El límite de la vida

Viernes 17 Abril

El que cree en el Hijo (de Dios, Jesucristo) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Juan 3:36

El límite de la vida

Estos son algunos extractos de un periódico reciente: «Una empresa californiana acaba de desvelar un proyecto investigativo que trata de descubrir los secretos de la salud humana… La sociedad se puso como objetivo aplazar los límites del envejecimiento e incluso de la muerte», gracias a las nuevas tecnologías. De esta manera se podrían detectar, muy temprano, todas las anomalías en el cuerpo humano para corregirlas y prolongar la vida hasta… ¿por qué no?… ¡La inmortalidad en la tierra! Este es el viejo sueño del hombre que quiere vivir sin Dios… El autor del artículo añade: «Esto nos hace estremecer y soñar a la vez».

Nosotros solo diríamos que nos hace estremecer. Cuando algunos hombres terminan por hacerse pasar por dioses, Dios el Creador les recuerda que él es quien hace vivir y morir, y que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Para obtener la vida eterna es inútil contar con los miles de millones de dólares que son empleados en la investigación. ¡Solo basta con aceptar el don gratuito de Dios! “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Recibimos ese don si reconocemos como Salvador a Jesucristo, el Hijo de Dios, quien murió para expiar nuestros pecados, y resucitó, dando así la prueba de su victoria sobre la muerte. Jesucristo mismo declaró: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). No se trata solo de tener una vida sin fin, en el más allá, sino que desde ahora el creyente puede decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21).

Isaías 27 – 1 Pedro 2:11-25 – Salmo 45:1-5 – Proverbios 13:22-23

Amar a sus enemigos

Jueves 16 Abril

En el mundo estaba (Jesús), y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:10-12

Amar a sus enemigos

Al final de una manifestación contra las guerras y la violencia, realizada en julio de 2014 en París, las fuerzas del orden fueron agredidas, las vitrinas rotas, los comercios saqueados, violentas escenas estallaron en varios sectores de la ciudad. ¡Demostración concreta del estado del corazón del hombre!

Cuando Jesucristo vino a la tierra, reveló el corazón de Dios, trayendo la gracia y la verdad. Él dijo: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28). La gente estaba maravillada de las palabras de gracia que salían de su boca (Lucas 4:22). Jesús ponía en práctica lo que decía: “cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23).

Crucificando a Jesús, el hombre no solo demostró su tendencia a hacer el mal, sino también a rechazar el bien. Jesús dijo: “Sin causa me aborrecieron” (Juan 15:25). “Me devuelven mal por bien, y odio por amor” (Salmo 109:5). El estado desesperado del hombre pone en evidencia la grandeza de la obra de Cristo.

Esta obra renueva totalmente el corazón de todo el que reconoce su estado ante Dios. Siendo enemigo de Dios, hijo de ira, se convierte en hijo muy amado del Padre por la fe en la obra de Cristo. Jesús lo libera de todo lo que era en otro tiempo, para que pueda amar como él y seguir su ejemplo.

Isaías 26 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

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El discípulo Andrés

Miércoles 15 Abril

Qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

El discípulo Andrés

Andrés era uno de los doce discípulos de Jesús. Mucho menos conocido que Juan o Simón Pedro, no escribió un evangelio, ni una epístola. Se habla muy poco de él… Sin embargo, en tres ocasiones Andrés interviene de manera muy oportuna:

1. Cuando conoció a Jesús, su primera preocupación fue llevar a su hermano Simón a Jesús (Juan 1:42). Dios empleó a un discípulo humilde y discreto para llevar a Jesús a quien llegaría a ser el muy conocido apóstol Pedro. Estemos siempre atentos a la voz del Maestro, dispuestos para servirle humildemente.

2. Jesús pidió a sus discípulos que alimentasen a una multitud hambrienta, pero ellos no tenían nada. Entonces Andrés habló a Jesús de un niño que tenía “cinco panes de cebada y dos pececillos” (Juan 6:9). Aunque era muy poco, lo mencionó porque Jesús estaba allí. Y, gracias a él, los pequeños recursos del niño fueron puestos en manos de Jesús, quien los multiplicó. ¡La multitud fue alimentada y saciada!

3. Poco antes de la muerte de Jesús, los griegos expresaron el deseo de verlo. Se dirigieron a Felipe, quien se lo comentó a Andrés, y ambos hablaron al Señor (Juan 12:20-22). Así, por medio de Andrés, los griegos fueron llevados a Jesús.

Las intervenciones simples y discretas de Andrés fueron el origen de grandes bendiciones.

No tratemos de ser conocidos. Como Andrés, cumplamos sencilla y fielmente las pequeñas cosas que el Señor pone a nuestro alcance. ¡Y dejémosle que saque una rica bendición de ello!

Isaías 24-25 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

Martes 14 Abril

Vino el Señor y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

1 Samuel 3:10

Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

Colosenses 4:17

¡Samuel, Samuel! (5)

Lectura propuesta: 1 Samuel 3:1-21

Pasaje bíblico: Samuel todavía era joven y servía al sacerdote Elí en el templo de Dios. Una noche escuchó que alguien lo llamaba. Pensó que era Elí. Dos veces más escuchó el mismo llamado, pero no era Elí quien lo llamaba. Entonces Elí comprendió que era Dios quien quería revelarse a Samuel, y lo animó a responder. La cuarta vez Samuel escuchó dos veces su nombre: “¡Samuel, Samuel!” (1 Samuel 3:10). E inmediatamente respondió: “Habla, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:10). Entonces Dios le habló y le confió una misión de profeta.

Aplicación: Samuel ya servía a Dios sirviendo a Elí. Pero Dios le había preparado otro servicio, y quería revelarse a él personalmente. Lo llamó por su nombre para que Samuel aprendiese a escucharlo.

Cada cristiano es llamado a servir al Señor en sus ocupaciones diarias, es decir, en casa, en el trabajo, entre los creyentes… El Señor también puede llamarnos para un servicio más concreto, más difícil. Entonces su llamado se vuelve apremiante, como si nos llamase dos veces por nuestro nombre.

Es posible que no discernamos ese llamado, o también podemos rehusar oírlo. A veces es necesario que alguien nos ayude, como lo hizo Elí con Samuel.

Estemos disponibles para el Señor y no dudemos en responder: “Habla, porque tu siervo oye”.

(continuará el próximo martes)

Isaías 23 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

Un acontecimiento único

Lunes 13 Abril

(Jesucristo dijo:) Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 1:18

El (Dios) que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús.

2 Corintios 4:14

Un acontecimiento único

Una noticia extraordinaria: Jesucristo resucitó de entre los muertos el día siguiente al sábado, el primer día de la semana, el domingo que siguió a la Pascua judía.

La resurrección de Cristo es un pilar del cristianismo, y está basado sobre un acontecimiento histórico: una tumba vacía y una persona viva: Jesucristo. Esta resurrección también es única. En el Antiguo Testamento hubo unos niños que volvieron a vivir mediante la oración de los profetas Elías y Eliseo (1 Reyes 17:21-232 Reyes 4:33-36). Jesucristo mismo, mediante su palabra, resucitó al hijo de una viuda, a la hija de un jefe de la sinagoga y a Lázaro (Lucas 7:14-15Marcos 5:35-42Juan 11:43-44). Al momento de su muerte en la cruz, algunas tumbas se abrieron y los muertos resucitaron. Sin embargo, todas esas personas que volvieron a vivir en su cuerpo físico, tuvieron que pasar nuevamente por la muerte.

Jesucristo, resucitado de los muertos por el poder de Dios (Efesios 1:19-20), salió de la tumba. No estaba sujeto a las ataduras físicas. La piedra que cerraba el acceso a la tumba no lo retuvo, tampoco lo detuvieron las puertas cerradas de la habitación donde se encontraban los discípulos reunidos (Juan 20:19). Aún así, no era solo un espíritu, sus discípulos pudieron tocarlo y él comió delante de ellos (Lucas 24:36-43). A todos los que tienen fe en su obra, esta victoria de Jesucristo sobre la muerte les proporciona la salvación, la paz del corazón, la fuerza y la extraordinaria esperanza de que su cuerpo resucitará en un cuerpo espiritual semejante al de Cristo (1 Corintios 15:42-44).

Isaías 22 – 2 Tesalonicenses 3 – Salmo 43 – Proverbios 13:14-15

¿Por qué permaneció en la cruz?

Sábado 11 Abril

Los que pasaban le injuriaban… si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz… A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

Mateo 27:39-4042

¿Por qué permaneció en la cruz?

El predicador leyó este texto, se detuvo y preguntó a su auditorio: «¿Por qué Jesús permaneció en la cruz?». ¡Qué pregunta! Luego el predicador continuó: «Si Jesús hubiera descendido de la cruz, yo hubiera podido pensar que era alguien excepcional, ¡pero no hubiera sido salvo, y mis pecados estarían todavía en mi conciencia!».

Estas palabras me alcanzaron como una flecha, y ese día comprendí sobre qué se funda la gracia de Dios.

¿Por qué Jesús permaneció en la cruz? Porque había venido a la tierra para morir en sacrificio por los pecados de los hombres. Por amor a su Padre y por amor a nosotros, Jesús aceptó llevar la condenación que debía caer sobre cada uno de nosotros (Marcos 10:45).

Jesús había venido de parte de Dios, y había demostrado su poder por medio de muchos milagros. ¡Sin embargo estaba allí, crucificado entre dos malhechores! No fueron los clavos los que lo retuvieron en la cruz, sino algo más fuerte que todas las cadenas: su obediencia a Dios y su amor hacia nosotros. Él había dicho: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:7). El Hijo de Dios se hizo el Siervo de Dios. Tenía el poder para descender de la cruz, pero de su propia voluntad permaneció allí.

El Hijo de Dios dio su vida para ser el Salvador del mundo. Se ofreció en sacrificio por el pecado, por nuestros pecados. Se ofreció por amor a la humanidad, por amor a cada uno de nosotros.

Isaías 19 – 2 Tesalonicenses 1 – Salmo 42:1-6 – Proverbios 13:11

Crucificado por mí y por usted

Viernes 10 Abril

Le llevaron (a Jesús) a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera… Era la hora tercera cuando le crucificaron… Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda.

Marcos 15:222527

Crucificado por mí y por usted

Cuando Jesús vivió en esta tierra, en los países sometidos al imperio romano ciertos condenados a muerte eran crucificados. Eran atados de pies y manos a una cruz, y allí morían asfixiados. A veces eran clavados para que sus sufrimientos fueran mayores.

¿Por qué la muerte de Jesús en una cruz en Jerusalén es de una gravedad excepcional, si la crucifixión era algo corriente en esa época? Porque por medio de Jesús, Dios mismo había venido al mundo, para revelarse a los hombres. Él trajo un mensaje de verdad, amor y paz. Pero los hombres aborrecieron a Jesús, lo menospreciaron, y finalmente lo crucificaron, porque las obras de ellos “eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:19-20).

¿Por qué Dios permitió que los hombres cometieran semejante maldad, y no libró a Jesús? Porque nos amaba, y solamente Jesús podía llevar el castigo que merecían nuestros pecados.

¿Por qué Jesús se dejó crucificar? Porque quería salvar a la humanidad, a usted y a mí, por medio de su sacrificio. No alcanzamos a comprender semejante amor. Pero creámoslo, y aceptemos que Cristo sufrió y murió en nuestro lugar. Sin el arrepentimiento ante Dios y la fe en Jesucristo no se puede recibir el perdón divino.

¿Cuántas personas tomarán conciencia hoy de que fue por ellas personalmente que Jesucristo murió, y que tienen necesidad de su sacrificio para estar en paz con Dios? ¿Usted, quizás?

Isaías 17-18 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

¿Hay prescripción?

Miércoles 8 Abril

Vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos… y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.

Apocalipsis 20:12-13

¿Hay prescripción?

En las leyes de algunos países existe el plazo de prescripción. Este se refiere al período más allá del cual una acción legal, civil, penal o tributaria, ya no es admisible. Los plazos de prescripción son muy variables y van desde uno hasta treinta años. Eso quiere decir que, en materia penal, muchas infracciones o delitos no son y nunca serán juzgados por los hombres.

Pero Dios nos dice que él no actúa así. “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14). Ni siquiera la muerte podrá anular la acción del juicio divino. El versículo de hoy nos lo prueba. No solo nuestras obras serán juzgadas, sino también nuestras palabras: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36), y también nuestros pensamientos más secretos: “Nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz” (Lucas 8:17).

Dios no nos engaña, no nos hace creer que nuestras faltas pueden quedar impunes. Pero por amor, su Hijo Jesucristo quiso cargar con nuestros pecados, como si él los hubiese cometido, y sufrir en nuestro lugar el castigo que nosotros merecíamos.

El juicio de los pecados de los creyentes cayó sobre su Salvador, quien lo llevó en lugar de ellos. Sin embargo, para todo el que rehúsa creer en Jesucristo, “la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36), sin prescripción.

Isaías 14 – 1 Tesalonicenses 3 – Salmo 40:13-17 – Proverbios 13:5-6

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¡Moisés, Moisés! (4)

Martes 7 Abril

La zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía… lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés!… he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto… y he descendido para librarlos.

Éxodo 3:247-8

En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo (Jesús) he vencido al mundo.

Juan 16:33

¡Moisés, Moisés! (4)

Lectura propuesta: Éxodo 3:1-22

Pasaje bíblico: En la corte del rey, Moisés era considerado como el hijo de la hija del Faraón. Un día fue a ver a su pueblo, los israelitas, quienes estaban esclavizados. Sin embargo las cosas terminaron mal; Moisés tuvo que huir para salvar su vida, y llegó a ser pastor de ovejas en el desierto.

Cuarenta años más tarde, mientras cuidaba su rebaño, Moisés vio una zarza ardiendo, pero ¡la zarza no se consumía! Entonces Dios lo llamó de en medio de la zarza: “¡Moisés, Moisés!”, y le dijo: “he visto la aflicción de mi pueblo”. Esta zarza es una imagen del pueblo de Moisés, perseguido pero no destruido. Dios estaba en medio de ese pueblo y lo protegía; él conocía sus sufrimientos e iba a utilizar a Moisés para liberarlo.

Aplicación: La revelación que Dios dio en la Biblia permanece, las promesas que hizo subsisten. Sin embargo, las persecuciones contra los cristianos siempre están presentes. Pero la fe cristiana no será destruida, pues el Señor Jesús prometió que ningún poder, ni siquiera el diablo, podría destruirla.

Si estamos en el “fuego de prueba” (1 Pedro 4:12), el Señor nos interpela, a cada uno por su nombre, para darnos la seguridad de que conoce todo y que intervendrá. También puede emplearnos para ayudar a nuestros hermanos que sufren, mediante visitas, dones, oración…

(continuará el próximo martes)

El nivel está demasiado alto

Lunes 6 Abril

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados… Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.

Efesios 5:18

Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

Deuteronomio 30:11

El nivel está demasiado alto

Valentín acababa de leer en la Biblia: “Sed, pues, imitadores de Dios… andad como hijos de luz”. ¡Estas palabras lo dejaron muy pensativo! ¿Dios no ponía el nivel demasiado alto para un joven cristiano como él? Un poco desanimado, comentó su reflexión a un amigo mayor que él, quien le dijo:

«Valentín, ¡no leíste todo el versículo! ¿Qué está escrito?». “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados… sois luz en el Señor; andad como hijos de luz…”. Dios no te pide nada imposible. Por la fe en Jesús te convertiste en un hijo muy amado de Dios. Puedes imitarlo porque eres su hijo muy amado. Él te invita a vivir como un hijo de luz porque eres luz en el Señor. Empieza por tomar consciencia de lo que eres, y naturalmente podrás andar “como…?”, es decir, imitar a Dios tu Padre, y vivir de manera que le agrade. Un hijo se parece a su padre sin hacer ningún esfuerzo, es natural.

Amigos cristianos, no invirtamos el orden de las cosas: Dios nunca pedirá a alguien que no es su hijo, que le imite como un “hijo amado”. Nunca exhortará a alguien que solo conoce las tinieblas, a vivir como si fuese un hijo de luz. Y uno no se convierte en un hijo amado, o en un hijo de luz, por sus propios esfuerzos, sino solo mediante la fe en Jesús.

Dios hace de nosotros sus propios hijos y nos transmite su naturaleza. Entonces, y solo entonces, nos invita a vivir de forma coherente con lo que hizo por nosotros.