El verdadero calvario

Domingo 26 Enero

(Jesucristo) se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:8

El verdadero calvario

«Fue muy duro, viví un verdadero calvario». Esta expresión, utilizada por un deportista después de su maratón, comúnmente designa una prueba larga y dolorosa. Pero, ¿pensamos en el origen de esta palabra? El Calvario es una pequeña colina situada cerca de Jerusalén, donde Jesucristo fue crucificado. ¿Por qué este término despierta un eco grave y solemne en el corazón de los cristianos? Porque fue allá, en ese lugar de la “Calavera” (en latín “calvaria”, que dio origen a la palabra calvario), donde Jesús su Salvador sufrió el suplicio de la crucifixión y expió los pecados de los que creen en él. Sin embargo, esto fue, no una derrota, sino una victoria, porque la muerte no pudo retenerlo; sí, Jesús resucitó (Mateo 28:6).

Este triunfo del amor divino sobre el odio, del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, es el mensaje central del cristianismo. Sin esta victoria de Jesús en la cruz, el hombre estaba condenado por el Dios santo. Además de los sufrimientos infligidos por los hombres, Jesús tomó sobre sí mismo el castigo divino que nosotros merecíamos. Con esta única condición, Dios, quien ama a los pecadores, puede concederles gracia y vida eterna.

La muerte de Jesús, testimonio elocuente de la compasión y misericordia de Dios, es el precio pagado para dar la vida al creyente. En el Calvario, Cristo “como oveja a la muerte fue llevado” (Hechos 8:32), y allí “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). “Fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25).

Génesis 29 – Mateo 16:13-28 – Salmo 17:6-9 – Proverbios 5:7-14

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Estáis tristes

Sábado 25 Enero

Jesús les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

Lucas 24:17

Vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.

Juan 16:22

Estáis tristes

Lectura propuesta: Lucas 24:13-35

Los dos discípulos que iban a Emaús estaban tristes porque habían perdido al Maestro a quien amaban, y también porque estaban decepcionados: esperaban que Jesús estableciera el reino de Dios en la tierra… pero Jesús había muerto crucificado. Podemos comprenderlos. Cuando perdemos a un ser querido, o cuando nuestras esperanzas son decepcionadas, la tristeza nos invade.

Mas Jesús ya no estaba en la tumba, había resucitado. Sin darse a conocer, se acercó a ellos y los escuchó. “Estáis tristes”, les dijo. Jesús ve si estamos tristes o felices, airados o apacibles, colmados o decepcionados. Y él viene a «caminar con nosotros», a hablar a nuestro corazón, a hacernos tomar consciencia de las razones de nuestra tristeza.

A veces tenemos la impresión de que él no ha respondido a nuestra expectativa, y nuestra fe se debilita. ¿Cómo volver a confiar y a hallar ese gozo que Jesús promete? Hablándole de lo que nos entristece y escuchándolo, como lo hicieron los dos discípulos. ¿Cuál fue el resultado? El Señor hizo «arder» su corazón, les enseñó a conocerlo mejor, y finalmente abrió sus ojos. Su tristeza desapareció y su gozo fue tal que, olvidando su cansancio, volvieron a Jerusalén esa misma noche, para compartir su alegría con los otros discípulos.

Tu presencia es el bien supremo;

Tu amor jamás se agota;

«Tu corazón dispensa a los que ama

;Reposo, felicidad, perfecta paz.

Génesis 28Mateo 16:1-12 – Salmo 17:1-5 – Proverbios 5:1-6

Por la puerta entreabierta

Viernes 24 Enero

Está mi alma hastiada de mi vida; daré libre curso a mi queja, hablaré con amargura de mi alma.

Job 10:1

Con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo el Señor tu Redentor.

Isaías 54:8

Por la puerta entreabierta

Desde que era pequeño vivía solo con mi padre alcohólico. A menudo encontraba refugio en casa de un cristiano bondadoso que amaba a Dios y a su prójimo. Él se ocupaba de un pequeño grupo de creyentes que se reunía en una capilla cerca de su casa. Pero yo permanecía lejos de Dios.

Tuve que ir a trabajar siendo muy joven. En el año 1968, cuando tenía 15 años de edad, unos amigos me invitaron a una noche de rumba. Completamente ebrio, me quedé dormido. Cuando desperté, estaba solo y tuve que pagar todo lo consumido. Refugiado en la sala de espera de la estación, abandonado, engañado, solo y triste, estaba lleno de amargura pensando en esa noche y en mi vida. Hacia las 6 de la mañana me dirigí a la casa de mi amigo cristiano, esperando hallar un poco de consuelo. Pasando frente a la capilla escuché mi nombre: «Marcelo…». La puerta estaba entreabierta, entré y vi a mi amigo arrodillado suplicando a Dios que tocara mi corazón y me librara del mal. Yo estaba molesto.

–¿Cómo puede usted hablar de mí a un Dios que yo no conozco?

–Marcelo, ese Dios vino a la tierra en la persona de Jesús su Hijo para darse a conocer. El nombre de Jesús significa “el Eterno salva”. Jesús te ama, ¿quieres conocer el poder de Su nombre para librarte? Ahora él te llama, ¡cree en él!

Desde ese momento Jesucristo transformó mi vida.

“No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Génesis 27 – Mateo 15:21-39 – Salmo 16:7-11 – Proverbios 4:20-27

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Invocar el nombre de Jesús

Jueves 23 Enero

Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Mateo 1:21

Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.

Mateo 1:16

Invocar el nombre de Jesús

“Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Joel 2:32Hechos 2:21). En todo tiempo, el que ha clamado a Dios ha sido escuchado: “Invócame en el día de la angustia; te libraré” (Salmo 50:15). Cada uno puede experimentarlo, porque Dios no cambia. Tan pronto como nos dirigimos a Dios con sinceridad, él nos ayuda en cada situación: sea en medio del sufrimiento, la violencia, el hambre, la enfermedad, la desesperación…

El nombre de “Jesús” significa «El Eterno salva». Jesús no solo fue enviado para mostrarnos la salvación de Dios, sino que él mismo es esa salvación, él mismo es ese Dios que salva. Y su nombre no puede estar separado del objetivo de su venida: “porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Jesucristo vino, pues, para librarnos de nuestros pecados. Por supuesto, él también conoció el sufrimiento de los seres humanos y se compadeció de ellos, pero su objetivo esencial era librar a los hombres de sus pecados. Por eso dijo a un paralítico: “Tus pecados te son perdonados”. Y luego agregó: “Toma tu lecho, y vete a tu casa” (Lucas 5:2024).

Tal vez algunos se sienten incómodos al escuchar esta precisión sobre el sentido de la misión del Señor Jesucristo, e incluso les irrita que siempre se lo recuerden. Sin embargo, ahí está lo esencial de lo que Jesús vino a traer… Y todo el Nuevo Testamento lo confirma.

¿Creemos en Cristo? ¿Podemos confiar en él y aceptar sin alteración la totalidad de su mensaje? Si así es, entonces somos “cristianos”. Y recibimos felices esta palabra: “Tus pecados te son perdonados”.

Génesis 26 – Mateo 15:1-20 – Salmo 16:1-6 – Proverbios 4:14-19

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Dios primero

Miércoles 22 Enero

Bendice, alma mía, al Señor.

Salmo 104:1

Él (Jesucristo) que es el principio… para que en todo tenga la preeminencia.

Colosenses 1:18

Dios primero

Como todos los occidentales, hemos aprendido a conjugar los verbos comenzando por la primera persona: yo soy, tú eres, él es… Pero en el idioma hebreo se invierte el orden y se conjuga: él es, tú eres, yo soy, partiendo de la tercera persona del singular. ¿No hay allí un buen ejemplo de lo que debería ser nuestra manera de pensar? Siempre debemos comenzar mirando primero hacia Dios y decir: Él es. Luego considerar a nuestro prójimo para conjugar: tú eres. Y por último pensar en nosotros para decir: yo soy.

En este orden –Dios, el prójimo, y luego uno mismo– Jesús enseñó la ley de Dios al hombre que fue a él para cuestionarle: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27). Su vida ilustró perfectamente el orden de prioridades que enseñaba a su auditorio. Desde muy joven se ocupaba de los intereses de Dios su Padre (Lucas 2:49), y a lo largo de su vida buscó “primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).

Pero Jesús también pensaba en todos los seres humanos. Vino a vivir en la pobreza para enriquecerlos con las bendiciones celestiales, para salvarlos y darles la felicidad (2 Corintios 8:9). Él fue el buen Samaritano que vino a socorrer a ese hombre herido, incapaz de salvarse por sus propios medios (Lucas 10:30-37); él es ese buen pastor que salió a buscar a su oveja perdida (Lucas 15:4-5). Iba de un lugar a otro haciendo el bien (Hechos 10:38).

Amigos cristianos, aprendamos a imitar a nuestro perfecto modelo poniendo nuestras prioridades y pensamientos en el orden correcto: Él, tú, yo.

Génesis 25 – Mateo 14:13-36 – Salmo 15 – Proverbios 4:10-13

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El cristianismo, ¿una religión?

Martes 21 Enero

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Juan 17:3

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

Santiago 1:27

El cristianismo, ¿una religión?

«El cristianismo es una relación personal, no una religión». Esta afirmación quizá lo deje perplejo, o le parezca exagerada.

Muchas personas consideran el cristianismo como una religión, es decir, como un «conjunto de creencias concernientes a Dios y al mundo que nos rodea». Entonces, ¿por qué podemos afirmar lo contrario?

Porque a menudo una religión se traduce por un conjunto de reglas a seguir, hacer buenas obras para ser aceptados por Dios.

Ahora bien, la fe cristiana es todo lo opuesto: ella se apoya en la certeza de que Dios hizo todo lo necesario para salvar a los hombres. Ella cree que Dios mismo se acercó al hombre para hacerse conocer: él dio a “su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). La enseñanza de la Biblia es, pues, opuesta a esta noción de religión, en la cual cada uno trata de asegurar su salvación mediante sus propios esfuerzos. Para ser salvo no se trata de hacer, sino de creer.

Por supuesto, esta vida espiritual se manifiesta seguidamente en la actividad del creyente. Él lee la Biblia, ora al Señor, ama a su prójimo, ayuda a las personas necesitadas… Tiene un modelo a seguir: Jesucristo. En este sentido, el creyente tiene una “religión”, que debe ser “pura y sin mácula delante de Dios”. Pero esta actividad no es el origen de una relación feliz con Dios, sino la consecuencia, el resultado.

Génesis 24:33-67 – Mateo 13:44-14:12 – Salmo 14 – Proverbios 4:7-9

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Los hermanos de José

Lunes 20 Enero

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Los hermanos de José

Lectura propuesta: Génesis 45

El joven José fue vendido como esclavo por sus hermanos, quienes estaban celosos de él. Llevado a Egipto, y luego encarcelado por una falta que no había cometido, finalmente fue designado jefe del país por el faraón, quien reconoció en José una sabiduría y una inteligencia dadas por Dios (Génesis 41:38-39). Algunos años más tarde sus hermanos se vieron obligados a ir a buscar trigo en Egipto, y tuvieron que vérselas con el gobernador: ¡el mismo José! Fueron encuentros emocionantes, llenos de miedo y perdón… El Faraón recibió amablemente a esos hombres cuyo pasado, no obstante, era tan penoso; luego les concedió las mejores tierras del país.

¿Por qué este recibimiento tan benévolo? No era debido a sus méritos personales, sino al hecho de que eran hermanos de José, el hombre de quien el Faraón estaba enteramente satisfecho.

Este relato ilustra una realidad actual para nosotros, cristianos: el Señor Jesús “no se avergüenza” de llamarnos “hermanos” (Hebreos 2:11), somos aceptados en la presencia de Dios debido a la satisfacción que él halló en su amado Hijo. No es a causa de nuestros méritos, o de alguna buena obra; es porque Jesús murió por nuestros pecados.

Los hermanos de José tuvieron que reconocer su culpabilidad para ser perdonados y recibidos. Confesar nuestros pecados delante de Dios es todo lo que debemos hacer para ser aceptados por él. Así somos reconciliados con Dios. Entonces, las mejores bendiciones espirituales son para nosotros, como todo lo mejor que había en Egipto era para la familia de José.

Génesis 24:1-32 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

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Dos malhechores

Domingo 19 Enero

Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Juan 19:17-18

Dos malhechores

¿Qué sucedió en el Gólgota? Jesús, quien fue declarado inocente por su juez, no obstante fue crucificado entre dos malhechores. Estos estaban condenados a muerte debido a sus crímenes. Mostraban sus tristes disposiciones insultando a su compañero de suplicio. Ellos representan a toda la humanidad, en la cual “no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:22-23).

Sin embargo, uno de los malhechores fue tocado en su conciencia y se dirigió a Jesús. A las puertas mismas de la muerte, reconoció que su único recurso estaba en el que se hallaba crucificado a su lado. Y dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

¿Cómo hubiéramos reaccionado nosotros ante la petición de alguien que nos insultó momentos antes? Pero los insultos no alteraron el amor de Jesús por ese malhechor; y respondió así a su petición: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Esos dos ladrones crucificados a ambos lados de Jesús ponen claramente en evidencia la situación de los hombres respecto a Cristo. Los unos, rebeldes y blasfemadores, permanecen bajo el peso de sus pecados y tendrán que rendir cuentas el día del juicio. Los otros reconocen sus propias faltas y son sensibles al amor de Jesús, quien se dio en sacrificio en la cruz para expiar los pecados de ellos. Entonces reciben su perdón y la certeza de estar con Jesús en el paraíso.

Génesis 23 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

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¿Cómo nacer de nuevo?

Sábado 18 Enero

Os es necesario nacer de nuevo.

Juan 3:7

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

Marcos 1:15

¿Cómo nacer de nuevo?

“Os es necesario nacer de nuevo”. Estas palabras, pronunciadas por Jesucristo, designan un paso indispensable para tener una relación con Dios. Uno nace de nuevo por la acción de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo en lo más profundo de sí mismo. Recibida con fe, la Palabra ilumina el alma, el Espíritu la vivifica y comunica la vida de Cristo. Cualquiera que sea nuestro pasado, que hayamos vivido en el anonimato, o en el libertinaje, o incluso como religiosos, todos necesitamos pasar por el nuevo nacimiento para escapar al juicio que merecemos. La luz divina entra en el alma consciente del amor de Dios, y la lleva a arrepentirse y a creer. El evangelio de Lucas cuenta la historia del hijo rebelde que dejó la casa paterna. Más tarde, consciente de su estado lamentable, se dijo a sí mismo: “¡Yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado… Ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:17-19).

La conversión está acompañada por el arrepentimiento. En el lenguaje militar, un soldado hace una «conversión» cuando, lanzado en una dirección, se detiene un instante y se va en la dirección opuesta. Desde mi nacimiento yo estaba naturalmente vuelto hacia el pecado. Una vez nacido de nuevo, de la vida de Cristo, me volví hacia Dios, lo que cambió radicalmente mi manera de vivir.

No podemos obtener este nuevo nacimiento por nuestros propios esfuerzos. En el idioma original, la palabra traducida por “de nuevo” también significa “de lo alto”. Es Dios, y solo él, quien puede cumplir este milagro. Y quiere hacerlo para todos.

Génesis 22 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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¿Estamos aquí por azar?

Viernes 17 Enero

No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

Salmo 139:15-16

El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

¿Estamos aquí por azar?

http://labuenasemilla.net/20200117

Mi nacimiento no es un error o un accidente, y mi vida no es un golpe de suerte. Que mis padres me hayan deseado o no, Dios me formó. Mucho antes de ser concebido, yo ya estaba en su pensamiento. El hecho de que yo respire en este mismo momento no es una casualidad, ni una coincidencia. Dios quiso crearme. Él previó todo mi ser teniendo cuidado del más mínimo detalle y de cada una de mis características. Él permitió mi nacimiento. Conoce la duración de mi vida.

“De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:26). Y Dios preparó el medio ambiente de este planeta para que nosotros pudiéramos vivir en él. Su Palabra declara: “Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre” (Isaías 45:12). Para Dios, el hombre tiene la más grande importancia en toda su creación.

Creando a cada uno de nosotros, Dios tenía un plan. El motivo por el cual nos creó es su amor. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Dios me ama, a pesar de mis defectos, mis faltas y mis pecados. Él los perdona mediante la obra de Jesús en la cruz, si yo los reconozco ante él. Nadie es excluido, porque Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4).

Su objetivo es hacer de nosotros sus hijos, amados por él, y felices con él.

Génesis 21 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26