Coro: ¡Bendiciones, cuántas tienes ya!
Bendiciones, Dios te manda más;
Bendiciones, te sorprenderás,
Cuando veas lo que Dios por ti hará.
¿Andas agobiado por algún pesar?
Duro te parece amarga cruz llevar,
Cuenta las promesas del Señor Jesús,
Y de las tinieblas nacerá la luz.
Éxodo 11:1-12:20 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

La oración de la mañana

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré… Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré.

Salmos 5:3; 63:1

La oración de la mañana

Al igual que el autor del Salmo 5, ¿sabemos presentarnos delante del Señor cada mañana, orar a él, para hacer provisión de fuerzas y sabiduría desde el principio del día?

¿O comenzamos, apurados y mal preparados, las múltiples actividades que nos esperan?

Si somos conscientes de que cada día que pasa es una ocasión para servir y honrar a Dios, cada mañana nos inclinaremos ante su presencia para orar. Le expondremos nuestras dificultades y nuestros temores, reconoceremos ante él nuestras flaquezas e incompetencias. Le pediremos que renueve nuestra confianza en él y que nos enseñe a discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:14). ¡Entonces la carga diaria será mucho más ligera! El Señor responderá a nuestra oración, y podremos empezar el día con serenidad.

Ser conscientes de nuestra fragilidad y descansar totalmente en él nos permite experimentar su fuerza y sus recursos inagotables.

Por lo general recordamos la necesidad de alimentar nuestro ser interior del Pan de vida, haciendo provisión, desde la mañana, mediante la lectura de la Biblia. Si leemos en los evangelios, nos nutrimos de lo que fue la vida de Jesús, de su persona revelada en la Palabra de Dios. Pero no olvidemos la oración matutina, que tendrá efectos benéficos sobre cada instante del día que empieza.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (7)

Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

Lucas 23:46-47

La expresión de la confianza

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (7)

La última frase de Jesús en la cruz, así como la primera y la cuarta, son palabras dirigidas al Padre. Esta última había sido anunciada proféticamente en el Salmo 31:5: “En tu mano encomiendo mi espíritu”. ¡Qué oración de confianza y amor!

La muerte del Señor es única. El sentido que ella toma en sus últimas palabras es único. Antes de morir, Jesús bajó la cabeza y encomendó su espíritu. ¡Este fue el último acto de su sacrificio voluntario! Entró voluntariamente en la muerte encomendando su espíritu a su Padre. Esta expresión resalta la grandeza y la gloria divinas de Aquel que daba su vida. Nadie tenía el poder para quitarle la vida: “Yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:18). ¡Qué majestad vemos en este acto divino que solo Jesús tenía el poder para cumplir!

Jesús se expresó siete veces cuando estuvo en la cruz. Así como el séptimo día fue el día del descanso y de la satisfacción de Dios (Génesis 2:2), la séptima frase introduce a Jesús en el descanso, es decir, en las manos de Dios su Padre. Descansó de sus obras, así como Dios descansó de las suyas (Hebreos 4:10). Para nosotros los cristianos, esta séptima frase anuncia el descanso en Cristo y marca el principio de la nueva creación.

Esta frase nos anima a encomendarnos totalmente a Dios, nuestro Padre. Centra nuestra atención en la victoria de Cristo y en su lugar junto al Padre, donde ahora ora por usted y por mí.

Éxodo 9 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

Maté a alguien

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3:18

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Romanos 5:20

Maté a alguien

Una persona que visita a los prisioneros contó lo siguiente: «Siempre recordaré a aquel hombre que me dijo: Maté a una persona y ahora tengo una condena de veinte años. Lo acepto, pues sé que tengo una deuda con la sociedad. Pero cuando haya pagado según la justicia de los hombres, ¿cómo me presentaré ante Dios? Tengo más miedo a la justicia de Dios que a la de los hombres…».

Debido a ese acto irreparable, su conciencia lo atormentaba día y noche. Necesitó meses para comprender que incluso ese terrible acto le podía ser perdonado si se arrepentía, si lo confesaba volviéndose a Jesús. Efectivamente, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). ¿Eso quiere decir que Dios toma a la ligera un acto así? ¡De ninguna manera! Si nos ofrece su perdón es porque su Hijo fue condenado en nuestro lugar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Jesús sufrió el castigo, incluso el que merece un asesino. Todo el que se vuelve hacia el Señor, tal como es, con su conciencia cargada, recibirá el perdón y la paz.

Probablemente usted no sea un asesino, pero también necesita el perdón de Dios: “No hay justo, ni aun uno… no hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:10, 22-23). Y todos pueden ser perdonados gratuitamente mediante Jesucristo.

Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16

Dios le tiende la mano

Viernes 23 Febrero

Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos.

Isaías 65:2

Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas… haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Colosenses 1:19-20

Dios le tiende la mano

Quizá no haya nada más opuesto a nuestros pensamientos naturales que la reconciliación tal y como la describe la Biblia. ¡Cuán sorprendente es que Dios, el gran Dios de los cielos y de la tierra, esté esperando nuestro  para perdonarnos! ¡Qué diferencia con lo que sucede entre los seres humanos! Nos parece normal que la iniciativa de la reconciliación proceda de quien actuó mal. Este debe pedir perdón, presentar sus disculpas y, si es posible, reparar el daño. A menudo cada uno reconoce su parte de error y así se soluciona el problema.

¡Pero entre Dios y los hombres es muy diferente! Dios mismo es el reconciliador, es decir, él toma la iniciativa y paga los daños.

Aunque siempre haya tendido la mano a los hombres, estos no siempre escucharon, pues son un “pueblo rebelde”. El hombre incrédulo es indiferente a Dios, incluso hostil, pero Dios se acerca a cada uno de nosotros. Si acepto tomar su mano, descubro que me ama y que quiere cambiar mi hostilidad por su amor. ¿Cómo es posible? ¡Mediante la muerte de su Hijo! Cuando Jesús fue crucificado, llevó sobre sí nuestra hostilidad y nuestro alejamiento de Dios; luego resucitó. Jesús destruyó la barrera de nuestros pecados, la cual se interponía entre nosotros y Dios.

La reconciliación que la muerte de Cristo produjo se hace efectiva para todo el que la acepta. No descansa sobre una mejoría de su comportamiento, sino sobre la obra cumplida por Jesús una vez para siempre en la cruz.

Éxodo 7 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

La protección divina

Jueves 22 Febrero

Guárdame, oh Señor, de manos del impío; líbrame de hombres injuriosos.

Salmo 140:4

Me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás.

Salmo 32:7

La protección divina

Joshua, un evangelista, iba a ser ejecutado en una cárcel africana. Siempre había predicado el mensaje del amor y del perdón divino. Pero la policía secreta había informado al dictador que la iglesia crecía, y este había ordenado que el pastor fuese arrestado. Joshua sabía que los prisioneros eran torturados antes de ser ejecutados, y que muchos no soportaban los golpes. Entonces clamó al Señor: Tengo miedo, ayúdame, Señor. No tengo miedo de la muerte, sino de ser torturado antes de morir. Por favor, haz que el primer golpe sea mortal… Joshua cuenta cómo intervino Dios: «De repente vi una luz que brillaba en mi celda y escuché como una voz que me decía: No estás solo, yo estoy contigo. El temor desapareció y caí de rodillas alabando al Señor. Debí cantar muy alto, pues la puerta de mi celda se abrió y dos policías me sacaron. Pensé que el momento de mi muerte había llegado, pero continuaba cantando a mi Señor. Cuando el oficial me vio dijo a los policías: ¿Han oído cómo canta? Este hombre está totalmente loco. ¡No sirve de nada matarlo, láncenlo fuera! Un instante después estaba libre».

Este creyente experimentó lo que otros han experimentado: “El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmo 121:8).

En la Biblia, un relato similar (Hechos 16:22-34) nos muestra cómo el guarda de una cárcel, junto con su familia, creyó en Jesús después de que dos presos cantaron himnos a Dios.

Éxodo 6 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12