Historia de una Biblia

Martes 25 Febrero

(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Lucas 21:33

Historia de una Biblia

Un médico me contó: «Mi madre oraba mucho por mí. Nunca perdió la esperanza de que algún día me volviera a Dios. Pero desde mi primer año de estudios, me alejé rápidamente de lo que ella me había enseñado. Mi forma de vivir me hizo vender cosas que no necesitaba, entre otras la Biblia que mi madre me había dado cuando me fui de la casa.

Más tarde ejercí la medicina en un hospital y me enfrentaba a toda clase de sufrimientos y miseria. A veces me encontraba con verdaderos creyentes, y no podía evitar pensar en mi madre y en mi pasado.

Cierta vez llegó al hospital un paciente afectado por una grave enfermedad. Él estaba desahuciado, y lo sabía. Pero me llamó poderosamente la atención la expresión feliz de su rostro, aun cuando yo sabía que sufría dolores terribles.

Este hombre no tenía parientes; después de su deceso, se hizo el inventario de sus bienes en mi presencia. La enfermera me mostró una Biblia. ¡Qué sorpresa para mí cuando reconocí la Biblia que mi madre me había regalado! Mi nombre todavía figuraba allí, al igual que un versículo escrito con su propia mano.

Su último propietario había leído mucho esa Biblia, numerosos pasajes estaban subrayados. Este descubrimiento me dejó una profunda impresión. De repente vi mi vida de pecado desfilar ante mí. No tuve reposo hasta que acepté a Jesucristo como mi Salvador y mi Señor».

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

Éxodo 9 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Jesús lo ama

Lunes 24 Febrero

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:9-10

Jesús lo ama

Quizás usted se pregunte por qué no puede ser feliz, y la vida le parece insoportable… Seguramente las causas son muchas: ¿falta de amor, incomprensión, abandono, duelo o enfermedad, fracasos sucesivos, temor al futuro? No puede aceptar todo esto. Irritado y atormentado, se siente solo… En resumen, cree que nadie puede amarle. En medio de su desesperación, preferiría morir antes que seguir viviendo lo insoportable. La muerte le aparece como una puerta de salida y lo seduce…

Hoy queremos darle un mensaje de esperanza: ¡usted es amado! ¿Quiere dejarse amar tal como es, por alguien que dio su vida por usted?

¿Sabe quién lo ama hasta este punto? Jesús, el Hijo de Dios, quien se hizo hombre para salvarle. La Biblia declara: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Vuélvase a Jesús y, desde el fondo del corazón, cuéntele su tristeza, su desaliento, todo lo que le hace sufrir. Pídale su ayuda, él nunca rechaza a nadie, y ningún hombre es demasiado malo para él. Su corazón lleno de amor quiere perdonar sus pecados, darle la vida eterna y una verdadera razón para vivir.

¡Sí! Cuando uno descubre el amor de Dios que da paz al corazón, recupera el ánimo y puede recomenzar la vida, no a fin de vivirla para uno mismo, sino “para Aquel que murió y resucitó por nosotros” (2 Corintios 5:15).

Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16

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¿Pecado pequeño?

Domingo 23 Febrero

El Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isaías 53:6

Cristo padeció por nosotros… el cual no hizo pecado… quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.

1 Pedro 2:21-2224

¿Pecado pequeño?

Si usted insulta a un peatón o a un automovilista, en general las consecuencias son mínimas… Si insulta a su patrón, ya tendrá más problemas. Si insulta a un funcionario público, usted no escapará a una sanción. Las consecuencias del insulto generalmente dependen de la importancia de la persona denigrada y de su situación respecto a ella.

Ahora bien, el pecado constituye un insulto respecto a Dios, quien está sobre todos, incluso sobre el universo. Esto es muy grave.

Se ha dicho: «No hay pecados pequeños, porque no hay un Dios pequeño». Si usted piensa que el pecado es algo insignificante, es porque no conoce a Dios. Cuanto más consciencia tenga de la grandeza, la santidad y el amor de Dios, tanto más le horrorizará el pecado…

Seguramente usted no tiene la intención de insultar a Dios, ni conciencia de haberlo hecho. Pero, ¿sabe que el simple hecho de vivir como a usted se le antoja, sin tener en cuenta a Dios, es un pecado? ¿Se atrevería a afirmar que todo el tiempo está tratando de hacer la voluntad de Dios? ¿No? Entonces usted es un pecador…

«Nadie es perfecto; Dios es bueno y tendrá misericordia», dirá usted. Ciertamente, Dios es misericordioso y perdona a todo pecador que se arrepiente, pero jamás trata el pecado a la ligera. Por eso Jesús tomó nuestro lugar, para sufrir el juicio por nuestros pecados. Su cruz proclama la terrible gravedad del pecado, pero también el inmenso amor del Dios Salvador que perdona a todos los que creen en Jesús.

Éxodo 7 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

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Para mí el vivir es Cristo (2)

Sábado 22 Febrero

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:21

Cristo, vuestra vida.

Colosenses 3:4

Para mí el vivir es Cristo (2)

¿Quién escribió estas sorprendentes palabras? Un prisionero, el apóstol Pablo, mientras estaba encarcelado en Roma. Su vida corría peligro, sin embargo no estaba preocupado. Sabía que la muerte era un pasaje que lo conduciría a la presencia de Jesús. Esta declaración reposa sobre el hecho de que Pablo tenía plena confianza en las promesas de Dios.

Al escribir “para mí el vivir es Cristo”, Pablo afirma que Jesucristo es la fuente, el sentido y la meta de su vida. Y su afirmación tiene un profundo significado cuando se la pone en relación con las palabras de Jesús. Citemos algunas del evangelio según Juan:

“El que en mí cree, no tendrá sed jamás” (cap. 6:35).

“El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (cap. 4:14).

“El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (cap. 8:12).

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (cap. 14:6).

Si las recibimos, estas palabras de Jesús nos tocan hasta lo más profundo de nuestro ser. Ellas responden a nuestra búsqueda de sentido, a nuestra sed de vida, y nos dan la paz. Esa ha sido la experiencia de muchos creyentes desde el comienzo del cristianismo hasta nuestros días. Una fiel sierva del Señor decía: «Mi gozo de vivir es el amor –el amor de Cristo–, esta relación que Dios me permite tener con él y con su amado Hijo, desde la edad de 12 años, y que me sostiene. Esta relación cotidiana me hizo comprender el verdadero sentido de la vida».

Éxodo 6 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

Para mí el vivir es Cristo (1)

Viernes 21 Febrero

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.

Eclesiastés 12:13

Para mí el vivir es Cristo (1)

El sentido de la vida

Un escritor francés escribió: «El sentido de la vida es una de las cuestiones más apremiantes». En el Antiguo Testamento encontramos un libro entero que trata este asunto: el Eclesiastés. Para referirse a ello, su autor no se pone por encima de los demás. Una y otra vez nos dice: Yo hice, yo viví, experimenté, ejercí el poder, busqué la sabiduría… Y, ¿cuál fue su conclusión?

Desde el comienzo constata que todo lo que los hombres buscan, aunque sea bueno y dado por Dios –como la instrucción, el saber, los bienes, el amor entre esposos y hasta la justicia– nada de esto puede colmar al ser humano. En todo lo que hace, el hombre ve cernerse la sombra de la muerte.

Sin embargo, el autor no se hunde en la desesperación, ya que su búsqueda lo conduce a Dios. Lo percibe como una roca inquebrantable en medio de un mar agitado. Dios es la única respuesta a este inmenso sentimiento de vacío y desconcierto. “El Señor, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio” (Salmo 18:2).

Vayamos sin temor a Dios, con respeto y confianza, conscientes de su grandeza, de su estabilidad y bondad. Aceptemos experimentar lo que su presencia revela y produce en nuestras vidas, creyendo simplemente lo que nos dice.

El Nuevo Testamento va más allá en esta revelación sobre el sentido de la vida. Descubrimos que esto está ligado a una persona, Jesucristo. “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).

(mañana continuará)

Éxodo 5 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

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Escuchar a Dios para conocerle

Jueves 20 Febrero

Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

Mateo 11:27

Él (Jesús) es la imagen del Dios invisible.

Colosenses 1:15

Escuchar a Dios para conocerle

¿Cómo conocer a Dios si la Biblia nos dice que es invisible? Cada uno puede descubrir su poder y su inteligencia creadora en todos los detalles de la naturaleza que nos rodea.

Pero Dios, que es santo, que es luz y amor, eligió revelarse a los hombres a través de su Palabra, la Biblia. Ella es la que convence y produce la fe. La Biblia no solo nos da la certeza de la existencia de Dios, sino que también nos enseña que él es perfectamente justo y puro. Él es santo y sin pecado: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). ¡Además nos ama!

La ciencia puede darnos luz en muchos campos, pero la Palabra de Dios es la única que responde los interrogantes más profundos. Ella muestra todo lo que en nuestra vida se opone a los caracteres de Dios. Por ejemplo: Dios es verdad. ¿Quién de nosotros puede afirmar que no ha mentido alguna vez?

Todo lo que Dios ama, todo lo que él reprueba, está revelado en ese Libro que nos ayuda a comprender quién es Dios.

Más aun, su Hijo Jesús vino a vivir entre nosotros para mostrarnos el bien según Dios. Su sacrificio en la cruz abre el camino a una verdadera relación con Dios. Todo el que cree en Cristo conoce a Dios como su Padre. “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

“Por medio de él (Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18).

Éxodo 4 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

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No esconda la luz

Miércoles 19 Febrero

Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre.

Mateo 5:15-16

No esconda la luz

Gary se fue solo a una gruta para explorarla. Cuando quiso cambiar la pila de su linterna frontal, volcó accidentalmente la caja de las pilas. Sumergido en una oscuridad absoluta, sintió el sudor rodar por su frente. Lentamente deslizó sus dedos por el suelo buscando una pila de cambio. Para su gran alivio, halló una que no había rodado al lago subterráneo junto al que se encontraba. Gary la puso en la lámpara y alumbró. ¡En un instante, la gruta oscura y espantosa se llenó de luz!

Cada vez que Gary cuenta este incidente, su voz refleja el miedo que lo invadió cuando estaba sumergido en esas tinieblas.

Quizá, como Gary, usted se siente en la oscuridad. Todo le parece tenebroso y lleno de obstáculos. Oiga las palabras de Jesús: “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Si creemos en Jesús, él llena nuestra vida con la luz de su amor.

Cristianos, se nos insta a no poner esta luz “bajo el almud” (o debajo de un recipiente), es decir, a no esconderla. Quizás alguien a nuestro alrededor anhele encontrar una luz que ilumine su vida y le dé sentido. Cada uno de nosotros puede ser portador de esa luz del Evangelio y reflejarla a través de su vida, de su actitud, o hablando de lo que Jesús hizo por él. “Erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5:8).

Éxodo 3 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

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El temor del Señor

Martes 18 Febrero

El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre.

Salmo 19:9

El principio de la sabiduría es el temor del Señor.

Salmo 111:10

Bienaventurado el hombre que teme al Señor.

Salmo 112:1

El temor del Señor

Comúnmente la palabra “temer” significa: tener miedo. A menudo la Biblia menciona ese sentimiento muy humano. El hombre siente temor ante las circunstancias adversas. Pero también puede tener miedo de Dios, como Adán y Eva: ellos habían desobedecido a Dios en el huerto del Edén. Cuando Dios llamó a Adán, este le respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo” (Génesis 3:10). Es el temor que aleja de Dios, un miedo que nos hace huir porque nuestra conciencia nos acusa.

Pero en la expresión “el temor del Señor”, la palabra “temor” tiene otro sentido. Significa un santo respeto que todos los verdaderos creyentes tienen hacia Dios. Es muy distinto al miedo. Es la conciencia de la santidad divina, que nos lleva a estar atentos a lo que hacemos o pensamos. Este temor nos aleja del pecado. Nos da sabiduría e inteligencia moral: “El temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28).

Los que se convierten en hijos de Dios descubren en Dios a un Padre bueno y misericordioso. Le sirven por amor, con gozo, agradecimiento, y una confianza total. El creyente no tiene más miedo a Dios porque sabe que él lo ama con amor perfecto. “No hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Si amamos al Señor, también le temeremos, es decir, no desearemos desagradarle. Y su amor por nosotros, en nosotros y con nosotros, nos hará personas de paz y de confianza.

Éxodo 2 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

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Un roquero transformado

Lunes 17 Febrero

¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?

Jeremías 23:29

Un roquero transformado

El sonido de botas con tacos de hierro resonaba en las callejuelas de la vieja ciudad. Las chaquetas de cuero negro adornadas con calaveras y huesos cruzados daban miedo. Cuando esos roqueros llegaron a la plaza del mercado, observaron un puesto en el que unos cristianos ofrecían Biblias, libros y tratados evangélicos. Fueron directamente a ese lugar e increparon a los expositores.

Para su gran sorpresa, uno de los creyentes se adelantó, les habló del amor de Dios y les explicó que Jesucristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz para salvar a los hombres. Uno de los roqueros, en la última fila, se impresionó por la tranquilidad y firmeza de su interlocutor. Sin dejarse ver, tomó un tratado y lo escondió en su bolsillo.

Mediante su lectura, creyó en Jesucristo, quien lo liberó de sus adicciones, lo salvó de la muerte y lo llevó a conocer la paz con Dios. Con el tiempo ese joven comenzó a presentar el Evangelio y se convirtió en un ardiente predicador.

Treinta años más tarde, predicando el Evangelio en su ciudad natal, relató este episodio de su historia. Entre los oyentes notó a un anciano en la primera hilera, quien con el rostro visiblemente emocionado lo escuchaba atentamente. De repente lo reconoció: era el cristiano que en aquella oportunidad le había hablado del amor de Dios.

“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás” (Eclesiastés 11:1).

Éxodo 1 – Hechos 2 – Salmo 23 – Proverbios 10:1-2

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El siervo hebreo (2)

Domingo 16 Febrero

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

Efesios 5:25

El siervo hebreo (2)

Desde hace seis años le sirvo.
He trabajado para mi señor,
Respondiendo cada día a sus deseos;
Siervo comprado, he pagado la deuda:
Por fin puedo irme, la ley así me lo permite.
Pero en esta casa se han tejido lazos
Mucho más fuertes que la esclavitud,
Más poderosos que la ley;
Hay un motivo más grande,
Más bello que me retiene,
Y no me tomaré esta libertad.
Mi señor me ha dado, durante los años de mi servicio,
Una esposa e hijos que amo.
Por él, por ella, por ellos,
Hago este sacrificio:
No quiero abandonar a aquellos
Que Dios me ha confiado.
La marca dolorosa en mi oreja
Permanecerá grabada,
Será como un testimonio de mi entrega;
Mi oreja horadada hablará desde ahora
Del amor por mi señor, mi esposa y mis hijos.
Como ese siervo, Cristo amó a su Dios,
A Su muy amada Iglesia,
A cada uno de sus rescatados,
La huella del suplicio, en su cuerpo glorioso,
Reiterará su amor durante la eternidad.