Dios no nos dice “quizá”

Viernes 8 Mayo

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

Dios no nos dice “quizá”

El pueblo de Israel acababa de hacer un becerro de oro para adorarlo como «su dios», transgrediendo así el primer mandamiento de la Ley. Por ello Moisés, su conductor, intercedió por ellos, pero no les prometió nada. Les dijo: “quizá podré conseguir la remisión de vuestro pecado”, es decir, quizá podré hacer que Dios les perdone (Éxodo 32:30, V. M.).

Cuando Jesús murió en la cruz para expiar nuestros pecados, dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). Inclinó la cabeza y entregó su espíritu a Dios. Tres días después resucitó y subió al cielo, en donde Dios le dio un lugar a su diestra. Jesús no nos deja, como Moisés, con un “quizá”… La Biblia afirma: “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios… Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Y agrega: “Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:121417).

Jesús está sentado a la diestra de Dios, prueba de que Dios está satisfecho con la obra hecha, y que el problema del pecado quedó definitivamente resuelto. Desde entonces, el perdón divino está asegurado a todo aquel que arrepentido confiesa sus pecados a Dios. No es un “quizá”, sino una certeza.

Cierto día alguien le preguntó a una señora mayor: – ¿Está segura de haber sido perdonada y ser salva?– ¡Por supuesto! No soy muy culta, pero la Biblia dice que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Estoy segura de formar parte de ellos, ¡sé que Cristo murió por mí, lo creo!

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El Evangelio es poder de Dios

Miércoles 6 Mayo

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre.

1 Tesalonicenses 1:5

El Evangelio es poder de Dios

A lo largo del Antiguo Testamento descubrimos que Dios actuó en la historia de su pueblo. Muchas personas creyeron en Dios y fueron liberadas de sus pecados. Eran salvas, no debido a sus obras, sino por la fe en las promesas de Dios. Más tarde el Nuevo Testamento nos muestra sobre qué fundamento Dios pudo perdonar a los creyentes: el sacrificio de Cristo en la cruz. El Evangelio tiene un alcance universal, es ofrecido a todos y todos pueden aceptarlo.

Jesús tuvo que sufrir una muerte vergonzosa para salvarnos; tuvo que morir como un malhechor. En la cruz sufrió el castigo que exigía la justicia divina frente al pecado del hombre. El hecho de que Dios lo resucitase demuestra que esa justicia divina fue enteramente satisfecha.

La muerte y la resurrección de Jesús, ocurridas hace dos mil años, ¿cómo pueden cambiar hoy nuestra vida? Esto es posible porque Jesús aceptó ser condenado por Dios, juez de todos, en nuestro lugar. ¡Dios es justo salvando a los que creen en el sacrificio de Jesús!

El Evangelio no es, pues, una enseñanza intelectual que podríamos aprender y practicar para beneficiarnos de ella. Es el poder de Dios que salva y cambia la vida de todo el que cree. Este poder nos lleva a dejar de lado (como muerta) nuestra antigua manera de vivir, y nos hace nacer a una vida nueva, la vida de Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Señor.

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Jesús me liberó

Jueves 7 Mayo

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere.

Juan 6:44

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:1

Jesús me liberó

Testimonio

«Como la mayoría de adolescentes mi edad, vivía sin preocuparme por el mañana. Mi vida era salir, pasarla bien… Para mí, Dios era el Creador, pero nada más. Sin embargo me hacía una pregunta: ¿Quién es realmente Dios y de por qué estamos en la tierra? Conocí a una creyente que me habló de Jesús y me explicó algunas cosas. Ya me habían predicado el Evangelio, pero esta vez la manera en que esta persona me habló de Jesús me tocó tanto que me hizo tomar conciencia de que la verdadera vida es Jesucristo: para tener esa nueva vida bastaba con creer que Jesús había pagado el precio de mis pecados en mi lugar. Luego empecé a ir con unos creyentes a su reunión del domingo. Cada vez aprendía más, y algunas cosas iban cambiando en mí. Con el tiempo, mi vida cambió completamente y mi fe creció. Entonces me pregunté qué hubiese sido de mí si no hubiese conocido a Jesucristo. Él me liberó del pecado, y desde que me arrepentí, tengo una vida más que hermosa.

A menudo me persiguen porque soy creyente, pero sé que a Jesús lo persiguieron, así que a mí también me pueden perseguir. Él dijo: “El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). ¡Doy gloria a Dios por lo que hizo por mí, y por lo que continúa haciendo! Tengo 16 años, me gusta hablar de Cristo a los que me rodean, animo a todos los jóvenes a buscar a Cristo y a vivir piadosamente, pues solo Jesús puede salvarnos».

Jennifer
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¡Saulo, Saulo! (8)

Martes 5 Mayo

(El apóstol Pablo contó:) Me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

Hechos 22:6-8

¡Saulo, Saulo! (8)

Lectura propuesta: Hechos 9:1-30

Relato bíblico: Saulo, joven e impetuoso, pensaba que debía “hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret” (Hechos 26:9). Perseguía a los cristianos hasta llevarlos a la muerte. Pero yendo a Damasco para capturar a otros, una luz resplandeciente que venía del cielo lo cegó, y escuchó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Aterrado y ciego, respondió: “¿Quién eres, Señor?”. Entonces Jesús se reveló a Saulo, quien llegaría a ser el apóstol Pablo, evangelizaría varios países del imperio romano y escribiría una parte de la Biblia.

Aplicación: ¿Qué hacía Saulo? Perseguía a los cristianos. ¿Qué le dijo el Señor? “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. ¡Es una lección básica! Haciendo mal a los creyentes, Saulo no solo atentaba contra el recuerdo de un Hombre que había vivido y enseñado en la tierra, sino que se oponía a Aquel que está vivo. Perseguía a Jesús quien acababa de hablarle mediante “una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol” (Hechos 26:13).

¿La voz del Señor ha resonado en mi corazón? Quizá no como para aterrarme físicamente, sino para llevarme a decir: ¡Señor Jesús!, para que lo reciba como mi Salvador, como “Señor mío, y Dios mío” (Juan 20:28).

Esta voz del Señor también me interpela por mi nombre, y me dice: «Estos creyentes a los que tal vez critiques están unidos a mí». Sí, al rechazar a los creyentes, uno rechaza al Señor, y al amarlos, uno ama al Señor.

Te quiero, te quiero mucho

Lunes 4 Mayo

Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.

Efesios 3:17-19

Te quiero, te quiero mucho

Te quiero un poco, te quiero mucho, te quiero muchísimo… ¿Qué niño no ha deshojado una margarita cantando este estribillo? Un poco, mucho: acostumbramos medir el amor. Amamos a unas personas más que a otras.

Pero la Biblia dice que Dios ama a todos los seres humanos. Y los ama tanto que esta noción sobrepasa el pensamiento humano. “De tal manera amó Dios al mundo (a los hombres), que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Esto nos lleva a darle gracias “por su don inefable” (2 Corintios 9:15). Su grandeza no se puede medir, y la razón es muy sencilla: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Su naturaleza es amar. Nos ama según la plenitud de su ser infinito.

Dios nos mostró este amor. El apóstol Juan escribió: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros”. Luego el apóstol Juan afirma: “Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros” (1 Juan 4:9-1016).

Con respecto a los que han creído, Jesús dijo a su Padre: “Los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:23). Y a ellos les dijo: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado” (Juan 15:9). ¡El amor del Padre por el Hijo es la medida infinita del amor que él tiene por nosotros!

Isaías 48 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

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Brote de vida

Domingo 3 Mayo

Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.

Eclesiastés 11:9

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud.

Eclesiastés 12:1

Brote de vida

Cuando la vida surge, por ejemplo, cuando escuchamos el primer llanto de un niño al nacer, cuando vemos los primeros brotes de la primavera, es milagroso: ¡La vida ya está allí por completo! ¡Qué maravilla! Su fuerza nos sorprende, su fragilidad nos inquieta. Su poder organizador nos sorprende tanto como su completa dependencia del entorno. La vida sigue siendo un misterio total, deslumbrante.

La admiración ante la vida nos hace pensar en el autor de ella, es decir, Dios, quien posee la vida en sí mismo (Juan 5:26). La diversidad y la superabundancia de la vida muestran algo de la grandeza del Dios vivo. Esta admiración se transforma en agradecimiento cuando tomamos conciencia de que nuestra vida es un regalo de Dios. ¡Él es la fuente de ella, y también es el que la sustenta!

“Alégrate”: Bajo la mirada bondadosa de Dios, hay lugar para el amor y el gozo, a pesar de la fragilidad de la vida. Pero el camino está demarcado: “Acuérdate de tu Creador”.

Si la vida es un regalo maravilloso, ¡debería honrar al que me la dio! Lo que haya hecho con ese regalo, ¿soportará el juicio del Dios infinitamente bueno y santo? No, pues el pecado que está en mí destruyó toda relación con él y orienta mi vida en un sentido opuesto a su voluntad.

Pero en su bondad, Dios envió a su Hijo Jesús para darnos otra vida, una vida nueva, espiritual, eterna. “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

Isaías 46-47 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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Sin Dios no comprendo nada

Sábado 2 Mayo

Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas.

Isaías 40:26

Toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Hebreos 3:4

¡Cuán innumerables son tus obras, oh Señor!… La tierra está llena de tus beneficios.

Salmo 104:24

Sin Dios no comprendo nada

J. Henri Fabre (1823-1915), célebre entomólogo, afirmó: «No puedo decir que solo creo en Dios, pues lo veo… Sin Dios no comprendo nada. Sin él todo es tinieblas… Cuanto más observo, tanto más brilla esa inteligencia detrás del misterio de las cosas».

Ese sabio verdaderamente «veía» al Creador a través del mundo de los insectos que observaba y admiraba.

Su constatación coincide con lo que el apóstol Pablo escribió: “Lo que de Dios se conoce les es manifiesto (a los hombres), pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:19-20).

Las cosas creadas constituyen un testimonio visible al Dios invisible. La inteligencia que Dios dio a los hombres los capacita para discernir la sabiduría del Creador a través de la naturaleza.

Rechazar ese mensaje divino es parecerse a aquellos de quienes Jesús decía: “Viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13:13).

Recibirlo por la fe conduce a ver al Invisible (Hebreos 11:27), a comprender que el mundo fue constituido “por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3). ¡Por la fe vemos, comprendemos, estamos convencidos!

El Dios creador también es el Dios Salvador, un Dios de amor plenamente revelado por Jesucristo, su Hijo, a quien envió del cielo a la tierra para salvar a todo el que cree en él.

Isaías 45 – Marcos 6:1-29 – Salmo 51:1-5 – Proverbios 14:27-28

Un solo sacrificio para los que creen

Viernes 1 Mayo

Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Romanos 5:10

Con una sola ofrenda (Cristo) hizo perfectos para siempre a los santificados.

Hebreos 10:14

Un solo sacrificio para los que creen

Quizá nos hemos preguntado por qué la muerte de un solo hombre, Jesucristo, basta para la salvación de innumerables creyentes. ¿Cómo pudo Jesús llevar en la cruz el castigo que merecían todos los pecados de ellos? Antes de contestar, debemos hacer otra pregunta: ¿Quién es Jesucristo? No es solo un hombre, es el Hijo de Dios. Por eso su muerte tiene un valor infinito.

El mal que cometemos no solo es una falta para con los hombres, sino primeramente para con Dios, y esta falta se llama pecado. Es una ofensa contra el Dios Santo, nuestro Creador. Ninguna obra humana puede borrarla. El juicio de Dios debe ejecutarse de todos modos: sea sobre el que la cometió, sea sobre un sustituto perfecto, capaz de soportar enteramente este juicio. En su propia perfección, Jesús, el Hijo de Dios, es ese sustituto para todos los que se arrepienten.

Un hombre, aun ejemplar, no habría podido pagar el precio infinitamente alto de nuestra salvación. Y si este precio no fuera pagado totalmente, no habría salvación posible. Además Dios, quien es perfectamente santo, no podría aceptar nuestras obras para pagar nuestra deuda o para completar lo que faltase.

La Escritura nos enseña que Cristo es Dios mismo, manifestado en naturaleza humana. Por eso su muerte tiene un valor infinito, de tal manera que la gracia puede ser ofrecida a todos los hombres. Su muerte basta para salvarnos. Por eso, al morir, Jesús dijo: “Consumado es” (Juan 19:30).

Isaías 44 – Marcos 5:21-43 – Salmo 50:16-23 – Proverbios 14:25-26

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La justicia en la tierra

Jueves 30 Abril

¿Pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades.

Salmo 58:1-2

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3:18

La justicia en la tierra

¿Le gustaría que hubiese más justicia en la tierra?

Quizá este sea su deseo. El mundo actual está lleno de injusticias que a menudo provocan celos y amargura en las personas que las sufren. Los comportamientos egoístas se multiplican, las desigualdades sociales son cada vez más marcadas. Entonces la gente acusa a Dios de permitir todo esto, de no interesarse en el mundo. E incluso algunos dicen: ¿Puede él verdaderamente hacer algo?

Hace más de 2000 años Dios envió a su Hijo a la tierra, prueba contundente de todo el interés que tiene por nosotros. Jesucristo “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Sus contemporáneos tuvieron que reconocer su amor, su gracia y su perfección moral. Dijeron: “Nada digno de muerte ha hecho este hombre” (Lucas 23:15), sin embargo lo crucificaron. Ese día se cometió la mayor injusticia, se condenó a muerte al único hombre justo. Pero Dios lo resucitó, y Jesús subió al cielo. Su presencia en el cielo muestra que la justicia de Dios fue satisfecha por su sacrificio en la cruz.

Hoy, aunque no hay hombre justo en la tierra, “ni aun uno” (Romanos 3:10), la justicia de Dios por la fe en Jesucristo se ofrece a todos mediante el Evangelio. Todos los que creen son “justificados gratuitamente por su gracia” (Romanos 3:24), gracias al precio que Jesús pagó cuando murió en la cruz.

Isaías 43 – Marcos 5:1-20 – Salmo 50:7-15 – Proverbios 14:23-24

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Convertíos a mí

Miércoles 29 Abril

Convertíos al Señor vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia.

Joel 2:13

No haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice el Señor, no guardaré para siempre el enojo.

Jeremías 3:12

Convertíos a mí

Quizás usted diga: «Escuché hablar del Señor en mi infancia, pero dejé todo eso…». Sin embargo no es demasiado tarde, la invitación aún está vigente: “Convertíos… y viviréis” (Ezequiel 18:32). Convertirse es dar media vuelta, cambiar de dirección, aceptar a Jesús como Salvador. No espere más; volviéndose a Dios, el hombre encuentra el camino que lo lleva a la vida eterna.

“Convertíos a mí con todo vuestro corazón” (Joel 2:12). Todo iba bien y de repente llega un problema de salud, de trabajo, de pareja… Vuélvase al Señor, escuche sus palabras, no desprecie este tiempo de prueba, no se endurezca, no se desanime.

“Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved al Señor, y decidle: Quita toda iniquidad” (Oseas 14:2). De hecho, “en ti (Dios) hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4).

Hay dos actitudes indispensables para ir a Dios: el arrepentimiento y la fe (Hechos 20:21). Arrepentirse es reconocer ante el Señor que nos hemos descarriado, es confesar nuestras faltas y abandonarlas. Y la fe es recibir el perdón de Dios y depositar nuestra confianza en él.

“Conviértase ahora cada uno de su mal camino” (Jeremías 18:11). “Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones” (Ezequiel 18:30). Se trata, pues, de reconocer sencillamente nuestros pecados ante Dios, de orar a él, escuchar su Palabra, aceptarla como verdadera, esperar su liberación. Entonces seremos felices y libres en compañía de Aquel que nos perdonó todo.

Isaías 42 – Marcos 4:21-41 – Salmo 50:1-6 – Proverbios 14:21-22

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