Certezas

Lunes 6 Enero

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

1 Timoteo 1:15

Certezas 

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Cecilia es una joven estudiante; no fue criada en la fe cristiana. Invitada por sus compañeros a escuchar el Evangelio, fue cautivada por el relato de la muerte de Jesús, quien, en la cruz, oró por sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Ella reconoció: «Orar por sus enemigos, eso yo no lo hubiera hecho». La buena imagen que tenía de sí misma comenzó a desvanecerse…

Pronto se convenció de haber pecado. Entonces creyó que Jesús había muerto para quitar sus pecados, y que había resucitado. Recibió la paz con Dios y toda su vida cambió.

Sus padres no tuvieron que quejarse por este cambio, todo lo contrario. Sin embargo, su padre le dijo un día:

–Lo que encuentro aburrido en ti, es que tengas tantas certezas. Los que tienen certezas llegan a actos inaceptables. Es necesario cuestionar siempre las cosas y no afirmar nada positivamente.

–Sin embargo, le respondió ella, desde que escuché la verdad de que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, que fue crucificado y que oró por ellos, aprendí dos cosas que no sabía:

La primera es que yo he pecado.

La segunda es que él me salvó.

La primera es cierta, no puedes dudarlo.

La segunda también lo es: es mi tesoro y mi vida. La Biblia, la Palabra de Dios, es verdad, Jesús también vino por ti.

“Ahora, así dice el Señor, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Isaías 43:1).

Génesis 6 – Mateo 5:21-48 – Salmo 4:4-8 – Proverbios 2:1-5

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Jesús, el Hombre perfecto

Domingo 5 Enero

Jesús de Nazaret… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Hechos 10:38

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.

2 Corintios 5:19

Jesús, el Hombre perfecto

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Dejó el cielo para convertirse en un hombre. Al nacer fue acostado en un pesebre, fue un niño dependiente de María, su madre. Estuvo sumiso a sus padres, trabajó para ganar su sustento, vivió en la pobreza (2 Corintios 8:9).

En su ministerio, sin domicilio propio, iba de un pueblo a otro para aliviar los sufrimientos físicos o morales, sanaba a los enfermos, consolaba a los afligidos, a los excluidos. No tenía en cuenta su propia sed, su hambre ni su cansancio.

Fue incomprendido y menospreciado, hasta por sus amigos y su familia. Fue negado y abandonado por los que estaban más cerca de él, y traicionado por uno de ellos.

Al final de su servicio de unos tres años, aunque era inocente, fue arrestado, insultado, azotado, condenado y crucificado. Con todo, durante ese tiempo, pidió a Dios que perdonara a los que lo ultrajaban. Muriendo para salvarnos, Jesús, quien nunca había pecado, fue hecho pecado “por nosotros” (2 Corintios 5:21). Él sabía con anticipación todo lo que le iba a suceder (Juan 18:4), pero aceptó voluntariamente recorrer su camino de sufrimiento hasta la cruz, para la gloria de Dios su Padre y por amor a nosotros.

Resucitado, apareció a los suyos para fortalecer su incipiente fe. Ascendido al cielo junto a su Padre, envió al Espíritu Santo a la tierra para acompañarnos.

Ahora, en el cielo, Jesús espera el momento de tener a los suyos junto a él. Y se ocupa de ellos, respondiendo a sus necesidades diarias.

De él queremos hablarle en este calendario.

Génesis 5 – Mateo 5:1-20 – Salmo 4:1-3 – Proverbios 1:24-33

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Valor inestimable

Sábado 4 Enero

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La palabra del Señor permanece para siempre.

1 Pedro 1:25

La palabra de Dios es viva.

Hebreos 4:12

Valor inestimable

Algunos coleccionistas no dudan en pagar muy caro los libros antiguos, en particular las Biblias, que para ellos tienen un gran valor. Por ejemplo, en noviembre de 2013, un libro de los Salmos en inglés, del año 1640, fue vendido por 14 millones de dólares en una subasta. Sin embargo, no es el precio que se paga por una Biblia lo que le da su valor.

La Biblia no es la obra de un hombre. Es la Palabra de Dios. Ella no tiene precio. Es el regalo de Dios a la humanidad para mostrarle sus pensamientos y su amor. En ella Dios se revela al hombre, especialmente en los cuatro evangelios, que describen la venida de Jesús, su Hijo, a la tierra. Esta revelación del Dios que es amor y luz viene a obrar en nuestra conciencia y en nuestro corazón para hacernos hallar el perdón de nuestros pecados y darnos gratuitamente la vida eterna. Cada relato de la Biblia, cada detalle y cada palabra, desde el primer versículo del Antiguo Testamento hasta el último versículo del Nuevo Testamento, concurren para poner en evidencia el amor del Creador que quiere salvar al hombre perdido. Solo la Biblia es la llave para comprender quién es Dios, perfecto y justo, y su plan para nosotros. Para los hombres y mujeres que creen el mensaje de Dios contenido en este Libro, él es irremplazable y tiene un precio inestimable porque les da paz y felicidad. Esta Palabra es mejor “que millares de oro y plata” (Salmo 119:72).

“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca… Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino… Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro… Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos” (Salmo 119:103105127162).

Génesis 4 – Mateo 4 – Salmo 3 – Proverbios 1:20-23

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Nunca es demasiado tarde

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Juan 6:68

Nunca es demasiado tarde

Priscila se inscribió recientemente en la escuela de Ndalat, en Kenia, para aprender a leer y escribir. Ella conoce a algunos de sus compañeros: seis de ellos son sus bisnietos. Priscila se convirtió en la estudiante más vieja del mundo, ¡tiene 90 años! ¿Su motivación? «Quisiera leer la Biblia», dice ella.

Priscila responde así a esta invitación de Dios: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

En efecto, la Biblia es ese Libro único que contiene el mensaje de amor que Dios dirige a los hombres. Un versículo del evangelio según Juan resume este mensaje: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Quizás usted nunca ha abierto una Biblia, y no quiere hacerlo porque a su alrededor muchos se burlan de ella, ¡a menudo sin haberla leído! ¿No se siente interpelado por el ejemplo de esta anciana que va a la escuela para aprender a leer la Palabra de Dios? Nunca es demasiado tarde para escuchar lo que Dios quiere decirnos: “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

En cuanto a los que hemos creído, recordemos lo que Jesús pidió a su Padre respecto a nosotros: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Cada hoja de “La Buena Semilla” de este nuevo año tiene como meta invitarnos a leer la Biblia. Nuestra respuesta, ¿será la de los discípulos a Jesús: “Tú tienes palabras de vida eterna”? (Juan 6:68).

Génesis 3 – Mateo 3 – Salmo 2:7-12 – Proverbios 1:10-19

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Cantar

Jueves 2 Enero

Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con alabanza.

Salmo 69:30

Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

Salmo 63:7

Cantar 

http://labuenasemilla.net/20200102

El canto es una forma de expresar los sentimientos. Para los creyentes también es un medio de alabar a Dios y expresarle su agradecimiento; sus cantos se convierten entonces en cánticos.

El pueblo de Israel cantó después de haber sido librado de la esclavitud en Egipto y haber cruzado el mar Rojo (Éxodo 15:1). El rey David también cantó salmos cuando Dios lo libró de sus enemigos: “Yo en tu misericordia he confiado… Cantaré al Señor, porque me ha hecho bien” (Salmo 13:5-6).

¡Cristianos, nosotros tenemos muchas razones para alabar a nuestro Dios por medio de cánticos! A través de Jesucristo, él nos salvó del juicio eterno. Cada día experimentamos su bondad y su protección. Cantamos para expresar lo que hay en nuestro corazón, cuando está lleno de lo que el Señor hizo por nosotros en la cruz, de lo que hace por nosotros cada día, de la grandeza de su persona y de la esperanza de estar para siempre con él.

Si nos detenemos en nuestras preocupaciones y problemas diversos, no desearemos cantar. Pablo y Silas, estando en la cárcel, nos dan el ejemplo; a pesar de sus heridas y la incertidumbre de su suerte, “a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (Hechos 16:25).

¡Entonces cantemos! Juntos con algunos amigos cristianos, en familia, o incluso solos, podemos animarnos, consolarnos y fortalecer nuestra fe cantando cánticos.

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros… cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16).

Génesis 2 – Mateo 2 – Salmo 2:1-6 – Proverbios 1:7-9

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 Por encima de la nube

Miércoles 1 Enero

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:38-39

 Por encima de la nube

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Contra mí, en este mundo,
Si la tempestad en furor
Infla sus olas y ruge,
¿Turbará ella mi corazón?
No, yo no temo:
Jesús está conmigo,
Y su presencia santa
Aleja todo temor.
¿La vida es sombría
Algunas veces a mis ojos?
Tú disipas toda sombra,
¡O Salvador glorioso!
Por encima de la nube
Puedo ver tu esplendor;
Tu mirada me anima,
Me colma de felicidad.
Si siento mi debilidad
En medio del peligro,
¿No estoy sin cesar
En tus brazos, buen pastor?
De tu amor fiel
¿Quién me separará?
Abrigado bajo tu ala,
Nada me asustará.
A. Ladrierre. (traducido del francés)

Génesis 1 – Mateo 1 – Salmo 1 – Proverbios 1:1-6

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En presencia de Dios estaremos.

Martes 31 Diciembre

(Jesús dijo:) Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Mateo 28:20

Señor, el mañana es tuyo

No es nuestro el mañana,
Señor, el mañana tuyo es.
Esperando en ti que nos amas
Andaremos por la fe.
En la debilidad hallamos tu fuerza,
En el mayor peligro tu ayuda,
Estas son tus promesas,
Tú, siempre fiel, no mudas.
No es nuestro el mañana,
Es Dios quien lo preparó.
Y en su bondad soberana,
Mi camino él abrió.
En su ternura confiando,
Guiado por su voz de amor,
Sí, paso a paso, dando
Hacia el hogar de esplendor.

No es nuestro el mañana,

Todo aquí tan frágil es,

Inmutable Cristo, que nos amas,

Siempre dices: “No te dejaré”.

En la morada paterna,

Bienaventurados seremos,

Por siempre lejos de la tierra,

En presencia de Dios estaremos.

Ha transcurrido un año más de nuestra vida. Un año más de gracia. El Evangelio, la Buena Nueva de la salvación en Cristo, pudo ser anunciado a muchas personas. ¿Y por cuánto tiempo lo será aún? El Señor pronto vendrá por los suyos y resucitará a los muertos que le pertenecen. “La noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

¿Está usted preparado para recibir a Cristo como Señor y Salvador? Hoy todavía puede aprovechar este día, el último del año, para volverse a Jesús, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12).

Malaquías 3-4 – Apocalipsis 22 – Salmo 150 – Proverbios 31:25-31

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La providencia divina

Lunes 30 Diciembre

Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece.

Salmo 57:2

El corazón del hombre piensa su camino; mas el Señor endereza sus pasos.

Proverbios 16:9

La providencia divina

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Stuart Holden vivía en Londres a principios del siglo veinte. Fue invitado a predicar en un importante encuentro de cristianos en América. Mientras se preparaba para partir, su esposa cayó enferma. Entonces decidió quedarse con ella para cuidarla, renunciando a su viaje la víspera de su partida. Stuart nunca utilizó el boleto que había reservado. El transatlántico que debía llevarle a través del océano naufragó unos días más tarde. Era el célebre Titanic. Impresionado por este trágico acontecimiento que hubiera podido costarle la vida, nunca más se preguntó sobre la manera en que Dios orquestaba cada instante de su vida.

A menudo nos lamentamos cuando nuestros planes cuidadosamente trazados se ven interrumpidos. Un imprevisto nos hace perder ocasiones con las cuales contábamos. Pero nada escapa a nuestro Dios y Padre. Esos retrasos o esos fracasos que aparentemente contrarían nuestros planes, a menudo son un medio utilizado por nuestro Padre para protegernos de un peligro, o simplemente para recordarnos que él está allí para dirigir nuestros pasos.

Hay una «providencia divina» en los acontecimientos que atravesamos. Es la mano de Dios que actúa, secreta e invisible, pero poderosa. Así el Señor acabará la buena obra que comenzó en nosotros (Filipenses 1:6).

“La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan” (Esdras 8:22).

“Yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia” (Eclesiastés 8:12).

Malaquías 2 – Apocalipsis 21:15-27 – Salmo 149 – Proverbios 31:10-24

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¡Si tan solo…!

Domingo 29 Diciembre

¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.

Isaías 48:18

¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo!

Salmo 81:13

¡Si tan solo…!

«Si tan solo…», esta expresión manifiesta un pesar, y se escucha frecuentemente. Si tan solo no me hubiese equivocado de camino ese día, o si hubiese sido más prudente… Si hubiese escuchado los consejos de mis padres… Si hubiese estudiado un poco más para aprobar mi examen, etc. Así reconocemos nuestros errores o las ocasiones perdidas.

Sin embargo, en los versículos del día, es Dios quien manifiesta su pesar ante la desobediencia de su pueblo terrenal, cuando él quería hacerle un bien, darle paz y la victoria sobre sus adversarios.

El Señor Jesús también suspiró profundamente a causa de la incredulidad de aquellos a quienes había venido a sanar (Marcos 8:12). Ante el endurecimiento de los habitantes de Jerusalén, exclamó: “¡Si también tú conocieses… lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lucas 19:42). Y también: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13:34). En respuesta a su amor, el hombre lo crucificó.

Aún hoy Dios quiere hacer el bien. Él es el Dios bienaventurado, y desea compartir con nosotros su felicidad. Él no quiere la muerte del malo, sino que abandone sus malos caminos y viva (Ezequiel 18:23). El hombre es responsable de sus decisiones: acepta por la fe la salvación ofrecida por Jesucristo, o la rechaza.

¡Oh, si tan solo hiciera usted la elección correcta!

Malaquías 1 – Apocalipsis 21:1-14 – Salmo 148:9-14 – Proverbios 31:8-9

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En el metro

Sábado 28 Diciembre

Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.

1 Samuel 9:27

¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra del Señor.

Jeremías 22:29

En el metro

En una encuesta realizada por el Washington Post sobre los centros de interés de las personas y sus prioridades, se experimentó lo siguiente: se le pidió a Joshua Bell, un famoso violinista, que tocara en una estación de metro en Washington. Dos días antes había dado un concierto en el teatro de Boston, el cual estuvo repleto, con precios cercanos a los cien dólares la entrada.

En una fría mañana de enero de 2007, tocó durante más de cuarenta minutos en una estación de metro en una hora pico. Solo siete personas se detuvieron realmente a escuchar un momento. Una veintena, sin detenerse, le dio dinero. Una sola, entre más de mil, lo reconoció.

Una de las conclusiones que podemos sacar de esta experiencia podría ser: si no tenemos un instante para detenernos, reconocer y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo, ¿cuántas otras cosas nos perdemos?

Cada día miles de personas pasan al lado de Dios sin verlo ni escucharlo, como si no existiera. Se lo relega a los edificios religiosos, sin embargo él está aquí, muy cerca de nosotros, listo para revelarse en nuestra vida cotidiana. No hagamos como esos transeúntes demasiado absorbidos por sus asuntos, sino que tomémonos el tiempo para detenernos y conocer la medida de su amor hacia nosotros y del don que nos hizo en Jesucristo.

“Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).

Zacarías 14 – Apocalipsis 20 – Salmo 148:1-8 – Proverbios 31:1-7

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