¿Quién le dijo?

Miércoles 25 Septiembre

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos.

Hebreos 4:12

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

Salmo 119:105

¿Quién le dijo?

Un cristiano presentaba la Biblia como la Palabra de Dios. Entonces uno de los asistentes replicó: «¿Quién le dijo que es la Palabra de Dios?». Señalando en dirección al sol, el creyente le preguntó: «¿Cómo sabe usted que ese es el sol? Yo lo sé porque me da luz y calor, nadie necesita probármelo. Él es su propio testigo. Lo mismo sucede con la Biblia: lo que ella nos dice son las mismas palabras de Dios, las cuales me dan vida, luz, calor y felicidad».

Si usted pide sinceramente a Dios que le dé la convicción de que la Biblia es la Palabra de Dios, él responderá a su expectativa. El mismo Espíritu que condujo a los diferentes autores (2 Pedro 1:20) nos da la certeza de que es la voz de Dios quien se dirige a nosotros. La Biblia revela a Dios y se presenta como su Palabra. En ella encontramos un conocimiento perfecto del hombre y la demostración de que el ser humano está perdido, lejos de Dios. A los que se reconocen como tales, ella ofrece el perdón del Dios de amor. Esta Palabra divina es “viva y eficaz”, siempre tiene un efecto sobre el que la lee; da gozo, paz y certezas al creyente. Es una “lámpara” en su camino.

La Biblia no es propiedad de un pueblo, de una iglesia, de una religión; ella se dirige a todos, instruidos o ignorantes, pobres o ricos, jóvenes o viejos. “Dios es amor” (1 Juan 4:8) y “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Su Palabra es la verdad (Juan 17:17).

Oseas 7-8 – 2 Corintios 13 – Salmo 107:10-16 – Proverbios 24:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tres estados, tres personas

Martes 24 Septiembre

Yo soy el Señor vuestro Dios, y no hay otro.

Joel 2:27

Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

1 Timoteo 2:5

Tres estados, tres personas

A unos adolescentes que tenían dificultad para concebir un Dios único en tres personas, se les habló de los tres estados del agua. La lluvia es agua. Cuando se congela y se convierte en hielo, sigue siendo agua bajo otra forma. Y cuando se evapora para formar las nubes, aún es agua. ¿Cómo no sorprenderse que formas tan diferentes como un líquido, el hielo o el vapor sean siempre agua?

Esta comparación es limitada, pero la Biblia dice claramente que Dios es único. No hay otro sino él, y cualquier otro dios no es más que una invención humana. Dios revela plenamente que él es perfectamente uno en tres personas distintas:

– Dios el Padre. Padre de nuestro Señor Jesucristo (“el Padre ama al Hijo”; Juan 3:35), también es el Padre de los creyentes, a quienes ama como sus hijos. Él es la fuente de todo bien, de toda vida.

– Dios el Espíritu Santo. Revela a Dios a todo hombre por medio de Jesucristo. Habita en los creyentes, obra en este mundo.

– Jesucristo, “el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:5). Vino a la tierra en forma de hombre para revelar a Dios como Padre. Dio su vida para perdonar nuestros pecados.

Dios manifestado en tres personas distintas sigue siendo un misterio inescrutable para nuestros espíritus limitados. Recibir esta revelación con fe, es decir, creyendo, porque Dios es verdad, conduce a conocerlo a él y lo que él da gratuitamente.

Oseas 5-6 – 2 Corintios 12 – Salmo 107:1-9 – Proverbios 24:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

No pondré delante de mis ojos cosa injusta.

Lunes 23 Septiembre

No pondré delante de mis ojos cosa injusta.

Salmo 101:3

Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu.

Job 10:12

¿Qué miramos?

«Ciertas películas son más que simples diversiones… Trasmiten una idea, una duda, una angustia, incluso un nuevo miedo al espectador. Esta forma de contaminación las fortalece, y es lo que a menudo les permite no ser olvidadas».

Esta observación de un crítico de cine debería motivarnos a tener cuidado con nuestro entorno moral. Nuestra salud puede estar comprometida o mejorada por el aire que respiramos; de la misma manera, nuestro espíritu es sensible a lo que leemos, escuchamos o vemos. La fuente de nuestros pensamientos puede estar contaminada. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”, nos dice la Palabra de Dios (Proverbios 4:23). Muchos espectáculos, libros, e incluso programas educativos presentan escenas donde el pecado sirve de centro de interés, incluso de placer malsano. ¿Quién es su instigador? “El impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño” (Salmo 7:14).

Cristianos, sigamos este consejo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15).

¿Cómo respirar un aire puro? “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1-2).

Leyendo y meditando regularmente la Biblia, fortaleciéndose en la comunión con Dios mediante la oración, el creyente puede permanecer con buena salud espiritual. Cuidemos nuestro espíritu, no lo expongamos a la contaminación.

Oseas 3-4 – 2 Corintios 11:16-33 – Salmo 106:40-48 – Proverbios 23:29-35

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La refinación

Domingo 22 Septiembre

Tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se afina la plata…

Salmo 66:10

Sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego.

1 Pedro 1:7

La refinación

Cuanto más puro sea un metal precioso, más grande es su valor. En la naturaleza, la mayoría de las veces estos metales se encuentran bajo una forma compuesta o asociados a otros materiales menos nobles. Por eso el oro y la plata son sometidos al proceso de refinación y fundidos a altas temperaturas. Esta operación permite separar los diferentes elementos, preciosos o comunes.

La Biblia utiliza esta imagen en varias ocasiones. Dios puede someternos a una prueba para poner en evidencia, en nosotros, lo que es para su honra y lo que no lo es. Esas pruebas pueden ser dolorosas, pero serán provechosas en la medida en que comprendamos que Dios quiere acercarnos a él y quitar de nuestra vida todo lo que no concuerda con las exigencias de su santidad.

La imagen de la refinación también es empleada en relación con la Palabra de Dios. Las palabras del Señor son puras y perfectas. Son comparadas a la “plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces” (Salmo 12:6).

El Señor Jesús mismo, quien vino como hombre a la tierra, era perfectamente puro y santo. Podía decir a Dios: “Tú has probado mi corazón… me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmo 17:3). Todos los sufrimientos a los cuales Cristo fue sometido no hicieron más que confirmar su pureza perfecta. ¡Bendito sea Dios por habernos dado tal Salvador!

Oseas 1-2 – 2 Corintios 11:1-15 – Salmo 106:32-39 – Proverbios 23:26-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Quién tiene razón, ¿Dios o yo?

Sábado 21 Septiembre

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Juan 3:36

Quién tiene razón, ¿Dios o yo?

Si nuestras aptitudes o capacidades personales pudieran darnos acceso al cielo, Dios no hubiera dicho: “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda… no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12).

Si pudiéramos adquirir la salvación eterna por nuestras propias obras, Dios no hubiera dicho: “Por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Si pudiéramos ser salvos respetando los diez mandamientos, Dios no hubiera dicho: “Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Romanos 3:20).

Es imposible comprar la salvación de nuestra alma. Dios nos dice: “Fuisteis rescatados… no con… oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).

Si pudiéramos mejorarnos mediante nuestros esfuerzos personales, Dios no hubiera dicho: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9).

Si nuestra salvación dependiera de nosotros mismos, cuando sus discípulos le preguntaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”, el Señor Jesús no hubiera respondido: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (Marcos 10:26-27).

Todos los creyentes que han puesto su confianza en Jesucristo son “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).

Es Dios quien tiene la razón. ¿Por qué no estar de acuerdo con él?

2 Crónicas 36 – 2 Corintios 10 – Salmo 106:28-31 – Proverbios 23:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Dos montes

Viernes 20 Septiembre

Los llevó… a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Mateo 17:1-2

Dos montes

En los evangelios, dos escenas muy diferentes de la vida del Señor se desarrollaron en un monte.

Acompañado por tres de sus discípulos, Jesús subió a un monte apartado, llamado el monte de la transfiguración. Allí se transfiguró y apareció con vestidos de una extrema blancura, hablando con dos grandes hombres de la historia de Israel: Moisés, el conductor a través del cual Dios dio la ley, y Elías el profeta (Mateo 17:1-8). El tema de su conversación era la inminente muerte de Jesús. Dios declaró a los tres discípulos presentes en la escena: “Este es mi Hijo amado… a él oíd”.

Más tarde su cruz fue levantada en el monte Gólgota (Marcos 15:22-39). Jesús se dejó coronar de espinas, se burlaron de él, lo injuriaron, lo golpearon. Hombres malvados e injustos lo clavaron en esa cruz.

¡Qué contraste! En el primer caso la voz de Dios resonó en medio de la nube para dar gloria a su Hijo. En el Gólgota, densas tinieblas cubrieron toda la escena, desde el mediodía hasta las tres de la tarde. Jesús, el justo castigado por los injustos, solo y abandonado, clamó en la oscuridad: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Al final de esas terribles horas, cuando el Señor Jesús llevó nuestros pecados, resonó ese clamor: “Consumado es”, y: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).

Jesús, quien fue en otro tiempo el “varón de dolores”, sometido al sufrimiento, hoy está “coronado de gloria y de honra”, y un día todos doblarán la rodilla delante de él (Filipenses 2:10).

2 Crónicas 35 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?

Jueves 19 Septiembre

El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?

Salmo 94:9

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás.

Job 42:3-4

¡Hay demasiado mal en esta tierra!

–Hay tantas guerras y sufrimientos en esta tierra, que no puedo creer que Dios exista.

–¿Usted está en contra de la violencia?

–¡Por supuesto!

–Usted piensa que el bien existe, y prefiere el bien al mal.

–¡Sin ninguna duda!

–¿Cómo hace para diferenciar el bien del mal?

–¡Pues, confiando en mis sentimientos!

–En ciertas culturas las personas aman a sus semejantes, en otras se comían unos a otros. En ambos casos la gente se basa en sus sentimientos. ¿Cuál prefiere?

–¡Evidentemente, prefiero a los que aman a su prójimo!

–Si los sentimientos no son suficientes para diferenciar el bien del mal, usted debe admitir la existencia de una ley moral que le permite escoger entre el bien y el mal. Sin ley moral no hay noción de bien ni de mal. Y esta ley moral exige que alguien la haya establecido, ¡ella exige un legislador moral!

Si está agobiado por la existencia de guerras, ¿no cree que es Dios quien ha puesto en su corazón esa ley moral?

–Entonces, ¿cómo conocer más esta moral divina y a Dios mismo?

–Hable a Dios mediante la oración; escúchelo, leyendo la Biblia, ella es la Palabra de Dios. Si él le ha dado esta noción del bien y del mal, también quiere enseñarle otra cosa sobre el sentido de su vida. ¡Él quiere tener una relación personal con usted!

2 Crónicas 34 – 2 Corintios 8 – Salmo 106:19-23 – Proverbios 23:22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Escuchar a Dios

Miércoles 18 Septiembre

(Jesús dijo:) El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.

Juan 4:14

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Lucas 11:9-10

Escuchar a Dios

Todos hemos experimentado, en un momento u otro, el vacío en la agitación de este mundo. Nos sentimos como desfasados, e incluso manipulados por los movimientos políticos o sociales que nos superan y cuyos lemas suenan falsos. Quisiéramos escuchar palabras que no sean solamente deslumbrantes o aduladoras. Esperamos un mensaje nuevo, pero verdadero, que hable a nuestro corazón.

Cansados por un mundo de apariencias, buscamos la verdad. Tenemos una sed de verdad, necesidad dolorosa, pero que tiene esperanza. En efecto, Jesús nos ha dado esta bendita promesa: “Buscad, y hallaréis”. Cada uno puede escuchar, no su propia voz, ni la de los demás, sino la voz de Dios trasmitida por medio de la Biblia. Porque solo él puede responder a nuestras profundas necesidades, saciar nuestra sed. Su Palabra es la verdad.

Pero no busquemos a Dios mediante los múltiples caminos que nos son propuestos hoy en día. La práctica escrupulosa de ritos religiosos no nos lo hará encontrar, y mucho menos la senda peligrosa de las numerosas sectas. No, la Biblia afirma que Jesús es el único camino por medio del cual podemos hallar a Dios.

Jesús es la fuente que colma el deseo de verdad y de paz interior que hay en cada uno. Él se nos revela cuando leemos la Biblia y oramos a Dios por medio de él. Y luego, si lo buscamos verdaderamente, entonces se cumplirá esa promesa del Evangelio: “Buscad, y hallaréis… El que busca, halla”.

2 Crónicas 33 – 2 Corintios 7 – Salmo 106:13-18 – Proverbios 23:19-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

No seas incrédulo, sino creyente.

Martes 17 Septiembre

No seas incrédulo, sino creyente.

Juan 20:27

Estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:31

Yo era nihilista (2)

«Decidí atacar la fuente de su creencia, dicho de otra manera, abrir la Biblia, leerla atentamente y levantar el catálogo de sus contradicciones. Una tarde, mientras la estaba leyendo con el objetivo de destruirla, repentinamente sentí una presencia que venía a mí y me decía: «Alexis, eres un pecador, pero te perdono porque te adopto como mi hijo a partir de hoy». Ese día de julio del año 2005 marcó el comienzo de mi conversión: reconocí a Dios al experimentar su presencia amorosa y misericordiosa.

Desde esa revelación y hasta mi bautismo, cambié mi relación con los demás, mi manera de ver el mundo, de pensar. Según mi amigo Mike, incluso mi mirada, hasta aquí sombría y atormentada, se transformó. Sin embargo, esta conversión marcó más el comienzo de mi búsqueda que su fin. Deseoso de dar un fundamento racional a la experiencia que había vivido, decidí consagrar mis estudios a las relaciones entre la razón y el cristianismo. Después de graduarme, expuse en oración esta alternativa: proseguir en el camino académico, o mostrar a la gente los tesoros del pensamiento cristiano. El Señor me condujo en esta segunda dirección. Desde entonces me esfuerzo por recordar que si Dios se revela a través de la experiencia, también lo hace mediante la razón. ¿Cómo, en efecto, puede uno amar a una persona sin tratar de conocerla, de comprender quién es?».

Alexis

Si a veces Dios se deja descubrir por medio de la experiencia o la razón, solo la fe nos permite conocer plenamente la revelación de Dios en Jesucristo.

2 Crónicas 32:20-33 – 2 Corintios 6 – Salmo 106:6-12 – Proverbios 23:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Nuestros patrones de pensamiento

Domingo 15 Septiembre

Muchos, oyéndole (a Jesús), se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?… Y se escandalizaban de él.

Marcos 6:2-3

Nuestros patrones de pensamiento

He aquí una persona que hacía milagros extraordinarios: sanaba a los enfermos, echaba fuera los demonios, resucitaba a los muertos… Esos milagros no tenían como fin sorprender o producir admiración. Por cierto, demostraban el amor de Dios a los hombres, pero, ante todo, confirmaban que Jesús era el Mesías prometido anunciado por los profetas, pero también era el Hijo de Dios.

Entonces, ¿por qué los judíos se escandalizaron respecto a él? Jesús no frecuentó la escuela de los rabinos ni fue contado en la élite intelectual de la época. Su humildad voluntaria fue un obstáculo para la comprensión de sus contemporáneos. Un carpintero, capaz de realizar tales milagros y enseñanzas, ¡no era posible! Esos judíos tenían su manera de ver las cosas, un modelo de pensamiento coherente con su tradición. Los milagros de Jesús eran reales, pero los judíos rehusaban reconocer su origen divino porque esto chocaba contra lo que ellos siempre habían creído y pensado.

Hoy muchas personas se han formado su patrón de pensamiento, el cual no es otro que el pensamiento del momento. Por ejemplo, creen que el hombre es el resultado de la evolución de una célula primitiva aparecida en la tierra por azar. Y, como en el tiempo de Jesús, rechazan la evidencia de la creación: la coherencia del universo, la precisión de las leyes que lo rigen, la belleza de la naturaleza, todo lo que sobreentiende la existencia de un Creador. Aún hoy debemos elegir entre nuestros propios esquemas de pensamiento y lo que Dios ha manifestado con tanta evidencia y claridad.

2 Crónicas 31 – 2 Corintios 4 – Salmo 105:37-45 – Proverbios 23:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch