El cristianismo en diez lecciones

Sábado 14 Septiembre

Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.

1 Corintios 8:2

Los que creen en su nombre (el de Jesús)… no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Juan 1:12-13

El cristianismo en diez lecciones

Mariana y Julia son buenas compañeras en la universidad. Mariana es cristiana, Julia no lo es. Julia quiere mucho a su amiga y decide volverse cristiana. Hace preguntas a Mariana, se interesa en su fe, le indaga sobre la Biblia. Por último decide acompañarla a la iglesia. Julia es sincera y trata de comprender verdaderamente. Sin embargo, algo no está bien…

Julia trata de volverse cristiana con su mente. Quisiera asimilar una clase de «cristianismo en diez lecciones», y adherirse intelectualmente a él. Pero su corazón y su conciencia no están implicados en su búsqueda, ella no tiene sed. Un curso de química sobre la estructura de la molécula de agua es interesante, pero ¡es necesario tener sed para apreciar un vaso de agua!

El verdadero cristianismo no se aprende con la cabeza, como una lección, él transforma profundamente desde el interior. Nicodemo, hombre instruido, abordó a Jesús. Y el Señor, dejando de lado su saber, en pocas palabras le enseñó que para entrar en el reino de Dios es necesario nacer de nuevo (Juan 3:7).

Volverse cristiano es convertirse en un nuevo ser, recibir una nueva naturaleza directamente de Dios. Ningún esfuerzo intelectual puede producirlo. El estado de mi conciencia es el que está en juego. ¿Reconozco delante de Dios que necesito su perdón? Él está presto a concedérmelo y perdona a todos los que creen en el nombre de Jesús. Sí, el que cree en él tiene vida eterna (Juan 3:16).

2 Crónicas 30 – 2 Corintios 3 – Salmo 105:23-36 – Proverbios 23:12

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Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros

Viernes 13 Septiembre

El Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.

Juan 1:1, 14

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Mateo 1:23

En él (Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.

Colosenses 2:9

Pregunta en suspenso

El rey Salomón, conocido por su gran sabiduría, construyó un magnífico templo para Dios. Con motivo de su inauguración, sorprendido por la grandeza de Dios, Salomón exclamó: “¿Es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (1 Reyes 8:27).

La pregunta de Salomón permanecerá mucho tiempo sin respuesta. Pero mil años más tarde, en la ciudad de Belén, la virgen María trajo al mundo al niño Jesús, Dios “manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). En ese niño, Dios el Hijo vino a habitar en la tierra. Él nos revela su amor por sus criaturas y su deseo de estar presente con ellas. La pregunta recibe así una respuesta maravillosa.

Hoy Jesús ya no está en la tierra, él murió, resucitó y subió al cielo. Por haber dado su vida en la cruz, su sangre purifica de todo pecado al que cree en él. Así, ahora Dios puede morar, por su Espíritu, en cada creyente en la tierra, como en un templo (1 Corintios 6:19). Y, todos juntos, los creyentes constituyen la casa de Dios, una “morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).

Por último, cuando el mundo actual haya dado lugar a nuevos cielos y una nueva tierra, leemos: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos” (Apocalipsis 21:3). Dios habitará eternamente con todos los redimidos por la sangre de Jesús.

2 Crónicas 29 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11

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¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Jueves 12 Septiembre

¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Juan 9:35

¿Qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro.

Romanos 4:3, 24

Creer en Dios o creer a Dios

– ¿Cómo comprender estas dos expresiones: creer en Dios y creer a Dios?

– Creer en Dios significa primero creer en su existencia. Creer que el mundo no es producto del azar, que hay una voluntad inteligente que creó todo. Pero en la Biblia, creer en Dios significa mucho más. Es aceptar que Dios es el Dios viviente que gobierna el mundo y juzgará a cada ser humano.

Sin embargo, creer en Dios no es suficiente para entrar en relación con él. El hombre rompió esta relación queriendo vivir independiente de su Creador. Para volver a hallar esta relación, es necesario creer a Dios.

–Creer a Dios (o creer lo Dios dice) es aceptar que él me amó creándome a su imagen. Es confiar en él y aceptar lo que él me dice en la Biblia para mi bien, en particular que mi independencia respecto a mi Creador es la fuente de todas mis desobediencias. Pero mientras yo estaba sin esperanza de retorno a él, él vino a salvarme por medio de Jesucristo. Creer esto me conduce al arrepentimiento, a confesar el pecado que mora en mí, a desear ser liberado y a cambiar de vida. Esto también me lleva a clamar al Señor para ser liberado, a recibir gratuitamente su perdón y su amor.

Entonces puedo creer a Dios, no solamente para ser salvo, sino también para vivir cada día en relación con él, porque él se ha convertido en mi Padre. Plenamente persuadido de que él ha dicho la verdad en su Palabra, puedo confiar en sus promesas: ¡él tiene cuidado de mí, él me ama!

2 Crónicas 28 – 2 Corintios 1 – Salmo 105:7-15 – Proverbios 23:6-8

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El libro que habla de Dios

Miércoles 11 Septiembre

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Juan 17:3

(Jesús dijo:) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre… yo soy en el Padre, y el Padre en mí.

Juan 14:9-10

El libro que habla de Dios

Los libros que hablan de Dios son numerosos en los estantes de las bibliotecas. Los autores más diversos se han expresado sobre este tema. Además, cada uno de nosotros tiene la tendencia a hacerse su pequeña idea sobre Dios y a estar satisfecho con ello. Pero, ¿quién puede realmente hablar de Dios? Ninguna de sus criaturas tiene la capacidad de representárselo. Solo él puede revelarnos lo que él es realmente. «Solo Dios habla bien de Dios», decía el sabio Blaise Pascal. Y lo hace por medio de Jesucristo, en su Palabra escrita, la Biblia, el Libro.

La Biblia no nos autoriza a imaginar a Dios según nuestros pensamientos y deseos. Al contrario, nos pide que aceptemos humildemente lo que Dios nos enseña respecto a él.

Ella nos lo muestra como el único Dios verdadero. El Dios Creador y Gobernador del cielo y de la tierra, del universo visible e invisible. El Dios todopoderoso, Señor de la historia de la humanidad y de la de cada individuo, el Dios santo que ningún ojo ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:16). El Dios a quien debemos la existencia y la vida. El Dios Salvador, quien tomó forma de hombre, fue crucificado y resucitó por nosotros. El Dios vivo que obra en todo el mundo y habita en cada una de sus criaturas. Es el Dios inaccesible en su gloria, y al mismo tiempo cercano a nosotros en Jesucristo. Él es el Dios de luz y el Dios de amor, el Dios de toda consolación y el Dios de esperanza.

2 Crónicas 27 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5

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Caminar sobre las aguas

Martes 10 Septiembre

Descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y… dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Mateo 14:29-31

Caminar sobre las aguas

Los discípulos de Jesús estaban solos en la barca azotada por las olas, sin esperanza de socorro. El Señor iba hacia ellos caminando sobre las aguas, ¡pero ellos no parecían reconocerlo!

Sin embargo Jesús se acercó, y Pedro, indeciso, le dijo: “Si eres tú, manda que yo vaya a ti”. Jesús le dijo: “Ven”. Pedro confió en el Señor: a pesar del peligro, dejó la barca y comenzó a caminar sobre las aguas.

Pero tan pronto apartó sus ojos de Jesús, comenzó a hundirse. Entonces clamó al Señor, como Dios nos anima a hacerlo: “Invócame en el día de la angustia” (Salmo 50:15).

Aquí Pedro experimentó la omnipotencia del Señor, quien acude en nuestra ayuda a pesar de nuestras dudas. Jesús respondió inmediatamente a su clamor de angustia, aunque le reprochó afectuosamente su débil fe.

Nuestra vida con el Señor se parece a la de Pedro. Muy a menudo una fe valerosa da lugar a la duda. El Señor no cambia. No nos desanimemos. En su presencia, aprendamos a contar con él humildemente. Experimentar sus liberaciones nos hará más apacibles. Pongamos nuestra confianza solo en Dios, sin dudar de su poder.

Jesús conoce nuestros momentos de angustia,

Nos tiende los brazos y calma nuestra turbación.

Su reproche está mezclado de ternura

Cuando nos dice: ¿Por qué no tienes fe?

2 Crónicas 26 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3

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Firme en la fe

Lunes 9 Septiembre

Así dice el Señor, Creador tuyo:… No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán.

Isaías 43:1-2

Firme en la fe

Cuando el ferri Estonia zozobró en el mar Báltico el 28 de septiembre de 1994, 852 personas hallaron la muerte. Solo 137 pasajeros fueron salvos. La investigación sobre las causas del accidente no ha concluido.

Uno de los sobrevivientes era un joven cristiano sueco. Su camarote estaba situado en una de las cubiertas inferiores del barco. Cuando la embarcación comenzó a hundirse, corrió a la parte superior de la escalera. El agua ya entraba a raudales. Tomándose apenas el tiempo de ponerse su chaleco salvavidas, se lanzó inmediatamente al agua. Rápidamente pudo alcanzar el bote salvavidas más cercano, y logró subir a bordo a otros tres náufragos.

Durante todo ese tiempo, a pesar de su agotamiento, una oración continua subía de su corazón a Dios. Al cabo de dos horas, el bote fue localizado por un buque noruego. Después del salvamento, ese joven declaró: «Yo hablaba continuamente con Dios, por eso me sentía en seguridad. Si me hubiese ahogado, aún hubiera estado con Dios».

Más tarde se le preguntó si el accidente no había cuestionado su fe en Dios. Y él respondió: «No podemos hacer a Dios responsable de ese accidente. No fue él quien lo causó. No, mi fe en Dios no tambaleó en absoluto. Al contrario, ¡yo sé que él me cuidó!».

Incluso cuando la situación es crítica, Dios siempre está con los que ponen su confianza en él, con los que se han convertido en sus hijos por la fe en Jesucristo. Y también frente a la muerte.

2 Crónicas 25 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29

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Amados, ahora somos hijos de Dios.

Domingo 8 Septiembre

Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:2

Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Mateo 6:8

No os afanéis… vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Mateo 6:31-32

A su cargo

Si usted tiene un hijo pequeño, lo cuida naturalmente sin que haya necesidad de pedírselo, en una relación feliz, basada en el amor y la confianza. Un hijo que se mostrara inquieto y desconfiado, a pesar de los cuidados que usted le prodiga, le causaría tristeza y preocupación, con justa razón.

Nuestros hijos, mientras son pequeños, están a nuestro cargo, dependen enteramente de nosotros. Nos ocupamos de ellos simplemente porque son nuestros hijos y los amamos. Nos gusta verlos felices y confiados.

Los cristianos, por la fe en Jesús, hemos recibido la vida divina y nos hemos convertido en hijos de Dios (Juan 1:12). Dios tiene cuidado de nosotros como un Padre. Sin embargo, ¡a menudo nos comportamos con él como si no confiáramos en sus cuidados! Nuestro Padre celestial, ¿será menos fiel que un padre humano?

No seamos cristianos intranquilos que viven con miedo a lo que pueda sucederles. No imaginemos a Dios como un Padre severo, ni temamos acercarnos a él; disfrutemos apaciblemente su amor, como sus hijos amados (Efesios 5:1).

En lugar de angustiarnos por todos los detalles de la vida cotidiana, echemos todas nuestras preocupaciones sobre nuestro Dios, quien tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7).

Hijos de Dios, yo soy «hijo a cargo» de un Padre amoroso y todopoderoso. ¿Qué más necesito?

2 Crónicas 24 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28

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Culpable pero perdonado

Sábado 7 Septiembre

La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 6:23

Por gracia sois salvos por medio de la fe… pues es don de Dios.

Efesios 2:8

Culpable pero perdonado

Se cuenta que un soldado del ejército imperial fue condenado a muerte por haber cometido una falta muy grave. Su madre fue a implorar la gracia de Napoleón. Él le respondió que la justicia exigía la condena a muerte de su hijo.

–Yo no pido justicia, dijo la madre, ¡solo imploro su gracia!

–Su hijo no merece ninguna gracia, replicó Napoleón.

–Sir, dijo la madre, ¡no sería gracia si él la mereciera!

–Conmovido por este argumento, el emperador pronunció las palabras tan esperadas: «Entonces quiero hacerle gracia». Y la vida del soldado fue perdonada.

Esta anécdota pone en evidencia lo que es la gracia: un favor inmerecido respecto a los culpables. Sin embargo, la gracia de Dios no descansa sobre una decisión arbitraria. Ella se basa en el sacrificio de Cristo, quien llevó sobre sí mismo el castigo que nosotros merecíamos. ¿A quién se dirige? ¡A todos! Porque todo hombre comete faltas que merecen la condenación de Dios. Todos estamos condenados porque todos somos pecadores, tal es la ley de un Dios justo y santo.

Entonces, ¿cómo beneficiarnos de la gracia de Dios? Esta gracia no se puede obtener mediante nuestros esfuerzos ni méritos personales. Es el regalo de Dios para todos los que reconocen que son culpables ante él y merecen ser castigados. Esta gracia se obtiene por la fe en la obra de Jesucristo. Dios “cargó en él el pecado de todos nosotros… Por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:6, 5).

2 Crónicas 23 – 1 Corintios 14:1-19 – Salmo 104:5-13 – Proverbios 22:26-27

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¿Quién es Jesucristo para usted?

Viernes 6 Septiembre

La verdad… está en Jesús.

Efesios 4:21

Todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

Lucas 19:48

¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!

Juan 7:46

¿Quién es Jesucristo para usted?

¿Quién es Jesucristo? ¿Un judío, un simple carpintero, quien solo hizo el bien y sin embargo fue condenado a muerte y crucificado? Es innegable que este Hombre dejó una huella única en la historia del mundo. Para algunos él es un Sabio, para otros es un Maestro, para otros un Profeta. Jesús, viniendo de un pueblo sin importancia en Israel, vivió en la pobreza. Jamás escribió un libro ni trató de imponerse ante los demás. Sin embargo se convirtió en la persona más conocida de la historia. Mucha gente, hoy como entonces, está dispuesta a seguirle, incluso al precio de su vida.

En el curso de los siglos, innumerables hombres, mujeres y niños han reconocido que Jesús es mucho más que un simple maestro o profeta. Han escuchado su mensaje y han respondido a su llamado. Lo han reconocido como verdadero Dios y verdadero Hombre, perfecto en amor y en verdad. Han aceptado que solo él puede librarlos de su miseria moral. La vida y la muerte de Jesús, su resurrección y su mensaje, han abierto una nueva perspectiva en su vida.

Todos podemos conocer a Jesucristo. Él nos ama. Por eso no nos dice simplemente lo que deseamos oír, sino más bien lo que debemos oír. Él quiere salvarnos, no condenarnos. ¡Lea el Evangelio, la buena nueva que él nos dirige! Crea en Jesucristo.

Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10:14-15).

2 Crónicas 22 – 1 Corintios 13 – Salmo 104:1-4 – Proverbios 22:24-25

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Alguien está detrás del muro

Jueves 5 Septiembre

Señor, tú me has examinado y conocido… Has entendido desde lejos mis pensamientos… Aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Señor, tú la sabes toda… Me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica.

Salmos 139:1-4; 66:19

Alguien está detrás del muro

Desde hace algún tiempo Jonatán tiene dificultades para orar. En lugar de sentir que Dios lo escucha, tiene la impresión de hablar a un muro. Su padre lo animó diciéndole: «Puedes estar seguro de que detrás del muro hay Alguien que te escucha».

Cristianos, tal vez esta también sea nuestra experiencia. Cuando oramos, a veces sentimos la presencia de Dios. Pero también hay momentos en los cuales tenemos la impresión de que no hay nadie… No nos dejemos turbar. “Por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). La fe no es del dominio de los cinco sentidos…

El rey David se dirigió a Dios con estas palabras: “Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne” (todo hombre) (Salmo 65:2). Por la fe creamos que Dios nos escucha, porque lo prometió. Nuestras impresiones son fluctuantes, pero Dios siempre es el Mismo. En el Salmo 139 David tiene conciencia de que Dios lo ve, a donde quiera que vaya, y que sabe lo que él piensa o lo que va a decir, incluso antes de que abra la boca. Dios está en todas partes, nuestra oración no puede pasar desapercibida para él.

Ciertamente, el gozo y la paz que experimentamos en la oración están unidos a nuestro estado interior, y a veces es necesario confesar a Dios nuestro mal estado, para volver a hallar una relación feliz con él. Pero es imposible que nuestra oración escape a Dios, quien conoce hasta el fondo nuestros pensamientos más secretos… Pensemos en la respuesta dada a Jonatán: ¡Hay Alguien detrás del muro!

2 Crónicas 21 – 1 Corintios 12 – Salmo 103:19-22 – Proverbios 22:22-23

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