Venid a mí, todos

Miércoles 5 Febrero

Venid, hijos, oídme; el temor de Dios os enseñaré.

Salmo 34:11

Volved, venid.

Isaías 21:12

(Jesús le dijo:) Ven, sígueme.

Lucas 18:22

Venid a mí, todos

“Venid”, “volved”: estos llamados son frecuentes en la Biblia. Es la voz de Dios que nos invita: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid” (Isaías 55:1). Esta invitación se dirige a todos los que sienten un vacío en sus vidas, a quienes sienten la necesidad de encontrar a Dios.

“Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana (de color púrpura), como la nieve serán emblanquecidos” (Isaías 1:18). Todos estamos invitados a ir a Dios a causa de nuestros pecados. ¿Quiere él acusarnos? No, él nos habla de perdón, de pureza, si reconocemos que hemos obrado mal.

“Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma” (Isaías 55:3). Escuchando atentamente la voz de Dios mediante la lectura de su Palabra, la Biblia, recibimos la vida divina y la alimentamos.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Jesús nos invita: si estamos cansados o desesperados, vayamos a él. Hablémosle simplemente, con nuestras palabras, sin esconderle nada. Contémosle nuestras preocupaciones y nuestras penas.

“Venid, que ya todo está preparado” (Lucas 14:17). Jesús hizo todo para concedernos su perdón. Dios recibe como hijos suyos a quienes se acercan a Jesús.

“Ven y ve” (Juan 1:46). Amigo, acérquese y escuche el Evangelio. El primer paso quizá sea abrir una Biblia, hablar con un cristiano, asistir a una reunión cristiana… ¡No tarde más en decir: «Sí, Señor Jesús, voy a ti»!

Génesis 39 – Mateo 22:23-46 – Salmo 19:7-10 – Proverbios 7:6-23

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¿Por qué no lee el mensaje?

Martes 4 Febrero

Envió Dios a vosotros todos sus siervos… pero no oísteis.

Jeremías 25:4

Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.

Isaías 55:3

¿Por qué no lee el mensaje?

Desde hace más de diez años Charlotte recibe el calendario la Buena Semilla. Una cristiana se lo envía todos los años. Charlotte siempre la llama para agradecer el envío y afirmarle que el calendario le es útil y que lo aprecia mucho.

¿Útil? ¡Claro que sí! Charlotte lo cuelga en su cocina desde el primero de enero. Le gusta tener la fecha en letras grandes y visibles. Todas las mañanas lo pone en la fecha correcta, pero no lee el texto bíblico. Esos versículos le parecen un poco complicados y piensa que no le conciernen. Durante diez años ha descuidado esta voz de Dios que se dirigía a ella con bondad.

Por ejemplo, Charlotte hubiese podido leer:

“Dios es luz… Dios es amor” (1 Juan 1:54:8).

“Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

Otros versículos requieren más reflexión. ¡Pero cuidado! Si de antemano decidimos que el mensaje de Dios no nos concierne, estamos privándonos de una gran bendición. Es lo opuesto a la fe. En efecto, “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

Tenga una nueva experiencia. Lea el pasaje bíblico de la próxima hoja pidiendo a Dios que abra su corazón, su conciencia, su inteligencia, para comprender lo que le dice por medio de su Palabra. Descubrirá que hay un claro mensaje precisamente para usted.

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Objetivo único

Lunes 3 Febrero

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 6:33

Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.

Filipenses 3:8

Objetivo único

Siendo adolescente asistí a una reunión de jóvenes cristianos. Allí se nos habló de las prioridades de la vida. «No desperdicies tu tiempo en objetivos sin importancia», dijo el instructor. «Más bien busca metas que realmente sean primordiales, a las que verdaderamente desees llegar». Luego distribuyó cinco hojas de papel a cada uno de los asistentes y nos pidió que escribiéramos en cada hoja un objetivo fundamental de nuestra vida. Relaciones, capacidades, sueños, es decir, todo lo que nos parecía relevante.

No fue fácil decidir cuáles eran esas cinco cosas esenciales. Tuve que reiniciar varias veces mi lista. Luego nuestro tutor dijo: «Ahora limiten sus deseos a cuatro hojas. Tomen una de las cinco y descártenla». Y así continuó hasta que solo quedó una hoja, en la que estaba escrito el objetivo más anhelado.

Como el apóstol Pablo, ¿estoy dispuesto a perder todo a fin de conocer a Jesús como mi amigo íntimo? ¿Es esa mi prioridad? Este debería ser el anhelo de todos los creyentes. Usted que ha creído en Cristo, tómese el tiempo de reflexionar en esto… Y no dude, aunque al principio sea difícil deshacerse de algunas metas que oscurecen el objetivo fundamental. Imite al apóstol, quien dijo: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante” (Filipenses 3:13).

Génesis 37 – Mateo 21:23-46 – Salmo 18:43-50 – Proverbios 6:27-35

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Contado entre los transgresores

Domingo 2 Febrero

Por lo cual, entrando en el mundo (Jesús) dice… He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad.

Hebreos 10:57

Fue contado con los pecadores (o transgresores), habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Isaías 53:12

Contado entre los transgresores

Cuando Jesús fue crucificado entre dos malhechores, se cumplió una profecía: “Fue contado con los transgresores” (V. M.). Estos malhechores eran transgresores, habían infringido los mandamientos divinos. Y Jesús fue puesto entre ellos, incluso le dieron el lugar del centro, ¡como si fuera el más culpable!

Jesús, ¿un transgresor de los mandamientos de Dios? No, pues no hubo en la tierra un hombre obediente a Dios como él. “Como el Padre me mandó, así hago”, dijo él (Juan 14:31). Vino al mundo con el objetivo expreso de hacer Su voluntad. Dios era todo para él, la voluntad divina dictaba toda su conducta. Todos sus pensamientos y sus actos expresaban su obediencia, su devoción y su amor por su Dios. Pero los hombres no vacilaron en contarlo entre aquellos que practicaban el mal, o que hacían poco caso a Dios y a su voluntad…

Para el corazón sensible de este Hombre perfecto, ¡qué sufrimiento, qué humillación, qué profunda injusticia! ¿Por qué Jesús aceptó ese lugar? ¿Por qué Dios permitió que esto sucediera? ¿No había dicho: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”? (Mateo 17:5).

¿Por qué? Porque en la tierra había hombres transgresores, desobedientes; personas que no se preocupaban para nada de la voluntad de Dios… y Jesús tomó voluntariamente el lugar de todos ellos, para soportar el juicio que merecía su maldad, a fin de salvarlos eternamente.

Génesis 36 – Mateo 21:1-22 – Salmo 18:37-42 – Proverbios 6:20-26

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Ese librito me indicaba la dirección

Sábado 1 Febrero

Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.

Salmo 34:18

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

Ese librito me indicaba la dirección

«Usted debería leer este libro», dijo una estudiante japonesa a una mujer en la entrada de su casa, mientras le ofrecía un librito. «Lo encontré en la calle, seguramente se le cayó a alguien». La joven sabía que esa mujer, viuda y madre de tres niños, había buscado consuelo en el templo sintoísta. También había acudido al sacerdote budista y había hecho una larga peregrinación, pero todo había sido en vano: su dolor persistía.

«Yo lo leí, prosiguió la joven; relata la sorprendente historia de un hombre que ayuda a todos los que están abandonados. Pensé que podría ayudarle».

La mujer tomó el pequeño libro. Era el evangelio de Lucas en japonés. Más tarde ella diría: «Leí ese libro desde el principio hasta el fin, sin detenerme. Una convicción se impuso en mí: me indicaba una dirección para mi vida, esa dirección que yo buscaba desde hacía mucho tiempo.

Rápidamente averigüé si había cristianos en mi vecindario, pero no tuve éxito. Sin embargo un día, en la ciudad vecina, escuché que un hombre hablaba de Iesa Kirisuto (Jesucristo). Le pedí que viniera a mi pueblo en la montaña. Otras personas también fueron cautivadas por el mensaje del Evangelio. Leyendo la Palabra de Dios encontraron la fe en Jesucristo. Después de algunos meses se formó una pequeña comunidad de cristianos.

Jesús me devolvió las ganas de vivir: se convirtió en mi Salvador y mi Dios».

Génesis 35 – Mateo 20:16-34 – Salmo 18:31-36 – Proverbios 6:16-19

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Frente a la muerte

Viernes 31 Enero

(Jesús libra) a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Hebreos 2:15

Frente a la muerte

Cuando un hombre se encuentra frente a la muerte, muy a menudo su máscara se cae. Más de uno ha debido reconocer que construyó su vida sobre un fundamento inestable y persiguió una ilusión. Aquí están las expresiones de tres personas frente a la muerte:

– «Voy a hacer un salto aterrador en las tinieblas».

– «Hasta este instante pensaba que no había Dios ni infierno. Ahora sé y siento que los dos existen. Por la justa sentencia del Todopoderoso, voy a la perdición».

– «En el curso de mi vida me aseguré contra todo, salvo contra la muerte. Y ahora debo morir sin estar preparado, en absoluto».

Qué contraste con las últimas palabras de estos hombres, que reconocieron a Jesucristo como su Salvador, y que lo amaban:

El evangelista Esteban: sus enemigos “se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo… dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:54-56).

Dwight L. Moody dijo: «¡Es maravilloso! La tierra se esfuma, el cielo se abre. ¡Dios me llama!».

David Brewster, el inventor del caleidoscopio, declaró: «Veo a Jesús, lo veo tal como es. Hace varios años que poseo esta claridad. ¡Oh, cuán luminoso es! Me siento seguro y feliz».

Todos los que por la fe en el Señor Jesús han puesto su vida en orden con Dios, no temen a la muerte ni a la eternidad. Han sido librados del juicio de Dios. Conocen su amor, y “en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Génesis 34 – Mateo 20:1-15 – Salmo 18:25-30 – Proverbios 6:12-15

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Yo soy, yo era

Jueves 30 Enero

(Jesús dijo:) El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida… Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

Juan 5:24-25

Yo soy, yo era

Esta mañana, en la escuela, aprendimos a conjugar el verbo ser en presente y en pasado: yo soy, yo era… La maestra explicó: «El pasado indica que la acción terminó. Por ejemplo, si yo digo: yo estuve enferma, significa que ya no estoy enferma».

Los alumnos propusieron ejemplos: yo era joven, yo soy viejo, yo estuve triste, yo estoy feliz; yo estuve muerto, yo estoy vivo… Gaston levantó la mano: «Maestra, yo estuve muerto, eso no quiere decir nada. ¡Cuando uno está muerto, está muerto!».

Sí, Gaston tiene razón. Ninguno de nosotros puede decir: «yo estuve muerto, y ahora estoy vivo».

Sin embargo, en el Apocalipsis hallamos estas palabras en boca de un hombre, Jesucristo. Él dice al apóstol Juan: “Yo soy… el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:17-18). Estas palabras tienen un alcance incalculable: Jesús estuvo muerto, ¡pero ya no lo está!

Él murió verdaderamente un día, clavado en una cruz. Luego fue sepultado. Pero tres días después resucitó. Muchos testigos lo vieron, e incluso lo tocaron, después de su resurrección.

Hoy, él dice: “Estuve muerto”. En la hora en que usted lee estas líneas, ¡él vive! Y prometió: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Su resurrección es la prueba de que él venció a la muerte, y que tiene el poder de resucitar a los que creen en él. Y lo que él prometió, lo cumplirá. Desde ahora, “el que… cree… ha pasado de muerte a vida”.

Génesis 33 – Mateo 19 – Salmo 18:16-24 – Proverbios 6:6-11

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El oro o la vida

Miércoles 29 Enero

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Marcos 8:36

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

1 Timoteo 6:6-7

El oro o la vida

Transcurría el año 1859. Un barco, sobrecargado de pasajeros, navegaba en las aguas del Misisipi. Muchos de ellos eran mineros que volvían de las minas de oro del noroeste de los Estados Unidos. De repente el barco tropezó con un gran tronco medio sumergido y comenzó a hundirse. Los pasajeros se precipitaron a los botes salvavidas. Algunos se lanzaron al agua. Pero uno de ellos se hundió como una piedra hasta el fondo del río. Cuando hallaron su cuerpo, se descubrió que todos sus bolsillos estaban llenos de pepitas de oro, pepitas que los mineros habían abandonado para salvar su vida. En algunos instantes este hombre, antes de lanzarse al agua, se apoderó de todas las riquezas que pudo tomar. Esto le costó su vida.

El comportamiento de este hombre puede parecernos insensato, pero, ¿no arroja una gran luz sobre el nuestro? El objetivo de mi vida, ¿es tener el mundo a mi disposición, con sus riquezas, sus placeres, eventualmente acompañadas de algunas buenas obras para darme buena conciencia?

Toda esta adquisición, sin valor para Dios, solo puede cargarme cuando comparezca delante de él, y conducirme, no al fondo del río, sino a los tormentos eternos (2 Tesalonicenses 1:9). Dios no quiere que nuestra alma se pierda. Él pagó el precio para salvarla. Jesús, su Hijo, sufrió el castigo que merecían nuestros pecados. Entonces Dios puede quitar para siempre la culpabilidad de todo el que cree en él, lo cubre con su justicia que le da acceso al cielo. ¿Dudaremos en hacer la buena elección?

Génesis 32 – Mateo 18:15-35 – Salmo 18:7-15 – Proverbios 6:1-5

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¿Practicar solamente, o vivir?

Martes 28 Enero

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

Santiago 2:1418

Para mí el vivir es Cristo.

Filipenses 1:21

¿Practicar solamente, o vivir?

«Creer en algo y no vivirlo, es deshonesto», decía Gandi.

Estábamos charlando con algunos amigos sobre el tema de la religión y la fe, el cual es debatido a menudo. Varios reconocieron «creer y no practicar». Luego uno de ellos, después de reflexionar, agregó: «Seamos honestos, si yo no practico, ¡es porque eso no me interesa!».

Una fe de fachada no es la fe. La Biblia nos muestra que la fe que no se pone en práctica está “muerta” (Santiago 2:17), no tiene vida ni valor. No podemos separar la fe de su aplicación a la vida práctica. Si acepté a Jesús como mi Salvador personal, es para vivir en relación con él.

«Practicar», ¿significa cumplir cada día unas obligaciones, obedecer unas leyes? No, para el creyente, vivir su vida con Cristo es una elección del corazón, libremente consentida. No se trata de practicar una religión, sino de vivir una relación, una comunión con una persona viva, Jesús, a quien Dios me dio como Salvador y Señor.

Ser cristiano es vivir con Dios y para Dios. “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, para que las cumplamos (Efesios 2:10).

“Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres” (Tito 3:8).

Génesis 31 – Mateo 18:1-14 – Salmo 18:1-6 – Proverbios 5:21-23 

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Una hermosa igualdad

Lunes 27 Enero

¿Qué debo hacer para ser salvo? Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Hechos 16:30-31

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

Una hermosa igualdad

Durante cierto tiempo, siendo aún pequeño, el tema de mi alma me atormentaba. Sabía que era pecador y que Jesús había muerto por mí. Yo aceptaba su sacrificio, y oraba, pero no tenía paz. Leía mi Biblia, sabía de memoria los pasajes que presentan el Evangelio, y repetía: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16); ponía mi nombre en cada lugar donde en ese maravilloso versículo podía insertarlo. Sin embargo, no sentía en mí la presencia de esa vida eterna ni experimentaba esta paz tan deseada.

No obstante quería terminar con esta inquietud persistente. Suplicaba al Señor que me liberara. Un día, pensando en el versículo tan conocido: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”, tomé una hoja de papel y escribí la maravillosa igualdad:

Creer en el Señor Jesús = ser salvo.

¡No era una ecuación, con una incógnita para descubrir, como en las matemáticas! Era una certeza; Dios, por medio de su Palabra, me daba la seguridad. La paz vino a mi corazón, y nunca más me abandonó.

Creer en el Señor Jesús es mi responsabilidad. Ser salvo depende solo de Dios. Él, en su gracia, decidió que el hecho de creer conduce inevitablemente al hecho de ser salvo. El que cree en Jesús puede decir sin pretensión: soy salvo.

Esta gracia divina se hace cargo del estado del más grande de los pecadores, si él se arrepiente. Cristo pagó por él en la cruz.

Génesis 30 – Mateo 17 – Salmo 17:10-15 – Proverbios 5:15-20

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