Jesucristo en el corazón del evangelio

Viernes 6 Marzo

Cristo Jesús… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.

Filipenses 2:58-9

Jesucristo en el corazón del evangelio

La palabra «evangelio» significa «buena nueva». Esta buena nueva anuncia que Dios quiere salvarnos del mal y de la muerte. Varias expresiones del Nuevo Testamento nos presentan la riqueza del evangelio, por ejemplo: el “evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Marcos 1:1); “el evangelio de la paz por medio de Jesucristo” (Hechos 10:36); “la palabra (o la predicación) de la cruz” (1 Corintios 1:18); el “testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (Hechos 4:33); el “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24); “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” (Efesios 1:13).

El punto en común de todas estas expresiones es una persona: Jesucristo. Su venida, sus sufrimientos, su muerte y su glorificación habían sido anunciados en el Antiguo Testamento. Algunos de esos textos anunciaban a un Siervo sufrido, mientras otros evocaban a un Mesías glorioso. El capítulo 53 de Isaías revela el vínculo entre los dos: a causa de su humillación como siervo de Dios, el Mesías recibiría el poder y la autoridad. Las personas que lo rodeaban pudieron percibir esa misteriosa dualidad, que vino a ser el fundamento de la proclamación del evangelio de Jesucristo por medio de los apóstoles. El “Santo y… Justo” (Hechos 3:14), el “Autor de la vida” (Hechos 3:15), “murió por nuestros pecados” (1 Corintios 15:3), “ha resucitado de los muertos” (Mateo 28:7), fue “recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).

Jesucristo es el corazón del evangelio. Es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Es el Salvador de cada uno de los que creen en él.

Éxodo 18 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El llamamiento del cristiano

Jueves 5 Marzo

(El Señor) os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

1 Pedro 2:9

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

1 Corintios 1:9

El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo.

1 Pedro 5:10

El llamamiento del cristiano

Parecerse a Jesús debería ser el objetivo supremo de los cristianos, pues este es el deseo de Dios para ellos. Él los ha:

Llamado de las tinieblas a su luz admirable

Jesús mismo es “la luz del mundo” (Juan 8:12). Él saca de la oscuridad y de la duda a todo el que cree en él. Le enseña a producir “el fruto de la luz”, que “consiste en toda bondad y justicia y verdad” (Efesios 5:9, V. M.).

Llamado a la comunión del Hijo de Dios

Estamos invitados a compartir los pensamientos de nuestro Señor, su amor por Dios nuestro Padre, por los creyentes, que forman su Iglesia, y por todos los hombres. Esta comunión exige que permanezcamos apartados del mal: “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15). Este llamamiento también muestra que Dios quiere librarnos de toda servidumbre, a fin de que seamos libres para Cristo, para adorarlo y servir con amor y dedicación a aquellos que le pertenecen.

Llamado a la gloria eterna con Cristo

Tenemos la vida eterna, no solo para nuestra vida en la tierra, sino para vivir eternamente en el cielo con Jesús. Nuestra vida de comunión con Dios y con nuestro Señor alcanzará su plenitud cuando estemos con Cristo en el cielo. “Seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

Éxodo 17 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Llamado

Miércoles 4 Marzo

A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Romanos 8:28

Para los llamados… Cristo (es) poder de Dios, y sabiduría de Dios.

1 Corintios 1:24

No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.

Isaías 43:1

Llamado

El Evangelio es para todos los hombres, sin distinción. Es para “todo aquel que… cree” (Juan 3:16). Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados” (Mateo 11:28). En un lenguaje metafórico, Dios nos invita: “El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

Así todos los hombres son llamados. Y usted, ¿ha escuchado ese llamado de la gracia? ¿Ha respondido? ¿Ha creído? ¿Aún le dice el Señor, como a todos los que rechazan su gracia: “No queréis venir a mí para que tengáis vida”? (Juan 5:40). ¿Estará usted un día entre aquellos a quienes se les dirá: “Llamé, y no quisisteis oír, extendí mi mano, y no hubo quien atendiese”? (Proverbios 1:24).

Cuando vamos a Jesús comprendemos plenamente que Dios nos llamó. Por esto los primeros cristianos eran designados con la palabra “llamados”. En el Nuevo Testamento, a menudo este término está relacionado con una misión confiada por Aquel que llama, es decir, Dios mismo (Hechos 13:2).

Entonces, creer es recibir el mensaje de la Biblia y escuchar de manera consciente y personal el llamado de Dios. Dios habló, yo le creo, y él me da una esperanza y una vida nuevas.

El Señor Jesús, el Buen Pastor, “a sus ovejas llama por nombre” (Juan 10:3). Qué gozo si hemos respondido: ¡Sí, Señor Jesús, entra en mi vida!

Éxodo 16 – Hechos 12 – Salmo 29:7-11 – Proverbios 10:29-30

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tú y yo

Martes 3 Marzo

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

Isaías 41:10

(Jesús dijo:) He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Mateo 28:20

Tú y yo

Si el camino es oscuro,
Y ya nada claro veo,
Aun en medio de la noche,
Y en la sombra oigo su voz:
«¿Por qué tiemblas, mi corazón?
¿De qué puede haber temor?
Tú y yo andemos juntos,
Yo soy Jesús, tu Salvador».
Si el camino se desvía
Y no veo mi sendero,
Allí en duda alma mía
Buscas un guía humano.
Si mi pie se tambalea,
Tú me dices, fiel Amigo:
«Tú y yo, sigamos juntos,
Yo te sostendré la mano».
De modo que hora tras hora
Te sigo Señor amado,
Que yo viva o que yo muera,
A ti quedo aferrado.
Tú me tomas de la mano,
Tú me muestras el camino,
Y así seguimos juntos,
Con mi mano en tu mano.
En tu poderosa mano
Mi mano se fortalece,
Y mi tambaleante andar
Junto a ti desaparece.
Desde que tú lo conduces
Tu hijo ya no titubea,
Sí Señor, andemos juntos,
Yo te sigo, pues tú guías.

Éxodo 15 – Hechos 11 – Salmo 29:1-6 – Proverbios 10:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Morir una vez, y después el juicio (2)

Lunes 2 Marzo

Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

Hebreos 9:27

(Jesús dijo:) El que guarda mi palabra, nunca verá muerte.

Juan 8:51

Morir una vez, y después el juicio (2)

El primer versículo citado confirma que hay un más allá después de la muerte. Esta afirmación de la Biblia excluye totalmente la teoría de la reencarnación, la cual da a entender que el mismo ser sobreviviría a sí mismo en el transcurso de varias existencias en diferentes cuerpos. Si fuera así, esto exigiría varias muertes para pasar de un cuerpo a otro.

Esta declaración también excluye la hipótesis de una aniquilación final, que significaría que la historia de cada uno de nosotros termina con su vida terrenal, como la del animal. ¡Realmente hay un más allá! La muerte no es el fin. Los que han muerto esperan, de manera diferente para cada uno, su suerte final.

–El incrédulo, atormentado en su alma, tendrá que comparecer ante el Dios santo, quien lo juzgará según sus propias obras (Lucas 16:24Apocalipsis 20:11-15).

–El creyente tiene la vida eterna. No irá a juicio, porque Jesús llevó el castigo por sus pecados. Espera junto a su Salvador el día de la resurrección (1 Tesalonicenses 4:13-18).

Cada uno, personalmente, debe arreglar este imperioso asunto ahora en la tierra. La ilusión de alguna clase de amnistía general que concedería el paraíso a todos los seres humanos, beneficiándolos con un perdón universal, es falsa. La Biblia es clara. Nadie tendrá una segunda oportunidad en otra vida, después de la muerte. Crea hoy en el Hijo de Dios y diga como el malhechor crucificado al lado del Señor Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:42-43).

Éxodo 14 – Hechos 10:25-48 – Salmo 28:6-9 – Proverbios 10:26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Hay vida después de la muerte? (1)

Domingo 1 Marzo

El hombre nacido de mujer… sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece.

Job 14:1-2

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Juan 11:25

¿Hay vida después de la muerte? (1)

Las gigantescas pirámides de Egipto testifican de forma notable los conocimientos, las técnicas y la arquitectura de la época de su construcción. Sin lugar a dudas muestran aún más la creencia de este pueblo en una vida después de la muerte. ¿No existe esta creencia en todas las civilizaciones y en todas las culturas, antiguas o modernas, y hasta entre los ateos? Cuando el revolucionario norvietnamita Hô Chi Minh murió (1890-1969), su testamento fue leído delante de personalidades destacadas de diferentes partidos comunistas: «Iré a reencontrarme con los camaradas Marx, Lenin, y Engels». ¿Cómo explicar esta creencia universal? ¿No forma parte de la conciencia natural que Dios nos ha dado?

Para el hombre, la muerte es un muro por sobre el cual no puede mirar. Pero el Señor Jesús efectuó una brecha en ese muro, murió en la cruz, fue puesto en una tumba y resucitó de entre los muertos al tercer día. Cristo que triunfó sobre la muerte nos dio, a través de ella, la prueba de que nuestra existencia no termina con la muerte. Somos criaturas destinadas a la eternidad, pero solo la fe en Cristo nos une a él y nos garantiza un gozo eterno. Él nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?… Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:5557).

Éxodo 13 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Pobre entre los pobres

Sábado 29 Febrero

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

2 Corintios 8:9

Pobre entre los pobres

Jesucristo, persona divina, es el Hijo de Dios. Por “él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles… todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16). Aceptó hacerse hombre y venir a la tierra en una extrema pobreza. No siempre tenía un sitio donde dormir. Dedicó su vida a aquellos a quienes quería colmar de sus bondades. No vino para traernos riquezas materiales como oro o plata, sino para tomar sobre sí mismo nuestros sufrimientos, para liberarnos de la esclavitud del mal y darnos la vida eterna. Jesús dijo: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

Esta vida es una relación feliz y real con Dios conocido como Padre. Para darnos la vida eterna gratuitamente, fue necesario que Jesús, el único Justo, sufriera en la cruz el juicio de Dios que nosotros merecíamos a causa de nuestros pecados. Jesús sufrió este castigo en lugar de cada uno de los que creen en él. Así reciben esa gracia inmerecida y descubren que son muy amados. Esta es la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

No solo era necesario que él fuera el pobre en medio de los pobres, sino que diera su vida para que nuestros pecados fueran borrados. Luego somos enriquecidos con una relación indestructible con él y con Dios por medio suyo. Entonces podemos mostrar a los demás “las inescrutables riquezas de Cristo” y “las abundantes riquezas” de la gracia de Dios (Efesios 3:82:7).

Ezequiel 34 – Juan 10 – Salmo 23 – 1 Pedro 5:1-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Liberación

Viernes 28  Febrero

Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora… estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume… (Jesús le dijo:) Tus pecados te son perdonados.

Lucas 7:37-3848

Liberación

Lectura propuesta: Lucas 7:36-50

Todo el mundo estaba al tanto de su situación. La vergüenza que esta mujer sentía era acrecentada por el desprecio de los lugareños. Ni la repulsión por su comportamiento, ni los remordimientos pudieron iniciar un cambio en ella. Se sentía esclava de su pecado.

Jesús despertó una esperanza en ella. Esta mujer oyó cuando Jesús hablaba ante una gran multitud y comprendió que él era diferente a los demás. Lo vio sentarse a la mesa de un fariseo, funcionario religioso reconocido. Allí, aquel que prometía la liberación, hablaba con alguien que no podía más que condenarla. ¿Se animaría ella a acercarse ahora a Jesús?

Sí, entró; pero incapaz de decir algo, cayó de rodillas para adorarle y lloró. Derramó perfume sobre sus pies, los cubrió de besos y los limpió con sus cabellos. Sabía que él era su Libertador. La presencia de Jesús la transformó. Excluida anteriormente por los demás, ahora era recibida por Dios. Ya no la abrumaba la vergüenza.

El fariseo que había invitado a Jesús estaba incómodo: ¿cómo puede esa mujer acercarse a Jesús? ¿No sabía él quién era ella? Pero Jesús le explicó la sorprendente actitud de esta mujer: ella se acercó a él, consciente de su pecado, de sus relaciones con el mal, de sus heridas interiores. Y ahora podía irse perdonada, en paz, libre. Esto también es posible para nosotros. Quien reconoce sus pecados y arrepentido los confiesa a Jesús, obtiene el perdón y se levanta, liberado, para unirse al Señor.

Éxodo 12:21-51 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Resultados de la prueba

Jueves 27 Febrero

Yo soy Dios, el Dios tuyo… Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.

Salmo 50:715

Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré.

Salmo 91:15

Resultados de la prueba

Nadie desea vivir “el día de la angustia”. Todos preferimos llevar una vida tranquila y sin dificultades. Pero a veces nuestro Dios y Padre, con amor y sabiduría, permite que sus hijos pasen por la prueba. En ese caso estemos persuadidos de que él desea nuestro bien.

En esos momentos de angustia, de gran dolor, somos especialmente invitados a orar al Señor. Podemos contar con su respuesta: “Te libraré”. De ese modo, el primer resultado de la prueba es hacernos apreciar la comunión con Dios. Le clamamos y él responde. En nuestro dolor y angustia, él estará a nuestro lado, y su presencia nos tranquilizará.

Sin embargo la promesa de Dios no es solamente: “Lo libraré”, sino que va más allá: “Y le glorificaré”. Así, un día que se inició en el desconcierto puede terminar, por la gracia de Dios, ¡para nuestro honor!

Pero aún hay más maravillas: “Te libraré, y tú me honrarás”. Pensemos un poco en todas las bendiciones con las cuales nos enriquecimos cuando Dios permitió que atravesáramos “el día de la angustia”. Comunión, liberación y esperanza de la gloria se afirman en nuestros corazones. Finalmente, y esto es muy notable, podemos contribuir a la gloria de Dios. “Te libraré, y tú me honrarás”.

Tenemos un hermoso ejemplo de esto en la historia de un hombre que sufrió muchísimo: Job. Dios dice de él a sus amigos: “No habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job” (Job 42:8). En medio del mayor sufrimiento, Job dio gloria a Dios.

Éxodo 11:1-12:20 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Reconocerse perdido

Miércoles 26 Febrero

Yo apacentaré mis ovejas… Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada.

Ezequiel 34:15-16

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

Lucas 15:4

Reconocerse perdido

Esa tarde el gran salón donde se predicaba el Evangelio estaba lleno. Una niña se alejó de su madre, sin que nadie lo notara. Cuando la madre se dio cuenta, desesperada empezó a buscar a la pequeña, preguntando a la gente, pero sin éxito. Finalmente comunicó su angustia al predicador, quien por el micrófono anunció: «Una mamá perdió a su pequeña María. ¡Que la niña venga aquí enseguida!».

No hubo ninguna señal, nadie respondió. Al final encontraron a la niña sentada tranquilamente en un banco. Su mamá le preguntó: –¿Por qué no contestaste cuando te llamaba? –Creí que estaban buscando a otra María. Yo no estaba perdida.

¡Hay muchas personas que se parecen a la pequeña María! Dios las busca, pero piensan que el llamado no es para ellas. Leen en el evangelio que el Señor “Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), pero no responden porque no aceptan el hecho de que están perdidas. El apóstol Pablo declara que Cristo murió por los impíos, por los pecadores, enemigos de Dios, mientras ellos exclaman: no somos de ellos. Sin embargo están perdidos si creen que pueden presentarse delante de Dios sin haber sido purificados de sus pecados por la sangre de Cristo.

Pero con el que se reconoce perdido, el Señor Jesús actúa como el pastor de la parábola de Lucas 15 con su oveja perdida: “Cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso” (v. 5).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch