Diagnóstico y sanación

Martes 15 Octubre

Señor, ten misericordia de mí; sana mi alma, porque contra ti he pecado.

Salmo 41:4

Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo.

Hechos 10:38

Diagnóstico y sanación

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Pedro tenía fuertes dolores y fiebre alta. Era urgente ir al médico. Allí le practicaron un examen y le ordenaron un tratamiento. Pero el diagnóstico no sanaría a Pedro: para recobrar la salud debía tomar los medicamentos indicados en la receta.

Pedro debió hacer cuatro cosas: reconocer que realmente estaba enfermo, ir a un médico, aceptar su diagnóstico y seguir el tratamiento indicado.

Moralmente todos los hombres han sido alcanzados por la «enfermedad» del pecado, ese profundo deseo de vivir sin Dios. Para ser sanados de esta enfermedad, sigamos los mismos pasos que Pedro.

1. Reconozcamos que no estamos bien, que nuestra alma necesita cuidados.

2. Vayamos a Dios y confiemos plenamente en él, el único médico competente para cuidar nuestra alma. Él se presenta a nosotros como el Médico divino: “Yo soy el Señor tu sanador” (Éxodo 15:26).

3. Aceptemos su diagnóstico: “Todos pecaron”, y su veredicto: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 3:23; 6:23).

3. Sigamos su receta: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados” (Hechos 10:43).

“Cristo padeció por nosotros… llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero (de la cruz)” (1 Pedro 2:21, 24), y “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Nehemías 1 – Juan 6:22-40 – Salmo 118:1-4 – Proverbios 25:12-13

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Testimonio de un sabio

Lunes 14 Octubre

He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos.

Job 36:26

¡Cuán innumerables son tus obras, oh Señor! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.

Salmo 104:24

Testimonio de un sabio

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El naturista Jean-Henri Fabre (1823-1915), a quien Víctor Hugo llamaba «el Homero de los insectos», celebraba, en el pequeño pueblo de Sérignan, Francia, sesenta años de trabajo. Uno de los asistentes le preguntó: ¿Cree usted en Dios?

He aquí su respuesta: «No solo creo en Dios, sino que lo veo. Sin él no entiendo nada; sin él todo es oscuridad. No solo he conservado esta convicción, sino que ella se fortalece. Toda época tiene sus fantasías; yo considero el ateísmo como una fantasía –es la enfermedad del tiempo presente. ¡Una fantasía con consecuencias trágicas! Me arrancarían más bien la piel que la creencia en el Creador». Observando de cerca la vida de los insectos, el sabio descubrió la sabiduría infinita del que los creó.

“Detente, y considera las maravillas de Dios… ¿Has conocido tú las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?” (Job 37:14, 16). “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento” (Proverbios 6:6-8).

“Las cosas invisibles de él (Dios), su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20). Aún más que por su maravillosa creación, Dios se reveló en la persona de su Hijo Jesucristo, el Salvador del mundo

¡Descubrámosle leyendo la Biblia!

Esdras 10 – Juan 6:1-21 – Salmo 117 – Proverbios 25:11

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José y sus hermanos

Domingo 13 Octubre

(Jesús dijo en la cruz:) Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Lucas 23:34

José y sus hermanos

(leer Génesis 37)

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José era uno de los doce hijos del patriarca Jacob. Sus hermanos no lo querían y pensaron matarlo, pero luego lo vendieron como esclavo a unos extranjeros. Después de varios años y muchas desgracias, los hermanos de José fueron llevados a reconocer su mala conducta. Entonces José los perdonó: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien… para mantener en vida a mucho pueblo” (Génesis 50:20). Es un poco el resumen de las relaciones entre José y sus hermanos.

Pero más allá del alcance histórico de este relato, dicha conclusión se aplica de manera particular a la cruz de Jesucristo. “Vosotros pensasteis mal contra mí” (Génesis 50:20). Esta fue la actitud de los hombres respecto a Jesús. Durante toda su vida en la tierra Jesús anduvo haciendo el bien, aliviando la miseria, sanando a los enfermos y anunciando la Palabra de Dios. Sin embargo, los hombres se pusieron de acuerdo contra él, lo acusaron falsamente. Una multitud agrupada ante el gobernador romano gritó: “¡Crucifícale!”.

No obstante, “Dios lo encaminó a bien” (v. 20). Cuando Jesús fue crucificado y los hombres desataron todo su odio y su maldad contra él, Jesús murió para expiar los pecados de todos los que creen en él. De esta escena trágica de la crucifixión emana la buena noticia: puedo ser librado de todo lo que en mí ofendía a Dios. Él perdona al que se arrepiente, cualquiera que sea su pasado.

Dios quiere que usted acepte a Jesús como su Salvador y se reconcilie con él. Este es el bien que él “encaminó” para usted.

Esdras 9 – Juan 5:24-47 – Salmo 116:12-19 – Proverbios 25:8-10

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Escanear nuestros pensamientos

Sábado 12 Octubre

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Filipenses 4:8

Escanear nuestros pensamientos

http://labuenasemilla.net/20191012

El tema de nuestros pensamientos ocupa un lugar importante en la Biblia. Es mencionado más de trecientas veces. ¿Por qué nuestros pensamientos son tan importantes? Porque ellos dan origen a nuestras palabras, a nuestros actos y decisiones. Hay interacción constante entre nuestros pensamientos, el sentido que damos a nuestra vida y nuestros actos.

Cristianos, vigilemos nuestros pensamientos. No nos permitamos pensar en todo lo que nos complace. Nadie ha sucumbido a una tentación sin antes haber pensado en ella. Entonces, ¿de qué alimentamos nuestro espíritu? Hay lecturas, películas o canciones que despiertan en nosotros malos deseos, mientras otras lecturas, amistades, elecciones de vida, etc., nos encaminan hacia el bien, hacia Cristo.

Cuando vamos a tomar un avión, nuestras maletas pasan por un escáner para verificar que no llevemos objetos prohibidos. Sería bueno establecer un escáner espiritual para nuestros pensamientos. Podría ser el versículo citado en el encabezamiento de esta hoja: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto…”.

Y si los malos pensamientos nos asaltan, ¡oremos! También podemos hablar del asunto a un amigo y orar con él por este tema. El Señor quiere darnos la victoria sobre el mal; desea que gustemos su amor, el cual es más grande y más poderoso que todo lo que trata de esclavizarnos.

La grandeza de su obra hacia sus redimidos se discierne en esta exhortación: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5).

Esdras 8 – Juan 5:1-23 – Salmo 116:1-11 – Proverbios 25:6-7

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Todos iguales

Viernes 11 Octubre

No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Romanos 3:22-23; 10:13

Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados.

Isaías 44:22

Todos iguales

En muchos países todos los hombres son iguales ante la ley. Sin embargo, en el seno de la sociedad hay diferencias flagrantes entre ellos. Unos viven en el lujo, otros en la escasez, y algunos incluso en la pobreza extrema; unos acumulan varios trabajos, otros están desempleados; unos tienen una excelente salud, otros están enfermos… ¡La lista de todas estas diferencias es bastante larga!

Y a los ojos de Dios, ¿qué sucede? Todos somos pecadores, porque todos le hemos desobedecido. Por supuesto, no todos somos criminales, ladrones o blasfemos, pero todos somos pecadores. Ningún hombre ni mujer, a pesar de todos sus esfuerzos, puede cambiar nada a su condición de pecador: “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo el Señor” (Jeremías 2:22).

¿Todo está, pues, perdido para nosotros? No, como todos somos iguales ante él, ¡todos podemos ser perdonados gratuitamente! Dios ama a todos los seres humanos con un mismo amor, y dio para todos un Salvador, Jesucristo: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). La oferta del amor divino es tan amplia como la humanidad entera. Para tener la vida eterna es necesario aceptar este don: ¡creer en el Hijo de Dios! Dicho criterio hará la diferencia entre los hombres.

Todos iguales: todos han pecado, pero la misma gracia está a disposición de cada uno.

Esdras 7 – Juan 4:31-54 – Salmo 115:9-18 – Proverbios 25:4-5

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Buscaba la verdad sin hallarla

Jueves 10 Octubre

(Jesús) vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca.

Efesios 2:17

Buscaba la verdad sin hallarla

Testimonio

«Cuando era adolescente mi madre me llevaba todos los sábados a donde un curandero. Así comencé a impregnarme de ese ambiente. Practicando las artes marciales también me sumergí en la cultura oriental, pero descubrí la angustia, la soledad y el dolor. Entonces busqué la verdad a través de todo lo que se me presentaba: filosofía, esoterismo, espiritualidad. Pero ninguno de los caminos que tomaba tenía salida.

Después entablé amistad con un cristiano. Fue el primero en hablarme de Jesucristo, pero de un Jesucristo muy diferente al que yo creía conocer. Intrigado, me uní a un grupo de estudiantes cristianos. Al principio me burlaba de ellos. ¿Tenían estos algo que enseñarme con un solo libro, a mí, que había leído centenas? Sin embargo, yo todavía estaba dispuesto a probar con ese nuevo libro. ¿Qué podía perder? Cuando comencé a leer la Biblia, no entendía nada; lo que ella decía era muy diferente de todo lo que yo había leído antes.

Un amigo cristiano me explicó que Dios quería perdonarme por el mal que yo hacía, y que Jesucristo me ofrecía una vida nueva. Poco a poco tomé conciencia de que efectivamente yo era un pecador, es decir, que el mal moraba en mí. Esto era lo que me impedía acceder a la verdad.

Creí en Jesucristo, quien vino al mundo para salvarme, para morir en mi lugar y reconciliarme con Dios. La paz que anhelaba encontrar estaba en él. Desde entonces aprendo a descubrir la gracia de Dios, a conocer a Jesús y a amarlo».

Guillaume

Esdras 6 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

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Pequeñas faltas, grandes perjuicios

Miércoles 9 Octubre

Que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo.

Filipenses 1:27

(Jesús dijo:) Mirad, velad y orad.

Marcos 13:33

Pequeñas faltas, grandes perjuicios

En el año 1978, el pueblo de Winterthur (Suiza) fue el escenario de una forma de vandalismo inexplicable: bajo el capó de los autos estacionados, alguien cortaba los cables eléctricos. Equipos de vigilancia fueron instalados y los culpables fueron descubiertos: ¡eran comadrejas que entraban en los motores y mordían todos los elementos de caucho!

Estos hechos nos hacen pensar en un versículo de la Biblia: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne” (Cantares 2:15). Las zorras pequeñas son criaturas aparentemente inofensivas. Pero, al juguetear en las viñas, con sus largas colas pueden causar daños irreparables a los tiernos pámpanos y, por consiguiente, a la floración y la cosecha. El pámpano, nutrido por la vid (Cristo), representa la vida del creyente que debe producir fruto para la gloria de Dios. Este versículo de Cantares es, pues, una exhortación a vigilar: muchas palabras o actitudes aparentemente inofensivas pueden poner en peligro el desarrollo de nuestra vida espiritual, interrumpir nuestra comunión con Dios. Por tanto, cualquier actividad que realicemos sin tener en cuenta a Dios será sin fruto para él.

No nos dejemos engañar: esos resbalones apenas perceptibles que a veces se producen en nuestras vidas, esos pequeños arreglos o adaptaciones, no tienen otro resultado que alterar nuestra comunión con Dios. Recordemos que incluso un mal pensamiento enturbia la comunión con el Señor y produce sequía en el corazón. Vigilemos y oremos para ahuyentar “las zorras pequeñas”.

Esdras 5 – Juan 3:22-36 – Salmo 114 – Proverbios 24:30-34

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La espada del Espíritu

Martes 8 Octubre

Tomad… la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

Efesios 6:17

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

La espada del Espíritu

¡Qué imagen sorprendente! Una espada es un objeto material, metálico, duro, mientras el Espíritu es invisible, inmaterial, insuperable… En los combates de la fe, el cristiano debe tomar “la espada del Espíritu”, un arma espiritual, penetrante, incluso viva. ¿Cuál es esta espada? Es la Palabra de Dios, el mensaje de la Biblia. A través de ella podemos luchar contra los ataques espirituales, los razonamientos mentirosos y los dardos de la incredulidad.

Para manejar bien esta arma, es necesario haber experimentado su poder personalmente. Ella debe haber penetrado nuestro corazón, nuestro espíritu, habernos convencido de que el mal está en nosotros y, a la vez, que el amor de Dios es por nosotros.

La Palabra de Dios revela la perfección moral de la vida de Jesús. Pero también pone a la luz “los pensamientos y las intenciones” de nuestros corazones: no solo los pecados evidentes, sino más bien los deseos, las motivaciones opuestas a la vida de Jesús. Él “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38), sin ningún rastro de egoísmo, ¡mientras muy a menudo nosotros vivimos para nosotros mismos!

La Biblia muestra todo lo que, en nuestros corazones, viene de la naturaleza pecadora, es decir, la carne. Y cada vez que la voluntad de la carne y sus codicias están en acción, la Palabra de Dios obra como un bisturí para quitar el mal. Y al mismo tiempo nos da confianza y esperanza en el Señor. La Palabra desenmascara el mal y trae la gracia de Dios. Es la única arma ofensiva del cristiano.

Esdras 4 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29

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Un extranjero

Lunes 7 Octubre

El Señor guarda a los extranjeros.

Salmo 146:9

En aquel tiempo estabais sin Cristo… sin esperanza y sin Dios en el mundo… Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

Efesios 2:12,19

Un extranjero

Seguramente usted ya ha experimentado esa incomodidad que se siente al estar en un lugar desconocido: una nueva escuela, otra ciudad, un nuevo lugar de trabajo. Uno se siente diferente, desubicado, extraño, ¡un extranjero!

Piense en Aquel que fue despreciado en la tierra. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Desde su nacimiento no hubo lugar para él, solo un establo; luego tuvo que refugiarse en Egipto; fue extraño en medio de su pueblo y aun en su propia familia, como leemos en el Salmo 69:8: “Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre”. No tuvo domicilio fijo: Jesús dijo a un hombre que quería seguirle: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20). Ese extranjero es Jesús.

Quizás usted también es un extranjero, se siente solo, menospreciado y sin esperanza. Escuche lo que Jesús dice: “Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Si usted le abre la puerta de su corazón, nunca más se sentirá solo. ¿Quiere recibirle?

De hecho, ¿quién es verdaderamente extranjero? ¡Nadie! Porque todos los hombres son iguales ante Dios, todos son pecadores (Romanos 3:23).

Si usted deja entrar a Jesús en su vida, será un hijo de la familia de Dios y, mejor aún, ¡sabrá que él ya le preparó un lugar en su casa!

Esdras 3 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27

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Angustia y oración

Domingo 6 Octubre

Llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní… comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte…

Mateo 26:36-38

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Salmo 46:1

Angustia y oración

http://labuenasemilla.net/20191006

Los evangelios relatan la vida de Jesús, sus enseñanzas y los milagros que hizo. Pero también nos hablan de sus emociones y sus sentimientos. Vemos que Jesús se sorprendió, se compadeció, lloró, conoció el cansancio, el gozo…

En una circunstancia única, Jesús experimentó la angustia. Sucedió en el huerto de Getsemaní, a donde fue con sus discípulos a orar. Allí sintió una profunda angustia debido a lo que iba a padecer en la cruz para expiar nuestros pecados, sufrimientos simbolizados por la copa que debía beber. En esos momentos extremos, Jesús suplicó a Dios, su Padre: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Marcos 14:36). Y, al final de su oración, avanzó resueltamente para dar su vida.

Jesús murió porque nos amaba, a usted y a mí. “Padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Cristianos, ¡hablemos siempre con gran respeto del Señor Jesús! No alcanzamos a conocer la angustia que él soportó. Ella es única.

A veces nosotros también debemos sufrir, experimentar el miedo. Entonces volvámonos a Jesús. Orémosle con sencillez y sinceridad: “Clamaron al Señor en su angustia, y los libró de sus aflicciones” (Salmo 107:19). Jesús, el unigénito Hijo de Dios, quiere acompañarnos en ese camino de la oración.

Esdras 2 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26

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