¡Simón, Simón! (7)

Martes 28 Abril

Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Lucas 22:31-32

¡Simón, Simón! (7)

Lectura propuesta: Lucas 22:1-46

Pasaje bíblico: Era la última velada que Jesús pasaba con sus discípulos. Él sabía todo de antemano y les advirtió que esa noche todos lo abandonarían (Juan 16:32). Pero enseguida Pedro declaró que aunque todos los demás lo abandonaran, él no lo haría. En el fondo, refutaba la advertencia de su Maestro. Entonces Jesús lo llamó por su anterior nombre: “Simón, Simón”. Le explicó que iba a sufrir los ataques de Satanás, pero también le dijo que ya había orado por él para que su fe no se debilitara. ¡Pedro negaría a su Maestro, pero Jesús lo levantaría!

Aplicación: ¡Qué fácil es creerse fuerte cuando todo va bien, e incluso creerse más fuerte que los demás! Sin embargo la Palabra es clara: no tenemos ninguna energía espiritual en nosotros mismos. Nuestra única fuerza se halla permaneciendo en comunión con el Señor.

Cuando atravesamos la prueba, pronto nos sentimos turbados, desamparados. Y lo más triste es que entonces las dudas surgen en nuestra mente. La fe vacila, y nos sentimos desorientados (Salmo 88:15).

Sin embargo el Señor siempre está ahí y nos llama por nuestro propio nombre para decirnos: “He rogado por ti, que tu fe no falte”.

Y si hemos caído, el Señor quiere levantarnos, como lo hizo con Pedro. Incluso puede utilizarnos para ayudar a nuestros hermanos y hermanas, y para hacer visible la antorcha de la fe. Una antorcha que, por la gracia del Señor, nunca se apagará.

(continuará el próximo martes)

Isaías 41 – Marcos 4:1-20 – Salmo 49:16-20 – Proverbios 14:19-20

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Hermanos, orad por nosotros.

Lunes 27 Abril

Hermanos, orad por nosotros.

1 Tesalonicenses 5:25

Orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:16

Oren unos por otros

En Kenia (África), cuando se viaja de Mombasa a Likoni en ferri, hay que tener mucha paciencia hasta poder cruzar la bahía. Mientras tanto, los vendedores ambulantes aprovechan para ofrecer sus mercancías a los conductores de los automóviles que hacen la cola.

Mientras esperaba en la fila, un niño de unos diez años de edad se acercó y me habló. Estaba desfigurado: tenía unas marcas profundas de quemaduras en la mejilla. Le pregunté si conocía a Jesucristo. Y él me respondió sonriendo: «Claro que sí, ¡es mi Salvador!». Entonces le di un tratado que hablaba del buen Pastor. El niño se fue muy contento con el regalo en la mano.

Pronto volvió y me dijo: «¿Todavía tiene libritos? A mis amigos les gustaría tener uno». Con mucho gusto le di algunos y le pedí que distribuyese unos tratados de evangelización a los conductores que estaban esperando del otro lado. Lo animé con estas palabras: «¡Ahora eres un pequeño misionero!». Muy contento, se fue para cumplir con esta misión.

Después de una hora de espera nos acercamos al trasbordador; mi amiguito llegó corriendo y me dijo: «Eh, tú, me olvidé decirte que me llamo Garry. ¿Quieres orar por mí?».

¿Oramos unos por otros? La Biblia nos pide que lo hagamos. ¿Quién puede contar los beneficios que recibimos cuando los hermanos y hermanas en la fe oran por nosotros? Seguro que no me olvidaré de orar por Garry, mi amiguito de Kenia.

Isaías 40 – Marcos 3 – Salmo 49:10-15 – Proverbios 14:17-18

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Dios es nuestro modelo

Domingo 26 Abril

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen… para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos.

Mateo 5:44-45

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Efesios 5:1

Dios es nuestro modelo

Toda persona necesita ser salva por la gracia de Dios. La salvación es gratuita y se obtiene al creer en Jesús, como usted puede leerlo a menudo en este devocional. ¿Se necesita algo más para ser hijo de Dios? No, ¡lo que es absolutamente necesario es: creer que lo que el Señor Jesús hizo en la cruz era imprescindible para entrar en esa relación con Dios!

En los versículos citados en el encabezamiento, los hijos de Dios, y solo ellos, están puestos ante un modelo: Dios. Él nos amó aunque éramos sus enemigos en nuestros pensamientos y acciones. Ahora nos pide que lo imitemos. Para un ser humano, ¿es natural amar a su enemigo? Si fuese así, Dios no tendría que pedirlo. Pero esto solo es posible para los que tienen una nueva vida, la nueva relación que viven con Dios por la gracia, una relación de hijos de Dios, conocido como Padre. Solo porque soy un hijo de Dios puedo imitar a mi Padre, por supuesto, muy débilmente.

Al convertirnos, se estableció una maravillosa relación entre Dios y nosotros, como Padre e hijos. Desde entonces, debemos imitarlo en toda nuestra conducta. Él nos pide que manifestemos Sus caracteres en el mundo, y nos da la capacidad para hacerlo. Por ejemplo, debemos hacer el bien a todos los hombres. ¿Por qué? Porque así actúa nuestro Padre.

“También Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21).

Isaías 38-39 – Marcos 2 – Salmo 49:1-9 – Proverbios 14:15-16

¿A quién piensa ver en el paraíso?

Sábado 25 Abril

(Jesús le dijo al malhechor crucificado:) De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lucas 23:43

¿A quién piensa ver en el paraíso?

Esta pregunta fue formulada por un periodista a un deportista, quien respondió: «A veces tengo miedo de encontrarme con gente que no merece estar ahí».

El juicio que tenemos sobre los demás es personal: juzgamos a una persona según su apariencia, o por la manera cómo se comporta con nosotros. Algunos nos parecen más dignos que otros debido a su carácter o a su actividad humanitaria, por ejemplo. Algunos parecen egoístas, otros se dedican a hacer buenas obras.

Pero nuestro juicio es necesariamente superficial, pues nos es imposible conocer los motivos que mueven a los demás. Solo Dios conoce perfectamente el fondo de las cosas, y dará a cada uno según sus obras. “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14).

Pero esto no es lo que cuenta, pues Jesús prometió el paraíso al malhechor crucificado. Según nuestra apreciación, este hombre no hubiese merecido el paraíso. Entonces, ¿por qué Jesús le abrió la entrada a ese lugar? Sencillamente porque reconoció que era culpable y puso su confianza en Jesús para obtener el perdón. ¿Le molesta esta gracia de Dios? ¿No quisiera estar con un criminal en el paraíso? Si piensa así, ¿en qué se basa para pensar que usted tiene su lugar allí? “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16).

¡Nadie merece el cielo, pero Dios lo da gratuitamente a todo aquel que cree en Jesús!

Isaías 37 – Marcos 1:21-45 – Salmo 48:9-14 – Proverbios 14:13-14

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Job

Jueves 23 Abril

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.

Job 42:3-5

Job

La historia de Job, relatada en la Biblia en el libro que lleva su nombre, es extraña. Era un hombre de una conducta ejemplar, recto, generoso y lleno de compasión por los pobres. También era “temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 2:3). Y súbitamente perdió no solo todos sus bienes, sino también a sus hijos y su salud. A todos estos sufrimientos se añadieron los causados por las insinuaciones y las acusaciones de sus amigos.

Hoy nuestras palabras también pueden ser habladurías para los que sufren. ¡Cuántas palabras se dicen para romper el silencio! Job, herido en su espíritu, proclamaba su inocencia en medio de sus desgracias. Sus amigos le repetían: Dios te castigó porque lo mereces, pues Dios recompensa a los buenos y castiga a los malos. Job rechazó esta visión de las cosas. Él no solo no había cometido una falta particular, sino que también constató que otros justos sufren (cap. 12:4), y que mucha gente mala tiene una vida próspera (cap. 12:6; 21:7-15).

Job sabía que Dios existe y trataba de obedecerle. Entonces, ¿por qué recibió este mal, este sufrimiento? ¿Por qué Dios se mantuvo en silencio? Job interpeló a Dios y le pidió que le mostrara el porqué de esta situación. Dios respondió personalmente a Job y le mostró que Él, el Creador, se ocupa de cada una de sus criaturas. Job lo conoció más de cerca y experimentó que Dios “es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11). A veces Dios guarda silencio, pero no está ausente en nuestros días sombríos. ¡A veces hay que callar para conocerlo mejor!

Isaías 34 – 2 Pedro 3 – Salmo 47 – Proverbios 14:9-10

¡Deténgase!

Miércoles 22 Abril

Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.

1 Samuel 9:27

¡Deténgase!

El despertador suena; Juan salta de la cama, va corriendo a la ducha y luego se toma un café. Después de cuarenta y cinco minutos en un metro repleto de gente, llega a su trabajo. A una primera reunión le sigue otra. Durante la pausa del mediodía, continúa hablando de negocios con sus compañeros. Luego tiene reuniones con los clientes, debe redactar informes urgentes mientras responde a incesantes llamadas telefónicas… A las ocho de la noche por fin llega a su casa, devora una comida rápida mientras lee su correo. Luego se sienta en el sofá y enciende el televisor. Poco después lo apaga porque está demasiado cansado para continuar viendo la película, así que se acuesta en su cama y se queda profundamente dormido. El despertador suena…

Estimado Juan (y cualquier lector que se reconoce en él), es absolutamente necesario que deje de correr de ese modo, sin reflexionar. Si continúa así, y si su corazón no se para antes, llegará a la jubilación, a la vejez, sin darse cuenta. Deténgase y escuche esa voz interior que le dice que se está perdiendo lo principal. Hoy Dios quiere darle a conocer esa felicidad a la cual aspira y que no consigue construir. Si tiene una Biblia, ábrala y lea el Evangelio, descubra que Dios lo ama y preparó todo para que usted sea feliz.

Sí, al igual que Juan, detengámonos ahora y escuchemos el mensaje de Dios, que nos dice en particular: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Repetimos lo que leímos ayer acerca de una mujer muy atareada: Jesús le dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria” (Lucas 10:41-42).

Isaías 33 – 2 Pedro 2 – Salmo 46:8-11 – Proverbios 14:7-8

¡Marta, Marta! (6)

Martes 21 Abril

María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres… Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Lucas 10:39-42

Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios.

1 Samuel 15:22

¡Marta, Marta! (6)

Lectura propuesta: Lucas 10:38-42

Pasaje bíblico:

Aquel día había mucho trabajo porque Marta y su hermana María recibieron a Jesús y a sus discípulos en su casa. Marta se esforzaba por servir al Maestro, mientras María estaba sentada a sus pies para escucharlo. Marta, atormentada viendo a su hermana dejarla servir sola, pidió a Jesús que le dijera algo. Pero él respondió: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas”. No le reprochó el hecho de servirle, pero le mostró que en su presencia lo más importante es escucharlo.

Aplicación: Yo también podría escuchar al Señor decirme: afanado y turbado “estás con muchas cosas”. ¡Cuántas veces estoy sumergido en múltiples actividades, preocupado por muchas cosas! Marta se atormentaba no por sus intereses personales, pues servía al Señor, pero le servía hasta el punto de estar «distraída», y reprochaba a su hermana por no ayudarla.

Yo también puedo ocuparme del Evangelio, hacer visitas, involucrarme en las cosas del Señor, pero dejar de contemplarlo a él, es decir, no tomar el tiempo para orar tranquilamente y escuchar su Palabra. Entonces mi servicio se vuelve más difícil, y la irritación me vence.

Como a Marta, el Señor me interpela con insistencia. Me recuerda lo más importante: escucharle, estar en su presencia. Luego podré servirle útilmente, permaneciendo cerca de él.

(continuará el próximo martes)

Isaías 32 – 2 Pedro 1 – Salmo 46:4-7 – Proverbios 14:5-6

El nombre que salva

Lunes 20 Abril

Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Romanos 10:13

En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre (que el de Jesús) bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Hechos 4:12

El nombre que salva

En el año 1885 Louis Pasteur descubrió la vacuna contra la rabia, lo cual lo hizo célebre en toda Europa. En el distrito de Smolensk (Rusia), diecinueve personas mordidas por un lobo con rabia oyeron hablar de esa vacuna que podía curarlas. A pesar de sus graves heridas emprendieron el viaje hasta París.

Llegaron el 14 de marzo de 1886. Aquellas personas extranjeras, con sus gorros de piel y sus vendajes, llamaban la atención. Como eran incapaces de hablar en francés, solo repetían: ¡Pasteur, Pasteur! Fueron conducidos hasta él. Y esos campesinos rusos, que parecían destinados a morir, fueron curados, excepto tres de ellos, cuyo estado era muy grave.

En agradecimiento, el zar Alejandro III dio a Pasteur una considerable suma de dinero para la fundación hoy llamada Instituto Pasteur. Esos pobres rusos no hablaban ni una palabra en francés, pero conocían el nombre del que podía salvarlos.

En otra esfera, el mundo entero sufre una enfermedad mortal, que es el pecado. Para curarse solo hay un remedio; basta con saber un solo nombre. Todo el que por la fe invoca ese nombre, recibe la curación y la salvación. Ese nombre es el nombre de Jesús, en quien hallamos el perdón, la liberación y la paz.

“Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él… Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:38-43).

Isaías 30-31 – 1 Pedro 5 – Salmo 46:1-3 – Proverbios 14:3-4

El domingo

Domingo 19 Abril

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan…

Hechos 20:7

Oh Señor, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma.

Isaías 26:8

El domingo

Para los cristianos, el domingo es un día especial en la semana. Es el “día del Señor”, el día de la resurrección de Jesús. Al final de aquel día, Jesús apareció a sus discípulos, quienes estaban reunidos. Ocho días después se presentó nuevamente en medio de ellos y habló especialmente a Tomás, quien aún no había querido creer en su resurrección.

Seguidamente los discípulos, y luego los primeros creyentes, se reunían cada domingo para “partir el pan”, es decir, para celebrar la Cena, esa comida que recuerda la muerte de Jesús.

Nosotros tampoco debemos faltar, el primer día de la semana, a esa cita que reúne a los creyentes para estar en la presencia de Jesucristo y recordarlo. Él desea que lo hagamos: “Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). ¡Qué inmenso privilegio!

El día que el Señor eligió para confiar al apóstol Juan la redacción del Apocalipsis fue un domingo. Juan estaba solo, exiliado en la isla de Patmos, y no podía disfrutar de la comunión que gozaban los hermanos ese día. Pero Dios se ocupó especialmente de él y le dio una revelación extraordinaria (Apocalipsis 1:10).

Si por diversas razones (enfermedad, distancia, persecución…) no podemos reunirnos en torno al Señor Jesús el domingo, leamos la Palabra de Dios, si es posible. Consagrémosle ese día; él nos dará gozo y ánimo. Antiguamente, Dios prometió a los suyos que estaban dispersos: “Les seré por un pequeño santuario en las tierras adonde lleguen” (Ezequiel 11:16).

Isaías 29 – 1 Pedro 4 – Salmo 45:10-17 – Proverbios 14:1-2

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Respetar la vida

Sábado 18 Abril

Tus manos me hicieron y me formaron.

Job 10:8

Vida y misericordia me concediste.

Job 10:12

(Tú, Dios) me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.

Salmo 139:13-14

Respetar la vida

Para algunas personas, la vida humana parece no tener mucho valor. Muchas veces hay agresiones y muertes por cualquier motivo. Sin hablar de crímenes, guerras y terrorismo, el aborto y la eutanasia se han vuelto comunes en algunos países donde la gente quisiera poder escoger la muerte según su conveniencia.

La Biblia nos muestra la importancia de cada ser humano para Dios, primeramente porque fue creado a Su imagen (ver Génesis 1:27). No debemos, pues, despreciar a nadie; es preciso respetar la vida que Dios da.

Dios formó al ser humano de una forma maravillosa. “En oculto fui formado, y entretejido… Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Salmo 139:15-16).

Dios tiene su plan para cada uno de nosotros. Al profeta Jeremías le dijo: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jeremías 1:5).

¿Cómo intervino Dios ante el desprecio a la vida humana, mostrado ya por medio de Caín, quien mató a su hermano Abel? Dios se hizo hombre en la persona de Jesús, don y manifestación del amor divino hacia los hombres. ¿Lo recibieron, lo respetaron? La cruz en la que Cristo fue clavado es la respuesta de los hombres al amor de Dios. ¿Destruiría Dios a los asesinos? No, Jesús murió para salvar a los pecadores, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Isaías 28 – 1 Pedro 3 – Salmo 45:6-9 – Proverbios 13:24-25

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