El corazón humano

Sábado 14 Mayo

Yo sé que en mí… no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

Romanos 7:18

(Jesús dijo:) Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Lucas 5:31-32

El corazón humano

Lo que sucede cada día en el mundo es inquietante. El horror y la inmoralidad ocupan un lugar cada vez más importante en los hechos difundidos por los medios de comunicación. La cantidad de manifestaciones públicas que tienen como objetivo condenar este o aquel acto horrible demuestra una voluntad de detener esa marea del mal que va progresando. Pero es inútil esperar que el mal que invade el mundo retroceda si dejamos a Dios de lado.

No nos equivoquemos, el origen de todo acto reprensible y de todo crimen está en el corazón del hombre. La Biblia declara que el corazón es “engañoso más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9): no podemos cambiar nada. Incluso si a menudo nuestras intenciones son loables, en cada ser humano está la tendencia al mal.

La Biblia afirma que dicha tendencia está en cada uno de nosotros. Para Dios, “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Incluso si no hemos cometido un acto reprensible a los ojos de la sociedad, necesitamos ser liberados de este estado de pecado para experimentar la paz interior y poder agradar a Dios. Dios es amor, y “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Jesucristo dio su vida y fue condenado en nuestro lugar. ¡Recibir y aceptar este mensaje es creerle!

Isaías 61-62 – Marcos 12:1-27 – Salmo 57:6-11 – Proverbios 15:15-16

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¿Podemos ver a Dios?

Viernes 13 Mayo

(Moisés dijo a Dios:) Te ruego que me muestres tu gloria… Le respondió… No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.

Éxodo 33:18-20

(Jesús le dijo:) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Juan 14:9

¿Podemos ver a Dios?

 – Si viera a Dios, entonces creería en él.

 – Mire primero el sol, fue la respuesta.

 – ¡No puedo, alumbra demasiado y me volveré ciego!

 – Si no puede soportar el hecho de mirar el sol, una creación de Dios, ¿cómo podría soportar ver a Dios mismo?

Moisés pidió a Dios: “Te ruego que me muestres tu gloria”. Dios le respondió: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”. Sin embargo, con bondad, Dios se mostró parcialmente a Moisés. Dios mismo lo escondió en la hendidura de una roca, luego se manifestó en toda su grandeza, y Moisés lo vio, pero no cara a cara, sino por detrás.

¿Qué significa esto? Que es imposible ver su gloria. Varias veces en la Biblia, cuando algunos hombres fueron conscientes de estar en la presencia de Dios, comprendieron que estaban perdidos, en una situación desesperada (por ejemplo, Isaías 6:1-5). Pero nosotros podemos estar “escondidos en la roca”. ¿Quién es la roca? Es el Señor, la “fortaleza de los siglos” (Isaías 26:4).

Dios es espíritu, es invisible, vive en “luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16). No podemos verlo, pero podemos conocerlo recibiendo lo que nos comunicó. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. En Jesús podemos ver todos los caracteres de Dios, particularmente su justicia, su amor y su bondad. Él se acerca a nosotros, quiere nuestro bien y nos tiende la mano.

Isaías 60 – Marcos 11:20-33 – Salmo 57:1-5 – Proverbios 15:13-14

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La paciencia y la fe

Jueves 12 Mayo
Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
Lucas 17:5
Vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.
2 Tesalonicenses 3:13
La paciencia y la fe

Mientras caminaba con los demás discípulos, Pedro preguntó a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21-22).

En otra circunstancia Jesús les dijo: “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale; y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:3-4).

¡Pongámonos en el lugar de los discípulos! Mi hermano me hace daño, viene a pedirme perdón y yo perdono. Vuelve a hacerme daño y vuelvo a perdonarlo. Y otra vez… Habríamos dicho: “¡Eso realmente es un abuso!”.

Pero ante esa respuesta del Señor, los discípulos reaccionaron de forma correcta: pidieron más fe para alcanzar ese nivel de paciencia y amor hacia los demás, pues solo la fe puede ayudarnos en estos casos. En efecto, el Señor Jesús dice que la fe hace posible lo imposible: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería” (Lucas 17:6).

Hudson Taylor, misionero en China en el siglo 19, experimentó el poder de la fe. Sin embargo, con respecto a este versículo, decía: “No necesitamos una gran fe, sino un gran Dios”.

¿Tiene usted en su corazón a este gran Dios y Salvador? (Tito 2:13).

Isaías 59 – Marcos 11:1-19 – Salmo 56:8-13 – Proverbios 15:11-12

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El verdadero regalo

Miércoles 11 Mayo

Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate, porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás.

Salmo 49:7-8

(Jesús dijo:) Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

Apocalipsis 21:6

El verdadero regalo

En numerosas partes del mundo existe una costumbre social llamada “potlatch”, y derivada de un término chinook que significa “regalar”. Se trata de un sistema de intercambio de regalos en el que cada uno debe dar un regalo por lo menos equivalente al que recibió, para no quedar mal. Esta costumbre podría parecer extraña en nuestras culturas cristianizadas, si no analizamos algunas de las nuestras. Por ejemplo, como norma de cortesía no llegamos con las manos vacías cuando alguien nos invita; hay que devolver una invitación; el intercambio de regalos es una costumbre de fin de año; un servicio llama a otro servicio… En resumen, si nos dan un regalo, hay que devolver otro.

Pero con Dios no sucede lo mismo: él nos dio a su propio Hijo, ¿qué podríamos darle a cambio? Debemos aceptar sencillamente su regalo, pues ofreciéndole otro mostraríamos que no apreciamos ese don supremo en su justo valor. Aceptar su regalo también significa aceptar lo que somos ante él, es decir, pecadores. Para expiar nuestros pecados fue necesario que el Hijo de Dios diese su vida, ¡regalo inmenso pero necesario! De ninguna manera podremos comprar ni pagar nuestra salvación a través de una vida piadosa, obedeciendo principios morales, respetando la sociedad y a los demás. El regalo de Dios es gratuito, no es un crédito que debamos reembolsar. ¡Aceptémoslo simplemente! ¿Qué podemos darle a cambio? Simplemente nuestro agradecimiento, que se manifiesta viviendo de una manera que le agrade.

Isaías 58 – Marcos 10:32-52 – Salmo 56:1-7 – Proverbios 15:9-10

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Ella vio al Señor

Martes 10 Mayo
(Jesús dijo a María:) No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
Juan 20:17
Ella vio al Señor
Pasaje del Evangelio (Juan 20:11-16)
“María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron:

 – Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo:

 – Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.

Jesús le dijo:

 – Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:

 – Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo:

 – ¡María! Volviéndose ella, le dijo:

 – ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro)”.

La primera persona que fue al sepulcro esa gloriosa mañana de la resurrección fue María Magdalena, esa mujer de la cual el Señor había echado siete demonios (Marcos 16:9). Pero la piedra del sepulcro ya estaba quitada. María anhelaba tanto volver a ver a su amado Señor (v. 13), que Jesús no pudo dejar semejante afecto sin respuesta. ¡Y ella recibió mucho más de lo que esperaba! Fue un Salvador vivo el que se acercó a ella, la llamó por su nombre y le encargó la misión de anunciar a sus “hermanos” que la cruz, lejos de haberlo separado de ellos, era la base de vínculos completamente nuevos e inestimables: su Padre llegó a ser nuestro Padre, y su Dios, nuestro Dios.

Isaías 56-57 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

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Me sentía cansada y sin rumbo

Dios es grande, pero no desestima a nadie.
Job 36:5
(Jesús dijo:) Al que a mí viene, no le echo fuera.
Juan 6:37
Me sentía cansada y sin rumbo (2)
Testimonio
“Mis nuevos amigos me hablaron de la Biblia. Al principio solo la consideré como un buen medio para mejorar mi nivel de inglés. Pero, para mi gran sorpresa, en ella encontré la respuesta a mis preguntas. Jack y Carol manifestaban el amor y la paz porque había una fuerza especial en ellos. ¡Esta fuerza era la de Jesucristo!

Una noche, mientras estudiábamos la Biblia juntos, leí estas palabras: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Cerré los ojos y sentí la presencia de Jesús. ¡Podía escuchar su voz! Entonces invité a Jesús a mi vida. Cuando recibí el amor de Cristo, me sentí limpia, fuerte, feliz, y supe que para mí había empezado una nueva vida. ¡Ahora tengo paz, ya no estoy perdida!

¿Y usted? ¿Tiene paz en su corazón? Puede recibir a Cristo ahora por la fe, por medio de la oración. Orar es simplemente hablar con Dios. Él le conoce y está más atento a lo que hay en su corazón que a las palabras que usted pronuncia. Le sugiero que ore así: Señor Jesús, quiero conocerte personalmente. Gracias porque moriste en la cruz por mis pecados. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Salvador y mi Señor”. Él responderá a esta petición y se manifestará a usted.

Winnie W.
“Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).
“¿No hacen mis palabras bien al que camina rectamente?” (Miqueas 2:7).

Isaías 54-55 – Marcos 9:30-50 – Salmo 55:8-15 – Proverbios 15:5-6

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Me sentía cansada y sin rumbo

Domingo 8 Mayo
Raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
1 Timoteo 6:10
Éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias… Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó.
Tito 3:3-5
Me sentía cansada y sin rumbo (1)
Testimonio
“Nací en China. Fui educada en el marxismo, pero no creía nada de lo que me enseñaban. Mi divisa era: “Solo se puede contar con uno mismo”. La vida no era fácil en China; todos los miembros de mi familia trabajaban duro, con la esperanza de tener un futuro mejor.

Cuando terminé mis estudios universitarios, conseguí un buen empleo. Para muchos, el dinero era lo más importante. Los ricos miraban a los pobres con desprecio, y los fuertes explotaban a los débiles. Un día me di cuenta de que me había vuelto como esos ricos. Entonces empecé a odiarme.

Me sentía cansada y sin rumbo. ¿Acaso la gente no podía vivir en paz, con corazones puros? ¿No podían amarse unos a otros? Esto era fácil de decir, pero se necesitaba una fuerza especial para poder llevarlo a cabo. ¡Yo no tenía esa fuerza! Me hacía preguntas sin hallar respuestas.

Mi marido y yo emigramos a Canadá en 2001. Allí tuvimos la suerte de conocer nuevos amigos, Jack y Carol. Me sentía muy bien con ellos, como si nos conociésemos desde siempre. Cuanto más nos acercábamos, más me sorprendían. ¡Vivían de forma tan sencilla y eran tan cariñosos! Podíamos ver la paz y la felicidad en sus rostros. ¿Cómo hacían para vivir así? Entonces quise conocer el secreto de esta paz y de esta felicidad”.

(mañana continuará)
Isaías 52-53 – Marcos 9:1-29 – Salmo 55:1-7 – Proverbios 15:3-4

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Cada día es útil

Sábado 7 Mayo

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Romanos 8:28

Les irá bien a los que a Dios temen.

Eclesiastés 8:12

Cada día es útil

Cuando pasamos por periodos difíciles, quizás “escondamos” la cabeza esperando días mejores. Nadie desea los tiempos de prueba, sin embargo, Dios permite que pasemos por ellos para enseñarnos lecciones que no podríamos aprender de otra manera. Por ejemplo, ¿cómo podríamos ser consolados por él si nunca tuviésemos tristezas?

El Señor Jesús prometió a sus redimidos la paz que da el descanso de la conciencia (Juan 14:27), y también la paz que el corazón puede experimentar aceptando su voluntad, sea cual fuere. Confiando en el Señor podremos considerar cada día, fácil o difícil, como un nuevo regalo de su parte, una nueva ocasión para conocerlo como aquel que quiere compartir nuestras alegrías y tristezas. Detrás de cada circunstancia de nuestra vida, tratemos de ver la mano amorosa de Dios, y comprendamos su objetivo.

Jesús compara una de las actividades de su Padre respecto a sus hijos con el trabajo del viticultor que labra su viña (Juan 15:1-8). La poda puede ser dolorosa, pero su objetivo siempre es fortalecer la viña para que produzca más fruto. Dios no permite sufrimientos inútiles para sus hijos. Cada uno de ellos tiene su razón de ser, pues él “no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres” (Lamentaciones 3:33). ¡Él nos ama!

La disciplina paternal tiene un fin preciso:

 – Para que tu corazón no se enorgullezca (Deuteronomio 8:14).

 – Para que no te olvides del Señor tu Dios.

 – Para que no digas en tu corazón: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (v. 17).

Isaías 51 – Marcos 8:22-38 – Salmo 54 – Proverbios 15:1-2

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El poder a nuestra disposición

Viernes 6 Mayo

No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

2 Timoteo 1:7

Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

1 Corintios 2:5

El poder a nuestra disposición

La represa de la Grande Dixence (en los Alpes suizos) mide 285 metros de altura y 200 metros de grosor en la base. Permite acumular una gran cantidad de agua: ¡400 millones de metros cúbicos que provienen de 35 glaciares! Hace algunos años producía el 20% de la energía consumida en Suiza. Al visitar las instalaciones de la represa, pensé: toda esta agua podrá ser convertida en energía en las turbinas solo si se abren las válvulas.

Esta obra extraordinaria, fuente de tanta energía, me recuerda el poder de Dios que siempre está disponible para el creyente. Pero es necesario abrir las válvulas, para que los obstáculos que tan a menudo nos paralizan, desaparezcan. Los obstáculos son numerosos, por ejemplo, una mala conciencia. Dios, quien es santo, no puede manifestarnos su bendición y su poder si en nuestras vidas toleramos el mal (mentira, orgullo, conducta inmoral…).

El poder de Dios también puede ser limitado si hago de mí mismo el centro de todo. Dios no lo pondrá a nuestra disposición para satisfacer nuestro egoísmo. Demos a Jesucristo el primer lugar, pensemos en sus intereses. Vivamos para él y pongámonos al servicio de los demás. Entonces nuestras expectativas estarán más acordes con su voluntad, nuestras oraciones más eficaces, y veremos intervenir su poder.

No pensemos que nuestra falta de competencia es una discapacidad; al contrario, reconozcamos la poca fuerza que tenemos para decir, como el apóstol Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

Isaías 50 – Marcos 8:1-21 – Salmo 53 – Proverbios 14:35

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La confianza de Jesús

Jueves 5 Mayo

El justo en su muerte tiene esperanza.

Proverbios 14:32

Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Al Señor he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.

Salmo 16:18

La confianza de Jesús

Al venir a la tierra Jesús, el Hijo de Dios, vivió como un hombre. Y en esta condición humana, tomada voluntariamente, su confianza en Dios fue absoluta. El primer hombre, Adán, dudó de Dios, pero la confianza de Jesús fue perfecta hasta la muerte, para la gloria de Dios.

A continuación están unas cosas en que Jesús confió:

 – en el poder de Dios: Afirmó a sus discípulos: “Todas las cosas son posibles para Dios”, y los animó: “Tened fe en Dios”. En Getsemaní, antes de la crucifixión, lo escuchamos orar: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti” (Marcos 10:2711:2214:36).

 – en la sabiduría de Dios: Frente al sacrificio que le costaría la vida, depositó su confianza en la sabiduría de su Padre, y dijo: “Padre mío… no sea como yo quiero, sino como tú… hágase tu voluntad” (Mateo 26:3942).

 – en su amor: Oró a su Padre diciendo: “Los has amado a ellos como también a mí me has amado… me has amado desde antes de la fundación del mundo… para que el amor con que me has amado, esté en ellos” (Juan 17:23-26). El amor de su Padre era su gozo, su fuerza y su sostén, durante todos los sufrimientos de su vida en la tierra.

Jesús nos mostró que Dios era digno de toda confianza. Y Dios lo resucitó y lo glorificó.

Cristianos, sigamos su ejemplo y nunca dudemos del poder, la sabiduría y el amor de nuestro Dios. ¡Esta es la mejor manera de agradarle!

Isaías 49 – Marcos 7:24-37 – Salmo 52 – Proverbios 14:33-34

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