El amor por Jesucristo (1)

Martes 2 Mayo
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros.
Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros.

Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

1 Juan 4:10, 16, 19
El amor por Jesucristo (1)
Antes de ir a la cruz, Jesús se despidió de sus discípulos y les recordó cuánto los amaba:

– “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado” (Juan 15:9).

– “Los has amado a ellos como también a mí me has amado”, dijo a su Padre hablando de ellos (Juan 17:23).

Varias veces también hizo alusión al amor de sus discípulos por él:

– “Si me amáis… el que me ama… si me amarais… porque vosotros me habéis amado…” (Juan 14:15, 23, 28; 16:27).

– “Si (o: ya que) me amáis, guardad mis mandamientos”.

Los discípulos seguían a Jesús, lo amaban, y él lo sabía. Entonces, si lo amaban, este amor debía manifestarse en su vida: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama” (Juan 14:21).

– “El que me ama, mi palabra guardará”.

En este versículo el Señor se dirige más directamente al creyente. Guardar su “palabra” va más allá de guardar sus “mandamientos”. Esto significa que vivimos en su intimidad. Así demostramos que conocemos al Señor de cerca, que guardamos sus enseñanzas en lo profundo de nuestro corazón y que las ponemos en práctica.

– “Si me amáis… el que me ama”.

Amar a Jesús es una actitud silenciosa del corazón. Pero el que lo ama busca ante todo su aprobación, una aprobación de gran valor para él.

(mañana continuará)
1 Reyes 2:1-25 – Marcos 6:1-29 – Salmo 51:1-5 – Proverbios 14:27-28

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Servir al Señor

Lunes 1 Mayo
Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!… Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.
1 Corintios 9:16, 23
Servir al Señor

Una compañía petrolera quería abrir una sucursal en China. Para ello buscaba un director joven, que hablase chino y tuviese todos los títulos universitarios necesarios y las cualidades gerenciales.

Varios candidatos se presentaron, pero ninguno correspondía al perfil requerido. Al fin, por recomendación verbal, encontraron al que parecía ser el hombre ideal: un joven de 28 años, que tenía todos los títulos exigidos y un carácter de líder. De hecho, este joven era un misionero cristiano que buscaba un trabajo complementario para mejorar sus débiles ingresos. De inmediato recibió una propuesta muy atractiva, sin embargo, la rechazó. Le propusieron aumentar el salario, pero tampoco aceptó. Entonces le pidieron que él mismo pusiera sus condiciones, y el joven respondió:

–El problema no es el dinero, pues lo que me ofrecen es muy interesante. ¡El problema es que quiero dar prioridad a mi actividad misionera! Dios me llamó a anunciar el Evangelio en China, y sería un grave error si renunciase.

Ese joven sabía que había sido llamado por Dios para servirle: “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Qué gracia ser cada uno a su medida “colaborador” de Dios, el cual no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

¡Esta es la misión de todo cristiano en sus actividades diarias!

1 Reyes 1:28-53 – Marcos 5:21-43 – Salmo 50:16-23 – Proverbios 14:25-26

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Mensajes de cristianos perseguidos

Domingo 30 Abril
Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.
Salmo 16:11
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos 4:16
Experimentar la presencia de Jesús

Mensajes de cristianos perseguidos
Un cristiano de mi congregación estuvo prisionero durante más de quince años debido a su fe. No lo había visto desde su liberación. Pero un día nos encontramos y me dijo: «¡Solo la presencia de Jesucristo me mantuvo vivo! En medio de las noches de tinieblas y de miedo, él estuvo a mi lado». Yo sabía que era cierto, pues el Señor también había estado a mi lado cuando estuve en la misma situación.

«Estar en su presencia» no es solo una verdad teológica y teórica, ¡pues yo mismo experimenté esa realidad! Los momentos difíciles, el terror, la amargura, las dudas (¡sí, las dudas!) se olvidan cuando la presencia de Dios se manifiesta, y entonces nos llena de gozo y paz.

¿Es necesario estar en la cárcel para experimentar su presencia? ¡No, claro que no! En cualquier lugar podemos experimentar esta exhortación: “Acercaos a Dios”. Sin embargo, cuanto más sombrío es el lugar, tanto más resplandecerá la luz de su presencia. Acerquémonos a Dios continuamente, en los tiempos de prueba y en los tiempos de prosperidad, en los momentos de tristeza y en los de gozo.

“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 91:1). ¿Hay algo que lo atormenta? ¡Vaya a él, su refugio eterno, y descanse al abrigo del Altísimo, su Padre!.

Horacio Herrera, 30 años al servicio de Dios en un entorno ateo.
1 Reyes 1:1-27 – Marcos 5:1-20 – Salmo 50:7-15 – Proverbios 14:23-24

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El fruto del Espíritu (1)

Sábado 29 Abril
¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios?
1 Corintios 6:19
El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.
Gálatas 5:22-23
El fruto del Espíritu (1)

Desde que Jesús subió al cielo, el Espíritu Santo vino a la tierra para vivir en cada creyente: “Habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo” (Efesios 1:13). El Espíritu Santo anima la vida nueva del creyente y produce un “fruto” que, por la gracia de Dios, madura en él. Está compuesto por el conjunto de estas virtudes morales: amor, gozo, paz… que encontramos en el segundo versículo de hoy. Si el corazón del creyente está lleno de estas virtudes, ellas se manifiestan en su vida, en su conducta. Esto fue lo que hizo decir al apóstol Pablo, dirigiéndose a los creyentes de Galacia (una provincia de la actual Turquía): “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).

Esos cristianos estaban tentados a vivir como si ese fruto del Espíritu no fuese suficiente. Querían añadir a su cristianismo la práctica de ciertos ritos de la ley de Moisés.

Perdían así lo que nos aporta el verdadero evangelio, pues andar por el Espíritu es dejarle que nos dé la fuerza para rechazar el mal y hacer el bien. Por la fe podemos ponerlo en práctica cada día. Amigos cristianos, así como un niño aprende a caminar, nosotros tenemos que aprender a andar por el Espíritu. Este aprendizaje dura toda nuestra vida y hace crecer este fruto, que es interior, pero que se ve, como el amor, el gozo, la paz, la paciencia…

(Los próximos sábados comentaremos más sobre cada uno de estos aspectos del fruto del Espíritu).
Jonás 3-4 – Marcos 4:21-41 – Salmo 50:1-6 – Proverbios 14:21-22

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¿Qué sabe del pecado?

Viernes 28 Abril
Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
Romanos 3:23
Al que no conoció pecado (Cristo), por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
2 Corintios 5:21
¿Qué sabe del pecado?
Hoy, el pecado es una noción mal conocida; cada uno tiene su propia opinión al respecto.

Unos afirman que es una concepción de la Edad Media, que introdujo la religión para asustar a los fieles y mantenerlos sometidos. Otros dicen que esta palabra solo tiene que ver con los ladrones, los criminales y todos los que merecen la cárcel, y que ellos no tienen nada que ver con eso. Otra persona añadirá que la noción del pecado depende de las civilizaciones, de las culturas y de las épocas. ¡Algunos opinan que afortunadamente hoy en día se es menos severo que antes!

Lo importante no es cómo definimos el pecado, sino cómo Dios lo ve y lo juzga. Para ello es necesario leer la Biblia. El pecado es toda acción humana que no tiene en cuenta la voluntad divina. Los textos de la Palabra de Dios y el ejemplo de Cristo, al igual que sus palabras, establecen la voluntad de Dios para nosotros, lo que él aprueba o, al contrario, lo que es inaceptable a sus ojos.

Dios es santo y debe condenar el pecado, incluso si este nos parece insignificante. Pero él perdona gracias a la obra hecha en la cruz por Jesucristo, quien murió en nuestro lugar.

Para ser perdonado solo se necesita una cosa: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Dios ofrece su gracia y su perdón gratuitamente a toda persona que reconoce la necesidad de ser perdonada y cree en Jesucristo, quien viene a ser su Salvador.

Jonás 1-2 – Marcos 4:1-20 – Salmo 49:16-20 – Proverbios 14:19-20

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Curación de un paralítico

Jueves 27 Abril
Sostiene el Señor a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos.
Justo es el Señor en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. Cercano está el Señor a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen.

Salmo 145:14, 17-19
Curación de un paralítico
Leer Marcos 2:1-12

Jesús estaba en Capernaum, en una casa donde era recibido frecuentemente. No podía permanecer desapercibido, pues la multitud se agolpaba y no había suficiente espacio para que los que tenían verdaderas necesidades pudiesen entrar.

Entonces le trajeron un paralítico, un hombre incapaz de acudir a Jesús por sí solo; cuatro personas se pusieron de acuerdo para llevarlo a él. Era imposible entrar por la puerta debido a la muchedumbre. ¡No había problema; pasarían por el techo! La fe nos vuelve ingeniosos y nos anima. Muchos se hubiesen rendido, pero esos cuatro hombres querían cumplir con su objetivo. ¡Qué bello ejemplo de amistad, abnegación, confianza recíproca y perseverancia!

Lo que escucharon fue más allá de lo que el enfermo podía esperar: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Un buen médico no se conforma con calmar los dolores de su paciente, ni haciendo que la fiebre le baje, sino que hará un diagnóstico y curará no solo los efectos de la enfermedad, sino la enfermedad misma. ¡Esto es lo que Jesús hace! La causa de todo el mal de la humanidad se llama pecado, y para recordárnoslo, Jesús se ocupó primeramente de este problema al curar al paralítico. Cuando nos acercamos a Jesús, sus respuestas van más allá de la débil medida de nuestra fe. El enfermo quizá se hubiese conformado con la curación de su cuerpo, pero el Salvador es rico en misericordia. Ante todo, ¡cura el alma!

Abdías – Marcos 3 – Salmo 49:10-15 – Proverbios 14:17-18

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La travesía del lago

Miércoles 26 Abril
Habló, e hizo levantar un viento tempestuoso… Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.
Salmo 107:25, 29

La travesía del lago

Leer Marcos 4:35-41
Dejando a la multitud que lo rodeaba, Jesús dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado”. Como era él quien daba la orden, y además quien los acompañaba, ¿podrían no llegar a buen puerto? Pero Dios había permitido la tempestad, incluso había ordenado que se levantase. ¡Era la puesta a prueba de la fe de los discípulos!

Como los discípulos, el pánico nos invade cuando la prueba llega repentinamente. Nos parece que Dios no ve ni oye lo que está sucediendo, que es indiferente. ¡Pensamos que toda esperanza está perdida! ¡Solo nos queda la fuerza para pedirle ayuda! Y precisamente en ese momento Dios interviene, cuando renunciamos a arreglárnoslas solos. A Dios no se le escapa nada, y él sabe cuándo es el momento propicio para actuar. Así, cuando llega su liberación, quedamos asombrados por su maravillosa respuesta y rebosamos de agradecimiento hacia Aquel que hace que todas las cosas ayuden a bien a los que aman a Dios (Romanos 8:28).

¡Tenemos un maravilloso Salvador! Fue un hombre como nosotros, se cansó hasta el punto de dormirse en la barca. Por ello puede comprender nuestro cansancio, nuestras preocupaciones (Hebreos 4:15). Pero al mismo tiempo sigue siendo el Dios que creó todo y que mantiene el control de todo (Colosenses 1:16-17). ¡Para él no hay nada imposible!

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Ezequiel 48 – Marcos 2 – Salmo 49:1-9 – Proverbios 14:15-16

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«Y estaban allí María Magdalena, y la otra María.sentadas delante del sepulcro.» Mateo 27:61

Manantiales en el Desierto | Lettie B. Cowman

Abril 25
«Y estaban allí María Magdalena, y la otra María.
sentadas delante del sepulcro.» Mateo 27:61

Qué cosa tan extraña es el desaliento. Ni aprende, ni conoce, y ni quiere aprender o saber. Cuando las afligidas hermanas se sentaron junto a la puerta del sepulcro de Dios, ¿vieron ellas los dos mil años de triunfo que han transcurrido? Ellas no vieron otra cosa » sino esto: «Nuestro Cristo no está aquí.»

Tu Cristo y mi Cristo vino de aquella pérdida, y de Su resurrección. Millares de corazones angustiados han obtenido su resurrección en medio de su tribulación; y no obstante los observadores entristecidos que miraban y esperaban este resultado, no vieron nada. Lo que ellos consideraron como el fin de la vida, fué la preparación para la coronación, porque Cristo permanecía en silencio, para que El pudiese vivir otra vez con un poder más grande.

Ellas no vieron eso. Se afligieron, lloraron, se marcharon y sus corazones las condujo nuevamente al sepulcro, el cual continuaba silencioso y obscuro.
Así acontece también con nosotros. Cada hombre se sienta en su jardín contra el sepulcro y dice: «Este dolor es irremediable. En ello no veo beneficio alguno. Con ello he de consolarme.» Y no obstante, en lo más profundo y peor de nuestras desventuras, a menudo yace nuestro Cristo esperando resucitar.

Donde parece que está nuestra muerte, allí está nuestro Salvador. Donde se halla el fin de las esperanzas, allí está el principio más resplandeciente del placer. Donde la obscuridad es más espesa, el rayo de luz resplandeciente que nunca se apaga está a punto de salir. Cuando nuestra experiencia se ha perfeccionado, entonces nos damos cuenta de que un jardín no se desfigura con un sepulcro. Nuestras alegrías se forman mucho mejor si hay tribulación en medio de las mismas. Y nuestras aflicciones son más resplandecientes a causa de los goces que Dios ha plantado a su alrededor. Las flores quizás na nos agraden pero son flores del corazón, de amor, esperanza, fé, gozo y paz. Estas son flores que se hallan plantadas alrededor de cada tumba sumergida en el corazón del Cristiano.

Como el grano de semilla
En la tierra debe entrar,
Vuestros cuerpos igualmente
En la tumba habrán de estar,
Esperando del gran día
En las nubes la señal,
Y que la final trompeta
Llame a todos por igual.

Creer y ver (3)

Martes 25 Abril
Dice el necio en su corazón: No hay Dios.
Salmo 14:1
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Juan 1:18
Bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Juan 20:29
Creer y ver (3)

Oímos decir a veces: «¡Yo soy como Santo Tomás, solo creo lo que veo!». Aunque se dice con cierto humor, dicha frase es incluso peligrosa. ¿Negamos la existencia de los virus o de los átomos porque nunca los hemos visto? De hecho, Tomás se equivocó cuando no quiso creer que los apóstoles habían visto a Jesús resucitado. Si somos como Tomás, también estamos equivocados. Pero él reconoció su error y exclamó en presencia de Jesús: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Abramos los ojos y contemplemos a Dios en la creación. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo” (Romanos 1:20). Por ejemplo, una puesta del sol, un cielo estrellado, una flor, el extraordinario mecanismo del cuerpo humano, la armonía de las leyes físicas…

Dios también se revela a nuestra conciencia; cada uno de nosotros oye su voz, un día u otro, sobre todo cuando actuamos mal. Por supuesto, es posible ignorar esta voz interior y endurecernos, es decir, hacernos cada vez más insensibles al mal, y eso es peligroso…

Dios nos habla de muchas maneras, sobre todo mediante su Palabra. Leamos la Biblia, especialmente los evangelios, que son el testimonio de los que vieron a Jesús y vivieron con él. Dios se reveló en la persona de Jesucristo, quien dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

(fin)
Ezequiel 47 – Marcos 1:21-45 – Salmo 48:9-14 – Proverbios 14:13-14

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Dios no comete errores

Lunes 24 Abril

Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él.

Salmo 34:8

Dios no comete errores

Cierto día el rey de una tribu africana fue atacado por un tigre; y aunque perdió un dedo, logró salvar su vida gracias a la intervención de uno de sus esclavos. Entonces el rey, lleno de ira, gritó: «Si Dios fuese bueno, yo no hubiese perdido mi dedo». El esclavo, que era cristiano, le respondió: «Majestad, Dios es bueno, y lo que hace es sabio. ¡Él nunca comete errores!». Al oír estas palabras, el soberano se enfureció aún más e hizo encarcelar al esclavo que acababa de salvarle la vida.

Tiempo después el rey fue capturado por unos guerreros que tenían la costumbre de ofrecer sacrificios humanos a sus ídolos. Cuando lo iban a sacrificar, sus enemigos notaron que le faltaba un dedo, y debido a eso lo soltaron rápidamente, pues no estaba permitido sacrificar a una víctima que tuviese un defecto corporal.

Cuando volvió a su casa, el rey ordenó liberar a su esclavo, y le dijo con bondad:

–Dios fue realmente bueno conmigo. Me iban a matar, pero como me faltaba un dedo, me dejaron ir. Ahora me pregunto por qué Dios permitió que te encerrase.

–Majestad, respondió el esclavo, si no hubiese estado en la cárcel, también me hubiesen capturado y me hubiesen matado, pues yo tengo todos los dedos.

A menudo no comprendemos los propósitos de Dios en las situaciones que vivimos, pero siempre debemos estar seguros que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

“Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo” (Marcos 7:37).

Ezequiel 46 – Marcos 1:1-20 – Salmo 48:1-8 – Proverbios 14:11-12

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