El poder de la Palabra de Dios (2)

Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial.

Mateo 6:14

Amad a vuestros enemigos… y orad por los que… os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.

Mateo 5:44-45

El poder de la Palabra de Dios (2)

La fuerza del perdón

«Cuando Liuba estuvo demasiado enferma para permanecer en la cárcel, fue llevada al hospital. Pude visitarla y compartir con ella un buen momento de comunión cristiana. Leímos juntos un pasaje del Evangelio. Ella estaba muy débil.

–Sin duda alguna es el final de mi vida, me dijo.

–Si así fuere, ¿qué le gustaría decir a Dios?

–Me gustaría perdonar a mi madre quien me abandonó; a mi padre, a quien nunca conocí; a mi hermana que me robó todo y me rechazó; al hombre que maté porque quiso asesinarme después de haberme violado; a todos los hombres que me engañaron; a los que me quitaron a mi hijo…

Y la larga lista de dolor y de perdón se fue prolongando, como si fuese el testimonio de un mundo de miseria y horror… Comprendí que no era tanto la «criminal» quien necesitaba ser perdonada, pues Dios la había perdonado, sino muchas otras personas… y era ella quien tenía la fuerza para hacerlo en una hermosa manifestación de amor hacia todos los que la habían herido.

Días después unas amigas cristianas fueron a visitar a Liuba, pero el Señor Jesús ya se la había llevado al paraíso. Vieron al médico jefe, quien les dijo: Nunca había visto ningún enfermo como Liuba, ¡resplandecía de bondad!».

Pierre D.

Génesis 17 – Mateo 9:18-38 – Salmo 9:1-10 – Proverbios 3:11-12

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El poder de la Palabra de Dios (1)

viernes 12 enero

Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Efesios 4:32

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

Salmo 119:105

El poder de la Palabra de Dios (1)

Liuba era una joven rusa encarcelada de por vida debido a un asesinato. Tenía sida y pensaba que su existencia carecía de sentido. Estaba tan desesperada que cuando iba a suicidarse, se le ocurrió pedir un último socorro al cielo. Ella dijo a Dios: «Si todavía me amas, después de todo lo que hice, ¡respóndeme!».

Alguien le había dado una Biblia y la joven la abrió en el libro de Mateo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 9:13). Así decía el primer pasaje que leyó y que la impactó grandemente. “Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos” (Isaías 1:18), confirmaba el segundo. El tercer pasaje hablaba del malhechor crucificado al lado de Jesús, quien dijo: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:41-43).

Alcanzada por la Palabra de Dios y anonadada por su amor, Liuba se convirtió al Señor aquel día. Pasó a ser una testigo de Cristo en la cárcel donde estaba. Gracias a su influencia, aquel siniestro lugar se fue transformando poco a poco: ya no se oían gritos salvajes ni había peleas entre criminales; a veces incluso las detenidas cantaban himnos.

(mañana continuará)

Génesis 15-16 – Mateo 9:1-17 – Salmo 8 – Proverbios 3:9-10

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Comprender la Biblia: Los símbolos y los tipos

Respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

Génesis 22:8

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:16

Comprender la Biblia: Los símbolos y los tipos

A menudo la Biblia emplea un lenguaje lleno de imágenes y rico en símbolos. Utiliza tipos, es decir, objetos o relatos, para ilustrar verdades abstractas o hechos aún futuros. Esto ayuda a fortalecer nuestra fe. En relatos muy antiguos vemos que Dios ya nos hablaba del Señor Jesús, porque para él el pasado es como el futuro. La Biblia no es un libro escrito por voluntad humana; es inspirada por Dios.

Tomemos un ejemplo: para poner a prueba la fe de su siervo Abraham, primero Dios le pidió ofrecer a Isaac, su hijo unigénito, aquel a quien amaba y quien debía darle una numerosa descendencia (Génesis 22). Al constatar que Abraham le obedecía, Dios lo detuvo y le dio un carnero para ofrecerle en lugar de Isaac. Entonces, como respuesta a su fe, Abraham recibió a su hijo de una manera nueva, como si hubiese vuelto a la vida (Hebreos 11:19), y puso al lugar un nombre que significa: “En el monte del Señor será provisto”.

En este antiguo relato de aproximadamente 4000 años no dice nada del Salvador que Dios iba a dar a los hombres. Esta escena subraya la fe excepcional de Abraham. Sin embargo aquí reconocemos el anuncio del sacrificio muy real de Jesús, el Salvador, en Jerusalén 2000 años más tarde. Este relato nos habla del amor de Dios, quien dio a su Hijo por nuestros pecados y lo resucitó por su poder.

Génesis 14 – Mateo 8:23-34 – Salmo 7:9-17 – Proverbios 3:7-8

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La apreciación divina

Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

Salmo 51:17

Solo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres.

1 Reyes 8:39

La apreciación divina

Lucas 18:9-14

Para explicar la importancia de lo que sucede en nuestros corazones, Jesús toma el ejemplo de dos hombres que van a orar al templo. Uno de ellos es un personaje religioso que se cree justo, el otro es despreciado debido a la función que desempeña en la sociedad.

El primero ora así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres”. El orgullo nos aísla de nuestros semejantes, pero ante todo nos aleja de Dios, quien aborrece “la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa” (Proverbios 8:13).

El segundo tiene una actitud totalmente diferente. Es consciente de sus pecados ante Dios y no se atreve a acercarse a él. Su conciencia intranquila ni siquiera le permite levantar los ojos hacia el cielo, pero sabe que Dios es un Dios de misericordia y de gracia. Ora así: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Refiriéndose a él, Jesús dijo: “Este descendió a su casa justificado antes que el otro”, es decir, el hombre religioso satisfecho de sí mismo. Luego el Señor añadió: “Cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.

Dios no ha cambiado. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Todo el que hoy se humilla ante Dios, le confiesa sus pecados y cree que Jesucristo murió para expiarlos, recibe su perdón por gracia.

“El Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

Génesis 12-13 – Mateo 8:1-22 – Salmo 7:1-8 – Proverbios 3:1-6

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Un lugar tenebroso

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor… pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

Jeremías 17:9-10

Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.

Salmo 69:32

Un lugar tenebroso

En nuestra sociedad, donde la imagen está presente en todo, la apariencia cuenta mucho. Podemos engañar a mucha gente cuidando las apariencias, pero Dios mira el corazón, y es imposible esconderle algo. Por ello nos muestra lo que hay en lo más profundo de nuestro corazón, para que vivamos en la realidad. La Biblia nos dice abiertamente de dónde viene el mal: “De dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:21-22). El mal estado de nuestro corazón es la fuente de los males que padece toda la humanidad.

¿Somos conscientes de que esta es la descripción de nuestro propio corazón, y no solo la del corazón de un criminal? Existe el mismo potencial de mal en cada persona. Toda la fealdad de este lugar tenebroso conocido por Dios fue puesta en evidencia a través de la cruz de Jesucristo. Toda la maldad del corazón humano se manifestó cuando Aquel que traía la gracia y la verdad fue crucificado. Y allí en la cruz soportó, por todos los que creen en él, el juicio que ellos merecían.

Dios espera que estemos de acuerdo con él cuando nos revela nuestra verdadera naturaleza. Quiere que reconozcamos nuestro estado de desesperación y que aceptemos el único remedio que nos propone: la fe en Jesucristo, quien nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.

Génesis 10-11 – Mateo 7:7-29 – Salmo 6 – Proverbios 2:16-22

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El Libro viviente

lunes 8 enero

La palabra del Señor permanece para siempre.

1 Pedro 1:25

(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Marcos 13:31

El Libro viviente

La Biblia no es un libro religioso entre otros, sino el Libro único, pues Dios nos habla por medio de ella. Es el fundamento de la fe cristiana; es el Libro del pasado, del presente y del futuro. Es un Libro que nunca pasa de moda, un Libro rico y profundo que podemos leer cientos de veces sin agotarlo jamás. ¡No hay ningún libro que podamos comparar a la Biblia!

Esta fue escrita por cuarenta escritores diferentes, pero tiene un único autor: Dios. No es la expresión de los pensamientos humanos, “sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

En la Biblia Dios nos explica por qué el hombre ya no puede comunicarse con Dios ni tener comunión con él. Este Libro es el mensaje de amor de Dios, quien quiere establecer con el hombre una relación nueva, viva y eterna. Leer la Biblia creyendo lo que Dios dice abre efectivamente ese camino hacia él.

Nos complace llamar la Biblia la Palabra de Dios, una palabra viva. Ella actúa y penetra en el corazón. Responde, entre otras, a dos grandes preguntas:

– ¿Qué hace que el hombre esté, de una u otra manera, en rebelión contra Dios? Su pretensión de vivir sin Dios, como resultado del pecado.

– ¿Cómo encontrar la felicidad de vivir con él? Por medio de Jesucristo, quien vino a la tierra para liberar al hombre de su estado de pecado y llevar a su Padre a cada uno de los que creen en él.

Génesis 9 – Mateo 6:19-7:6 – Salmo 5:8-12 – Proverbios 2:10-15

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Atravesar la tempestad

(Dios) cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban.

Salmo 107:29-30

¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

Marcos 6:50

Atravesar la tempestad

“Yo soy”, dijo Jesús a sus discípulos aterrorizados por un mar embravecido (Marcos 6:45-53). Luego dirigió la pequeña barca azotada por las olas y la condujo con seguridad “al puerto que deseaban”. El Señor todopoderoso que caminó sobre las olas sigue siendo el mismo para los que depositan su confianza en él. Muchas veces se habla de azar, de mala suerte, de imprevisto, pero el creyente sabe que el Señor gobierna las circunstancias de su vida, sean agradables o difíciles. Las dificultades pueden parecer insuperables, pero el Señor está por encima de todo.

Amigo cristiano, escuche su voz en medio de la tormenta: No temas, “yo soy”. Aquel que permite al mar levantarse enfurecido, también puede calmarlo, ordenándole: “¡Calla, enmudece!” (Marcos 4:39).

El Señor le dice: «Conozco cada una de tus pruebas; ninguna de ellas está ahí para hacerte naufragar, sino para acercarte más al cielo. ¿Tienes una enfermedad grave? ¿La soledad o el duelo te hacen llorar? Yo soy tu consolador, vine al mundo y pasé por todos los sufrimientos humanos. Permanece cerca de mí, en oración, pues siempre te escucho».

¡Miremos hacia arriba y recobremos el ánimo! Demos gracias al Señor por sus fieles cuidados, mientras esperamos estar un día junto a él en el cielo. Entonces comprenderemos el verdadero sentido de nuestras pruebas y alabaremos la bondad de Aquel que, en la tierra, nos acompañó mientras pasábamos por ellas.

Génesis 7-8 – Mateo 6:1-18 – Salmo 5:1-7 – Proverbios 2:6-9

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La cita de la cruz

sábado 6 enero

La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

1 Corintios 1:18

A este Jesús… Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Hechos 2:36

La cita de la cruz

El evangelista Spurgeon, a quien se le reprochaba por hacer predicaciones muy parecidas entre sí, respondió: «Tomo cualquier texto de la Biblia y lo llevo a la cruz». ¡Sí, es a la cruz de Cristo a donde Dios quiere llevar a todo hombre para salvarlo! Ella es el lugar imprescindible para recibir el perdón de los pecados. ¡Es la puerta de la vida eterna! Allí los hombres pasan a ser hijos de Dios y obtienen la promesa de entrar en la casa del Padre.

Cuando Jesús fue crucificado entre dos ladrones, ambos lo insultaban (Mateo 27:44). Pero uno de ellos volvió en sí y dijo al otro condenado: “¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Jesús le respondió: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39-43).

¿A cuál de estos ladrones nos parecemos? ¿Al que se arrepintió y fue salvo o al que rechazó el perdón y fue condenado? ¡Debemos tomar una decisión aceptando o rechazando la obra que Cristo hizo en la cruz! ¡Hoy todavía es tiempo!

Tengo que arrepentirme ante Jesucristo, reconocer mis faltas, mi condición de pecador y recibir la gracia de Dios como un regalo de su parte, regalo totalmente suficiente para estar reconciliado con él. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Corintios 5:19).

Génesis 6 – Mateo 5:21-48 – Salmo 4:4-8 – Proverbios 2:1-5
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Jesús es el único camino

Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.

1 Timoteo 2:3-6

Jesús es el único camino

Varias veces la Biblia afirma claramente que solo podemos ser salvos mediante Jesucristo:

–Jesús declara de forma precisa: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Jesús no solo es un modelo o un pensador, sino el único medio para ir a Dios. Es la única fuente de verdad, y el único medio para obtener la vida eterna.

–Jesús representa a Dios en la tierra, es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15) y el único que ha visto a Dios el Padre (Juan 1:18).

–Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Dios quiere que todos sean salvos. Ofrece gratuitamente la salvación a todos los que creen en Jesús.

–La Biblia precisa que no hay un medio alternativo, es decir, no hay otro camino para ir a Dios: “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre (que el de Jesús) bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

–Jesús dice que él es la puerta por la que entran las ovejas, y denuncia a aquellos que se presentaron antes o después de él, diciendo que eran el Mesías. Declara: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9).

–Jesús no solo es el único camino para ir a Dios, sino que también es el que nos libera y nos salva si creemos que él es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Génesis 5 – Mateo 5:1-20 – Salmo 4:1-3 – Proverbios 1:24-33

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¿Quién eres Señor?

Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Mateo 16:15-16

¿Quién eres Señor?

Soy tu creador,1) ¿y me ignoras?

Soy la luz,2) ¿y no me ves?

Soy la Palabra,3) ¿y no me escuchas?

Soy la verdad,4) ¿y no me buscas?

Soy el pan de vida,5) ¿y sigues teniendo hambre?

Soy el Hijo de Dios,6) ¿y no te diriges a mí en oración?

Soy el Señor,7) ¿y no me obedeces?

Soy la resurrección,8) ¿y tienes miedo de la muerte?

Soy el buen Pastor.9) Di mi vida por ti.

Soy JESÚS, tu Salvador.10) ¿Quieres ser salvo del castigo eterno?

“No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).

1) Isaías 40:28: “Dios eterno… creó los confines de la tierra”. 2) Juan 12:46:“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”. 3) Juan 1:1: “El Verbo (la Palabra) era Dios”. 4) Juan 14:6: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. 5) Juan 6:48: “Yo soy el pan de vida”. 6) Juan 9:35: Jesús “le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?”. 7) Juan 13:13: “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy”. 8) Juan 11:25: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. 9) Juan 10:11: “El buen pastor su vida da por las ovejas”. 10) 1 Juan 4:14: “El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”.

Génesis 4 – Mateo 4 – Salmo 3 – Proverbios 1:20-23

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