Dios, una Persona

Dios, una Persona

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Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. – Juan 17:3

alimentemos_el_alma¿Considera usted a Dios como un poder, una influencia, un inmenso conjunto o el universo mismo? El Dios del cristiano, aquel que se ha dado a conocer en su Palabra, la Biblia, es una persona. Una persona es un ser consciente, que piensa, siente y tiene proyectos, es alguien que obra y tiene relaciones activas con los demás. Uno puede hablar con una persona y obtener respuestas de ella. Puede conocerla. En este sentido, la Biblia nos revela claramente a Dios como una persona.

Dios piensa: “Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

Dios obra: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1); la Biblia está llena de sus hechos a favor de su criatura.

Dios tiene sentimientos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Dios comunica: “En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende” (Job 33:14). “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2).

Vale la pena, incluso es imprescindible, conocer a esta Persona. No se contente con lo que le digan acerca de Dios. Búsquelo, él se revelará a usted porque quiere adoptarlo como su hijo. “Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:18).

1 Samuel 21 – Mateo 17 – Salmo 17:10-15 – Proverbios 5:15-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?

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Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. – 1 Corintios 15:54-57

alimentemos_el_alma¡Qué angustia sentimos cuando a uno de nuestros familiares o amigos le sobreviene una enfermedad grave! Empieza un combate de esperanza y miedo. El personal médico se moviliza y el ánimo parece renacer… pero, ¿hay cura? A veces sí, pero otras veces la enfermedad sigue su curso, y al fin llega la muerte… que parece obtener la victoria.

Entonces, ¿dónde está la esperanza con respecto a la muerte? 1 Corintios 15 habla primeramente de la resurrección de Jesucristo, de su victoria sobre la muerte. Luego afirma que todos los creyentes resucitarán con un cuerpo parecido al de Cristo, cuando vuelva por ellos. ¡La resurrección es la victoria, la esperanza! Entonces se cumplirá lo que está escrito en el versículo 54: “Sorbida es la muerte en victoria”.

La muerte alcanza a todos. Ella llena de temor e incertidumbre al que ignora que Jesucristo resucitó. Jesús da la victoria sobre la muerte a todos los que creen en él. Él sufrió en la cruz la condenación que merecíamos debido a nuestros pecados… Resucitó, después de haber sufrido todo el castigo en nuestro lugar. Todos los que creen son, pues, justificados, y todos sus pecados son perdonados.

Después de su muerte, los creyentes gozarán de la vida eterna con su Salvador en el paraíso. Pero para los que rehusaron creer en Cristo, “está establecido… que mueran… y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

1 Samuel 20:24-42 – Mateo 16:13-28 – Salmo 17:6-9 – Proverbios 5:7-14

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Metamorfosis

Metamorfosis

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Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial… Es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.- 1 Corintios 15:49, 53

alimentemos_el_almaLa oruga se encierra en el envoltorio protector de su crisálida. Podríamos pensar que es su ataúd. ¡Pero no es así! Por medio de una misteriosa metamorfosis, los tejidos de esa pequeña criatura viva van a desaparecer, ¡y luego, de una sustancia amorfa, saldrá una magnífica mariposa!

¡Qué extraordinarias transformaciones! El insecto que trepaba, ahora va a volar. Se alimentaba de hojas y ahora va a chupar el néctar de las flores. Como larva era un ser insignificante, pero como mariposa pasó a ser una de las bellezas de la naturaleza.

Al igual que para la oruga, nuestra vida en la tierra parece encerrarse en la tumba como la ninfa inerte en su capullo, pero, como la mariposa, los creyentes resucitarán con un cuerpo nuevo cuando el Señor venga, y estarán para siempre con él.

La Biblia compara el cuerpo a una semilla puesta en la tierra. El cuerpo “se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder” (1 Corintios 15:42-43). La gente escéptica que pregunta: “¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?”, es llamada necia (1 Corintios 15:35-36). La Biblia también dice que los incrédulos resucitarán para ser juzgados (Juan 5:29; Apocalipsis 20:12).

Aprendamos a leer el gran libro de la naturaleza. El Creador escondió en ella algunos de sus prodigiosos secretos y nos los revela para nuestra instrucción mediante imágenes como la de la mariposa.

1 Samuel 20:1-23 – Mateo 16:1-12 – Salmo 17:1-5 – Proverbios 5:1-6

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El Apocalipsis

El Apocalipsis

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Dios… ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. – Hechos 17:30-31

alimentemos_el_almaEl Apocalipsis invadió nuestro imaginario contemporáneo. La ciencia ficción de los últimos años se complace en imaginar catástrofes ineludibles, cataclismos tan repentinos como destructores. Por supuesto, estas ficciones a menudo están alimentadas por acontecimientos que forman parte de la actualidad.

Todo este imaginario expresa la profunda angustia del hombre ante su futuro en un momento en el que todos los equilibrios del planeta están en peligro.

Pero la palabra «apocalipsis», cuyo verdadero sentido se ha ido perdiendo, es el nombre que recibe el último libro de la Biblia con un sentido preciso: Revelación. Fijémonos en el hecho de que Dios, cuya bondad, amor y gracia evocamos gustosamente, también se revela como el autor de terribles juicios. El sentido que hoy tiene la palabra «apocalipsis» viene precisamente de esos terribles juicios.

Dios es un Dios salvador; por medio de Jesucristo ofrece la salvación y el perdón a todo el que se arrepiente. Pero Dios también es un Dios de justicia y de verdad que detesta el pecado y no puede permanecer indiferente ante todas las formas de mal cometidas por una humanidad que vive sin él. Su paciencia se acabará, y las Escrituras afirman solemnemente que Dios juzgará al mundo. Hoy, el anuncio de estos juicios es una oportunidad para que cada uno piense en el fin del hombre y del mundo, y sobre su propia relación con el Dios salvador.

1 Samuel 19 – Mateo 15:21-39 – Salmo 16:7-11 – Proverbios 4:20-27

Este es mi hijo

Este es mi hijo

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El Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? – Hebreos 12:6-7

alimentemos_el_almaCierto día un transeúnte asistió, de lejos, a una violenta pelea entre dos niños. De repente un desconocido apareció en la escena y tomó a uno de los adversarios por el cuello, lo puso a un lado y lo reprendió severamente. Nuestro espectador consideró que había sido testigo de una flagrante injusticia e intervino enérgicamente: –¿Por qué castiga a este niño? ¡El otro es igual de culpable! El desconocido lo miró serenamente y le dijo: –Es cierto, ¡pero este es mi hijo!

Ese hombre se sentía responsable del comportamiento de ese niño porque era su hijo. Le importaba su educación. Al otro no lo conocía y no tenía por qué corregirlo.

A veces los creyentes pasan por momentos difíciles, mientras que todo parece fácil para los que no piensan en Dios. La explicación está en la sencilla respuesta de este padre: ¡Este es mi hijo!

Si Dios se ocupa de nosotros para educarnos, es una clara prueba de que somos sus hijos. Se preocupa por nosotros y quiere nuestro bien; esta educación paterna es el privilegio exclusivo de los hijos. Es la expresión de su amor fiel hacia ellos.

“Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5-6). “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

1 Samuel 18 – Mateo 15:1-20 – Salmo 16:1-6 – Proverbios 4:14-19

El Cabo de Buena Esperanza

El Cabo de Buena Esperanza

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El mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre… nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia. – 2 Tesalonicenses 2:16

No os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. – 1 Tesalonicenses 4:13

alimentemos_el_almaEn 1488, una tripulación portuguesa que estaba buscando un paso marítimo hacia las Indias bautizó con el nombre de «Cabo de las Tormentas» un punto situado muy cerca del extremo sur de África. En efecto, los fuertes vientos que se presentaban allí hacían que este fuera un lugar temible para la navegación. Pero muy pronto comprendieron que aquel punto abría el paso a las Indias, y el nombre fue cambiado por «Cabo de Buena Esperanza».

Para todos los seres humanos, la muerte es ese cabo de las tormentas. Es la sentencia de Dios a la desobediencia del hombre (Génesis 2:17). Nadie puede escapar de él; la Biblia lo describe como el “rey de los espantos” (Job 18:14). Pero para los que depositaron su confianza en Jesucristo y recibieron por fe la vida eterna, la muerte pasa a ser ese cabo de buena esperanza, la puerta de entrada del paraíso (Lucas 23:43). Saben que Jesús su Salvador pasó por la muerte y salió de ella victorioso, y tienen la seguridad de que resucitarán como él (1 Corintios 15). Por esta razón pueden esperar el momento de su partida sabiendo que su Salvador los acompañará en ese difícil paso.

Pero también están esos “otros que no tienen esperanza”, de quienes habla el apóstol Pablo. Si usted está entre esos otros y si siente mucha angustia cada vez que piensa en la muerte, no es demasiado tarde para echar mano de la esperanza que Dios propone. Crea en Jesucristo, quien murió por usted para darle la vida eterna y liberarlo del miedo a la muerte.

1 Samuel 17:31-58 – Mateo 14:13-36 – Salmo 15 – Proverbios 4:10-13

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Dios me parecía tan lejano

Dios me parecía tan lejano

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Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.-Juan 1:12
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.-Mateo 5:44

alimentemos_el_alma«Nací en Marruecos. Cuando nuestra familia vino a instalarse en Francia, continué practicando mi religión, pero Dios me parecía tan lejano. Deseaba tener una relación mucho más profunda con él, lo buscaba, pero siempre sentía un gran vacío. En esa época mi hermana mayor, Fátima, se convirtió al cristianismo. Para nosotros era una vergüenza. Rompimos su Biblia, pero no logramos destruir la fe interior que poseía. El fervor, la paz y el amor que mi hermana irradiaba me llamaron la atención. Mis padres me mandaron a «vigilarla». Tenía muchos prejuicios sobre el cristianismo, pero cuando entré en el lugar donde mi hermana se reunía y vi cómo aquellos cristianos adoraban a Dios, quedé realmente impresionado. ¡Aquellos cristianos amaban a Dios más que yo!

Entonces leí la Biblia, y la persona de Cristo me cautivó. ¡Un gran rey que deja la gloria del cielo para nacer en un establo! Un rey que me decía: ¡Ama a tus enemigos y ora por los que te persiguen! Sabía qué era el pecado: robar, mentir… pero ante la cruz de Jesús me di cuenta de mi miseria y pedí perdón a Dios.

Luego pedí perdón a muchas personas a las que había hecho daño. Detestaba a mi padre, pero lo abracé pidiéndole perdón y perdonándolo. Mi padre tuvo la misma experiencia que yo, es decir, aceptó a Jesús en su vida.

Al recibir a Jesús encontré a Dios, quien es mi Padre celestial. Recibí la seguridad de la vida eterna».

Saïd

1 Samuel 17:1-30 – Mateo 13:44-14:12 – Salmo 14 – Proverbios 4:7-9

Maestro, ¿dónde moras?

Maestro, ¿dónde moras?

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Jesús… les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. Juan 1:38-39

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Santiago 4:8

alimentemos_el_almaAndrés y Juan decidieron seguir a Jesús. Lo conocían muy poco, solo habían oído decir que era el Cordero de Dios, el Mesías que Dios había prometido. Como empezaron a seguirle, Jesús les preguntó: “¿Qué buscáis?”.

Esta pregunta nos interpela. ¿Qué buscamos en la fe cristiana? ¿Una enseñanza religiosa, una forma de desarrollo personal, una regla de conducta? Quizá todo esto nos haría bien, pero preguntémosle primero al Señor: “¿Dónde moras?”. Primero que todo necesitamos su presencia, la presencia de Dios. Andrés y Juan quizá no estaban dispuestos a abandonarlo todo para seguir a Jesús, pero deseaban acercarse a él para conocerlo verdaderamente. Entonces el Señor les invitó a venir y ver. El llamado del Evangelio es: “Ven y ve” (Juan 1:46). No es: busque en usted mismo, sino: vaya a lo que Dios propone. ¡Experimente, valore y agradezca!

Este llamado es personal, pero Andrés y Juan lo oyeron juntos. Fueron a ver dónde vivía Jesús y se quedaron con él aquel día… y siempre.

Como ellos, podemos buscar juntos la presencia del Señor. ¿Dónde está el Señor? Él mismo da la respuesta: donde dos o tres se reúnen en torno a él (Mateo 18:20). Allí donde nos reunimos para orar y estudiar la Biblia, donde adoramos a Dios. Vivir en la presencia de Cristo es un acto de fe responsable ligado a la necesidad de conocerle mejor.

1 Samuel 16 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

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Como el hombre trae a su hijo

Como el hombre trae a su hijo

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El Señor tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. – Deuteronomio 1:31

Los sustentaste cuarenta años en el desierto. – Nehemías 9:21

alimentemos_el_almaAquella noche la familia de Guillermo estaba de visita en casa de unos amigos. La conversación se prolongó y el niño, cansado de jugar, se acurrucó en una esquina del salón, esperando que los mayores acabasen sus conversaciones.

Cuando sus padres decidieron marcharse, el niño estaba profundamente dormido. Su padre lo tomó cuidadosamente en sus brazos… La cabeza del pequeño cayó pesadamente en el hombro paterno. Estaba completamente abandonado a los cuidados de sus padres. Su madre, temiendo que se resfriara, puso su abrigo sobre el niño. Su padre lo instaló en el automóvil, teniendo cuidado para no despertarlo. Cuando llegaron a casa acostó a Guillermo en su cama. El niño seguía durmiendo y no se dio cuenta de todos los cuidados que sus padres le brindaron.

Este tipo de escena se repite muchas veces. ¿Qué padre no sintió gran ternura al llevar en sus brazos a su niño dormido, quien descansaba sobre él con plena confianza? ¿Qué madre no cubrió tiernamente a un bebé mientras dormía?

Y nosotros, ¿seremos indiferentes al lenguaje divino, cuando Dios afirma que cuidó de su pueblo “como trae el hombre a su hijo”? Esto nos muestra la infinita ternura de nuestro Dios hacia aquellos que dependen de él. Hijos de Dios, estamos rodeados de sus tiernos cuidados, y muy a menudo sin que nos demos cuenta de ello. ¡Abandonémonos, pues, a sus cuidados paternos con total confianza!

1 Samuel 15 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

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El vagón del metro

El vagón del metro

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Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. – Romanos 5:8, 10

¡Gracias a Dios por su don inefable! – 2 Corintios 9:15

alimentemos_el_almaEstaba de pie en un vagón lleno de gente del metro parisiense. Personas de todas las edades, de orígenes diferentes y de todas las condiciones sociales se hallaban momentáneamente reunidas. A mi lado había un hombre sentado trabajando en su ordenador, más lejos había una persona exponiendo por teléfono su triste situación en medio de la indiferencia generalizada. Muchos estaban encerrados en sus pensamientos o preocupaciones. Algunos me parecían simpáticos, otros realmente antipáticos… ¡A algunos nunca los invitaría a mi casa!

De repente me vino a la cabeza un versículo de la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¡“Todo aquel”! ¿Es posible? ¿No se toma en cuenta la condición social, económica o el grado de instrucción? ¡No! “Todo aquel” se refiere a cada uno de los que están en el vagón, sin excepción. ¿Es posible que Dios haya sacrificado a su Hijo muy amado por estas personas como lo hizo por mí? ¡Sí! Y esta generosa oferta no excluye a nadie; a todo aquel que cree, Dios le ofrece el perdón de los pecados, la vida eterna y un lugar en el cielo junto a su Hijo. A estas personas Dios no solo las invita y les ofrece su perdón, sino que quiere hacer de ellas sus propios hijos. Verdaderamente solo el Dios de amor puede abrir sus brazos a todos, incluso al más desamparado. La oferta divina es para usted y para mí. ¡Dios lo está esperando!

1 Samuel 14:23-52 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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