La carta que no fue leída

Jueves 26 Marzo

Juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente… y volviendo en sí, dijo… Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

Lucas 15:1317-18

La carta que no fue leída

Un joven holandés había dejado la casa paterna para llevar una vida libertina, semejante a la del hijo rebelde que encontramos en el capítulo 15 del evangelio según Lucas. Finalmente se unió a un regimiento en Indonesia. Desde allí escribió a su padre pidiéndole que le enviase dinero lo más pronto posible. Varios meses más tarde recibió la respuesta. Como el sobre no contenía ni billete ni cheque, lo lanzó al fondo de su mochila sin leer la carta.

Tres meses más tarde se encontraba gravemente enfermo. Entonces quiso volver a casa y, avergonzado, pensaba en la carta de su padre que no había querido leer. Pidió a un enfermero que buscara la carta y se la trajera. El mensaje era el siguiente: «Di instrucciones al capitán P., en el caso de que quieras dejar el ejército, para que te traiga a casa en su navío. Escríbele antes del 1 de mayo».

Por la frente del enfermo bajaron gotas de sudor: ¡ya era demasiado tarde!… era finales de junio.

Son muchos los que no escuchan el mensaje de amor que Dios les envía, que incluso no se toman la molestia de leer su Palabra, la Biblia, un mensaje urgente que no se debe dejar de lado.

Estos son algunos extractos de ese mensaje: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. “He aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 5:206:2).

Éxodo 38 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Dios le ama

Miércoles 25 Marzo

Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5:68

Dios le ama

¿Podemos pensar en Dios sin sentir algún temor? Es normal respetar a nuestro Creador y obedecerle. La Biblia incluso dice que Dios espera de nosotros que le amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas (Deuteronomio 6:5).

Pero nadie pudo responder a lo que él pedía, ni siquiera mediante las más elementales muestras de agradecimiento que Dios podía esperar de sus criaturas. Por el contrario, es claro que todos le desobedecimos, por eso nos dice que somos pecadores. Nuestra relación con Dios está rota porque nuestra desobediencia pone un obstáculo entre él y nosotros. Después de la muerte “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). ¡Es terrible!

¿Cómo, pues, podemos encontrarnos con Dios sin ser condenados? ¿Quién puede intervenir? ¿Cómo puede ser perdonada mi desobediencia?

La Biblia dice que aún hoy Dios ofrece su gracia a los que le han dado la espalda. Lo hace porque Jesucristo, su amado Hijo unigénito, en quien halló su complacencia, aceptó ser condenado en lugar de los humanos rebeldes contra él (Romanos 3:21-26). Sí, el amor de Dios tiene esta medida. Aceptó el sacrificio de su amado Hijo para poder perdonar a las mismas personas que lo crucificaron. Y aún más, adopta y considera como sus hijos a todos los que aceptan esta gracia divina.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

Éxodo 37 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¡Abraham, Abraham! (2)

Martes 24 Marzo

El ángel del Señor le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada… Entonces alzó Abraham sus ojos… y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos.

Génesis 22:11-13

(Jesús) el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Juan 1:29

¡Abraham, Abraham! (2)

Lectura: Génesis 22:1-18

Resumen: Dios le pidió a Abraham que ofreciera a su hijo Isaac en sacrificio. Abraham obedeció, pues confiaba en él. Dios había prometido que ese hijo tendría descendencia (Génesis 21:12), y Abraham creía que Dios podía devolverle la vida (Hebreos 11:17-19). Sin embargo, en el último momento se escuchó la voz divina: “Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho”. Para el patriarca fue un maravilloso momento de comunión con su Dios. Constató que el Señor había preparado un carnero para el sacrificio. Entonces pudo ofrecerlo y llamar a ese lugar: Jehová-jireh (el Señor proveerá).

Aplicación: Esa voz de Dios, dirigida dos veces a Abraham, también es para mí. Cuando la prueba es más dura, el Señor sabe cómo llamarme por mi nombre y ampararme en las dificultades: Él “no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

La prueba también permite profundizar la comunión con el Señor. Por medio de la prueba, Abraham pudo entrever los pensamientos de Dios con respecto al don de su Hijo. Este relato nos ayuda a comprender un poco mejor el amor del Padre por nosotros (Romanos 8:35-39). Y como Abraham, podemos entonces adorar con un profundo respeto.

(continuará el próximo martes)

Éxodo 36 – Hechos 25 – Salmo 36:1-6 – Proverbios 12:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tormenta en una habitación

Lunes 23 Marzo

Suben a los cielos, descienden a los abismos… toda su ciencia es inútil.

Salmo 107:26-27

Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.

Salmo 107:29

¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?

Mateo 8:27

Tormenta en una habitación

Desde hace tiempo estoy preocupado por uno de mis hijos. Ese muchachito dócil y alegre se volvió un adolescente triste y silencioso. Pasa la mayor parte del tiempo en su habitación. Yo entro allí raras veces, pues es su espacio y lo respeto.

Me siento terriblemente impotente frente a mi hijo que poco a poco se volvió un extraño para mí. Sin embargo, la lectura de los evangelios me anima: algunos padres angustiados por un hijo se dirigieron a Jesús y recibieron ayuda.

Un padre desesperado, cuyo hijo era atormentado por un espíritu malo, suplicó a Jesús que le ayudara. “Si puedes hacer algo”, dijo en su angustia. Jesús fortaleció la débil fe de ese hombre, echó al espíritu malo y devolvió el muchacho a su padre (Marcos 9:14-27).

Otro padre acudió a Jesús rogándole que sanara a su hija, pero cuando llegaron a la casa, la niña ya había muerto. Jesús la resucitó y la devolvió a sus padres (Marcos 5:21-43).

Los casos son variados, pero ninguno superó el poder de Jesús. Él es poderoso para socorrer a los padres y a sus hijos.

Entonces, resueltamente y con fe, empecé a presentar mi hijo al Señor por medio de la oración. Día tras día le pido que entre en su habitación, que le hable y se ocupe de él. El Señor conoce mejor que yo su angustia, las preguntas que lo agitan y las dudas que lo turban. Solo él puede, por medio de su poderosa Palabra, calmar la tempestad interior y darle la paz.

Padres cristianos, ¡el Señor es nuestro recurso seguro!

Éxodo 35 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La siembra y la siega

Domingo 22 Marzo

Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega.

Génesis 8:22

(Dios) sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.

Hebreos 1:3

La siembra y la siega

Todos aspiramos a vivir en un entorno estable, donde reinen la justicia y el orden. Sin embargo, la sociedad está sumergida en la angustia y la insatisfacción.

En estos tiempos en que el mundo tambalea, y cuando quizás atravesamos situaciones difíciles, los versículos de hoy son una promesa bienhechora. Nos recuerdan la fidelidad de Dios, quien “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. Esta promesa renueva nuestra confianza.

¡Qué bendición es la secuencia de la siembra y la cosecha! Toda nuestra vida terrenal depende de ello. Con la sucesión de las estaciones, la tierra produce el alimento para los hombres y los animales. “Mientras la tierra permanezca”, es decir, mientras ella exista, ese ritmo continuará, pues Dios lo prometió. Si bien hay malas cosechas o hambrunas, la bondad de Dios es inalterable.

En el plano espiritual, también hay un tiempo de siembra y uno de siega. Cuando somos jóvenes, es necesario abrir nuestro corazón para la siembra de la Palabra de Dios, a fin de que pueda germinar y producir en abundancia los frutos de una vida para Dios.

A lo largo de la vida necesitamos volver continuamente a ella, para no estar “ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 Pedro 1:8). Así podremos andar “como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10).

Éxodo 34 – Hechos 23:12-35 – Salmo 35:15-21 – Proverbios 12:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Un mundo desestabilizado

Sábado 21 Marzo

Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.

Isaías 24:20

Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios.

Salmo 73:26

No hay refugio como el Dios nuestro.

1 Samuel 2:2

Un mundo desestabilizado

El mundo evoluciona a una velocidad vertiginosa, los progresos tecnológicos abundan en todos los campos. Algunos aportan una mejoría, como en la medicina, pero otros son aterradores. El hombre se ve superado por sus propios inventos.

Se lucha desesperadamente contra numerosas calamidades: droga, violencia, desenfreno sexual, terrorismo… la lista es larga. Las personas se sienten cada vez más solas, a pesar de la generalización de los medios masivos de comunicación. Los valores morales, reconocidos durante mucho tiempo, son dejados de lado. La humanidad parece haber perdido sus puntos de referencia.

No obstante, en medio de este universo inestable e inconstante, existe un punto de apoyo sólido como una roca: Dios. Él es nuestro Creador, nos dio la vida y nos ama. Él no cambia, y es la fuente de toda felicidad para el hombre. “Él solamente es mi roca y mi salvación… No resbalaré” (Salmo 62:6). Su Palabra, la Biblia, está allí, sólida, inquebrantable, en medio de las aguas tumultuosas. Es una lámpara para nuestro camino (Salmo 119:105), y “permanece para siempre” (Isaías 40:8). Jesús mismo dijo: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:24-25).

Éxodo 33 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Por qué lloraba?

Viernes 20 Marzo

Lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo… Digno eres de tomar el libro… porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.

Apocalipsis 5:49

¿Por qué lloraba?

En la Biblia, el apóstol Juan nos relata una visión grandiosa. Siendo llevado ante Dios, quien estaba sentado en su trono, en la majestad de su poder, vio en su mano un libro cerrado con siete sellos que contenía todo su plan para el futuro del mundo: primero los juicios sobre el mal, y luego grandes bendiciones.

Sin embargo, nadie podía abrir ese libro. De ahí el llanto de Juan. ¿Se había destruido el plan de Dios? ¿El universo nunca vería la bendición de Dios? Si este fuera el caso, habría razones para llorar.

Hoy en día, la desesperación llena el corazón de muchos hombres y mujeres. Cada uno espera la llegada de un hombre providencial que pueda restablecer la justicia y mejorar definitivamente la suerte de la humanidad. Pero las esperanzas se desmoronan una tras otra. Las promesas electorales de un mañana mejor raramente se cumplen, y el poder se corrompe rápidamente. ¿Qué queda, sino la desesperanza y el hastío de la vida?

Pero la visión de Juan no se detuvo ahí. Jesucristo, el Dios Hombre, el gran Vencedor, abrió el libro. Él juzgará al mundo, y luego traerá la justicia y la bendición a la tierra.

Hoy, mientras la humanidad se desespera y corre hacia su destrucción, Dios anuncia a todos que Jesús, quien murió y resucitó, obtuvo la victoria. El que cree en el Señor Jesús se beneficia de esta victoria y es salvo. Forma parte del cortejo de los vencedores y canta su triunfo: “Digno eres de tomar el libro…”.

Éxodo 32 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Velad

Jueves 19 Marzo

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Marcos 14:38

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.

1 Pedro 5:8

Velad

Debemos velar para no dejarnos sorprender por el diablo, que “anda alrededor” de nosotros; debemos velar como aquellos que esperan a su señor, velar manteniéndonos en oración: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Colosenses 4:2). “Velad, pues, en todo tiempo orando” (Lucas 21:36). Tenemos que velar siendo sobrios. “Sed sobrios, y velad” (1 Pedro 5:8). “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1 Tesalonicenses 5:6).

Vela a la aurora, cuando el claro cielo,
Un día calmo deja entrever;
En tu entorno puede rugir el trueno,
Que al peregrino hace caer.
Vela de día, cuando el ruido llega,
Y el celestial destino se nubla;
Con Cristo a solas un instante busca
En la oración y en su amor.
Vela de noche, llegado el silencio;
Del celestial Amigo, el corazón,
Con fervor busca siempre su presencia,
Derrama ante él tu turbación.
En todo tiempo y lugar siempre vela,
El enemigo te quiere acechar,
La santa morada, ocupar espera,
Donde el Señor debe reinar.

“Bienaventurado el que vela” (Apocalipsis 16:15).

“Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).

“Velad conmigo” (Mateo 26:38).

Éxodo 31 – Hechos 21:17-36 – Salmo 34:15-22 – Proverbios 11:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La solución

Miércoles 18 Marzo

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:23

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras.

1 Corintios 15:3

La solución

En un mundo donde comúnmente los valores se basan en «la libertad ante todo», cada uno puede decir o hacer más o menos lo que quiere, mientras no moleste a los demás. De esta manera la humanidad busca deshacerse cada vez más de lo que se llama «la moral judeo-cristiana». Sin embargo, la Biblia, la Palabra de Dios, no nos presenta una moral. Sin mentiras, nos habla de nuestra verdadera naturaleza, del corazón del hombre, “engañoso… más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9). Aunque parezca dura, esta verdad se comprueba cada día mediante la creciente grosería, violencia e inmoralidad.

La mentira, el sufrimiento, la guerra y la muerte dominan. Esta constatación sería desesperante si Dios no hubiera dado una solución. Dios no espera nada del hombre, sino solo que crea en lo que él ha hecho. “¡Lo que ha hecho Dios!” (Números 23:23). “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él… El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:914).

Los pecados que nos impedían acercarnos a Dios fueron expiados por su Hijo Jesucristo. Dios muestra su gracia para con todos los que se reconocen pecadores. Quien acepta para sí mismo el sacrificio de Cristo tiene la seguridad de ser un hijo de Dios y de poseer la vida eterna.

Jesús dijo: “Esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero… De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:4047).

Éxodo 30 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cuando Dios habla dos veces (1)

Martes 17 Marzo

En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende… He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre.

Job 33:1429

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

Hebreos 3:7-8

Cuando Dios habla dos veces (1)

Es sorprendente encontrar en la Biblia mensajes o relatos presentados dos veces, o incluso más. Por ejemplo, Faraón tuvo dos sueños que lo atemorizaron (Génesis 41:1-7). Por medio de José, Dios explicó: “El suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios” (v. 32). Así que cuando Dios habla dos veces, conviene estar muy atentos.

Cuando Jesús iba hacia Jerusalén, con tristeza interpeló a la ciudad dos veces: “¡Jerusalén, Jerusalén…! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37). Así Jesús demostraba la intensidad de su pena, pues amaba a los habitantes de esta ciudad que no había querido saber nada de él, y que a causa de ello iba a sufrir mucho.

No obstante, Jesús continúa siendo el “buen Pastor”. Él compara a los creyentes con ovejas que conocen su voz, y a las cuales llama por su nombre (Juan 10:3). De esta manera el Señor tiene una relación particular con cada uno de los creyentes. El apóstol Pablo declara que el Hijo de Dios lo amó y se entregó a sí mismo por él (Gálatas 2:20). También dice: “El Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas” (2 Timoteo 4:17).

En muchas circunstancias Dios muestra que conoce a cada creyente. Hay siete casos relatados en la Biblia donde él se dirigió a uno de los suyos llamándolo dos veces por su nombre. En las próximas semanas presentaremos estos siete casos, deseando encontrar aliento para nuestra vida cristiana.

(continuará el próximo martes)

Éxodo 29 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch