¿Listo para el último viaje?

jueves 14 diciembre

 

Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo.

1 Pedro 1:18-20

¿Listo para el último viaje?

La mayoría de los pueblos de la antigüedad daban mucha importancia a los ritos funerarios. Existen muchas sepulturas que lo confirman. Al lado de los huesos del difunto a menudo encontramos objetos familiares, alimentos colocados cerca de él para asegurar la «supervivencia», amuletos y regalos para apaciguar a los dioses.

¡Sin duda son costumbres de otros tiempos! Pero existen prácticas parecidas en nuestros países cristianizados. Por ejemplo, en algunas regiones se acostumbra poner un vestido adicional en el ataúd del muerto, y colocar en su mano una moneda para ganar el favor de su dios.

Estas costumbres supersticiosas traducen el vago sentimiento de que después de la muerte no se acaba todo, ya que para ese último viaje la gente quiere satisfacer las exigencias de Aquel con quien se va a encontrar. ¿Puede conseguirlo con una moneda? ¿Qué puede ofrecer la criatura al Dueño del universo? No podemos conseguir el favor de Dios y presentarnos ante él por nuestros propios méritos, ni con dinero.

El «pase» ya fue pagado, mediante la sangre de Jesús, para los que creen en él. Antes de su crucifixión, Jesús prometió: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2). ¡Ese lugar está preparado; él mismo pagó el precio!

¿Quién obtiene ese pasaporte que asegura una libre entrada en el cielo? El que confía en el valor de la obra de Cristo en la cruz.

Cantares 3-4 – Apocalipsis 7 – Salmo 141:5-10 – Proverbios 29:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Jesús es Dios

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.

2 Corintios 5:19

Cristo… es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.

Romanos 9:5

Jesús es Dios

¿Quién puede declararlo? Ciertamente, no puede hacerlo una autoridad humana. Jesús no se hizo Dios. Lo era desde su nacimiento. El ángel dijo a María: “El Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Es un misterio: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Jesús es Dios y vino en forma de un hombre sin pecado para acercarse a su criatura, la cual no tenía relación con él debido al pecado. La Biblia nos muestra esta maravillosa persona que vino a visitarnos en una humildad extrema. No había “parecer en él” para que le deseásemos, fue “despreciado y desechado entre los hombres” (Isaías 53:2-3), pero hacía resaltar su gloria de Hijo de Dios.

Una vez, en medio de la tempestad, dormía en la parte trasera de una barca como alguien cansado. Despertado por los que estaban con él, calmó el viento con el poder de aquel que “encerró los vientos en sus puños” (Marcos 4:35-41; Proverbios 30:4).

Jesús no poseía ningún bien material en la tierra, pero tenía toda la creación a su disposición. No tenía una moneda para pagar el impuesto, pero dijo a Pedro: “Ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero” (Mateo 17:27). Él mismo declaró ante los que le contradecían: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).

Crucificado por los hombres, tenía el poder de dejar su vida y de volverla a tomar (Juan 10:17-18). Y por último “fue declarado Hijo de Dios” mediante la resurrección (Romanos 1:4).

Cantares 1-2 – Apocalipsis 6 – Salmo 141:1-4 – Proverbios 29:23

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Dios es amor (5)

Hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

1 Juan 4:16

… conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.

Efesios 3:19

Dios es amor (5)

¿Quién es Dios? ¡Es una pregunta fundamental, insondable! No podríamos responder por nosotros mismos. Dios se dio a conocer a los primeros hombres como el Dios Todopoderoso, el Altísimo, cercano pero santo, impenetrable para la mente humana. Se reveló a Moisés como Aquel que es desde siempre y para siempre. Se revela en el Nuevo Testamento como el Padre de aquellos que creen en Jesús. Al final del Nuevo Testamento hallamos estas palabras tan grandes y llenas de dulzura: “Dios es amor”.

De un ser humano podemos decir que da o que recibe amor, pero no podemos decir que es amor. Sin embargo Juan nos dice de Dios no solo que ama, sino que es amor.

El amor de Dios no es algo abstracto, es un amor activo, un amor que se entrega. Por medio de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre y vino a la tierra para acercarse a nosotros, conocimos el amor de Dios. Jesús “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Luego aceptó morir en una cruz para librarnos de nuestros pecados.

En esto el cristianismo es único: Dios se reveló a nosotros en Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre para salvarnos.

“Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6-8).

Eclesiastés 12 – Apocalipsis 5 – Salmo 140:6-13 – Proverbios 29:21-22

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La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

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La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

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Dios es luz (4)

domingo 10 diciembre

Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.

1 Juan 1:5

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 8:12

Dios es luz (4)

“Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”. Tales palabras recuerdan la gloria de Dios, la pureza intrínseca, absoluta e inalterable de su naturaleza. Demuestran su exigencia de claridad y de verdad. Nos dan la esperanza de tener un conocimiento perfecto (1 Corintios 13:12), pero también denuncian toda pretensión de presentarnos ante Dios con nuestros pecados. Dios es santo, perfecto, libre de todo mal, de toda sombra. Nuestro gozo y nuestra comunión con él están ligados al hecho de que él es luz porque ilumina nuestra conciencia para mostrarnos aquello de lo cual debe ser purificada.

La luz manifiesta todo (Efesios 5:13). En la luz de Dios, mi corazón revela su fealdad; no soy tal como me veía con satisfacción, ni como me muestro ante los demás. ¡Terrible descubrimiento! Nadie puede mantenerse en esta luz, bajo su poder penetrante (Salmo 139), si no está al abrigo de Jesús.

“Dios es luz” y desea que los hombres tengan un lugar en “la luz”, en comunión con él, el “Dios bendito” (1 Timoteo 1:11). En el mundo físico, la luz se ve, es activa, brilla. De la misma manera, Dios se ha revelado, se dio a conocer. Obra sin cesar mediante su Espíritu para producir y mantener la vida. Derrama sobre sus hijos todas sus bendiciones (Santiago 1:17), ilumina sus corazones para mostrarles su gloria en la persona de Jesucristo (2 Corintios 4:6).

(continuará el 12 de diciembre)

Eclesiastés 9 – Apocalipsis 3:7-22 – Salmo 139:19-24 – Proverbios 29:17-18

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Dios salva (3)

viernes 8 diciembre

Yo el Señor soy Salvador tuyo y Redentor tuyo.

Isaías 49:26

Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad.

Tito 2:13-14

Dios salva (3)

Dios es salvador. Igual que un hilo dorado, esta expresión atraviesa toda la Biblia. Da testimonio de toda la gracia, de todo el amor de Dios.

Decir que Dios salva es decir que libera del pecado y del juicio. La esclavitud del pecado puede ser descrita como esa fuerza de egoísmo que nos impide someternos a Dios y nos encierra en nosotros mismos. El pecado nos separa de Dios y pesa sobre nuestra conciencia. Desde Adán, caracteriza a cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces, apenas pronunciamos una palabra, nos arrepentimos de haberla dicho! ¡De cuántas acciones sentimos vergüenza, y cuántas situaciones hay que nos gustaría cambiar…! ¡Pero hay una buena noticia! Dios quiere salvarnos de todo lo que nos encadena y perturba nuestra conciencia. Nos salva del pecado.

¿Cómo hace Dios para salvarnos? Lo hace mediante su Hijo Jesucristo. “El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14). No es el Salvador de la «gente buena», de aquellos que tienen una buena reputación moral, sino que es el Salvador de todo el mundo, de las personas de todo pueblo y condición.

En hebreo, el nombre de “Jesús” significa Dios salva. Jesús no solo fue enviado para anunciar esta liberación, sino que él mismo es esa salvación, él mismo es el Salvador.

Dios quiere salvarnos, pero no lo hace sin nuestra aceptación consciente. Nosotros debemos responder a su oferta recibiendo al Señor Jesús.

(continuará el 10 de diciembre)

Eclesiastés 6-7 – Apocalipsis 2:1-17 – Salmo 139:7-12 – Proverbios 29:13-14

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Poseído por el pecado

jueves 7 diciembre

Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre.

Salmo 79:9

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Romanos 8:1

Poseído por el pecado

Martín Lutero (siglo 16) estaba convencido de que su vida, y todo su ser, estaban marcados totalmente por el pecado. Sabía que era prisionero del diablo, condenado a la muerte eterna. El pecado, que había heredado al nacer, lo atormentaba continuamente. Sabía que su vida no podía producir nada bueno, pues estaba poseído por el pecado.

Había tomado conciencia de lo que declara la Palabra de Dios: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Todos necesitamos ser liberados de este estado de pecador para poder ser salvos. Dios quiere que exploremos las profundidades íntimas de nuestro corazón, quiere que su luz nos ilumine. Así me hace ver lo que soy por naturaleza, es decir, pecador, incapaz de hacer el bien.

Entonces, tal como un hijo reconoce sus faltas ante un padre lleno de amor, todo ser humano puede reconocer sus pecados ante Dios y arrepentirse, como lo hizo Lutero. Nadie merece el perdón de Dios. Sin embargo, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

¿Por qué Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, para purificarnos de nuestras iniquidades? Porque su Hijo llevó el castigo que nosotros merecíamos, y así quedamos libres. Lutero comprendió esto leyendo la Biblia.

Jesucristo “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Eclesiastés 4-5 – Apocalipsis 1 – Salmo 139:1-6 – Proverbios 29:11-12

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Dios escucha (2)

miércoles 6 diciembre

Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne.

Salmo 65:2

Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias.

Salmo 34:6

Dios escucha (2)

La Biblia nos dice reiteradamente que Dios escucha. Escucha el clamor de los que sufren, así como sus suspiros. Él es el que escucha la oración.

Entre los hombres, a menudo el menor escucha al mayor: el alumno escucha al profesor, el obrero a su patrón, y es difícil ser escuchado por un hombre que tiene un alto cargo. ¡Pero Dios es totalmente diferente! Es un Dios de bondad que da el primer paso para acercarse a su criatura. Nos escucha, pero no de manera distante, sino cercana y activa: “Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano” (2 Reyes 20:5).

Entonces podemos preguntarnos: Dios escucha, pero yo, por mi parte, ¿le hablo? ¿Lo hago en verdad? Dios no tiene en cuenta la cantidad de nuestras palabras, pero responde a quien se dirige a él con confianza y verdad. Aprendamos a orar con todo nuestro corazón, a expresar nuestras necesidades reales y lo que sentimos (lea Lucas 11:5-8). No se ora con ideas o textos ya preparados, sino con todo nuestro ser.

Oremos con sinceridad, incluso si nos parece que Dios no nos responde. Pensemos en la experiencia de Job y en la respuesta que Dios le dio al final, una respuesta más grande y hermosa de lo que hubiese podido pensar. Como Job, podemos contar todo a Dios, nuestras tristezas, incluso nuestras quejas… y esperar con confianza su respuesta.

“Respondió Job al Señor, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:1-2).

(continuará el 8 de diciembre)

Eclesiastés 2:12-3:22 – Santiago 5 – Salmo 138:6-8 – Proverbios 29:9-10

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Los cuidados de Dios

martes 5 diciembre

Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré.

Ezequiel 34:12

Los cuidados de Dios

Durante la segunda guerra mundial, un cristiano formaba parte de una patrulla de reconocimiento nocturno muy cercana de las líneas enemigas. Era necesario guardar silencio absoluto. Desgraciadamente a menudo los cordones de sus polainas se soltaban y él debía agacharse para volver a hacer el nudo, luego debía correr para unirse nuevamente a la patrulla. A la tensión de sentirse cerca del enemigo se añadía la contrariedad que le causaban estos incidentes.

Cuando se agachó nuevamente para atar los cordones, una ráfaga de metralleta lanzada justo en su dirección pasó por encima de él. Salvó su vida gracias a ese cordón recalcitrante. Comprendió que Dios había empleado ese medio para protegerlo, y emocionado le dio las gracias.

A veces el Señor permite situaciones en nuestra vida que nos molestan. Quiere detenernos en el camino que hemos emprendido, para que aprendamos a dominarnos o para protegernos. Nuestra primera reacción a menudo es un sentimiento de rebeldía, no comprendemos el porqué de lo que sucede.

El profeta Oseas nos muestra los cuidados de Dios, incomprendidos por su pueblo. “Contra mí se rebelaron; yo los redimí” (Oseas 7:13). “No conoció que yo le cuidaba… los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo” (Oseas 11:3).

El Señor siembra nuestras vidas con sus manifestaciones de amor, pero nosotros no las percibimos en el momento. Confiemos en él y aprenderemos a verlas.

Eclesiastés 1:1-2:11 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7-8

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