La obra del Espíritu Santo – Parte 2

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Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 17/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 2

Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

La semana pasada, cuando estudiamos la obra Espíritu Santo, terminamos hablando de su obra regenerativa, para producir el nuevo nacimiento.

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ez. 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Para el cristiano, es un dulce recordatorio de que Dios es «rico en misericordia»[1]. Como dice el himno:

«En rumbo a mi perdición indiferente aún

De mí tuviste compasión

Me guiaste a la cruz

Y contemplé tu gran bondad

Sufriste tú por mí

Al tú morir en mi lugar

Tu gracia recibí»[2].

No buscamos a Dios por ninguna superioridad moral: estábamos espiritualmente muertos (Efesios 2:1). No recibimos lo que merecíamos, recibimos su misericordia.

Este es un recordatorio útil para el evangelismo también. Nadie se convierte en cristiano por ser un apologista brillante o porque las circunstancias de la vida de esa persona son las correctas. La tarea del evangelismo es caminar hacia un cementerio espiritual y resucitar a los muertos. Ninguno de nosotros puede hacer eso por nosotros mismos, es una obra hecha por el Espíritu de Dios, y solo por él. Entonces compartimos el evangelio, amamos y oramos.

Cuando el Espíritu de Dios le da un nuevo corazón a un individuo, cuando una persona pasa de estar espiritualmente muerta a estar viva, es sensible a la obra de convicción del Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en la vida del creyente

A. Convicción

La Biblia nos dice que el Espíritu Santo convencerá al mundo de pecado, en Juan 16:7, Jesús dice: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado».

Para ayudarnos a entender cuál es la convicción de pecado, podemos ver lo que no es. En primer lugar, no es simplemente una conciencia culpable o incluso una vergüenza por el pecado. Tales sentimientos son experimentados naturalmente por casi todos. Pero esta no es la verdadera convicción de pecado.

En segundo lugar, la convicción de pecado no es una sensación de inquietud o un presentimiento de un castigo divino. Estos sentimientos también se experimentan comúnmente en los corazones y las mentes de los pecadores. Pero, nuevamente, la verdadera convicción de pecado es algo diferente.

En tercer lugar, la convicción de pecado no es solo conocimiento de lo correcto y lo incorrecto; no es un asentimiento a las enseñanzas de la Escritura acerca del pecado. Muchas personas leen la Biblia y son plenamente conscientes de que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Pueden saber que «ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios» (Efesios 5:5). Incluso pueden estar de acuerdo en que «los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios» (Salmo 9:17). Sin embargo, a pesar de todo su conocimiento, siguen viviendo en pecado. Ellos entienden las consecuencias, pero están lejos de ser convencidos de sus pecados.

La verdad es que si no experimentamos nada más que una punzada de conciencia, ansiedad ante el pensamiento de juicio o una conciencia académica del infierno, entonces nunca hemos conocido realmente la convicción de pecado. Entonces, ¿cuál es la convicción real de la que habla la Biblia?

La palabra convencer es una traducción de la palabra griega elencho, que significa «persuadir a alguien de la verdad; reprobar; acusar, refutar o interrogar a un testigo». Y eso describe la obra que el Espíritu Santo hace para lograr la convicción del pecado. El Espíritu Santo actúa como un fiscal que expone el mal, reprende a los malvados y convence a las personas de que necesitan un Salvador.

Esto es exactamente lo que vemos que sucede en Hechos después del día de Pentecostés. Pedro predica, y en Hechos 2:37: «Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?». A lo que Pedro responde: ¡Arrepiéntanse! ¡Crean! Aléjense de sus viejos caminos y recibirán el don del Espíritu Santo.

No podemos hacer que los demás se sientan convencidos de su pecado. Algunos de nosotros necesitamos escuchar esto ya que quizá hemos pensado lo contrario. Eso no significa que no debemos decir la verdad en amor unos a otros, significa que no tenemos el control de los resultados de nuestras palabras. En cambio, necesitamos confiar en Dios en oración.

Así que, por ejemplo, en las instrucciones de Pablo en 2 Timoteo 2:24, escribe: «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido;  que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad». ¿Quién otorga el arrepentimiento? ¿Quién trae convicción y se mueve en el corazón del oyente? Es Dios el Espíritu Santo. Nosotros simplemente somos los carteros. Traemos la Palabra de Dios y luego oramos confiando en su obra para transformar los corazones. Y porque Dios es quien obra, nadie está fuera de su alcance.

La verdadera convicción es la influencia del Espíritu Santo en la vida de la persona no salva que la llevará a darse cuenta de que es culpable, que Dios es justo, y que todos los pecadores merecen juicio. Una vez que un pecador ha despertado a la gran necesidad de su alma, el Espíritu lo llevará a Cristo, el único Salvador y refugio del juicio (Juan 16:14). En todo esto, el Espíritu usa su «espada», la Palabra de Dios (Efesios 6:17), y el resultado es un corazón regenerado. «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

B. Unión con Cristo

Una segunda bendición es la unión del creyente con Cristo. En ese día cuando llegue el Consolador, Jesús dice en Juan 14:20, te darás cuenta de que yo estoy en el Padre, tú estás en mí, y yo estoy en ti. La obra del Espíritu es llevarnos a la unión con Cristo. Ya no solo Cristo mora entre nosotros, como lo hizo con los discípulos, sino que habita en nosotros por el Espíritu.

Esto es importante; de ​​hecho, el rol central del Espíritu es revelar a Cristo y unirnos a él con todos los que participan de su cuerpo[3]. ¡La frase «en Cristo» aparece unas 160 veces en los escritos de Pablo en el Nuevo Testamento!

En el Nuevo Testamento encontramos literalmente cientos de referencias a la unión del creyente con Cristo. Para citar solo algunos ejemplos, los creyentes son creados en Cristo (Efesios 2:10), crucificados con él (Gálatas 2:20), sepultados con él (Col. 2:12), bautizados en Cristo y su muerte (Ro. 6: 3), unidos a él en su resurrección (Romanos 6:5), y están sentados con él en los lugares celestiales (Efesios 2:6); Cristo es formado en los creyentes (Gálatas 4:19) y mora en nuestros corazones (Efesios 3:17); la iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Corintios 6:1512:27); Cristo está en nosotros (2 Corintios 13:5) y nosotros estamos en él (1 Corintios 1:30); la iglesia es una sola carne con Cristo (Efesios 5:31-32); los creyentes obtienen a Cristo y se encuentran en él (Filipenses 3:8-9).

Además, en Cristo somos justificados (Ro. 8:1), glorificados (8:30), santificados (1 Corintios 1:2), llamados (1:9); hechos vivos (Efesios 2:5), creados de nuevo (2 Corintios 5:17), adoptados (Gálatas 3:26), y escogidos (Efesios 1:4-5). ¡Uf! ¡Todo esto sin referencia a los Evangelios y a las cartas de Juan! Basta decir que la unión con Cristo es una convicción del evangelio absolutamente fundamental de los apóstoles, preciada para ellos porque era tan preciada para su Señor.

¿Como sucedió esto? En Isaías 59:2, se nos dice que nuestro pecado ha «hecho división entre vosotros y vuestro Dios». Ante dicha situación, no hay esperanza para nosotros cuando estamos frente a Dios. Esa es una de las bellas realidades del evangelio: sabemos que Cristo vivió la vida perfecta que nosotros no pudimos vivir. El primer Adán falló (y cada descendiente después de eso, incluyéndote a ti y a mí); pero el segundo Adán, Cristo tuvo éxito.

Cuando Jesús fue bautizado en Mateo 3, el Padre dijo: este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Lejos de estar separado de Dios, Jesús complació al Padre en todos los sentidos. Luego murió una muerte no porque mereciera morir, sino que murió como un sustituto, un sacrificio para expiar el pecado de los demás. Una de las preguntas centrales del Nuevo Testamento es: ¿Cómo recibimos los beneficios de la vida perfecta de Cristo y la muerte sustitutiva?

¿La respuesta? ¡Debemos estar unidos a Cristo! Esto sucede gracias a la fe, de manera que Pablo escribe en Efesios 2:8«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». Pero debemos ir un poco más allá. En 1 Corintios 12:13, Pablo escribe: «Porque por[4] un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu».

Cuando nos arrepentimos de nuestro pecado y confiamos en Cristo, el Espíritu nos une a Cristo por fe. El Espíritu aplica lo que el Hijo logró. La persona ya no está separada de Dios por el pecado, sino que está unida a Cristo, lo que significa que recibe todos los beneficios de su muerte y resurrección. Sorprendentemente, eso significa que Dios nos ve como ve a su Hijo, de quien estamos revestidos (Gálatas 3:27). Por tanto, cuando leas que el Padre dice: «Este es mi Hijo, en quien tengo complacencia»… ¡Él está diciendo eso de ti si estás en Cristo!

Esa es nuestra posición delante de Dios. Pero aún así, nuestra santidad práctica debe ser forjada en nuestra humanidad. Esto es lo que el ministerio de Cristo a través del Espíritu hace por nosotros. No solo aplica las bendiciones de la justicia de Cristo a nosotros (justificación), sino que también trae esos recursos para influenciar la vida de los creyentes. Lo que nos lleva al tercer aspecto de la obra del Espíritu en el cristiano individual…

C. Santificación

El Espíritu Santo trabaja en el acto de la regeneración para unirnos a Cristo a través de la fe, el objetivo de su obra es transformarnos a la semejanza de Cristo. Y el proceso de esa obra de transformarnos a la semejanza de Cristo es lo que el Nuevo Testamento describe como santificación. La palabra significa santificar.

Entiendo que la palabra santificación pueda sonar irrelevante para ti, pero consideremos una serie de escenarios en los que la santificación funciona para ver cuán vital y crucial es en la vida cristiana.

Supongamos que siempre has ocultado fuentes privadas de ingresos al completar tus declaraciones de impuestos. Luego crees en Jesucristo como Salvador y Señor y comienzas a decir la verdad en tus declaraciones de impuestos, eso es santificación. Supongamos que te la pasas criticando a tu cónyuge, y entonces la Palabra de Dios habla a tu conciencia, comienzas a señalar menos y a buscar maneras de mostrar respeto, eso es santificación. Supongamos que vives con tu novia y conoces a Jesucristo y tienes el coraje de mudarte, eso es santificación. Entonces, mientras que la regeneración se refiere al nacimiento, la santificación se refiere al crecimiento. Crecimiento en vivir fervientemente en obediencia a Dios.

Y este cambio, esta renovación moral de nuestras almas es una obra del Espíritu Santo. Considera lo que dice Pablo en 1 Corintios 6:11: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios».

Segundo, nuestro crecimiento en santidad, nuestra santificación es una obra divina: es el fruto del Espíritu, Pedro escribe en 2 Pedro 1:3«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder». ¡Es su divino poder!

Tercero, esta realidad del evangelio, esta obra divina no carece de esfuerzo. En cambio, el Espíritu de Dios mora en nosotros, trabaja y nos faculta para cumplir con nuestras responsabilidades. De manera que al escuchar el recordatorio de Pedro de que es el poder divino de Dios el que proporciona todo lo que necesitamos para la vida y la piedad no significa que no debemos hacer nada. El apóstol Pedro continúa escribiendo en 2 Pedro 1:5«vosotros también (porque el poder de Dios les ha dado todo [posición]), poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud…[5]».

Y el resultado del poder de Dios trabajando poderosamente a través de su Espíritu santificador es una vida llena de fruto. Recuerda lo que Pablo dice acerca del fruto que el Espíritu produce en la santificación.

Gálatas 5: 22-23 dice: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza». La vida llena del Espíritu es una en la que el Espíritu Santo está obrando en nosotros produciendo estos frutos. Si el rol central del Espíritu es revelar a Cristo y unirnos a él, entonces la meta principal del Espíritu es rehacernos a la imagen de Cristo.

D. Intercesión

Otra obra del Espíritu en nuestras vidas es la intercesión a nuestro favor la oración. La oración es una expresión de adoración y devoción, así como de necesidad personal. Por ello, considera lo que dicen las Escrituras, nadie puede llamar a Jesús ‘Señor’ excepto por el Espíritu. Pablo dice en 1 Co. 12:3: «Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo».

Del mismo modo, nadie puede llamar a Dios ‘Padre’ por ese mismo Espíritu. Pablo dice en Gálatas 4:6: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!».

Es el Espíritu el que actúa en nosotros para revelarnos a Jesús como Señor y a Dios como Padre. Así, cuando Pablo instruye a los creyentes a ‘orar en el Espíritu’ en Efesios 6:18, no está instruyendo a los cristianos a orar extáticamente o ininteligiblemente. No, ‘orar en el Espíritu’ es análogo a ‘andar en el Espíritu’. ‘Andar en el Espíritu’ se refiere a vivir toda la vida en conformidad con la Palabra de Dios. Por tanto, ‘orar en el Espíritu’ es orar de conformidad con la voluntad y el propósito del Espíritu. ¿Y dónde se revela la voluntad del Espíritu? En la Palabra de Dios. Calvino llamó ‘orar en el Espíritu’, «comprometerse a aferrarse a las promesas de Dios hasta que surtan efecto».

En otro nivel, la oración es una expresión de debilidad y necesidad. La afirmación más clara del rol del Espíritu en nuestra vida de oración se expresa en la carta de Pablo a los Romanos en el capítulo 8, cuando dice: «…el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles… porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos».

El creyente aquí es retratado como tan débil que la oración coherente es imposible. Se convierte en un gemido. Pero este gemido es una indicación de la presencia y el ministerio del Espíritu. Algunos cristianos piensan que esto se refiere a hablar en lenguas o a la expresión extática. La imagen aquí empleada, tiene que ver con algo más común en la vida cristiana. Es una imagen de absoluta debilidad y necesidad, donde el creyente es demasiado débil para expresar su necesidad de forma coherente.

Y la gran gracia del ministerio del Espíritu es que incluso cuando los cristianos son demasiado débiles para hablar con oraciones coherentes, él efectúa la determinación del Padre de reunir a sus hijos en sus brazos y atraerlos a sus propósitos.

Qué gloriosa verdad es esta. Cuando no sabemos lo que deberíamos pedirle a Dios en nuestras vidas como cristianos y cuando no sabemos lo que deberíamos pedirle como iglesia, el Espíritu Santo intercede por nosotros. De hecho, sabemos esto intuitivamente cuando pensamos en nuestra conversión. Antes de ser cristianos, no buscábamos a Dios. No sabíamos lo que necesitábamos. Pero el Espíritu intervino por nosotros. Él regenera, convence, y luego continúa intercediendo por nosotros.

Esos momentos en los que no tenemos palabras, estamos confundidos y no sabemos a dónde acudir, es en esos momentos que, por su gran compasión y bondad, el Espíritu intercede de acuerdo con la voluntad de Dios. El Espíritu ora por nosotros, no simplemente en nuestra debilidad, sino en nuestra ignorancia, llevándonos a la voluntad de Dios. Qué increíble realidad para reflexionar.

E. Seguridad

Finalmente, el Espíritu Santo nos asegura que pertenecemos a Dios. Romanos 8:16 dice: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios». Esta es la forma más elevada de seguridad cristiana. No puedes tener una mayor seguridad de que eres cristiano que en esas ocasiones benditas cuando el Espíritu te testifica que perteneces a Dios. Y esto es más que una garantía intelectual. El Espíritu también nos da una seguridad experiencial operada en nuestros corazones espiritual y emocionalmente.

Piensa en un padre y su hijo pequeño caminando juntos de la mano. El hijo sabe que el padre lo ama. Pero digamos que el padre se agacha, levanta a su hijo y le da un gran abrazo. La experiencia del hijo del amor de su padre en ese momento será particularmente segura. Bueno, así sucede con la seguridad en nuestras propias vidas: hay temporadas en las que el Espíritu nos manifiesta el amor de Dios de una manera especial.

Ahora bien, la experiencia subjetiva del creyente no es la razón por la cual estamos seguros de nuestra salvación. Es decir, no decimos que tenemos seguridad porque sentimos que tenemos el Espíritu. No, en cambio tenemos seguridad basada en realidades objetivas: las promesas de Dios en las Escrituras, la obra terminada de Cristo en la cruz, la evidencia de la obra de Dios dentro de nosotros, etc.

Pablo escribe en Romanos: «Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Romanos 8:7-9).

Puede haber momentos en la vida de un creyente donde no esté consciente de la presencia del Espíritu, pero el Señor ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos, y no quitará su Espíritu de sus hijos.

  1. La obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia

La obra del Espíritu Santo no es simplemente para la edificación individual sino para la edificación de la iglesia, y aquí es donde ahora queremos dirigir nuestra atención. El Espíritu Santo trabaja para edificar a la iglesia.

Lo primero que debemos considerar es el rol del Espíritu en la inspiración de las Escrituras. En Juan 14:22-26, Jesús dice que las palabras divinas que ha traído a su pueblo no cesarán cuando él los deje. Más bien, él enviará al Consolador, y cuando él venga, «os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». Pensamos en esto como la obra del Espíritu en la vida del creyente individual, y lo es. Pero primero, esta promesa fue dada a los apóstoles y encuentra su cumplimiento en las Escrituras del Nuevo Testamento.

2 Pedro 1:21«porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».

Además de inspirar las Escrituras, el Espíritu levanta líderes dentro de la iglesia, como pastores, ancianos y diáconos, para guiar a su pueblo y ayudar a explicar estas palabras que dan vida. Al instruir a los ancianos en la iglesia de Éfeso, Pablo dice: «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28).

El Espíritu Santo también trabaja activamente para fortalecer y alentar a la iglesia del nuevo pacto, como vemos en la iglesia primitiva en Hechos 9:31«Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo».

Si suceden cosas buenas aquí en CHBC, si estamos siendo guiados por aquellos con autoridad para enseñar y gobernar, y si estamos siendo alentados por el crecimiento que estamos viendo, entonces tenemos la obligación de alabar a Dios por eso, porque él es la fuente de esa fortaleza.

Entonces, vemos que el Espíritu está trabajando activamente en nosotros tanto individual como corporativamente.

Este puede ser un buen lugar para cerrar en oración, agradeciendo a Dios por su trabajo en nuestras vidas y nuestra iglesia.

Oremos.

La próxima semana será nuestra última clase acerca del Espíritu Santo. Veremos tres preguntas importantes, y a veces malentendidas:

1) ¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo?

2) ¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo?

3) ¿Cómo deberíamos pensar de los dones del Espíritu Santo?

[1] Ef. 2:4

[2] Mi vida es Cristo de Sovereign Grace

[3] Ferguson, 100.

[4] Greek ἐν – véase pg. 197 Ferguson; Christ is the baptizer.

[5] Véase también Filipenses 2:12-131 Corintios 15:10Colosenses 1:28-29

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Mark Dever

La obra del Espíritu Santo – Parte 1

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Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 16/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 1

  1. Introducción

Bienvenido. Cielos, veo que podemos necesitar una dosis extra del Espíritu esta mañana. Entonces, ¿por qué no comenzamos con una pregunta: ¿Quién sabe quién es Shai Linne? Shai escribió estas palabras en una de sus canciones llamada «Mercy & Grace», en ella Shai rapea; Yo no rapeo, pero Shai rapea y dice:

Es bastante sorprendente cómo en la salvación

Cada persona de la Trinidad contribuye como una compilación

El Padre me eligió, Jesús sangró por mí

Y la regeneración es la confirmación del Espíritu Santo

Ahora bien, ¿por qué Shai se sorprendería de eso? ¿Y qué es la regeneración del Espíritu Santo? Bueno, permíteme continuar y resumir la obra del Espíritu Santo; este será el punto dos en la parte delantera de  tu folleto.

  1. Resumen

El teólogo Anthony Hoekema lo expresó así: «El Espíritu Santo completa el plan del Padre, mediante la aplicación de la Palabra y los beneficios del Hijo, actuando sobre y en la creación».

Ahora bien, quizá no sea necesariamente el resumen más pegadizo, pero es útil por dos razones.

En primer lugar, resalta útilmente la obra del Espíritu de una manera trinitaria. Con demasiada frecuencia, la obra del Espíritu está divorciada de la obra del Padre y del Hijo. El Espíritu es considerado el misterioso, pero emocionante miembro de la Trinidad que hace todas esas cosas impredecibles, por lo que lo relegamos a su propio gimnasio donde puede rebotar por las paredes. Pero bíblicamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no están haciendo cosas diferentes. Por el contrario, están resolviendo el único plan de Dios. Vemos esto claramente en textos como Juan 15:26«Pero cuando venga el Consolador (el Espíritu), a quien yo (Jesús) os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí». En términos generales, el Padre escribe, el Hijo cumple, y el Espíritu aplica. Son tres personas, pero un Dios, y sus actividades representan un trabajo unificado.

Segunda razón por la cual la definición de Hoekema es útil: resalta la obra del Espíritu como cristológica. En otras palabras, la obra del Espíritu se centra en Jesús. El rol principal del Espíritu Santo en nuestra salvación es hacernos uno con Cristo. Él nos une a Cristo, y todas las bendiciones que vienen con esa unión (la regeneración, la conversión, la adopción, etc.). Por esa razón, el Espíritu Santo es llamado el Espíritu de Cristo (Ro. 8,91 P. 1,11) y el Espíritu del Hijo de Dios (Gá. 4,6). Tener al Espíritu es tener a Cristo (Ro. 8.9-11).

Cualquier comprensión del Espíritu que no sea trinitaria y cristológica de esta manera, lejos de exaltar al Espíritu, lo deshonra. Simplemente no es cristiana. Es por eso que comenzamos a definir bíblicamente qué es el Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

Comenzando en el Antiguo Testamento, ¿dónde crees que aparece primero el Espíritu Santo?

Génesis 1:1-3«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz».

Observemos dos cosas que el texto dice que están presentes: número 1) el Espíritu de Dios y número 2) la Palabra de Dios. Dios habla: «Sea la luz» y se hace realidad por el poder de su Espíritu. Dios crea por su Palabra[1] a través de su Espíritu. El Espíritu produce la voluntad del Padre en la creación, trayendo orden del caos, creando lo que es, de lo que no era (Génesis 1:2Hebreos 11:3). En otras palabras, la obra del Espíritu en la creación consiste en extender la presencia de Dios a la creación de tal manera que ordene y complete lo que se ha planificado en la mente de Dios[2].

¿No es increíble? El Espíritu Santo es uno de los agentes de Dios el Padre para lograr lo que él pensó.

Y este mismo Espíritu Santo aparece en todo el Antiguo Testamento de manera similar. La presencia divina que guió al pueblo de Dios en el Éxodo fuera de Egipto –una columna de nube durante el día y de fuego por la noche (Éxodo 13:21-22)–, era el Espíritu Santo (Isaías 63:10-14). Es el Espíritu de Dios quien dota a ciertos hombres en la construcción del Tabernáculo e inspira a los profetas del Antiguo Testamento con la Palabra de Dios (por ejemplo, 2 S. 23:2).

El Antiguo Testamento está lleno de referencias de la obra del Espíritu, pero por lo general, la actividad del Espíritu en el Antiguo Testamento era «enigmática, esporádica, selectiva y externa». Los profetas anhelaban días mejores. Vemos esto conmovedoramente en las palabras de Moisés de Números 11:29 en tu folleto: «Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos». Moisés anhelaba el día en que todo el pueblo de Dios poseería el poder del Espíritu de Dios.

¿Significa esto que los creyentes del Antiguo Testamento no poseían el Espíritu? ¿Qué crees? ¿Los creyentes del Antiguo Testamento poseían el Espíritu de Dios?

El Antiguo Testamento nunca hace referencia al Espíritu Santo morando en los creyentes. El lenguaje de «morada» es el lenguaje del pacto, el lenguaje de la presencia de Dios. Es relacional y nos lleva de vuelta al huerto de Edén. Pero en el Antiguo Testamento, la morada de Dios es siempre externa, en el Tabernáculo y el Templo, nunca en los creyentes[3].

En el Antiguo Testamento, el Espíritu empodera a los creyentes, pero no por igual, y no indefinidamente. Y otro testimonio de la obra selectiva del Espíritu Santo es la oración de David en el Salmo 51; él ora para que Dios no le quite el Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu estaba predominantemente reservada a los líderes: profetas, sacerdotes y reyes. Pero existe la esperanza de que lo que Moisés deseaba –que todas las personas posean el Espíritu de Dios– se  cumpliría. ¿Sabes dónde vemos eso en el Antiguo Testamento?

Ezequiel 36:25-27: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra».

Joel 2:28-32: «Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado».

Jeremías 31:33-34«Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado».

Vemos el comienzo del cumplimiento de estas promesas en la persona de Jesucristo.

  1. El Espíritu Santo en la persona de Cristo

Cuando nos volvemos al Nuevo Testamento, nuestra comprensión de la persona y obra del Espíritu Santo entra en un mayor enfoque y claridad. Para comenzar, veamos la obra del Espíritu en la persona de Cristo.

Podemos rastrear la obra del Espíritu Santo en Cristo a través de tres etapas.

 A. La concepción

En el Evangelio de Lucas, el ángel que habla con María dice: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35).

Esa palabra «cubrir» se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) para referirse a la nube de la gloria de Dios que se cierne sobre el Tabernáculo. Lucas dice que el nuevo templo prometido del Antiguo Testamento es Jesucristo. Jesucristo es la gloria prometida del Padre, que mora con su pueblo.

[4]. Avanzando directamente a «la segunda etapa»…

B. La unción bautismal

La segunda etapa de la obra del Espíritu en Cristo comienza con su bautismo. Los cielos se abren y nos preparan para una nueva revelación cuando desciende una paloma y Dios habla: «Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia»[5]. Y luego, «lleno del Espíritu», leemos que Jesús es conducido a través de una repetición del Edén: correcto, Satanás tienta a Jesús como lo hizo con Adán. Pero a diferencia de Israel, que entristeció al Espíritu en las peregrinaciones en el desierto, el segundo Adán, Jesús, ¡tiene éxito! Jesús, lleno del Espíritu, camina hacia territorio enemigo en el desierto para enfrentar a Satanás y ser tentado durante 40 días y 40 noches. Él lucha por su pueblo y gana. Después de derrotar a Satanás, exige: «Vete, Satanás» (Mateo 4:10), y el diablo huye. ¡No es de extrañar que Jesús infundiera miedo a los demonios durante su ministerio!

Incluso los primeros días del ministerio de Jesús nos recuerdan que en Cristo, el cristiano lucha desde una posición de victoria; y solo peleamos esta batalla por el poder del Espíritu de Dios en nosotros. Pasemos a la siguiente obra del Espíritu en Cristo.

C. La resurrección y ascensión de Jesús

La tercera etapa de la obra del Espíritu en Cristo comenzó con la resurrección y la ascensión de Jesús. Aunque a menudo se atribuyen al Padre y al Hijo, la resurrección y la ascensión también son obra del Espíritu Santo. Romanos 1:4 dice acerca de Jesús «que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos». Y 1 Pedro 3:18 dice: «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu».

El Nuevo Testamento enseña que a través de su vida y ministerio, Jesús llegó a tal posesión completa del Espíritu, experimentándolo sin límites (Juan 3:34), que llegó a ser «Espíritu del Señor» (2 Co. 3:18). En resumen, la Biblia nos enseña que gran parte de lo que hizo Jesús fue debido a la obra del Espíritu en él; su concepción, su unción, su resurrección y ascensión, éstas fueron hechas en el poder del Espíritu en Jesús.

  1. La obra del Espíritu Santo en el cristiano

Las palabras de despedida de Jesús prepararon a su pueblo para el Espíritu Santo prometido. En Lucas 24:49, dice: «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto». ¿Dónde se cumplió lo prometido? En el día de Pentecostés. Miremos el primer punto, el don del Espíritu.

A. El don del Espíritu

Hechos 2:1-4…, puedes ir allí: «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».

Entonces Pedro predica, explicando lo que ha sucedido citando Joel 2 que leímos anteriormente. Luego cita el Salmo 110, y leemos en Hechos 2:33«Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís».

Observa dos cosas. En primer lugar, vemos cómo el don del Espíritu representado por vientos recios y llamas de fuego, no es un giro peculiar en el plan de Dios. Más bien, es el elemento central en la promesa del nuevo pacto que Dios le había dado a su pueblo en Joel 2 o Ezequiel 36; vimos esos pasajes antes.

Y en segundo lugar, al citar el Salmo 110, Pedro muestra cómo el don del Espíritu a Cristo y luego el otorgamiento del Espíritu por Cristo cumple la promesa del Padre al Hijo en el Salmo 2:8: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra». Bueno, en el día de Pentecostés vemos que las naciones vienen a Cristo; la gran comisión se está cumpliendo y se está cumpliendo principalmente por la obra del Espíritu.

También en Pentecostés tenemos la inversión de Babel. ¿Recuerdas esa historia? En Génesis 10, se nos da una lista de naciones, seguidas por Dios confundiendo su lenguaje y dispersándolas. Aquí, en Hechos 2:8-12, se nos da otra lista de naciones, excepto que esta vez sus lenguas se entienden cuando se reúnen en Jerusalén. Los efectos del pecado se están revirtiendo en una nueva comunidad de judíos y gentiles, unidos por… ¡el Espíritu Santo!

Mientras estudiaba esto, me sorprendieron las conexiones del Espíritu Santo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Después de todo: fuego, viento y una lengua divina nos recuerda lo que Moisés encontró en el monte Sinaí. Allí Moisés ascendió, solo para descender con los Diez Mandamientos, la Ley de Dios. De la misma manera en el Nuevo Testamento, Cristo acaba de ascender, y en Pentecostés baja, no con la ley escrita en tablas de arcilla, sino con el don de su propio Espíritu para escribir la ley en el corazón del creyente. Esto nos permite cumplir los mandatos de la ley. Aquí está el cumplimiento de Jeremías 31 y la gran esperanza de Moisés que vimos en Números 11.

Mientras que en el antiguo pacto la obra del Espíritu generalmente se limitaba a unos pocos, en su mayoría, hombres y líderes, ahora leemos en Hechos 2:17 que los hijos e hijas profetizan, los jóvenes tienen visiones, los ancianos tienen sueños. Estas visiones y sueños eran modos de comunicar el conocimiento de Dios bajo el antiguo pacto. Pero en Cristo y por el don del Espíritu, todo el pueblo del Señor posee el conocimiento de Dios. Jeremías 31:34 espera con ansias este punto, dice: «Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová».

Entonces podrías decirme: «Isaac, eso es mucho». Esto es lo que quiero que veas, ¡El día de Pentecostés es la culminación de la obra de Jesús! Recuerda lo que Jesús dijo en Juan 7:37-39«En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado».

La venida del Espíritu es evidencia de la glorificación de Cristo, su entronización celestial. Por tanto, el libro de Hechos no trata tanto acerca de los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles, sino de los hechos continuos de Jesucristo a través del Espíritu.

Entonces, ¿qué beneficios trae la morada del Espíritu en el creyente? Bueno, solo tenemos tiempo para mirar uno más, pero es glorioso porque hablaremos de la regeneración.

B. La regeneración

Así como el rol del Espíritu es dar vida física y aliento a toda la creación, también es su rol dar vida espiritual a los hombres. Jesús le dice a Nicodemo que debe «nacer de nuevo» por el Espíritu (Juan 3:6-7). También les dice a sus discípulos que «el Espíritu es el que da vida» (Juan 6:63).

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ezequiel 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Espiritualmente hablando, el mundo no es lo que parece. Parece vivo, pero en realidad estamos rodeados de cadáveres espirituales. Caminamos todos los días entre muertos. Nuestra oración y esperanza es que Dios, a través de su Espíritu, los traiga a la vida.

La obra del Espíritu del renacimiento en la vida del cristiano tiene varios aspectos.

En primer lugar, implica una iluminación intelectual. Juan escribe en 1 Juan 2:20«Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas». Esta unción del Espíritu Santo es compartida por cada cristiano y se dice que lleva a un cierto conocimiento: el conocimiento de quien es Dios y lo que ha prometido. Eso no significa que el cristiano lo sabe todo; más de lo que un ciego que recibe la vista puede ver todo simultáneamente. Pero la verdad que una vez no fue reconocida ahora es conocida y celebrada por el que es regenerado, o el que es «nacido de nuevo».

En segundo lugar, la obra de regeneración del Espíritu implica la liberación de la voluntad. Antes, nuestras voluntades, nuestros deseos, estaban esclavizados al pecado y eran incapaces de seguir a Jesús, del mismo modo que un muerto no responde (Efesios 2:1).

Tercero, la obra del Espíritu de la regeneración implica limpieza y renovación. Así, cuando Jesús le dice a Nicodemo que «el que no naciere de agua y del Espíritu», está aludiendo a la promesa del nuevo pacto de Ezequiel 36: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias… Os daré corazón nuevo». (1 Corintios 6:11 habla claramente de esto también).

La obra de renovación del Espíritu en la regeneración es tan completa que Pablo escribe: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). ¡Alaba a Dios por su gloriosa obra en nuestras vidas!

Amigo, tenemos mucho más que cubrir acerca de la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente: convicción, unión con Cristo, fruto del Espíritu, la oración del Espíritu en nuestro nombre y la seguridad… pero hemos abarcado todo lo que podemos por el día de hoy.

Oremos.

[1] Col. 1:16

[2] Véase Ferguson en The Holy Spirit.

[3] Véase God’s Indwelling Presence de James Hamilton Jr.

[4] Así como Dios se preocupó por su «hijo» (Éxodo 4:22) al llamar a Israel a salir de Egipto (Deuteronomio 8:1ffEz. 16:1ff), asimismo Dios continúa a través del Espíritu cuidando de su Hijo encarnado (también llamado de Egipto, Mt. 2:15).

[5] Mateo 3:17

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Mark Dever

La persona del Espíritu Santo

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 15/26

La persona del Espíritu Santo

  1. Introducción

El día de hoy, estudiaremos la persona del Espíritu Santo; examinando cuidadosamente lo que la Biblia revela acerca de él. ¿Por qué es esto importante?

Imagina esto: Mañana, despierto y me levanto increíblemente aún más atraído hacia mi esposa. He estado pensando en ella durante el trabajo, y no puedo sacarla de mi mente. Muy conmovido, al llegar a casa, busco la forma de expresar cómo me siento, me arrodillo, la miro a los ojos, mi corazón duele por extrañarla, y le digo: «Cariño, estoy loco por ti; eres irresistible; No sé qué sucede hoy, tal vez es tu largo cabello negro o tus deslumbrantes ojos verdes; pero me dejas sin aliento». A lo mejor estás pensando cuán dulce soy, pero el problema es que mi esposa es rubia… y ojos azules. Entonces, quizá suene dulce, pero me va a ir mal. Estoy en problemas.

Cómo vemos a Dios es importante, porque si no lo estamos viendo como él se ha dado a conocer en las Escrituras, no estamos adorando a Dios, sino a un dios falso.

  1. La persona del Espíritu Santo

Los cristianos adoran a un solo Dios; somos monoteístas. Adoramos a un solo Dios, sin embargo, las Escrituras claramente retratan a tres personas de la divinidad. Pensar en Dios el Padre y Dios el Hijo tiene un sentido más inmediato para nosotros en vista de que hay un componente relacional con el que estamos inmediatamente familiarizados: el de un padre o un hijo. Pero, ¿qué vamos a hacer con Dios el Espíritu? Es tentador pensar en la tercera persona de la Trinidad como fría o distante. No obstante, cuando escuchamos la Biblia, vemos algo diferente.

¿Qué queremos decir cuando hablamos del Espíritu Santo como persona? No queremos decir que el Espíritu Santo es una persona humana que simplemente no podemos ver. La única persona de la Deidad que toma a la humanidad en sí mismo es Cristo. Lo que sí queremos afirmar es que el Espíritu Santo tiene subsistencia personal. Es un ser viviente inteligente, voluntario, con entendimiento y voluntad.

Al ser uno con el Padre y el Hijo, existe una distinción entre los tres. Por ejemplo, las Escrituras nos dicen que el Espíritu Santo intercede por nosotros en oración (Romanos 8:27), y esto naturalmente indica una distinción entre el Espíritu Santo y Dios el Padre a quien se hace la intercesión.

Esto es diferente de una falsa visión de Dios llamada el «modalismo». El modalismo afirma que Dios no es realmente tres personas distintas, sino una sola persona que aparece ante las personas en tres modos diferentes en diferentes momentos. Entonces, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, Dios apareció como el Padre, en los Evangelios, Dios apareció como el Hijo, y después del día de Pentecostés, Dios apareció como el Espíritu. Esta visión hace lo que tantos otros puntos de vista falsos hacen tratando de hacer el misterio de la Trinidad completamente comprensible. No obstante, esta visión se queda corta debido a todos los ejemplos en los que vemos a los miembros de la Trinidad interactuando entre sí. ¿Estaba Jesús orando al Padre simplemente como una farsa? ¿Cómo podría el Espíritu descender sobre el Hijo cuando fue bautizado?

En la iglesia primitiva, algunos negaban que el Espíritu fuera una entidad personal separada. En cambio, dijeron que el Espíritu era más como una «esencia» o una influencia o energía de Dios el Padre. Su lugar en la Trinidad ha sido cuestionado a la luz de estas ideas, por lo que es importante establecer la «personalidad» del Espíritu: su identidad separada definida.

Hay tres razones bíblicas para concluir que el Espíritu Santo es una persona, así como Dios el Padre es una persona, y así como el Señor Jesucristo es una persona:

A. Pronombres personales

La primera razón para concluir que el Espíritu Santo es una persona es el uso de los pronombres personales referidos a él, y las declaraciones que éste hace en primera persona. Considera Hechos 10:19-20«Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado».

Cuando Jesús y los apóstoles hablan del Espíritu Santo, siempre usan el pronombre personal: él. Esto también testifica la personalidad del Espíritu Santo.

B. Propiedades personales

La segunda razón para concluir que el Espíritu Santo es una persona se deriva de las propiedades personales que se le atribuyen, como la comprensión o la sabiduría, la voluntad y el poder. La operación de su voluntad, por ejemplo, se ve en 1 Corintios 12:11«Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere». En Juan 14, Jesús llama al Espíritu Santo el Consolador. No solo consuelo sino el Consolador. El Espíritu Santo tiene estas características personales y está involucrado en actividades personales. El Espíritu Santo revela, enseña, consuela, aconseja, ayuda y ama. Puede entristecerse, se le puede mentir, blasfemar.

En todas estas cosas, vemos la  clara personalidad o identidad distintiva del Espíritu Santo en las Escrituras. La exégesis sonora requiere que el Espíritu Santo sea considerado como una persona y no como un poder o una fuerza.

¿Por qué importa esto? Porque lejos de ser frío o distante; lejos de ser  una simple fuerza o energía, el hecho de que el Espíritu Santo sea una persona significa que podemos tener una relación con él. Hablaremos más acerca de esto en las próximas semanas cuando analicemos la obra del Espíritu Santo, pero a medida que somos guiados por él, amados, purificados, habitados por él, todo eso sucede en el contexto de una relación.

  1. El Espíritu Santo es Dios

La Escritura también enseña que el Espíritu Santo es completamente Dios.

A. La Escritura lo identifica como Dios

Hechos 5:1-4 dice: «Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,  y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios».

Aquí vemos que, según Pedro, cuando Ananías «mintió al Espíritu Santo», en realidad estaba «mintiendo a Dios». Si mentirle al Espíritu es sinónimo de mentirle a Dios, entonces el Espíritu debe ser Dios.

B. El Espíritu Santo posee atributos divinos

Si queremos decir que el Espíritu Santo es completamente Dios, entonces debemos suponer que poseerá atributos divinos, y lo hacemos. A lo largo de la Escritura vemos que…

  • El Espíritu Santo es eternoHebreos 9:14 dice: «¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas…»
  • El Espíritu Santo es omnipresenteestá en todas partes a la vez. El Salmo 139:7-10 dice: «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás».
  • El Espíritu Santo es omniscientelo sabe todo1 Corintios 2:10-11 dice: «El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque, ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios».

Al igual que Dios, el Espíritu Santo es trascendente. En parte esa es la razón por la que se llama Espíritu Santo: ser santo significa estar apartado. Sin embargo, este Dios es personal y, por tanto, tiene el potencial de relacionarse. A veces es fácil pasar por alto cosas como esta y perder su significado, así que medita en ello. Porque él es divino, tiene recursos divinos, conocimiento divino, presencia divina; conocerlo es conocer al Dios que satisface y que suple todas nuestras necesidades. ¿Necesitas sabiduría? Puedes conocer al que es omnisciente. ¿Te sientes perdido o solo? Hay uno que no importa a donde vayas, está ahí. ¿Te sientes débil? Puedes conocer a aquel cuyo poder no tiene límites; quien renueva nuestras fuerzas.

Que el Espíritu Santo es tanto una persona como Dios es esencial aquí. En las próximas semanas, exploraremos la obra del Espíritu juntos, pero sin esta base de lo que él es, esas cosas importarían muy poco.

C. Aunque se distingue del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo es presentado como igual al Padre y al Hijo en los grandes pasajes trinitarios del Nuevo Testamento.

«Trinidad» es un término que la iglesia desarrolló para resumir una doctrina que se nos da en fragmentos. Es una palabra útil que busca combinar y transmitir todo lo que las Escrituras hablan acerca de la relación de la Deidad. La doctrina de la Trinidad es un resumen de varios conceptos bíblicos que son indiscutibles del texto de las Escrituras. Es decir, que hay un solo Dios, que el Padre y el Hijo y el Espíritu son personas distintas, y que el Padre y el Hijo y el Espíritu son cada uno de ellos completamente Dios.

Así que en respuesta a los musulmanes y otras religiones monoteístas, el cristianismo afirma claramente que hay un solo Dios, pero este Dios existe en tres personas. ¿Es eso razonable? En cierto sentido, «sí», y en cierto sentido «no».

«Sí», porque nada en la doctrina trinitaria es irrazonable o irracional. No hay nada inherentemente contradictorio sobre la posición a pesar de su misterio. No estamos diciendo que hay tres Dioses, sino que hay un Dios en tres personas.

«No», sin embargo, porque «la doctrina de la Trinidad es indistinguible por la razón, por lo que es incapaz de ser demostrada por la razón. No hay analogías en la naturaleza, ni siquiera en la naturaleza espiritual del hombre, quien está hecho a imagen de Dios»[1].

Echemos un vistazo ahora a algunos de los pasajes trinitarios clave en el Nuevo Testamento:

  • Mateo 3:16-17«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz desde los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia».

En este pasaje se ve claramente que las tres personas de la Deidad actúan en sus distintos roles. Dios el Padre está hablando desde el cielo, Dios el Hijo está siendo bautizado para cumplir la voluntad del Padre, y se ve a Dios el Espíritu descendiendo del cielo sobre el Hijo para darle poder a su ministerio. Vemos que, haga lo que haga el Padre al tratar con el hombre, generalmente lo hace a través del Hijo por el Espíritu (Efesios 2:18).

  • Mateo 28:19«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».

Observa que Jesús no ordena a sus discípulos a que bauticen a los nuevos creyentes en los «nombres» del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como si estuviéramos tratando con tres seres diferentes, sino en el «nombre», que es singular. Jesús, como lo hizo tantas otras veces en su ministerio, enseña que él y el Padre son uno, y aquí él incluye al Espíritu Santo en esa unidad de esencia. La declaración afirma la «unidad de las tres Personas de la Trinidad al combinarlas todas dentro de los límites del nombre en singular; y luego [enfatiza] la distinción de cada uno al introducirlos a su vez con el artículo repetido: «en el nombre d[el] Padre, y d[el]  Hijo, y d[el]  Espíritu»[2].

«El Espíritu Santo, entonces es completamente Dios. No es una tercera parte de Dios, sino completamente Dios. Sin embargo, el Espíritu no es solo completamente Dios, también existe eternamente junto con el Padre y el Hijo, cada uno de los cuales también posee plenamente la misma naturaleza indivisa y divina… Lo que distingue al Espíritu del Padre y del Hijo no es la naturaleza divina… lo que distingue al Espíritu es su papel particular como el Espíritu Santo en relación con el Padre y el Hijo y las relaciones que tiene con cada uno de ellos»[3].

Conclusión

La noche antes de su crucifixión, ¿qué enseña Jesús a sus discípulos? ¿Qué es lo que él considera importante que ellos conozcan? En Juan 14-16, les enseña quién es el Espíritu Santo. Y fíjate en lo que les dice en Juan 16:7«Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré».

Ponte en los zapatos de los discípulos por un momento. Has comido, caminado, ministrado, escuchado, conocido a Jesús en los últimos años. Le han entregado sus vidas, ese tiempo debe haber sido increíble. Sin embargo, Jesús dice que es mejor («os conviene») que se vaya para que el Espíritu Santo venga a ellos. No sé tú, pero no sería inmediatamente obvio por qué eso sería mejor. ¿De qué manera?

Mira de nuevo a Juan 15:26-27. Una vez más, Jesús habla del Consolador, el Espíritu Santo: «Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio».

Aquí hay un doble sentido o doble significado entre los discípulos y el Espíritu. Así como los discípulos darán testimonio de Jesús, también lo hará el Consolador, el Espíritu Santo. ¿Cuál es el requisito para que los discípulos sean testigos? V. 27: «porque habéis estado conmigo desde el principio». Si eso es cierto para los discípulos, cuánto más del Espíritu Santo. Como dijo el padre de la iglesia primitiva, Basilio de Cesarea, el Espíritu Santo era el «compañero inseparable de Cristo… toda la actividad de Cristo se desarrollaba en la presencia del Espíritu Santo».

En la eternidad pasada, el Espíritu y el Hijo estaban en perfecta comunión. Cuando Jesús fue concebido en la virgen María, fue por el Espíritu Santo (Lucas 1:35). En el bautismo, las tentaciones y el ministerio de milagros y enseñanzas de Jesús, el Espíritu estaba allí guiando (Lucas 4:1), fortaleciendo (Mateo 12:28) y dándolo a conocer. En la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, el Espíritu estaba allí (Hebreos 9:14Romanos 6:4).

Este es el punto. Como aquel que ha sido el compañero constante de Jesús, también es el candidato perfecto para dar testimonio y para dar a conocer a Cristo. Esa es precisamente su labor, y eso es parte del por qué Jesús puede decir que es mejor que se vaya para que el Espíritu Santo pueda venir. Tener el Espíritu es tener el Espíritu de Cristo; tener el Espíritu es tener a Cristo Ya no está limitado por el espacio y el tiempo, el Espíritu Santo manifiesta la presencia de Jesús[4] a nosotros.

En la oración sacerdotal de Jesús de Juan 17, Jesús  dice en el v. 24: «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo». Entonces, Jesús nos da un adelanto del pasado de la eternidad en la relación amorosa perfecta, duradera y llena de gozo del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Sorprendentemente, en el versículo anterior, Jesús había testificado que Dios amaría a los seguidores de Jesús «como también» ¡el Padre lo amaba! ¡Increíble!

¿Lo encuentras difícil de entender? ¿Difícil de creer y vivir según esa verdad? Creo que hasta cierto punto, todos lo hacemos.

Pero este es uno de los preciosos ministerios del Espíritu. En Romanos 8:15-16, Pablo dice esto del creyente: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios». El Espíritu Santo es el Espíritu de adopción. Lo que significa que uno de sus trabajos es hacernos conscientes de que somos hijos e hijas. Para ayudarnos a conocer mejor el amor con el que Dios nos ama.

Que podamos llegar a conocerlo mejor hoy y en las próximas semanas cuando consideremos juntos la persona y la obra del Espíritu Santo.

Oremos.

[1] The Biblical Doctrine of the Trinity de B.B. Warfield.

[2] Id. 153.

[3] Ware, 103.

[4]Keep in Step with the Spirit by Packer.

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Mark Dever

Introducción y repaso

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 14/26

Introducción y repaso

Permíteme darte nuevamente la bienvenida al Seminario Básico «Teología Sistemática»; esta es la parte 2 de las clases esenciales sobre teología sistemática. En la clase de hoy, daremos un repaso a las13 primeras semanas de la primera mitad del seminario. ¿Sabes lo que eso significa? Estás a punto de disfrutar de un banquete; estamos a punto de examinar un montón de información en un tiempo muy breve. Entonces, eso también puede significar que no tenemos mucho tiempo para adentrarnos en demasiadas preguntas complejas, sin embargo, estoy seguro de que el contenido de la clase abordará muchas de ellas.

Si me sigues en tu folleto, verás un esquema muy simple para nuestra clase esta mañana; básicamente cubrirá todo el contenido de Teología Sistemática – Parte 1, y la primera pregunta que queremos hacer desde la introducción es: «¿Qué es la teología sistemática?».

La teología sistemática responde a la pregunta: ¿Qué nos enseña la Biblia hoy acerca de un tema dado? Por ejemplo, ¿qué dice toda la Biblia acerca de los atributos de Dios? O incluso más específicamente, ¿qué enseña toda la Biblia acerca de la omnisciencia de Dios? La teología sistemática busca tomar un paisaje completo y ofrecer una perspectiva panorámica. Esa es una gran manera de describir lo que hace la teología sistemática: nos provee un punto de vista comprensivo y escritural.

Si has estado conduciendo en las montañas, es probable que hayas llegado a una vista panorámica. Detienes tu automóvil, sales y miras, y ves una hermosa y amplia vista de un paisaje de montaña en la distancia. De la misma manera, la teología sistemática te ofrece una vista panorámica de toda la Biblia. Tratamos de entender lo que dice la Escritura acerca de un tema completo de una manera integral.

La Teología sistemática también nos proporciona una guía interpretativa o un marco para comprender la Biblia. Así, buscamos entender la Palabra de Dios de una manera que, en primer lugar, sea fiel a las enseñanzas de la Escritura. Entonces, si tenemos un tema como la inmutabilidad de Dios, y la Biblia dice claramente que Dios no cambia, ¿cómo podemos entender los pasajes que parecen implicar que Dios ha cambiado de alguna manera? La teología sistemática nos proporciona un marco para la interpretación de aquellos pasajes individuales que pueden ser menos claros a la luz de los pasajes que son más claros. Eso no quiere decir que la teología sistemática se convierte en una camisa de fuerza de alguna manera, de modo tal que necesitemos forzar a la Escritura a adoptar nuestras nociones preconcebidas de lo que creemos que debería decir; no, tenemos que sentarnos bajo la Palabra y ser informados por ella siempre. Pero también es cierto que podemos sintetizar estas verdades en un marco consistente porque Dios es verdad; él es lógico en sí mismo. Él no se contradice. Entonces, debemos entender que la Biblia no se va a contradecir.

Otra razón por la que necesitamos estudiar teología sistemática es debido al pluralismo religioso. Entonces, he aquí una pregunta para ti: ¿Cuáles son algunos de los otros sistemas de creencias que existen actualmente? (Ejemplo: el universalismo: todos serán salvos). ¿Por qué es importante que estudiemos teología sistemática? Porque la teología sistemática nos enseña lo que es verdad acerca de Dios. Por ejemplo, sabemos que el politeísmo no es verdadero porque cuando abrimos nuestra Biblia, sabemos que el Señor nuestro Dios es uno; hay un  solo Dios. Entonces, ves cómo es útil estudiar teología sistemática hoy en día, para que sepamos cómo cristianos defender la fe de una manera amable, cordial y veraz. La última razón por la que estudiamos teología sistemática es Cabeza, Corazón, Manos, Hábitat (suena como cuatro razones, pero las convertiré en una).

Se supone que nuestras cabezas deben estar llenas de teología. Considera las numerosas instrucciones a lo largo de la Escritura sobre meditar en la Palabra de Dios. Deberíamos meditar en la Palabra de Dios día y noche. Eso es lo que el Salmo 1 dice que el hombre bienaventurado hace: medita en la ley de Dios día y noche. Se deleita en ella, y ese deleite de la Palabra entra en el segundo aspecto de por qué deberíamos estudiar teología sistemática, debería pasar de nuestra cabeza a nuestros corazones y hacer que nos deleitemos en el Señor. Lo que sabemos acerca de Dios debe despertar la devoción de nuestro corazón.

Cómo vivimos todos, lo que tú y yo escogemos hacer a diario, tiene más que ver con lo que amamos que con lo que sabemos. ¿Cuántos  de nosotros hacemos cosas que sabemos que no deberían hacer? Yo lo hago, y hago las cosas que mi corazón más ama. Lo que hacemos tiene más que ver con lo que amamos que con lo que entendemos. Y esas cosas que amamos realmente afectarán lo que nuestros corazones harán.

¿Lo ves? Cabeza ->  Corazón -> Manos. La teología sistemática debería afectar la forma en que vivimos y nuestro hábitat, lo que nos rodea. Así, cuando entiendes lo que significa amar a Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas, eso implica que tus manos están trabajando con tu hábitat para ayudar a tu prójimo de alguna manera. Por tanto, es importante que comprendamos la teología sistemática.

Luego, después de la primera semana del seminario, cuando hablamos acerca de lo que es la teología sistemática, pasamos al punto 2 en tu folleto.

  1. La doctrina de la Palabra

La Escritura es clara: no solo hay un solo Dios; él ha hablado. No solo ha hablado para que la creación llegase a ser, de manera que en Génesis 1 vemos que él habla y todas las cosas  llegan a existir, también nos ha hablado palabras específicas para que podamos entender sus poderosas obras. Uno de mis salmos favoritos es el Salmo 145: «¡Grande es Jehová y digno de suprema alabanza, y su grandeza es inescrutable!».

La Escritura contiene palabras específicas, que describen las poderosas obras de Dios a través del tiempo y el espacio. La Escritura nos enseña la historia y el plan de redención que se desarrolla. Y las palabras específicas de Dios deben ser entendidas por nosotros, lo que significa que la Escritura es la autorevelación de Dios a través de autores humanos.

Pensamos en textos como 2 Pedro 1:21: «Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». La Escritura llega a nosotros haciendo afirmaciones, y lo que afirma acerca de sí misma es que no es nada menos que la Palabra de Dios escrita por autores humanos. Entonces, cuando tocamos este aspecto de la doctrina de la Palabra, la inerrancia, que abordaremos brevemente en un momento, si estás lo suficientemente interesado, el mejor tratado sobre lo que la Biblia tiene que decir acerca de la Palabra de Dios y su perfección como la Palabra de Dios es el tratado de B.B. Warfield acerca de la inerrancia de las Escrituras.

La Escritura también involucra la progresión histórica; nos llega como la historia de Dios, y la historia de la redención no sucede de una vez. Así, en Génesis 3, tienes la promesa de que vendrá la simiente que aplastará la cabeza de la serpiente. ¿Pero viene y hace eso en Génesis 3? ¡No! Miles de años transcurren antes de que lo haga; La Escritura es la historia de Dios en desarrollo de lo que ocurre a lo largo de la redención; gira y gira a través de historias separadas, pero relacionadas que acontecen a través de diferentes períodos de tiempo.

También hablamos en nuestro último curso de los atributos de la Escritura. Estos serían: inspiración divina, inerrancia y suficiencia. Observamos que la Escritura que contiene la historia de la redención está marcada por atributos específicos; el primero es que la Escritura es inspirada. ¿Puedes citar un texto en la Escritura que hable claramente de la inspiración de la Palabra de Dios? 2 Timoteo 3:16-17: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra».

La Escritura es el producto del aliento creativo de Dios. El término que los teólogos usan para referirse a la inspiración de las Escrituras es «plenario verbal». Esto es lo que eso significa:

Verbal: Todas las palabras en sus formas y materia (su sintaxis, su estructura y sus tiempos) están inspiradas.

Plenario: Esto hace referencia a toda la Escritura, por lo que cada palabra, cada sintaxis, cada estructura en los manuscritos originales dada por Dios fue inspirada por Dios. En su totalidad. Piensa en lo que dice Jesús, ni siquiera el punto más mínimo pasará. A lo que él se refiere es a la yod en la Escritura; la letra hebrea más pequeña. Toda la Biblia es inspirada por Dios.

No solo la Escritura es inspirada, también es inerrante. Lo que la inerrancia significa básicamente es que toda la Biblia es enteramente veraz en lo que dice de acuerdo con los géneros y normas de las convenciones gramaticales en las que operaron los autores. Así, cuando un autor claramente intentaba comunicar un número redondo de personas que murieron en una batalla (por ejemplo, 7000), si encontramos los registros y 7003 murieron, no decimos: «¡El autor estaba equivocado!». Como miembro del personal, vivo a unos 500 metros de aquí. Te digo la verdad, pero si los medimos, pueden ser 501. No es que trate de desviarte. La Biblia sigue las convenciones comunes del lenguaje y lo hace de acuerdo con los estándares de sus autores.

Entonces, eso resume nuestra revisión de la doctrina de la Palabra.

  1. Existencia y atributos de Dios

Cuando hablamos de los atributos de Dios, estamos hablando de cómo es Dios. De las muchas virtudes de Dios, algunas se reflejan en el Hijo de Dios que tiene el Espíritu de Dios en él, considera: amor, gracia y misericordia. Esos son los atributos de Dios reflejados en nosotros, nosotros que tenemos su Espíritu.

Pero hay algunos atributos que solo son verdaderos de Dios. Entonces, Dios es independiente o autónomo. Juan 5:26 dice: «Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo». El Padre tiene vida en sí mismo; él es independiente de toda otra vida. Pero no solo es independiente, sino que también es inmutable, lo que significa que Dios no cambia. Esto se enseña claramente en las Escrituras. Malaquías 3:6: «Yo Jehová no cambio». No hay nada más claro que eso, ¿verdad? Luego vemos esto en Santiago 1:17: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación».

Dios no solo es independiente e inmutable, también es infinito. Él existe fuera del tiempo y el espacio. Infinito significa sin límites, y porque Dios es infinito, también es trascendente. Él está muy por encima de toda la creación. Dios no es como nosotros; él es muy diferente a nosotros de esta manera.

También vimos la unidad de Dios. La Biblia enseña que hay un solo Dios. Esto es lo que hace que el cristianismo (en oposición al politeísmo) sea monoteísta. La Biblia enseña claramente que hay un solo Dios. Deuteronomio 6:4: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es». El Señor es uno. Hay un solo Dios. Sin embargo, en su gran majestad, misterio e incomprensibilidad, también sabemos que en el único ser que es Dios, existen eternamente tres personas coiguales y coeternas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esto hace referencia a la doctrina de la Trinidad.

Entonces, Dios es independiente, inmutable, infinito, trascendente, y en el único Dios, en la Deidad, hay tres personas. Si hay alguna pregunta acerca de la divinidad de Jesús o del Espíritu Santo, vemos la divinidad de Jesús en pasajes como Juan 1:1: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios». Hebreos 1:1-4 es un pasaje glorioso que habla de la divinidad de Jesucristo. También vemos la divinidad del Espíritu Santo en el libro de Hechos. Cuando Ananías y Safira traen solo una parte de la venta de sus propiedades a Pedro, Pedro les dice: ¿Por qué le han mentido al Espíritu Santo? ¡No le han mentido a los hombres, sino a Dios! O pensamos en versículos como Hebreos 9:14 que habla del Espíritu eterno.

Luego, después de ver la trinidad, también estudiamos los otros atributos de Dios: cosas como la omnisciencia de Dios (él sabe todas las cosas); su veracidad, Dios no miente. Su sabiduría, su santidad. Piensa en Isaías 6: «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos». Consideramos su rectitud y justicia. Basta con mirar los salmos para ver con qué frecuencia se habla de su rectitud y justicia. Nuestro Dios está lleno de bondad, amor y misericordia. Él es un Dios trascendente e impresionante que también es personal y se acerca a los humildes y de corazón roto.

Después de ver la existencia y los atributos de Dios, pasamos a la doctrina de la creación.

  1. La doctrina de la creación

Vimos seis declaraciones acerca de la doctrina de la creación:

  1. Dios creó ex nihilo. (Ese es el término en latín, si alguna vez has escuchado a alguien decir que solo significa que él creó de la nada). No hubo ninguna materia preexistente con la que Dios trabajó; él no abrió una barra de plastilina cósmica. Dios creó la plastilina y luego trabajó con ella. No había nada y luego hubo algo.
  2. Él no solo creó de la nada, Dios también creó todas las cosas. Él creó el tiempo y la materia. «En el principio…» fue entonces cuando comenzó el tiempo. Fue ahí cuando Dios lo comenzó. Él creó los cielos y la tierra. El espacio y la materia.
  3. Él también crea por su palabra (ya hemos hablado de esto), pero ves la repetición del poder hablado y creativo de Dios en Génesis 1. Él habla y la creación llega a existir.
  4. La creación fue un acto trino. No fue solo obra del Padre; fue obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Todos estaban activos en la creación. Vemos al Hijo trabajando en la creación en textos como Juan 1:3 («Todas las cosas por medio de él fueron hechas») o Colosenses 1:15-17. También vemos al Espíritu Santo; él está presente en el versículo 2 de la Biblia. Job 33:4 habla acerca del rol del Espíritu en la creación. La creación no solo fue un acto trino, también fue un acto bueno en gran manera.
  5. La creación era muy buena. Mira el versículo 31 de Génesis 1. Dios vio todo lo que había hecho y, he aquí, fue bueno en gran manera.
  6.  El propósito de toda la creación es la gloria de Dios. Es por su gloria. Salmo 19:1: «Los cielos cuentan la gloria de Dios; el firmamento anuncia la obra de sus manos». No hay ningún lugar en la tierra donde su voz no sea escuchada a través de su poder creativo. Todo proclama su majestad y fue creado para su gloria.

Pero también sabemos que el relato de la creación en Génesis es altamente controversial. Bajo la doctrina de la creación, hablamos acerca de las seis perspectivas predominantes de la creación:

  1. Evolución teísta: Probablemente sea la más popular entre algunos cristianos y cualquier otro cristiano que pueda decir que hay un Dios, pero quiere poner todo el peso posible en los hallazgos de la comunidad científica. La evolución teísta significa que Dios comienza el proceso de evolución e implanta las leyes que han seguido el desarrollo de la creación. Los evolucionistas teístas dirían que Dios ha intervenido en puntos específicos porque según la evolución no se puede pasar de la no vida a la vida. Entonces un evolucionista teísta diría, por ejemplo, que Dios intervino para crear a los seres humanos, pero todo lo demás ha sido provocado por la evolución.
  2. Teoría de la brecha: Ésta básicamente dice que Dios creó los cielos y la tierra como dice Génesis 1:1. Pero después de Génesis 1:1, entre los versículos 2 y 3, y así sucesivamente, hay un paso no declarado de miles de millones de años. Y al final de ese transcurrir de miles de millones de años, hay un acontecimiento catastrófico, donde toda la creación es destruida y llevada a la nada. Luego, el versículo 2, donde el Espíritu se pasea sobre la tierra desordenada y vacía, es el resultado de dicho hecho catastrófico. Todo está en mal estado y el Espíritu trabaja para que todo vuelva al orden creativo.
  3. Perspectiva de la edad diurna: Esta perspectiva dice que los días en Génesis 1 son períodos de tiempo muy largos en los que los procesos naturales están en funcionamiento.
  4.  Perspectiva de marco literario: Según esta posición, toda la secuencia en el capítulo 1 sobre la creación y los días allí no es un relato cronológico o histórico, sino más bien un recurso literario que cuenta una historia. Y dentro de esa historia, si abres ese sobre, hay una verdad teológica allí. Pero cuando dices que no es cronológico y que es histórico, comienzas a tener problemas. Por ejemplo, ¿fue Adán real? ¿El pecado realmente sucedió? ¿Es eso parte de la historia? ¿Hay una verdad teológica debajo de eso? Puedes ver cómo esto nos mete en problemas.
  5. Creacionismo de la tierra joven: Toma los días como días literales, y busca retroceder a través de la línea cronológica que la Escritura nos ha provisto a través de la historia. Funciona desde una fecha inicial para la creación que va a estar entre 10 y 20 mil años, dependiendo de con qué joven creacionista de la tierra hables.
  6.  Creacionismo histórico: Dice que el universo, y todo lo que está en él, es creado en Génesis 1:1, y que lo que sigue –los seis días creativos– no se refiere a la creación del universo, sino a la preparación del Edén prometido para el pueblo de Dios, Adán y Eva.

En la primera parte del seminario, también analizamos algunas perspectivas no cristianas de la creación: el panteísmo, el dualismo y el materialismo. El materialismo sería la visión reinante en Europa y América actualmente. También hablamos acerca de la relación de Dios con la creación, de la que ya hablamos: que es trascendente (que él está arriba), y que es inmanente, está y es activo en la creación. También hablamos del hombre y la mujer: cómo llegaron a ser creados, cuál es su esencia y naturaleza, cuál es su función y cuál es su relación con Dios.

  1. La Doctrina de la Providencia

«Providencia» significa literalmente «ver lo que viene antes». Por tanto, la providencia de Dios se refiere al conocimiento previo de Dios y la provisión del mundo. El mundo también se usa para resumir la relación continua de Dios con su creación. Incluye su omnisciencia (que él conoce todas las cosas y, por tanto, conoce lo que viene); su omnipotencia (que es todopoderoso y, por tanto, tiene el poder de llevarlo a cabo).

Tres aspectos de la providencia de Dios a tocar brevemente:

  1. Preservación: Se refiere a la actividad continua de Dios en la cual él mantiene todo lo que ha creado. Hebreos 1 dice que el Hijo es quien sostiene todas las cosas por el poder de su palabra.
  2. Concurrencia: Se refiere a la relación entre la actividad divina y la actividad humana mediante la cual Dios coopera con las cosas creadas en cada acción. Hablaremos de eso de nuevo momentáneamente.
  3. Gobierno: Esto significa que Dios tiene un propósito en todo lo que hace en el mundo, y providencialmente gobierna y dirige todas las cosas para que cumplan sus propósitos.

Solo considera cuánto consuelo y aliento estas tres cosas deberían traerte como cristiano. Algunas personas quieren decir que Dios no puede saber lo que viene para proteger a Dios de la acusación de ser malvado. Si bien la intención puede ser loable, estas personas no ven cómo eso socava la fe cristiana. Dios tiene el control de todo. Ninguna de las circunstancias en tu vida es accidental; no son por casualidad Puedes saber que hay un Dios soberano, bueno y amoroso obrando en todo lo que sucede en tu vida.

En esta discusión, naturalmente llegamos a la relación entre la soberanía y la responsabilidad humana (y podríamos pasar un curso completo hablando acerca de este tema). Hay tres proposiciones que debes entender de la Escritura con respecto a la providencia de Dios:

  1. Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida o minimizada.
  2. Los humanos son moralmente responsables. Elegimos, nos rebelamos, obedecemos y somos responsables de nuestras decisiones.
  3.  Dios es perfectamente bueno. Él nunca, nunca se presenta como cómplice del mal. Él no apoya el mal de la misma manera en que apoya el bien.

Luego, en la semana 9, analizamos la antropología bíblica.

  1. La antropología bíblica

Hablamos del problema del pecado. Así como no puedes abrir la Biblia y decir que Dios no es completamente soberano, no puedes abrir la Biblia y decir que Dios no existe. De hecho, puedes cerrar la Biblia y aún no ser capaz de decir que el pecado no existe: ¡Está en todas partes!

El pecado es una realidad, y el pecado, como seres humanos, es nuestro mayor problema. Hay resultados del pecado (pobreza e injusticia), que son grandes problemas. Pero el mayor problema es la raíz de esos problemas. Romanos 5 habla de Adán como nuestro representante, y en él, todos hemos heredado la culpa. Somos culpables, Podrías decir: «¡Eso no es justo!», y yo diría: «¡Ni tu salvación en Cristo como tu representante!». Su justicia nos es contada y no somos justos en nosotros mismos. Estamos totalmente depravados. Tal vez hayas escuchado esa frase antes; no se refiere al hecho de que somos tan malos como podríamos ser. En cambio, significa que el pecado y su corrupción han afectado todas las áreas de nuestras vidas. Somos totalmente incapaces de cumplir la ley de Dios, y un solo pecado nos hace legalmente culpables ante Dios, por esa razón, merecemos la ira eterna de Dios. Dios es justo, y él es justo y, por tanto, no permitirá que el más pequeño de los pecados quede impune.

La doctrina del pecado nos lleva a clamar como humanos: «¡Qué se puede hacer para reparar el estado en el que estoy!». Y en la semana 10, hablamos acerca de la doctrina de la cristología.

  1. La doctrina de la cristología

Vimos la deidad de Cristo; la vemos claramente en el Antiguo Testamento (Daniel 7, 2 Samuel 7, Isaías 9). La deidad de Cristo también se encuentra en todo el Nuevo Testamento.

  • Jesucristo comparte los honores dados a Dios (recibe adoración).
  • Jesucristo comparte los atributos de Dios (santo, justo, todopoderoso).
  • Jesucristo comparte los nombres de Dios (Señor, Dios, Alfa y Omega).
  • Jesucristo comparte las obras que Dios hace (perdona el pecado, resucita a los muertos, crea el mundo).
  • Jesucristo comparte el asiento del trono de Dios.

Hablamos acerca de cómo Cristo es completamente Dios, y luego hablamos acerca de cómo Cristo es completamente hombre. 1 Juan 4: 2-3 dice que Jesús nació de una mujer. También vemos en las Escrituras las debilidades y limitaciones de Jesús. Hay cosas que, de acuerdo con su naturaleza humana, él no sabe (por ejemplo, cuando Dios el Padre consumará todas las cosas). Vemos a Jesús hambriento y cansado en la Escritura. Finalmente, hablamos acerca de la obra de Cristo.

  1. La obra de Cristo

Hablamos de los tres oficios que Jesús cumple: Profeta, Sacerdote y Rey. El capítulo 1 de Hebreos habla claramente de cómo Jesús es el gran profeta, y si sigues leyendo el libro verás cómo también es nuestro sacerdote. Apocalipsis habla de Jesucristo claramente como un rey; también vemos esto en el Salmo 2. Como rey, sacerdote y profeta, Jesucristo ha pagado completamente la deuda por nuestros pecados, y el resultado de eso es que nuestros pecados han sido pagados  y hemos sido purificados a través de él. Jesús es nuestro sustituto legal (hemos sido justificados a través de él); él es nuestro redentor (ha pagado el precio de nuestra redención). Jesús es nuestro reconciliador (nos lleva a Dios); también es nuestro vencedor («¿dónde está, oh muerte, tu aguijón?»). Aunque fallezcamos,  no hay muerte ni condena para aquellos de nosotros que estamos en Cristo, y eso es lo que miramos al final cuando pensamos en la obra de Cristo en la primera parte de este seminario. Nuestra gran esperanza es que nos aguarda una eternidad con Dios.

https://es.9marks.org/

Mark Dever

¿Quién es el Redentor?

Coalición por el Evangelio

¿Quién es el Redentor?

El Catecismo de la Nueva Ciudad
  
Nota del editor:  Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018)editado por Collin HansenPuedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Quién es el Redentor?

El único Redentor es el Señor Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, en quien Dios se hizo hombre y cargó con la culpa del pecado sobre Sí mismo.

1 Timoteo 2:5: “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

El Redentor es Jesucristo, el Hijo eterno de Dios. El Hijo eterno de Dios se hizo hombre y vivió una verdadera vida humana como la nuestra. Por poco más de treinta años en el primer siglo después de Cristo, Él vivió como tú y como yo; la única diferencia es que siempre confió en Dios. Confió en Él por completo.

Así que si piensas en ocasiones en que debiste confiar en Dios y no lo hiciste, en esas mismas ocasiones Jesús obedeció a Dios. Confió en que lo que Dios sabía era mejor, en que debía obedecer la voluntad de Su Padre. Cuando miro hacia el pasado en mi vida, me doy cuenta de que no he vivido de esa manera. Pero el Redentor, Jesucristo, sí lo ha hecho.

Cristo se entregó a Sí mismo por nosotros para poder ser, como dice la Biblia, nuestro Redentor, Aquel que nos rescata

Lo llamamos el Redentor porque Él redime a Su pueblo. Él restaura nuestro valor. Él dio Su vida en la cruz por todos los que se arrepienten de sus pecados y confían en Él. Él es nuestro Redentor. Él nos valoró, a pesar de que habíamos desperdiciado nuestras vidas al no confiar en nuestro Padre celestial, al no obedecerle y al no temerle.

Él realmente vino y dio Su vida por nosotros. Él vivió una vida de confianza y sufrió una muerte que no tenía que sufrir, pero lo hizo por amor a nosotros. Él se entregó a Sí mismo por nosotros para poder ser, como dice la Biblia, nuestro Redentor, Aquel que nos rescata.

La imagen de la redención en el Antiguo Testamento es la de Dios rescatando a Su pueblo de Egipto, sacándolos de la esclavitud. En el Nuevo Testamento, Jesús el Redentor nos rescata de nuestro estado natural de esclavitud al pecado, de servirnos a nosotros mismos de forma destructiva.

Dios en Su gran amor envió a Su Hijo unigénito, quien vivió una vida perfecta, murió en la cruz y después resucitó de los muertos para llevarnos a Él, para redimirnos. A eso nos referimos cuando decimos que Jesucristo es nuestro Redentor.

Oración: Precioso Redentor, desde antes de que comenzara el mundo, Tú nos amaste. Dejaste Tu gloria para llevar nuestra vergüenza. Glorificaste a Tu Padre al obedecerlo hasta la cruz. Tú mereces nuestra alabanza, nuestro agradecimiento y nuestra adoración. No tenemos esperanza fuera de Ti. Amén.

 

Mark Dever es pastor en Capitol Hill Baptist Church y Presidente de 9Marks.

9Marks es un ministerio dedicado a equipar a pastores y líderes de iglesias con una visión bíblica y recursos prácticos

para reflejar la gloria de Dios a las naciones a través de iglesias sanas.

 

¿Qué deben hacer las iglesias con respecto al coronavirus?

9Marcas

Mark Dever & Jonathan leeman

¿Qué deben hacer las iglesias con respecto al coronavirus?

Nota del Editor: este artículo es un extracto de cuatro minutos de una conversación en inglés que Mark Dever y Jonathan Leeman desarrollaron acerca del coronavirus, quisimos traducirlo porque pensamos que era relevante para este tiempo.

J.Leeman: Muy bien, hay algo de lo que quiero hablar. Es un gran tema del que quiero conversar el día de hoy, pero muy brevemente, tomemos uno o dos minutos, ya que mucha gente me ha estado haciendo preguntas sobre esta intensa y sensible situación del momento. Muchas personas me están preguntando acerca del coronavirus, ¿deberían nuestras iglesias reunirse o no? ¿Qué deberías decirles a nuestras iglesias? ¿Deberíamos ser sensibles a las personas necesitadas? ¿Deberíamos decirles que no vengan al local de reunión? ¿Qué papel desempeña el gobierno? ¿Puede el gobierno prohibirnos reunirnos? Esta clase de preguntas complejas… ¿Tienes algún consejo genuino que dar?

M.Dever: Nosotros hablamos con nuestra iglesia el domingo pasado, así que quizá estemos un poco adelantados, porque tenemos una gran congregación. Les dijimos a todos los miembros que se sintieran libres de no asistir durante algunas semanas mientras los números de la infección están aumentando. Les dijimos a las personas que están enfermas que por favor no crean que su obligación es asistir, ¡su obligación es quedarse en casa! Animamos a la gente que no va a asistir, a que por favor envíen un correo para hacernos saber cómo están, para hacernos saber si hay algo que podamos hacer por ellos.

Le dije a la gente que voy a dejar atrás la actual y reciente tradición de dar besos, abrazos y apretones de manos para regresar a la tradición social más antigua del mismísimo George Washington, quien nunca saludaba con la mano, solo hacía reverencias. Así que, el domingo por la mañana saludé a varias personas con una reverencia solo para dejarlo claro, y el número de apretones de manos que recibí este domingo pasado disminuyó de quinientos, cuatrocientos, trescientos a cero. Por lo que yo mismo he eliminado en gran medida el contacto humano. Incluso nuestra querida hermana Sara de Sudamérica, quien normalmente saluda de beso en ambas mejillas, solo hacía reverencias. Ya sabes, es de sentido común que algunos se pongan en contacto para decirnos que no vendrán este domingo…

J.Leeman: Entonces, estamos diciéndole a la gente que no necesitan venir…

M.Dever: Oh, sí. Kelly Moral, mi asistente, hizo algo de investigación sobre la Gripe Española. Le pregunté acerca de la Gripe Española de 1918, para ver cómo era. La comisión de DC le pidió a las iglesias que no se reunieran, también a los teatros y a cualquier gran reunión interior de personas. Así que, durante los últimos tres domingos de octubre de 1918, las iglesias no se reunieron.

J.Leeman: ¿Sabes si esta iglesia se reunió?

M.Dever: No, ninguna iglesia.

J.Leeman: ¿Ninguna iglesia se reunió? Comprendo.

M.Dever: Y luego reanudaron las reuniones el primer domingo de noviembre.

J.Leeman: ¿Y crees que eso está bien?

M.Dever: Eso está muy bien. Mi consejo básico para las personas que se están preguntando sobre esto es: Hermano pastor, acata al gobierno. No tienes competencia en el exterior ni en el plano económico. Hay muchas cosas que el gobierno tiene que tratar de sopesar para ver qué funcionará, qué es lo que será de mejor provecho para la población en general. Esa no es tu responsabilidad y no es tu competencia, así que apégate felizmente al gobierno. Ahora bien, si estás en un lugar donde el gobierno es particularmente malo y señala a las iglesias de una forma que no aplica a otros grupos de personas igual de numerosas, eso es diferente. Pero si sucede como con la Gripe Española donde muchas personas morían todos los días, por ser una situación de crisis, el gobierno pidió esto; solicitó fue el lenguaje específico…

J.Leeman: ¿Arrestaron a la gente que desobedecía?

M.Dever: No sé la respuesta a eso, pero se comunicaron con los ministros protestantes fraternos, y lo hicieron de la manera más respetuosa posible porque, ya sabes, aunque podían tomar la decisión de cerrar las escuelas, no tenían la misma autoridad sobre las iglesias, y es un derecho constitucional. Pero parece que, en tiempos de emergencia, siempre hemos reconocido que el gobierno debe ser capaz de pedir a los ciudadanos sacrificios extraordinarios. Y si bien, por un lado, es muy valioso que nos reunamos para orar, por otro lado, si sentimos que algo es altamente contagioso durante un período de tiempo, y podemos amar en gran manera a nuestro prójimo dejando de reunirnos, está bien.

J.Leeman: Es una forma de amar al prójimo.

M.Dever: Sí, es un acto amoroso. Por tanto, yo diría que si tu estado, tu gobierno local, o quien sea que se encuentre en autoridad, pide específicamente que esas reuniones internas no ocurran por un período temporal, sin duda deberías cumplir con ello como un medio de amar a tu prójimo. Si estás en un país donde están usando esto para detener las reuniones cristianas de forma permanente, entonces tendrás que tomar en cuenta todo otro conjunto de consideraciones.

J.Leeman: Seguro todo esto es muy útil. Creo que se abordaron muy bien varios puntos.

Traducido por Alina Morales

 

 

Mark Dever es pastor en Capitol Hill Baptist Church y Presidente de 9Marks.

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con una visión bíblica y recursos prácticos

para reflejar la gloria de Dios a las naciones a través de iglesias sanas.

12 Preguntas que deberías hacerte antes de publicar algo en línea

9Marcas

12 Preguntas que deberías hacerte antes de publicar algo en línea

astor, antes de publicar ese blog, estado de Facebook o tuit, ¿cuáles serían algunos indicadores que quisieras considerar primero? Para esto, quiero ofrecer 12 breves preguntas que puedes hacerte. Puedes pensar en ellas como luces indicadoras, parecidas a las que comprueba un piloto antes de despegar.

1) ¿Esto edificará? ¿informa sobre una conversación útil? (Mc. 12: 29–311 Co. 14:26).

Trata de pensar en lo que edificará a los demás. Todo lo que hacemos es obedecer la orden de amar a Dios y a los demás. ¿Cómo aumentarás su conocimiento, su fe o amor? ¿Representa con precisión cualquier posición con la que no estás de acuerdo? ¿Qué tan seguro estás de tus hechos? Esperamos que las trivialidades llenen nuestras vidas menos de lo que hacen en la internet. John Piper dijo: «Uno de los grandes usos de Twitter y Facebook será demostrar el último día que nuestra falta de oración no fue por falta de tiempo» Tiene razón.

2) ¿Será mal entendido fácilmente? (Juan 13: 716:12)

La privacidad de una conversación personal limita los malentendidos. En publicaciones públicas, algunas cosas sonarán de una manera para aquellos que nos conocen y de otra forma para aquellos que no. Las evaluaciones negativas a menudo se comparten mejor en privado, o no se comparten en absoluto. ¿Cuántos de nosotros hemos aprendido en nuestro lugar de trabajo que el correo electrónico es una forma terrible de compartir cualquier tipo de comentario negativo? Y, pensando en más publicaciones públicas, pregúntate: ¿hay razones por las que no puedas ser una buena persona para hablar sobre ciertos asuntos?

3) ¿Llegará a la audiencia correcta? (Marcos 4: 9 y otros)

Si estás corrigiendo a alguien, ¿la audiencia para esa corrección debería ser más amplia o más estrecha? ¿Es esa audiencia corregible? Cuando uses las redes sociales, considera quién está oyendo lo que estás diciendo. ¿Qué pasaría si todos en un salón vinieron y escucharon tus conversaciones después del servicio de hoy? Sin embargo, eso es lo hacemos todo el tiempo cuando estamos en línea.

4) ¿Ayudará a mi evangelismo? (Colosenses 1: 28-29)

¿Lo que estás a punto de comunicar va a ayudar, o pone obstáculos a los que estás evangelizando? ¿Es probable que disminuya el significado (para ellos) de su compromiso con el evangelio, o lo mejore?

5) ¿Traerá una controversia innecesaria e inútil? (Tito 3: 9)

Piensa cuidadosamente sobre la controversia. La línea entre el intercambio vigoroso de ideas y una especie de guerra social es a veces más delgada de lo que podemos pensar. ¿Para qué es esta controversia particular en la que estarías contribuyendo? ¿Cuándo es inútil? ¿Cuánto tiempo llevará? ¿Es este un asunto primario inevitable o es un tema sobre el cual el desacuerdo no es importante? ¿Esta controversia jugará en alguna otra división que amenace la unidad de nuestra iglesia local?

6) ¿Va a avergonzar u ofender? (1 Co. 12: 21–26)

¿Alguien se sentirá avergonzado u ofendido por lo que estás diciendo? Entiendo que el simple hecho de que algo sea ofensivo no significa decir que está mal, sino que simplemente debemos estar seguros de que el delito vale la pena.

7) ¿Comunicará cuidado? (1 Co. 12: 21–26)

¿Los que están principalmente interesados ​​apreciarán tus motivos? La privacidad en la comunicación transmite atención, un honor a la persona que recibe la información. Le gusta el hecho de que el informe de su médico es privado; pero no le importa que se anuncie la venta en la tienda. Si alguien prefiere ser abordado en persona, ¿por qué no hacer eso?

8) ¿Hará que la gente aprecie mejor a alguien más? (1 Co. 12: 21–26)

Señala la gracia de Dios en las vidas de otros, ministerios, argumentos, etc. Destacar algo que construya la estima de los demás por otra persona glorifica a Dios y alienta a otros a ver su obra en ellos.

9) ¿Te jactas? (Pr. 27: 2)

¿Lo que comunicas en línea llama más la atención que tu tema? ¿Cómo podría eso ser espiritualmente dañino para ti u otros? ¿Dejarás a las personas con una comprensión más precisa de ti? ¿Estás cayendo en la tentación de llamar la atención sobre ti mismo o sobre lo que sabes? ¿Cuándo fue la última vez que alentaste a otros al compartir algo vergonzoso o incluso pecaminoso sobre ti?

10) ¿Es el tono apropiado? (2 Juan 112Col. 4: 6Ef. 4:292 Ti. 2: 24–25)

¿La gente entenderá y se animará en la verdad que comunicas? ¿Qué tan importante es el tono para que tu mensaje sea recibido correctamente? ¿evidencias un tono amable, paciente y gentil? El tono literal de tu voz y la expresión de tu rostro expresa mucho de lo que quieres decir. En una conversación personal, puedes comprender más rápidamente que hay algo que necesita aclararse y puedes aclararlo. El internet no santifica la ira o la frustración.

11) ¿Está mal no decir nada? (Romanos 1:14)

¿Tienes la oportunidad o incluso la responsabilidad de comunicar algo? Algunos de ustedes hacen esto por su trabajo. ¿Has establecido una «relación» con lectores, amigos y seguidores en línea que esperarían que comentaras algo sobre un tema o situación en particular? ¡Nuestra libertad de expresión es una mayordomía maravillosa! Queremos usarla bien y de forma responsable. Supongo que incluso hay algunos trabajos que no valen la pena sacrificarse, ¿no es así?

12) ¿Qué aconsejan los demás? (Pr. 11:1415:2224: 6)

Cuando estás a punto de comunicar algo que sabes que otros encontrarán provocativo, ¿tienes buena resonancia para tratar de ayudarte a estimar la respuesta? ¿Tomas el tiempo para considerarlo antes de publicarlo? La velocidad de respuesta es tanto la capacidad de internet como la tentación de hablar demasiado rápido (Santiago 1:19Pr. 10:1914:2916:3217:27). Recuerda: darás cuenta de cada palabra que escribas (Mt 12:36).

¿Decir las cosas a una «distancia segura» de las personas nos tienta a decir cosas que no les diríamos en su cara?

Quizás podrías escribir estas preguntas y pedirle a un amigo que revise sus redes sociales con estas preocupaciones en mente. Incluso, puedes preguntarle a alguien que conoces, que no está de acuerdo contigo en algún tema que hayas publicado o escrito y mira qué diría. Muchos de nosotros podríamos mejorar nuestro cuidado al escribir. ¿Te imaginas cuánto cuidado tuvieron los apóstoles al escribir sus cartas?

Por Mark Dever

Mark Dever es pastor en Capitol Hill Baptist Church y Presidente de 9Marks.