Tomémosle la palabra a Dios

Sábado 20 Junio
La esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.
Tomémosle la palabra a Dios

Se dice que nuestras palabras nos comprometen. De allí la necesidad de prestar atención a lo que decimos, para no ser acusados de mentir o de no cumplir la palabra. Dios no comete ningún error. Lo que él dice corresponde exactamente a su pensamiento y a lo que debe ser dicho. Dios declara que el pecador que se vuelve a él, arrepintiéndose de sus pecados, es perfectamente perdonado y posee la vida eterna. Así habla él en su soberanía, porque nos ama y dio a Jesús en sacrificio para expiar todos nuestros pecados. ¿No deberíamos tomar la palabra de Dios en serio y creer lo que dice? En la Biblia Dios también declara que el que no cree en él, quien no le toma la palabra, lo hace mentiroso (1 Juan 5:10).

Dios no espera de usted cosas extraordinarias, sino simplemente que acepte el plan de reconciliación que le propone. Él se hizo cargo de todo, y ofrece su gracia, su paz, sin exigir más que una cosa: debe aceptar que Dios responde a las profundas necesidades de su alma. Él puede transformarlo completamente, colmarlo y llevarlo a hacer el bien.

Redentor adorable, sobre la cruz colgado,
Tratado como culpable, quebrantado por mi pecado,
Tu suprema angustia, tu dolor, tu tormento,
Me dicen: Te amo, he tomado sobre mí tu
castigo.
Tu amor me reclama, ¡heme aquí, amado
Salvador!
Toma mi cuerpo y mi alma, ¡por precio de tu dolor!
Sí, mi alma se complace, ya no quiero más
Que vivir de tu vida, ¡oh Jesús!

El matrimonio (4): El ejemplo de Cristo

Viernes 19 Junio
Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.
El matrimonio (4): El ejemplo de Cristo

Dios aún nos da precisiones claras sobre la forma de mostrar su amor en la pareja cristiana. Para el marido, la misión principal es amar a su esposa con un espíritu de devoción “como Cristo amó a la iglesia”. Sabemos cuánto la amó: ¡renunció a todos sus derechos y dio su vida por ella! Amar a su esposa es mucho más que proveer el sustento diario. Es saber agradecerle, saber ser bueno, sincero, paciente, saber hablarle con dulzura aun cuando vuelva cansado del trabajo, saber colaborar con los niños… Es buscar su felicidad, su bienestar en todos los aspectos: físico, social, afectivo y espiritual.

“Como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:24). Este es un llamado dirigido a la esposa cristiana. En ningún caso es una autorización para que el marido le exija esta sumisión. Su responsabilidad es cuidar de ella. Asimismo es tratar de comprenderla, “dando honor a la mujer” (1 Pedro 3:7).

Esta sumisión de la esposa cristiana a su esposo ha de ser “como al Señor”. Ella debe reconocer, detrás de su esposo, al Señor como la autoridad gobernante en la vida familiar.

Esposos y esposas, manifestemos a nuestro cónyuge la misma bondad que Dios manifiesta hacia nosotros. Así consideraremos sus defectos, no como un desastre, sino como una oportunidad de imitar el perdón de Cristo hacia nosotros.

De esta manera nuestra vida conyugal será una ilustración del amor de Cristo por su Iglesia.

(continuará el próximo viernes)

El día que cambió todo

Jueves 18 Junio
(Jesús dijo:) El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
El día que cambió todo

«Mis padres me habían dado una educación religiosa, pero se divorciaron cuando yo tenía diez años, dejando en mi corazón una profunda herida que luego se convirtió en rebeldía. Intenté refugiarme en el alcohol, las fiestas, la filosofía… pero mi corazón seguía vacío. Debido al abuso de una mezcla de alcohol y droga, fui conducido al hospital en un grave estado. Luchando por mi vida, le pedí a Dios que me salvara, y le prometí que creería en él si lo hacía. Pero pronto olvidé mis promesas. Por esa época, mi madre ya se había convertido. Conocía a Jesucristo como su Salvador y me hablaba de él. Oraba para que Dios obrara en mi vida. Y Dios respondió su oración de una manera sorprendente.

Una familia cristiana me invitó a comer, y a cambio del almuerzo, les propuse ayudarlos en algún trabajo en su capilla. Así fui a ese lugar a trabajar como albañil, pero allí oí la buena nueva de Jesucristo, el mensaje del amor de Dios para mí. Solo él podía sanar mi corazón herido y quitar mi rebeldía. Dios mismo me recordó la promesa que yo le había hecho en la ambulancia: «Si tú me salvas, creeré en ti». Y Dios me dijo: «¡Es el momento de creer, es el día de salvación!». Le pedí a Jesucristo que perdonara todos mis pecados, y su extraordinaria paz entró en mi corazón, una paz que nada puede describir. ¡Es la paz con Dios! Y también la paz conmigo mismo».

Eric

“Dios envió mensaje… anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; este es Señor de todos” (Hechos 10:36).

Usted no le molesta

Miércoles 17  Junio
Dios mío, en ti confío… ninguno de cuantos esperan en ti será confundido.
En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes.
Usted no le molesta

Un niño tenía que pedirle algo a su papá, un hombre de negocios muy ocupado. Pero este estaba en una reunión importante firmando un nuevo contrato. El niño pasó todas las puertas y en la última fue detenido por la secretaria: «¡Prohibido entrar! ¡No quiere ser molestado!». –«¡Yo nunca molesto a mi papá!», respondió el niño, franqueando la última barrera.

A menudo tenemos la impresión de molestar a Dios. ¿Podemos molestar a nuestro Padre?

Cuando Jairo se postró a los pies del Señor Jesús, en medio de la multitud, y le suplicó que fuera a sanar a su hija moribunda, Jesús lo siguió. Cuando le anunciaron la terrible noticia de la muerte de su hija, y le dijeron: “No molestes más al Maestro”, Jesús respondió enseguida: “No temas; cree solamente, y será salva” (Lucas 8:49-50).

Cuando los discípulos dijeron: “Despide a la multitud”, que tiene hambre, Jesús respondió: “Dadles vosotros de comer” (Mateo 14:15-16).

Y cuando le llevaron los niños para que los bendijera, los discípulos solo tuvieron reproches que hacer. Pero Jesús, indignado, les dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” (Marcos 10:13-16). Entonces los tomó en sus brazos.

Jesús siempre está disponible, tanto de día como de noche. Él dice: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Vayamos a él en oración con nuestras preguntas, contémosle simplemente nuestras debilidades y lo que nos carga. Busquémosle también a través de la lectura de la Biblia, pues él desea revelarse a nosotros. Jamás le molestaremos.

Cristo, la Roca (2)

Martes 16 Junio


(Jesús dijo:) Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Mateo 7:24-25

Cristo, la Roca (2)

¡Oh! Qué Roca inquebrantable
La que Dios ha dado
Como abrigo seguro
Para mi corazón cansado.
Mi Roca, mi fortaleza,
Mi refugio protector,
Mi recurso en la tribulación
Es Jesús, mi Redentor.
A mis pies el océano ruge,
El viento silba a mi derredor;
Sobre Cristo, mi Roca, se funda
Mi esperanza y mi fe.
En vano se enfurece el huracán,
No veo el brillo de ninguna luz;
Con paz en medio de la tormenta,
Espero el alba después de la noche.
En medio de la tormenta,
¿Has hallado ese abrigo?
¡Ah! toma la poderosa mano
De Cristo: pues él desea salvarte.

“Será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión… como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Isaías 32:2).

“El Señor es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador… Porque ¿quién es Dios, sino solo el Señor? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?” (2 Samuel 22:2, 32).

Levítico 25:29-55 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

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Cristo, la Roca (1)

Lunes 15 Junio
Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo…
En Dios solamente está acallada mi alma… Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré.
Cristo, la Roca (1)

Una roca evoca algo estable, sólido. A menudo la Biblia emplea la imagen de la roca para hablar de Dios. Así nos invita a confiar y a construir nuestra vida con él. Solo él es y será siempre inmutable.

–La Roca inquebrantable: Moisés escribió: “Engrandeced a nuestro Dios. Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad” (Deuteronomio 32:3-4).

–La Roca golpeada: cuando su pueblo estaba en el desierto, Dios dijo a Moisés: “Golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo” (Éxodo 17:6). Este episodio anunciaba a Jesús, dando su vida en la cruz, como “golpeado” por Dios en nuestro lugar. De su muerte derivan todas nuestras bendiciones.

–La Roca a quien uno habla: Moisés golpeó la roca una sola vez, y luego era suficiente hablarle para que ella diera agua: “Hablad a la peña… y ella dará su agua” (Números 20:8). Hoy es necesario acercarse al Señor Jesús y hablarle: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

–La Roca, nuestro refugio: Perseguido por sus enemigos, el rey David a menudo se escondía en cuevas al abrigo de las rocas. Hoy Dios también quiere manifestarse así a nosotros: “Señor, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré” (Salmo 18:2).

Creamos en el Señor Jesús, él es la Roca. Podemos apoyarnos en él en toda circunstancia.

(mañana continuará)

Adoración

Domingo 14 Junio


María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Juan 12:3

Adoración

Lectura propuesta: Juan 12:1-8

María de Betania reconocía a Jesús como el Mesías. Le gustaba escucharlo (Lucas 10:39).

En cierta ocasión fue a contarle su tristeza: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Juan 11:32).

El texto de hoy se refiere a otro encuentro, en la aldea de Betania. Allí había algunas personas en la mesa con Jesús. Pero para María solo una persona tenía valor: su Salvador, el Cristo. Derramó sobre los pies de Jesús un perfume de gran precio para honrarlo. Jesús iba a morir, iba a encontrar el desprecio, las burlas, los golpes y el suplicio de la cruz. María presentía todo esto y le dio, justo antes de su muerte, ese perfume de gran valor, que dirigió los pensamientos y las miradas de todos los huéspedes hacia Jesús.

Ella deseaba rendir honor, homenaje y alabanza a Quien para ella era el Mesías, “la resurrección y la vida” (Juan 11:25). ¡Cuán sensible fue el Señor a ese gesto y a ese impulso de adoración!

Algunos desaprobaron el acto de María, pero el Señor la defendió públicamente. Apreció ese gesto de adoración proveniente de alguien que conocía la grandeza de su Salvador.

Sigamos su ejemplo para adorar al Señor, juntos, el domingo. Durante la semana, el Espíritu Santo desea preparar en nuestros corazones un poco de ese perfume que simboliza el aprecio que tenemos por su gloriosa persona. Seremos felices derramándolo a los pies de Jesús, es decir, ofreciéndole la adoración y la alabanza de nuestros corazones. Esa será nuestra participación en la alabanza colectiva.

Levítico 24 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10
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Es urgente escuchar

Sábado 13 Junio


Todo tiene su tiempo… tiempo de callar, y tiempo de hablar.
Eclesiastés 3:1, 7

He aquí ahora el día de salvación.
2 Corintios 6:2

Es urgente escuchar

Antiguamente Dios hablaba a su pueblo por medio de los profetas. Y de una manera aún más bella y poderosa, Dios habló a la humanidad por medio de su Hijo, el Señor Jesús, cuando este vino a la tierra. Ahora, desde hace aproximadamente 2000 años, los hombres han podido escuchar a los mensajeros de Dios, los cristianos, quienes de parte de Dios les dicen: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Aún hoy, Dios habla a los hombres: la Biblia, la Palabra de Dios, es ampliamente difundida en el mundo, por escrito o a través de los medios de comunicación. Pero cuidado, llegará el día en que Dios se callará y no dirigirá más su mensaje de amor a los hombres.

En un pequeño pueblo la gente se había acostumbrado tanto a oír día y noche el sonido del martillo de la herrería, que esto ya no molestaba a nadie –hasta que, una noche, una falla hizo cesar el ruido, y los habitantes se despertaron muy turbados por ese inusitado silencio.

Queridos amigos, amados hijos de familias cristianas, ustedes también pueden estar tan acostumbrados a oír el mensaje de la salvación de Dios, que su conciencia está como dormida, no ha sido tocada. Si no reaccionan antes de que Dios deje de hablar, ¡será demasiado tarde!

“En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende” (Job 33:14). No esperen más tiempo para escuchar lo que él quiere decirles, porque “he aquí ahora el día de salvación”.

Levítico 23 – Efesios 2 – Salmo 70 – Proverbios 17:7-8
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El matrimonio (3): la escuela del amor

Viernes 12 Junio
Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos.
El matrimonio (3): la escuela del amor

Asociar las palabras matrimonio y amor debe ser una realidad. Pero es importante comprender de qué tipo de amor se trata. El verdadero amor encuentra su fuente en el Creador. “Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:8-9). En mi relación con mi cónyuge, debo imitar el amor de Jesús, “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Es un amor que se da enteramente al otro, sin cálculos ni reservas. Recordemos algunos caracteres de ese amor, subrayados por el apóstol Pablo: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:4-7).

El amor según Dios “se goza de la verdad” (amor y verdad van juntos). Las mentiras, la hipocresía, el ocultar las cosas, destruyen la confianza y no son más que un veneno peligroso para los cónyuges.

Muchas querellas provienen de los celos; pero existen otras causas como el orgullo o la soberbia, la ira, la burla, el ánimo altivo y la palabra áspera (Proverbios 13:1015:11822:1028:25). Arrepentirse sinceramente del mal, juzgar el pecado desde la raíz y reconocer mutuamente sus propias faltas y pecados, es la condición indispensable para la armonía entre esposos. El amor “todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”… Es un desafío hermoso que Dios nos propone y él nos dará las fuerzas para lograrlo a diario.

(continuará el próximo viernes)

Confianza en el amor de Dios

Jueves 11 Junio
Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Confianza en el amor de Dios

José, vendido como esclavo por sus hermanos (Génesis 37), más tarde les perdonó todo el mal que le habían hecho. Sin embargo, después de la muerte de su padre, los hermanos de José preocupados discutían entre ellos: “Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos” (Génesis 50:15). Entonces José, entristecido por la falta de confianza en su amor por ellos, los consoló y les reiteró su perdón.

La conducta de estos hombres preocupados es un reflejo de nosotros mismos. Fácilmente dudamos del amor de Cristo. A pesar de todas las afirmaciones y promesas de la Palabra de Dios al respecto, siempre necesitamos ser fortalecidos en la fe. Está escrito que nada “nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39).

En su carta a los Romanos (cap.1 a 8), el apóstol Pablo presenta la doctrina del perdón de Dios, y termina con una afirmación contundente: “Dios es por nosotros” (Romanos 8:31). Estas pocas palabras hacen penetrar profundamente en nosotros la convicción del amor incondicional de Dios. Él nos ama y nos amará siempre, aun en las situaciones más difíciles, y aunque nos alejemos de él. Dios, quien dio a su propio Hijo por nosotros, ¡continuará amándonos! ¡Cuán tardos somos para aceptar esto! La fuente de nuestros problemas es la falta de confianza en el amor de Dios por nosotros. Jesús dijo: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Juan 15:9).