El alfabeto de las promesas de Dios (3)

Sábado 5 Octubre

Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor… Será como el árbol plantado junto a las aguas… su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.

Jeremías 17:7-8 

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El alfabeto de las promesas de Dios (3)

J: “Justo eres tú, oh Señor, y rectos tus juicios” (Salmo 119:137).

L: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

M: “Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal” (Proverbios 1:33).

N: “No temas, porque yo estoy contigo… te esfuerzo; siempre te ayudaré” (Isaías 41:10).

O: “Ora a tu Padre… y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará” (Mateo 6:6).

P: “Porque yo sé que el Señor es grande… mayor que todos los dioses” (Salmo 135:5).

Q: “¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:5).

R: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

S: “Si confesamos nuestros pecados, él (Dios) es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

T: “Ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre” (Salmo 119:132).

U: “Una cosa he demandado al Señor… que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida” (Salmo 27:4).

V: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Y: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

Cristianos, apoderémonos de estas promesas. Ellas serán de una gran ayuda en los momentos difíciles de nuestra vida.

Esdras 1 – Juan 1:1-28 – Salmo 111:1-5 – Proverbios 24:21-22

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El alfabeto de las promesas de Dios (2)

Viernes 4 Octubre

Fiel es el que prometió (Dios).

Hebreos 10:23

Nos ha dado preciosas y grandísimas promesas.

2 Pedro 1:4

El alfabeto de las promesas de Dios (2)

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Ayer vimos cuán importante es para un creyente contar con las promesas de Dios para superar la duda, el miedo, el desánimo. ¡Ahora es necesario conocer esas promesas y memorizarlas! Para ello debemos familiarizarnos con la Biblia. Podemos reunir esas promesas bajo la forma de uno o varios alfabetos. Les proponemos uno que, por supuesto, puede ser completado o modificado, ¡porque las promesas de Dios se cuentan por centenas! El lector de la Biblia siempre descubrirá en ella nuevas promesas. A:“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).

B: “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas” (Salmo 84:5).

C: “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen!” (Salmo 31:19).

D: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

E: “Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios… para que os vaya bien” (Jeremías 7:23).

F: “Fuerza y honor son su vestidura (de la mujer virtuosa); y se ríe de lo por venir” (Proverbios 31:25).

G: “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57).

H: “Hasta las canas os soportaré yo” (Isaías 46:4).

I: “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

(mañana continuará)

Sofonías 3 – Judas – Salmo 110 – Proverbios 24:19-20

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El alfabeto de las promesas de Dios (1)

Jueves 3 Octubre

(Abraham) tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.

Romanos 4:20-22

El alfabeto de las promesas de Dios (1)

Una anciana creyente decía: «Las preocupaciones no me impiden dormir. Yo le digo al Señor: «Ocúpate de mis asuntos y concédeme el descanso para que mañana pueda retomar mi trabajo». Y si las preocupaciones vuelven a mi mente, me pongo a recitar el alfabeto de las promesas de Dios».

En efecto, las promesas contenidas en la Biblia son numerosas y se dirigen a todos los que han puesto su confianza en Dios, los que han aceptado el don de la salvación por la fe en Jesucristo. Así se han convertido en hijos de un Padre celestial que los ama, los conoce, quien sabe que la duda, el desánimo y el peso de sus preocupaciones podrán surgir en cualquier momento. Por eso Dios consignó en su Palabra promesas que llenan todos los campos de interrogación: los caracteres de Dios, la salvación del alma, el más allá, las diversas necesidades de la naturaleza humana, la respuesta de Dios a la fe, la prueba, la bendición en respuesta a la fidelidad…

El cristiano debe apropiarse de estas promesas divinas, es decir, aceptar que son para él. Creer lo que Dios prometió lo honra, y Dios honra la fe. Cristianos, aferrémonos con determinación a las promesas divinas, y extraigamos de ellas las fuerzas necesarias en la adversidad.

No nos privemos de nuestro más grande consuelo, olvidando o poniendo en duda las promesas de Dios. Porque hay una promesa para cada situación, por trágica que sea.

(mañana continuará)

Sofonías 2 – Filemón – Salmo 109:20-31 – Proverbios 24:17-18

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Un legado eterno

Miércoles 2 Octubre

Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie… tu potencia a todos los que han de venir.

Salmo 71:17-18

Ochenta años

2 Samuel 19:31-40

Un golpe de Estado estalló en Jerusalén. El rey David se vio obligado a huir y exiliarse con los que permanecían fieles a él. Barzilai, un hombre anciano, rico y generoso, ayudó al fugitivo dándole provisiones en abundancia (2 Samuel 17:27-29). Algún tiempo después del fracaso del golpe de Estado, el rey volvió para retomar su trono. Y para mostrar su agradecimiento a su amigo Barzilai, lo invitó a vivir en la corte.

Pero este rechazó tal honor: “¿Cuántos años más habré de vivir, para que yo suba con el rey a Jerusalén? De edad de ochenta años soy este día. ¿Podré distinguir entre lo que es agradable y lo que no lo es? ¿Tomará gusto ahora tu siervo en lo que coma o beba?” (2 Samuel 19:34-35). Sabía que el final de su vida se acercaba, y que la compañía de David sería mucho más útil e instructiva para alguien más joven. Desinteresado, obraba con amor y generosidad. Le era suficiente haber servido al rey en tiempo oportuno, no necesitaba nada más. Cedió su lugar a alguien más joven, para que acompañara a David. Barzilai regresó solo a su casa, prefiriendo permanecer fiel a su rey en la sombra, lejos de los honores de la corte.

Muchos cristianos ancianos, que han consagrado su vida al servicio del Maestro, conservan esta prioridad: trasmitir la llama de la fe a los que les siguen, sus hijos, sus nietos, y más ampliamente a todos los jóvenes cristianos. Son felices de pedir al Señor que los guarde junto a él.

Sofonías 1 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16

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La familia del creyente

Martes 1 Octubre

Dijo luego el Señor a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.

Génesis 7:1

Se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.

Hechos 16:34

La familia del creyente

Es la voluntad de Dios que toda la familia del creyente sea igualmente salva. Así toda la familia de Noé tenía su lugar en el arca, porque su padre era “justo” y obedecía a Dios. Sin embargo, cada uno de los hijos debía aceptar entrar en el arca. A la orden de Dios, estas personas buscaron refugio en el arca, y “fueron salvadas por agua” (1 Pedro 3:20), mientras los habitantes de todo el mundo de la época sufrieron el juicio debido a su mala conducta.

¿Qué hubiera sucedido a los hijos de Noé si, por desobediencia o indiferencia, hubieran permanecido fuera del arca que debía salvarlos del castigo de Dios? Habrían perecido como los demás.

Aún hoy, Dios quiere que en la familia cristiana todos compartan la bendición de los padres.

Siglos después de Noé, el apóstol Pablo dijo al carcelero de la prisión de Filipos: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). La Palabra del Señor fue predicada a todos. Todos estaban felices de haber creído en Dios. En aquella familia cada uno comprendió y aceptó la gracia de Dios que perdona y salva.

Queridos jóvenes que viven en un ambiente cristiano, dudar en recibir el mensaje de la gracia que cada día les llama lleva a una situación peligrosa que puede conducir a rechazar la fe. Tener padres cristianos es una gracia inmensa, pero esto no salva. No olviden que un día la puerta del cielo, como la del arca de Noé, se cerrará. Den el paso hoy. Es su propia responsabilidad creer. El Señor los llama.

Habacuc 3 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

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Mi Dios, mi Salvador, mi Pastor

Lunes 30 Septiembre

El Señor es mi pastor; nada me faltará.

Salmo 23:1-3

¡Señor mío, y Dios mío!

Juan 20:28

Mi Dios, mi Salvador, mi Pastor

Palabras de Jean de Damas (siglo 7)

«Eres tú, Señor, quien me formó en el vientre de mi madre. Eres tú quien me trajo a la luz como un niño, porque las leyes de nuestra naturaleza obedecen perpetuamente a tus órdenes. Tú nos has amado, Señor, y diste a tu Hijo en nuestro lugar para rescatarnos. Él emprendió voluntariamente ese rescate. Siendo Dios, se hizo hombre… se sometió, haciéndose obediente a ti, Dios su Padre, hasta morir, y morir en una cruz.

Así, oh Cristo, mi Dios, tú te humillaste para llevarme sobre tus hombros, a mí, oveja perdida, y me pusiste en pastos verdes; me refrescaste en las fuentes de la verdadera enseñanza por medio de tus siervos, de los cuales tú mismo eras el Pastor. Concédeme hablar valientemente de tu Palabra, que tu Espíritu me dé una lengua perfectamente libre, y me haga siempre atento a tu presencia.

Sé mi pastor, Señor, y sea conmigo el pastor de tus ovejas, para que mi corazón no me haga desviar ni a derecha ni a izquierda; que tu Espíritu me dirija por el camino recto para que mis acciones se cumplan según tu voluntad, y esto hasta el fin.

Tratemos de agradar a Dios. Hermanos amados de Dios, ustedes son sus elegidos: en ustedes el Evangelio se ha acompañado de obras de poder. Ustedes esperan a Su Hijo Jesús, quien vendrá de los cielos, quien nos libra de la ira venidera (1 Tesalonicenses 1:10)».

Habacuc 2 – Tito 1 – Salmo 108:7-13 – Proverbios 24:11-12

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Conocer a Jesús

Domingo 29 Septiembre

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Juan 6:68-69

Conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos…

Filipenses 3:10

Conocer a Jesús

Cuando era adolescente encontré a un líder religioso que conocía bien la Biblia. Pero ella solo era para él un documento cultural. Cuando se le interrogaba sobre Jesús, podía explicar que Jesús había nacido en Belén, que había crecido en Nazaret, que había muerto en Jerusalén, pero no conocía verdaderamente a Jesús, y mucho menos discernía lo que implica una vida consagrada a Cristo. Su caso está lejos de ser el único. Hay muchos hombres y mujeres religiosos que no cesan de profundizar sus conocimientos sobre la Biblia, pero cada vez se alejan más de la fe.

Conocer a Jesús supera ampliamente el hecho de conocer la Biblia. Conocer a Jesús es primeramente creer en él, reconocer que él es Dios, el Hijo de Dios hecho hombre. También es creer que él murió en nuestro lugar, pero que ahora está vivo junto al Padre. Esta fe inicial nos permite estar en relación con él.

Como toda relación, la que tenemos con Jesús debe ser cultivada, lo cual exige pasar tiempo con él, orando y leyendo la Biblia, no como un objeto de estudio intelectual, sino como una palabra viva dada por Dios. La Biblia nos ayuda a conocer mejor a nuestro Salvador, a amarlo más.

Dios nos ha llamado a vivir en comunión con su Hijo, nuestro Señor Jesucristo (1 Corintios 1:9). Vivir en su comunión es creer en su amor y desear agradarle “en todo” (Colosenses 1:10). Es tratar de conocerlo cada vez mejor como un Salvador vivo.

Habacuc 1 – Filipenses 4 – Salmo 108:1-6 – Proverbios 24:10

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El Creador de todo lo que existe

Sábado 28 Septiembre

El Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra. No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.

Isaías 40:28

Hace salir su sol sobre malos y buenos, y… hace llover sobre justos e injustos.

Mateo 5:45

El Creador de todo lo que existe

Dios no es la naturaleza. Dios no es el destino. Dios no es la providencia. Él es el Creador de todas las cosas, y todas le obedecen, le sirven (Salmo 119:91). Él decide todo. Nosotros debemos aceptar que no comprendemos todo, porque somos criaturas limitadas, mientras Dios es infinito y eterno. Él reina sobre todo el universo y dirige todo según su voluntad perfecta. Debido a esto, ¿será Dios responsable de toda injusticia en el mundo, de todas las catástrofes? No, las injusticias son el resultado de nuestra desobediencia a los sabios mandamientos que Dios nos ha dado en la Biblia. Por ejemplo, él dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). “Amad a vuestros enemigos… y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). El mundo no sería injusto si el hombre obedeciera las instrucciones divinas, ¡pero no lo hace!

En cuanto a las catástrofes naturales, sentimos tristeza por el dolor que causan, y podemos percibirlas como advertencias. Jesús dijo: “O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:4-5).

Dios es todopoderoso, soberano, pero también es amor. No acusemos a Dios, más bien inclinémonos ante él. Acerquémonos a Jesús, quien se compadeció y alivió tantos sufrimientos. Él dijo: “Venid a mí” (Mateo 11:28).

Oseas 13-14 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9

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La crisis más grave

Viernes 27 Septiembre

Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida.

Filipenses 2:15-16

La crisis más grave

Nuestro mundo va de crisis en crisis. Apenas se empieza a vislumbrar el final de un túnel cuando ya se anuncia otro: epidemias, desplazamientos masivos de poblaciones, crecimiento de los océanos, calentamiento climático…

La Biblia nos enseña que el príncipe de este mundo se llama “Satanás” (Juan 12:31). No es sorprendente si ese “príncipe”, invisible pero muy real, influencia hábilmente a los gobernantes y medios de comunicación para hacerles pensar que todos los problemas son de orden material. Así la atención general se centra sobre esos objetos y se desvía de lo que es más importante y grave, la crisis moral de la humanidad.

El cristiano no se informa solo por los medios de comunicación, él escudriña la Biblia. Ella le informa sobre el origen, la causa y las consecuencias de esta crisis moral. El corazón del hombre que ha abandonado a Dios y menospreciado las instituciones divinas ha originado esta crisis. Para muchas personas no existe más el bien ni el mal, y cada uno es libre de hacerse su propia escala de valores. Esta actitud muestra el orgullo y la presunción del corazón humano, que datan de la entrada del pecado en el mundo (Romanos 5:12). Si las tinieblas morales se desarrollan en nuestra sociedad, el rol del cristiano siempre es brillar como una lámpara, viviendo en este mundo lo que la Palabra de Dios le enseña (ver el versículo de hoy). Y aunque Satanás, el dios de este mundo, trata de cegar nuestros pensamientos, el Evangelio de la gracia de Dios aún invita a cada uno a ir a Jesús el Salvador.

Oseas 11-12 – Filipenses 2 – Salmo 107:23-32 – Proverbios 24:7

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Gracia y responsabilidad

Jueves 26 Septiembre

Si confesamos nuestros pecados, él (Dios) es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

1 Juan 1:9

Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Gálatas 6:7

Gracia y responsabilidad

Roberto vivía en una finca. Su padre, cristiano convencido, amaba mucho a su hijo, quien no era creyente. Deseaba profundamente que Roberto se convirtiera al Señor. Había tomado la costumbre de fijar un clavo en la puerta de la granja cada vez que su hijo, a menudo insumiso, le desobedecía.

–¿Qué haces?, le preguntó un día Roberto, intrigado por los golpes del martillo.

–Pongo un clavo cada vez que tú me desobedeces, le contestó.

Trabajado en su conciencia, el adolescente confesó sus faltas al Señor y lo aceptó como su Salvador. Feliz de haber obtenido así el perdón de Dios, contó su conversión a su padre, quien se puso a quitar uno a uno los clavos de la puerta de la granja. Pero los huecos se seguían viendo y molestaban a Roberto recordándole sus faltas pasadas.

–¿Cómo vamos a hacer para tapar todos esos huecos?, preguntó a su padre.

–Esos huecos, como ves, son las consecuencias de tus desobediencias. Cuando el rey David confesó sus faltas a Dios, él lo perdonó completamente, y algunas veces borró todas sus consecuencias (1 Samuel 30:19), pero otras veces no las quitó (Salmo 51).

Con nosotros sucede lo mismo, pero el Señor nos ha perdonado y es fiel. Él puede quitarlas, o ayudarnos a soportarlas, y también puede servirse de ellas para nuestro bien.

Oseas 9-10 – Filipenses 1 – Salmo 107:17-22 – Proverbios 24:5-6

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