El siervo hebreo (1)

Sábado 15 Febrero

Comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Lucas 24:27

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí (Jesucristo).

Juan 5:39

El siervo hebreo (1)

El Antiguo Testamento aclara el Nuevo

La ley dada a Moisés para el pueblo de Israel incluía mandamientos relacionados con la vida social y familiar. He aquí, entre otros, lo que Dios le ordenaba a un amo con respecto a su siervo:

“Estas son las leyes que les propondrás. Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre” (Éxodo 21:1-6).

Detrás de la imagen del siervo hebreo reconocemos al Señor Jesús. Fue el único Hombre obediente que cumplió perfectamente la ley: amaba a su Dios. Como Siervo perfecto, hubiese podido salir libre, es decir, subir al cielo sin pasar por la muerte, pero entonces estaría solo. No habría tenido la compañía de una esposa, la Iglesia, conjunto de todos los verdaderos creyentes. Por lo tanto se dejó clavar en la cruz por amor: él pagó el precio. Dios cargó sobre él los pecados de todos los que creen.

1500 años antes de la venida de Jesús a la tierra, ese texto de Éxodo 21 nos remite a lo que Cristo hizo por la Iglesia.

Génesis 49 – Mateo 28 – Salmo 22:22-24 – Proverbios 9:10-12

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El puente sobre el río Tay

Viernes 14 Febrero

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 14:6

El puente sobre el río Tay

En la región de Dundee, sobre la costa escocesa, se desataba una tormenta. La marea era alta y las olas chocaban violentamente contra las columnas de hierro que sostenían el puente del ferrocarril por encima de la desembocadura del río Tay. De repente se oyó el sonido del expreso que venía de Londres. El tren frenó lentamente y se detuvo justo delante del puente. El conductor dudó, esperando que este fuera lo suficientemente sólido para resistir el doble esfuerzo del mar en furia y el peso del tren. Pero los pasajeros tenían prisa por llegar. El mecánico encendió el vapor, el tren se puso en marcha… ¡y ocurrió la catástrofe! En pocos segundos no había ni tren ni puente.

Este accidente se produjo hace mucho tiempo, la noche del 28 de diciembre de 1879. Los pasajeros esperaban que el puente fuera suficientemente sólido. Pero se equivocaron y todos murieron, incluso el conductor, en quien habían puesto su confianza.

En el viaje de la vida, muchas personas desean llegar al cielo, pero depositan su confianza en un maquinista que los llevará a un puente mucho más precario que el del río Tay. Y dicen: «He leído en tal o cual libro, o he escuchado a tal o cual orador afirmar que podemos confiar en el «buen Dios». Él me recibirá de todos modos; fui bautizado y siempre puse lo mejor de mí. Eso espero…».

No se conforme con una vaga esperanza, es demasiado peligroso. Ponga su confianza en Jesucristo. “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Génesis 48 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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La llave de la puerta de entrada

Jueves 13 Febrero

Volved a aquel contra quien se rebelaron profundamente los hijos de Israel.

Isaías 31:6

Porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

Lamentaciones 3:22-23

La llave de la puerta de entrada

Era más de medianoche. Sin hacer ruido, Raymond sacó una llave de su bolsillo, abrió la puerta y entró a la casa. Todo estaba en silencio. Subió la escalera y entró a su antigua habitación: nada había cambiado desde que se había ido cinco años atrás.

Después de la muerte de su madre, no había tenido en cuenta ninguna de las promesas que le había hecho. Se fue a vivir «la vida». Su padre había intentado comunicarse con él muchas veces, pero en vano. Las cartas le eran devueltas con la mención: Desconocido en esta dirección. Por último, su padre descubrió dónde vivía, y un día Raymond recibió un pequeño paquete, el cual contenía… la llave de la casa, la cual acababa de usar.

Su padre no oyó nada. En la mañana, como lo hacía desde que había enviado la llave a su hijo, abrió la puerta de la habitación de su hijo y oyó: –¡Papá, he obrado tan mal! ¿Me puedes perdonar?

–Sí, Raymond. Pero, ¿le has pedido a Dios que te perdone?

–Sí, papá. Y Dios me perdonó.

La Biblia nos habla de otro hogar, “la casa del Padre”, la morada de Dios. Él es quien tiene la llave. Dios es justo y santo, no puede recibir a ningún pecador. Sin embargo, él ofrece la llave a cada uno: esta llave es el arrepentimiento y la fe en el valor del sacrificio de Jesús en la cruz, castigado en nuestro lugar. Utilice esta llave y conocerá a Dios como un Padre lleno de amor.

Génesis 47 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

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Actitud hacia nuestros padres (2)

Miércoles 12 Febrero

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.

Colosenses 3:20

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Efesios 6:2-3

Actitud hacia nuestros padres (2)

Tratemos de hacer lo que Dios espera de los hijos en una familia cristiana. Para quienes aún son niños, él les pide, en primer lugar, obedecer a sus padres. Hijos que leen estas líneas, si ustedes desean agradar al Señor Jesús, recuerden que al obedecer a sus padres estarán haciendo algo que le agrada.

Naturalmente, ustedes crecerán y serán cada vez más autónomos. Sus padres no les darán más órdenes y ya no decidirán por ustedes. Quizá tendrán la sensación de que ellos ya no «están al día», o que se les dificulta ayudarlos en un mundo que cambia tan rápido. No obstante, tengan en cuenta los consejos de Salomón, el hombre más sabio de todos los tiempos: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre”. “Oye, hijo mío, y sé sabio… Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies” (Proverbios 1:823:1922).

También llegará el tiempo en que ustedes serán adultos y quizá tendrán múltiples ocupaciones. A pesar de ello, no se olviden de sus padres. Ellos habrán “envejecido”. ¡Sean su sostén moral! Habrán perdido fuerzas. ¡Ayúdenles en las tareas que ya no pueden realizar solos! Su memoria fallará; no los abrumen por ello. Todo se resume en esta frase: “Honra a tu padre y a tu madre”.

Recordemos que fue Dios quien instauró el marco y el contexto de la vida familiar, y cumplamos con el rol que él espera de nosotros en todas las etapas de la vida.

Génesis 46 – Mateo 26:47-75 – Salmo 22:6-11 – Proverbios 8:32-36

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Actitud hacia nuestros hijos (1)

Martes 11 Febrero

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Proverbios 22:6

Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

Efesios 6:4

Actitud hacia nuestros hijos (1)

En un mundo donde las relaciones familiares son cada vez más relajadas, los cristianos, hijos de Dios que conocen al Padre, son felices de fundar su vida familiar en las enseñanzas bíblicas. La familia es esa institución creada por Dios en la cual se forman los futuros adultos, nuestros hijos. Promovamos buenas costumbres, abramos la Biblia con ellos cada día, poniéndola a su alcance. Aprovechemos las oportunidades para instruirlos: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6-7). Aprendamos en familia a escuchar la Palabra de Dios que enseña a los hijos a obedecer a los padres, logrando una disciplina justa y constructiva, como la que Dios nuestro Padre ejerce con nosotros. Dejar a nuestros hijos hacer lo que quieren, con el pretexto de respetar su libertad, sería abandonarlos a la esclavitud de sus pasiones.

Animémoslos también. No les impongamos exigencias inútiles o excesivas. Y recordemos que el ejemplo es primordial. La mejor enseñanza no tendrá ningún resultado si ellos ven –y son muy hábiles para esto– que nosotros no ponemos en práctica lo que decimos.

Y sobre todo, oremos sin cesar por ellos, primero por la salvación de sus almas, y luego por su compromiso en la vida cristiana… No tenemos ninguna fuerza para guardarlos del mal, así que recurramos a la de Dios: él los ama mucho más que nosotros.

(mañana continuará)

Génesis 45 – Mateo 26:14-46 – Salmo 22:1-5 – Proverbios 8:28-31

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Abrir el corazón a Jesús

Lunes 10 Febrero

Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa… Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa… porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Lucas 19:59-10

Abrir el corazón a Jesús

Zaqueo ocupaba un puesto importante entre los publicanos (los recaudadores de impuestos), quienes eran despreciados por los judíos porque estaban al servicio de la ocupación romana. Zaqueo procuró ver a Jesús porque había oído hablar de él, de su enseñanza y sus milagros. Su pequeña estatura le impidió acercarse al Señor, quien caminaba entre la multitud. Pero este hombre tan conocido no tuvo vergüenza de hacer como los niños: se subió a un árbol y esperó a que Jesús pasase por allí. Jesús, quien lee los pensamientos de todos, conoció el deseo de Zaqueo y le concedió mucho más que una mirada furtiva: Le dijo: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa”.

Notemos la actitud de Jesús, quien demostró a Zaqueo mucho más que interés: le mostró el amor que tenía por él. Este amor invita a cada uno a no dejar para mañana la decisión de acercarse al Señor. Recibir a Jesús en mi corazón también es aceptar que su luz ilumine todos los rincones de mi ser interior. Asimismo, es llevar el nombre de Cristo externamente. El hecho de ser cristiano puede conducir a padecer persecuciones en un medio hostil y dispuesto a burlarse de Dios. Pero nada de esto es comparable con la felicidad de conocer a Jesús de cerca.

Por ello la salvación a través de la fe en Cristo aún es ofrecida a todos. Si alguien cree en Jesús, él le da la vida eterna y va a morar con él.

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Génesis 44 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

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Solución para el Medio Oriente

Domingo 9 Febrero

Con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.

Apocalipsis 5:9

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Gálatas 3:28

Solución para el Medio Oriente

Hace algunos años el hijo de un jeque beduino del sur de Israel pidió una visa a los Estados Unidos. El pedido fue rechazado en primera instancia. Más tarde un cristiano acompañó al joven para recomendarlo a la persona responsable de la expedición de las visas en la embajada. El funcionario hizo una serie de preguntas al joven; este describió la situación en el Neguev, habló de su familia y de su historia personal. Luego se refirió detalladamente a su fe. Para gran sorpresa del funcionario, el joven mencionó lo que Cristo había hecho por él, y lo que representaba para él. Al finalizar, tuvo el coraje de decir: «Esta es la historia de mi vida. Ahora, ¿puede usted hablarme de la suya?». Su interlocutor le respondió: «Yo también soy cristiano, nacido de nuevo».

El funcionario era un judío que también se había convertido a Cristo. ¡Así que árabe y judío se dieron la mano como hermanos en Cristo! El joven hizo el siguiente comentario: «Esta sería la verdadera solución a los problemas del Medio Oriente: ¡creer en Jesucristo nuestro Señor! Solo él puede ayudarnos».

Jesucristo es el verdadero “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Para todos los asuntos concernientes al futuro, y aun para la eternidad, “nuestra esperanza” reposa en Jesucristo (1 Timoteo 1:1).

“Ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:13-14).

Génesis 43 – Mateo 25:1-30 – Salmo 21:1-7 – Proverbios 8:17-21

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Pedro camina sobre las aguas con Jesús (3)

Sábado 8 Febrero

(Pedro) dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Mateo 14:30-31

Pedro camina sobre las aguas con Jesús (3)

Leer Mateo 14:22-34

En este tercer relato de los discípulos en una barca, las circunstancias son un poco diferentes de las dos anteriores, porque Jesús no se encontraba con ellos. Por orden suya partieron, pero el viento les era contrario. Esta circunstancia es una imagen de la adversidad que podemos encontrar, aun cuando estemos cumpliendo la voluntad de Dios.

En esta asombrosa escena los discípulos ven a alguien caminando sobre el mar hacia ellos. Están turbados y gritan de miedo. Pero enseguida Jesús los tranquiliza: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”.

Esta expresión halla un eco en el corazón de Pedro quien pide a Jesús: “Manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Su solicitud manifiesta una gran confianza en Aquel a quien él reconocía como Dios. ¡Debía atreverse a dar ese paso fuera de la barca!

La actitud de Pedro ilustra lo que es la vida de fe. A menudo el creyente debe andar “sobre las aguas”, es decir, tomar decisiones que sobrepasan sus propios recursos pero que le hacen apoyarse en Dios.

Pedro comenzó a hundirse cuando puso su mirada en el fuerte viento, en lugar de confiar en la palabra que Jesús le había dicho: “Ven”.

En nuestras vidas, quizá tenemos la convicción de que el Señor nos está pidiendo algo, y luego esto nos parece demasiado difícil: nos hundimos. Entonces, como Pedro, clamemos al Señor. Él nos dirá: “Ven”, extenderá su mano y nos salvará.

Génesis 42 – Mateo 24:29-51 – Salmo 20:6-9 – Proverbios 8:12-16

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La tormenta se calmó (2)

Viernes 7 Febrero

Claman al Señor en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban.

Salmo 107:28-30

La tormenta se calmó (2)

Leer Mateo 8:23-27

Varias veces los discípulos atravesaron tormentas con su Maestro. Un día, mientras cruzaban el lago, se levantó un fuerte viento. La embarcación estaba a punto de hundirse, todo parecía perdido. Los discípulos creyeron que iban a morir. Estaban aterrorizados. Y Jesús, ¿qué hacía? ¡Dormía en la barca!

Los discípulos tenían miedo. Pero, ¿no eran creyentes? ¿No conocían a Jesús? ¿No lo habían visto hacer milagros, alimentar multitudes, sanar enfermos? Sí, por supuesto, pero ese día la tempestad los dejó sin ninguna esperanza. La inminencia de la muerte y la aparente indiferencia de Jesús les hicieron dudar de su amor, de su poder y de su asistencia y protección para con ellos.

Amigos cristianos, a menudo ocurre así con nosotros. En el día de la prueba olvidamos completamente nuestras liberaciones anteriores. Las circunstancias externas pueden ser tan difíciles que ya no sabemos ni dónde estamos parados… pero Jesús está junto a nosotros en medio de la tempestad.

Los discípulos son un ejemplo para nosotros. En su angustia, recordaron el poder de Jesús y fueron a él. Era su único recurso. En los momentos difíciles, aprendamos a ir a Jesús y entregarnos a él. Conoceremos su paz que nos guarda y nos sostiene… ¡y sus liberaciones!

“Levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen” (Mateo 8:26-27).

(mañana continuará)

Génesis 41 – Mateo 24:1-28 – Salmo 20:1-5 – Proverbios 8:1-11

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Una pesca sorprendente (1)

Jueves 6 Febrero

Así dice el Señor… Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte.

Isaías 43:1625-26

Una pesca sorprendente (1)

Leer Lucas 5:1-10

En los evangelios, varias veces hallamos a Jesús con sus discípulos en una barca. Esta barca es como un símbolo de nuestra vida, frágil embarcación, a menudo sacudida por las ondas de la prueba, pero siempre sostenida y guiada por Dios. En el relato de Lucas, esa mañana Jesús subió al bote de Pedro a fin de hablar a la multitud reunida en la orilla. Luego ordenó a Pedro dirigirse mar adentro para echar sus redes. Este discípulo había pescado toda la noche sin éxito, pero obedeció a Jesús. ¡Qué sorpresa! Su red se llenó tanto de peces que debió pedir ayuda a sus compañeros para sacarla del agua.

Entonces Pedro tuvo miedo. Tomó conciencia de su estado delante de Dios y dijo al Señor: “Apártate de mí… porque soy hombre pecador”. Sin embargo, se arrojó a los pies de Jesús. ¿Por qué esta reacción? Súbitamente se dio cuenta de que estaba delante de alguien infinitamente superior a él. Aquel que había ordenado el milagro de esa pesca, ¡era el Santo Hijo de Dios, el Mesías! Por eso necesitaba de su presencia. Nos sorprende la respuesta llena de dulzura de Jesús: “No temas”.

Quizá, cuando estamos ante la presencia de Dios, sentimos vergüenza de nosotros mismos. Oigamos la palabra de Jesús: “No temas”. No tengamos miedo de arrojar luz sobre nuestras vidas. Encomendémonos a Jesús con confianza. Él nos dará la fuerza para reconocer nuestras faltas, y experimentaremos su perdón.

Génesis 40 – Mateo 23 – Salmo 19:11-14 – Proverbios 7:24-27

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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