El amor de Jesús por Dios

Viernes 27 Diciembre

(Jesús dijo:) Amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago.

Juan 14:31

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré.

Salmo 91:14

El amor de Jesús por Dios

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Generalmente nos agrada más pensar en el amor de Jesús por nosotros que en su amor por Dios. Ahora bien, Jesús fue el único que cumplió el primer mandamiento de la ley de Moisés: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5; Lucas 10:27). ¡Y dio pruebas de ello! El amor por Dios, su Padre, fue el gran motivo de toda su conducta e inspiraba cada una de sus palabras. Ese amor no se mostró en situaciones fáciles o agradables, sino en un constante sufrimiento moral, en medio de un mundo opuesto a Dios. Frente a la oposición y a las persecuciones, lleno de amor por aquel que lo había enviado y a quien venía a revelar, hizo brillar la gracia y la verdad.

Es más, cuando el odio de los hombres los condujo a poner sus manos sobre el santo Hijo de Dios y a crucificarlo, se manifestó la perfección de su amor. No solo aceptó los golpes sin una queja, sino que se ofreció a Dios, él, el hombre perfecto, puro, sin mancha, para cumplir su voluntad, la cual él conocía, sabiendo por qué camino lo habría de llevar.

Entonces, en una suprema sumisión, se ofreció en sacrificio por el pecado, tomando sobre sí mismo el castigo que nosotros merecíamos. La respuesta de Dios estaba asegurada: “Yo lo libraré”, prueba de que Dios estaba satisfecho. Y Jesús resucitó, triunfando sobre el poder de la muerte, del pecado y de Satanás. Dios lo exaltó soberanamente y lo puso sobre su trono. Él es digno, para siempre, de nuestra adoración.

Zacarías 12-13 – Apocalipsis 19:11-21 – Salmo 147:12-20 – Proverbios 30:32-33

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Verdaderas riquezas

Jueves 26 Diciembre

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Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

2 Corintios 8:9

Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y justicia. Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado.

Proverbios 8:18-19

Verdaderas riquezas

Hoy en día el dinero es rey. Gobierna al mundo. Todo está hecho para obtener el máximo provecho sin preocuparse por aquellos a quienes se deja al borde del camino. La riqueza insolente se codea con la pobreza más extrema.

Cristianos, la Biblia nos advierte sobre el peligro de ir tras los bienes terrenales. “Raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10). Este vuelve al hombre soberbio y duro, distorsiona las relaciones y lo aleja de Dios. Además, las riquezas materiales son efímeras: “Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros” (Santiago 5:2-3). Llegará un día en el cual todo el sistema económico del mundo se vendrá abajo. “En una hora han sido consumidas tantas riquezas” (Apocalipsis 18:17).

Para el creyente, las verdaderas riquezas no son materiales, terrenales ni temporales, sino espirituales, celestiales y eternas. Jesucristo nos lo enseñó cuando se despojó de su gloria para venir a la tierra. Vivió en la pobreza, sin poseer nada, ni siquiera una moneda para pagar el impuesto (Mateo 17:27). Con su muerte y su resurrección abrió el acceso a “las abundantes riquezas de su gracia” a los que creen (Efesios 2:7). “La excelencia del conocimiento de Cristo Jesús” llevó a Pablo a estimar todas las cosas “por basura” (Filipenses 3:8). Busquemos esas verdaderas riquezas en la presencia del Señor.

Zacarías 11 – Apocalipsis 19:1-10 – Salmo 147:7-11 – Proverbios 30:29-31

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Su venida a la tierra

Miércoles 25 Diciembre

María… dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Lucas 2:7

(El ángel dijo a los pastores:) Os ha nacido hoy… un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:7, 11

El Dios Creador (2)

Su venida a la tierra

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Julio de 1969: durante la misión Apolo 11, por primera vez unos hombres pusieron los pies sobre la luna y dieron unos pasos en ella. A su regreso fueron aclamados como héroes. Un desfile, conferencias, entrevistas, marchas y recepciones se sucedieron en diferentes países. Semejante honor fue dado a esos hombres porque habían caminado sobre la luna. Sin embargo, algunos años más tarde, el astronauta James Irwin dijo: «Lo más grande en la humanidad no es que el hombre haya caminado sobre la luna, sino que Dios haya caminado sobre la tierra en la persona de Jesucristo».

En la Biblia, el evangelio según Lucas nos relata el nacimiento del Hijo de Dios, quien vino a la tierra en la persona de un recién nacido. Su nacimiento fue anunciado siglos antes por los profetas. No obstante, nadie estaba allí para recibirlo. María, su madre, y José tuvieron que hacer un largo viaje para ser censados en Belén. Allí los albergues estaban llenos. Entonces, en un establo, María dio a luz al Hijo de Dios, Jesucristo. Su cuna fue un pesebre destinado a los animales. Algunos pastores fueron a ver al niño, advertidos por un ángel de Dios: “Os doy nuevas de gran gozo… que os ha nacido hoy… un Salvador, que es Cristo el Señor”. Unos magos de oriente fueron a rendirle homenaje en secreto (Mateo 2:1-12).

Más de dos mil años después, ese motivo de gran gozo sigue siendo actual: aún hoy Jesús ofrece la salvación a todo el que cree en él.

Zacarías 9-10 – Apocalipsis 18 – Salmo 147:1-6 – Proverbios 30:24-28

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Las maravillas de su creación

Señor… cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?

Salmo 8:3-4

Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles… siendo entendidas por medio de las cosas hechas.

Romanos 1:20

El Dios Creador (1)

Las maravillas de su creación

21 de diciembre de 1968: con el cohete Saturno 5 de la misión Apolo 8, por primera vez unos hombres fueron enviados más allá de la órbita terrestre. Su misión era ir hasta la luna, dar vuelta alrededor de ella en órbita y volver a la tierra. La misión era peligrosa, pero sería un éxito tecnológico. Era también la revelación del esplendor del espacio celeste. Por la ventanilla de su módulo, los tres astronautas asistieron a un espectáculo inolvidable: la salida de la tierra, el «planeta azul», más allá del horizonte lunar. Se estima que mil millones de personas vieron las fotos y tomaron conciencia de la belleza de su planeta.

El 24 de diciembre los astronautas declararon que tenían un mensaje para «los de la tierra». Por turno, leyeron los primeros versículos de la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra… Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche… Y vio Dios que era bueno”.

Menos de un año después, el astronauta Aldrin, quien en el transcurso de la misión Apolo 11 había dado algunos pasos sobre la luna, recitó el Salmo 8 (versículo del día).

Esos astronautas le rindieron homenaje a Dios por haberles develado una parte de las maravillas del espacio que nos rodea.

Y todo creyente, maravillado a su vez, también puede dar gloria a su Creador.

(mañana continuará)

Zacarías 8 – Apocalipsis 17 – Salmo 146:8-10 – Proverbios 30:21-23

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Malhumor

Lunes 23 Diciembre

He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:10-11

Malhumor

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Basta tomar un transporte público para leer en muchos rostros el cansancio, las preocupaciones, la tristeza, el malhumor engendrados por las tensiones de la vida moderna. Se puede comprender que esto ocurra en aquellos que no tienen otro horizonte que esta tierra. Al raudal de noticias a menudo preocupantes que se oyen a diario se agregan los problemas personales. Pero para el creyente esto no es normal. Nada debería quitarle su gozo. Y si cada mañana pasa un rato con su Dios mediante la lectura de la Biblia y la oración, en su rostro debería reflejarse la tranquilidad y el sosiego.

Una niña de un barrio miserable fue llevada un día de Navidad a un hospital cristiano. Allí oyó contar la historia de Jesús, la que la llenó de alegría.

–¡Oh, qué hermosos días voy a pasar aquí!, dijo ella a la enfermera. ¿Sabe usted que Jesús ha nacido?

–Por supuesto, contestó la enfermera.

–¿Usted lo sabía? No tiene aspecto de saberlo.

–¿Qué aspecto tengo entonces?, preguntó la enfermera, algo desconcertada. En este momento tomó conciencia de que su rostro malhumorado contradecía “las nuevas de gran gozo” que pretendía conocer.

Jesús nació, murió por nosotros y está con nosotros todos los días. ¿No hay suficiente motivo para que nuestro corazón cante durante todo el día?

“Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos” (Filipenses 4:5-6).

Zacarías 7 – Apocalipsis 16 – Salmo 146:1-7 – Proverbios 30:18-20

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Jesucristo vino

Domingo 22 Diciembre

Vino y anunció las buenas nuevas de paz.

Efesios 2:17

El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.

1 Juan 4:14

Jesucristo vino

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En los evangelios varias veces escuchamos a Jesús decir: “He venido” (Marcos 1:38; Juan 5:43; 8:14). Esta expresión tan simple y clara nos habla de la bondad de aquel que “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Jesús vino voluntariamente, por sí mismo, y al mismo tiempo fue enviado por Dios. Estas dos palabras: “venido” y “enviado”, muestran a la vez el amor del Hijo que vino, y el del Padre que lo envió.

Él vino. El Hijo de Dios se encarnó y vivió como un hombre. Soportó el cansancio, los sufrimientos, la discriminación. Aceptó morir en la cruz por cada uno de nosotros. Lo hizo para librarnos de la maldición atribuida a nuestras faltas. Jesús fue condenado por Dios en nuestro lugar. Gracias a su venida, a su muerte y su resurrección, somos librados de la esclavitud del pecado y podemos vivir gozosos en la fe.

Jesús no fue vencido por la muerte. Salió de ella victorioso. Por ello, así como los prisioneros de guerra se gozan cuando su país sale victorioso, la esperanza brota en el corazón de aquel que piensa en los resultados de la venida de Cristo a la tierra. Sabe que la muerte y el mal han sido vencidos.

Además de esto, habiendo acabado su obra, Jesús desea habitar en nuestro corazón. Él mismo nos dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Zacarías 6 – Apocalipsis 15 – Salmo 145:14-21 – Proverbios 30:17

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¿Por qué, Señor?

Sábado 21 Diciembre

¿Por qué estás lejos, oh Señor, y te escondes en el tiempo de la tribulación?

Salmo 10:1

¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?

Job 7:19

Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.

Salmo 86:5

¿Por qué, Señor?

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A menudo dirigimos esta pregunta al Señor cuando permite que atravesemos días difíciles, cuando estamos solos o nos sentimos incomprendidos.

«¿Por qué, Señor?», fue el clamor de muchos hombres de Dios mencionados en la Biblia. Esto nos consuela a nosotros que tenemos una fe tan débil. En los momentos más duros, ¿quién de nosotros no ha tenido la impresión de que Dios no respondía, como si nos hubiera olvidado o no nos escuchara? En esos momentos, pidámosle que nos ayude a ser valientes, que aprendamos a esperar pacientemente su respuesta, sin perder la confianza en él, sin olvidar cuánto nos ama.

Pidámosle también que transforme esos tristes «por qué» en «para qué», es decir, «con qué fin». Entonces el Señor nos revelará que él obra para nuestro bien, para el bien de cada uno de aquellos a quienes ama. Nos mostrará lo que quiere corregir en nuestros pensamientos o comportamiento, para que confiemos más en él y nos parezcamos más a su Hijo. Y si no siempre entendemos la razón de tal o cual prueba, tendremos la explicación en el cielo, cuando la historia de nuestra vida será como proyectada ante nuestros ojos a la luz de la gracia de Dios. Entonces no diremos más: «por qué», sino, «gracias».

“Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12).

Zacarías 4-5 – Apocalipsis 14 – Salmo 145:8-13 – Proverbios 30:15-16

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Él se llama el Verbo

Viernes 20 Diciembre

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Juan 1:1

El Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad.

Juan 1:14

Él se llama el Verbo

El evangelio de Juan nos presenta a una Persona divina y eterna llamada la Palabra, o “el Verbo” (Juan 1). Declara que “el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). “El Verbo” no es otro que Jesús, el Hijo de Dios.

Esto significa que en Jesús Dios habla, se expresa, se comunica con nosotros. “Dios… nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2).

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Escuchar a Jesús es, pues, escuchar a Dios hablándonos. Su vida en la tierra proclama la grandeza y la santidad de Dios, pero también su bondad y su maravilloso amor. Jesús dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Él nos revela la verdad sobre nuestro estado interior, pero también la gracia divina que responde a ello. “La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). Toda su persona expresa el profundo interés y las compasiones de Dios por el hombre.

Su muerte en la cruz es un poderoso mensaje que proclama fuerte y claramente el amor de Dios frente al odio del hombre. Su vida santa entregada por nosotros, los culpables, trae la salvación: “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

En el libro del Apocalipsis (cap. 19:11-13) encontramos otra vez al Verbo. Allí también lleva otro nombre: “Rey de reyes y Señor de señores” (v. 16). En esta ocasión, el Verbo viene para juzgar, porque el tiempo de la gracia de Dios habrá pasado. Prestemos, pues, atención ahora a sus palabras de gracia.

Zacarías 2-3 – Apocalipsis 13 – Salmo 145:1-7 – Proverbios 30:11-14

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Un pueblo planetario

Jueves 19 Diciembre

(Jesús) les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

Marcos 16:15

Un pueblo planetario

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Una editorial dio el nombre de «Pueblo mundial» a una de sus colecciones de libros. En la era del internet uno imagina, con o sin razón, que el mundo es como un pueblo porque las personas, las cosas y los mensajes circulan fácilmente como si las distancias ya no existieran. Se piensa que gracias a los libros y a los medios de comunicación, las barreras regionales, lingüísticas o culturales son eliminadas.

Los progresos técnicos, ¿tendrán realmente este efecto? No lo sabemos, pero conocemos un mensaje verdaderamente mundial y que se dirige a todos los hombres. No es reciente; data de hace dos mil años. Es el Evangelio: “Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4). “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Nadie puede decir que este mensaje no le concierne. Cualquiera que sea nuestra nacionalidad, cultura, educación o condición social, algo nos caracteriza a todos de la misma manera: Dios nos ama a pesar de nuestra maldad; solo espera que nos volvamos a él y le confesemos nuestros pecados, para convertirnos en sus hijos.

Un día todos los creyentes reunidos en el cielo, rodeando a su Salvador, cantarán a una voz: “Con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9). ¿Estará usted entre ellos?

Zacarías 1 – Apocalipsis 12 – Salmo 144:9-15 – Proverbios 30:10

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La resurrección

Miércoles 18 Diciembre

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos… Y vi a los muertos… de pie ante Dios… Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:6, 12, 15

La resurrección

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«El 13 de marzo de 1995, la marina francesa procedió a la inmersión en el mar del cuerpo del explorador Paul-Émile Victor, fallecido a la edad de 87 años. Según las últimas voluntades expresadas por el difunto, el cuerpo fue envuelto en dos sudarios y recubierto por una bandera tricolor».

En su momento, Dios encontrará todos los cuerpos, los quemados en las hogueras o en los hornos crematorios, los despedazados por las fieras en los anfiteatros o perdidos en los campos de batalla, las cenizas humanas dispersadas en la naturaleza o en el fondo de los mares, los cuerpos enterrados desde hace milenios. Y todos resucitarán, ya sea “a resurrección de vida”, o “a resurrección de condenación” (Juan 5:29).

La Biblia enseña que habrá dos resurrecciones. El Señor Jesús vendrá a buscar a los suyos, a quienes rescató al precio de su sangre. Él resucitará a todos los creyentes que hayan muerto y les dará, como a los creyentes que estén vivos en ese momento, cuerpos semejantes al suyo. Todos entrarán entonces en su Paraíso. Esta es la primera resurrección.

Luego, al final de los tiempos, tendrá lugar la resurrección de todos los que no hayan creído. Ellos comparecerán ante el “gran trono blanco” (Apocalipsis 20:11) y serán condenados a los tormentos eternos. Quizás alguien diga: ¿Cómo podrá suceder esto? Nada es imposible para Dios. ¿No fue él quien hizo el universo de la nada? Y él hace algo aún más sorprendente: justifica a los que creen en su Hijo Jesucristo.

Hageo 2 – Apocalipsis 11 – Salmo 144:1-8 – Proverbios 30:7-9

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