¿Dónde estás?

La Buena Semilla

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El Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

Génesis 3:9-10

Huía de la presencia del Señor

Jonás 1:10

¿Dónde estás?

Esta es la primera pregunta que Dios hace en la Biblia, y se dirige al primer hombre que, después de haberle desobedecido, se escondió y huyó de la presencia divina. Esta misma actitud continúa manifestándose hoy. Muchas personas se sienten incómodas con Dios, por eso huyen. Sin embargo, así como Dios trató de ponerse en contacto con Adán, también trata de hacerlo con cada uno de nosotros ahora.

¿Dónde estás? Esta pregunta no se refiere a nuestra posición geográfica, sino al estado de nuestro corazón. ¿Cuál es nuestra reacción al llamado de Dios? Podemos huir o encerrarnos en el ateísmo, escondernos en el materialismo de la sociedad de consumo, escudarnos detrás de razonamientos que parecen sensatos, ser indiferentes a lo espiritual…

Tratar de escapar de Dios no resuelve nada. Un día cada uno de nosotros comparecerá ante él y tendrá que dar cuenta de las decisiones que haya tomado durante su vida.

Hoy Dios desea tener un encuentro con nosotros tal como somos. Dejémonos iluminar por su luz, no le escondamos nada. Confesémosle nuestra incapacidad y nuestros pecados. No solo recibiremos un pleno perdón, sino también su gracia, que está basada en el sacrificio de su Hijo. Así es como uno se convierte en hijo de Dios; y entonces, en vez de escondernos, le hablamos como a un Padre.

“Vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él (de Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:17-18).

1 Samuel 3 – Mateo 6:1-18 – Salmo 5:1-7 – Proverbios 2:6-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

Reconciliaos con Dios.

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Reconciliaos con Dios.

2 Corintios 5:20

Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.

Job 22:21

La felicidad

«Invierta en la felicidad». Esta era la publicidad que hacía una agencia inmobiliaria en una estación de deportes de invierno. Seguro que la publicidad tuvo mucho impacto, pues ¿quién no busca la felicidad? ¡La felicidad es una necesidad permanente del hombre! Ya el rey Salomón (hace 3.000 años) quiso encontrarla en la búsqueda intelectual, en el bienestar, la riqueza… No “aparté mi corazón de placer alguno”, dijo él (Eclesiastés 2:10). ¿Cuál fue su conclusión? “Vanidad de vanidades… todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:2, 14).

En el principio Dios colocó al hombre en el huerto de Edén. Pero su desobediencia lo alejó de Dios, y el paraíso en la tierra se acabó. Sin embargo Dios, quien es misericordioso, y cuyo amor es invariable, preparó un camino para que el hombre encuentre la felicidad.

¡Reconcíliese con él! Pero, ¿quién de nosotros puede borrar sus ofensas hechas a Dios? ¿Sobre qué base podemos encontrar la paz? Este es el mensaje tranquilizador pero solemne que la Biblia nos dirige: “Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo…”. Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 5:10; 4:25). Sobre él descansa nuestra reconciliación perfecta, porque Jesús hizo la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20). El mismo día de su resurrección mostró a sus discípulos sus manos y su costado traspasados, y les dijo: “Paz a vosotros” (Lucas 24:36). Los discípulos se llenaron de gozo cuando vieron al Señor, en quien está la fuente de la verdadera felicidad.

1 Samuel 2 – Mateo 5:21-48 – Salmo 4:4-8 – Proverbios 2:1-5

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No seas incrédulo, sino creyente

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(Jesús) dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Juan 20:27

No seas incrédulo, sino creyente

(Lea Juan 20:24-31)

“Acerca tu mano, y métela en mi costado” (Juan 20:27). ¿Qué significa esta frase de Jesús dirigida a su discípulo Tomás? Este no creía que Jesús había resucitado, por ello Jesús le habló y le mostró que él era efectivamente el que había sido crucificado, y a quien el soldado romano había herido un costado con su lanza.

Jesús se dirige a nosotros de la misma manera, sobre todo cuando somos víctimas de la duda. No está lejos de nosotros; espera que nos acerquemos a él de manera personal y espontánea, con confianza y ternura, para hablar de corazón a corazón.

¡Acordémonos de Jesús, de su santa humanidad, de su humillación, de su vida de sufrimiento, de su muerte y también del día en que resucitó! Echemos de nuestro corazón la incredulidad al recordar las heridas de nuestro Salvador, las marcas de la crucifixión.

Efectivamente, fue Jesús, el hombre perfecto, el que murió y resucitó, quien se presentó a Tomás. Su gloriosa resurrección daba testimonio de que él era Dios; Tomás no debía ser incrédulo, sino creyente. Él respondió mediante una exclamación: “¡Señor mío, y Dios mío!”, exclamación de gozo y adoración muy personal. No dice «Señor Dios», sino “¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:28-29).

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (la Biblia)” (Romanos 10:17).

1 Samuel 1 – Mateo 5:1-20 – Salmo 4:1-3 – Proverbios 1:24-33

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¿Por qué cree en Dios?

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Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

Efesios 2:8

¿Por qué cree en Dios?

«Por más que le dé vueltas a esta pregunta, la única respuesta que hallo es: mi fe es un regalo de Dios mediante el cual me dio la salvación. Es un regalo del Señor, que él cuida y renueva cada día. Al decir esto, es verdad, afirmo nada más y nada menos lo que la Biblia dice, pero me gustaría que sintamos palpitar y vibrar, en esta respuesta, la experiencia de toda una vida y el impulso de gratitud que me anima cuando me doy cuenta de que, si creo, si vivo en la comunión de Cristo, ¡es un regalo de Dios!

Obviamente, esto no significa, de ningún modo, que la fe haya caído sobre mí un buen día, terminada y perfecta. Como todo lo que vive, mi fe tiene una historia. La piedad de mi familia, la lectura de la Palabra de Dios, la enseñanza por parte de otros cristianos, así como los peligros de la guerra, innumerables encuentros y mis propias decisiones fueron instrumentos en las manos de Dios para introducirme, hacer que avanzase y mantenerme en la fe.

Pues esta fe, que solo depende del amor incondicional de Dios, está igualmente expuesta a «variaciones de intensidad» y balanceada por las dudas. ¡Para nadie es fácil creer en Dios cuando las desgracias parecen contradecir hasta su existencia! Pero incluso esta fe, este arraigamiento en Cristo, me confiere la responsabilidad de velar para alimentarme de sus fuentes (la Biblia, la oración), de dar testimonio a mi alrededor, de servir a mi prójimo, y en una palabra, de vivirla». según Albert G.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Rut 4 – Mateo 4 – Salmo 3 – Proverbios 1:20-23

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¿En qué Dios cree?

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Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.

1 Juan 1:5

Dios es amor.

1 Juan 4:8

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:10

¿En qué Dios cree?

Alguien le preguntó a Albert Einstein (físico de fama mundial) si creía en Dios, y este respondió: «Dígame primero a qué llama Dios».

Esta pregunta es importante: ¿En qué Dios cree? ¿O en qué Dios no cree?

A menudo nos hacemos una falsa idea de Dios. Algunos lo imaginan como un juez implacable, y esto no los lleva a buscarlo, al contrario, huyen de él. Otros tienen más bien la idea de un «buen Dios» que tolera todo, y esto les basta.

¡Pero Dios no es ni lo uno ni lo otro! Él tiene dos atributos principales: amor y luz. Es luz porque ve todo. No solo nuestras acciones, sino también los motivos y las intenciones de nuestro corazón. Es amor porque desea el bien de sus criaturas.

Para darse a conocer, Dios vino a la tierra en la persona de su Hijo, Jesucristo. Al hacer milagros (resucitó muertos, ordenó al viento calmarse…) dejó ver de forma clara su origen divino y su amor por los hombres que había venido a buscar. “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). Mostró a sus interlocutores que sabía todo sobre ellos, así trató de despertar su conciencia para que se arrepintiesen y creyesen en él. Pero sobre todo aceptó morir en nuestro lugar, “el justo por los injustos”, y soportó así el justo juicio de Dios que merecíamos como pecadores.

Nosotros creemos en ese único Dios vivo y verdadero, y le invitamos a creer también en él.

Rut 3 – Mateo 3 – Salmo 2:7-12 – Proverbios 1:10-19

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¡Venga tal como es!

La Buena Semilla

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Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos… ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley del Señor está su delicia… Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Salmo 1:1-3

¡Venga tal como es!

El año que acaba de pasar nos trajo su lote de inquietudes. ¿Qué pasará en el 2017?

El texto de la Biblia arriba indicado nos enseña que podemos encontrar la verdadera felicidad incluso en un mundo donde todo va mal. Cada uno está invitado a depositar su confianza en el gran Dios revelado en la persona de Jesucristo. ¡Solo hay que responder a la invitación! Dios nos recibirá sin hacernos reproches. Su deseo es que conozcamos su paz, su felicidad, y acompañarnos cada día.

Jóvenes, ¡no tarden más! No esperen haber hecho su vida para tomar una decisión. Y usted que es mayor, ¡aún no es demasiado tarde! Incluso si lamenta mucho haber hecho tal o cual cosa, Dios perdona y quiere recibirlo tal como es. Dio a su Hijo para concederle ese perdón. Adultos en pleno vigor, ¡dejen sus ambiciones materiales! Confíen su vida a aquel que solo desea su bien. Tímidos, ¡atrévanse a acercarse a Dios! Él es bondadoso y bueno. Prisioneros, ¡hay perdón en Dios! Confíen en su gracia perfecta; ¡él quiere darles una vida nueva! Lentos, ¡apresúrense a dar el paso hacia Aquel que les está esperando! Solitarios, ¡vayan a Jesús! Experimentarán toda la realidad de su presencia.

Todos estamos más o menos heridos por la vida. Hablemos de nuestro sufrimiento a Jesús, el médico divino, y confiemos en él. Bebamos de la fuente inagotable de la Palabra de Dios.

“El que tiene sed, venga; y… tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

Rut 2 – Mateo 2 – Salmo 2:1-6 – Proverbios 1:7-9

http://labuenasemilla.net/20170102

¡Feliz año nuevo!

LA BUENA SEMILLA

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Enero 1

Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 1 Timoteo 2:3-4

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16

¡Feliz año nuevo!

Al empezar un nuevo año escuchamos esta expresión por todas partes: en los pasillos de las empresas, en la calle, en el mercado… ¡Todavía no hay nada escrito en la página blanca del año que acaba de empezar! ¡Todos esperamos mucho de él!

«¡Feliz año y, sobre todo, salud!». Efectivamente, la salud es algo que nos concierne a todos de forma muy personal. Nos preocupa el caso de uno u otro de nuestros conocidos que tiene una enfermedad incurable. ¡Sí, sobre todo la salud, pues pone en juego nuestra vida!

Pero, ¿no hay algo más importante para nuestra vida? Dios nos ofrece todavía un año, o al menos una parte del año para que nos pongamos en contacto con él. ¿Sabe que él también le desea lo mejor para este nuevo año? Él desea que cada uno de nosotros lo conozca. Envió a su Hijo Jesucristo a la tierra para abrir un camino hacia él, para establecer una verdadera relación con los hombres. Conocer a Dios es poder llamarlo Padre. Dios desea para usted el perdón, la paz, la felicidad, la libertad…

¡Y nosotros le deseamos lo mismo! Le deseamos un año marcado por una relación con el Dios que le ama, que le busca y que quiere salvarlo. ¡Entonces sí que tendrá un buen año!

“Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gálatas 1:3-4).

Rut 1 – Mateo 1 – Salmo 1 – Proverbios 1:1-6

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