¡Sí, Dios responde!

Martes 13 Marzo

Yo (Jesús) os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis… Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla… ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?

Lucas 11:9-11

¡Sí, Dios responde!

Erino Dapozzo, evangelista italiano, se encontró un día con una niña que estaba en una gran dificultad: «Perdí mi monedero y somos muy pobres. Mi padre me pegó y he vuelto para buscar otra vez…». «¿Has pedido a Dios que te ayude?», le preguntó él. «Claro que sí, pero no me sirvió de nada, afirmó ella mientras seguía buscando. Dios no me ha escuchado…».

Siguieron hablando… la niña repetía que su oración había sido inútil. ¡Dapozzo afirmaba lo contrario!

«¡Ya ve usted que no encuentro mi monedero!», concluyó diciendo la pequeña.

Entonces Dapozzo sacó unas monedas de su bolsillo y se las dio diciendo: «Crees que Dios no te ha respondido porque no encuentras tu monedero, pero te responde mucho mejor de lo que crees al enviarme a tu encuentro».

Al igual que esta niña, a menudo tenemos una idea sobre la manera como Dios debe respondernos; y cuando la respuesta no tiene la forma que esperábamos, concluimos que Dios no respondió. Esta niña esperaba que Dios la ayudase a encontrar su monedero. Pero la respuesta de Dios fue mucho más lejos: le permitió encontrarse con alguien que conocía al Dios de amor.

Sucesos de nuestra vida cotidiana como una llamada telefónica, un encuentro, pueden ser su respuesta a nuestra oración. Cuando oremos, pidamos a Dios que nos abra los ojos para distinguir y aceptar su respuesta, independientemente de la forma que tenga.

Éxodo 25 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16
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Venid y ved

Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad… Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:14, 16-17

Venid y ved

Lea Juan 4:5-30

Una mujer de Samaria fue a sacar agua al pozo de la ciudad; allí encontró a Jesús sentado y cansado. Esta mujer no era feliz, su corazón estaba sediento, lleno de preguntas. Huía de sus semejantes, porque llevaba una vida moralmente desordenada. Con pocas palabras, Jesús ganó su confianza y le reveló que conocía todo su pasado.

Entonces la mujer dejó su cántaro y se fue. ¿Intentaba huir de la luz que Jesús proyectaba en su vida? No, corrió a la ciudad para llamar a aquellos de quienes huía, para que ellos también viniesen: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”.

Jesús había alcanzado su conciencia, pero también había ganado su corazón. No le dijo: “Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú” (Isaías 65:5). Sin embargo, ¿quién era santo como Jesús? Jesús decía fielmente la verdad, pero traía la gracia que permitía soportar esta verdad. En vez de hacer que la samaritana huyese de él, la gracia de Jesús la atraía con poder. En vez de escapar, esta mujer fue a llamar a sus conciudadanos y los invitó a ir a Jesús.

Jesús conoce a cada uno de nosotros, como conocía a esta mujer. Respondamos también a esta invitación: “Venid, ved”. Y, al igual que la gente de esa ciudad, diremos: “Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo” (Juan 4:42).

Éxodo 24 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14
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Salvo por gracia

Domingo 11 Marzo

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Romanos 3:28

Salvo por gracia

«Mis padres y mis abuelos eran mormones y me educaron para ser un buen mormón, responsable y leal. Me enseñaron que en esta vida todo se compra, todo se merece, todo se gana, todo exige un esfuerzo… y que sucedía lo mismo con la vida del más allá. Había que ganar un lugar al lado de Dios, merecer la vida eterna practicando buenas obras bien precisas. Pero no conocía a Dios y no tenía ninguna seguridad con respecto a mi futuro eterno.

Un día mi abuela escuchó en la radio un programa que explicaba detalladamente el Evangelio. Entonces se dio cuenta de que, aunque fuese religiosa, no podía borrar ni uno de sus pecados ante Dios. Solo el sacrificio de Jesús, quien murió en la cruz por amor a los pecadores, podía salvarla. Mi abuela recibió la paz interior, la seguridad de tener un total perdón y la vida eterna; aceptó la gracia perfecta de Dios. Pero su testimonio no convenció a nadie.

Cuando cumplí doce años mis padres me permitieron, por sugerencia de mi abuela, ir a un campamento organizado por cristianos. Mi corazón se abrió cuando un responsable me mostró un versículo de la Biblia: “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Comprendí que mis buenas obras, mis esfuerzos, no podían pagar el precio por mis pecados, y que Jesús había muerto por mí. Creí en él y recibí el perdón y la vida eterna. Desde hace más de cuarenta años sé que soy salvo por la gracia de Dios».

M. F.
Éxodo 23 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12
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Edificar sobre la roca o sobre la arena

Sábado 10 Marzo
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Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
Mateo 7:25
Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.
Santiago 1:22
Edificar sobre la roca o sobre la arena
Algunas parábolas (2): Mateo 7:24-27

Resumen: He aquí dos casas: una fue construida sobre la roca y la otra sobre la arena. Llegó la tormenta… ¡la primera resistió, pero la segunda se derrumbó!

Significado: La tormenta representa las pruebas y dificultades de la vida. La casa construida sobre la roca es figura de una persona que recibe la enseñanza de Jesús y la pone en práctica. La casa edificada sobre la arena representa a alguien que también escucha estas palabras, pero no las tiene en cuenta.

Aplicación: Exteriormente las dos casas eran muy parecidas, ¡pero veamos sus cimientos! En la primera el constructor cavó profundamente (Lucas 6:48); fue fundada sobre la roca, símbolo de Jesús mismo, cuyas palabras escuchamos con fe. La otra descansaba en la “arena” de los pensamientos y los razonamientos humanos, y no en la Palabra de Dios. Mientras las dificultades no pusieran a prueba la solidez de la construcción, podrían confundirse.

La arena parece apta para soportar los cimientos, pero con una condición: que no haya corriente de agua. Lo que provocó la caída de la segunda casa fueron los torrentes de agua: en apariencia era una casa bien construida, pero cuando la tempestad llegó, ¡fue derribada!

Podemos conocer e incluso comprender las palabras de Jesús, pero ¿las ponemos en práctica? ¿Estamos dispuestos a hacer lo que Jesús dice? Entonces seremos ese hombre sabio que edificó su vida sobre la roca.

(continuará el próximo sábado)
Éxodo 22 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10
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La cruz de Jesucristo, el Justo

Viernes 9 Marzo

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Cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron.

Juan 19:17-18

La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

1 Corintios 1:18

La cruz de Jesucristo, el Justo

La cruz de Cristo fue levantada en el Calvario, en Jerusalén. Los romanos practicaban, al igual que los persas anteriormente, el suplicio de la crucifixión. Cicerón lo consideraba como «un castigo de los más crueles y viles en extremo», y Tácito lo veía como «el más vergonzoso».

Sin embargo, la cruz estaba en el centro de los planes de Dios para eliminar el pecado (Juan 1:29). Jesús “sufrió la cruz, menospreciando el oprobio” (Hebreos 12:2), “haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8).

Algunas personas ven en Jesús a un hombre solidario con todos los miserables, los ajusticiados, los que sufrieron una muerte atroz. Sin embargo, Jesús es mucho más que eso: es el Hijo de Dios, y su muerte no tiene nada en común con la de los demás hombres. Cristo no solo fue la víctima de la injusticia y de la crueldad de este mundo, sino que solo él, el justo, sufrió en la cruz la ira de Dios contra el pecado, el castigo que todos nosotros merecíamos. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, la oscuridad invadió el país. Jesús fue abandonado por Dios debido al pecado. Solo él, víctima irreprochable, podía llevar la condenación y morir en lugar de todos los que creerían en el amor de Dios, quien entregó a su Hijo.

Querido amigo, “la palabra de la cruz”, el mensaje de esta terrible crucifixión, ¿es para usted una “locura”, incomprensible, imposible de recibir? Acéptela y descubrirá el poder de Dios, que nos salva completa y eternamente.

Éxodo 21 – Hechos 15:36-16:10 – Salmo 31:14-20 – Proverbios 11:7-8
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Un cambio radical

Jueves 8 Marzo

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

Un cambio radical

«¡Lo voy a matar!», repetía aquel hombre que, al volante de su viejo camión, buscaba a su peor enemigo para vengarse. Solo pensaba en eso, ni siquiera podía dormir debido a su sed de venganza.

Aquel día se detuvo en un hotel para pasar la noche. En su habitación encontró un libro que no conocía, y pasó gran parte de la noche leyéndolo. Al día siguiente dejó el hotel. Cuando la persona encargada del aseo entró en la habitación, descubrió con espanto una pistola, una Biblia abierta y a su lado una hoja con las siguientes palabras: «Este libro salvó dos vidas: la mía y la de mi peor enemigo».

¿Por qué este cambio tan radical? El mensaje de la Biblia, como si fuese un potente proyector, iluminó la conciencia de ese hombre y le mostró su estado ante Dios, el horror del acto que iba a cometer. Lo hizo consciente de que Dios es luz y amor, y esto tocó su corazón lleno de odio, a tal punto que cambió de dirección.

Ante Dios no solo los delincuentes son culpables. “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Dios dirige este mensaje a todos. Declara que el corazón del hombre está lleno de tinieblas, pero que Dios es luz y amor. Jesucristo, “aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). Pero es necesario creer, tener el ojo sencillo de la fe, para ser lleno de Su luz y amor, y poder experimentar el mismo cambio radical en nuestra vida.

“Erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora (Dios) os ha reconciliado” (Colosenses 1:21).

Éxodo 20 – Hechos 15:1-35 – Salmo 31:9-13 – Proverbios 11:5-6
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La superstición

No sea hallado en ti… quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero… Estas naciones… a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto el Señor tu Dios.

Deuteronomio 18:10, 14

La superstición

Hace unos veinte años, en un artículo titulado «El boom de la astrología», se podía leer: «Una de cada dos personas cree en la influencia de los astros». ¿Qué sucede hoy en día? La astrología sigue estando de moda, y el ocultismo suscita mucho interés. Muchas personas buscan ayuda y tratan de encontrar seguridad en el horóscopo, e incluso por medio de videntes.

En varios pasajes de la Biblia Dios repite que aborrece la magia y la adivinación: “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos” (Levítico 19:31). “Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos… la cortaré de entre su pueblo” (Levítico 20:6). Volvamos a leer los versículos del encabezamiento que nos advierten claramente. El que se interesa en el mundo del ocultismo perjudica su alma y actúa contra la voluntad de Dios.

El futuro de cada persona está en las manos de Dios. Si bien el hombre no conoce de antemano los detalles de su vida, Dios le revela su destino: el juicio y la perdición eterna para el incrédulo; el perdón y la vida eterna para el que cree que Jesús dio su vida por él.

El que cree en Dios y en Jesús, quien lo salvó, puede tener dificultades en su vida cotidiana, pero Dios es para él un “pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Éxodo 19 – Hechos 14 – Salmo 31:1-8 – Proverbios 11:3-4

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Antes y después

Martes 6 Marzo

En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor.

Efesios 5:8

El fruto del Espíritu (de Dios) es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.

Gálatas 5:22-23

Antes y después

«Estaba seguro de que siempre tenía razón. En mi orgullo, cuando adoptaba una idea, jamás cambiaba de opinión. Solo veía mi propio interés, y este rasgo de mi personalidad deterioraba las relaciones con mi familia y mis amigos. Me costaba perdonar a mis hermanos, y exigía mucho a mis familiares sin darles nada a cambio. Cada vez me sentía más solo y amargado. Mis padres me hablaban de lo que vivían después de su encuentro con Jesucristo, pero yo rechazaba completamente lo que consideraba ser solo ritos o costumbres religiosas.

Sin embargo, un día decidí seguirlos a una reunión cristiana para hacerme mi propia opinión. Descubrí que mis prejuicios no tenían fundamento. Las personas que veía eran radicalmente diferentes desde que habían encontrado a Cristo. Percibí su amor por mí y por los demás.

La vida de Cristo reveló mis pecados. No soporté mi situación ante él, pues yo era pecador. Entonces acepté la gracia que Dios me ofrecía mediante el sacrificio de su Hijo Jesucristo. Como dio su vida por amor a mí, puedo confiar en él para el futuro. Me volví una persona más paciente y más serena: mi vida será lo que Dios desee para mí. ¡Él transformó mi carácter orgulloso e independiente!».

Fabrice C.

El cristianismo no es una religión, sino que consiste en aceptar el amor de Dios y desear vivir para Cristo, “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Éxodo 18 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

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¿Somos cristianos bañados en plata?

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo.

Salmo 51:6

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Salmo 51:10

¿Somos cristianos bañados en plata?

Antiguamente, cuando las monedas estaban hechas realmente de plata, había un método muy sencillo para verificar que no fuesen falsas. Bastaba con dejarlas caer y escuchar el ruido que hacían al tocar el suelo. Si se trataba de una falsificación hecha solo con un baño de plata, se escuchaba un ruido hueco; en cambio, una moneda auténtica sonaba «firme, íntegra», porque era toda de plata, y no solo su exterior.

¡Cuidado! Podemos ser cristianos «bañados en plata». La superficie de nuestra vida está recubierta por una capa de verdad; nuestras palabras concuerdan con lo que dice la Biblia. Pero, ¿qué sucede con el fondo de nuestro corazón? Nuestro verdadero estado se hace patente al escuchar el ruido que hacemos cuando caemos al piso. ¿Qué sucede cuando estamos abatidos, sumidos en una situación imprevista, en medio de la adversidad, ante la tentación? ¿Cómo reaccionamos cuando no tenemos el tiempo o la fuerza necesaria para componernos una actitud religiosa? ¿Nuestra vida suena íntegra, siempre de la misma manera, sea que estemos en la casa, en el trabajo o solos, donde nadie nos ve ni nos oye? ¿Cuáles son nuestros pensamientos secretos?

A la pregunta: “¿Tú quién eres?”, Jesús, nuestro modelo, respondió: “Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25).

“Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmo 17:3).

Éxodo 17 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32
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Los “si” que nos turban

Domingo 4 Marzo

(Jesús) os ha reconciliado… para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe.

Colosenses 1:21-23

Si vivís conforme a la carne, moriréis.

Romanos 8:13

Los “si” que nos turban

El Nuevo Testamento es muy claro sobre la manera en que se puede ser salvo: “¿Qué debo hacer para ser salvo?… Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:30-31). Dios salva a todo el que cree, y lo salva gratuitamente. “Es don de Dios” (Efesios 2:8). Dios así lo afirma, y él jamás se contradice.

Pero después de habernos salvado, Dios nos coloca ante las responsabilidades que esto conlleva. Por eso en la Biblia encontramos algunos “si”, como en los versículos de hoy, que parecen poner condiciones para ser salvos. ¿Qué cristiano podría decir que permanece todos los días en la fe, fundado y firme? ¡No deduzcamos de esto que podemos perder la salvación!

Imaginemos que mi hijo de corta edad está jugando al borde de un estanque. Yo le digo muy seriamente: «Si juegas demasiado cerca, te puedes caer al agua y ahogarte». Le advierto porque lo amo, y por su bien él debe escucharme. Pero, ¿voy a dejar que caiga en el estanque sin intervenir, y que se ahogue por el mero hecho de haberle advertido? ¡Por supuesto que no! ¡Es mi hijo!

Así es como Dios, en su fidelidad, actúa con nosotros. ¡Tengamos en cuenta sus advertencias paternas! Pero no nos turbemos pensando que estos “si” podrían anular la gracia soberana de Dios: él nos salvó. Si nuestra seguridad eterna dependiese, aunque fuese un poco, de nuestra conducta futura, nunca tendríamos ninguna seguridad.

¡La obra que Jesús cumplió, y solo ella, es nuestra seguridad! ¡Alabado sea Dios!

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