Comprendí que Jesús me amaba (2)

Domingo 9 Agosto
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera… Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
Comprendí que Jesús me amaba (2)
Testimonio

«Continué leyendo el Nuevo Testamento cada día. Una mañana, sentada en un bus, leí por primera vez el relato de la crucifixión. Me deshice en lágrimas. Lloraba porque Jesús estaba muerto; todavía no sabía que luego resucitaría. Siguiendo mi lectura, llegué al relato de la resurrección de Jesús y fui transportada de gozo. Todo esto era tan real a mis ojos, era como si yo hubiera asistido personalmente a la última pascua en Jerusalén, a la muerte de Jesús y a su resurrección.

Algunos meses más tarde fui invitada a una conferencia bíblica en Haifa. El orador nos explicó que los sacrificios levíticos simbolizaban la muerte expiatoria del Mesías. El pecador llevaba un animal puro y sin defecto; ponía las manos sobre la cabeza del animal y confesaba sus pecados. Estos eran transferidos al animal sacrificado, mientras la vida pura del sacrificio inocente era transferida al pecador. La sentencia de muerte que el pecador merecía era llevada por el animal, que era sacrificado y moría. En un instante, por primera vez en mi vida, comprendí el verdadero significado de la muerte de Jesús. Yo era la pecadora, y el Mesías había sufrido la muerte que yo merecía. ¡Él era mi sacrificio, mi sustituto! Incluso si yo no había cometido «un gran pecado», sabía que mi vida estaba llena de «pequeños pecados», y que verdaderamente necesitaba ser perdonada y purificada. También comprendí que Jesús había dado su vida por mí, porque me amaba».

Shira

Un cambio en mi vida (1)

Sábado 8 Agosto
(Jesús dijo:) Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
Un cambio en mi vida (1)
Testimonio

«Nací en Israel en el año 1964. Cuando tenía 14 años, tres chicas vinieron como voluntarias al kibutz donde yo vivía. Ellas creían en Jesús, por eso decidí convencerlas de que su fe era errónea. Su forma de ser me impresionaba. Siempre era un gozo estar con ellas. Jamás había visto tanto amor y unidad como se manifestaba en ellas tres. Se desvivían por ayudar a las personas enfermas y a los ancianos.

Un día me preguntaron: Shira, ¿tienes un objetivo en la vida? Esto me hizo reflexionar… Poco a poco me fui convenciendo de la existencia de Dios, y empecé a leer el Nuevo Testamento. Descubrí que realmente Jesús había cumplido todas las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Mesías. Esta conclusión me aterrorizó: sabía que si ponía mi fe en Jesús, no podía volverme atrás; sería para toda la vida.

Cierto día visité a Elly, una de las tres voluntarias. Yo estaba enojada contra Dios: no había Dios, o, si existía, ¿por qué permitía tanto sufrimiento en el mundo? Ella me dijo: Shira, tú sabes que Dios está aquí y que te ama. Cálmate y, antes de dormir, háblale.

De repente, en mi habitación, me vi tal como era realmente, como en un espejo: yo era mala, pero Dios me amaba personalmente. Entonces oré: Dios, si estás aquí, y sé que estás, y si Jesús es el Mesías, y sé que lo es… No terminé mi frase, ¡me quedé dormida! Esta oración fue el inicio de un cambio radical en mi vida. Había dejado que Dios comenzara a obrar en mí y a transformarme».

Shira

Un cántico en el hospital

Viernes 7 Agosto
Me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. Verán su rostro… No habrá allí más noche… Dios el Señor los iluminará.
Un cántico en el hospital

Hace mucho tiempo, una cristiana visitaba un hospital militar inglés en el Cairo (Egipto). Entre los heridos, un joven escocés que había perdido una pierna gemía llamando a su madre. La visitante se inclinó hacia él y pasó un paño mojado por su frente ardiente. El joven abrió los ojos y le dijo:

–Gracias señora, usted me recuerda a mi madre.

–¿Desea que le escriba?

–El médico lo hará por mí, pero… más bien cánteme un himno. Ella dudó, en medio de la gran sala. Pero, viendo el sol ocultarse sobre el Nilo, comenzó a cantar un himno conocido:

Cerca del río a las puras ondas
Que salen del trono de Dios,
De felicidad, fuente profunda,
¿Estaremos en ese lugar?
Y todos diremos su gracia
En un cántico eternal,
Cerca del río puro que pasa
En la ciudad de oro celestial.

Poco a poco las cabezas se voltearon hacia ella y las voces se unieron a su canto. Al final muchos cantaron con emoción:

Sí, para siempre cerca del río
Que sale del trono de Dios,
Donde de felicidad nos abrevamos;
Todos estaremos en ese lugar.

El joven escocés agradeció a su visitante y le dijo: –Sí, estaré allá, porque mi fe se funda sobre lo que mi Salvador sufrió por mí en la cruz.

No tengo tiempo

Jueves 6 Agosto
Os es necesario nacer de nuevo.
Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.
No tengo tiempo

Un cristiano cuenta la experiencia que vivió en un avión en el año 1979, mientras iba a Chicago.

Acababa de abrocharme el cinturón de seguridad. Un hombre de unos cincuenta años de edad se sentó a mi lado. Empezamos a charlar amablemente y tocamos el tema de la fe.

–Considero que la religión es útil, me dijo. Cuando yo era joven, iba todos los domingos a un curso bíblico.

–Hoy, ¿puede usted decir que es un cristiano nacido de nuevo, que tiene la vida de Dios?, le pregunté. Un poco indeciso, me respondió:

–No exactamente. Vea usted, yo estoy tan ocupado en mi trabajo que no tengo tiempo para pensar en esas cosas.

–¿Considera que sus ocupaciones profesionales son tan importantes al punto de hacerle descuidar los temas espirituales y eternos?

–¡Ah, la vida es un rudo combate!… Pero tengo la intención de pensionarme en cinco años, y entonces pondré mi vida en regla con Dios. Actualmente no tengo tiempo, en absoluto.

Cuando el avión aterrizó, nos separamos. Él tomaba otro avión con rumbo a los Ángeles. Esa misma tarde escuché por la radio que uno de los motores de ese avión se había desprendido. El aparato se estrelló y se incendió. De los 271 pasajeros no había ni un sobreviviente.

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

“En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende” (Job 33:14).

Fe y obras

Miércoles 5 Agosto
Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Fe y obras

¿Cuál es la relación entre la fe y las obras?

Esta pregunta estuvo en el corazón de la Reforma del siglo dieciséis. Pero ya a principios del cristianismo, el apóstol Pablo tuvo que resistir a los que querían añadir a la fe la obligación de seguir la ley de Moisés, si se quería ser aceptado por Dios.

Fácilmente nos inclinamos a pensar que, para merecer el favor de Dios, debemos cumplir alguna obra. Unos hacen peregrinajes, otros hacen oraciones, otros se dedican a realizar buenas obras… Pero la Biblia nos enseña claramente que nada de esto nos hace justos ante Dios, porque “el hombre no es justificado por las obras de la ley” (Gálatas 2:16). Tampoco es correcto pensar que debemos agregar las obras a la fe para ser salvos. Esto sería confiar en parte en la gracia de Dios y en parte en sus propias obras. Pero “el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

A la inversa, es falso oponer la fe a las obras. En efecto, la fe produce buenas obras, como un árbol frutal produce su fruto. “La fe sin obras es muerta” (Santiago 2:20).

El Evangelio puede describirse así: la fe recibe de Dios una salvación perfecta, y ella produce las obras. Los que creen en el Evangelio no solo son salvos de sus pecados, sino que también son transformados por la gracia de Dios. Luego, porque son salvos, son invitados a agradar, por medio de sus obras, a Aquel que dio su vida por ellos.

¿Qué responderá usted?

Martes 4 Agosto
Mirad que no desechéis al que habla… al que amonesta desde los cielos.
Recibieron la palabra con toda solicitud.
¿Qué responderá usted?

Dios hizo el universo y todas las cosas que en él hay. Él da a todos la vida y el aliento. Creó a los hombres con la riqueza de sus diferencias para poblar la tierra. Dios se interesa en cada uno personalmente, mucho más aún que los padres en sus hijos.

Sin embargo, quizá nosotros no tratamos de conocer verdaderamente los pensamientos de nuestro Creador, ni de pedir su ayuda para un mundo sumergido en sus problemas. Preferimos ignorarlo y vivir sin él…

Pero Dios el Creador también es el Dios Salvador. Éramos incapaces de volver a él después de habernos alejado por nuestra desobediencia. Entonces él envió a su Hijo Jesús a la tierra para restablecer una relación con nosotros. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:9-10). Así, por amor a nosotros, Jesucristo dio su vida por todos los que se reconocen culpables y van a él para ser perdonados. Él dio su vida por todos los que aceptan esta oferta de gracia y de amor.

Escuchemos al Dios de amor que nos habla desde los cielos. Aún hoy nos dice: “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno” (Isaías 55:3). Amigo lector, es tiempo, aún en este instante, de aceptar la gracia de Dios, de agradecerle con todo el corazón por el don de Jesucristo, y de confiarle su destino desde ahora. ¿Lo hará usted?

El pecado más grande

Lunes 3 Agosto
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.
El pecado más grande

–Me gustaría ir como misionero, dijo un joven al evangelista Torrey.

–¿Eres cristiano?, le preguntó Torrey.

–Desde siempre.

–Pero, ¿has nacido de nuevo, como Jesús le preguntó a Nicodemo?

El joven se sorprendió mucho. Sin embargo, esta pregunta es fundamental. Torrey comprendió que debía ir más lejos.

–¿Has pensado que puedes ser culpable del pecado más grande que una persona puede cometer?

–Por supuesto que no; he llevado una vida ejemplar. ¡No soy un asesino!

Entonces Torrey sacó su Biblia y le pidió que leyera los versículos citados en el encabezamiento. Luego le dijo:

–Sí, amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente es el primer y el más grande mandamiento. Entonces, ¿cuál será el pecado más grande?

–Transgredir ese mandamiento.

–Así es; pero ¿has cumplido ese mandamiento? ¿Siempre has amado a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu energía? ¿Le has dado el primer lugar en tu vida, en todos los aspectos?

–Estoy bastante lejos de ello. Por lo tanto soy culpable. –Y su conciencia se despertó. El joven añadió pensativamente:

–He cometido el pecado más grande. Y ahora soy consciente de ello por primera vez.

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15).

Dios lo ve todo

Domingo 2 Agosto
Pero tú, oh Señor, me conoces; me viste, y probaste mi corazón para contigo.
Solo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres.
Dios lo ve todo

Usted está al volante de su auto, va tarde según el horario previsto, y mantiene una conversación animada por teléfono. En ese momento ve en su retrovisor un coche de la policía detrás de usted. Por reflejo, disminuye la velocidad, guarda el teléfono y se pone el cinturón… en caso de que la policía lo pare.

Piense ahora que Dios se le acerca, que conoce todas sus acciones y los motivos que lo hacen obrar, e incluso sus pensamientos más secretos. ¿Cuál será su reacción? ¿Tratar de olvidar todo, de huir y refugiarse en cualquier adicción, de hacer callar su conciencia en un activismo que no le deja tiempo de pensar? ¡No! Al contrario, reconozca humildemente que debe reconciliarse con Dios. Entonces encontrará, no un Dios que condena, sino un “Dios misericordioso”, grande en bondad (Salmo 86:15), que previó todo para perdonarlo, sin dejar de ser justo.

Dios está realmente muy cerca de usted. Incluso si no puede verlo, reflexione y cuéntele todo lo que lo atormenta, lo oprime, lo avergüenza, todo lo que ante él es pecado. Entonces Dios lo perdonará por medio de Jesucristo, su Hijo, y le dará una nueva vida, desconocida hasta ahora por usted. No necesitará temer más al ojo de Dios, y vivirá feliz bajo su mirada de Padre, en su presencia.

“Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno” (Isaías 55:3).

“He aquí el ojo del Señor sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia” (Salmo 33:18).

¿Descanso o continuación del estrés?

Sábado 1 Agosto
(Jesús dijo:) Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.
¿Descanso o continuación del estrés?

A principios del verano y de las vacaciones, en los lugares turísticos, cada día se proponen diferentes actividades: recreación, ferias, caminatas nocturnas, diversos espectáculos. Todo está bien organizado para que los días estén llenos de actividades. Las vacaciones están hechas para descansar, ¡pero por lo menos es necesario no aburrirse!

El cristiano recuerda las palabras de Jesús, quien invitó a sus discípulos a descansar cerca de él, en un lugar aparte. Lejos de la agitación del mundo, de su actividad estresante y de sus diversiones, sabe que el verdadero reposo es el de la conciencia y del corazón, cerca de Jesús.

El reposo de la conciencia se halla creyendo que “la sangre de Jesucristo… nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7), y que “justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

El reposo del corazón se vive en la comunión con el Señor. La tarde de su resurrección, el primer día de la semana, el Señor Jesús se presentó a sus discípulos y les dijo: “Paz a vosotros” (Lucas 24:36). Les mostró sus manos y su costado traspasados en la cruz, marcas del precio pagado para rescatarlos. Poco después volvió a presentárseles en la orilla de un lago, les preparó algunos peces y les dijo: “Venid, comed” (Juan 21:12).

Si tenemos vacaciones, aprovechémoslas para compartir con nuestros hijos, con hermanos en la fe, para reponer nuestras fuerzas cerca de Aquel que dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

La persona más importante

Viernes 31 Julio
(Jesús dijo:) Entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista.
(Juan el Bautista dijo:) Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
La persona más importante

Juan el Bautista fue enviado para preparar al pueblo de Israel ante la inminente llegada de Jesús, su Mesías. Vino “para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17). Jesús dio un testimonio excepcional de Juan (primer versículo citado).

Juan el Bautista cumplió su misión de una manera destacable. Nunca se puso en primer lugar. Cuando los judíos le preguntaron, resaltó más bien lo que no era, y no lo que era. Desvió las miradas de sobre sí mismo, para dirigirlas hacia aquel a quien había venido a anunciar. Estaba satisfecho de ser solo una “voz” por medio de la cual Dios hablaba a su pueblo. Su actitud, sus palabras, y toda su manera de ser transmitían un mensaje esencial: La persona importante no soy yo, ¡es Jesús!

Tan pronto como vio a Jesús, Juan lo señaló a todos con un corazón vibrante: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Sus propios discípulos lo dejaron para seguir a Jesús. Juan no intentó retenerlos, sino que expresó su gozo diciendo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30).

Todos los pensamientos de ese hombre de Dios estaban vueltos hacia la Persona gloriosa de Cristo, de quien su corazón estaba lleno. Este es el resultado de tal olvido de sí mismo, el que caracteriza a un fiel siervo de Dios. En lugar de atraer las miradas y los corazones hacia sí mismo, los dirige hacia Jesucristo, la persona más importante.

Cristianos, ¡sigamos el ejemplo de Juan el Bautista!